globos con fetos

domingo, 29 abril 2012. Llego a la casa de Alejandro. Pienso en un termómetro: un pasillo amarillo muy largo con habitaciones a los lados. Me lleva de la mano a la suya, dice que no hable, que no toque nada, que no despierte a nadie. No sé de qué me habla. Cuando entro, veo que del techo cuelgan fetos en burbujas, como esos osos de peluche que meten dentro de un globo para regalo. No sé qué decir. Como si pudiera leerme el pensamiento, dice: No tienes que decir nada.

pierdo el avión


sábado, 28 abril 2012. Elvira y yo estamos sentadas en el borde de un avión, con las piernas colgando de la puerta. El avión comienza a andar, saltamos. Alguien nos grita desde dentro que nuestro vuelo sale dentro de cinco minutos. Corremos a casa recoger las maletas. Yo creía haber dejado mi maleta hecha, pero mi cuarto es un caos, una auténtica leonera de ropa que además no reconozco como mía. Busco cualquier bolsa para meter cualquier prenda. Me pongo un jersey, pero tiene el escote roto, los puntos se deshacen. Pienso que no puedo ir a París vestida de mendiga. Intento meter en la bolsa cualquier cosa, ni siquiera encuentro el pijama. Elvira sale de casa con prisa junto a Fernando y Ale. Alberto dice que Maldonado acaba de llamarlo, que salimos ya o perdemos el avión. Prenda que meto en la bolsa, prenda que cae al suelo. Lloro desesperada, le digo que se vaya él. La habitación cada vez está más desordenada y llena de ropa por todas partes, me ahoga. Alberto se va. Me siento en el borde de la cama y lloro. (Alberto me despierta porque estaba llorando desconsoladamente. ¿Era mentira?, le digo al abrir los ojos. Noto los ojos hinchados de tanto llorar.)

invernadero de butacas


jueves, 26 abril 2012. Juan Francisco y yo estamos sentados en lo que parece un invernadero. Me mira a los ojos, después a la boca, intenta acercarse a mí. Le digo, muy dulcemente que estoy enamorada de otra persona, que no volveré a besar a nadie nunca más. Me levanto y voy a por hilo. Me siento a su lado y doy unas puntadas a un paño azul. Síguelo tú, le digo, yo tengo que regar. Me levanto y riego con una manguera las flores estampadas en la cretona de una butaca. En el invernadero no hay plantas, sólo hay butacas tapizadas con ramos de flores.

habitación masticable


miércoles, 25 abril 2012. Alguien me lleva a un hotel donde las habitaciones están decoradas con muebles de caramelo, como esos ositos de goma envueltos en azúcar. Los muebles parecen diseñados por Nara. Parece una fiesta infantil de cumpleaños, aunque nada de lo que allí veo es infantil. Por ejemplo, dos tipos practican sexo a todo grito delante del resto (el resto ni los mira). Una chica, levantándose el vestido, le enseña su depilación total a dos chicas que la miran embelesada. Aparece Manuel. Le pregunto si no sería mejor salir de allí pitando. Me lleva de la mano a una especie de armario empotrado adornado con fotos enmarcadas en marcos de ositos de goma. Cómete las fotos que te gusten, dice con cara de felicidad.

fin de partida


martes, 24 abril 2012. Tengo unos 16 años y tengo un novio que toca la guitarra en un grupo punk, idéntico a Antonio Blanco. En el sueño consta que es el hermano de Elvira (que no sé si tiene hermanos). Se supone que tenemos una relación clandestina y ni Elvira ni nadie debe enterarse. Cuando me lo cruzo por la calle, evito incluso saludarlo, sólo nos miramos de reojo. Me lo encuentro en una panadería, me hago la loca, pero él se me acerca, me levanta del suelo mientras me abraza. Siento una felicidad inmensa.
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La mujer de Chivite, y sus hijas caminan por la calle, se hacen bromas, se empujan, se ríen. La hija pequeña tropieza con un contenedor de basura. Se mete dentro, sigue riendo. Su madre y su hermana se meten en otros dos contenedores. Parecéis "Fin de partida", les digo, quedaos ahí que os haga una foto. 

metamorfosis azul


lunes, 23 abril 2012. Chivite quiere que lo acompañe a una librería. Trae de la mano a un niño de unos cuatro años, dice que es su hijo y que no me esfuerce porque no habla, nunca ha hablado. Dice que no saben qué le pasa, que están a punto de rendirse, que les han propuesto internarlo, pero tiene miedo de que no sepa manejarse en la vida, que tiene miedo a que sufra y a que lo traten mal. Miro al niño, es idéntico a él, pero en pequeño. Se suelta de la mano de su padre y se aprieta muy fuerte a la mía. Chivite se sorprende. Le digo que no se preocupe, que mire libros. Se sienta a hablar con una chica que me recuerda a Elena Medel. El niño y yo nos sentamos sobre una moqueta que imita al césped. Le pregunto si quiere que juguemos con unos números de madera. Niega con la cabeza. Me han comprado una sábana con números de colores, pero a mí gustan más las letras, dice, me gusta escribirlas. ¿Ya sabes escribir? Sí, pero nadie me regala bolígrafos, sólo me gustan los rojos, azules y verdes. Saco mi boli de cuatro colores, lo abro, le saco la mina negra y se lo regalo. Ya tienes un boli de tres colores. Me acerco a Chivite, le digo al oído que siga hablando, que no se preocupe, que a partir de ese momento yo me encargo del niño. Se despide de Elena Medel y corre detrás de mí. Es que no sabes una cosa, dice. Sí la sé, le digo abriendo la mano y enseñándole al niño convertido en escarabajo azul.

otro diluvio

domingo, 22 abril 2012. Nos han convocado en un parador en la cima de un monte. Nos han reunido para elegir dos palabras. Al parecer, habrá otro diluvio universal y se ha decidido que en vez de salvar animales, esta vez se salvarán las palabras. Expongo las mías, explico que si queremos que esas dos palabras se reproduzcan después del diluvio, deben ser compatibles. Mis dos palabras para el Arca son "Amigos" y "Risa". Mientras hablo, veo que la lluvia ha comenzado. Le hago un gesto para que se vuelva y vea que una finísima película de agua cae por las paredes.

cabaret

sábado, 21 abril 2012. Virginia y Fernando están sentados en un escalón con la mirada fija en la acera. No sé qué miran. Parecen dos niños pequeños.
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Una chica me pregunta si quiero operarme la nariz y me enseña un juguete: una cara dibujada en una cajita circular en la que la nariz es una cadenita que se mueve y cambia de forma. En ese momento llega un autobús y subimos con prisa. Pienso que Alberto se ha quedado abajo y le digo al conductor que pare. En la acera, Alberto espera con un grupo de niños. Pienso en si cabremos todos en el bus.
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Juan dice que quiere depilarse todo el cuerpo igual que los chicos que vimos la noche anterior en un cabaret. ¿Para qué? Porque dura cinco años, responde. Después me abraza sin decir nada. Pienso que se está despidiendo. No me muevo, no digo nada.

agujeritos

viernes, 20 abril 2012. Unas chicas extranjeras hacen un examen dentro de un autobús. de repente me veo dentro y el bus en marcha. Le digo al conductor que debo bajarme urgentemente. Para sobre un empedrado, pasan muchos coches. Llevo sandalias de tacón, pero aún así corro a una velocidad increíble. Llego a la que se supone es mi casa, pero en realidad es una habitación enorme excavada en roca (con la que ya he soñado otras veces. El techo está lleno de agujeritos, gotean, el suelo está mojado. Llega Alberto, le hablo del agua y de que las paredes tienen humedad. Dice que tiene mucho sueño y se echa a dormir sobre un montón de piedras volcánicas. Tienes la cama justo al lado, le digo. Se tapa con un montoncito de piedras y sigue durmiendo.

vecinos

miércoles, 18 abril 2012. Un niño va a caer por la ventana a un patio. Intento agarrarlo, pero cae. Deseo que sea un primer piso y el niño no se haga daño. Así ocurre, el niño cae de pie y corre por la patio como si nada. El suelo está cubierto de higos. Busco alguno que se pueda comer, pero todos están secos o amargos. Un vecino pinta las paredes de su casa, me cuenta que es ruso, pero que su hija sabe hablar español. La niña me pregunta cómo debe decirle al médico que está enferma. ¿Le digo "toy malita"? Mejor dile lo que te duele. No me duele nada, dice y echa a correr.

costillas

martes, 17 abril 2012. Entro en una habitación en penumbra. Mi hermana está acurrucada y desnuda sobre una especie de pedestal con forma de cubo. Está extremadamente delgada. Me acerco muy despacio, le digo que no se asuste, que voy a vestirla y a darle de comer. ¿Te das cuenta de que está muy delgada? Me mira como si no me conociera. Cojo su mano y la paso por sus costillas, para que las note. Lo ves, sólo hay huesos. Ahora voy a vestirte y a darte de comer.

carteles

lunes, 16 abril 2012. Voy por la Alameda. No hay absolutamente nadie por la calle. Todo está sucio como si acabara de terminar una fiesta. Parece que todo el mundo llevara carteles y los hubiera abandonado. Los carteles tienes escritas frases incoherentes. Intento hacerles fotos, pero cuando enfoco, en la pantalla aparece otra cosa. En pantalla aparece la fiesta que hubo antes.

una maleta, una empanadilla

domingo, 15 abril 2012. Conduzco hacia una estación de autobuses. Hay atasco. Consigo meterme por carril cerrado para llegar antes. Una vez allí, alguien me dice que mi maleta ya ha salido en el primer bus. Pienso que aunque saliera en helicóptero la maleta llegaría antes. Pienso en que se va a perder, repaso todo lo que llevaba dentro. Pienso en a quién podría decirle que fuera a recogerla por mí. Descarto a mi hermana. Pienso que la única persona que lo dejaría todo para ir a recoger la maleta sería Andrés, pero no lo llamo. Conduzco hacia la casa de mis padres. Cuando llego, Andrés está esperándome sonriente. Se ha afeitado, parece mucho más joven. Fui recoger tu maleta, dice.
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Llego a un bar que han puesto en un patio enorme. Villagrasa me hace señas, me siento a su mesa. Me cuenta que ya no le interesa escribir, que se va a centrar en el sexo. Yo también, dice el tipo de la mesa de al lado. Una chica pide la palabra, dice que va a poner un vídeo homenaje a mi blog de las hojassecasmojadas. Siento una vergüenza enorme, como lo primero que encuentro sobre la mesa, una empanadilla, y me la coloco delante de los ojos como si fuera un antifaz. De repente, todo el bar hace lo mismo.

sopa de pelos

sábado, 14 abril 2012. Va a empezar un concierto de los Stupid Figth. El público está impaciente y gritas. Unas niñas muy jóvenes sacan fotos al escenario vacío. A un lado, detrás de las cortinas, el teclista está delante de un montón de gorras de visera. Se las va probando una a una. Es resto del grupo espera sin prisa. No entiendo nada porque todas las gorras son iguales.
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Hay varias personas a la mesa esperando su comida. Voy a la cocina. Mi madre charla tranquilamente con Camilo. No hay nada en el horno ni en el fuego. Sobre la mesa sólo hay una ensaladilla rusa. ¿Esto es todo lo que habéis hecho? Ni siquiera me contestan. Desde la habitación de al lado reclaman a gritos su comida. Lleno una olla de agua, me corto mechones de pelo y los pongo a hervir.

fibrofog

viernes, 13 abril 2012. Josemari dice que no le va a dar tiempo a comprar un libro, que le van a cerrar la librería. Antonio le pregunta si los libros que tiene que comprar son libros para gente de los de pinchitos. Una chica le dice que tiene la llave de una casa que da a dos calles y que, en vez dar un rodeo, podemos cruzar a través de ella. La casa tiene muchas puertas. Cada habitación tiene un cerrojo y hay que encontrar la llave adecuada en un llavero con más de veinte. Pienso que estamos tardando más que si hubiéramos dado la vuelta a la manzana, pero no digo nada. En una de las habitaciones hay un muñeco inflable transparente que lleva dentro un esqueleto. Sobre una mesa hay una fuente con piedras idénticas a unas que tengo en casa. Cuando por fin llegamos a la otra calle, es de noche. Salimos a una especie de galería de arte. Un tipo, muy parecido a Pepo, me pregunta si sigo escribiendo. Intento decir algo coherente, pero no encuentro las palabras. Se llama fibrofog, ya te lo explicaré por mail. Caminamos del brazo. De repente pienso que quizá sí sea Pepo, sólo que al atravesar la casa he viajado en el tiempo y todavía no nos hemos conocido. ¿Podrías decirme en qué año estamos?, le pregunto. Pues sí que es serio eso de la fibrofog, responde.

pasapoga

jueves, 12 abril 2012. Llego a casa. Oigo voces que vienen del cuarto de estar. Mi cuñada discute con dos mujeres sobre si repitiendo un gesto cada día uno acaba perfeccionándolo. Cuando me ven, me miran esperando una respuesta. Les digo que todo depende de la edad. Le digo a mi cuñada que, por ejemplo, su madre hacía exactamente lo mismo cada día y cada vez lo hacía peor porque tenía 90 años. De repente una de las mujeres dice, muy contenta, que ha estado en el Pasapoga. Y las tres comienzan a hablar de bares. Mi cuñada habla de un bar con toboganes que encontró buscando un restaurante donde celebrar la boda. No sé de qué boda habla. También dice que en ese bar Andrés y ella se besaron.

expendedor de tuercas

miércoles, 11 abril 2012. Tengo delante una máquina de chicles, pero dentro hay tuercas de varios tamaños y pequeñas naves espaciales. Aparece Andrés. Le pregunto si la máquina es suya. No, pero sería un buen negocio, dice.
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Estoy en la terraza de un bar con un grupo que no conozco. Entre ellos está Manuel y juega con pequeño sifón de plástico lleno de anises. El grupo se queja de que, a cada tanto, el camarero les siente a desconocidos a su mesa. Recuerdo que tengo que recoger algo, entro en un hotel y me dan una bolsa enorme que parece que contenga una bala de algodón.

(gracias)

ujum,
nada, que he mirado los cuadraditos de colores (seguidores)
y veo caras nuevas y desconocidas
y venía a dar las gracias
así en plan boda multitudinaria

siento no dejar poner comentarios, pero
conociéndome, querría responderlos todos
y entonces no tendría tiempo para las musarañas

pero que sepáis que me siento muy acompañada
y le dais sentido a esto de soñar en público

gracias
besos a repartir

ps: de todos modos
ya sabéis que estoy en bkbono
y después de la arroba, gmail

bowie y los caballos suicidas

martes, 10 abril 2012. Miro una ciudad desde arriba, parece Londres. A los lados del río hay dos construcciones metálicas por las que trepan unos caballos. Cuando llegan arriba se tiran de cabeza al río. Una vez en el río se transforman en soldados. Cuando salen del agua vuelven a ser caballos y comienzan de nuevo. Me fijo en que por las calles hay muchos camiones militares. Pienso en un golpe de estado. Mi tía aparece en la especie de azotea desde donde lo veo todo. ¿Has llorado?, dice. No. Ella me mira a los ojos y se pone a barrer hojas secas. ¿Qué música es esa?, dice. Es Bowie, pero no te preocupe, sólo suena en mi cabeza, le digo.

aceleración

lunes, 9 abril 2012. Salón de actos. Unas chicas pasan bailando por el pasillo. El público grita, ¡Más, más!, pero las chicas desaparecen y un señor muy gordo comienza a dictar un problema. Todos toman apuntes menos yo, que me dedico a mirar entre el público por si conozco a alguien. El problema va de calcular la distancia que recorren dos trenes que van cargados de explosivos y de la pérdida de energía que supondría si chocaran el uno con el otro. Al cabo de un rato varias personas del público se levantan al escenario y pinchan en un corcho la solución. Me acerco a verlas. El profesor me mira, sabe que no he tomado apuntes, me pregunta qué me parecen las respuestas. Todos se han olvidado de la aceleración, le digo y vuelvo a mi asiento.
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Veo a Blanco entre un grupo que ocupa una habitación muy pequeña. Hace mucho que no nos vemos y pienso que vendrá a abrazarme. Nada. Se acerca y me cuenta que ha estado en un parque natural, de vacaciones. Alguien pregunta cómo puede evitarse llorar en una despedida o un reencuentro. Les digo que sólo conozco a una persona a la que nunca he visto llorar, pero no les digo que esa persona es Blanco. Blanco se me acerca y me mira fijamente a los ojos, está a pocos centímetros de mí. Tengo que aprender mucho de ti, le digo.

café y chicles

domingo, 8 abril 2012. Marcos está retrepado en un sillón, parece que está enfermo. Me pide que haga café. Le recuerdo que ya tomó bastante y que quizá después no duerma. Haz un litro, dice. La cafetera está en alto y cada vez que intento ponerle el agua se me cae encima. Tampoco tino a poner el café. Marcos dice que mire la fecha de caducidad de unos chicles. La letra es muy pequeña, le digo que no creo que los chicles caduquen. Marcos me pide que mire el correo cada diez segundos, para saber si esa noche irá un amigo a cenar a su casa. No te ha escrito nadie. Mira otra vez, por favor, dice.
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Alberto va conduciendo. Una chica le hace señas desde la acera. Él echa vaho en el cristal y le escribe palabras al revés para que ella pueda leerlas. Yo voy en el asiento de atrás y pienso en si eso también restará puntos como hablar por el móvil. Antes de salir del coche, Alberto enciende un cigarrillo. Es la primera vez que lo veo fumar en mi vida. Lleva un abrigo negro y un maletín. No parece él. Entiendo que tu hermana fume, ¿pero tú?, le digo.

bufandas por libros

sábado, 7 abril 2012. Alberto dice que tiene que comprarle a una amiga un regalo de cumpleaños y no sabe qué. Miramos escaparates con desgana. Le digo que lo mejor sería regalarle un libro porque las cosas no sirven para nada, que seguro que todo el mundo tiene en un armario una caja enorme donde esconde todos los regalos inútiles que les hacen. Llegamos a casa, le digo que no piense más, que voy a mirar en mi cuarto qué libros podrían gustarle. Mi cuarto no es mi cuarto, hay una estantería que llega hasta el techo, pero hay muchos huecos. Pienso que quizá me pasé donando libros a la biblioteca. Abro un mueble de dos puertas muy viejo, dentro hay libros de poesía. Me vuelvo para ponerme las gafas y ordenarlos por orden alfabético, pero al volver a mirarlos me doy cuenta de que son bufandas de lana colocadas en vertical.

dulces lámparas

viernes, 6 abril 2012. Mi cuñada aparece en la cocina en bikini. Está de mal humor porque dice que es un modelo antiguo. Le pregunto a qué playa va a ir. Dice que sólo va a tumbarse en la terraza. Le digo que entonces no se apure porque allí no la verá nadie. El bikini, desde luego, es bastante feo y le queda muy grande. Le digo a Alberto que tengo que irme ya, que he quedado con Enrique para que me haga unas fotos. Subimos por Fuente Olletas. Andrés está en un bar del camino, esperándonos. Alberto se despide, me besa, dice que me esperará en el bar con Andrés. Continuo el camino sola. Es una cuesta de tierra, temo llegar llena de polvo. Una vez en lo alto de un monte, veo el bar, muevo los brazos, me pregunto si Alberto podrá verme.
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Anita y Claire me enseñan su casa. Dice que han puesto una tienda de lámparas, pero lo que me enseñan dentro de vitrinas frigoríficas son pasteles. No digo nada. Claire dice que ha descubierto una serie española que le gusta mucho "Aquí no hay quien viva". Le digo que mi madre me recuerda mucho al personaje de La yerbas. Se ríe, me da un boli. Más bien me lo entrega con cierta ceremonia a pesar de ser un boli normal. Salimos a pasear. Claire me coge del hombro e intenta que vayamos por callejones. Le digo que no es buena idea. Delante de nosotras caminan Anita y Belén, una niña del colegio a la que no veo hace años. Un tipo la para, le pregunta si se acuerda de él. Belén no se acuerda, no dice nada, pero le escribe su teléfono en una tarjeta. Claire se enfada mucho, dice que le he dado el boli que me regaló a Belén. Saco el boli del bolsillo y se lo enseño. Se calma, me sonríe.

hijo trufa, o erizo

jueves, 5 abril 2012. Andrés está en el hall de la casa de mis padres. Está a punto de salir. Me acerco y le pregunto por Darío, su hijo. Se mete la mano en el bolsillo y saca una especie de trufa con pinchos romos, o erizo de mar, que parece estar hecho de tierra negra compacta. Después vuelve a metérselo en el bolsillo y se va.

césped de brócoli

miércoles, 4 abril 2012. Llego a la que era la casa de mi abuela. Mi familia habla en un rincón, cuchichean. Mi padre está sentado en una silla de anea de niño en el rincón opuesto. Las losas del jardín están cubiertas de brócoli. Me arrodillo y las barro con las manos haciendo varios montones. Con esa excusa, me acerco al grupo e intento escuchar qué traman.

terremoto

martes, 3 abril 2012. Estoy recostada en un sofá mirando cómo Alberto cena. El sofá comienza a moverse de lado a lado exageradamente. Un terremoto, le digo. Él me mira, sonríe y sigue cenando. ¿Crees que deberíamos salir a la calle?, le pregunto. Si quieres, dice. Pero no nos movemos, seguimos tal y como estamos.