fantasma en bata

domingo, 30 abril 2017. Al entrar en la que se supone es la cocina de la casa de mis padres, una señora en blanco y negro con un vestido-bata en sobre la ropa, me dice que tenga cuidado porque hay un charco. Al parecer mi padre se ha dejado la fregona empapada en el colgador. La señora seca el suelo y dice que no me preocupe, que ella se encarga de todo. Salgo y le cuento a mi madre lo sucedido. Con toda la naturalidad del mundo, me dice que es un fantasma que suele ayudarla en tareas de casa.
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Dos autocares aparcan en la puerta de que fue la casa de mi abuela. Al parecer la han alquilado para pasar el verano. Pregunto a mis tías. No saben nada. Explicamos a los turistas que ya están bajando las maletas, que en la casa no caben todos (son más de cien), pero que podrían repartirse entre la casa de mi abuela y la casa de al lado (una guardería). De repente, cuando los turistas han comenzado a medir el suelo para repartírselo, el conductor dice que se ha equivocado de casa, que la que han alquilado es el nº46, unos 500 metros más abajo. Nos despedimos de los turistas como si fueran nuestros seres más queridos.

zona murcia

viernes, 28 abril 2017. Llego con Sonia y Míchel a un teatro romano que, se supone, es un cine. Nuestras entradas dicen "Zona Murcia". Suponemos que significa que el teatro tiene forma de mapa de España y debemos sentarnos abajo a la derecha. Nos cuesta bajar porque la rampa de piedra resbala. Deciden no caminar más y se sientan en "Zona Canarias". Yo me quedo en un palco de piedra en "Zona Cádiz" con dos tipos malencarados.

Mis padres, se supone, viven cerca del teatro. Voy a verlos. La casa también es de piedra. Desde la calle puedo ver a toda la familia. Discuten mientras ven la tele. Mi madre me ve y sale a saludarme. Te acompaño a la estación, dice. Y después, ¿quién te acompañará a ti? Llevo paraguas, me dice por toda respuesta.

bolas de arena

miércoles, 26 abril 2017. Parece que comparto casa con varios estudiantes. Una casa muy desordenada cerca de la playa. Salimos cargados de libros. Yo he olvidado algo y vuelvo. Por el camino, que es una playa de arena gruesa gris, encuentro monedas y algunas insignias militares. No puedo entretenerme y sigo mi camino. En la casa hay una escalera de caracol muy estrecha que antes no estaba. Busco los libros que me faltan y bajo. Una chica muy parecida a Nuria (una compañera del colegio) huye con un montón de folios que se les van volando. Al salir, la playa está a oscuras y no veo las monedas. Un chico me lanza bolas de arena con odio. Por más que me fijo no lo reconozco ni sé por qué me odia tanto.

santurrón

martes, 25 abril 2017. Estamos de visita en casa de un tipo que, todo el tiempo, insiste en que tiene que hablar conmigo. Lo evito cuanto puedo. Su mujer nos muestra la casa orgullosa. La han puesto en venta. Tiene hasta pasadizo secreto, comenta divertida. Junto a la casa hay una cueva con un santurrón donde unas señoras con batas de flores hace cola. Mucho me temo que el santurrón y el tipo que quiere hablar conmigo sean la misma persona. Quiero irme de allí cuanto antes.

grito

viernes, 21 abril 2017. Mi madre y yo vamos por un camino de tierra. Al fondo se ve un edificio parecido a la fábrica de cemento. No sé si seguimos a una chica o es que lleva nuestro mismo camino. La chica comienza a bajar una escalera metálica, vertical, que hay pegada a una pared. Mi madre se suelta sin querer y cae a toda velocidad. Su grito. Pienso que aplastará a la chica, pero también puede ser que el cuerpo de la chica amortigüe la caída de mi madre.

casa-tubo y pájaros-bola

jueves, 20 abril 2017. Llego a una casa-tubo como si me esperaran. El dueño se parece mucho al escritor Antonio Orejudo. Tengo frío, encojo y agarro las piernas sobre el pecho. Orejudo tiene una infusión para eso, dice, se la acaban de traer de un lugar exótico. Se levanta muy sonriente a buscarla. En ese momento aparecen dos abejorros de colores. Cuando los espanto se convierten en pájaros-bola. Orejudo me da la infusión y les hace un hueco entre las manos. El pájaro-bola macho regurgita una mariposa y se la da a la hembra. ¡Van a ser padres!, decimos muy contentos a la vez.

sopa

miércoles, 19 abril 2017. Como sopa muy despacio en una mesa muy larga. Estoy sola. Le digo a nadie que la rosa mosqueta cierra los poros.

cenizas de chocolate

sábado, 15 abril 2017. Se supone que celebramos el aniversario de mis padres. Aunque estamos los tres solos, mi padre quiere decir unas palabras. Comienza a quejarse de mi madre. Reproches infundados, uno detrás de otro. Mi madre dice que no le afectan, pero se levanta de la mesa y llora. La abrazo. Está tan triste que se convierte en un bote de Nesquik. Salgo a la terraza con el bote abrazado, le digo que no se preocupe por nada. Empiezo a preocuparme por si no vuelve  su estado normal. Abro el bote, meto el dedo mojado para probar si de verdad es Nesquik o la tristeza la ha convertido en cenizas. Me pregunto qué haré con esas cenizas de chocolate si no vuelve a su estado normal. Mientras tanto, a través de las cortinas, veo a mi padre meter todos mis zapatos en bolsas de basura.

cajero y app

jueves, 13 abril 2017. Masip vive en una habitación con moqueta. Donde debería estar la ventana, se transparenta un cajero automático que funciona hacia la calle y hacia dentro. Le da una luz futurista al cuarto. Me gusta mucho, le digo, además, si un día necesitas sacar dinero y está lloviendo, puedes hacerlo sin mojarte los pies. Se ríe. Le pregunto a qué hora sale el último tren. Dice que no me preocupe, que él me llevará a casa. Nos tumbamos sobre la moqueta, pego mi cabeza a su tripa (supongo, por ver ayer los calcos de Pompeya en la tele). Cuéntame cosas, le digo.
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Camilo dice que lo han invitado a Logroño. Tienes que ir, le digo, además de la lectura lo vas a pasar de maravilla. Me cuenta que ha inventado una aplicación para móvil en la que cada amigo acude a tu llamada para una cosa en particular. A mí apúntame para cuando vomites, puedo sostenerte la cabeza, le digo. Dice que es la hora de las ambulancias. Supongo que está cuidado de algún familiar enfermo. Quiere que lo acompañe, pero debemos darnos prisa. Corremos a zancadas enormes. Para entrar en su casa trepamos por una pared roja donde sólo podemos agarrarnos con las puntas de los dedos. 

cura de lana

miércoles, 12 abril 2017. Llego a un explanada donde parece que se celebra un homenaje. Hay lápidas de hierro en el suelo. Parecen registros. Un hombre va nombrándolos uno a uno. Mira el reloj y comienza a correr, a no decir nada, a echar agua bendita sin mirar. El público protesta. Incluso un cura que hay a mi lado dice que eso no tiene perdón de Dios. Me fijo en que sotana y alzacuellos están tejidos en lana. También la cara. Se le ven las costuras. Un matrimonio dice que pronto llegará el bus para devolvernos a la ciudad. Pasa un barco a toda velocidad, cortando el asfalto. El público empieza a mosquearse. Intento hacer chistes. Esto parece el Un dos tres, ¿se acuerdan?, ahora aparecerá una azafata y nos dirán que hemos perdido un barco de recreo, les digo. Todos se ríen. Sigo diciendo tonterías hasta que aparece, por fin, el bus. El bus es vertical. Los asientos, de cuatro en cuatro, repartidos en unos veinte pisos. Sólo tiene dos ruedas. Se tambalea. Todos corren para ser lo primeros. No pienso subirte ahí, le digo al cura de lana. No me contesta, se ha convertido en el muñeco que ya era.
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Un chico muy joven estudia en un bar. Tiene la mesa llena de apuntes. Una chica rubia, de mi edad, intenta ligar con él. El chico me pregunta qué música me gusta. Tom Waits. Te gusta la New Age!, dice enfadadísimo. Pienso que no tiene ni idea de nada, el pobre. La chica dice que no podría vivir sin música. Le digo que si me quedara sorda me daría igual porque prefiero el silencio, pero sí pediría poder escuchar, al menos, una canción de Tom Waits al año. En ese momento pasa una señora con pinta de vigilante y dice que me remeta la camisa por el pantalón. Obedezco. El chico le explica a la chica rubia que las galletas y el desodorante no se guardan en el frigorífico. La chica dice que tiene una cita, le da un beso muy rápido y desaparece. Te espero, le dice el chico con ojos de corderito. Buena te espera, muchacho, pienso.

gabardina

martes, 11 abril 2017. Pablo, un niño pequeño y yo salimos de clase. El niño se queja de que su madre quiere ir en vacaciones a Madrid. Pablo le dice que es mejor no viajar. Intento convencer al niño de que viajar te enseña a comparar y a no creer que lo de un es lo mejor. Yo también voy a Madrid, podemos vernos allí, le digo. Responde que no cree que su madre lo deje salir con una persona mayor. ¿Y te deja llevar esos zapatos? Lleva zapatos de mujer. Dice que se los compró porque era muy feos y así evitó que se los comprara su madre. Caminamos, el niño es ahora una chica con gabardina. Me acompaña a la estación. Le digo que después tendrá que volver sola. No le importa. La abrazo, le beso el cuello. No tengo los billetes, nos colamos en una casa para imprimirlos. La dueña de la casa sale de una habitación, empujo a la chica bajo una mesa para que no la vea.

casi

sábado, 8 abril, 2017. Me encuentro a un niño en la calle. Le pregunto si se ha perdido. Señala a su padre a lo lejos. Cuanto más señala más se aleja. Le digo que no se mueva y corro hacia su padre dando tremendas zancadas. Casi vuelo por las calles, pero nunca llego a alcanzarlo. Me olvido del niño, corro por placer.

inodoros de ascensor

miércoles, 5 abril 2017. Un escritor (que, se supone, es muy famoso) expone sus libros en el portal de la casa de mis padres. Hay poco sitio, se queja el chico que debe venderlos. Le digo que use las cajas como mostrador. En la portada de los libros aparece un elefante muy mal dibujado. Todos tienen que pasar por aquí, así que alguno venderás, le animo. Entro en el ascensor con una chica. El ascensor tiene varias sillas que esconden inodoros bajo los asientos.
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Llego a una plaza soleada. Violeta le hace fotos a chicas que posan leyendo de espaldas a cámara. Ayudo a parar el tráfico para que le sea más fácil.

pereda

martes, 4 abril 2017. Me invitan a leer poemas. En el escenario hay una mesa con un mantón y sillas verdes colocadas como para cantar flamenco. Una señora me dice que se ha animado a tener mail y le abra uno. Su portátil es blanco y se transforma en una folio doblado. Me siento en un lateral, en una especie de pupitre pequeño. Una chica me dice que tengo que leer poemas sobre el tiempo, los pájaros y Pereda. Le pregunto si tienen algún libro mío. No, improvisa. El público comienza a pelear entre ellos. Discuten sobre la fecha en que apareció Internet. Intento hacerlos callar. ¡Internet llegó a mi casa el 13 de abril de 1997!, les grito. Un chico asiente, los demás siguen peleando. Mientras la chica intenta calmarlos, yo intento recordar qué sé de Pereda. Sé que tiene una calle en Málaga cerca de la Heladería Lauri, sé que al final de la calle estaba la Pizzería Paperino que tanto me gustaba. Mientras los veo pelear, pienso que esos datos no vana ser suficientes para entretenerlos una hora. Una señora muy vieja me dice que, cuando termine con el mail de su amiga, le haga la Declaración de la Renta.

peluca

lunes, 3 abril 2017. Pongo la tele y aparezco en una especie de concurso. Yo no tengo tanto pelo, pienso. Parece que llevo peluca. Cuando me preguntan, respondo teatralmente exageradamente lento. Cuando se supone que no me están enfocando, se me ve en segundo plano haciendo el tonto, imitando a Chiquito de la Calzada. ¡Esa no soy yo!, digo enfurecida señalando a la tele. (Siesta).

caja fuerte

domingo, 2 abril 2017. Federico tiene una caja fuerte en un café. Es un café decorado con terciopelos granate y mesas de madera muy oscura. Está sentado delante del retrato que pintó de su familia. Me ve llegar. Se alegra tanto que quiere enseñarme su caja fuerte. Está detrás del cuadro. La abre delante de todo el público. La caja fuerte es una habitación semicircular llena de cuadros. Quiere que entre, que elija un cuadro. Te regalo los que quieras, dice. Prefiero que cierre la caja fuerte antes de que algún listo le robe. Se le ve feliz. Invita a pasar a todos los que están en el café. ¡Cojan lo quieran!, les dice con los brazos abiertos. 

castañas de madera

sábado, 1 abril 2017. Llegamos a un hotel. Me gusta, hay moqueta. Dejamos las cosas sobre la cama. A la vez que voy sacando las cosas de la maleta, las paredes se van abriendo. La habitación es ahora el hall del hotel. Tiene puertas alrededor. Van llegando clientes, pasan tranquilamente entre nuestras cosas como si no nos vieran. Voy abriendo puertas para averiguar cuál será nuestro cuarto de baño. Alberto me pide que busque algo. Le digo que ya lo he buscado mil veces y no está en ninguna maleta. Para demostrárselo, meto la mano en varias bolsas pequeñas y voy sacando puñados de tuercas, castañas de madera, canicas de plomo. Para otra vez traeremos cosas que no pesen, le digo.

De repente estamos en el fondo de un autocar. Una señora insoportable y su hija, cuentan a toda voz que vienen de Nueva York, que han conocido en persona a Mickey Mouse. Nadie les hace caso. Me mira insistentemente. Me pregunta qué se puede visitar en España. Todo, le digo. ¿Tarragona también merece la pena? Menos Lérida y Badajoz, todo.

atila

jueves, 30 marzo 2017. Parecen unos grandes almacenes muy desordenados. Las prendas se amontonan en forma de laberinto. Una señora enorme se abre paso. Deja un hueco entre los setos de ropa. Me recuerda a los dibujos animados que huyen dejando su silueta en una pared. Me río. Aprovecho para ir tras sus pasos. La señora se vuelve. Disimulo mirando unas prendas mientras ella me mira insistentemente. Pienso en Atila. Vuelvo a reírme. Logro salir del caos, busco a Alberto. Pasillos estrechos muy blancos. Nada ni nadie. A lo lejos, veo su silueta a través de un cristal translúcido. Cuando estoy más cerca veo que la silueta fuma. No es él, pienso. Miro los pasillos, todos son iguales, no sé por dónde vine, no sé por dónde volver.

fideos y gominolas

martes, 28 marzo 2017. Cumpián y yo subimos el Compás de la Victoria. Unas niñas van y vienen dando saltos. Están contentas porque van a la playa. La playa es una charca artificial que han puesto en la explanada delante de la iglesia. Cumpián dice que me quede a comer, pero tengo que ir a ver a mis padres. Ten, llévales sopa, dice. Me da un plato hondo de sopa hasta los borden. Los fideos son espaguetis larguísimos que rebosan y llegan hasta el suelo. Bajo la rampa con mucho cuidado. Pienso que debería haberme quedado aunque sólo fuera para que las piernas se me pusieran morenas.
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George Clooney y Jessica Lange entran en una sala muy blanca. Una monja, con hábito blanco por la rodilla, me señala y me indica que me levante. Se supone que van a hacer una demostración de cómo rehabilitar un brazo con tendinitis. Lange se pone detrás de mí, pega su cuerpo al mío, Clooney se pega a Lange. Ponen sus brazos debajo de mi brazo izquierdo y comienzan a hacer ejercicios. El brazo me duele muchísimo. Lange se queja. ¿Yo qué pinto aquí?, pregunta en un perfecto español. Cuando hemos terminado, nos hacen pasar a otra habitación muy blanca con mesas de guardería. En una hay tres cuencos de lo que parece nata montada con gominolas. ¡Comed!, dice la monja dando una palmada.

libros de madera

domingo, 26 marzo 2017. Llego tarde al colegio. Alguien me entretiene justo antes de subir el último tramo de escalera. Llevo libros de madera que pesan muchísimo. Una monja avisa que va a cerrar. Al ver que empiezo a subir con dificultad, cierra la puerta. Qué hija de puta la monja, digo entre dientes. Una chica que me ha oído dice que podemos entrar por debajo. Hay unas láminas de plástico que tapan una gatera. Entramos. Busco mi clase, pero todas las clases están en obras. Oigo de fondo a un grupo de niñas rezando.

after eight

sábado, 25 marzo 2017. Voy a visitar a Federico, está en la cama, parece enfermo. Al parecer, le han puesto un aparato para corregir los dientes y está muy débil porque no puede comer nada. Le doy láminas de chocolatinas. Se las meto suavemente en la boca como si echara cartas a un buzón.

doctor cenicienta

jueves, 23 marzo 2017. Llego a un mostrador. Se supone que es una consulta autoservicio. Parece que estemos pasando la ITV. Una chica sale y me toma la tensión. ¡90-66!, dice muy sorprendida. ¿Quieres decir 9.0-6.6? Sí, ¡está altísima! ahora misma le asigno un especialista, dice. Pienso que es muy baja, pero no digo nada. Sale un chico muy parecido a Eduardo Laporte, pienso que es él, pero tampoco digo nada. Me da un paquete con ropa. Es ropa técnica, dice. Debo llevarla durante 72 horas. ¿Cuándo empiezo? Póntela ahora mismo, ahí (señala un rincón del suelo), que no te dé vergüenza. Le digo que prefiero ir al servicio. Suena un timbre y desaparece sin decir nada. Aparece otro chico, me acompaña al servicio de caballeros. De repente estamos en un mercadillo. El chico extiende mi ropa sobre el suelo. Como ves, la puedes combinar. Una chica coge varias de mis prendas y corre a ponérselas. Cada vez entiendo menos. Mientras pienso qué me pongo se ha hecho de noche. El falso Laporte aparece en albornoz, con una toalla liada en la cabeza. Me saluda. ¿Qué tal te ha ido?, pregunta. Bien, he conocido al auténtico Doctor Cenicienta, le digo. Se ríe. Me sorprende que pille la broma. Mira cómo voy vestida (todavía no me he puesto la ropa técnica) y mueve la cabeza a modo de reprimenda

pan de oro

miércoles, 22 marzo 2017. Tengo mucha prisa. Bajo por una escalera mecánica muy lenta atestada de gente. Delante de mí, una señora dice que no puede más y se sienta. Pienso que cuando lleguemos abajo quedará atrapada. La ayudo a levantarse. Me cuenta su vida. Me da pena decirle que llego tarde. De repente, voy en autobús por una carretera de tierra. A los lados, campo. Hay una flota de coches aparcados por orden cronológico junto a la carretera. Un chico le explica a su novia que eso se llama flota. Ella lo mira embelesada. El autobús se para. Tengo un examen y llego tarde. Me bajo y corro hasta llegar a la plaza de los monos. Corro calle Victoria abajo. Alguien me da unos folios enormes y me dice que me dé prisa. Cuando llego, el edificio por dentro es una plaza de toros. Entre los folios que me dieron hay un cheque que debo canjear. Veo a Eski en uno de los mostradores, me acerco, me mira con cara de pánico. Me dice, con gestos, que no lo meta en líos. Pregunto a una chica dónde debo pagar las tasas, que tengo mucha prisa. Hace cuentas y cambia el cheque por pan de oro. Cuarta planta, date prisa, dice. Intento subir por una pared, pero me resbalo. Subo por una escalera muy estrecha y muy historiada. El edificio se ha vuelto versallesco, de repente. El hilo musical canta algo sobre la planta en la que estoy, aunque no estoy segura de que tenga que ver ni de si ese es el camino correcto. Empiezo a pensar que me he perdido. Parece un hotel con miles de habitaciones, como cuando pones dos espejos enfrentados. A la derecha veo una habitación dorada, una cola. Pregunto si hay que coger número. Es de dos en dos, me dicen dos señoras agarrándose muy fuerte del brazo.

córner

domingo, 19 marzo 2017. Estoy sola en una enorme grada de un campo de fútbol. Estoy demasiado arriba para ver qué equipos juegan, pero en el sueño consta que es un partido fundamental para el Málaga. Sólo queda un saque de esquina decisivo. Las gradas están vacías porque todo el público, los árbitros y hasta el otro equipo al completo están detrás y dentro de la portería. Supongo que es para ayudar a parar el balón. No entiendo cómo eso puede ser legal. Tampoco entiendo que el córner se saque desde el campo contrario. Justo cuando se va chutar el balón, alguien me da un paraguas abierto y me dice que es hora de volver a casa.

De repente estoy delante de la casa de mis padres. El paraguas abierto aunque no parece que llueva. El edificio parece un barco fantasma. Le cuelgan jirones de plástico y en el centro han formado un jardín vertical. El portal está muy oscuro, no me atrevo a subir al ascensor porque sospecho que alguien lo ha manipulado. En el portal hay varias personas con paraguas hablando. Pero sólo hablan cuando las miro. Cuando creen que no las miro se quedan muy quietas mirándome a mí.

cumpián vs king kong

jueves, 16 marzo 2017. Paco Cumpián organiza una fiesta de noche vieja. Dice que no puedo perdérmela. A la vez, los amigos de toda la vida, me dicen que para esa noche han organizado una fiesta que consistirá en ir a ver un partido del Málaga en una cancha de baloncesto, que es la primera vez que se hace y que no podemos perdérnosla. Le pregunto a Alberto qué prefiere. Alberto, por toda respuesta, silba. De repente me veo en una cancha adornada con espumillón de colores. Los dos equipos están formados por gorilas. Me extraña que no lleven equipación que los identifique: todos juegan contra todos. Una cría de gorila le pasa el balón al que se supone es su padre. Su padre encesta sin dificultad porque mide 4 ó 5 metros. Toda la grada, ataviada con gorritos y matasuegras, grita: ¡King Kong gana!

de corcho

miércoles, 15 marzo 2017. Todos llevan vasos de tubo con bebidas refrescantes. Todos llevan cubitos de hielo en sus vasos. Miro el mío. Mis cubitos son de corcho.

calle de velcro

martes, 14 marzo 2017. Estoy en una especie de retiro. Hay ancianos y familias. Una pareja me cuenta sus problemas con un albañil. Su hijo dibuja de maravilla. Lo que dibuja ocurre. El niño dibuja una casa voladora y la habitación donde estamos empieza a elevarse. Caemos en una playa donde hay unos bolos gigantes de madera. Miro el paisaje. No hay casi nadie. Me gustaría saber que no hay nadie más en el mundo, una sola luz a lo lejos me crea ansiedad, les digo. No me hacen caso. Volvemos a la residencia. Me pongo las Martens e intento bajar por una cascada. Las suelas se me han despegado. Corro hacia casa para cambiarme de zapatos, pero no reconozco las calles. Una de las calles es una cuesta completamente vertical negra. Deseo que el asfalto sea Velcro y así sucede. Me tumbo y dejo que la gravedad me deslice suavemente. De ahí paso a una sala de espera donde unas personas están viendo la tele. Alberto está al fondo. Le cuento que he reservado dos noches en esa residencia (como si él supiera cuál es, como si yo fuera habitualmente) y ahora me arrepiento. Dice que me vendrá bien estar sola, pero que podía haber elegido un sitio mejor. Decido que volveré para decirles que no me quedo dos noches porque no quiero dejar solo a Alberto. Llaman a la puerta, nadie se mueve. La puerta es de cristal esmerilado color ámbar. No sé ve a nadie. Abro, no hay nadie. Al cerrar, veo pasar una figura de hombre enorme que se va gritando: ¡Me las vais a pagar!

la fiesta de las fotos

lunes, 13 marzo 2017. Alberto y yo entramos en un bar. Le voy contando algo. Junto a la entrada, Francis está contándole a un grupo de amigos lo mismo que yo venía contándole a Alberto. Francis y yo nos miramos y nos reímos. Alguien dice que nos hagamos una foto de grupo. Hay una grada con butacas de cine. No quedan asientos libres. Allí están todos los amigos que he tenido desde niña. Carlos proyecta fotos antiguas en blanco y negro, se nos ve a todos muy jóvenes. Intento encontrar un asiento libre. Entran Juan Francisco y Adriana. No sé cuándo pueden haberse conocido. Me alegro muchísimo de verlo, lo abrazo. Lleva un abrigo camel de otra época. Dice que pensaba que no llegaba a tiempo. Le digo que me ayude a encontrar a Begoña. Nada. Mientras salimos del bar, decido que no voy a decirle que lleva muerto casi un año.

calcio

domingo, 5 marzo 2017. Tomo apuntes de un programa de radio que emiten por la tele. Hablan de que han descubierto que las primeras notas de los primeros movimientos de algunas sinfonías hacen que se fije el calcio. De repente estoy en la calle. Un coche se para. Una chica me hace señas, quiere que me acerque. Es Graciela. Subo al coche, me presenta a su novio que va al volante. Le doy un beso desde el asiento de atrás. Dicen que pueden acercarme al cementerio. Llegamos, pero es un teatro con una escalinata dorada por donde baja el público. Una señora nos dice que los músicos han estado maravillosos y se despide de nosotras. Se supone que es la madre de Graciela, aunque tiene la cara de mi madre. Al bajar dos escalones más, cae. Corremos hacia ella. Le retiro un pañuelo de flores que le tapa la cara y le digo que respire hondo. La cara se le pone completamente negra. No se le ven los ojos ni la boca. Pienso en aquello de que la música fija el calcio. No puedo dejar de pensar en otra cosa. 

la fiesta del martillo

jueves, 2 marzo 2017. Camino por la calle con Carmen y Enrique. Veo a Alberto, Marcos y a una de sus hermanas desguazando un coche a la puerta de una casa con jardín. Ese es Marcos, le digo a Enrique. Marcos, acabamos de estar con Ferran, le digo desde la acera de enfrente. Marcos se da la vuelta, se pone nervioso y comienza a tartamudear. En el jardín de a casa están cavando varias personas, entre ellas Juano, que me mira muy serio. Un niño, con la cara pintada de negro y rastas falsas, se excusa por algo. Eres Nico, ¿verdad? ¿Cómo sabes mi nombre?, ¿te ha hablado de mí?, pregunta (se refiere a su tío Juano). Claro, él te adora desde que naciste. Intento recordar qué día nació. ¿Eres Patricia? No. ¿Eres Ana? No. El niño se da cuenta de que su tío no le ha hablado nunca de mí, y se va cabizbajo. Noto que Juano me mira con mucho rencor y me desmayo a cámara lenta. Caigo sobre el asfalto, deseo que pase un coche en ese momento y nadie me socorra. Cuando despierto, estoy dentro de casa. Veo que unos siguen cavando el jardín. Carmen me acompaña fuera, dice que me mandará los datos para que nos veamos en Croacia, que podremos pasar el día entero en el agua. Nos despedimos. Carmen dice que tengo que animarme. Enrique dice que no me desmaye más y me chupa la nariz. Les digo que ellos no saben nada de nada. Entro en una casa vacía. Se oyen martillazos a lo lejos. La fiesta del martillo, pienso. Unos gamberros entran por el sótano para darme un susto. Salgo antes que ellos, veo el monopatín de Alejandro, me subo y huyo a toda velocidad. La carretera se convierte en una azotea, no sé cómo frenar pero lo consigo justo al llegar al borde. En una azotea más baja, veo que están entrevistando a Jonás. Bajo a casa. Hay una maceta sobre la cama, tiene una rama rota. Hundo la rama en la tierra, para que no se muera. Separo la cama de la pared, como si la cama se partiera en dos y se convirtiera en un escritorio. Levanto la almohada, que en realidad es un ordenador. Quiero escribir todo lo que he soñado.

reciclaje

martes, 28 febrero 2017. Intento bajar por una escalera cubierta con distintas bolsas de reciclaje. Pienso en lo meticulosos que han sido para un cosa y lo poco para otra. Por ejemplo, hay bolsas sólo para casquillos de bombillas, otra sólo para esa argolla que queda en las botellas cuando se le quita el tapón, otra para cables, etc. Sin embargo no han dejado ni un centímetro libre para poder bajar. Voy pisando peladuras de patatas, bolsos viejos, llaves usadas. Al llegar abajo, hay un cajón con monederos y guantes exquisitamente ordenados por colores. Una chica me los muestra orgullosa.

uniforme gris

domingo, 26 febrero 2017. Un niña en uniforme, del que era mi colegio, corre hacia una escalera mecánica que baja. Aún así intenta subir. La falda del uniforme se le enreda entre los escalones y cae. Los escalones la aplastan hasta convertirla en una lagartija. Al intentan sacarla, la parto por la mitad. Aun así, intento hacerle masajes cardíacos. Llega una ambulancia. Me dicen que no hay nada qué hacer. Les digo que lo intenten de todos modos, que hay que salvarla como sea. Un médico le inyecta un líquido fluorescente que lleva en una jeringa enorme.

sueño con serpientes

sábado, 25 febrero 2017. En el pasillo de la terraza de la casa de mis padres hay un cubo con agua. Se supone que debo llenar algunas botellas con él. Cuando al cubo le queda sólo el fondo, descubro que está lleno de serpientes ahogadas.

cena sin vino

jueves, 23 febrero 2017. Una pareja nos ha invitado a cenar. Vamos con Sonia y Míchel. La mesa es muy pequeña para seis personas. Tampoco hay sillas suficientes. Cojo un taburete de plástico que parece de juguete. La mujer saca platos y cubiertos y los deja desordenados sobre la mesa. No pone vasos. Pienso que a Alberto le va a sentar mal que no haya agua ni vino. Mientras la mujer va y vine de la cocina, el hombre se quita las gafas. Debajo no hay ojos. as limpia con el mantel, se las vuelve a poner y los ojos aparecen. De repente veo a una niña muy pequeña en el sofá, mimetizada entre cojines. La niña es rubia, casi albina, con los ojos azules. La pareja es de pelo y ojos muy oscuros. Como si pudieran leerme el pensamiento, me dicen por señas que es adoptada. La niña habla a gritos. Hago como le bajara el volumen con un mando, y la niña comienza a susurrar. Miro a sus padres sorprendida. Es adoptada y superdotada, dicen a la vez.

modelo

martes, 21 febrero 2017. Se supone que acabamos de bajar del avión y buscamos una terraza para desayunar. Voy con un grupo de chicas que trabajan como modelos. La calle de los bares está llena de terrazas y todas las mesas ocupadas. Nos dividimos en dos grupos. Entramos en un edificio antiguo. Aglomeración. Nos dejan una habitación para cambiarnos. Les quitan las puertas para vernos desnudas. Protestamos. Nada. Me dan un traje de fiesta con un escote enorme, me rizan el pelo, me maquillan. Me veo desde arriba bailar un tango con una chica rubia. Desde donde me veo pienso que se me nota que no soy modelo. De repente todo es blanco, moderno. Unos chicos le roban la llave de su habitación a una compañera. Se la reclamo.

ley de la levedad

lunes, 20 febrero 2017. Voy con mi madre por calle Larios. Lleva un vestido camisero hasta el suelo. Me dice que quizá se haya arreglado demasiado. Le digo que para una vez que sale, está bien que se arregle. Buscamos una joyería, quiero comprar una alianza de plata para grabarle "ley de la levedad" (título de un poema de Antonio). Entramos en una tienda elegante de puertas automáticas. Nos reciben varias chicas uniformadas, pero, al pasar la segunda puerta, se convierte en un almacén de todo a cien. Me fijo en unos sacos térmicos con forma de personajes de dibujos animados. Ya sé lo que quiero para Reyes, le digo a mi madre. Mi madre está indignada y se va. Yo me quedo mirando utensilios de viaje para avión, entre los que hay navajas y cuchillas. Un letrero en chino (que leo perfectamente) dice: "Aptos para cabina." Miro unos tarritos de cristal con lápices y tizas dentro. Pienso en que cuando tenga una casa para mí sola pintaré una pared de negro para que haga de pizarra. La imagen de mí, sentada sola sobre una alfombra pintando en la pared me da muchísima pena e intento encontrar la salida.

alcantarilla

jueves, 16 febrero 2017. El actor Neil Flynn tiene un bar. Lo veo cansado. Ayudo a recoger platos y fregar. Me da la gracias. Le digo que es mi último día, que se acabaron las vacaciones y vuelvo a casa. Todo se acaba, dice en un español perfecto.
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Tengo que salir y veo por la ventana de la cocina que ha empezado a llover. Me pongo mallas y botas de agua. Una vecina entra mientras me estoy cambiando. Hay vecinos por toda la casa. Mi padre dice a gritos: ¡El mafioso de abajo ha venido a despedirse!
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Hay un patio con gente castigada. El castigo consiste en que están bajo tierra y sólo les sobresale la cabeza de una especie de alcantarilla con agujero y candado. El castigo se remata contando chistes por unos altavoces. Ellos deben evitar reír. Veo que queda un agujero libre. Se supone que es el que me ha tocado. Le digo a alguien, quizá un carcelero, que debo ir a la óptica porque las patillas de mis gafas están dobladas.
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Estoy en el centro de una habitación sin techo. En el suelo hay dibujos geométricos. Doy una vuelta y compruebo que la circunferencia está mal dibujada. Sobre una pared hay una cortina muy fina. Me escondo detrás. Puedo ver a través de ella sin que me vean. Aparece un hombre con un perro y tres perritas. Habla con alguien. Le cuenta que las tres perritas son las putas del perro. Los suelta de las correas. Temo que me huelan y se acerquen, pero no lo hacen. El perro persigue a las tres perritas sin salirse de la circunferencia del suelo.

gafas, vestido acartonado y cencerrada

miércoles, 15 febrero 2017. Voy a recoger unas gafas. me dicen que estarán listas la próxima semana. Al darme la vuelta para marcharme, me dicen que ya están listas. Me cobran 100 euros menos que el precio convenido. No veo nada con ellas.
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Encuentro una caja con unas medias y un vestido camisero que, se supone, fueron de mi madre. Como es demasiado corto, me lo pongo sobre el vestido que ya llevo puesto. La tela está acartonada y para que me cierren los botones debo ponerme un sujetador muy apretado tipo años 50. Las medias están pasadas y se rompen. Un chico, mitad Elías, mitad Manuel, me dice que me dé prisa porque no llegamos a la cencerrada. Señala a lo lejos. Se ven luces rojas, blancas y verdes cubriendo un monte. Le digo que vaya solo, que yo lo espero en el hotel.

futuro

martes, 14 febrero 2017. Salgo de una casa que se parece a la casa de Nuria (una compañera del colegio). La casa está en alto. Tengo prisa por irme de allí. Un tipo me dice que tengo que pagar para irme. Le doy a dos niñas en prenda, me hago una bola y ruedo calle abajo. Al parecer tengo un examen y llego tarde. Laura, la hija del escritor Chivite sale de un bar con un perrito caliente de un metro. Quiere que me siente con ella y dos amigas. El bar es un caos. La dueña nos trae chupitos de gelatina y comida con muy mala pinta. Aparece Javi. Está delgadísimo. Me alegro mucho al verle, lo abrazo. Le pregunto la hora y decido sentarme porque ya no llego al examen. De repente estoy limpiando cacharros de cobre en un primer piso. Por la ventana veo el caos. Unos comen mientras caminan, otros orinan entre dos coches, un tipo baja de su coche y se cepilla los dientes, escupe al asfalto. Dos niños juegan sobre la uralita de un añadido a una tienda. Esa niña se va a caer, pienso, y la uralita entera cae. Los niños se levantan como si nada. Pienso que todo va a peor, que cuando sea vieja el mundo será aún peor. Pienso que quizá debería meter todo lo necesario en una casa alejada del mundo, para no tener que salir nunca. También pienso que quizá sea bueno morirse pronto para no tener que pasar por un futuro tan horrible.

café egipcio

lunes, 13 febrero 2017. Alguien me dice que prepare café. Hay una lata sobre la mesa. La abro. Hay grumos de café que deshago con una cucharilla. ¿Seguro que esto es café?, pregunto. Es café egipcio, dice alguien. Preparo café sin rechistar, aunque ese café parezca heces secas de algún animal. 

procesión pagana

jueves, 9 febrero 2017. Terrazas de bares llenas de gente que cena. Intento sentarme en mi mesa pero alguien ya se ha sentado. Pierdo cosas pequeñas que se me caen del bolsillo. Me siento en la mesa de los niños, sólo está mi prima Cristina. Pongo mis platos con comida a su lado. Voy a buscar cubiertos. Cuando vuelvo todas las mesas están llenas de niños y mis platos han desaparecido. Le echo una bronca a gritos. En las mesas de la calle sólo quedan restos. Un chico me lleva a ver un patio de luces desde lo alto de un edificio. Cada uno está pintado de un color. En las calles hay fiesta. Parece una procesión pagana. No sé en qué ciudad estoy.

más caos

domingo, 5 febrero 2017. Todo está desordenado. Hay un pupitre igual al que yo tenía en mi cuarto. debo ordenar papeles mientras alguien abre y cierra una ventana. Los papeles vuelan. Sensación de haber vivido eso antes. Luz de bombillas a pesar de entrar luz por la ventana.

ascensor

domingo, 29 enero 2017. Alberto y yo entramos en el ascensor de la casa de mis padres. Se para, pulsamos el botón de emergencias. Nada. Me fijo en que la cabina no tiene techo. Salgo trepando y pido ayuda, pero nadie parece verme. Un tipo me persigue. Me escondo en el dormitorio de la antigua casa de mis padres, pero me encuentra de todos modos. Tienes hijos, le digo para que me deje en paz. Él esconde a su hija pequeña bajo la cama como si fuera unas zapatillas, y viene a por mí.

gatos enormes

sábado, 28 enero 2017. Parece que estoy en el sur de Portugal. Camino por calles con mucha luz donde todas las caras me recuerdan a alguien. Veo a algunos de mis amigos en un autobús, me saludan. Entro. De los espacios para las maletas que hay sobre los asientos, caen gatos enormes.

castañas

jueves, 26 enero 2917. La familia del escritor Chivite vive en la casa que fue de mi bisabuela, en Estepona. La han decorado a su modo, casi parece una casa del norte, a pesar de las paredes encaladas y las rejas de hierro hasta el suelo de las ventanas. A la hija mayor le han dado un premio y la persiguen periodistas. Envían incluso bandas armadas a la puerta de la casa para obligarla a que conceda entrevistas. En la cocina hay botes de castañas. Cada vez que paso por la cocina, quieren que me coma una. Chivite llega del trabajo, dice que unos niños le han disparado pintura. Lleva perilla de chivo, se parce a Trostky.

seto

sábado, 21 enero 2017. Paso por delante de la terraza de un bar. Veo llegar a la chica que aparca coches en mi calle. Va muy maquillada, con la melena suelta y el pelo lleno de margaritas pequeñas. Me viene a la cabeza la palabra seto. Su pelo parece un seto, digo entre dientes. Parece que me ha oído y me sonríe desde lejos. Señala un desayuno en la carta y comienzan a traerle platos y platos. Me alegra mucho verla allí, disfrutando de la comida. Cuando quiero acercarme para saludarla, noto que estoy en otro plano, que la miro desde otro plano., como si hubiera un cristal invisible que no me dejara acercarme a ella.

mudanza

viernes, 20 enero 2017. Se supone que Daniel yo hemos terminado los estudios y lo estamos celebrando con otros compañeros en un hotel. Una pareja nos dice que debemos vaciar nuestro cuarto. Nuestro cuarto es en realidad un piso muy pequeño con poca luz que parece que se cae a trozos. Cuando voy a coger mis libros, la chica de la pareja entra y dice que son suyos. Me da a cambio un montón de cintas de casete sin caja. No sé cómo la convenzo de poder llevarme al menos las fotos enmarcadas de mis escritores favoritos. Lo metemos todo en un coche que no sé de dónde ha salido. El chico de la pareja me dice que no me fíe de su novia, que el coche, en realidad, irá en un trailer con otros coches y es posible que pierda todo lo que meta en él.

salvajes

miércoles, 18 enero 2017. Camino Fuente Olletas abajo. En la acera de enfrente pelean unos niños. Pienso que juegan, pero uno llora desconsoladamente. No puedo cruzar porque pasan coches a toda velocidad, les grito, les digo que lo dejen en paz, que son unos salvajes. Uno de ellos se encara contra mí, pero tampoco cruza. No comprendo como no se para nadie a ayudar al niño que está en el suelo.

troglodita

lunes, 16 enero 2017. Carmen, Enrique y yo estamos en la terraza de un bar. Le contamos a una chica lo bien que lo pasamos en su boda. Le explicamos quién es Makoki, pero parece que no nos cree. Comienzan a pasar coches de policía y casi atropellan a una niña. Intento distraerla cantándole canciones de los payasos de la tele con las letras cambiadas para que no pierda atención. Carmen dice que ha conocido a un poeta que se llama de apellido Aire de Logroño. Mientras hablan relleno saquitos térmicos con trigo. Aparece mi sobrino Diego y me pide que le haga un disfraz de Troglodita.

delantal

viernes, 13 enero 2017. Voy con una chica. Me dice que está buscando piso. Casualmente mi amigo Juan alquila una habitación, le digo. La habitación resulta ser un loft enorme que ocupa toda la planta baja de un edificio años 50. Incluye una cafetería abierta al público. Juan nos recibe con un delantal negro que le llega casi a los pies. No pregunta qué queremos tomar. La chica pide algo, y Juan le dice algo sobre no tener muelas. Se ríen. Juan se pone el abrigo sin quitarse el delantal y se va. Me despierto con un dolor de muelas enorme.

macarrones del fin del mundo

jueves, 12 enero 2017. Al parecer el fin del mundo estaba muy cerca y a todo el mundo le había dado por celebrarlo comiendo macarrones. Cuando llegaba a por mi plato ya no quedaban. Me decían que mirara en  cocina a ver si quedaba otra cosa. La cocina era una calle con gente en las aceras comiendo macarrones. Un chico con dos niños pequeños, me decía que había inventado una silla que viajaba en el tiempo. Lo había hecho por los niños, recalcaba. La silla no era más que una trona con correas. Por más que miraba la silla, no entendía cómo podíamos sentarlos los cuatro. Mientras tanto, unos camiones militares empezaban a llegar para matarnos a todos.

congelados

miércoles, 11 enero 2017. Al entrar en un supermercado me doy cuenta de que llevo una bolsa con compra de otro supermercado. Le digo a una chica que me cierre la bolsa para poder entrar si que al salir me la revisen. No quiere hacerlo y me manda a otra chica que está en los congelados. Al llegar a los congelados, la bolsa que llevaba se ha convertido en un paquete cuadrado del tamaño de un ladrillo. La chica de los congelados me pregunta si tiene que congelarme algo. No sé qué decir. No le respondo y sigo mi camino con el paquete cerrado en la mano. Mientras camino por los pasillos del supermercado, noto que el paquete está cada vez más frío. Se convierte en un bloque de hielo. Me despierto con un dolor enorme de manos.

células muertas

lunes, 9 enero 2017. Recorto anuncios de cremas hidratantes de una revista. Un niño, al que no le veo la cara, me pregunta hasta cuándo se reproducen las células. Le digo que no lo sé, que supongo que hasta los 50 años ya que el hombre vive más o menos 100. ¿Sólo?, dice el niño asombradísimo. Bueno, a lo mejor tú vives muchos más. Al darle un beso en el pelo, me extraña que no huela a nada.

cama pita

sábado, 7 enero 2017. Cuido de una serie de ancianos. Es la hora de dormir y aparecen unos panes tipo pita en el suelo. Cada anciano duerme en uno. Sólo tengo que cerrar los panes para que no cojan frío por la noche. Aparece mi madre. Intento que se quite el maquillaje antes de meterse en su cama pita. Después de un buen rato cede a que le limpie la mitad de la cara. Le pongo una loción verde y le borro la mitad de abajo. Los ojos no me los toques, que si pasa algo durante la noche quiero estar guapa, dice.

cajas

lunes, 2 enero 2017. Hay varias niñas pequeñas y un bebé. Juegan con joyas y bisutería de plástico. El padre de una de las niñas es el escritor Chivite. Se supone que viene a recogerla. Me mira dándome a entender que está todo muy revuelto. Intento que las niñas se organicen y metan las joyas en diferentes cajas, separando las buenas de las de plástico. El anillo más antiguo está roto. No sé dónde debería ir, así que pongo otra caja para las joyas rotas.

grito

domingo, 1 enero 2017. Estoy en la casa de mi abuela. Todos discuten con todos por algo que he dicho. Sr. Chinarro aparece de repente y grita: ¡Ella tiene razón! Salimos hacia el jardín. Una vez en la calle, nos miramos como diciendo: ¿Y ahora qué?