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tormenta

miércoles, 22 julio 2026. Estamos de viaje. La ciudad tiene pasarelas por encima de un río enorme, que a ratos parece el mar (en otros sueños se suponía que esto era Brasil, ahora parece un país nórdico). Vamos con Agustín. Solo tenemos dos días. Les digo que podemos hacerlo cada fin de semana, para ir viendo el mundo entero. De repente estamos en el hotel, es de madrugada y hay tanto silencio que me llama la atención. Corro la cortina, tormenta enorme pero no se oye ni una gota. Pienso que hay doble cristalera. Al darme la vuelta, mi padre está tumbado en una cama de matrimonio, dice que no se puede mover y que quiere levantarse, que ya es su hora. Le digo que es de madrugada, qué siga durmiendo, pero insiste en que lo levante. Me pregunto cómo ha llegado hasta allí.

dos gatos y un bosque

miércoles, 29 mayo 2024. Al doblar una esquina, veo a Agustín y J.A. J.A. está en una hamaca y tiene dos gatos muy pequeños (caben en la palma de la mano). Nos despedimos y entramos en el coche. Yo voy en el asiento de atrás. Veo que uno de los gatos nos ha seguido e intenta agarrarse con las uñas al cristal, pero resbala una y otra vez. Abro la ventanilla, saco la mano y el gato se me agarra muy fuerte. Consigo meterlo en el coche. Una vez dentro olisquea todo y desaparece. Pienso que se habrá ido hasta el motor. Pienso que acabará chamuscado.
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Llego con mi tía M, Gabriel y su familia, a casa de mi abuela. Gabriel dice que quiere visitar un bosque. No hay, respondo. Pues una librería. Pienso que tengo que hacer comida para todos y no me va a dar tiempo. Mi tía dice que soy una antipática, que por qué digo no a todo. Le digo que estoy hasta las narices de hacerlo yo todo, que nadie me ayuda a nada y cada vez me exigen más. Todo eso lo digo mientras pongo la mesa y ella se lima las uñas.

melilla

viernes, 3 marzo 2023. Llego a un edificio muy moderno y blanco con grandes habitaciones. Se supone que tengo que presentar un libro. Me encuentro sin fuerzas. Recuerdo que no he desayunado, que metí el vaso con café con leche en el microondas y se me olvido tomarlo. Al recordar ese momento me viene a la cabeza la imagen de mi madre en la cocina. ¡Están solos!, digo. ¡Mi hermana me cambió el día en el último momento y están solos! Veo a Agustín en una de las mesas de la terraza. Lleva el pelo muy largo y liso. Le cuento lo que me pasa. Le digo que tengo que volver. Dice que avise a alguien. Intento llamar a mi prima Elisa, pero cuando marco, el móvil hace lo que quiere.
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Se supone que estoy en Melilla. Hago cola en lo que parece la entrada a una cárcel. A mi lado hay gente que entra en coche. Yo voy a pie. A la chica que va delante de mí la registran, le toman nota de todo lo que lleva. Yo les enseño el DNI y me dejan pasar. Una vez dentro todo parece un decorado. Hay un zoco y un teatro. Entro a verlo. Hay un grupo visitándolo. Las gradas están forradas de escay blanco acolchado. Bajo dejándome chorrar. En la puerta hay un bus. Entro. No sé dónde voy. Le pregunto a una chica si sabe cuándo empiezan las visitas y cuándo terminan. Las visitas duran media hora y el bus de vuelta sale a las 19.30h, así que la visita empieza a las 18.50h. Mientras me lo dice, el bus se ha llenado de niños que vuelven del colegio. Gritan, se empujan. Un tipo los amenaza con un dardo, les dice que les agujereará las latas (cada niño lleva una lata de fruta en almíbar). Los niños se quedan mudos y quietos. Una chica intenta que todo vuelva a la normalidad poniéndose fixo en la cara para hacernos reír con muecas. El hombre, los niños, todos en el bus, ríen a carcajadas. Incluso el conductor, que ha dejado su puesto y aplaude la gracia en el pasillo.

lupas envueltas

lunes, 16 julio 2018. Agustín me da un librito cuadrado compuesto por varios libros de varios autores. Se supone que nos encargó un texto de seis páginas. Estoy muy agobiada porque sólo fui capaz de escribir cinco. Veo que cada cual ha hecho lo que ha querido. Javi, por ejemplo, ha pegado fotos y vídeos de él y sus amigos viendo un partido de fútbol. Natalia a envuelto objetos en trocitos de telas estampadas, etc. Agustín quiere que le dediquemos el libro. Leo otras dedicatorias, todas comienzan. "Para Willy...". No comprendo nada. 

niñatas

jueves, 28 septiembre 2017. Agustín y yo llegamos a un edificio de oficinas. Preguntamos a una chica dónde es la lectura de poemas. La chica nos da largas explicaciones sobre nada. Buscamos la sala por pasillos que parecen de hospital. En una que parece una tetería, hay un montón de chicas jóvenes sentadas en cojines. Hay mucho ruido de fondo a pesar de que cada una mira su móvil. Alejandro me llama desesperado. Dice que Sora está llorando y tenemos que ir a por ella. Me alegro de tener que irme porque no me apetece nada leer para esas niñatas con móvil.

sabor a bosque duro

domingo, 26 mayo 2013. Una chica muy sosa nos da clases de repostería. Dicen que lo más importante es que las tartas lleven mensajes de paz, que el sabor es lo de menos. Intento dibujar una pajarita de papel, pero no me sale. Todos se han ido. Me como un caramelo cuadrado que hay sobre la mesa. Sabe a rayos. El sabor es lo de menos, pienso. Leo el sabor en un papel de celofán: Bosque duro. En ese momento llega Pablo. Es tan alto que para abrazarme me levanta y me cuelga de una alcayata. ¿Y si nos largamos de aquí?, le digo.
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Parece una estación de autobuses con un balcón. Miro desde arriba a los que van y vienen. Llega un bus cargado de conocidos que, al parecer, vienen a la entrega de un premio. El primero en salir es mi sobrino Diego. El actor Antonio Garrido fuma muy nervioso. ¿Quién es?, me pregunta alguien. Es uno de los hombres más guapos del mundo, respondo. Veo a mi amigo Agustín y le hago señas, pero está muy ocupado ayudando a bajar del bus a Caballero Bonald. Ya sé quién es el premiado, pienso. Detrás de ellos baja Robert de Niro. Lleva un bolso amarillo de mujer. Pienso que quizá dentro esté el premio y sea él quien se lo entregue  Caballero Bonald. Cuando está suficientemente cerca, compruebo que es mi bolso. No sé qué hacer, si decirle que me lo devuelva o esperar al final de la ceremonia.

baldosas nocturnas

miércoles, 10 octubre 2012. Agustín vive en un ático. El ático tiene una cristalera que hace esquina. Hay gente esperando en el portal para subir a verlo. Veo a Agustín, desde abajo, enseñar las vistas. Soy incluso capaz de leer en sus labios: El mayor mérito de este piso son estas baldosas, dice. Se ha hecho de noche, subo hasta el ático, está  a oscuras, paso la mano sobre las baldosas. Son muy suaves, brillan en la oscuridad.

shock

lunes, 18 julio 2011. A la puerta de Stella Maris hay un chico recostado entre la acera y la baranda. Tiene delante de la cara, muy cerca de los ojos un papel. Mueve los dedos sobre él como si estuviera jugando con una PSP. No parece de aquí, pero me recuerda a alguien. Lleva alpargatas. Me llaman la atención sus pantalones de cintura alta. Aparece Agustín, hablan como si se conocieran. Me acerco a ellos. Dice que acaba de llegar a la ciudad, que es Navarro. ¿Eres de Pamplona? Sí. ¿No conocerás por casualidad al escritor Chivite? Es mi hermano, dice sin dejar de leer. No te creo. Agustín se pone un poco tenso por mi grosería. Me pregunta si sé si hay alguna lectura esa noche. Lee Benjamín Prado, pero no sé dónde, les digo. El supuesto hermano de Chivite dice que tengo que avisarle de todas esas lecturas, pero que no tiene e-mail. Pues yo no tengo móvil, le digo y me encojo de hombros. Agustín se sonroja ante mi falta de interés. Invita al chico a su casa. Podemos ver un documental sobre Ana Frank, le dice. El chico me insiste en que quiere ir a una lectura, le da igual cuál. No puedo llevarte, todavía estoy en estado de shock, le digo.

proserpina en la orilla

sábado, 10 julio 2010. Muy cerca de la orilla hay una jaula enorme llena de granadas de cerámica. Intento sacar alguna. Juan sale del mar, trepa por la jaula, coge una granada y me la da sin mediar palabra. Después vuelve al mar. ¿Volveremos a vernos?, le pregunto a gritos.
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Agustín me cuenta que está preparando un viaje. Cada vez que lo miro lleva una mascarilla de distinto color puesta en la cara. Deja la piel como la seda, dice. Mientras tanto Alberto le dice a una chica que hay detrás de un mostrador que coja al azar alguno plano y allí nos iremos de viaje. Deseo para mis adentros que saque el plano de Berlín, pero la chica saca el de Grecia.
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Hay cierto caos en la cocina de la casa de mi suegra. Hay muchos cacharros por fregar, como si hubiera habido una fiesta. Mi madre quiere ayudarme, pero no quiero que se estropee las manos. El fregadero está atascado. Meto la mano y saco puñados de arroz. En otra habitación dan de comer a una señora muy gorda que está tumbada boca abajo en una cama. Según le van dando de comer, ella mastica y lo escupe. Mi madre me explica que es un nuevo método para no engordar.
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Me veo a mí misma subir la cuesta de Carrión muy cansada y con el pelo muy largo. Sobre la casa de Daniel hay dos luminosos, uno de cuatro estrellas de neón y otro con cuatros bes.

orina azul y arroz negro

viernes, 30 abril 2010. Encuentro a Carmen y Enrique en la estación de autobuses. Les cuento que acabo de ver cómo robaban dos coches, que me ayuden a avisar a la policía. Nada. Les pido que me ayuden a encontrar a Alberto. Señalan un autobús. Distingo a Alberto a través de los cristales empañados, le hago señas. Nada. Juan llega con una chica de la mano. En la otra lleva a un niño de unos siete años. El niño es Agustín. Sin mediar palabra me dice adiós con la mano. No sé qué hacen todos allí. No comprendo cómo ni siquiera me da un beso. Entro en los servicios de la estación. Están muy sucios. La chica que iba de la mano de Juan, orina de pie. Me pregunto si él sabrá que es un hombre. La imito para ver si una mujer puede hacerlo de pie. Puedo, pero la sorpresa es que mi orina es azul.
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(Siesta). No veo con el ojo izquierdo. Se lo digo a los amigos pero no me toman en serio. Entro en una habitación de hotel muy blanca, la luz me molesta el ojo bueno. Allí se hospeda el escritor Chivite. Me observa el ojo, me lo lava con cuidado. Dice que no me preocupe, que quizá sólo sea que se me ha dormido, como cuando se duerme una pierna, dice. Aunque también puede que lo hayas perdido por tantos dolores de cabeza, pero de todos modos creo que puede ser reversible, dice en tono muy profesional. Tenemos que ir urgentemente al hospital, haz la maleta, dice. Hay dos maletas sobre la cama, una con ropa, la otra llena de libretas. No tenemos bolígrafos, dice Chivite muy contrariado. Sin perder un segundo llama a recepción y pide que suban un arroz negro. De inmediato, una camarera aparece con una paella entre las manos. Sonríe exageradamente. Chivite dice que tenemos que darnos prisa. Ahora sólo tenemos que separar el arroz de la tinta, dice Chivite entusiasmado y se pone a prensar el arroz con las manos dejando caer la tinta dentro de la maleta. Lo ayudo sin mucha convicción.

me parece lícito

domingo, 24 enero 2010. Salud, Mariángeles y yo estamos en lo que parece un taxi parado en mitad de la Alameda. Mariángeles me cuenta una lectura de poemas, allá por el 91, cuando Isabel Pérez Montalbán dijo aquella frase emblemática "Me parece lícito". No comprendo cómo puede acordarse si ella no estuvo en la lectura. De repente me fijo en el taxista, el poeta Agustín Calvo Galán. Lleva gabardina con el cuello levantado y va peinado con una onda estilo años 50. Es igual al marido de Samantha, la de "Embrujada", les digo.
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Salud y un tipo grande con bigote hablan en un bar. Parece un bar de facultad, desangelado con mesas feas y mala luz. Junto a un espejo enorme hay tres adolescentes. Me acerco a preguntarles si estuvieron en el concierto de los "Stupid fight". Una de las chicas me dice que no, pero que su hermano sí y como se parecen mucho por eso me he confundido. La chica me habla de que con quince años empezó a vestir de negro, aunque lleva un jersey de colores. Mientras me habla me veo reflejada en el espejo. Tengo el pelo larguísimo. Vuelvo con Salud y el tipo del bigote. Salud se ha quemado el abrigo con el cigarrillo, lleva un montón de marcas dimiutas circulares. Sin que yo le diga nada me dice que deje de decirle que deje de fumar. Salimos a la calle. En los escalones han puesto un petardo. Paso por encima y no digo nada. Cuando pasa el tipo del bigote, le explota.

caracoles

viernes, 15 enero 2010. Mi amigo el poeta Agustín Calvo Galán me enseña una nave llena de caracoles. Están comiendo. Si te fijas, dice Agustín, hacen el mismo ruido al masticar que cuando pisas la nieve. Me tumbo entre ellos y dejo que me coman el pelo.

kafka y los okupas

jueves, 23 octubre 2008. Mi madre y mi tía Encarna están en un bar. No sé si acaban de llegar o ya se van, porque llevan puestos sus abrigos. Daniel y Héctor están sentados con ellas. Daniel tiene en brazos a su hija Clara. Héctor me dice algo al oído que no consigo entender. Les digo que he quedado con Joan y llego tarde. Mi madre me dice que tenga cuidado con las drogas. Quédate tranquila, yo sólo soy de cerveza.
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Mi madre, mi hermana y yo vemos, desde el jardín de la casa de mi abuela, unos tornados que se acercan desde el monte. En ese monte pasan cosas muy raras, le digo a mi hermana, ¿te acuerdas cuando vimos aquel platillo volante? En ese momento, mi madre levanta los brazos y hace girar una tarta sobre nuestras cabezas. Esto sí que es un platillo volante, dice. Un rayo cae sobre la tarta. Que bien, dice mi madre, ahora es de chocolate.
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Juan y yo tomamos unas tapas en la acera, junto al portal de casa. Las tapas son cabezas huecas de pájaro. Tengo una sorpresa para ti, me dice, mira dentro de las cabezas. Veo una imagen en movimiento de Agustín paseando por una calle de Montreal. Cuando voy a mirar dentro de otra, me doy cuenta de que nos las hemos comido todas. Nos hemos comido incluso los picos y los ojos, le digo asqueada. Recogemos de la acera cáscaras de mejillones, varias servilletas y entramos al portal. Juan no entiende que en el buzón haya escrito el nombre de Kafka junto al mío. Le explico que desde que murió Kafka no recibe sus cartas, así que me pidió el favor de que se las enviaran a mi casa. Juan me ayuda a sacar la publicidad del buzón. Ni los dos juntos podemos con ella. Subimos a casa con una caja llena de cartas, publicidad, cáscaras de mejillón, vasos de cristal muy pesado y cubiertos. Al llegar a la puerta vemos que está arrancada. Entro con el vaso y los cubiertos en la mano a modo de arma. En el cuarto de Alberto hay dos chicos usando el ordenador. Juan dice que va a llamar a la policía. Me da mucha pena porque son muy jóvenes, les pregunto por qué han roto la puerta. Me explican torpemente que viven en la planta de arriba y no tienen internet. Les digo que podían haberme pedido permiso, que por esta vez no voy a denunciarlos, pero que cuando se vayan se lleven todas las banderas del Real Madrid que han colgado en la habitación.

constelaciones y cucarachas

viernes, 2 mayo 08. Pedro Almodóvar sale de casa de mi abuela. Hay un montón de gente tocando su cuerpo como si fuese un santo. Cuando intento entrar en la casa, él cree que soy una admiradora más, me aprieta la cabeza contra su pecho y me besa en el pelo.
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Tiro un puñado de sal al aire. Señalo el cielo. Los granos de sal han formado constelaciones.
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Juan Pardo Vidal saca dos esculturas de los bolsillos y florecen en sus manos. Una tiene forma de col y la otra de cabeza de ajo. Después prepara sopa de pasta de papel. Agustín Calvo Galán, le dice que le ponga proteínas, y le da cuadro cucarachas ensartadas en un palo de plástico.

491

domingo, 24 febrero 08. He quedado con Agustín en el kilómetro 491 de una carretera. Alberto me dice que es imposible que demos con el punto exacto, y se sube a un contenedor de basura para ver el horizonte. Horizonte no hay, dice. Empujo el contenedor hasta la siguiente curva. Se ve la plaza del pueblo, dice. En la plaza hay un cartel enorme en el que pone: Kilómetro 491, Bienvenidos! Agustín nos está esperando a las puertas del cementerio. Es el único cementerio modernista del mundo, dice.