concierto

sábado, 29 noviembre 2025. Tengo que leer poemas en un estadio. Está completamente lleno porque antes actúa una orquesta muy famosa. Me colocan el micrófono y me dicen que tengo que salir al escenario antes de que suene la última nota. No encuentro mis poemas. Todo el público tiene una copia en la mano. Les voy pidiendo que me los presten para poder leer, pero nadie quiere soltarlos. Incluso forcejeo con algunas personas. Salgo del estadio, busco por los alrededores por si alguien ha perdido o tirado mis poemas. Nada. Vuelvo cuando está sonando la última nota. Subo al escenario. Improviso palabras que no dicen nada. El público atiende como si fueran alumnos y toman nota de todo lo que digo. Yo solo tengo ganas de llorar y largarme de allí cuanto antes.
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Imagen de una cinta transportadora donde van apareciendo bloques tamaño ladrillo de tierra negra y compacta donde hay impresas caras de hombres poniendo gestos grotescos. Yo estoy sentada sobre esos bloques y debo ir agarrandome a los bloques para que la cinta no me arrastre. Intento no hacer daño a esos hombres, como si fueran de verdad, como si no fueran solamente fotos impresas.