curva amarilla

miércoles, 29 abril 2020. Dibujo un sistema de coordenadas en una pizarra tipo velleda. Después trazo una curva amarilla ascendente hasta el número 100. La miró satisfecha. Se supone que es la curva de la vida de Pablo y todos los años que le quedan por vivir.

pelo de regaliz

martes, 28 abril 2020. Entro en el cuarto de baño de la casa de mis padres. Veo en el espejo que tengo el pelo muy largo, pero en realidad no es pelo, parecen cables negros del grosor de un dedo, o regaliz blando.

síndrome del batallón

domingo 26 abril 2020. Hay varios bares y en todos hay poetas muy jóvenes a punto de comenzar una lectura. La calle es estrecha y desde un bar se puede ver y oír a los poetas de enfrente. Comienzan a leer, me aburro, veo a Elena entrar al bar de enfrente con un chico muy joven. Cruzo para saludarla. Le dice al chico que subamos a su casa. El chico vive en el último piso del edificio donde yo vivía hace diez años, pero la distribución de las habitaciones es diferente. Elena manda al chico a su cuarto, lo trata como si fuera su madre, pienso. No recuerdo de qué hablamos. Alguien hace señas desde la calle para que le abra el portal. Recuerdo que quedé en ir a comer a casa de mis padres. Me despido de Elena, el chico sale de su cuarto, le doy dos besos. Me llamo Isabel encantada de conocerte. El chico no comprende. No nos habían presentado, le digo. En el portal hay un batallón con uniformes de gala. Me abro paso, corro para llegar a tiempo a casa de mis padres. Mi madre abre la puerta malhumorada. Me han dicho que prefieres pasar el tiempo con soldados que con nosotros. Si es así tienes un problema muy grande, me he informado y se llama "Síndrome del batallón", deberías ir al psicólogo, me dice en el descansillo, sin dejarme siquiera entrar en casa.

fogonazos

sábado, 25 abril 2020. Camino con mi sobrino Darío. Es tan alto como yo. Me cuenta que su padre le pega. No le digo nada porque pienso que se solucionará cuando tenga la altura de su padre.
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Estoy con Iker y Joan en un hotel. Cada uno se su habitación, deshaciendo las maletas. Hablamos a través de la pared, como si en realidad no quisiéramos vernos.

peña el gato

jueves, 23 mayo 2020. Tengo que hacer la maleta y no encuentro mi ropa porque alguien la ha desordenado (como es habitual en mis sueños). Se supone que llegué con una maleta pequeña y ahora me falta espacio. Decido no llevarme nada. Espero al autobús en una especie de cueva/bar. Unos chicos preguntan por mi camiseta (amarilla con la cabeza de un burro, donde debajo pone "Peña el gato, San Marcos 2004"). Les cuento que inventamos una peña para ir a las fiestas de San Marcos. Les hace tanta gracia que no quieren que me vaya, quieren que un amigo la vea. Llaman a la puerta de una cueva más pequeña que hay en la propia cueva porque su amigo está dentro, durmiendo. Mientras, les explico que la blusa que llevo sobre la camiseta era de mi abuela y que tuve que hacerle unos ojales de más para poder ponérmela. Les explico cómo se hacen los ojales. Me escuchan extasiados.
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Sala de ordenadores. Llevo una vía en el brazo. Van a instalarme un programa para morir sin dolor, desapareciendo como si me esfumara en el aire. Unas chicas tratan de impedirlo a toda costa. Veo cómo se esconden bajo la mesa para cazarme. Cojo un armario para protegerme y camino hacia el ascensor. Al llegar a la calle es carnaval. Hay puestos vendiendo disfraces. Cojo del suelo un trozo grande de plástico blanco y me cubro con él como si fuera un fantasma. Una chica que lleva una cámara me dice que necesitaré algo más para mi disfraz (no sabe que sólo estoy escondiéndome). Le pregunto si puedo acompañarla a hacer fotos. Claro, serás mi iluminadora personal, responde.
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Mi madre cuenta que su médico era muy malo. No entiendo nada. Siempre dijo que no había tenido un médico mejor. No le digo nada, estoy distraída. Mientras oigo su voz de fondo no puedo apartar la vista de uno de esos artilugios que ponen en los bancos para que nos roben los bolígrafos que hay tirado en la acera, entre hojas secas.

sèvres

martes, 21 abril 2020. Manuel le hace fotos a una chica sobre una tarima forrada de tela color burdeos. La chica va contando cosas, dice que es su novia, pone poses provocativas. Le pregunto a Sonia si a ella también le hizo fotos en la tarima. Sí, pero yo no hice el tonto, responde. Nos miramos como diciendo: Qué pena. Después, la chica reparte regalos. A mí me da una libreta (en realidad es un tomo Dumbo de los 70 encuadernado en gusanillo). Es la tercera libreta que me regalan hoy, le digo contentísima. Mi hermana le sirve a Manuel un café en una taza antigua de mi madre que. Al levantarla se rompe en varios pedazos. ¿La has metido en el microondas? No dice nada. Le cuento a Manuel cuando un amigo rompió unas tazas de mi suegra y esta le dijo con ironía: No te preocupes, sólo eran de Sèvres.
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Llego a casa de mi prima Elisa y los niños me llevan de la mano hasta el patio (se ha convertido en un enorme descampado). Hay un tobogán, cunitas y dos columpios. Las cunitas arrastran y no se pueden usar, los columpios están mojados. Hay charcos de barro por todas partes. Les digo que sería mejor jugar dentro de casa. Mi sobrina Nadia escapa y cae por un agujero que hay en la acera. Le pregunto a gritos si está bien. Aguanta, ya bajo a por ti, le digo. Veo que de un salto se encarama a unas flores enormes de plástico que hay en el agujero y se queda dormida.
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Estoy cosiendo. Oeste llega con sus hijas y bailan. A cada movimiento su ropa se agranda hasta tal punto que el cuello de la camiseta le atrapa los brazos. Le ayudo a ponérsela en su sitio. Me cuesta mucho trabajo porque no deja de bailar.

aplausos

sábado, 18 abril 2020. La casa de mis padres está completamente desordenada, como si hubiera pasado un tornado. Hay ropa por el suelo, cajas de cartón vacías, platos sucios y hasta trozos de madera como si alguien hubiera estado haciendo bricolage. Oigo que aplauden desde las terrazas. Mamá, ya es la hora, le digo. Como he estado ordenando estoy despeinada. Busco un peine, no hay. Mi padre dice que mi hermana se los ha llevado todos, y me da un cepillo de los que usaba para cepillar sus chaquetas. Veo en el espejo que tengo el pelo teñido de celeste y que me cuelgan estrellitas de purpurina. Cuando llego a la terraza veo a los vecinos muy bien vestidos, familias enteras ordenadas por tamaño (como los Hermanos Dalton). Cuando me ven dejan de aplaudir y desaparecen.

mascarilla

viernes, 17 abril 2020. Estoy en el súper y busco unas alpargatas para el verano. En la parafarmacia hay mascarillas de tamaño descomunal hechas con camisetas viejas y toallas. No creo que sirvan para nada, pienso. En ese momento un hombre grande y gordo me empuja, las coge todas y las echa a su carrito.

tobogán

jueves, 16 abril 2020. Sr. Chinarro y yo miramos por una trampilla a unas chicas que trabajan de camareras. Van en bragas. Mira, es Scarlett Johansson, dice asombrado. Caminamos con cuidado por una pista de hielo que lleva a un parque infantil. Él, en todo momento, hace lo posible para que yo no me caiga. En el parque se tira por un tobogán pero se queda atrapado. Intento sacarlo tirándole de los pies. Nos despedimos junto a una gasolinera, donde lo espera una chica con un cochecito de bebé rojo.

gatos chatos

miércoles, 15 abril 2020. En un muro de la calle han colocado unas estanterías. En las estanterías hay lagartos. De repente se transforman en gatos chatos y perros lanudos. Me miran con ojitos de pena. No estoy segura de si son de verdad o peluches que alguien ha abandonado.

obras de arte

martes, 14 abril 2020. Estamos en un parque con las sobrinas. Hay un concierto y una exposición de objetos de cerámica muy feos. Mi sobrina los pasea entre ellos, pienso que romperá alguno sin querer, pero no le digo nada porque siempre me llaman negativa. Efectivamente, al darse la vuelta, empuja uno sin querer y se hace pedazos. Alberto va a hablar con el artista. Le da un folleto donde dice que si paga el seguro antes de las 21h, no tendrá que pagar la obra de arte. ¿Obra de arte?, era un rectángulo de barro cocido, protesto. El seguro hay que pagarlo en la catedral y son casi las 21h. Salgo corriendo pero, por un lado me pesan las piernas, y por otro cada vez que avanzo algo me encuentro en un barrio distinto. En un callejón, una pareja camina muy lentamente delante de mí. Hay vestidos extendidos en el suelo. Dudan si cogerlos. Les digo que se animen, acabarán en la basura, vamos, les digo. La chica coge un vestido de novia de encaje y se lo pone. Es una calle sin salida que da al dormitorio de un niño. La cuna también está llena de ropa de bebé muy cursi. Les digo que se la queden por si tienen hijos y me abro paso para salir por la ventana. Es un piso muy alto y demás tiene rejas. Veo que en el reloj de la catedral son las 21.05h. Ya que se me ha pasado la hora, les pregunto si puedo quedarme con un pañuelo de seda verde oscuro. Cuando salgo por fin de la habitación, al tomar el ascensor me veo reflejada en el espejo: soy muy bajita, muy gorda y llevo el pelo rapado y rubio platino. No entiendo que ha pasado, pero tengo que volver cuanto antes al parque. Le digo a Alberto que no he podido pagar el seguro y que la pieza costaba 280 euros y me responde que no pagará más de 20 por ella. En el parque han organizado un campeonato de hockey sobre hielo. Todos llevan unas camisetas (del mismo color que mi pañuelo de seda), con un escudo con una F. El organizador dice: "Y ahora vamos a dar las gracias a la persona que ha patrocinado este campeonato donando toda su ropa". Señala a Penélope Cruz, que en ese momento dice que de eso nada, que su ropa es suya, se quita una peluca idéntica a su propio pelo (que sigue teniendo debajo) y se va corriendo escaleras abajo, gritando que se arrepiente de haber sacado a sus hijos en los créditos de su última película. Nadie le hace caso y todos jalean al entrenador.

cuentas y huesos

miércoles, 8 abril 2020. Mientras hago la cama de mis padres, mi madre le habla a Juan y Medio de lo guapa y hacendosa que soy. ¿No me estará vendiendo?, pienso. Mi padre dice que he hecho la cama mal, que esa no es su almohada. Entre las sábanas hay cuentas de collar y huesos de aceituna. Por más que los quito, vuelve a aparecer.

hablar

domingo, 5 abril 2020. Estoy en la terraza de mis padres. Oeste está en la terraza de al lado. o podemos vernos. Hablamos a través la cristalera esmerilada y las macetas de mi madre.
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Habitación vacía y muy blanca. En el centro un sofá también blanco donde una mujer y su hijo hablan. Van vestidos de blanco, ella lleva corona. Estoy sentada en el suelo, les hago preguntas como si los entrevistara. Llegan dos hijas en patinete. Lleva unos monos muy ceñidos blancos. Las acompaña un séquito de guardaespaldas y perros con bozal.

de tapadillo

viernes, 3 abril 2020. Alberto y yo vamos por una calle tranquila a la que dan casitas con jardín. Pasan dos carteros en moto, vestidos como en aquella serie "Crónicas de un pueblo". Pienso que son policías camuflados. Me separo de Alberto dos metros para que crean que no vamos juntos. No llevamos guantes ni mascarilla y Alberto, además, no lleva camiseta. Sonia aparece detrás de un poste de luz (de aquellos antiguos, enormes de cemento), nos hace señas, dice que conoce una peluquería que abre de tapadillo. Entramos en una galería de comercios, todos están cerrados. La peluquería tiene la persiana metálica bajada hasta la mitad, pero dentro está oscuro y no se ve a nadie. Mejor nos vamos, les digo. Sonia dice que salgamos por un ventanuco donde escondió una cuerda por si llegaba el caso. ¿No es más fácil salir por donde hemos entrado? Alberto y Sonia deslizan una cuerda hacia la calle e intentan salir por el ventanuco, pero es demasiado pequeño. La escena parece de Buster Keaton. Yo los observo desde la acera, donde llevo ya un rato esperándolos.

cómics y furgo de campaña

miércoles, 1 abril 2020. Oeste y yo entramos en una biblioteca. En el mostrador de entrada tienen dos pilas de cómics para que la gente se los lleve. Nos llevamos un montón como si fuéramos niños.
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Camino con una niña que, se supone, es una poeta extraordinaria a pesar de su juventud. Llegamos a un aparcamiento improvisado. Nos despedimos. La niña se mete en una furgoneta. La furgoneta está hecha con un armazón de listones de madera sobre los que han colocado tela plastificada de mantel. Al subir la niña se desmorona como una tienda de campaña. La madre de la niña y sus amigas (que parecen venir de jugar al baloncesto), me pregunta que qué hacía con su hija. Le explico que su hija escribe y hemos estado... no me deja terminar y se lanza hacia a mí para pegarme. Sus amigas la detienen. Les digo que podemos acercarlas a su casa ya que se han quedado sin furgo. En ese momento, en segundo plano, veo que Alberto, cansado de esperar, se marcha en el coche. Corro tras él. Nada. La niñas, su madre, las amiga y yo nos quedamos en el aparcamiento sin saber qué hacer.