polvo de agua

domingo, 22 octubre 2017. Mi madre dice que tengo que ir a limpiar el polvo al piso de un vecino. El piso está justo debajo del de mis padres, sin embargo la distribución de las habitaciones es distinta y lo que se ve desde el balcón es otra calle. Paso el dedo por un mueble. El polvo son minúsculas gotas de agua. Hay un pájaro negro muy pequeño suelto por la casa. Sobre una mecedora hay un cojín que se transforma en una especie de osito. Se me agarra a la pierna como un koala. Entre uno y otro no me dejan trabajar. A pesar de que los tres vamos de un sitio a otro, todo sucede como en una película muda. Empiezo a pensar que el vecino está escondido en alguna de las habitaciones. ¡Sal!, le digo al pájaro moviendo los labios, sin emitir ningún sonido. El pájaro sale por la ventana de la cocina. ¡Vuelve a tu mecedora!, le digo al osito. Al soltarse de mi pierna, un cojín cae al suelo.

jardines inundados

viernes, 20 octubre 2017. Me encuentro a Juano por la calle. Corre con mucha dificultad. Parece que huyera de alguien. Miro hacia atrás, pero las calles están vacías. Ven si quieres, dice. Corro tras él. Subimos cuestas empinadas hasta llegar a una urbanización de casas con jardín. Juano salta las tapias, enchufa las mangueras, abre los grifos para que se inunden los jardines. Después caminamos lentamente de vuelta a casa.

orden gris

lunes, 16 octubre 2017. Un hombre con abrigo gris me enseña su casa. Hay fotos enmarcadas con su familia hasta en la cocina. Abre incluso los armarios para que compruebe lo ordenados y felices que son. Se quita el abrigo, intenta besarme. ¿No eras tan feliz con tu mujer, tus hijos y tus armarios ordenados? El hombre se vuelve a poner el abrigo y me acompaña a la puerta para que me vaya.

canción

domingo, 15 octubre 2017. Alberto quiere leer algo que ha escrito contra los obispos en una iglesia. Dejamos el coche en un parking improvisado. Llegan autobuses llenos de feligreses. La iglesia está a oscuras. Los asientos son pequeños muros hechos con piedras, simplemente puestas una sobre las otras. Tienen agujeros. Parecen letrinas. Alberto despliega un rollo de papel enorme. No sé si va a leer o a cantar. Pienso en que el coche está demasiado lejos si es que tenemos que huir.

gato sin orejas

jueves, 12 octubre 2017. Voy en el tren de cercanías. La última parada cerrada por obras. Bajamos en un túnel. Me despisto del grupo y llego  a un descampado con montones gigantescos de tierra muy negra. Unos operarios me ayudan a subir a uno de los montones con forma de esfera. La tierra es tan compacta que puedo subir como si escalara una pared de piedra, pero al ser una esfera uno acaba por resbalar. La vista es impresionante, valió la pena, pienso mientras caigo.
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Purranki quiere por su cumpleaños una cámara nueva para rodar cortos. ¿Eso no es una cámara?, le digo señalando la que tiene en la mano. Sí, pero esta sólo graba historias de los dedos de mis pies.
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Estoy en una casa-cubo muy blanca con las paredes translúcidas. Un gato sin orejas que mira con cara de pena. ¿Tienes hambre? Y el gato asiente con la cabeza. Salgo a todo correr porque es tarde. Al llegar al supermercado me doy cuenta de que no llevo dinero. ¿A qué hora cerráis?, pregunto a dos niñas que hacen pan. No cerramos, dice una echando la persiana. Vuelvo a casa a toda velocidad, pero llevo botas de agua y se me salen al correr. ¿Me da uno?, dice un chico con el que me cruzo en la acera. Me miro el brazo. Llevo varios Donuts rosas a modo de pulsera. Le doy dos. Al llegar a casa cojo al gato en brazos y se transforma en un bebé con los ojos verdes, preciosos. Me pregunta si los Donuts son para él. Me sorprende que sepa hablar porque no pasará de 3 meses. Llega Manuel con un montón de gente. Al parecer hay una fiesta en marcha. Manuel tiene los ojos del mismo color que el bebé. Me pregunto si será suyo. Como si pudiera leerme el pensamiento, el bebé me dice que sí, que es su padre, pero desde ahora vivirá conmigo.

metamorfosis de ida y vuelta

martes, 10 octubre 2017. Estoy con mi abuela en el patio del Palacio Episcopal como si fuera la terraza de un bar. Aparece Enrique. Le digo a mi abuela que se fije en sus ojos. Los ojos de Enrique son negros al sol y verdes a la sombra. Enrique se transforma en Chivite. Su mujer saca de un aparador dos tortillas. Si tenéis invitados no vamos, le digo. Chivite se transforma en un teléfono de baquelita. Me cuenta que lo pasó muy mal cuando lo echaron de todos los foros de internet. Lo borraron todo, se queja, pero ahora estoy muy bien. Le digo que noto perfectamente cundo está bien o mal. El teléfono vuelve a ser Enrique. Le pregunto si conoce la canción "Los mil chinos de Murphy". Me explica que, en realidad, Murphy estaba en un concierto y aparecieron, por error, mil chinos con pancartas protestando por algo. Ahora todo el mundo usa el término "los mil chinos de Murphy" para cualquier cosa y sin ningún sentido, dice. Ahí al lado, por ejemplo, hay un restaurante que se llama así. Voy a ver el restaurante. Bajo por un túnel vertical hecho en la acera agarrándome a una escala. Al llegar abajo, llego a un pasillo igual de estrecho donde hay que andar a gatas. Las paredes están empapeladas en tonos verdes. Oscuridad, humedad, calor. A pesar de todo está lleno. En las mesas hay cuencos con fideos. Subo muy lentamente porque me queda muy justo y casi no puedo respirar.

mudanza

domingo, 8 octubre 2017. Tengo que mover unas estanterías y ordenar los muebles del que, se supone, será mi cuarto. Las estanterías son enormes y pesadas. Llega Francis y se sienta en una silla plegable. No me has abrazado, dice mientras muevo una mesa enorme. Aparece Cumpián. Está más delgado que nunca, parece un alfiler la lado de esas enormes estanterías. Anda ve, me dice, yo me encargo de mover esto.

tres pesadillas

jueves, 5 octubre 2017. Vamos en el coche. Supongo que Alberto se ha pasado la calle a la que íbamos porque da marcha atrás y circula a una velocidad enorme. Tanto es así, que caigo en el asiento de atrás. Lo espero mientras sale a hacer algo. La ventanilla tiene una cortina retráctil oscura. Eso llama la atención de unas niñas que se acercan a mirar. La levanto, les digo que se vayan. Una se sienta en el lugar del conductor. Comienza a tocarlo todo. Temo que quite el freno de mano y el coche ruede cuesta abajo. No consigo que salga. La agarro de los pelos, la amenazo. Me dicen que volverán con su familia a matarme.
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Un niño pone sobre la mesa una jaula con un animal adorable. Me fijo en que también hay un tigre del tamaño de un gato. Lleva una especie de salchichón en la boca. Se acerca a uno de los animales a adorables y se queda muy quieto. El animal adorable saca una lengua de camaleón que se queda pegada al salchichón. El tigre aprovecha para meterse la cabeza del animal en la boca. Se lo come. Le grito al niño que haga algo. El niño mete la mano en la jaula y el tigre también se la come.
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Llego corriendo a la estación. Avisan de que el tren saldrá en dos minutos. Elijo destino, meto las monedas y el billete sale partido en tres. Se lo llevo a un hombre con pinta de vago que hay en una taquilla. Pongo el billete roto sobre el mostrador. El hombre me da un paquete de chicles y me hace un gesto mafioso para que me calle y me largue. Oigo que llega el tren. Elijo destino de nuevo, meto los chicles por la ranura de las monedas y sale un billete para un viaje por valor de 600 euros. A mi lado, un padre y un hijo leen un plano y dicen no tener dinero para sus billetes. Les doy el mío y le digo que corran, que el tren sale ya. El tren ya se ha ido, me dicen señalando el tren todavía parado en la estación.

falso tren

miércoles, 4 octubre 2017. Voy en un tren sin asientos. Por las ventanas se ve Bangkok. Unos niños suben y bajan a lo loco. Les digo que tengan cuidado. Se ríen. Uno me dice que el tren no es un tren, es un vagón varado en la playa, y lo que veo por las ventanas una película. Decepción. Me bajo del falso tren y entro en un bungalow. Mis padre acaba de llegar del trabajo, mi madre pone la mesa. Parecen muy jóvenes. Mi hermana habla por teléfono sentada en el brazo del sofá. Está desnuda. Le digo que debería vestirse. Si no le da vergüenza estar desnuda delante de papá. Me mira sin comprender. Se pone un albornoz y dice que va a bañarse a la playa. Es de noche. Estoy agotada. Me tumbo en una especie de catre que hay en mitad de la habitación. Veo a un tipo enorme ir y venir por la playa, hablando a gritos por su móvil. Da miedo. Viene hacia el bungalow, cierro los ojos, se sienta al borde del catre y me sopla al oído. Me hago la dormida. Tintinea unas llaves. Es Emilio. He traído el coche, dice. Veo que ha aparcado dentro del bungalow, que ahora está decorado como el comedor de la casa de mi abuela. Alberto me espera dentro del coche. El catre se ha convertido en una bañera. Emilio dice que antes de irnos tiene que cortarme las uñas de los pies.

ciénaga

lunes, 2 octubre 2017. El parque de Málaga es una ciénaga. Hay excursiones guiadas en autobús. Los árboles no dejan que la luz del sol llegue al suelo. Desde la ventanilla distingo a unos niños desnudos jugando entre el lodo. El recorrido termina junto a una cancha de baloncesto. Alguien me dice que necesitan ayuda. Al parecer, las lluvias lo inundaron todo y hay que retirar la gravilla que cubre el suelo. De entra la gravilla sale un caimán enorme. Me quedo muy quieta, pasa de largo y se mete bajo un catre que hay en un rincón. No sé cómo resbalo y quedo tumbada en el suelo con los pies bajo el catre. ¡He pisado al caimán, no puedo moverme, tirad de mí!, les digo. Pero no queda nadie.

cazuela horno

domingo, 1 octubre 2017. Le llevo a Míchel una bolsa con regalos. No son regalos, en realidad son amuletos para que apruebe un examen. Voy sacándolos uno a uno. Primero una cazuela-horno. Después otras cosas pequeñas, entre ellas un anillo con clavos y una figurita de San Pancracio. Debes meterlo todo en la cazuela-horno y ponerla al fuego, le digo. Pero el San Pancracio es de goma y se derretirá, protesta. De eso se trata, San Pancracio dará la consistencia necesaria a tu suerte. Míchel sonríe y me da las gracias, pero no parece muy convencido.

sarria

viernes, 29 septiembre 2017. Participo en una gincana que se celebra en Sarria. La finalidad es encontrar al padre de Sonia. No sé por dónde empezar. Todo el mundo va de un lado a otro sin mucho tino. Me fijo en que en las yemas de los dedos tengo diez escudos en relieve. Pienso que, quizá, si voy encontrando las casas que tengan en la puerta cada escudo correspondiente, podría usar cada una de las yemas de mis dedos como llave.

niñatas

jueves, 28 septiembre 2017. Agustín y yo llegamos a un edificio de oficinas. Preguntamos a una chica dónde es la lectura de poemas. La chica nos da largas explicaciones sobre nada. Buscamos la sala por pasillos que parecen de hospital. En una que parece una tetería, hay un montón de chicas jóvenes sentadas en cojines. Hay mucho ruido de fondo a pesar de que cada una mira su móvil. Alejandro me llama desesperado. Dice que Sora está llorando y tenemos que ir a por ella. Me alegro de tener que irme porque no me apetece nada leer para esas niñatas con móvil.

bic naranja

miércoles, 27 septiembre 2017. Entro a una papelería y pido un boli Bic de cuatro colores de punta fina. Dos personas lo piden a la vez que yo. La dependienta apoya los brazos sobre el mostrador y la cabeza sobre los brazos, como si durmiera la siesta. Al cabo de un rato dice que volvamos al día siguiente, a las doce. Los tres le recalcamos que debe ser el boli antiguo, sin dibujos ni adornos. La chica casi se echa a llorar. Bueno, trae cualquiera y ya haré un apaño con uno gastado que tengo en casa, le digo para no agobiarla.

chinchetas, alfileres y julian barnes

sábado, 23 septiembre 2017. Chivite y yo miramos en un tablón los resultados de un test que, se supone, nos hicieron. Chivite se ríe al no reconocer su letra (escrita a toda prisa) y también de las respuestas. Ahora no contestaría lo mismo, se queja. Le digo que a mí me gustan los tests, que siento que necesito que alguien desde fuera me diga cómo soy. ¿Será inseguridad?, le pregunto. Chivite se encoge de hombros. El escritor Julian Barnes saca la cabeza por una ventanilla en forma de media luna que hay en la pared. ¡Todos los tests son mentira!, ¿quién podría responder lo mismo, dos veces seguidas, si le preguntan qué hora es? Chivite le da la razón. Yo me pongo muy seria y digo: Yo respondería lo mismo en dos casos: A) Si el reloj no tiene segundero. B) Si damos por supuesto que el tiempo es sólo una aproximación. Barnes cierra la persiana del ventanuco de un golpe. En el colegio me hicieron varios tests y fue un desastre, las monjas me echaron el cante porque el test decía "percentil 98" y yo suspendía todo, le cuento a Chivite mientras recogemos para irnos. Barnes ha dejado junto a la ventanilla unos papeles y dos cajitas circulares (parecen jaboneras) para nosotros. Las cajitas son blancas con un logo esquemático en negro de dos novios vestidos de boda cogidos del brazo. Debajo han escrito en minúsculas "matrimonio". Cuando Chivite se la guarda en el bolsillo, se oye chocar algo metálico. ¿Guardas chinchetas? Chivite mira hacia otro lado, esconde la cajita y la cabeza. No te preocupes, yo en la mía guardo alfileres, le digo.

time to go

jueves, 21 septiembre 2017. Javier, José Antonio y yo llegamos a una celebración. A la entrada nos piden las invitaciones. Cada uno entrega un palillo de dientes. Nos sientan en una mesa redonda enorme con mantel blanco. No hay nada más, ni cubiertos, ni adornos, ni comida. Miro las demás mesas. Mientras oigo de fondo hablar a Javier. Todas tienen de todo menos la nuestra, les digo. Javier calla de repente, José Antonio llora.
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Mi tía le dice a mi hermana que ya tiene listos los papeles que debe presentar para saber si es hija de mis padres. Mi hermana dice que pasa. Mi tía insiste en que es muy fácil. Le digo al oído a mi hermana que no tiene por qué hacerlo. Mi hermana no parece mi hermana, lleva el pelo recogido en una trenza muy larga.
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Voy en un coche con gente que no conozco. Vamos muy apretados. También van Ferran y Sonia. Una señora comienza a cantar. Quiere que todos cantemos. Es lo que se hace en los viajes, dice. Cantamos sin ganas. El coche se ha convertido en un salón de actos. La señora canta micrófono en mano. Nos mira, quiere que cantemos el estribillo de uno en uno y nos pasa el micro. Cuando llega el turno del tipo que está a mi lado, se hace pasar por Alberto, dice que no piensa cantar y me pasa el micrófono. El micrófono tiene flecos, me da asco. Me enfado muchísimo. Cuando llega el turno de Sonia, se echa todo el pelo hacia la cara, dice que no quiere cantar, que no sabe qué hace allí, que no conoce a nadie. Time to go, le digo. Antes debo recoger en el guardarropa un montón de folios que se supone son muy importantes.
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Alberto quiere llegar a tiempo a algo. Camina delante de mí con una mochila. Yo camino junto a varias señoras mayores, temo dejarlas solas, no avanzan. Alberto desaparece. Las señoras, en vez de caminar por la acera, trepan por contenedores de basura y se meten en charcos de lodo. Alguien nos tira cañas de pescar como si fuesen jabalinas.

dragón

miércoles, 20 septiembre 2017. He madrugado para ir a correr. Todavía no ha salido el sol En el parque me cruzo con mi madre y mi hermana que vuelven a casa. Al parecer han pasado la noche en una cola para comprar una figura de un dragón. Mi madre señala al cielo. se la ve agotada. En el cielo hay un holograma de la cabeza roja de un dragón. Miro a mi hermana, no sé bien qué decirle. Mi madre se arruga en el el suelo a dormir. Es que si compraba el dragón hoy era más barato, dice mi hermana.
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Mi padre corta tomate en un tabla de madera. Me extraña verlo en la cocina. Me pregunta si iré a la comunión de Abel. Lo había olvidado, le digo. Es a las nueve, dice. Corro hacia mi casa, tengo que arreglarme. Mi casa está en obras. Las distribución de las habitaciones ha cambiado. Al abrir una puerta, hay dos albañiles liados. Cierro con cuidado. Encuentro unos tacones en una alacena. Son morados (no sé de dónde han salido). No me gusta el morado. Veo en un reloj de pared (que tampoco sé de dónde ha salido) que ya son las nueve y media. Vuelvo a casa de mis padres. El ascensor no funciona. Llegan vecinos, apilan sillas de guardería, dicen que suelen usarlas cuando el ascensor se rompe. Trepo, casi me caigo. Los niños jalean, quieren que cante una copla. ¿Dónde habéis aprendido copla? los niños nombran unas cuántas, pelean por cuál debo cantar. No pienso cantar, digo y me bajo de las sillas. Mi padre sigue en la cocina. Masculla algo sobre la soledad y el desorden de la casa. Los muebles están cambiados de sitio.

verbena

martes, 19 septiembre 2017. Tengo que llegar a tiempo a la casa de mis padres. Intento un atajo de calles que no conozco. No hay nadie a quien preguntar si me pierdo, pienso. Eso me tranquiliza y me agobia a la vez. Las calles se quedan sin calles y debo avanzar recolgándome de una reja a otra. Un chico llora junto a la ventana de un bar. No me abren, dice. Está borracho, pienso. Dice que quiere acompañarme. Al dar la vuelta a la esquina hay una gran verbena. Un tipo nos pregunta si lo conocemos. Hago un tubo con las manos para taparle el pelo. Tu cara me suena, el pelo no, le digo. Seguimos buscando un atajo, pero acabamos en un descampado donde varios camiones descargan arena.

diamantes

domingo, 17 septiembre 2017. Camino por una explanada de tierra. Al fondo hay una iglesia enorme. Se supone que hay una reunión de alumnos. Veo que, los que se van a cercando, llevan el atuendo de su religión. Saco un paño de cocina (no sé de dónde) y me lo pongo a modo de toca. Es un paño de Ikea (blanco con unas bandas azules). Pienso que debo parecer la Madre Teresa de Calcuta. Me río para mis adentros. Entro en la iglesia. Está hasta arriba. Busco a Jota. Pienso que lo reconoceré aunque nunca nos hayamos visto. Sólo sé que es alto. Lo imagino con gafas y cara de sueño. Nada. Me largo, pienso. En una especie de sacristía sin muebles hay un tipo bajito con gafas y gorra. Parece un golfillo de película muda. Fuma sin parar de andar de una pared a otra. ¿Caína?, pregunto sorprendida. No dice nada. Jota no está dentro, le digo y me voy.

Llego a lo que parece una sala de despiece. Marcos está sentado detrás de una mesa de despacho enorme. ¿Qué desea?, dice en tono profesional. Imagino que estamos jugando a las profesiones. Me siento delante de él y le expongo mi problema. Verá, tengo estos diamantes (y pongo un puñado de cuentas de cristal de colores sobre la mesa) y mi problema es que tengo un saco lleno y no sé cómo unirlos para que me quede una buena novela. ¡Eso es!, dice marcos emocionado. ¡Escriba una novela! ¡Siguiente!

doraemon el estilita

viernes, 15 septiembre 2017. Paseo con Alberto y Marcos por una calle llena de barecillos. En uno de ellos hay un pájaro en una jaula. Marcos se acerca, la abre y deja que el pájaro vuelve por el bar. Alguien le grita que hay niños durmiendo y que el pájaro los despertará. Marcos corre tras el pájaro, tropieza con sillas y mesas. Pienso que el grito de advertencia y los trompicones de Marcos sí que habrán despertado a todos los niños del barrio.
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Mi madre, por hacer una gracia, ha colocado a un Doraemon (que, se supone, es mío) sobre una columna muy estrecha de unos cinco metros que hay delante de unas ruinas (se supone que estamos en Grecia). Se ríe, se la ve orgullosa de su hazaña. Para recuperarlo golpea la columna. Es tan fina que temo que se parta (y parece muy antigua). El Doraemon, que tiene el tamaño de uno niño de seis años, cae, rebota y vuelve a rebotar sobre una carretera, para acabar sobre un grupo que hace camping entre eucaliptos. Desde arriba, veo cómo lo esconden bajo un banco de madera. Bajo por un terraplén de guijarros muy resbaladizos. Mi madre me sigue. Le digo que me espere arriba. Nada. Por una parte estoy enfadada con ella, por otro, me hace gracia que sea tan osada. La familia me recibe sonriente, quieren invitarme a comer. Les digo (sabiendo que lo esconden) si han visto un gato azul cabezón. Niegan. Insisto. Nos ha caído un oso del cielo, dicen finalmente. Les explico quién es Doraemon y que es mío. Como respuesta, una señora abre una caja enorme de bambú y me explica que es una barbacoa que ella misma ha inventado. ¡Y no pesa nada!, jalean todos felices.
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Enrique nos espera a la salida de una casa que se parece a la que yo iba en verano de niña. El jardín da directamente a la arena de la playa. Hay mucha luz. Caminamos pegados a un muro encalado que se vuelve amarillo con el sol. Casi no hablamos, se está bien.

pánico

miércoles, 13 septiembre 2017. Soy un dibujo animado y bajo dando volteretas con Homer Simpson a mi lado, por las escaleras del que era mi colegio. Están forradas de gomaespuma. Parece divertido, pero no lo es. Los dos llevamos cara de pánico. Al llegar abajo nos convertimos en personas y nos meten a cada uno en una jaula. Yo consigo escapar. Llego a todo correr a la casa de mis padres y me escondo en el cuarto de baño. Me alegra ver que el mueble, la estantería y las piezas son nuevas, aunque están cambiadas de sitio y el inodoro del revés.

lana amarilla

domingo, 10 septiembre 2017. Vamos con prisa, hay que cruzar la calle. No hay coches, pero los semáforos están a punto de cambiar. Según avanzamos la calle se hace más ancha. Mi sobrina Yasmina arrastra un cabo de lana amarilla. A mitad de la calle se acaba y cae hacia atrás. Le digo que la suelte, pero ella intenta seguir cruzando. Un hombre con mono azul se nos acerca, tira del cabo y arrastra la madeja entera que tiene las dimensiones una manguera. Nos regaña como si las dos fuésemos niñas.

de prestado

sábado, 9 septiembre 2017. Camilo nos lleva a su casa. Es un loft con ventanales enormes. Nos sirve algo en cuencos. No sé qué es pero está muy bueno. De fondo, una música suave y relajante. Me fijo en algunas fotos. No me cuadra que sea su casa. Como si me hubiera leído el pensamiento, me dice: La casa no es mía, es de Julio de la Rosa. Pienso que en realidad es de una chica, por los adornos. La casa comienza a llenarse de gente. Me doy cuenta de que tengo tinte en el pelo y debería quitármelo. Me voy a la peluquería, les digo poniéndome una rebeca verde enorme que no parece mía. Ya en el ascensor, pienso que podría haberme quitado el tinte en la ducha.

En la calle están rodando una película sobre el 15-M. Errejón es uno de los entrevistados. No sé si sólo están ensayando porque sólo dice a cámara: Bla bla bla bla bla. Le han pegado barba postiza. Una chica le dice a Nancho Novo: Aquí, quien encuentra a alguien que no está amargado, compra. Novo la besa. Primer plano. Después ruedan como choca una furgoneta contra una farola. ¡Corten!, grita alguien y todos se levantan y aplauden.

a destiempo

viernes, 8 septiembre 2017. Llego con prisa, como si legara tarde. Me recibe Eduardo. Su casa está en penumbra, con las persianas bajadas, como si también él acabase de llegar. Hay cajas por todas partes. Mira a su alrededor y se encoje de hombros. Sonríe. Entiendo que acaba de mudarse. La casa tiene varios pasillos en L. Los recorremos tocando las paredes. Noto con los dedos que están empapeladas. ¿Será la definitiva? Vuelve a encogerse de hombros. Sonríe.
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Estoy en la terraza de un hotel, en una hamaca a la sombra. El resto de turistas están al sol, pero empiezan a rodearme. Un hombre fuma muy cerca, me molesta el humo pero no le digo nada. Otro hombre muy gordo y peludo, con un bañador negro pequeñísimo, me pregunta si una colilla sin apagar el mía. Nunca he fumado, le digo. El hombre me suelta todo un discurso sobre el mundo actual. En segundo plano, veo que empieza a entrar gente al hotel. Se supone que habrá una lectura de poemas y puestos con libros. Distingo a lo lejos a Simón Partal. Lleva la cabeza llena de trenzas afro. Me ve, se acerca, me abraza. Vas a tener que raparte la cabeza, le digo. Me pregunta qué he hecho todo este año. No sé muy bien qué decirle. Un poeta muy mayor se me acerca con un montón de sobres. Te he traído tu libro porque me lo han devuelto, dice. Veo que en el sobre ha escrito la dirección de Madrid donde vivía allá por el 89.

vecinos

martes, 5 septiembre 2017. Estoy en una casa en forma de cubo, aislada en el campo. Sin embargo, un tipo que camina sobre las tapias haciendo equilibrio me alerta con gestos de los vecinos. Oigo gritos. El hombre vuelve a decirme con gestos que ya han matado a seis personas y que me esconda en la casa. La casa por dentro es un laberinto de puertas viejas y oscuras que chirrían. Alguien me sigue. Llego a una habitación que parece la sala de un cine y que, inmediatamente se convierte en un autobús. Delante de mí va una pareja muy joven que presume de haber matado a seis personas. Llamo a la policía a escondidas. Una mujer llora al otro lado, dice que teme por mi vida, que intente hacer una foto de los asesinos y se la envíe. Mi móvil no tiene cámara, intento decirle, pero ya ha colgado. En ese momento, la parejita me pide que les haga una foto.

césped falso y cascarilla

lunes, 4 septiembre 2017. Alberto, Andrés y yo paseamos por un barrio de chalecitos con jardín. Miro a Alberto y sé que estamos pensando lo mismo: nos gustaría vivir en un sitio así de tranquilo. Incluso el asfalto no es asfalto, está forrado de césped falso. Es como caminar sobre moqueta, les digo. Alberto de repente va en bañador y nada en el aire, a un metro sobre el césped falso. Dice que deberíamos volver, que todavía tiene que entrenar. Se nos ve muy felices. Por el contrario, Andrés ha ido todo el tiempo quejándose, diciendo que se aburre y que está cansado de andar por andar.
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Camino con Francis por unas calles secundarias. Tengo la sensación de que no nos conocemos demasiado, de que improviso conversaciones. Le hablo de en tal casa había una imprenta, en la otra una fábrica de chocolate. Le digo que mejor no pruebe el chocolate que se fabrica porque sabe a tierra. Nos reímos. Le cuento cómo me sentí de niña al descubrir lo que significaba Milkybar y que, entonces, se escribía Milkibar, me quejo de que tendemos a americanizarlo todo. Francis, de repente, se me adelanta con una bici de carreras y cruza la calle hacia mi casa. Yo intento seguirlo, pero pasan muchos coches. Un tipo se para a mi lado y me dice que en Galicia ya no venden cascarilla. Mi madre dice que sólo queda en Valencia, le digo. Él se ríe. Se ve que desayunabais migote, dice satisfecho.

columpio

domingo, 3 septiembre 2017. Paso por un parque infantil. Hay niños jugando, pero una está ahorcada en la barra de los columpios. ¿Estás muerta o estás jugando?, pregunto. Jugando, dice. Pues no deberías jugar a eso, ¿dónde están tus padres? la niña no contesta. Los busco con la mirada, pero el parque se ha quedado vacío y desierto. No hay nada más que un solar con esas barras y esa niña ahorcada.

tren

sábado, 2 septiembre 2017. Estoy en la primera planta de un edificio antiguo junto a las vías del tren. Todo está muy oscuro, en el andén sólo hay dos farolas que dan muy poca luz. Me asomo a la ventana varias veces. Al otro lado de la vía hay árboles. Distingo a duras penas la curva por donde debe entrar el tren. Se supone que Antonio debe cogerlo y estoy pendiente de verlo llegar a la estación. De repente está sentado delante de mí, al otro lado de la mesa. No hace falta que me esperes, dice, cuando quieras verme aquí estaré. Oigo llegar al tren, me asomo a la ventana y veo a Antonio entrar en uno de los vagones, lleva una maleta enorme. Lo acompaña una chica. El tren se va, vuelvo a mi mesa y ahí sigue Antonio. Al ver mi cara de sorpresa, dice: Te lo dije.

wonderland

viernes, 1 septiembre 2017. Unos niños (se supone que son nuestros vecinos) le dicen a Alberto si quiere ir a su casa a ver un documental. Alberto me pregunta si ya habrán visto "Wonderland". Le digo que creo que los niños se referían a poner ellos uno y, además, "Wonderland" es una película. También, que vaya él, que prefiero irme a casa porque estoy agotada. Esa conversación ocurre en una calle de muros blancos tan estrecha que, mientras hablamos tenemos que caminar de lado. Al salir ya estamos en la casa de esos niños. La madre va vestida de saharaui, el niño me ofrece almendras recién fritas. Me gusta cómo brillan. La niña dice que las fríe ella según le enseñó su abuela, y señala a una señora que toma café.

La abuela se transforma en la tía de Alberto (aunque no se parece en nada). Está muy joven y muy maquillada. El tío de Alberto está a su lado y pasa las páginas de un álbum de fotos donde aparece él con sus amigos. Todos están muertos, qué bien lo pasábamos, dice. Le digo a Alberto que le haga una foto a su tía. Dice que no tiene cámara y desaparece muy triste.

En la tele están poniendo la serie "Modern family". Sofía Vergara lleva un cerdo entre los brazos como si fuera un bebé. Tiene el hocico rosa con dos rayas que parecen dibujadas con rotulador gordo. Vergara se quita la camiseta y en cada pezón tiene un hocico igual al del cerdito. Pienso que es una treta de los americanos para poder enseñar pezones sin que se vean.

Mi padre, en un rincón, baña a una niña en un bidé. Me sorprende lo bien que se maneja. Le acerco una toalla, la siento sobre mis rodillas, la seco con mucho cuidado. La niña llora y llama a su madre. ¿Quién es su madre?, le pregunto a  mi padre que, también se levanta muy triste, y desaparece. Llega mi sobrina Elena. ¿Es tuya?, le pregunto. Se encoge de hombros. Me veo reflejada en un cristal. Llevo una camiseta enorme, que no es mía, y se me transparenta un sujetador que tampoco es mío. Así no puedo salir a la calle, pienso.

con hache

miércoles, 30 agosto 2017. Alberto y yo acompañamos a Alejandro a un casting para una película. Es en un jardín muy descuidado. Hay algunos charcos y una fila de chicas muy jóvenes pegadas a la pared. Parecen inseguras, no se las ve contentas, más bien asustadas. Alguien me pregunta cómo me llamo y me apunta en una lista. No soy capaz de decirle que sólo vengo acompañando a mi amigo. Van llamando de uno en uno a los aspirantes. Los hace improvisar sobre un hidropedal. Hay público emocionado sentado en sillas de tijera. Cuando te toque, inventa algo triste porque el papel es dramático, me dice Alberto. Alejandro me presta un polo blanco que me pongo sobre la camiseta negra. Me toca. El director parece amable, me pregunta de dónde soy. Me dice que fue muy feliz en Málaga, que fue un tiempo redondo. Sí, en Málaga hay muchas curvas, le digo. Se ríe exageradamente, como si le hubiera contado un chiste buenísimo. Mientras se ríe, aprovecho para inventar una historia. Pienso que les diré que me llamo Helena, con hache. Que siempre pensé que mis padres añadieron esa hache para que yo tuviera el superpoder de la invisibilidad. Si añades a una palabra una hache muda es como ponerte una capa que te hace invisible. El hombre deja de reírse, me mira, el público no pestañea. Debo empezar a hablar.

abrazos

lunes, 28 agosto 2017. Sonia dice que ha decidido operarse la nariz y los ojos. Voy a tener los ojos enormes, me dice muy contenta. Si te operas me sentiré decepcionada, le digo. Se sienta en el suelo, llora.
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Veo pasar a mi sobrino Darío junto a unos columpios. Lo llamo, me ve, corre hacia mí, nos abrazamos.
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Estoy en una casa con el suelo, las paredes y el techo enmoquetado. Resulta opresivo y agradable a la vez. Hay gente que no conozco en sofás, charlando, aunque se supone que es mi casa. Aparece Daniel. Sin saludarlo siquiera, le digo: Peso 50 kilos. Yo 51, responde. Lo miro, lo calibro. ¿Cómo estás?, pregunta y antes de que responda me abraza. Recoge unas bolsas y se despide con un gesto. Salgo a la terraza. Lo veo caminar de espaldas por la calle. Al cruzar, se vuelve y saluda con la mano. Mientras, de una papelería salen a presión carpetas y papeles que inundan la calle.

agua

sábado, 26 agosto 2017. Vamos cuatro en un coche. Yo voy detrás del copiloto. El coche no es de cuatro puertas y empiezo a pensar que si cayéramos al agua no podría salir. Intento encontrar soluciones. ¿Esperar a que bajen a rescatarme? ¿Romper el cristal de mi lado y salir? ¿Romper el cristal de atrás y salir? También pienso que no conozco a esas tres personas y no sé si actuarían con calma. Quizá son tres histéricos, pienso. Los observo. Miro la carretera. No se ve agua por ningún lado.

sirenas

viernes, 25 agosto 2017. Un tipo muy amable, al que se supone conozco, me regala un pañuelo con espejitos, un llavero de unas Martens de flores y un libro en forma de cubo que al abrirlo cobra vida. Algunas palabras están troqueladas y, al entrar la luz, se leen fórmulas matemáticas. Si lo levanto se proyecta en el techo una película de dibujos animados en blanco y negro. Me quedo tan arrebatada con el regalo que se ha hecho de noche. Veo a Salud. Camina desorientada, la agarro del brazo y le digo que mejor cojamos un taxi, que no puede conducir así. Tengo miedo, dice. En las calles hay una verbena. A lo lejos se oyen sirenas de ambulancia o bomberos. (Están pasando de verdad por la calle y me despiertan). 

buitres

jueves, 24 agosto 2017. Salud sigue a una chica. Corren como locas por la acera de las paradas de autobús. Yo sigo a Salud. Las dos llevamos vestidos largos y vaporosos con grandes estampados. Me lo recojo para no tropezar. Nos miran. Me gusta que nos miren. Llegamos a lo que parece la librería de un museo. Le digo a la chica que tiene una nariz preciosa, que si me la cambia. Sólo los fines de semana, añado. Dice que la ha heredado de su padre. Al ver que no me inmuto, me dice que su padre es Miguel de los Reyes. Yo finjo que me sorprendo mucho. La chica desaparece satisfecha. La sigo. Me fijo en el suelo, me extraña que un sitio de paso tenga moqueta. Me gusta. Dentro regalan libros. Nadie se atreve a coger ninguno. Alguien mete dos en mi cesto. No digo nada. Salgo a una terraza, me siento a mirar. Delante de mí se sienta Juan que finge no conocerme. No digo nada. Me marcho más indiferente que triste. Al salir vuelco el cesto en una papelera. A los cuatro pasos pienso en por qué he hecho esa tontería. Vuelvo. La papelera está rodeada de gente. Pelean por mis cosas. Consigo recuperar una libreta y el portaminas. Se enfadan. Explico que todo eso es mío, que acabo de tirarlo, que en la libreta hay datos importantes y el portaminas me lo regaló mi padre cuando cumplí 50 años. Ni me miran. Parecen buitres.

moneda

lunes, 21 agosto 2017. Caminamos con Blanco por una ciudad sin identificar. Es fiesta, poca gente en las calles. Le pregunto a Alberto si estará abierto un museo para que Blanco pueda verlo. Está. El museo es en realidad una casa vieja con muebles desvencijados. En algunos rincones hay piedras y cristales que simulan ser joyas. En una de las habitaciones nos parece ver a alguien durmiendo y, Blanco y yo, caminamos hacia atrás sobre nuestros pasos para no molestar. Todo resulta algo siniestro. Al salir, veo una especie de fogata apagada o que no ha llegado a quemarse del todo. Hay una moneda, digo. Alberto y Blanco me miran incrédulos. Busco entre los restos con la mirada. Bajo la foto de un monje rezando hay una tira de tela con la bandera de Nepal. Tomo un sobrecito con cuidado y lo vacío sobre la acera. Una moneda de oro ahumada. Ten, para ti, le digo a Alberto. La moneda aún conserva calor.

velocidad

domingo, 20 agosto 2017. Estamos en una sala estrecha con sillas de tijera. El público ya está sentado. Una chica comienza a leer uno de mis poemas, pero a tal velocidad que ni yo misma reconozco cuál es. Me siento a un lado, junto a Tesán. Me pregunta por Daniel. Se casó, tiene una niña, hace mucho que no nos vemos. Me pide que le cuente cuando fuimos al concierto del El niño gusano.

merienda

sábado, 19 agosto 2017. Entro en una casa que parece de pueblo, con un zaguán encalado y la puerta de madera rústica (pintura sobre pintura) de color celeste. En el suelo, pegada a la pared, hay una lagartija diminuta intentando cazar una mosca enorme. Intento pasar sin molestarla. En el último cuarto está mi padre buscando un canal. Va a empezar el programa y no lo encuentro, dice alterado. Me extraña que quiera ver un programa de cotilleo. Se lo pongo. El programa, además, es alemán. En la cocina, mi madre abre una lata de leche condensada. Le ha hecho un montón de agujeros (muy mal hechos). La miro detenidamente. No es mi madre, pienso. Ya no son ellos, pienso. La ayudo a tender la ropa. La ropa que va saliendo de la lavadora ya está doblada, aunque húmeda. Mientras, mi madre ha colocado la lata de leche condensada en el suelo, sobre una servilleta, para que merendemos. Siento una tristeza inmensa.

falsa nancy

jueves, 17 agosto 2017. Camino por los pasillos de un hotel intentando esquivar a grupos de señoras. Alguien me da una muñeca Nancy desnuda. Le encuentro varias diferencias con la que yo tenía. El juego de los siete errores, pienso. La dejo sobre un sillón. Un grupo de señoras con cardado se me acerca. Me escondo en un ascensor. Una de ellas grita, ¡Pasillo! Todas corren hacia el ascensor. sostengo la puerta con el hombro para que no se abra. Forcejean. Consigo huir.

de oro

miércoles, 16 agosto 2017. Las trillizas de oro discuten por cuál de ellas es la más joven. Van en bikini. De cara están igual, pero sus vientres están muy arrugados.

tres cremas

martes, 15 agosto 2017. Parece una habitación de hotel y parece que estamos esperando a alguien. Nadie dice nada. La habitación es estrecha y la situación incómoda. Por hacer algo, me pongo tres tipos de crema en el brazo. Una mascarilla verde, otra blanca y otra una crema ligera transparente. ¡Ya está aquí!, dice alguien. Corremos a abrir. Yo llevo el brazo a la vista, como si las tres muestras de crema fuesen condecoraciones. Aparece un chico muy bajito y muy feo que atraviesa la habitación sin saludar siquiera. Sale por la ventana que da a un solar con hierbajos y un agujero enorme lleno de agua muy negra. El chico se lanza vestido, sin pensárselo dos veces. Casi resbalo detrás de él. Una de las limpiadoras del hotel me agarra del brazo para que no caiga. Volvemos charlando tranquilamente a la habitación.

el peine de la discordia

lunes, 14 agosto 2017. Maldonado llega blandiendo un peine, habla maravillas de él como si fuera algo que acaba de descubrir. Es un peine de plástico verde translúcido igual  a uno que tengo. Alberto le dice que ese peine es mío. Le explico que el mío es igual, pero sin mango. Nada. Maldonado lo esconde, Alberto intenta quitárselo. Forcejean. Me encojo de hombros.

incomodidad

sábado, 12 agosto 2017. Voy por la calle con una pareja que acaba de reconciliarse. No hablan entre ellos, se miran. La situación se me hace tan incómoda que, para no tener que decir nada, saco un cepillo de dientes de una bolsa y me cepillo lentamente mientras caminamos.
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Parece que me han llevado a vivir a una especie de palacio y que debo comportarme a la altura del sitio. Unos consejeros opinan sobre mi pelo. ¡Moldeador!, dice uno. ¡Permanente!, dice otro. Una señora con pinta de institutriz levanta el dedo: ¡Hay que cortar! Me miro en un espejo muy historiado. Nunca he tenido tanto pelo, una melena brillante y espesa. Me levanto disimuladamente mientras discuten. Huyo por el jardín.

mala idea

viernes, 11 agosto 2017. Voy con un grupo de gente en un coche muy pequeño. No sé si vamos de excursión o si somos periodistas. Nos bajamos en un descampado y entramos a un túnel muy sucio donde hay gente bebiendo, drogándose y practicando sexo. Intento pasar desapercibida. Ni nos miran. Uno de los supuestos periodistas hace fotos con flash. Mala idea, pienso. Al final del túnel hay una pared. Intento empujarla para salir. Nada. Volvemos sobre nuestros pasos. Uno de los hombres que beben es el actor Dani de Vito que, al vernos, deja la botella en el suelo, se baja los pantalones y nos enseña el culo.

pájaro azul

jueves, 10 agosto 2017. El pájaro gris que apareció en la terraza (y se fue al día siguiente) volvía. Azul y del tamaño de un bebé de dos meses. Se dejaba acunar.

con la izquierda

miércoles, 9 agosto 2017. Escribo en un mantel de papel con un rotulador de punta gruesa. Blanco dice que tengo buena letra. Pues no es mi letra, estoy escribiendo con la izquierda, le digo. Entra mi prima Elisa, me hace un gesto desde lejos como preguntando qué tal me ha ido. Niego con la cabeza. Se encoge de hombros, me encojo de hombros. Nos reímos.

mariposas de postre

martes, 8 agosto 2017. Ordeno la que se supone que es mi casa (aunque no se parece en nada). Desde las ventanas de la otra acera, me miran varias vecinas. Me fijo en que no llevo camiseta. Las oigo hablar con la voz engolada de moralidad, de enfermedades. Dicen mal algunas palabras. De repente, estamos en dos sofás enfrentados en una especie de plató. La presentadora nos anima a discutir. La vecina habla sin parar. No sé qué dice. Cuando llega mi turno le digo que debería leer el diccionario, que al cabo de un año igual aprendía a hablar. Mientras, su hija desordena una estantería llena de cosméticos. El plató se ha convertido en un comedor. Aparecen varios amigos a los que hace tiempo que no veo. Begoña y Chapi llegan juntos. Se supone que van a operarme al día siguiente. Dicen que han venido para estar apoyarme. Respondo que sólo me pondrán una lente, pero me alegro mucho de verlos. El plató-restaurante se ha llenado de amigos (Antonio, Javier, Salvador), charlan unos con otros. Mesa Toré dice algo muy gracioso sobre ser de letras, todos ríen. Deberíamos irnos, les digo. Vuelvo a colocar todo en su sitio. Llega un grupo de comensales, Se sientan alrededor de la mesa. Un niño pregunta si habrá mayonesa y si llevará ajo. Le digo que habrá de todo, que va a encantarle porque del postre salen mariposas. Mientras hablo, su abuelo me coloca en el ojo un vaso de chupito a modo de catalejo. Me despido. Al salir reconozco a Stella (una niña del colegio a la que hace 40 años que no veo), va muy maquillada. ¡Qué joven estás!, digo mientras le paso el dorso de la mano por la mejilla. Ella no dice nada, me mira como si yo estuviera loca.

arroz

lunes, 7 agosto 2017. Toda la familia se sienta a comer. Alguien nos sirve arroz. No tiene muy buena pinta. Mi padre pregunta qué hay de segundo. Alguien responde: Arroz.

delaunay

jueves, 3 agosto 2017. Alguien me dice que mis cuadros son iguales que los de Ángelo. Ángelo y yo nos miramos y no decimos nada. Los cuadros no son nuestros, son de Sonia Delaunay.
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El que era mi cuarto es ahora un avión. Los asientos son sillas de tijera, no queda ninguna libre. Veo la escena como si mirara desde el techo. Me veo a mí misma en uno de los asientos esperando a que mi cuarto despegue.

un truco infalible

domingo, 30 julio 2017. Espero a alguien en una habitación vacía con el techo muy bajo. Llevo un bebé en los brazos. Alguien llega, le entrego el bebé y salgo a un jardín con desniveles y laberinto de setos. Mi sobrino Darío está esperándome. Lo abrazo. Te quiero muchísimo, le digo, y he pensado en un truco infalible: Cuando tu padre te castigue en el agujero canta una canción que te guste. ¿La de los Yo kai? Esa. Si cantas, el miedo se esfuma.

ad

viernes, 28 julio 2017. Estoy en un bar que de repente es una joyería. La camarera ha envejecido veinte años y va muy arreglada. Una chica abre la vitrina y saca un anillo. El anillo es un hilo muy fino de oro que da forma a las letras AD. Se acerca a la caja como si esperara para pagarlo. Veo cómo se lo mete en el bolsillo, disimula viendo otras cosas y se va. La sigo. Le digo a la señora que me ayude, que le acaban de robar. La señora me mira extrañada y no me hace ningún caso. Cuando mira hacia la vitrina y ve que el anillo no está se agarra la cara y abre la boca como si fuera El grito de Munch.

sopa de tortuga

miércoles, 26 julio 2017. Un montón de gente baja ordenadamente, en varias filas, desde la puerta del que fue mi colegio. Por algún motivo tengo que entrar. Como no hay espacio, a veces debo subir a sus hombros para seguir avanzando. A la entrada hay dos ancianas tumbadas en vertical, como si hicieran de puerta. Intento no pisarlas. Alguien dice: Sopa de tortuga. Pienso en si la Biblia lo considerará un animal que camina sobre el vientre.

caos familiar

domingo, 23 julio 2017. Una familia de gatos entra por la barandilla de la terraza. Temo que caigan. Intento no moverme para no asustarlos. Cuando me ven me atacan. Después se acoplan en el suelo, sobre una toalla. Pienso en cómo podremos deshacernos de siete gatos. Mientras, mi familia ha llegado. Se supone que tendría que estar todo listo, pero la casa (que no es la mía) está desordenada. Intento vestirme, pero en cada habitación hay alguien haciendo algo. Mi padre me va siguiendo haciendo preguntas absurdas, como, ¿cuántos colores tienen los bolígrafos de cuatro colores? Mi hermana está encerrada en el baño recortando revistas, mis primas se prueban zapatos, mi madre quiere saber si pone o no la mesa. Una de mis tías dice que debo ir al médico porque tengo mal el empeine. Lo dice y me clava un tenedor en el empeine derecho. Mi padre se tumba en un sofá rígido, dice que va a desfallecer de hambre, pero no piensa comer hasta que los maridos de mis primas lleguen porque no se fía de la comida que han dejado sobre la mesa. Seguro que tiene hormigas, que la coman ellos antes, dice y cierra los ojos. La comida que hay sobre la mesa está encima de papel de estraza. Parece soja texturizada. La otra, gelatina rosa. Pruébala, dice mi madre. Tomo un pedacito muy pequeño. La escupo con asco. ¡Es grasa mejicana!, dice mi madre con gesto de felicidad. 

lluvia

sábado, 22 julio 2017. Espero a Alberto a las puertas de un hotel. Hay un chico parado en mitad de la calle. Comienza a llover. El chico sigue inmóvil. Decido no moverme. La lluvia nos va empapando. El chico se sienta en una especie de sofá sin armazón que no sé de dónde ha salido. ¿Y Jaime?, me pregunta, me dijiste que me parecía a él. No os parecéis en nada, ya te mandaré una foto. Me despido. Alberto y una señora a la que no conozco están en la habitación haciendo la maleta. Veo que la señora ha metido el pijama de Alberto en su bolso. Después de una conversación absurda, resulta que Alberto tenía en la suya el pijama del marido de la señora.

fotos gastadas

viernes, 21 julio 2017. Recibo una carta de Federico del Barrio. Dentro hay cuatro fotos muy gastadas en sepia. En dos, me parece reconocer a su padre de joven, muy guapo, con bigote y gesto serio. En las otras, Federico tiene a lo sumo 16 años. Me fijo en que están tomadas en el jardín de la casa de mi abuela, junto a la verja. Pienso en si vivirían allí antes que nosotros. No sé por qué me las ha enviado. De repente, recuerdo que se va a Nueva York. ¿Será que teme que le pase algo y quiere que alguien conserve esas fotos?, pienso.

desayuno

miércoles, 19 julio 2017. El escritor Fernando Aramburu está en la terraza de un bar. Está desayunando. En la mesa hay un montón de papeles. Me indica que me acerque con un gesto. Junta las manos y me mira. Escribir y vivir son la misma cosa, le digo. Bien, pues ya tienes la respuesta, dice. Siempre la he tenido, le digo antes de sentarme a desayunar con él.

la hora de las peluqueras

martes, 18 julio 2017. Pueblo en fiestas. Algunos van disfrazados. Mi familia está en la terraza de un bar mirando pasar gente. De repente, mi madre, como si acabara de recordar algo, se levanta y camina muy rápido hacia la carretera. Corro detrás de ella pero no logro alcanzarla. La busco por todas partes, pregunto a todo el mundo. Nada. Subo al castillo. El castillo es un hotel. Está vacío, me dice una camarera apoyada en la barra con los brazos cruzados. Me cuenta que no son Fiestas Patronales, que una empresa se lo ha inventado todo para llenar el restaurante, pero nadie ha subido. Tendrán que cerrarlo, dice encogiéndose de hombros. Le pregunto si ha visto a mi madre. Las peluqueras salen ahora del trabajo, dice. Corro carretera abajo. Pregunto a un grupo de peluqueras por si mi madre ha ido a peinarse. Nada. Vuelvo al bar. Mi familia sigue allí charlando. ¿No habéis salido a buscarla? Estábamos esperándote para volver a casa. ¿Sin ella?, ¡cabrones!, les grito.

patio de butacas

viernes, 14 julio 2017. Se supone que la que era casa de mi abuela ahora es mi casa. Hay alguien en el patio. Me asomo por la ventana del cuarto de baño. Un grupo de adolescentes se mojan con la manguera y toman el sol. Dicen que son nuestras nuevas vecinas, pero que les guata más mi casa. Les digo que se vayan. Una me pregunta si de verdad soy la dueña de la casa. Las amenazo con llamar a la policía. Una de ellas me dice, muy preocupada, que las perdone, pero que no consigue convencer a las demás de que se vayan.
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Estoy muy cansada. Me siento, pongo los brazos sobre una mesa, la cabeza sobre los brazos, y me quedo dormida. Me despiertan unos aplausos. Estoy en un escenario sentada en un taburete. Me he quedado dormida sobre un piano.

café

miércoles, 12 julio 2017. Estoy en el jardín de una casa con la que ya he soñado otras veces. Aparece un montón de gente que no conozco, dicen que iremos a tomar café a un bar. Todos van en pijama. No quiero ir, pero no discuto. Se adelantan, los pierdo de vista. Me entretengo mirando unas postales y unos comics que hay en un expositor.

un petit peu

lunes, 10 julio 2017. Una pareja me hace señas desde su mesa. Parece un restaurante italiano muy acogedor. Él me pregunta en francés si hablo francés. Oui. Aplaude como si tuviera seis años. Et, ¿anglais? Un petit peu. Se ríe. Dice que no entiende cómo todo el mundo se ha creído que "un petit peu" significa algo, que a alguien se le ocurrió que significaba "un poqutio", pero que es mentira, que sólo lo hizo para reírse de los demás. Lo veo tan satisfecho que no le respondo. De repente el local se ha convertido en una habitación blanca y fea con las paredes desnudas. El mantel de vichy rojos es ahora de papel blanco. Tengo delante un plato de sopa verde. Como, está buena. Aparece una pareja de periodistas muy jóvenes. La chica se sienta frente a mí y enciende una grabadora. Por romper el hielo, les digo señalando el plato de sopa: Soy la antimafalda. Ya tenemos titular, dice la chica. El chico menea la cabeza, dudando. ¿Qué es más difícil, escribir poesía o prosa?, pregunta. Igual. Por un lado, a veces, es difícil que llegue la inspiración. En prosa, lo difícil es ser constante. Se miran. Mi respuesta no les ha convencido. Miro a lo largo de la mesa para que alguien me apoye, pero todos comen sopa verde sin levantar la vista de sus platos.

la mujer morsa

miércoles, 5 julio 2017. Estoy en unos grandes almacenes destartalados con los que ya he soñado otras veces. Hay muy pocas cosas. Me gusta un bolso de fiesta plano. No veo el precio ni a ninguna dependienta para preguntar. Bajo las escaleras, pero ya estoy en la calle. Pienso en lo fácil que sería robar. Vuelvo a subir. Encuentro a dos chicas junto al ascensor. Les pregunto por el precio. ¿Es que no sabe leer?, dice y abre el bolso. Saca una pegatina diminuta con el precio. Ahora tiene el veinte por ciento de descuento, haga la cuenta, rápido, me dice. Llega el ascensor. Las dos chicas entran y no dejan pasar a una limpiadora cargada con un carro. Protesto, les digo que la chica tiene más derecho que ellas a usar el ascensor. La chica entra. El ascensor parece un dormitorio. Ya en la calle, veo a una señora muy gorda tumbada en la acera, exactamente igual que las morsas de los documentales. Lleva una bata de colores chillones. Menos mal, pienso, si no le pasarían por encima. Un hombre muy alto se le acerca, la arrastra como puede hacia una camioneta. Pienso que va a secuestrarla. Cojo una barra metálica de una papelera y me voy hacia él. La mujer morsa me detiene con un gesto. El hombre saca algo de la camioneta y se lo da. Parece que sólo quería ayudarla.

pastelitos mojados

martes, 4 julio 2017. Parece un bar. Todos miran hacia el mismo sitio, como si hubiera un espectáculo, pero yo no veo nada. Lavo unos pastelitos antes de comérmelos. Aparece una de mis tías. No sé qué hace allí. Caigo en la cuenta de que estoy en India. Qué bien te lo pasas, dice con cara de reproche. Bajo mi mesa hay un charco. La pareja de la mesa de al lado me dice que tenían miedo a que los mojara. No sé qué hago allí.

delfines

domingo, 2 julio 2017. Camino por un paseo marítimo elevado con mis padres. Amanece. Mi padre pregunta dónde esta el sol. El sol parece medio balón flotando sobre el mar, se mueve con las olas, aparece y desaparece. Lo señalo. No es el sol, es un delfín, dice mi madre. El balón se ha convertido en una especie de nariz muy afilada. Poco a poco aparece el delfín completo y llega a la orilla, salta al paseo y se coloca en pie en mitad del asfalto. Hay gente detrás de unas vallas. Un hombre salta y se abraza a él. No sabemos muy bien si quiere devolverlo al agua o matarlo. Al parecer, la pareja de ese delfín está en una jaula de agua como reclamo para una carrera urbana, y el delfín ha venido a liberarla.  

música de desembarco

sábado, 1 julio 2017. El porche del recreo del colegio es la terraza de un bar. Estoy con Alberto, mis padres y mi sobrino Abel. En la mesa de al lado se sientan tres miembros de "Danza invisible". Los miro de reojo, los noto muy viejos. Incluso Ojeda tiene muy poco pelo, esconde la cabeza entre las manos. En otra mesa está Antonio con un portátil. Me dice desde lejos que tengo que oír algo. Pone una canción que va sobre un desembarco. Te la mandé yo, ¿no te acuerdas?, pregunto. Claro, dice. No le digo que se la mandé aun sabiendo que está muerto. No le digo que a veces le escribo mails, aunque sepa que ya no los puede leer. El camarero trae la vuelta. Hay dos monedas negra. Mi padre se enfada muchísimo, dice que quieren engañarnos. Es sólo pintura, publicidad, mira, le digo para tranquilizarlo. Mientras, Abel se queda con el cambio. Mi padre vuelve a enfadarse muchísimo. Nos vamos. Lo ayudo a bajar una escalera de madera rota. Al llegar a la carretera, mi padre se ha convertido en mi abuela. Camina de mi brazo como si fuese más joven que yo. Un par de periodistas nos graban caminando por el arcén. Esta noche saldremos en las noticias, le digo.

musical

jueves, 29 junio 2017. Tengo un sobre con diapositivas sin enmarcar. Se supone que son parte de una novela. Se supone que hice fotos de cosas, Jota escribió una canción para cada imagen y de ahí, escribí una novela. Si acerco una diapositiva a la oreja puedo oír una canción. De cada imagen sale una música distinta. Tengo otro sobre con cuartillas impresas en distintos tipos de letra y encuadernadas en gusanillo. Si paso las páginas también escucho una música para cada una. Pienso que el libro sería toda una revolución. Pienso en que Jota no estará de acuerdo en publicarlo ni en que ponga su nombre como coautor. Saco unas tijeras y destruyo todas las imágenes. Después rompo el libro en pedacitos muy pequeños.

molloy vs martha

martes, 27 junio 2017. Mis padres andan por la casa como hormigas. Dicen que me dé prisa, pero a cada momento me entretienen con algo absurdo. ¿Qué hora es?, pregunto. Menos cuarto. Ya no llego a tiempo. Mis padres se encogen de hombros y se van. Entro en mi cuarto y en el sitio de la cama hay huesos y ramas rotas en un charco. No me sorprende demasiado, compruebo que la ventana está cerrada. Me planteo no volver a clase, y a la vez pienso que no voy a clase desde hace años. Siento alivio y pena. Mi hermana dice que debe entregar un trabajo sobre "Molloy". ¿Cuánto llevas? Sólo algunos adjetivos, dice. Me lee el trabajo. A Molloy le llama Martha. Sólo dice tonterías que nada tiene que ver con el libro. Según habla me voy quedando dormida.

crac

domingo, 25 junio 2017. Camino con Alberto y otro chico por la calle. Los dos llevan unos bigotes enormes. Les digo que no comprendo que sigan la moda, que el bigote no sólo es algo feísimo sino antihigiénico. Miro al chico y de repente ya no lo tiene. Me pregunto si era de velcro.
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Dos niñas cargan con un carrito de la compra enorme. Las ayudo a empujarlo. Una me enseña un insecto pequeño, azul, que parece hecho con cuentas brillantes. Es la primera vez que veo algo así, le digo. Por aquí hay muchos, dice y señala un campo enorme con montes al fondo. De repente no sé dónde estoy. Les digo que tengo que volver a casa. De golpe estoy en casa, muy cansada, me tumbo en la cama. Oigo un "crac". Llevaba un frasquito de perfume en el bolsillo y se ha roto. Intento devolver lo que puedo al otro frasco, pero el líquido se ha convertido en diminutas bolitas de mercurio.

peso murciano

sábado, 24 junio 2017. Alguien tiene prisa. Dice que tenemos que irnos y coja de una vez mi chaqueta. No es mi casa, pero la chaqueta está en su armario. En realidad, toda la casa es un armario atiborrado de ropa y en el patio están todos los muebles. Intento encontrar mi chaqueta entre tantísima ropa.
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Parece una habitación de hospital. Es enorme, hay unas veinte camas y otros pacientes es butacas reclinables. Delante de un biombo hay una báscula. Donde debería ir la pantalla para indicar el peso, hay unos agujeritos. Imagino que es un altavoz. Me subo y espero. A los pocos segundos, el altavoz dice: "Su peso murciano es 50, 6". Llamo a Alberto para que se ría. ¡Mira, es una báscula murciana! Alberto le da la vuelta y lee: "Made in Autol".
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Le pido prestados a Cumpián sus "Poemas para Laura". Entramos a buscarlos en su cuarto. Su cuarto es una habitación enorme. Hay una alfombra roja que ocupa todo el suelo. Parece de esterilla, pero me acerco a tocarla y es de lana. Hay una mesa que ocupa la mitad del espacio y se transforma en cama por la noche. Bajo la mesa hay un montón de cajones llenos de libros y papeles amarillentos. Al levantar las faldas de la mesa-cama para buscar los poemas, veo que alfombra es color crudo. ¿Es así o cambiado de color por el uso?, le pregunto. Ha cambiado, y como se entere Taján me echa de aquí, dice.

romper cosas

jueves, 22 junio 2017. Llego a casa de mis padres. Mi padre me abraza como si hubiera muerto alguien. Mi madre va de un lado para otro, dice que tiene que salir a comprar vino blanco. Alberto se fija en mis piernas (y yo me fijo en que no llevo pantalones). Hay una hendidura en el gemelo interior. La toca, pero no dice nada. A eso me refería cuando te dije que estoy perdiendo masa muscular. Se encoge de hombros. Tengo ganas de romper cosas. Miro los cuadros, los descolgaría de las paredes y los rompería todos uno por uno estrellándolos sobre las sillas. Mi madre, como si pudiera leerme el pensamiento, me dice: Cuando quiero romper cosas tiro ropa al suelo como si fueran platos, el efecto es el mismo, pero después no hay destrozos.

charlas de café

domingo, 18 junio 2017. Antonio y yo tenemos que leer poemas en un salón de actos. Lee muy serio. Mientras, busco en mi libro qué leer, pero las páginas están sueltas y el libro se me deshace entre las manos. Cuando lo recompongo, me fijo en que son instrucciones de electrodomésticos. Llega mi turno. Recuerdo unas frases de "Charlas de café" de Ramón y Cajal e intento decirlas de memoria. Hago creer que las estoy leyendo.

futuro

sábado, 17 junio 2017. Llego a casa. Noto el ascensor distinto. Pienso que es igual que hace unos años. La puerta de casa también h cambiado, la llave no entra. Llamo con los nudillos. Abre mi suegra, parece muy contenta de verme. Tenía muchas ganas de volver a verte, estaba preparando la cena, ¿te quedas?, dice. Sobre la encimera hay lechugas muy verdes. Me enseña unos filetes de pollo relucientes. He viajado en el tiempo, pienso. Me miro al espejo, estoy igual, no comprendo que no note que tengo 30 años más. A ella, sin embargo, se la ve joven y ágil, con el pelo rubio recogido en un moño italiano. No sé qué hacer, si quedarme a esperar a Alberto que tendrá 17 años o marcharme con cualquier excusa. Pero, ¿marcharme dónde, si esa casa es mi futura casa?

convalecientes

viernes, 16 junio 2017. Sobre la mesa del comedor de mis padres hay una caja de madera con letras chinas. Al abrirla se despliega. Dentro hay retales de telas, trozos de tizas y cosas rotas. Se supone que es un regalo de mi hermana a mi padre. Mi padre mira esas cosas sin interés. Hago comentarios para intentar darles valor. Quizá sean telas antiguas, le digo. Nada. ¿Y qué tal sienta llegar a los 90?, le pregunto y me acerco para abrazarlo. De repente reacciona. Comienza a hablar vehementemente de algo pero no entiendo nada de lo que dice, como si hablara en otro idioma, pero por sus gestos está enfadadísimo.
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En calle Comedias, me cruzo con un chico que lleva una botella de plástico cortada llena de monedas. Suenan a cada paso. Yo también llevo una botella cortada, pero con agua y hormigas muertas. Camino más rápido para darle esquinazo. Sé, por el sonido de las monedas, que ha dado la vuelta y me sigue. Me meto por calle Convalecientes y me lo encuentro de frente. He inventado una bicicleta, me dice, mira. Aparece una chica cobre un aro naranja con forma de silueta de gota. No tiene manillar, sillín ni ruedas, sin embargo la chica va muy deprisa. Tienes que probarla, me dice. Niego con la cabeza y sigo andando. Tiro por un sumidero el agua con hormigas. El chico me sigue, camina a mi lado. Vale, no te gustan las bicicletas, dice. ¿Nunca te lavas la cara?, me pregunta. Se refiere a que tengo pecas. Me hace gracia. Lo miro por primera vez a los ojos. Su cara también está llena de pecas. Empieza a caerme bien, pero de todos modos quiero irme a casa. Mira, ahí brilla algo, le digo para distraerlo. Mete la mano en un agujero y saca una especie de tijera enorme. Se sienta en el asfalto y comienza a cortar chapas de hierro. Aprovecho para marcharme.

salitre

jueves, 15 junio 2017. Llaman al portero. Un tipo me dice que es quien nos hizo la obra (no sé de qué obra habla). Dice que habrá que hacer más, cambiar todos los cables. Llaman a la puerta, le digo que espere, corto el cable del portero y lo dejo sobre el sofá. Una pareja de extranjeros viene a ver la casa. Les enseño las habitaciones. Dicen que el cuarto de baño es pequeño (yo lo veo enorme) y que en su país no se usa jabón líquido porque contamina. Levantan la tapa del váter. Dentro ha crecido una planta de hojas muy verdes y brillantes. Les digo que desde el dormitorio se ve el río y el museo. Oh, dice a la vez sin mucha convicción. Pienso que son actores. Los guío a la puerta y cierro antes de despedirme. Ya se han ido, le digo a una niña que dibuja junto a la cristalera. Me fijo en que no hay cortinas. Ha empezado a llover y la lluvia traspasa los cristales. Los dibujos se mojan. le digo a la niña que se dé prisa, que recoja todo. No hacemos nada. Miramos la lluvia como si nada.

traje mostaza

lunes, 12 junio 2017. Intento hacerle unas fotos a Ferran, pero está a contraluz. Alberto dice que es hora de irse. Ha quedado en acompañar a dos chicas. Ferran dice que por el camino tenemos que comprar tabaco o volver al bar donde lo ha olvidado. Si tú no fumas, le digo. Las chicas llegan en un descapotable que parece de juguete. Llevan caso, pero debajo de la piel. Se les ve unas cabezas enormes. Las llevan rapadas con unas guedejas teñidas de rosa. Dan un poco de asco y pena. Alberto dice que mejor me vaya con ellas. El coche tiene en el salpicadero un GPS tamaño tele grande, pero aparecen pocas calles y sin nombre. Una de las chicas dice que tiene que parar a comprar tabaco. Fumo "Lion", dice muy contenta. Qué casualidad, el mismo que quería comprar Ferran, pienso. Se supone que Alberto debía guiarlas, pero somos nosotras las que vamos delante.
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Voy en bus. David Leo pasa lista por si ya estamos todos, aunque en realidad estamos llegando a una estación. Bajo cargada de ropa de invierno y varias maletas. Me despido de David Leo. Ya te llamaré, aunque no sé si tengo tu teléfono, le digo. Busco a Daniel en la estación. Lo veo acercarse desde el fondo. Lleva un traje mostaza, le queda grande. Lo abrazo, me alegro muchísimo de verlo. Estamos en su casa y, mientras trajina, le leo una carta de Vicente. Daniel no para de hacer cosas en la cocina. Se ha puesto una toalla sobre la cabeza que también le cubre la cara. Prepara una especie de puré blanco en una especie de termomix. No me hace ningún caso. No estoy segura de si la toalla en la cabeza es para que no caigan pelos en la comida o para no verme.

negar la lluvia

sábado, 10 junio 2017. Una niña quiere que vaya a comer a su casa. Le digo que llevo mi comida en la mochila, que podemos compartirla. Su casa está en el último piso un edificio muy alto. Comienza una tormenta, vemos llover a cántaros sobre una explanada enorme. En la tele dicen que nadie salga de sus casas. Llamo a mi madre para decirle que estoy bien, que no iré a comer. El teléfono es muy pequeño, negro con los número también negros, no se distinguen y están desordenados. Marco el número varias veces, pero siempre me equivoco. He llamado a otra casa. Una madre me echa en cara que su hijo estaba enfermo y no fui a visitarlo. Le digo que he estado cuidando de mi familia. El hijo se pone, me insulta, oigo a su madre gritar que cuando me vea me matará de un golpe en el estómago. Cuelgo. Intento llamar a mi madre, pero siempre son esa madre y su hijo. Al fin descuelga alguien desde la casa de mis padres, alguien que me habla de pamplinas. Le pido que, por favor, se ponga mi madre. Nada, me habla de si he visto cómo llueve. Miro la lluvia desde la ventana, preciosa, pero le digo que no. Cuelgo. Me duele muchísimo el estómago como si alguien me hubiera pegado de verdad.

No sé cómo he llegado a un cuarto de baño enorme. Hay tres mujeres en una bañera. Desde la ventana se ve que están rodando una película en la calle. Les digo que me duele mucho el estómago. Una sale, para que yo entre. La bañera es de pizarra y está vacía. No entiendo qué hacen allí sin agua. Te ha venido la regla, me dice una señalando el agua que se va por el desagüe. (Me despierto y, efectivamente, me ha venido la regla.)

dientes

miércoles, 7 junio 2017. Noto algo en la boca. Escupo en la mano y veo una tira de dientes muy blancos unidos. Les doy la vuelta. Por el otro lado están negro, quemados. Pienso que son de mentira, pero al pasar la lengua por la encía noto que me faltan. Corro al espejo a mirarme. Sonrío. Quiero comprobar si se me nota que me faltan varios dientes. Me veo la cara hundida como un globo que hubiera perdido el aire. No entiendo nada.

costras

lunes, 5 junio 2017. Parece un cine, pero las luces están encendidas. Puede que sea el descanso de una película. Algunos comen en unas mesitas plegables que hay delante de sus asientos. Emilio y Salvador están al otro lado del pasillo. Hablamos de que deberíamos ir al Chorro en tiendas de campaña, como antes. El chico que está sentado delante de mí, gira su asiento cuando me oye hablar. Es Antonio. Mientras come en su bandeja plegable, le cuento que desde el año 81 vamos cada septiembre al Chorro. Aparecen mi madre y mi hermana en camisón. Mi madre dice que Antonio debería irse a su casa, ya que acaba de ser padre. ¿Acabas de ser padre?, le pregunto asombrada. Una niña de quince meses, dice mi madre mientras Antonio sigue comiendo. Lo miro. El abre las manos como si sostuviera una sandía invisible y que significa: Mi hija está así de enorme. Cuando termina de masticar y tragar, le pregunta a mi hermana por qué va en camisón y si tiene costras en las rodillas. Mi madre responde por ella: Mi hija no tiene costras. Pues entonces no eres malagueña, todas las niñas malagueñas tienen costras en las rodillas.

estores

domingo, 4 junio 2017. Una chica me enseña su pueblo. Me habla de su familia, me lleva a su casa. Es una casa enorme con habitaciones donde sólo hay camas. Incluso las hay en los pasillos. En la casa sólo hay mujeres. Me presenta a su novia. Pienso que debe de ser es un gran paso para ella. Me abraza, nos despedimos. Llego a una especie de hotel donde Alberto me espera para hacer la cama. Le cuento lo que ha pasado mientras estiramos las sábanas. Después paseamos por un pueblo. Hay unas calle-tubo cerradas con estores blancos por donde está prohibido pasar, pero entramos. Son tubos encalados luminosos muy empinados. Desembocamos en la plaza del ayuntamiento. Miro por el hueco que hay entre el techo y el estor. Espero a que no haya nadie en la plaza para salir.

un alfiler entre el paisaje

martes, 30 mayo 2017. Se supone que estamos en Islandia. Salimos de un hotel y vemos una bahía enorme. La bahía a ratos es un lago, a ratos un bosque de árboles. Pienso que se parece a las fotos de Ibán Ramón. Le digo a Alberto que tiene que hacerme una foto con ese fondo, pero donde yo salga muy pequeña, como un alfiler entre el paisaje. Caminamos hasta llegar a unos edificios grises que dan la sensación de estar congelados. Me parece ver a mi prima Cristina en una tienda. No comprendo qué hace allí. Entro. Lleva unas bolsas enormes negras. Dice que lleva un rato buscando un detergente que lleve limón. Todo está escrito en un idioma rarísimo. Veo una botella amarilla con un limón dibujado. ¿Esta? Tampoco. Pienso que Alberto lleva demasiado tiempo fuera, solo. Al salir de la tienda, a chica de la caja habla con acento cubano. De repente todos estamos en una habitación de paredes verde musgo con muy pocos muebles tomando té. Alberto le pregunta si ella, o algún amigo, puede hacernos de guía. Mi prima Cristina se ha transformado en su hermana Elisa. Está delante de una pared con techos altos de donde cuelga un cuarto muy pequeño. Muy fotogénico todo. Intento hacerle una foto, pero la cámara no me deja, comienzan a salirle pequeños objetivos por todas partes. Me enfado muchísimo.

abrigo azul

lunes, 29 mayo 2017. Luis Alberto de Cuenca quiere comprarse un abrigo azul. Dice que sólo lo venden la frontera. No sé si se refiere al nombre de una tienda o al límite con otro país. Quiere que lo acompañe. Lleva maleta y un abrigo azul puesto. Subimos a un autobús donde una chica nos habla en italiano. Reparte periódicos. Sólo regalo la primera página y si le gustan las noticias compren el diario entero, dice en italiano. "Non parlo italiano", le digo. Luis Alberto me hace una seña para que bajemos del bus. Bajamos, pero la calle es tan estrecha y sube tanta gente que me empujan de nuevo hacia adentro. El bus se pone en marcha. Le hago señas por la ventanilla, le digo que me bajaré en la próxima, que me espere. Lo veo entrar en un hotel. Bajo en la siguiente parada. Valles con adoquines, camino mal, dos niños me siguen. Uno me empuja, me roba el monedero. Consigo quitárselo. Unos tipos que tomaban vino en un bar me aplauden. Entro en el hotel. La chica que me recibe dice que ya han llegado todos. No entiendo nada. Subo en un ascensor enmoquetado de arriba a abajo. Empiezo a pensar que debería haberme quedado en casa.

el pañuelo de los pandas

domingo, 28 mayo 2017. Hay mucha gente en casa, aunque no es nuestra casa. Las paredes son de cristal y estamos rodeados de árboles. Alberto hace manualidades con unos niños. Corta un trozo de cinta de cassette para atar algo. Es una de mis antiguas cintas. Le digo que corte las suyas, que no se le ocurra volver a tocar mis cintas ni mis vinilos. Todos me miran, nunca me habían visto enfadarme tanto. No sé cómo, pero estamos volviendo a casa, esa casa, y a llegar la puerta corredera de cristal está abierta. No hay ningún mueble. ¡Nos han robado!, digo todavía sin creérmelo. Voy entrando en cada habitación. Nada. Sobre el suelo del que se supone es mi cuarto hay algunas prendas y, bajo una tabla, dos libretas que, se supone, escondí. Al menos me han dejado el pañuelo de los pandas, Le digo a Alberto. Me arrepiento de haberle gritado por cortar una cassette. De repente nada tiene importancia.

barro rojo

sábado, 27 mayo 2017. Penélope Cruz rueda una escena con la que parece su hija. Es igual a ella pero muy despeinada. Hablan en italiano, tienen prisa, las acompaño al avión. El avión pasa por la calle como si fuera un autobús. Espero a que despegue. En la sala de espera, dos ancianos se intercambian revistas y publicidad de supermercado. Uno se queja de que cuelan fotos eróticas.
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Jurdi está en la cola de un estanco. Parece un muñeco. Lleva un gabardina enorme con enormes hombreras. Alberto se pone a su lado y, sin decir nada, bailan dando pasos hacia atrás. Cuenta que va a enviar a varios concursos algunos cortos que ha hecho con su hermano. Miro a mi alrededor por si veo a Marcos. Nada. Observo toda la escena desde lejos.
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Le escribo una carta a Eduardo contándole que estoy leyendo su novela. La escribo a lápiz en la última página del libro. La letra no parece mía. La borro varias veces con una goma diminuta, pero vuelve a salirme mal o la punta del lápiz se rompe. Recibo un mail dentro del propio libro. Aparecen cuatro cuadrados fluorescentes. En el primero pone P1. Entiendo que es Eduardo, y quiere jugar una partida de ajedrez.
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Llaman al portero electrónico de la casa de mis padres. Sin descolgar, mi hermana corre escaleras abajo. Mi madre me pide que la detenga, pero ya ha desaparecido. Salgo a la terraza y todo el paisaje es cascadas de barro rojo. Pienso que tendremos que aprender a filtrar ese barro hasta convertirlo en agua o esperar a que llueva. Aparece mi abuela. La abrazo. Mi tía me pregunta si la estoy viendo, le digo que sí. Se enfada porque sólo yo puedo verla. En un recodo de la terraza veo a un tipo trabajando. Le pregunto cómo ha entrado y me enseña unas llaves. Dice que me las robó e hizo copias. Dice que cuando no hay nadie en casa va allí a trabajar. Dice que tiene que irse. Olvida las llaves. Las cojo. Llevan un pen. Corro a mi habitación a ver qué hay dentro, pero el ordenador no funciona. De repente llega el novio de mi hermana con revistas de viaje y ropa de abrigo. Mi padre dice que deje lo que esté haciendo y convenza a mi hermana de que no se vaya al polo norte.

cajas

viernes, 26 mayo 2017. Unos niños juegan con cajas de cartón sobre una cama enorme. Cuando salen un momento, me escondo bajo las cajas para darles un susto. Cuando vuelven, el susto es tal, que corren y rompen varios muebles y una puerta.

sólo cinco personas

jueves, 25 mayo 2017. Unas cuantas personas salen de la casa de mis padres a toda velocidad, yo entre ellas. Entramos a trompicones en el ascensor. ¡No más de cinco personas!, grita alguien. ¡Rápido!, grita otro. Alguien pulsa el cero. El ascensor no responde ¡Sólo cinco personas!, se vuelve a oír. Todos tenemos prisa, todos tenemos miedo como si huyéramos de algo. No sé de qué.

chanclas

martes, 23 mayo 2017. Desde mi terraza veo la terraza de Beckett. La miro con unos prismáticos. El suelo está cubierto de césped falso. Aparece y riega lentamente unas macetas. Me pongo muy contenta al ver que lleva unas chanclas de goma negras iguales a las mías.

cucurucho

lunes, 22 mayo 2017. Vuelvo a casa, según camino las calles se empinan. Necesitaría una barandilla, pienso, y la barandilla aparece. Necesitaría sostenerme con las dos manos, pero en la derecha llevo un helado de cucurucho. Subo con mucho trabajo. Al llegar a casa todo está revuelto, hay albañiles en la terraza, me escondo en el cuarto de baño. En el baño no hay inodoro, y todas mis cosas (incluido el ordenador) están dentro de la bañera.

wedding present

domingo, 21 mayo 2017. Llego con Sonia y Míchel a un salón de actos enorme. Una señora ha organizado una especie de audición que ha titulado "Elena's wedding present". Míchel y yo nos sentamos al fondo. Voy cargada (rebeca, chubasquero, abrigo, una bolsa con un montón de textos impresos, una mochila que pesa muchísimo). Sonia dice que delante hay sitios libres. Vamos. Acarreo como puedo todas mis cosas, me siento y deseo que no me llamen al escenario. Sonia se acerca a las cortinas, las abre un poco y mete la cabeza. Se vuelve, nos mira muy seria. Míchel se esconde entre las butacas. Yo quiero largarme de allí cuanto antes.

hawaii

viernes, 19 mayo 2017. Encuentro un muestrario enorme de barras de labios. Casi todas rosas muy pálido. Doy con una que me gusta. Miro el nombre del color: Hawaii. Me la pruebo. Cuanto más me pinto los labios, más finos se vuelven.

pelusas

miércoles, 17 mayo 2017. El que era mi cuarto en la casa de mis padres está lleno de pelusas. Cuantas más quito más aparecen. Meto un palito bajo los muebles y saco pelusa gris densa. Quiero irme, pero sigo buscando porque pienso que quizá, entre tanta pelusa, encuentre cosas que pequeñas que perdí.

está todo roto

martes, 16 mayo 2017. Suena el móvil de Alberto. Se oye una voz estridente diciendo pamplinas. Debe ser un niño gordo que se ha equivocado de número al marcar. Imagino un niño con unos dedos muy gordos y unas teclas muy pequeñas. En un escaparate vemos unas plantillas de bizcocho enormes. Alberto entra detrás del mostrador para verlas mejor. Dos chicas insisten en que las pruebe y me dan trozos enormes cargados de fruta de lata y gelatina. Cuanto más les digo que no más quieren que coma. 

Veo pasar a una de mis tías. Qué raro, nunca sale sola, le digo a mi madre. Eso es que tu hermana ha pedido un deseo y tu tía va a echar una moneda a la fuente para que se le cumpla, responde mi madre con toda naturalidad. Entramos en una especie de sala de curas. Hay enfermos en sillas de ruedas y una enfermera idéntica a las que piden silencio en los carteles. Mi madre dice que les lleva unas cosas. Saca de una bolsa unos apliques para colgar en la pared, un bolso viejo, un monedero roto, una cartera plateada. La enfermera lo va pasando por un lector de códigos y aparece un precio para cada cosa. Mi madre me pregunta si quiero algo antes de dejárselo a la enfermera. Está todo roto, le digo. A lo mejor ese era el deseo de tu hermana, dice mi madre y se ríe.

producto cartesiano español

domingo, 14 mayo 2017. Camino por una playa de piedras. Parece que está subiendo la marea y debo darme prisa. Parece que también está subiendo la noche, pienso. Las piedras se vuelven negras, el camino muy oscuro y temo pisar algún erizo. Como si se pudieran oír mis pensamientos, un niño se acerca y me dice que necesito unos zapatos como los suyos. Le miro los pies. El niño es de verdad, pero los zapatos parecen de dibujos animados: dos cuadrados blancos con el borde en rotulador negro. Los cuadrados están al bies, con lo cual el niño debe andar con los pies muy separados para no tropezarse. Para librarme de él le digo que yo sólo uno zapatos españoles. Mis zapatos lo son, responde el niño muy enfadado. Sé que parecen un producto cartesiano, pero son producto cartesiano español.

los animalitos

sábado, 13 mayo 2017. Charlo con dos chicas sobre un texto que, se supone, he escrito. Ellas insisten en que meta escenas de sexo y no use palabras dulces. Ya sabes, dice una, sé más bestia. El texto se titula "Los animalitos", pienso que un tono así no le pegaría nada. Mientras hablan, me dedico a negar con la cabeza levemente y a distraerme con el paisaje: un mar inmenso que veo desde una ventana.

Parece un almacén de Ikea donde han dejado espacio entre las cajas para que actúe un grupo de teatro. Llegan carmen y Enrique. Les cuento lo que me ha pasado con las dos chicas, pero empiezo a pensar que no me ven. Muevo la mano delante de sus caras. Nada. Enrique lleva un chándal negro con el escudo de un equipo. A su lado dos chicos, uno con una sudadera del Barça y otro con la del Celta. No comprendo nada. Carmen se ha sentado unos metros más allá y no levanta la vista del móvil. Comienza una especie de zarzuela. Insoportable. Me voy. Llego a los bajos de un centro comercial donde se supone que había dejado el coche, pero el parking está vacío y en obras. Vuelvo tras mis pasos, pero ya han tapiado la entrada. Comienzo a buscar la salida, pero todas estás cerradas por muros recién construidos.

monos de blanco

lunes, 8 mayo 2017. La casa de mi abuela está rodeada por unos tipos vestidos de blanco que me recuerdan a los personajes de "La naranja mecánica". Mi abuela y yo nos escondemos en la habitación que da al jardín. Mi abuela dice que tiene curiosidad por saber qué está pasando afuera. La puerta se vuelve transparente y vemos como esos tipos saltan, como si fueran monos, de un mueble a otro del comedor.

anuncio

domingo, 7 mayo 2017. Jurdi tiene que hacer un anuncio para la tele de algo relacionado con el pelo. Está de pie entre dos tipos que escriben a máquina. Los tres llevan peluca tipo "Colón" muy enredadas. En el ensayo, mientras cantan, Jurdi se pasa un cepillo y la melena queda lisa y brillante. Vuelve a ponerle la peluca despeinada para rodar. ¡El anuncio se emitirá en directo!, dice alguien. Y en ese justo momento, Jurdi comienza a rascarse la cabeza, a retorcerse de picor como un loco. Se arranca la peluca, protesta de que alguien le haya puesto pegamento, pelea con los dos tipos que escriben a máquina.

Llego a la terraza de un bar. Jurdi me espera encogido en su asiento, lleva gafas de sol para que no lo reconozcan. Estás en portada de todas las revistas, le digo, incluso de las extranjeras. Mejor, todo eso es publicidad, dice, ¿y estoy también la revista del Palmar de Troya? Supongo, pero por qué quieres salir en esa revista? Me mira con gesto de que algo tan claro no merece explicación. Sigo sin saber qué anunciaban, pero no le digo nada.

lo que falta

jueves, 4 mayo 2017. Estoy dormida y tapada hasta las orejas. Al medioabrir los ojos, veo que estoy en un descampado, junto a lo que pudo ser un bar. Sin destaparme miro a mi alrededor. Sobre la entrada del bar hay unas letras vacías a las que le han quitado los neones. Las letras dicen TODO, yo leo NADA y vuelvo a dormirme.

un mal poema

miércoles, 3 mayo 2017. Parece un congreso de poetas. Estamos muy apiñados en una sala enorme. Un tipo con barba blanca escribe un poema de dos versos en la pizarra. Parece un chiste malo que incluye la palabra "mierda" (no recuerdo los versos). Explica algo, no lo oigo bien. Todos toman apuntes. Después lee algunos nombres en una lista y pregunta qué les parece su poema. Todos los alaban. Me encojo en mi asiento para evitar que me pregunte, pero oigo mi nombre. No es un poema, respondo, yo soy muy seria, añado a modo de disculpa. Todo el mundo me mira con rencor. Miriam Reyes me dice que nos vayamos. Corremos por los pasillos, llegamos a una cafetería que necesita de una clave para entrar. Me dice que suba al piso de arriba y que ya nos traerán el té. Hago lo que me dice, no le digo que no me gusta el té. Todo está muy oscuro. Mientras la espero me pinto los labios.

fantasma en bata

domingo, 30 abril 2017. Al entrar en la que se supone es la cocina de la casa de mis padres, una señora en blanco y negro con un vestido-bata en sobre la ropa, me dice que tenga cuidado porque hay un charco. Al parecer mi padre se ha dejado la fregona empapada en el colgador. La señora seca el suelo y dice que no me preocupe, que ella se encarga de todo. Salgo y le cuento a mi madre lo sucedido. Con toda la naturalidad del mundo, me dice que es un fantasma que suele ayudarla en tareas de casa.
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Dos autocares aparcan en la puerta de que fue la casa de mi abuela. Al parecer la han alquilado para pasar el verano. Pregunto a mis tías. No saben nada. Explicamos a los turistas que ya están bajando las maletas, que en la casa no caben todos (son más de cien), pero que podrían repartirse entre la casa de mi abuela y la casa de al lado (una guardería). De repente, cuando los turistas han comenzado a medir el suelo para repartírselo, el conductor dice que se ha equivocado de casa, que la que han alquilado es el nº46, unos 500 metros más abajo. Nos despedimos de los turistas como si fueran nuestros seres más queridos.

zona murcia

viernes, 28 abril 2017. Llego con Sonia y Míchel a un teatro romano que, se supone, es un cine. Nuestras entradas dicen "Zona Murcia". Suponemos que significa que el teatro tiene forma de mapa de España y debemos sentarnos abajo a la derecha. Nos cuesta bajar porque la rampa de piedra resbala. Deciden no caminar más y se sientan en "Zona Canarias". Yo me quedo en un palco de piedra en "Zona Cádiz" con dos tipos malencarados.

Mis padres, se supone, viven cerca del teatro. Voy a verlos. La casa también es de piedra. Desde la calle puedo ver a toda la familia. Discuten mientras ven la tele. Mi madre me ve y sale a saludarme. Te acompaño a la estación, dice. Y después, ¿quién te acompañará a ti? Llevo paraguas, me dice por toda respuesta.

bolas de arena

miércoles, 26 abril 2017. Parece que comparto casa con varios estudiantes. Una casa muy desordenada cerca de la playa. Salimos cargados de libros. Yo he olvidado algo y vuelvo. Por el camino, que es una playa de arena gruesa gris, encuentro monedas y algunas insignias militares. No puedo entretenerme y sigo mi camino. En la casa hay una escalera de caracol muy estrecha que antes no estaba. Busco los libros que me faltan y bajo. Una chica muy parecida a Nuria (una compañera del colegio) huye con un montón de folios que se les van volando. Al salir, la playa está a oscuras y no veo las monedas. Un chico me lanza bolas de arena con odio. Por más que me fijo no lo reconozco ni sé por qué me odia tanto.

santurrón

martes, 25 abril 2017. Estamos de visita en casa de un tipo que, todo el tiempo, insiste en que tiene que hablar conmigo. Lo evito cuanto puedo. Su mujer nos muestra la casa orgullosa. La han puesto en venta. Tiene hasta pasadizo secreto, comenta divertida. Junto a la casa hay una cueva con un santurrón donde unas señoras con batas de flores hace cola. Mucho me temo que el santurrón y el tipo que quiere hablar conmigo sean la misma persona. Quiero irme de allí cuanto antes.

grito

viernes, 21 abril 2017. Mi madre y yo vamos por un camino de tierra. Al fondo se ve un edificio parecido a la fábrica de cemento. No sé si seguimos a una chica o es que lleva nuestro mismo camino. La chica comienza a bajar una escalera metálica, vertical, que hay pegada a una pared. Mi madre se suelta sin querer y cae a toda velocidad. Su grito. Pienso que aplastará a la chica, pero también puede ser que el cuerpo de la chica amortigüe la caída de mi madre.

casa-tubo y pájaros-bola

jueves, 20 abril 2017. Llego a una casa-tubo como si me esperaran. El dueño se parece mucho al escritor Antonio Orejudo. Tengo frío, encojo y agarro las piernas sobre el pecho. Orejudo tiene una infusión para eso, dice, se la acaban de traer de un lugar exótico. Se levanta muy sonriente a buscarla. En ese momento aparecen dos abejorros de colores. Cuando los espanto se convierten en pájaros-bola. Orejudo me da la infusión y les hace un hueco entre las manos. El pájaro-bola macho regurgita una mariposa y se la da a la hembra. ¡Van a ser padres!, decimos muy contentos a la vez.

sopa

miércoles, 19 abril 2017. Como sopa muy despacio en una mesa muy larga. Estoy sola. Le digo a nadie que la rosa mosqueta cierra los poros.

cenizas de chocolate

sábado, 15 abril 2017. Se supone que celebramos el aniversario de mis padres. Aunque estamos los tres solos, mi padre quiere decir unas palabras. Comienza a quejarse de mi madre. Reproches infundados, uno detrás de otro. Mi madre dice que no le afectan, pero se levanta de la mesa y llora. La abrazo. Está tan triste que se convierte en un bote de Nesquik. Salgo a la terraza con el bote abrazado, le digo que no se preocupe por nada. Empiezo a preocuparme por si no vuelve  su estado normal. Abro el bote, meto el dedo mojado para probar si de verdad es Nesquik o la tristeza la ha convertido en cenizas. Me pregunto qué haré con esas cenizas de chocolate si no vuelve a su estado normal. Mientras tanto, a través de las cortinas, veo a mi padre meter todos mis zapatos en bolsas de basura.

cajero y app

jueves, 13 abril 2017. Masip vive en una habitación con moqueta. Donde debería estar la ventana, se transparenta un cajero automático que funciona hacia la calle y hacia dentro. Le da una luz futurista al cuarto. Me gusta mucho, le digo, además, si un día necesitas sacar dinero y está lloviendo, puedes hacerlo sin mojarte los pies. Se ríe. Le pregunto a qué hora sale el último tren. Dice que no me preocupe, que él me llevará a casa. Nos tumbamos sobre la moqueta, pego mi cabeza a su tripa (supongo, por ver ayer los calcos de Pompeya en la tele). Cuéntame cosas, le digo.
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Camilo dice que lo han invitado a Logroño. Tienes que ir, le digo, además de la lectura lo vas a pasar de maravilla. Me cuenta que ha inventado una aplicación para móvil en la que cada amigo acude a tu llamada para una cosa en particular. A mí apúntame para cuando vomites, puedo sostenerte la cabeza, le digo. Dice que es la hora de las ambulancias. Supongo que está cuidado de algún familiar enfermo. Quiere que lo acompañe, pero debemos darnos prisa. Corremos a zancadas enormes. Para entrar en su casa trepamos por una pared roja donde sólo podemos agarrarnos con las puntas de los dedos. 

cura de lana

miércoles, 12 abril 2017. Llego a un explanada donde parece que se celebra un homenaje. Hay lápidas de hierro en el suelo. Parecen registros. Un hombre va nombrándolos uno a uno. Mira el reloj y comienza a correr, a no decir nada, a echar agua bendita sin mirar. El público protesta. Incluso un cura que hay a mi lado dice que eso no tiene perdón de Dios. Me fijo en que sotana y alzacuellos están tejidos en lana. También la cara. Se le ven las costuras. Un matrimonio dice que pronto llegará el bus para devolvernos a la ciudad. Pasa un barco a toda velocidad, cortando el asfalto. El público empieza a mosquearse. Intento hacer chistes. Esto parece el Un dos tres, ¿se acuerdan?, ahora aparecerá una azafata y nos dirán que hemos perdido un barco de recreo, les digo. Todos se ríen. Sigo diciendo tonterías hasta que aparece, por fin, el bus. El bus es vertical. Los asientos, de cuatro en cuatro, repartidos en unos veinte pisos. Sólo tiene dos ruedas. Se tambalea. Todos corren para ser lo primeros. No pienso subirte ahí, le digo al cura de lana. No me contesta, se ha convertido en el muñeco que ya era.
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Un chico muy joven estudia en un bar. Tiene la mesa llena de apuntes. Una chica rubia, de mi edad, intenta ligar con él. El chico me pregunta qué música me gusta. Tom Waits. Te gusta la New Age!, dice enfadadísimo. Pienso que no tiene ni idea de nada, el pobre. La chica dice que no podría vivir sin música. Le digo que si me quedara sorda me daría igual porque prefiero el silencio, pero sí pediría poder escuchar, al menos, una canción de Tom Waits al año. En ese momento pasa una señora con pinta de vigilante y dice que me remeta la camisa por el pantalón. Obedezco. El chico le explica a la chica rubia que las galletas y el desodorante no se guardan en el frigorífico. La chica dice que tiene una cita, le da un beso muy rápido y desaparece. Te espero, le dice el chico con ojos de corderito. Buena te espera, muchacho, pienso.

gabardina

martes, 11 abril 2017. Pablo, un niño pequeño y yo salimos de clase. El niño se queja de que su madre quiere ir en vacaciones a Madrid. Pablo le dice que es mejor no viajar. Intento convencer al niño de que viajar te enseña a comparar y a no creer que lo de un es lo mejor. Yo también voy a Madrid, podemos vernos allí, le digo. Responde que no cree que su madre lo deje salir con una persona mayor. ¿Y te deja llevar esos zapatos? Lleva zapatos de mujer. Dice que se los compró porque era muy feos y así evitó que se los comprara su madre. Caminamos, el niño es ahora una chica con gabardina. Me acompaña a la estación. Le digo que después tendrá que volver sola. No le importa. La abrazo, le beso el cuello. No tengo los billetes, nos colamos en una casa para imprimirlos. La dueña de la casa sale de una habitación, empujo a la chica bajo una mesa para que no la vea.

casi

sábado, 8 abril, 2017. Me encuentro a un niño en la calle. Le pregunto si se ha perdido. Señala a su padre a lo lejos. Cuanto más señala más se aleja. Le digo que no se mueva y corro hacia su padre dando tremendas zancadas. Casi vuelo por las calles, pero nunca llego a alcanzarlo. Me olvido del niño, corro por placer.

inodoros de ascensor

miércoles, 5 abril 2017. Un escritor (que, se supone, es muy famoso) expone sus libros en el portal de la casa de mis padres. Hay poco sitio, se queja el chico que debe venderlos. Le digo que use las cajas como mostrador. En la portada de los libros aparece un elefante muy mal dibujado. Todos tienen que pasar por aquí, así que alguno venderás, le animo. Entro en el ascensor con una chica. El ascensor tiene varias sillas que esconden inodoros bajo los asientos.
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Llego a una plaza soleada. Violeta le hace fotos a chicas que posan leyendo de espaldas a cámara. Ayudo a parar el tráfico para que le sea más fácil.

pereda

martes, 4 abril 2017. Me invitan a leer poemas. En el escenario hay una mesa con un mantón y sillas verdes colocadas como para cantar flamenco. Una señora me dice que se ha animado a tener mail y le abra uno. Su portátil es blanco y se transforma en una folio doblado. Me siento en un lateral, en una especie de pupitre pequeño. Una chica me dice que tengo que leer poemas sobre el tiempo, los pájaros y Pereda. Le pregunto si tienen algún libro mío. No, improvisa. El público comienza a pelear entre ellos. Discuten sobre la fecha en que apareció Internet. Intento hacerlos callar. ¡Internet llegó a mi casa el 13 de abril de 1997!, les grito. Un chico asiente, los demás siguen peleando. Mientras la chica intenta calmarlos, yo intento recordar qué sé de Pereda. Sé que tiene una calle en Málaga cerca de la Heladería Lauri, sé que al final de la calle estaba la Pizzería Paperino que tanto me gustaba. Mientras los veo pelear, pienso que esos datos no vana ser suficientes para entretenerlos una hora. Una señora muy vieja me dice que, cuando termine con el mail de su amiga, le haga la Declaración de la Renta.