moneda

lunes, 21 agosto 2017. Caminamos con Blanco por una ciudad sin identificar. Es fiesta, poca gente en las calles. Le pregunto a Alberto si estará abierto un museo para que Blanco pueda verlo. Está. El museo es en realidad una casa vieja con muebles desvencijados. En algunos rincones hay piedras y cristales que simulan ser joyas. En una de las habitaciones nos parece ver a alguien durmiendo y, Blanco y yo, caminamos hacia atrás sobre nuestros pasos para no molestar. Todo resulta algo siniestro. Al salir, veo una especie de fogata apagada o que no ha llegado a quemarse del todo. Hay una moneda, digo. Alberto y Blanco me miran incrédulos. Busco entre los restos con la mirada. Bajo la foto de un monje rezando hay una tira de tela con la bandera de Nepal. Tomo un sobrecito con cuidado y lo vacío sobre la acera. Una moneda de oro ahumada. Ten, para ti, le digo a Alberto. La moneda aún conserva calor.

velocidad

domingo, 20 agosto 2017. Estamos en una sala estrecha con sillas de tijera. El público ya está sentado. Una chica comienza a leer uno de mis poemas, pero a tal velocidad que ni yo misma reconozco cuál es. Me siento a un lado, junto a Tesán. Me pregunta por Daniel. Se casó, tiene una niña, hace mucho que no nos vemos. Me pide que le cuente cuando fuimos al concierto del El niño gusano.

merienda

sábado, 19 agosto 2017. Entro en una casa que parece de pueblo, con un zaguán encalado y la puerta de madera rústica (pintura sobre pintura) de color celeste. En el suelo, pegada a la pared, hay una lagartija diminuta intentando cazar una mosca enorme. Intento pasar sin molestarla. En el último cuarto está mi padre buscando un canal. Va a empezar el programa y no lo encuentro, dice alterado. Me extraña que quiera ver un programa de cotilleo. Se lo pongo. El programa, además, es alemán. En la cocina, mi madre abre una lata de leche condensada. Le ha hecho un montón de agujeros (muy mal hechos). La miro detenidamente. No es mi madre, pienso. Ya no son ellos, pienso. La ayudo a tender la ropa. La ropa que va saliendo de la lavadora ya está doblada, aunque húmeda. Mientras, mi madre ha colocado la lata de leche condensada en el suelo, sobre una servilleta, para que merendemos. Siento una tristeza inmensa.

falsa nancy

jueves, 17 agosto 2017. Camino por los pasillos de un hotel intentando esquivar a grupos de señoras. Alguien me da una muñeca Nancy desnuda. Le encuentro varias diferencias con la que yo tenía. El juego de los siete errores, pienso. La dejo sobre un sillón. Un grupo de señoras con cardado se me acerca. Me escondo en un ascensor. Una de ellas grita, ¡Pasillo! Todas corren hacia el ascensor. sostengo la puerta con el hombro para que no se abra. Forcejean. Consigo huir.

de oro

miércoles, 16 agosto 2017. Las trillizas de oro discuten por cuál de ellas es la más joven. Van en bikini. De cara están igual, pero sus vientres están muy arrugados.

tres cremas

martes, 15 agosto 2017. Parece una habitación de hotel y parece que estamos esperando a alguien. Nadie dice nada. La habitación es estrecha y la situación incómoda. Por hacer algo, me pongo tres tipos de crema en el brazo. Una mascarilla verde, otra blanca y otra una crema ligera transparente. ¡Ya está aquí!, dice alguien. Corremos a abrir. Yo llevo el brazo a la vista, como si las tres muestras de crema fuesen condecoraciones. Aparece un chico muy bajito y muy feo que atraviesa la habitación sin saludar siquiera. Sale por la ventana que da a un solar con hierbajos y un agujero enorme lleno de agua muy negra. El chico se lanza vestido, sin pensárselo dos veces. Casi resbalo detrás de él. Una de las limpiadoras del hotel me agarra del brazo para que no caiga. Volvemos charlando tranquilamente a la habitación.

el peine de la discordia

lunes, 14 agosto 2017. Maldonado llega blandiendo un peine, habla maravillas de él como si fuera algo que acaba de descubrir. Es un peine de plástico verde translúcido igual  a uno que tengo. Alberto le dice que ese peine es mío. Le explico que el mío es igual, pero sin mango. Nada. Maldonado lo esconde, Alberto intenta quitárselo. Forcejean. Me encojo de hombros.

incomodidad

sábado, 12 agosto 2017. Voy por la calle con una pareja que acaba de reconciliarse. No hablan entre ellos, se miran. La situación se me hace tan incómoda que, para no tener que decir nada, saco un cepillo de dientes de una bolsa y me cepillo lentamente mientras caminamos.
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Parece que me han llevado a vivir a una especie de palacio y que debo comportarme a la altura del sitio. Unos consejeros opinan sobre mi pelo. ¡Moldeador!, dice uno. ¡Permanente!, dice otro. Una señora con pinta de institutriz levanta el dedo: ¡Hay que cortar! Me miro en un espejo muy historiado. Nunca he tenido tanto pelo, una melena brillante y espesa. Me levanto disimuladamente mientras discuten. Huyo por el jardín.

mala idea

viernes, 11 agosto 2017. Voy con un grupo de gente en un coche muy pequeño. No sé si vamos de excursión o si somos periodistas. Nos bajamos en un descampado y entramos a un túnel muy sucio donde hay gente bebiendo, drogándose y practicando sexo. Intento pasar desapercibida. Ni nos miran. Uno de los supuestos periodistas hace fotos con flash. Mala idea, pienso. Al final del túnel hay una pared. Intento empujarla para salir. Nada. Volvemos sobre nuestros pasos. Uno de los hombres que beben es el actor Dani de Vito que, al vernos, deja la botella en el suelo, se baja los pantalones y nos enseña el culo.

pájaro azul

jueves, 10 agosto 2017. El pájaro gris que apareció en la terraza (y se fue al día siguiente) volvía. Azul y del tamaño de un bebé de dos meses. Se dejaba acunar.

con la izquierda

miércoles, 9 agosto 2017. Escribo en un mantel de papel con un rotulador de punta gruesa. Blanco dice que tengo buena letra. Pues no es mi letra, estoy escribiendo con la izquierda, le digo. Entra mi prima Elisa, me hace un gesto desde lejos como preguntando qué tal me ha ido. Niego con la cabeza. Se encoge de hombros, me encojo de hombros. Nos reímos.

mariposas de postre

martes, 8 agosto 2017. Ordeno la que se supone que es mi casa (aunque no se parece en nada). Desde las ventanas de la otra acera, me miran varias vecinas. Me fijo en que no llevo camiseta. Las oigo hablar con la voz engolada de moralidad, de enfermedades. Dicen mal algunas palabras. De repente, estamos en dos sofás enfrentados en una especie de plató. La presentadora nos anima a discutir. La vecina habla sin parar. No sé qué dice. Cuando llega mi turno le digo que debería leer el diccionario, que al cabo de un año igual aprendía a hablar. Mientras, su hija desordena una estantería llena de cosméticos. El plató se ha convertido en un comedor. Aparecen varios amigos a los que hace tiempo que no veo. Begoña y Chapi llegan juntos. Se supone que van a operarme al día siguiente. Dicen que han venido para estar apoyarme. Respondo que sólo me pondrán una lente, pero me alegro mucho de verlos. El plató-restaurante se ha llenado de amigos (Antonio, Javier, Salvador), charlan unos con otros. Mesa Toré dice algo muy gracioso sobre ser de letras, todos ríen. Deberíamos irnos, les digo. Vuelvo a colocar todo en su sitio. Llega un grupo de comensales, Se sientan alrededor de la mesa. Un niño pregunta si habrá mayonesa y si llevará ajo. Le digo que habrá de todo, que va a encantarle porque del postre salen mariposas. Mientras hablo, su abuelo me coloca en el ojo un vaso de chupito a modo de catalejo. Me despido. Al salir reconozco a Stella (una niña del colegio a la que hace 40 años que no veo), va muy maquillada. ¡Qué joven estás!, digo mientras le paso el dorso de la mano por la mejilla. Ella no dice nada, me mira como si yo estuviera loca.

arroz

lunes, 7 agosto 2017. Toda la familia se sienta a comer. Alguien nos sirve arroz. No tiene muy buena pinta. Mi padre pregunta qué hay de segundo. Alguien responde: Arroz.

delaunay

jueves, 3 agosto 2017. Alguien me dice que mis cuadros son iguales que los de Ángelo. Ángelo y yo nos miramos y no decimos nada. Los cuadros no son nuestros, son de Sonia Delaunay.
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El que era mi cuarto es ahora un avión. Los asientos son sillas de tijera, no queda ninguna libre. Veo la escena como si mirara desde el techo. Me veo a mí misma en uno de los asientos esperando a que mi cuarto despegue.