Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Soler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Soler. Mostrar todas las entradas

biblioteca

miércoles, 11 febrero 2026. Voy con Antonio Soler por los pasillos de un edificio muy blanco. El suelo ondea (sube y baja como en una atracción de feria). Le digo que a veces alguien te cae bien solo al mirarlo. Como si desprendiera algo, dice él. Como X (no recuerdo el nombre), me ha caído bien de inmediato. Ya lo he visto, lo has acaparado toda la noche, me reprocha. Me viene una imagen de  X  (no lo acaparaba, es que estaba sentado a mi lado en la cena). Entramos en una biblioteca. En una de las mesas hay libros antiguos, entre ellos unos con las portadas muy parecidas a mi diario de niña, imitando una lata de tomate. Me quedo extasiada mirándolos (como Eusebio Poncela en Arrebato).

marilyn y mi suegra

sábado, 23 noviembre 2024. Parece una casa rural y es hora de irse. Oigo como todos van saliendo de sus habitaciones con sus cosas. Pienso que no tardaré nada porque siempre viajo con lo imprescindible. Voy al baño, tiene moqueta y, en la moqueta, cacas de perro que alguien ha pisado. Salgo para que no crean que he sido yo. Al entrar en otro Andrés se me adelanta y cierra la puerta. No pienso orinar delante de ti, le digo. Me pregunta qué me pasa en la boca. No noto el labio superior, como si fuera de goma. No sé qué decirle. Me abraza y se va. Por fin llego a mi cuarto y hago la maleta. Empiezan a aparecer cosas que no recuerdo haber llevado por todos los cajones, el armario está lleno de ropa, incluso hay copas de vino y de champán. Por más maletas y bolsas que lleno, a toda velocidad y sin orden, no termino nunca. Me planteo dejar allí la mitad de mis cosas.
+
Alberto y yo llevamos a su madre del brazo. Cruzamos el parque. Para bajar al Paseo de los curas hay una escalera y una rampa. Mientras Alberto tantea el terreno veo fotos de Marilyn y fotogramas de sus películas entre los setos. Cojo una. Veo que también hay libros, cómics y cuentos para niños. Un chico me dice que la exposición ha terminado y puedo llevarme todo lo que quiera. Hay un mostrador con una tarrito de perfume, una bola amarilla luminosa y una figurita del alemán de la cerveza Victoria. El perfume no puedes llevártelo, lo demás sí. Precisamente ayer, Antonio Soler me contó que le tiraste una bola luminosa como esa a los ojos, dice el chico. No sé de qué me habla. Prefiero seguir mi camino. Veo que la madre de Alberto entra en un autocar. Corro tras ella, le grito a Alberto que la están secuestrando. Consigo sacarla aunque ella insiste en quedarse porque le han prometido una merendola. ¿Merendola? no te das cuenta de que te tratan como a una niña para engañarte?, le digo y se me escapa del brazo. En vez de bolso ahora lleva una copa de vino tinto. Corre hacia una escalera sin barandilla, se cae. Mientras me acerco a ella deseo que la mancha sea de vino y no de sangre por haberse cortado la mano.

meñique

lunes, 23 septiembre 2024. Es el primer día de clase. Los asientos son butacas de cine muy incomodas. Entra la profesora Magdaleno (me daba historia en el instituto). Me estraña que siga joven. Va vestida con minifalda y chupa de cuero, medias agujereadas y pelo punk. Antes de empezar se pone una pinza entre las piernas para que la minifalda no deje enseñar nada. Llega el que se supone es su padre a presentarla (en realidad es el que fue mi profesor de derecho civil en económicas). Mientras hablan, me levanto porque estoy muy incómoda y me apoyo en una columna. Cuando terminan, el profesor se despide dándome el meñique (como si me diera la mano). Dice que se alegra de verme. Pienso que ya no se acuerda de cuando me mandaba callar en clase.
+
Estamos en la que se supone que es nuestra casa, aunque no se parece en nada. Es un loft enorme muy desangelado. Hay una mesa larga en el centro. Los amigos han venido a comer. Pongo cubiertos y platos para cinco. Les digo que tengo mucha prisa, que cojan lo que quieran del frigorífico. Lo abro y veo un montón de gambas peladas. Las huelo, las tiro. Te dejo a cargo de todo, le digo a Emilio. Me pregunta si debe desenchufar el frigorífico al irse. Le digo que Alberto volverá por la noche, que no se preocupe. Salvatore y Cantos ya están en la mesa. No me da tiempo a saludar ni despedirme. Salgo corriendo porque llego tarde a casa de mis padres. Alguien me dice desde un coche que me lleva. Entro. El coche va hasta arriba. Voy apretujada en el asiento de atrás. De repente alguien dice que quiere cambiar de asiento, paran, se cambia con Antonio Soler que, antes de volver a entrar en el coche, se prueba sombreros. Salgo del coche porque pienso que llegaré antes andando. Aparece Laura. Pararé un taxi, dice. Es un taxi descapotable que al momento se transforma en una limusina articulada. Rápido, entra, dice Laura. El conductor va sentado en el asiento de atrás, dice que yo me siente delante. Miro el reloj. Mis padres llevan una hora solos. (Me despierto agobiadísima).

carroza barco cocina

lunes, 24 junio 2013. Llego con Elvira a casa de Rosamari (una amiga del colegio a la que no he vuelto a ver). Intentamos saltar por su azotea, pero rompemos algo, hacemos ruido y decido que es mejor avisarla. Le presento a Elvira. Se saludan juntando las lenguas un segundo. Rosamari lleva por cabeza una lata de aceite de cinco litros con su cara dibujada. Todo eso (la naturalidad con que se toma que asaltemos su casa, el saludo con Elvira, su cabeza de lata) me sorprende, pero no tanto como debería. En la terraza hay una cocina de madera de varios pisos con forma de barco. En cada piso hay alguien supuestamente famoso cocinando. En el piso más altos veo a Federico y a León de Aranoa. Conduce Antonio Soler. Alguien me dice que los distraiga un rato mientras no salen las carrozas. Veo a Isabel con una maleta y les cuento cuando le tocó viajar junto a todo un equipo de fútbol, a ella que detesta tanto el fútbol. Isabel se sienta y se ríe. Alguien me dice que debo seguir entreteniendo a los de la carroza, pero que no olvide que sólo me quedan unos minutos para recoger un certificado en Correos. Miro la orden de aviso y el remitente es Rilke. Tampoco me sorprende tanto como debería. Le pregunto a Alberto si me acompaña, pero se tumba en el suelo, se tapa con una pequeña manta amarilla y dice: Hoy dormiré aquí.

reciclaje salomónico

lunes, 24 mayo 2010. Voy por la calle con Antonio Soler. Subimos hacia la casa de mi abuela. Me fijo en que lleva chubasquero, pero no lleva pantalones. Sin que llegue a decirle nada, me explica que para correr con lluvia es mucho más cómodo. Además, tú tampoco llevas, dice. En ese momento me fijo en que voy vestida igual que él. Nos despedimos al llegar a la casa de mi abuela. Llamo, mí tía dice que es muy tarde, que todos están dormidos y no puede dejarme entrar.
+
Salud está arreglándose para salir. No reconozco la casa, la puerta da directamente a la acera. Un taxi la está esperando. Alberto me pregunta, como si fuera su padre, si lo lleva todo. Abro su bolso. Sólo lleva la cartera. Un chico extranjero muy joven entra en la casa. ¿Dónde vas? A casa de mi profesora, dice. ¿Cómo se llama tu profesora? Felicidad. Lo dejo pasar. El chico sube las escaleras en dos zancadas. Después me doy cuenta de que Salud y Felicidad no son la misma palabra.
+
Alguien ha dejado una cajita con el logo de Iberia en la cocina. Dentro hay un cepillo de dientes plegable y dentífrico líquido. Intento masticarlo como si fuese un chicle. Me da mucho asco, quiero escupirlo, busco los cubos de basura pero no me decido en dónde echarlo, si en orgánicos o en plásticos. Paso un buen rato con esa porquería en la boca sin decidirme. Al final echo la mitad en cada cubo.

zumo de poeta y departamento astucia

domingo, 4 abril 2010. Hay grandes colas para entrar en un supermercado. La gente me arrastra hacia adentro. Le pregunto a una chica, que lleva un bebé en brazos, a qué viene tanto revuelo. Es por los zumos, han sacado nuevos sabores, dice. Me da a probar un poco en un tapón. Mandarina, le digo. La chica sonríe satisfecha. En una estantería hay sabor Vics vapor-up y sabor Poeta Góngora. En un panel explican con dibujos cómo los consiguen. Para Poeta Góngora inyectaron serrín a una polilla.
+
Entro en un autobús, sólo queda un asiento al fondo. Veo a Blanco, no me reconoce, va haciendo fotos de los pasajeros. Todos van vestidos de negro. Parece una excursión de colegio. Intento leer, pero el libro que llevo en el bolso es una agenda. Antonio Soler se sienta a mi lado, quiere que se la dedique. Es sólo una agenda, le digo. Mejor. Escribo algo parecido a un poema en la primera página mientras él me habla de mi madre. Un chico se nos acerca, pregunta si iremos con ellos hasta La habana o nos bajaremos antes. Le digo que yo ya he estado y mejor me bajo. Soler envuelve la agenda en un papel de seda y desaparece.
+
Parece un decorado para una película expresionista, pero en colores pastel. Esos colores lo hacen aún más siniestro, parece que quiera confundirnos. Las casas están mal colocadas, las calles no son rectas, las ventanas son cuadros con marcos en forma de trapecio, ninguno es cuadrado ni rectangular. Cada casa tiene un nombre. Nombres raros como Ojo de Buey, Taberna Dolores, Departamento Astucia, Jardín de Infancia Oblicuo. Todos los letreros están escritos en alemán. Busco Primera Casa, un hospital. Dentro no es más que una nave llena de camas metálicas. En la primera está mi suegra muy sonriente. Cuando mes ve se levanta. Puedo agacharme y ponerme sola las zapatillas, dice.

cerebro y piedras azules

miércoles, 6 enero 2010. Mi amiga Salud quiere robar un cerebro de un laboratorio. Hay un cuerpo sobre una mesa de disección, Salud abre el cráneo como si desenroscara un bote de pepinillos, incluso hace el mismo ruido. le digo que se dé prisa porque viene alguien. La habitación está acristalada. Le digo que apague las luces, me dé la llave y se esconda bajo un mueble. Cierro la puerta desde dentro, pero hay otra puerta al fondo. La puerta se abre, entra un tipo con bata y Pedro Almodóvar. Salud, din mediar palabra, les clava un bisturí y corre con el cerebro en las manos. Corro tras ella. En la calle, en vez de huir, dice que tiene que sacar dinero de un cajero para comprar tabaco.
+
Entro en una habitación para sacar ropa del armario y veo mi cuerpo desnudo sobre la cama. Me fijo en los pechos y pienso que ya me gustaría tenerlos así de pequeños. Meto la ropa en mi bolsa de Pippi y salgo. De camino a casa de mis padres me cruzo con el escritor Antonio Soler que va hablando con una chica rubia muy guapa. Los oigo hablar en inglés de Australia. La acera de la calle de mis padres está cubierta de piedras volcánicas de color celeste. Pienso en si coger alguna para el escritor Chivite, pero pienso que tendría una imagen distorsionada de Málaga. Al llegar al portal no puedo abrir la puerta porque una mochila enorme atranca la puerta. El portal está lleno de ropa desperdigada. Cuando al fin consigo entrar, un chico sale de debajo de la escalera. Lo saludo con desconfianza. El chico amontona disimuladamente la ropa hacia un lado con un pie. El ascensor no baja por más que pulso el botón, intento abrirlo con la misma llave que cerré la puerta en el sueño anterior. Oigo que el chico de antes se acerca y decido subir por las escaleras. Quiero llegar cuanto antes a casa de mis padres, pero siento la obligación de ir contando los escalones, además, noto los bolsillos llenos de piedras, y todo eso me hace ir más lento.