peso murciano

sábado, 24 junio 2017. Alguien tiene prisa. Dice que tenemos que irnos y coja de una vez mi chaqueta. No es mi casa, pero la chaqueta está en su armario. En realidad, toda la casa es un armario atiborrado de ropa y en el patio están todos los muebles. Intento encontrar mi chaqueta entre tantísima ropa.
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Parece una habitación de hospital. Es enorme, hay unas veinte camas y otros pacientes es butacas reclinables. Delante de un biombo hay una báscula. Donde debería ir la pantalla para indicar el peso, hay unos agujeritos. Imagino que es un altavoz. Me subo y espero. A los pocos segundos, el altavoz dice: "Su peso murciano es 50, 6". Llamo a Alberto para que se ría. ¡Mira, es una báscula murciana! Alberto le da la vuelta y lee: "Made in Autol".
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Le pido prestados a Cumpián sus "Poemas para Laura". Entramos a buscarlos en su cuarto. Su cuarto es una habitación enorme. Hay una alfombra roja que ocupa todo el suelo. Parece de esterilla, pero me acerco a tocarla y es de lana. Hay una mesa que ocupa la mitad del espacio y se transforma en cama por la noche. Bajo la mesa hay un montón de cajones llenos de libros y papeles amarillentos. Al levantar las faldas de la mesa-cama para buscar los poemas, veo que alfombra es color crudo. ¿Es así o cambiado de color por el uso?, le pregunto. Ha cambiado, y como se entere Taján me echa de aquí, dice.

romper cosas

jueves, 22 junio 2017. Llego a casa de mis padres. Mi padre me abraza como si hubiera muerto alguien. Mi madre va de un lado para otro, dice que tiene que salir a comprar vino blanco. Alberto se fija en mis piernas (y yo me fijo en que no llevo pantalones). Hay una hendidura en el gemelo interior. La toca, pero no dice nada. A eso me refería cuando te dije que estoy perdiendo masa muscular. Se encoge de hombros. Tengo ganas de romper cosas. Miro los cuadros, los descolgaría de las paredes y los rompería todos uno por uno estrellándolos sobre las sillas. Mi madre, como si pudiera leerme el pensamiento, me dice: Cuando quiero romper cosas tiro ropa al suelo como si fueran platos, el efecto es el mismo, pero después no hay destrozos.

charlas de café

domingo, 18 junio 2017. Antonio y yo tenemos que leer poemas en un salón de actos. Lee muy serio. Mientras, busco en mi libro qué leer, pero las páginas están sueltas y el libro se me deshace entre las manos. Cuando lo recompongo, me fijo en que son instrucciones de electrodomésticos. Llega mi turno. Recuerdo unas frases de "Charlas de café" de Ramón y Cajal e intento decirlas de memoria. Hago creer que las estoy leyendo.

futuro

sábado, 17 junio 2017. Llego a casa. Noto el ascensor distinto. Pienso que es igual que hace unos años. La puerta de casa también h cambiado, la llave no entra. Llamo con los nudillos. Abre mi suegra, parece muy contenta de verme. Tenía muchas ganas de volver a verte, estaba preparando la cena, ¿te quedas?, dice. Sobre la encimera hay lechugas muy verdes. Me enseña unos filetes de pollo relucientes. He viajado en el tiempo, pienso. Me miro al espejo, estoy igual, no comprendo que no note que tengo 30 años más. A ella, sin embargo, se la ve joven y ágil, con el pelo rubio recogido en un moño italiano. No sé qué hacer, si quedarme a esperar a Alberto que tendrá 17 años o marcharme con cualquier excusa. Pero, ¿marcharme dónde, si esa casa es mi futura casa?

convalecientes

viernes, 16 junio 2017. Sobre la mesa del comedor de mis padres hay una caja de madera con letras chinas. Al abrirla se despliega. Dentro hay retales de telas, trozos de tizas y cosas rotas. Se supone que es un regalo de mi hermana a mi padre. Mi padre mira esas cosas sin interés. Hago comentarios para intentar darles valor. Quizá sean telas antiguas, le digo. Nada. ¿Y qué tal sienta llegar a los 90?, le pregunto y me acerco para abrazarlo. De repente reacciona. Comienza a hablar vehementemente de algo pero no entiendo nada de lo que dice, como si hablara en otro idioma, pero por sus gestos está enfadadísimo.
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En calle Comedias, me cruzo con un chico que lleva una botella de plástico cortada llena de monedas. Suenan a cada paso. Yo también llevo una botella cortada, pero con agua y hormigas muertas. Camino más rápido para darle esquinazo. Sé, por el sonido de las monedas, que ha dado la vuelta y me sigue. Me meto por calle Convalecientes y me lo encuentro de frente. He inventado una bicicleta, me dice, mira. Aparece una chica cobre un aro naranja con forma de silueta de gota. No tiene manillar, sillín ni ruedas, sin embargo la chica va muy deprisa. Tienes que probarla, me dice. Niego con la cabeza y sigo andando. Tiro por un sumidero el agua con hormigas. El chico me sigue, camina a mi lado. Vale, no te gustan las bicicletas, dice. ¿Nunca te lavas la cara?, me pregunta. Se refiere a que tengo pecas. Me hace gracia. Lo miro por primera vez a los ojos. Su cara también está llena de pecas. Empieza a caerme bien, pero de todos modos quiero irme a casa. Mira, ahí brilla algo, le digo para distraerlo. Mete la mano en un agujero y saca una especie de tijera enorme. Se sienta en el asfalto y comienza a cortar chapas de hierro. Aprovecho para marcharme.

salitre

jueves, 15 junio 2017. Llaman al portero. Un tipo me dice que es quien nos hizo la obra (no sé de qué obra habla). Dice que habrá que hacer más, cambiar todos los cables. Llaman a la puerta, le digo que espere, corto el cable del portero y lo dejo sobre el sofá. Una pareja de extranjeros viene a ver la casa. Les enseño las habitaciones. Dicen que el cuarto de baño es pequeño (yo lo veo enorme) y que en su país no se usa jabón líquido porque contamina. Levantan la tapa del váter. Dentro ha crecido una planta de hojas muy verdes y brillantes. Les digo que desde el dormitorio se ve el río y el museo. Oh, dice a la vez sin mucha convicción. Pienso que son actores. Los guío a la puerta y cierro antes de despedirme. Ya se han ido, le digo a una niña que dibuja junto a la cristalera. Me fijo en que no hay cortinas. Ha empezado a llover y la lluvia traspasa los cristales. Los dibujos se mojan. le digo a la niña que se dé prisa, que recoja todo. No hacemos nada. Miramos la lluvia como si nada.

traje mostaza

lunes, 12 junio 2017. Intento hacerle unas fotos a Ferran, pero está a contraluz. Alberto dice que es hora de irse. Ha quedado en acompañar a dos chicas. Ferran dice que por el camino tenemos que comprar tabaco o volver al bar donde lo ha olvidado. Si tú no fumas, le digo. Las chicas llegan en un descapotable que parece de juguete. Llevan caso, pero debajo de la piel. Se les ve unas cabezas enormes. Las llevan rapadas con unas guedejas teñidas de rosa. Dan un poco de asco y pena. Alberto dice que mejor me vaya con ellas. El coche tiene en el salpicadero un GPS tamaño tele grande, pero aparecen pocas calles y sin nombre. Una de las chicas dice que tiene que parar a comprar tabaco. Fumo "Lion", dice muy contenta. Qué casualidad, el mismo que quería comprar Ferran, pienso. Se supone que Alberto debía guiarlas, pero somos nosotras las que vamos delante.
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Voy en bus. David Leo pasa lista por si ya estamos todos, aunque en realidad estamos llegando a una estación. Bajo cargada de ropa de invierno y varias maletas. Me despido de David Leo. Ya te llamaré, aunque no sé si tengo tu teléfono, le digo. Busco a Daniel en la estación. Lo veo acercarse desde el fondo. Lleva un traje mostaza, le queda grande. Lo abrazo, me alegro muchísimo de verlo. Estamos en su casa y, mientras trajina, le leo una carta de Vicente. Daniel no para de hacer cosas en la cocina. Se ha puesto una toalla sobre la cabeza que también le cubre la cara. Prepara una especie de puré blanco en una especie de termomix. No me hace ningún caso. No estoy segura de si la toalla en la cabeza es para que no caigan pelos en la comida o para no verme.

negar la lluvia

sábado, 10 junio 2017. Una niña quiere que vaya a comer a su casa. Le digo que llevo mi comida en la mochila, que podemos compartirla. Su casa está en el último piso un edificio muy alto. Comienza una tormenta, vemos llover a cántaros sobre una explanada enorme. En la tele dicen que nadie salga de sus casas. Llamo a mi madre para decirle que estoy bien, que no iré a comer. El teléfono es muy pequeño, negro con los número también negros, no se distinguen y están desordenados. Marco el número varias veces, pero siempre me equivoco. He llamado a otra casa. Una madre me echa en cara que su hijo estaba enfermo y no fui a visitarlo. Le digo que he estado cuidando de mi familia. El hijo se pone, me insulta, oigo a su madre gritar que cuando me vea me matará de un golpe en el estómago. Cuelgo. Intento llamar a mi madre, pero siempre son esa madre y su hijo. Al fin descuelga alguien desde la casa de mis padres, alguien que me habla de pamplinas. Le pido que, por favor, se ponga mi madre. Nada, me habla de si he visto cómo llueve. Miro la lluvia desde la ventana, preciosa, pero le digo que no. Cuelgo. Me duele muchísimo el estómago como si alguien me hubiera pegado de verdad.

No sé cómo he llegado a un cuarto de baño enorme. Hay tres mujeres en una bañera. Desde la ventana se ve que están rodando una película en la calle. Les digo que me duele mucho el estómago. Una sale, para que yo entre. La bañera es de pizarra y está vacía. No entiendo qué hacen allí sin agua. Te ha venido la regla, me dice una señalando el agua que se va por el desagüe. (Me despierto y, efectivamente, me ha venido la regla.)

dientes

miércoles, 7 junio 2017. Noto algo en la boca. Escupo en la mano y veo una tira de dientes muy blancos unidos. Les doy la vuelta. Por el otro lado están negro, quemados. Pienso que son de mentira, pero al pasar la lengua por la encía noto que me faltan. Corro al espejo a mirarme. Sonrío. Quiero comprobar si se me nota que me faltan varios dientes. Me veo la cara hundida como un globo que hubiera perdido el aire. No entiendo nada.

costras

lunes, 5 junio 2017. Parece un cine, pero las luces están encendidas. Puede que sea el descanso de una película. Algunos comen en unas mesitas plegables que hay delante de sus asientos. Emilio y Salvador están al otro lado del pasillo. Hablamos de que deberíamos ir al Chorro en tiendas de campaña, como antes. El chico que está sentado delante de mí, gira su asiento cuando me oye hablar. Es Antonio. Mientras come en su bandeja plegable, le cuento que desde el año 81 vamos cada septiembre al Chorro. Aparecen mi madre y mi hermana en camisón. Mi madre dice que Antonio debería irse a su casa, ya que acaba de ser padre. ¿Acabas de ser padre?, le pregunto asombrada. Una niña de quince meses, dice mi madre mientras Antonio sigue comiendo. Lo miro. El abre las manos como si sostuviera una sandía invisible y que significa: Mi hija está así de enorme. Cuando termina de masticar y tragar, le pregunta a mi hermana por qué va en camisón y si tiene costras en las rodillas. Mi madre responde por ella: Mi hija no tiene costras. Pues entonces no eres malagueña, todas las niñas malagueñas tienen costras en las rodillas.

estores

domingo, 4 junio 2017. Una chica me enseña su pueblo. Me habla de su familia, me lleva a su casa. Es una casa enorme con habitaciones donde sólo hay camas. Incluso las hay en los pasillos. En la casa sólo hay mujeres. Me presenta a su novia. Pienso que debe de ser es un gran paso para ella. Me abraza, nos despedimos. Llego a una especie de hotel donde Alberto me espera para hacer la cama. Le cuento lo que ha pasado mientras estiramos las sábanas. Después paseamos por un pueblo. Hay unas calle-tubo cerradas con estores blancos por donde está prohibido pasar, pero entramos. Son tubos encalados luminosos muy empinados. Desembocamos en la plaza del ayuntamiento. Miro por el hueco que hay entre el techo y el estor. Espero a que no haya nadie en la plaza para salir.

un alfiler entre el paisaje

martes, 30 mayo 2017. Se supone que estamos en Islandia. Salimos de un hotel y vemos una bahía enorme. La bahía a ratos es un lago, a ratos un bosque de árboles. Pienso que se parece a las fotos de Ibán Ramón. Le digo a Alberto que tiene que hacerme una foto con ese fondo, pero donde yo salga muy pequeña, como un alfiler entre el paisaje. Caminamos hasta llegar a unos edificios grises que dan la sensación de estar congelados. Me parece ver a mi prima Cristina en una tienda. No comprendo qué hace allí. Entro. Lleva unas bolsas enormes negras. Dice que lleva un rato buscando un detergente que lleve limón. Todo está escrito en un idioma rarísimo. Veo una botella amarilla con un limón dibujado. ¿Esta? Tampoco. Pienso que Alberto lleva demasiado tiempo fuera, solo. Al salir de la tienda, a chica de la caja habla con acento cubano. De repente todos estamos en una habitación de paredes verde musgo con muy pocos muebles tomando té. Alberto le pregunta si ella, o algún amigo, puede hacernos de guía. Mi prima Cristina se ha transformado en su hermana Elisa. Está delante de una pared con techos altos de donde cuelga un cuarto muy pequeño. Muy fotogénico todo. Intento hacerle una foto, pero la cámara no me deja, comienzan a salirle pequeños objetivos por todas partes. Me enfado muchísimo.

abrigo azul

lunes, 29 mayo 2017. Luis Alberto de Cuenca quiere comprarse un abrigo azul. Dice que sólo lo venden la frontera. No sé si se refiere al nombre de una tienda o al límite con otro país. Quiere que lo acompañe. Lleva maleta y un abrigo azul puesto. Subimos a un autobús donde una chica nos habla en italiano. Reparte periódicos. Sólo regalo la primera página y si le gustan las noticias compren el diario entero, dice en italiano. "Non parlo italiano", le digo. Luis Alberto me hace una seña para que bajemos del bus. Bajamos, pero la calle es tan estrecha y sube tanta gente que me empujan de nuevo hacia adentro. El bus se pone en marcha. Le hago señas por la ventanilla, le digo que me bajaré en la próxima, que me espere. Lo veo entrar en un hotel. Bajo en la siguiente parada. Valles con adoquines, camino mal, dos niños me siguen. Uno me empuja, me roba el monedero. Consigo quitárselo. Unos tipos que tomaban vino en un bar me aplauden. Entro en el hotel. La chica que me recibe dice que ya han llegado todos. No entiendo nada. Subo en un ascensor enmoquetado de arriba a abajo. Empiezo a pensar que debería haberme quedado en casa.

el pañuelo de los pandas

domingo, 28 mayo 2017. Hay mucha gente en casa, aunque no es nuestra casa. Las paredes son de cristal y estamos rodeados de árboles. Alberto hace manualidades con unos niños. Corta un trozo de cinta de cassette para atar algo. Es una de mis antiguas cintas. Le digo que corte las suyas, que no se le ocurra volver a tocar mis cintas ni mis vinilos. Todos me miran, nunca me habían visto enfadarme tanto. No sé cómo, pero estamos volviendo a casa, esa casa, y a llegar la puerta corredera de cristal está abierta. No hay ningún mueble. ¡Nos han robado!, digo todavía sin creérmelo. Voy entrando en cada habitación. Nada. Sobre el suelo del que se supone es mi cuarto hay algunas prendas y, bajo una tabla, dos libretas que, se supone, escondí. Al menos me han dejado el pañuelo de los pandas, Le digo a Alberto. Me arrepiento de haberle gritado por cortar una cassette. De repente nada tiene importancia.

barro rojo

sábado, 27 mayo 2017. Penélope Cruz rueda una escena con la que parece su hija. Es igual a ella pero muy despeinada. Hablan en italiano, tienen prisa, las acompaño al avión. El avión pasa por la calle como si fuera un autobús. Espero a que despegue. En la sala de espera, dos ancianos se intercambian revistas y publicidad de supermercado. Uno se queja de que cuelan fotos eróticas.
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Jurdi está en la cola de un estanco. Parece un muñeco. Lleva un gabardina enorme con enormes hombreras. Alberto se pone a su lado y, sin decir nada, bailan dando pasos hacia atrás. Cuenta que va a enviar a varios concursos algunos cortos que ha hecho con su hermano. Miro a mi alrededor por si veo a Marcos. Nada. Observo toda la escena desde lejos.
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Le escribo una carta a Eduardo contándole que estoy leyendo su novela. La escribo a lápiz en la última página del libro. La letra no parece mía. La borro varias veces con una goma diminuta, pero vuelve a salirme mal o la punta del lápiz se rompe. Recibo un mail dentro del propio libro. Aparecen cuatro cuadrados fluorescentes. En el primero pone P1. Entiendo que es Eduardo, y quiere jugar una partida de ajedrez.
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Llaman al portero electrónico de la casa de mis padres. Sin descolgar, mi hermana corre escaleras abajo. Mi madre me pide que la detenga, pero ya ha desaparecido. Salgo a la terraza y todo el paisaje es cascadas de barro rojo. Pienso que tendremos que aprender a filtrar ese barro hasta convertirlo en agua o esperar a que llueva. Aparece mi abuela. La abrazo. Mi tía me pregunta si la estoy viendo, le digo que sí. Se enfada porque sólo yo puedo verla. En un recodo de la terraza veo a un tipo trabajando. Le pregunto cómo ha entrado y me enseña unas llaves. Dice que me las robó e hizo copias. Dice que cuando no hay nadie en casa va allí a trabajar. Dice que tiene que irse. Olvida las llaves. Las cojo. Llevan un pen. Corro a mi habitación a ver qué hay dentro, pero el ordenador no funciona. De repente llega el novio de mi hermana con revistas de viaje y ropa de abrigo. Mi padre dice que deje lo que esté haciendo y convenza a mi hermana de que no se vaya al polo norte.

cajas

viernes, 26 mayo 2017. Unos niños juegan con cajas de cartón sobre una cama enorme. Cuando salen un momento, me escondo bajo las cajas para darles un susto. Cuando vuelven, el susto es tal, que corren y rompen varios muebles y una puerta.

sólo cinco personas

jueves, 25 mayo 2017. Unas cuantas personas salen de la casa de mis padres a toda velocidad, yo entre ellas. Entramos a trompicones en el ascensor. ¡No más de cinco personas!, grita alguien. ¡Rápido!, grita otro. Alguien pulsa el cero. El ascensor no responde ¡Sólo cinco personas!, se vuelve a oír. Todos tenemos prisa, todos tenemos miedo como si huyéramos de algo. No sé de qué.

chanclas

martes, 23 mayo 2017. Desde mi terraza veo la terraza de Beckett. La miro con unos prismáticos. El suelo está cubierto de césped falso. Aparece y riega lentamente unas macetas. Me pongo muy contenta al ver que lleva unas chanclas de goma negras iguales a las mías.

cucurucho

lunes, 22 mayo 2017. Vuelvo a casa, según camino las calles se empinan. Necesitaría una barandilla, pienso, y la barandilla aparece. Necesitaría sostenerme con las dos manos, pero en la derecha llevo un helado de cucurucho. Subo con mucho trabajo. Al llegar a casa todo está revuelto, hay albañiles en la terraza, me escondo en el cuarto de baño. En el baño no hay inodoro, y todas mis cosas (incluido el ordenador) están dentro de la bañera.

wedding present

domingo, 21 mayo 2017. Llego con Sonia y Míchel a un salón de actos enorme. Una señora ha organizado una especie de audición que ha titulado "Elena's wedding present". Míchel y yo nos sentamos al fondo. Voy cargada (rebeca, chubasquero, abrigo, una bolsa con un montón de textos impresos, una mochila que pesa muchísimo). Sonia dice que delante hay sitios libres. Vamos. Acarreo como puedo todas mis cosas, me siento y deseo que no me llamen al escenario. Sonia se acerca a las cortinas, las abre un poco y mete la cabeza. Se vuelve, nos mira muy seria. Míchel se esconde entre las butacas. Yo quiero largarme de allí cuanto antes.

hawaii

viernes, 19 mayo 2017. Encuentro un muestrario enorme de barras de labios. Casi todas rosas muy pálido. Doy con una que me gusta. Miro el nombre del color: Hawaii. Me la pruebo. Cuanto más me pinto los labios, más finos se vuelven.

pelusas

miércoles, 17 mayo 2017. El que era mi cuarto en la casa de mis padres está lleno de pelusas. Cuantas más quito más aparecen. Meto un palito bajo los muebles y saco pelusa gris densa. Quiero irme, pero sigo buscando porque pienso que quizá, entre tanta pelusa, encuentre cosas que pequeñas que perdí.

está todo roto

martes, 16 mayo 2017. Suena el móvil de Alberto. Se oye una voz estridente diciendo pamplinas. Debe ser un niño gordo que se ha equivocado de número al marcar. Imagino un niño con unos dedos muy gordos y unas teclas muy pequeñas. En un escaparate vemos unas plantillas de bizcocho enormes. Alberto entra detrás del mostrador para verlas mejor. Dos chicas insisten en que las pruebe y me dan trozos enormes cargados de fruta de lata y gelatina. Cuanto más les digo que no más quieren que coma. 

Veo pasar a una de mis tías. Qué raro, nunca sale sola, le digo a mi madre. Eso es que tu hermana ha pedido un deseo y tu tía va a echar una moneda a la fuente para que se le cumpla, responde mi madre con toda naturalidad. Entramos en una especie de sala de curas. Hay enfermos en sillas de ruedas y una enfermera idéntica a las que piden silencio en los carteles. Mi madre dice que les lleva unas cosas. Saca de una bolsa unos apliques para colgar en la pared, un bolso viejo, un monedero roto, una cartera plateada. La enfermera lo va pasando por un lector de códigos y aparece un precio para cada cosa. Mi madre me pregunta si quiero algo antes de dejárselo a la enfermera. Está todo roto, le digo. A lo mejor ese era el deseo de tu hermana, dice mi madre y se ríe.

producto cartesiano español

domingo, 14 mayo 2017. Camino por una playa de piedras. Parece que está subiendo la marea y debo darme prisa. Parece que también está subiendo la noche, pienso. Las piedras se vuelven negras, el camino muy oscuro y temo pisar algún erizo. Como si se pudieran oír mis pensamientos, un niño se acerca y me dice que necesito unos zapatos como los suyos. Le miro los pies. El niño es de verdad, pero los zapatos parecen de dibujos animados: dos cuadrados blancos con el borde en rotulador negro. Los cuadrados están al bies, con lo cual el niño debe andar con los pies muy separados para no tropezarse. Para librarme de él le digo que yo sólo uno zapatos españoles. Mis zapatos lo son, responde el niño muy enfadado. Sé que parecen un producto cartesiano, pero son producto cartesiano español.

los animalitos

sábado, 13 mayo 2017. Charlo con dos chicas sobre un texto que, se supone, he escrito. Ellas insisten en que meta escenas de sexo y no use palabras dulces. Ya sabes, dice una, sé más bestia. El texto se titula "Los animalitos", pienso que un tono así no le pegaría nada. Mientras hablan, me dedico a negar con la cabeza levemente y a distraerme con el paisaje: un mar inmenso que veo desde una ventana.

Parece un almacén de Ikea donde han dejado espacio entre las cajas para que actúe un grupo de teatro. Llegan carmen y Enrique. Les cuento lo que me ha pasado con las dos chicas, pero empiezo a pensar que no me ven. Muevo la mano delante de sus caras. Nada. Enrique lleva un chándal negro con el escudo de un equipo. A su lado dos chicos, uno con una sudadera del Barça y otro con la del Celta. No comprendo nada. Carmen se ha sentado unos metros más allá y no levanta la vista del móvil. Comienza una especie de zarzuela. Insoportable. Me voy. Llego a los bajos de un centro comercial donde se supone que había dejado el coche, pero el parking está vacío y en obras. Vuelvo tras mis pasos, pero ya han tapiado la entrada. Comienzo a buscar la salida, pero todas estás cerradas por muros recién construidos.

monos de blanco

lunes, 8 mayo 2017. La casa de mi abuela está rodeada por unos tipos vestidos de blanco que me recuerdan a los personajes de "La naranja mecánica". Mi abuela y yo nos escondemos en la habitación que da al jardín. Mi abuela dice que tiene curiosidad por saber qué está pasando afuera. La puerta se vuelve transparente y vemos como esos tipos saltan, como si fueran monos, de un mueble a otro del comedor.

anuncio

domingo, 7 mayo 2017. Jurdi tiene que hacer un anuncio para la tele de algo relacionado con el pelo. Está de pie entre dos tipos que escriben a máquina. Los tres llevan peluca tipo "Colón" muy enredadas. En el ensayo, mientras cantan, Jurdi se pasa un cepillo y la melena queda lisa y brillante. Vuelve a ponerle la peluca despeinada para rodar. ¡El anuncio se emitirá en directo!, dice alguien. Y en ese justo momento, Jurdi comienza a rascarse la cabeza, a retorcerse de picor como un loco. Se arranca la peluca, protesta de que alguien le haya puesto pegamento, pelea con los dos tipos que escriben a máquina.

Llego a la terraza de un bar. Jurdi me espera encogido en su asiento, lleva gafas de sol para que no lo reconozcan. Estás en portada de todas las revistas, le digo, incluso de las extranjeras. Mejor, todo eso es publicidad, dice, ¿y estoy también la revista del Palmar de Troya? Supongo, pero por qué quieres salir en esa revista? Me mira con gesto de que algo tan claro no merece explicación. Sigo sin saber qué anunciaban, pero no le digo nada.

lo que falta

jueves, 4 mayo 2017. Estoy dormida y tapada hasta las orejas. Al medioabrir los ojos, veo que estoy en un descampado, junto a lo que pudo ser un bar. Sin destaparme miro a mi alrededor. Sobre la entrada del bar hay unas letras vacías a las que le han quitado los neones. Las letras dicen TODO, yo leo NADA y vuelvo a dormirme.

un mal poema

miércoles, 3 mayo 2017. Parece un congreso de poetas. Estamos muy apiñados en una sala enorme. Un tipo con barba blanca escribe un poema de dos versos en la pizarra. Parece un chiste malo que incluye la palabra "mierda" (no recuerdo los versos). Explica algo, no lo oigo bien. Todos toman apuntes. Después lee algunos nombres en una lista y pregunta qué les parece su poema. Todos los alaban. Me encojo en mi asiento para evitar que me pregunte, pero oigo mi nombre. No es un poema, respondo, yo soy muy seria, añado a modo de disculpa. Todo el mundo me mira con rencor. Miriam Reyes me dice que nos vayamos. Corremos por los pasillos, llegamos a una cafetería que necesita de una clave para entrar. Me dice que suba al piso de arriba y que ya nos traerán el té. Hago lo que me dice, no le digo que no me gusta el té. Todo está muy oscuro. Mientras la espero me pinto los labios.

fantasma en bata

domingo, 30 abril 2017. Al entrar en la que se supone es la cocina de la casa de mis padres, una señora en blanco y negro con un vestido-bata en sobre la ropa, me dice que tenga cuidado porque hay un charco. Al parecer mi padre se ha dejado la fregona empapada en el colgador. La señora seca el suelo y dice que no me preocupe, que ella se encarga de todo. Salgo y le cuento a mi madre lo sucedido. Con toda la naturalidad del mundo, me dice que es un fantasma que suele ayudarla en tareas de casa.
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Dos autocares aparcan en la puerta de que fue la casa de mi abuela. Al parecer la han alquilado para pasar el verano. Pregunto a mis tías. No saben nada. Explicamos a los turistas que ya están bajando las maletas, que en la casa no caben todos (son más de cien), pero que podrían repartirse entre la casa de mi abuela y la casa de al lado (una guardería). De repente, cuando los turistas han comenzado a medir el suelo para repartírselo, el conductor dice que se ha equivocado de casa, que la que han alquilado es el nº46, unos 500 metros más abajo. Nos despedimos de los turistas como si fueran nuestros seres más queridos.

zona murcia

viernes, 28 abril 2017. Llego con Sonia y Míchel a un teatro romano que, se supone, es un cine. Nuestras entradas dicen "Zona Murcia". Suponemos que significa que el teatro tiene forma de mapa de España y debemos sentarnos abajo a la derecha. Nos cuesta bajar porque la rampa de piedra resbala. Deciden no caminar más y se sientan en "Zona Canarias". Yo me quedo en un palco de piedra en "Zona Cádiz" con dos tipos malencarados.

Mis padres, se supone, viven cerca del teatro. Voy a verlos. La casa también es de piedra. Desde la calle puedo ver a toda la familia. Discuten mientras ven la tele. Mi madre me ve y sale a saludarme. Te acompaño a la estación, dice. Y después, ¿quién te acompañará a ti? Llevo paraguas, me dice por toda respuesta.

bolas de arena

miércoles, 26 abril 2017. Parece que comparto casa con varios estudiantes. Una casa muy desordenada cerca de la playa. Salimos cargados de libros. Yo he olvidado algo y vuelvo. Por el camino, que es una playa de arena gruesa gris, encuentro monedas y algunas insignias militares. No puedo entretenerme y sigo mi camino. En la casa hay una escalera de caracol muy estrecha que antes no estaba. Busco los libros que me faltan y bajo. Una chica muy parecida a Nuria (una compañera del colegio) huye con un montón de folios que se les van volando. Al salir, la playa está a oscuras y no veo las monedas. Un chico me lanza bolas de arena con odio. Por más que me fijo no lo reconozco ni sé por qué me odia tanto.

santurrón

martes, 25 abril 2017. Estamos de visita en casa de un tipo que, todo el tiempo, insiste en que tiene que hablar conmigo. Lo evito cuanto puedo. Su mujer nos muestra la casa orgullosa. La han puesto en venta. Tiene hasta pasadizo secreto, comenta divertida. Junto a la casa hay una cueva con un santurrón donde unas señoras con batas de flores hace cola. Mucho me temo que el santurrón y el tipo que quiere hablar conmigo sean la misma persona. Quiero irme de allí cuanto antes.

grito

viernes, 21 abril 2017. Mi madre y yo vamos por un camino de tierra. Al fondo se ve un edificio parecido a la fábrica de cemento. No sé si seguimos a una chica o es que lleva nuestro mismo camino. La chica comienza a bajar una escalera metálica, vertical, que hay pegada a una pared. Mi madre se suelta sin querer y cae a toda velocidad. Su grito. Pienso que aplastará a la chica, pero también puede ser que el cuerpo de la chica amortigüe la caída de mi madre.

casa-tubo y pájaros-bola

jueves, 20 abril 2017. Llego a una casa-tubo como si me esperaran. El dueño se parece mucho al escritor Antonio Orejudo. Tengo frío, encojo y agarro las piernas sobre el pecho. Orejudo tiene una infusión para eso, dice, se la acaban de traer de un lugar exótico. Se levanta muy sonriente a buscarla. En ese momento aparecen dos abejorros de colores. Cuando los espanto se convierten en pájaros-bola. Orejudo me da la infusión y les hace un hueco entre las manos. El pájaro-bola macho regurgita una mariposa y se la da a la hembra. ¡Van a ser padres!, decimos muy contentos a la vez.

sopa

miércoles, 19 abril 2017. Como sopa muy despacio en una mesa muy larga. Estoy sola. Le digo a nadie que la rosa mosqueta cierra los poros.

cenizas de chocolate

sábado, 15 abril 2017. Se supone que celebramos el aniversario de mis padres. Aunque estamos los tres solos, mi padre quiere decir unas palabras. Comienza a quejarse de mi madre. Reproches infundados, uno detrás de otro. Mi madre dice que no le afectan, pero se levanta de la mesa y llora. La abrazo. Está tan triste que se convierte en un bote de Nesquik. Salgo a la terraza con el bote abrazado, le digo que no se preocupe por nada. Empiezo a preocuparme por si no vuelve  su estado normal. Abro el bote, meto el dedo mojado para probar si de verdad es Nesquik o la tristeza la ha convertido en cenizas. Me pregunto qué haré con esas cenizas de chocolate si no vuelve a su estado normal. Mientras tanto, a través de las cortinas, veo a mi padre meter todos mis zapatos en bolsas de basura.

cajero y app

jueves, 13 abril 2017. Masip vive en una habitación con moqueta. Donde debería estar la ventana, se transparenta un cajero automático que funciona hacia la calle y hacia dentro. Le da una luz futurista al cuarto. Me gusta mucho, le digo, además, si un día necesitas sacar dinero y está lloviendo, puedes hacerlo sin mojarte los pies. Se ríe. Le pregunto a qué hora sale el último tren. Dice que no me preocupe, que él me llevará a casa. Nos tumbamos sobre la moqueta, pego mi cabeza a su tripa (supongo, por ver ayer los calcos de Pompeya en la tele). Cuéntame cosas, le digo.
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Camilo dice que lo han invitado a Logroño. Tienes que ir, le digo, además de la lectura lo vas a pasar de maravilla. Me cuenta que ha inventado una aplicación para móvil en la que cada amigo acude a tu llamada para una cosa en particular. A mí apúntame para cuando vomites, puedo sostenerte la cabeza, le digo. Dice que es la hora de las ambulancias. Supongo que está cuidado de algún familiar enfermo. Quiere que lo acompañe, pero debemos darnos prisa. Corremos a zancadas enormes. Para entrar en su casa trepamos por una pared roja donde sólo podemos agarrarnos con las puntas de los dedos. 

cura de lana

miércoles, 12 abril 2017. Llego a un explanada donde parece que se celebra un homenaje. Hay lápidas de hierro en el suelo. Parecen registros. Un hombre va nombrándolos uno a uno. Mira el reloj y comienza a correr, a no decir nada, a echar agua bendita sin mirar. El público protesta. Incluso un cura que hay a mi lado dice que eso no tiene perdón de Dios. Me fijo en que sotana y alzacuellos están tejidos en lana. También la cara. Se le ven las costuras. Un matrimonio dice que pronto llegará el bus para devolvernos a la ciudad. Pasa un barco a toda velocidad, cortando el asfalto. El público empieza a mosquearse. Intento hacer chistes. Esto parece el Un dos tres, ¿se acuerdan?, ahora aparecerá una azafata y nos dirán que hemos perdido un barco de recreo, les digo. Todos se ríen. Sigo diciendo tonterías hasta que aparece, por fin, el bus. El bus es vertical. Los asientos, de cuatro en cuatro, repartidos en unos veinte pisos. Sólo tiene dos ruedas. Se tambalea. Todos corren para ser lo primeros. No pienso subirte ahí, le digo al cura de lana. No me contesta, se ha convertido en el muñeco que ya era.
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Un chico muy joven estudia en un bar. Tiene la mesa llena de apuntes. Una chica rubia, de mi edad, intenta ligar con él. El chico me pregunta qué música me gusta. Tom Waits. Te gusta la New Age!, dice enfadadísimo. Pienso que no tiene ni idea de nada, el pobre. La chica dice que no podría vivir sin música. Le digo que si me quedara sorda me daría igual porque prefiero el silencio, pero sí pediría poder escuchar, al menos, una canción de Tom Waits al año. En ese momento pasa una señora con pinta de vigilante y dice que me remeta la camisa por el pantalón. Obedezco. El chico le explica a la chica rubia que las galletas y el desodorante no se guardan en el frigorífico. La chica dice que tiene una cita, le da un beso muy rápido y desaparece. Te espero, le dice el chico con ojos de corderito. Buena te espera, muchacho, pienso.

gabardina

martes, 11 abril 2017. Pablo, un niño pequeño y yo salimos de clase. El niño se queja de que su madre quiere ir en vacaciones a Madrid. Pablo le dice que es mejor no viajar. Intento convencer al niño de que viajar te enseña a comparar y a no creer que lo de un es lo mejor. Yo también voy a Madrid, podemos vernos allí, le digo. Responde que no cree que su madre lo deje salir con una persona mayor. ¿Y te deja llevar esos zapatos? Lleva zapatos de mujer. Dice que se los compró porque era muy feos y así evitó que se los comprara su madre. Caminamos, el niño es ahora una chica con gabardina. Me acompaña a la estación. Le digo que después tendrá que volver sola. No le importa. La abrazo, le beso el cuello. No tengo los billetes, nos colamos en una casa para imprimirlos. La dueña de la casa sale de una habitación, empujo a la chica bajo una mesa para que no la vea.

casi

sábado, 8 abril, 2017. Me encuentro a un niño en la calle. Le pregunto si se ha perdido. Señala a su padre a lo lejos. Cuanto más señala más se aleja. Le digo que no se mueva y corro hacia su padre dando tremendas zancadas. Casi vuelo por las calles, pero nunca llego a alcanzarlo. Me olvido del niño, corro por placer.

inodoros de ascensor

miércoles, 5 abril 2017. Un escritor (que, se supone, es muy famoso) expone sus libros en el portal de la casa de mis padres. Hay poco sitio, se queja el chico que debe venderlos. Le digo que use las cajas como mostrador. En la portada de los libros aparece un elefante muy mal dibujado. Todos tienen que pasar por aquí, así que alguno venderás, le animo. Entro en el ascensor con una chica. El ascensor tiene varias sillas que esconden inodoros bajo los asientos.
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Llego a una plaza soleada. Violeta le hace fotos a chicas que posan leyendo de espaldas a cámara. Ayudo a parar el tráfico para que le sea más fácil.

pereda

martes, 4 abril 2017. Me invitan a leer poemas. En el escenario hay una mesa con un mantón y sillas verdes colocadas como para cantar flamenco. Una señora me dice que se ha animado a tener mail y le abra uno. Su portátil es blanco y se transforma en una folio doblado. Me siento en un lateral, en una especie de pupitre pequeño. Una chica me dice que tengo que leer poemas sobre el tiempo, los pájaros y Pereda. Le pregunto si tienen algún libro mío. No, improvisa. El público comienza a pelear entre ellos. Discuten sobre la fecha en que apareció Internet. Intento hacerlos callar. ¡Internet llegó a mi casa el 13 de abril de 1997!, les grito. Un chico asiente, los demás siguen peleando. Mientras la chica intenta calmarlos, yo intento recordar qué sé de Pereda. Sé que tiene una calle en Málaga cerca de la Heladería Lauri, sé que al final de la calle estaba la Pizzería Paperino que tanto me gustaba. Mientras los veo pelear, pienso que esos datos no vana ser suficientes para entretenerlos una hora. Una señora muy vieja me dice que, cuando termine con el mail de su amiga, le haga la Declaración de la Renta.

peluca

lunes, 3 abril 2017. Pongo la tele y aparezco en una especie de concurso. Yo no tengo tanto pelo, pienso. Parece que llevo peluca. Cuando me preguntan, respondo teatralmente exageradamente lento. Cuando se supone que no me están enfocando, se me ve en segundo plano haciendo el tonto, imitando a Chiquito de la Calzada. ¡Esa no soy yo!, digo enfurecida señalando a la tele. (Siesta).

caja fuerte

domingo, 2 abril 2017. Federico tiene una caja fuerte en un café. Es un café decorado con terciopelos granate y mesas de madera muy oscura. Está sentado delante del retrato que pintó de su familia. Me ve llegar. Se alegra tanto que quiere enseñarme su caja fuerte. Está detrás del cuadro. La abre delante de todo el público. La caja fuerte es una habitación semicircular llena de cuadros. Quiere que entre, que elija un cuadro. Te regalo los que quieras, dice. Prefiero que cierre la caja fuerte antes de que algún listo le robe. Se le ve feliz. Invita a pasar a todos los que están en el café. ¡Cojan lo quieran!, les dice con los brazos abiertos. 

castañas de madera

sábado, 1 abril 2017. Llegamos a un hotel. Me gusta, hay moqueta. Dejamos las cosas sobre la cama. A la vez que voy sacando las cosas de la maleta, las paredes se van abriendo. La habitación es ahora el hall del hotel. Tiene puertas alrededor. Van llegando clientes, pasan tranquilamente entre nuestras cosas como si no nos vieran. Voy abriendo puertas para averiguar cuál será nuestro cuarto de baño. Alberto me pide que busque algo. Le digo que ya lo he buscado mil veces y no está en ninguna maleta. Para demostrárselo, meto la mano en varias bolsas pequeñas y voy sacando puñados de tuercas, castañas de madera, canicas de plomo. Para otra vez traeremos cosas que no pesen, le digo.

De repente estamos en el fondo de un autocar. Una señora insoportable y su hija, cuentan a toda voz que vienen de Nueva York, que han conocido en persona a Mickey Mouse. Nadie les hace caso. Me mira insistentemente. Me pregunta qué se puede visitar en España. Todo, le digo. ¿Tarragona también merece la pena? Menos Lérida y Badajoz, todo.

atila

jueves, 30 marzo 2017. Parecen unos grandes almacenes muy desordenados. Las prendas se amontonan en forma de laberinto. Una señora enorme se abre paso. Deja un hueco entre los setos de ropa. Me recuerda a los dibujos animados que huyen dejando su silueta en una pared. Me río. Aprovecho para ir tras sus pasos. La señora se vuelve. Disimulo mirando unas prendas mientras ella me mira insistentemente. Pienso en Atila. Vuelvo a reírme. Logro salir del caos, busco a Alberto. Pasillos estrechos muy blancos. Nada ni nadie. A lo lejos, veo su silueta a través de un cristal translúcido. Cuando estoy más cerca veo que la silueta fuma. No es él, pienso. Miro los pasillos, todos son iguales, no sé por dónde vine, no sé por dónde volver.

fideos y gominolas

martes, 28 marzo 2017. Cumpián y yo subimos el Compás de la Victoria. Unas niñas van y vienen dando saltos. Están contentas porque van a la playa. La playa es una charca artificial que han puesto en la explanada delante de la iglesia. Cumpián dice que me quede a comer, pero tengo que ir a ver a mis padres. Ten, llévales sopa, dice. Me da un plato hondo de sopa hasta los borden. Los fideos son espaguetis larguísimos que rebosan y llegan hasta el suelo. Bajo la rampa con mucho cuidado. Pienso que debería haberme quedado aunque sólo fuera para que las piernas se me pusieran morenas.
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George Clooney y Jessica Lange entran en una sala muy blanca. Una monja, con hábito blanco por la rodilla, me señala y me indica que me levante. Se supone que van a hacer una demostración de cómo rehabilitar un brazo con tendinitis. Lange se pone detrás de mí, pega su cuerpo al mío, Clooney se pega a Lange. Ponen sus brazos debajo de mi brazo izquierdo y comienzan a hacer ejercicios. El brazo me duele muchísimo. Lange se queja. ¿Yo qué pinto aquí?, pregunta en un perfecto español. Cuando hemos terminado, nos hacen pasar a otra habitación muy blanca con mesas de guardería. En una hay tres cuencos de lo que parece nata montada con gominolas. ¡Comed!, dice la monja dando una palmada.

libros de madera

domingo, 26 marzo 2017. Llego tarde al colegio. Alguien me entretiene justo antes de subir el último tramo de escalera. Llevo libros de madera que pesan muchísimo. Una monja avisa que va a cerrar. Al ver que empiezo a subir con dificultad, cierra la puerta. Qué hija de puta la monja, digo entre dientes. Una chica que me ha oído dice que podemos entrar por debajo. Hay unas láminas de plástico que tapan una gatera. Entramos. Busco mi clase, pero todas las clases están en obras. Oigo de fondo a un grupo de niñas rezando.

after eight

sábado, 25 marzo 2017. Voy a visitar a Federico, está en la cama, parece enfermo. Al parecer, le han puesto un aparato para corregir los dientes y está muy débil porque no puede comer nada. Le doy láminas de chocolatinas. Se las meto suavemente en la boca como si echara cartas a un buzón.

doctor cenicienta

jueves, 23 marzo 2017. Llego a un mostrador. Se supone que es una consulta autoservicio. Parece que estemos pasando la ITV. Una chica sale y me toma la tensión. ¡90-66!, dice muy sorprendida. ¿Quieres decir 9.0-6.6? Sí, ¡está altísima! ahora misma le asigno un especialista, dice. Pienso que es muy baja, pero no digo nada. Sale un chico muy parecido a Eduardo Laporte, pienso que es él, pero tampoco digo nada. Me da un paquete con ropa. Es ropa técnica, dice. Debo llevarla durante 72 horas. ¿Cuándo empiezo? Póntela ahora mismo, ahí (señala un rincón del suelo), que no te dé vergüenza. Le digo que prefiero ir al servicio. Suena un timbre y desaparece sin decir nada. Aparece otro chico, me acompaña al servicio de caballeros. De repente estamos en un mercadillo. El chico extiende mi ropa sobre el suelo. Como ves, la puedes combinar. Una chica coge varias de mis prendas y corre a ponérselas. Cada vez entiendo menos. Mientras pienso qué me pongo se ha hecho de noche. El falso Laporte aparece en albornoz, con una toalla liada en la cabeza. Me saluda. ¿Qué tal te ha ido?, pregunta. Bien, he conocido al auténtico Doctor Cenicienta, le digo. Se ríe. Me sorprende que pille la broma. Mira cómo voy vestida (todavía no me he puesto la ropa técnica) y mueve la cabeza a modo de reprimenda

pan de oro

miércoles, 22 marzo 2017. Tengo mucha prisa. Bajo por una escalera mecánica muy lenta atestada de gente. Delante de mí, una señora dice que no puede más y se sienta. Pienso que cuando lleguemos abajo quedará atrapada. La ayudo a levantarse. Me cuenta su vida. Me da pena decirle que llego tarde. De repente, voy en autobús por una carretera de tierra. A los lados, campo. Hay una flota de coches aparcados por orden cronológico junto a la carretera. Un chico le explica a su novia que eso se llama flota. Ella lo mira embelesada. El autobús se para. Tengo un examen y llego tarde. Me bajo y corro hasta llegar a la plaza de los monos. Corro calle Victoria abajo. Alguien me da unos folios enormes y me dice que me dé prisa. Cuando llego, el edificio por dentro es una plaza de toros. Entre los folios que me dieron hay un cheque que debo canjear. Veo a Eski en uno de los mostradores, me acerco, me mira con cara de pánico. Me dice, con gestos, que no lo meta en líos. Pregunto a una chica dónde debo pagar las tasas, que tengo mucha prisa. Hace cuentas y cambia el cheque por pan de oro. Cuarta planta, date prisa, dice. Intento subir por una pared, pero me resbalo. Subo por una escalera muy estrecha y muy historiada. El edificio se ha vuelto versallesco, de repente. El hilo musical canta algo sobre la planta en la que estoy, aunque no estoy segura de que tenga que ver ni de si ese es el camino correcto. Empiezo a pensar que me he perdido. Parece un hotel con miles de habitaciones, como cuando pones dos espejos enfrentados. A la derecha veo una habitación dorada, una cola. Pregunto si hay que coger número. Es de dos en dos, me dicen dos señoras agarrándose muy fuerte del brazo.

córner

domingo, 19 marzo 2017. Estoy sola en una enorme grada de un campo de fútbol. Estoy demasiado arriba para ver qué equipos juegan, pero en el sueño consta que es un partido fundamental para el Málaga. Sólo queda un saque de esquina decisivo. Las gradas están vacías porque todo el público, los árbitros y hasta el otro equipo al completo están detrás y dentro de la portería. Supongo que es para ayudar a parar el balón. No entiendo cómo eso puede ser legal. Tampoco entiendo que el córner se saque desde el campo contrario. Justo cuando se va chutar el balón, alguien me da un paraguas abierto y me dice que es hora de volver a casa.

De repente estoy delante de la casa de mis padres. El paraguas abierto aunque no parece que llueva. El edificio parece un barco fantasma. Le cuelgan jirones de plástico y en el centro han formado un jardín vertical. El portal está muy oscuro, no me atrevo a subir al ascensor porque sospecho que alguien lo ha manipulado. En el portal hay varias personas con paraguas hablando. Pero sólo hablan cuando las miro. Cuando creen que no las miro se quedan muy quietas mirándome a mí.

cumpián vs king kong

jueves, 16 marzo 2017. Paco Cumpián organiza una fiesta de noche vieja. Dice que no puedo perdérmela. A la vez, los amigos de toda la vida, me dicen que para esa noche han organizado una fiesta que consistirá en ir a ver un partido del Málaga en una cancha de baloncesto, que es la primera vez que se hace y que no podemos perdérnosla. Le pregunto a Alberto qué prefiere. Alberto, por toda respuesta, silba. De repente me veo en una cancha adornada con espumillón de colores. Los dos equipos están formados por gorilas. Me extraña que no lleven equipación que los identifique: todos juegan contra todos. Una cría de gorila le pasa el balón al que se supone es su padre. Su padre encesta sin dificultad porque mide 4 ó 5 metros. Toda la grada, ataviada con gorritos y matasuegras, grita: ¡King Kong gana!

de corcho

miércoles, 15 marzo 2017. Todos llevan vasos de tubo con bebidas refrescantes. Todos llevan cubitos de hielo en sus vasos. Miro el mío. Mis cubitos son de corcho.

calle de velcro

martes, 14 marzo 2017. Estoy en una especie de retiro. Hay ancianos y familias. Una pareja me cuenta sus problemas con un albañil. Su hijo dibuja de maravilla. Lo que dibuja ocurre. El niño dibuja una casa voladora y la habitación donde estamos empieza a elevarse. Caemos en una playa donde hay unos bolos gigantes de madera. Miro el paisaje. No hay casi nadie. Me gustaría saber que no hay nadie más en el mundo, una sola luz a lo lejos me crea ansiedad, les digo. No me hacen caso. Volvemos a la residencia. Me pongo las Martens e intento bajar por una cascada. Las suelas se me han despegado. Corro hacia casa para cambiarme de zapatos, pero no reconozco las calles. Una de las calles es una cuesta completamente vertical negra. Deseo que el asfalto sea Velcro y así sucede. Me tumbo y dejo que la gravedad me deslice suavemente. De ahí paso a una sala de espera donde unas personas están viendo la tele. Alberto está al fondo. Le cuento que he reservado dos noches en esa residencia (como si él supiera cuál es, como si yo fuera habitualmente) y ahora me arrepiento. Dice que me vendrá bien estar sola, pero que podía haber elegido un sitio mejor. Decido que volveré para decirles que no me quedo dos noches porque no quiero dejar solo a Alberto. Llaman a la puerta, nadie se mueve. La puerta es de cristal esmerilado color ámbar. No sé ve a nadie. Abro, no hay nadie. Al cerrar, veo pasar una figura de hombre enorme que se va gritando: ¡Me las vais a pagar!

la fiesta de las fotos

lunes, 13 marzo 2017. Alberto y yo entramos en un bar. Le voy contando algo. Junto a la entrada, Francis está contándole a un grupo de amigos lo mismo que yo venía contándole a Alberto. Francis y yo nos miramos y nos reímos. Alguien dice que nos hagamos una foto de grupo. Hay una grada con butacas de cine. No quedan asientos libres. Allí están todos los amigos que he tenido desde niña. Carlos proyecta fotos antiguas en blanco y negro, se nos ve a todos muy jóvenes. Intento encontrar un asiento libre. Entran Juan Francisco y Adriana. No sé cuándo pueden haberse conocido. Me alegro muchísimo de verlo, lo abrazo. Lleva un abrigo camel de otra época. Dice que pensaba que no llegaba a tiempo. Le digo que me ayude a encontrar a Begoña. Nada. Mientras salimos del bar, decido que no voy a decirle que lleva muerto casi un año.

calcio

domingo, 5 marzo 2017. Tomo apuntes de un programa de radio que emiten por la tele. Hablan de que han descubierto que las primeras notas de los primeros movimientos de algunas sinfonías hacen que se fije el calcio. De repente estoy en la calle. Un coche se para. Una chica me hace señas, quiere que me acerque. Es Graciela. Subo al coche, me presenta a su novio que va al volante. Le doy un beso desde el asiento de atrás. Dicen que pueden acercarme al cementerio. Llegamos, pero es un teatro con una escalinata dorada por donde baja el público. Una señora nos dice que los músicos han estado maravillosos y se despide de nosotras. Se supone que es la madre de Graciela, aunque tiene la cara de mi madre. Al bajar dos escalones más, cae. Corremos hacia ella. Le retiro un pañuelo de flores que le tapa la cara y le digo que respire hondo. La cara se le pone completamente negra. No se le ven los ojos ni la boca. Pienso en aquello de que la música fija el calcio. No puedo dejar de pensar en otra cosa. 

la fiesta del martillo

jueves, 2 marzo 2017. Camino por la calle con Carmen y Enrique. Veo a Alberto, Marcos y a una de sus hermanas desguazando un coche a la puerta de una casa con jardín. Ese es Marcos, le digo a Enrique. Marcos, acabamos de estar con Ferran, le digo desde la acera de enfrente. Marcos se da la vuelta, se pone nervioso y comienza a tartamudear. En el jardín de a casa están cavando varias personas, entre ellas Juano, que me mira muy serio. Un niño, con la cara pintada de negro y rastas falsas, se excusa por algo. Eres Nico, ¿verdad? ¿Cómo sabes mi nombre?, ¿te ha hablado de mí?, pregunta (se refiere a su tío Juano). Claro, él te adora desde que naciste. Intento recordar qué día nació. ¿Eres Patricia? No. ¿Eres Ana? No. El niño se da cuenta de que su tío no le ha hablado nunca de mí, y se va cabizbajo. Noto que Juano me mira con mucho rencor y me desmayo a cámara lenta. Caigo sobre el asfalto, deseo que pase un coche en ese momento y nadie me socorra. Cuando despierto, estoy dentro de casa. Veo que unos siguen cavando el jardín. Carmen me acompaña fuera, dice que me mandará los datos para que nos veamos en Croacia, que podremos pasar el día entero en el agua. Nos despedimos. Carmen dice que tengo que animarme. Enrique dice que no me desmaye más y me chupa la nariz. Les digo que ellos no saben nada de nada. Entro en una casa vacía. Se oyen martillazos a lo lejos. La fiesta del martillo, pienso. Unos gamberros entran por el sótano para darme un susto. Salgo antes que ellos, veo el monopatín de Alejandro, me subo y huyo a toda velocidad. La carretera se convierte en una azotea, no sé cómo frenar pero lo consigo justo al llegar al borde. En una azotea más baja, veo que están entrevistando a Jonás. Bajo a casa. Hay una maceta sobre la cama, tiene una rama rota. Hundo la rama en la tierra, para que no se muera. Separo la cama de la pared, como si la cama se partiera en dos y se convirtiera en un escritorio. Levanto la almohada, que en realidad es un ordenador. Quiero escribir todo lo que he soñado.

reciclaje

martes, 28 febrero 2017. Intento bajar por una escalera cubierta con distintas bolsas de reciclaje. Pienso en lo meticulosos que han sido para un cosa y lo poco para otra. Por ejemplo, hay bolsas sólo para casquillos de bombillas, otra sólo para esa argolla que queda en las botellas cuando se le quita el tapón, otra para cables, etc. Sin embargo no han dejado ni un centímetro libre para poder bajar. Voy pisando peladuras de patatas, bolsos viejos, llaves usadas. Al llegar abajo, hay un cajón con monederos y guantes exquisitamente ordenados por colores. Una chica me los muestra orgullosa.

uniforme gris

domingo, 26 febrero 2017. Un niña en uniforme, del que era mi colegio, corre hacia una escalera mecánica que baja. Aún así intenta subir. La falda del uniforme se le enreda entre los escalones y cae. Los escalones la aplastan hasta convertirla en una lagartija. Al intentan sacarla, la parto por la mitad. Aun así, intento hacerle masajes cardíacos. Llega una ambulancia. Me dicen que no hay nada qué hacer. Les digo que lo intenten de todos modos, que hay que salvarla como sea. Un médico le inyecta un líquido fluorescente que lleva en una jeringa enorme.

sueño con serpientes

sábado, 25 febrero 2017. En el pasillo de la terraza de la casa de mis padres hay un cubo con agua. Se supone que debo llenar algunas botellas con él. Cuando al cubo le queda sólo el fondo, descubro que está lleno de serpientes ahogadas.

cena sin vino

jueves, 23 febrero 2017. Una pareja nos ha invitado a cenar. Vamos con Sonia y Míchel. La mesa es muy pequeña para seis personas. Tampoco hay sillas suficientes. Cojo un taburete de plástico que parece de juguete. La mujer saca platos y cubiertos y los deja desordenados sobre la mesa. No pone vasos. Pienso que a Alberto le va a sentar mal que no haya agua ni vino. Mientras la mujer va y vine de la cocina, el hombre se quita las gafas. Debajo no hay ojos. as limpia con el mantel, se las vuelve a poner y los ojos aparecen. De repente veo a una niña muy pequeña en el sofá, mimetizada entre cojines. La niña es rubia, casi albina, con los ojos azules. La pareja es de pelo y ojos muy oscuros. Como si pudieran leerme el pensamiento, me dicen por señas que es adoptada. La niña habla a gritos. Hago como le bajara el volumen con un mando, y la niña comienza a susurrar. Miro a sus padres sorprendida. Es adoptada y superdotada, dicen a la vez.

modelo

martes, 21 febrero 2017. Se supone que acabamos de bajar del avión y buscamos una terraza para desayunar. Voy con un grupo de chicas que trabajan como modelos. La calle de los bares está llena de terrazas y todas las mesas ocupadas. Nos dividimos en dos grupos. Entramos en un edificio antiguo. Aglomeración. Nos dejan una habitación para cambiarnos. Les quitan las puertas para vernos desnudas. Protestamos. Nada. Me dan un traje de fiesta con un escote enorme, me rizan el pelo, me maquillan. Me veo desde arriba bailar un tango con una chica rubia. Desde donde me veo pienso que se me nota que no soy modelo. De repente todo es blanco, moderno. Unos chicos le roban la llave de su habitación a una compañera. Se la reclamo.

ley de la levedad

lunes, 20 febrero 2017. Voy con mi madre por calle Larios. Lleva un vestido camisero hasta el suelo. Me dice que quizá se haya arreglado demasiado. Le digo que para una vez que sale, está bien que se arregle. Buscamos una joyería, quiero comprar una alianza de plata para grabarle "ley de la levedad" (título de un poema de Antonio). Entramos en una tienda elegante de puertas automáticas. Nos reciben varias chicas uniformadas, pero, al pasar la segunda puerta, se convierte en un almacén de todo a cien. Me fijo en unos sacos térmicos con forma de personajes de dibujos animados. Ya sé lo que quiero para Reyes, le digo a mi madre. Mi madre está indignada y se va. Yo me quedo mirando utensilios de viaje para avión, entre los que hay navajas y cuchillas. Un letrero en chino (que leo perfectamente) dice: "Aptos para cabina." Miro unos tarritos de cristal con lápices y tizas dentro. Pienso en que cuando tenga una casa para mí sola pintaré una pared de negro para que haga de pizarra. La imagen de mí, sentada sola sobre una alfombra pintando en la pared me da muchísima pena e intento encontrar la salida.

alcantarilla

jueves, 16 febrero 2017. El actor Neil Flynn tiene un bar. Lo veo cansado. Ayudo a recoger platos y fregar. Me da la gracias. Le digo que es mi último día, que se acabaron las vacaciones y vuelvo a casa. Todo se acaba, dice en un español perfecto.
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Tengo que salir y veo por la ventana de la cocina que ha empezado a llover. Me pongo mallas y botas de agua. Una vecina entra mientras me estoy cambiando. Hay vecinos por toda la casa. Mi padre dice a gritos: ¡El mafioso de abajo ha venido a despedirse!
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Hay un patio con gente castigada. El castigo consiste en que están bajo tierra y sólo les sobresale la cabeza de una especie de alcantarilla con agujero y candado. El castigo se remata contando chistes por unos altavoces. Ellos deben evitar reír. Veo que queda un agujero libre. Se supone que es el que me ha tocado. Le digo a alguien, quizá un carcelero, que debo ir a la óptica porque las patillas de mis gafas están dobladas.
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Estoy en el centro de una habitación sin techo. En el suelo hay dibujos geométricos. Doy una vuelta y compruebo que la circunferencia está mal dibujada. Sobre una pared hay una cortina muy fina. Me escondo detrás. Puedo ver a través de ella sin que me vean. Aparece un hombre con un perro y tres perritas. Habla con alguien. Le cuenta que las tres perritas son las putas del perro. Los suelta de las correas. Temo que me huelan y se acerquen, pero no lo hacen. El perro persigue a las tres perritas sin salirse de la circunferencia del suelo.

gafas, vestido acartonado y cencerrada

miércoles, 15 febrero 2017. Voy a recoger unas gafas. me dicen que estarán listas la próxima semana. Al darme la vuelta para marcharme, me dicen que ya están listas. Me cobran 100 euros menos que el precio convenido. No veo nada con ellas.
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Encuentro una caja con unas medias y un vestido camisero que, se supone, fueron de mi madre. Como es demasiado corto, me lo pongo sobre el vestido que ya llevo puesto. La tela está acartonada y para que me cierren los botones debo ponerme un sujetador muy apretado tipo años 50. Las medias están pasadas y se rompen. Un chico, mitad Elías, mitad Manuel, me dice que me dé prisa porque no llegamos a la cencerrada. Señala a lo lejos. Se ven luces rojas, blancas y verdes cubriendo un monte. Le digo que vaya solo, que yo lo espero en el hotel.

futuro

martes, 14 febrero 2017. Salgo de una casa que se parece a la casa de Nuria (una compañera del colegio). La casa está en alto. Tengo prisa por irme de allí. Un tipo me dice que tengo que pagar para irme. Le doy a dos niñas en prenda, me hago una bola y ruedo calle abajo. Al parecer tengo un examen y llego tarde. Laura, la hija del escritor Chivite sale de un bar con un perrito caliente de un metro. Quiere que me siente con ella y dos amigas. El bar es un caos. La dueña nos trae chupitos de gelatina y comida con muy mala pinta. Aparece Javi. Está delgadísimo. Me alegro mucho al verle, lo abrazo. Le pregunto la hora y decido sentarme porque ya no llego al examen. De repente estoy limpiando cacharros de cobre en un primer piso. Por la ventana veo el caos. Unos comen mientras caminan, otros orinan entre dos coches, un tipo baja de su coche y se cepilla los dientes, escupe al asfalto. Dos niños juegan sobre la uralita de un añadido a una tienda. Esa niña se va a caer, pienso, y la uralita entera cae. Los niños se levantan como si nada. Pienso que todo va a peor, que cuando sea vieja el mundo será aún peor. Pienso que quizá debería meter todo lo necesario en una casa alejada del mundo, para no tener que salir nunca. También pienso que quizá sea bueno morirse pronto para no tener que pasar por un futuro tan horrible.

café egipcio

lunes, 13 febrero 2017. Alguien me dice que prepare café. Hay una lata sobre la mesa. La abro. Hay grumos de café que deshago con una cucharilla. ¿Seguro que esto es café?, pregunto. Es café egipcio, dice alguien. Preparo café sin rechistar, aunque ese café parezca heces secas de algún animal. 

procesión pagana

jueves, 9 febrero 2017. Terrazas de bares llenas de gente que cena. Intento sentarme en mi mesa pero alguien ya se ha sentado. Pierdo cosas pequeñas que se me caen del bolsillo. Me siento en la mesa de los niños, sólo está mi prima Cristina. Pongo mis platos con comida a su lado. Voy a buscar cubiertos. Cuando vuelvo todas las mesas están llenas de niños y mis platos han desaparecido. Le echo una bronca a gritos. En las mesas de la calle sólo quedan restos. Un chico me lleva a ver un patio de luces desde lo alto de un edificio. Cada uno está pintado de un color. En las calles hay fiesta. Parece una procesión pagana. No sé en qué ciudad estoy.

más caos

domingo, 5 febrero 2017. Todo está desordenado. Hay un pupitre igual al que yo tenía en mi cuarto. debo ordenar papeles mientras alguien abre y cierra una ventana. Los papeles vuelan. Sensación de haber vivido eso antes. Luz de bombillas a pesar de entrar luz por la ventana.

ascensor

domingo, 29 enero 2017. Alberto y yo entramos en el ascensor de la casa de mis padres. Se para, pulsamos el botón de emergencias. Nada. Me fijo en que la cabina no tiene techo. Salgo trepando y pido ayuda, pero nadie parece verme. Un tipo me persigue. Me escondo en el dormitorio de la antigua casa de mis padres, pero me encuentra de todos modos. Tienes hijos, le digo para que me deje en paz. Él esconde a su hija pequeña bajo la cama como si fuera unas zapatillas, y viene a por mí.

gatos enormes

sábado, 28 enero 2017. Parece que estoy en el sur de Portugal. Camino por calles con mucha luz donde todas las caras me recuerdan a alguien. Veo a algunos de mis amigos en un autobús, me saludan. Entro. De los espacios para las maletas que hay sobre los asientos, caen gatos enormes.

castañas

jueves, 26 enero 2917. La familia del escritor Chivite vive en la casa que fue de mi bisabuela, en Estepona. La han decorado a su modo, casi parece una casa del norte, a pesar de las paredes encaladas y las rejas de hierro hasta el suelo de las ventanas. A la hija mayor le han dado un premio y la persiguen periodistas. Envían incluso bandas armadas a la puerta de la casa para obligarla a que conceda entrevistas. En la cocina hay botes de castañas. Cada vez que paso por la cocina, quieren que me coma una. Chivite llega del trabajo, dice que unos niños le han disparado pintura. Lleva perilla de chivo, se parce a Trostky.

seto

sábado, 21 enero 2017. Paso por delante de la terraza de un bar. Veo llegar a la chica que aparca coches en mi calle. Va muy maquillada, con la melena suelta y el pelo lleno de margaritas pequeñas. Me viene a la cabeza la palabra seto. Su pelo parece un seto, digo entre dientes. Parece que me ha oído y me sonríe desde lejos. Señala un desayuno en la carta y comienzan a traerle platos y platos. Me alegra mucho verla allí, disfrutando de la comida. Cuando quiero acercarme para saludarla, noto que estoy en otro plano, que la miro desde otro plano., como si hubiera un cristal invisible que no me dejara acercarme a ella.

mudanza

viernes, 20 enero 2017. Se supone que Daniel yo hemos terminado los estudios y lo estamos celebrando con otros compañeros en un hotel. Una pareja nos dice que debemos vaciar nuestro cuarto. Nuestro cuarto es en realidad un piso muy pequeño con poca luz que parece que se cae a trozos. Cuando voy a coger mis libros, la chica de la pareja entra y dice que son suyos. Me da a cambio un montón de cintas de casete sin caja. No sé cómo la convenzo de poder llevarme al menos las fotos enmarcadas de mis escritores favoritos. Lo metemos todo en un coche que no sé de dónde ha salido. El chico de la pareja me dice que no me fíe de su novia, que el coche, en realidad, irá en un trailer con otros coches y es posible que pierda todo lo que meta en él.

salvajes

miércoles, 18 enero 2017. Camino Fuente Olletas abajo. En la acera de enfrente pelean unos niños. Pienso que juegan, pero uno llora desconsoladamente. No puedo cruzar porque pasan coches a toda velocidad, les grito, les digo que lo dejen en paz, que son unos salvajes. Uno de ellos se encara contra mí, pero tampoco cruza. No comprendo como no se para nadie a ayudar al niño que está en el suelo.

troglodita

lunes, 16 enero 2017. Carmen, Enrique y yo estamos en la terraza de un bar. Le contamos a una chica lo bien que lo pasamos en su boda. Le explicamos quién es Makoki, pero parece que no nos cree. Comienzan a pasar coches de policía y casi atropellan a una niña. Intento distraerla cantándole canciones de los payasos de la tele con las letras cambiadas para que no pierda atención. Carmen dice que ha conocido a un poeta que se llama de apellido Aire de Logroño. Mientras hablan relleno saquitos térmicos con trigo. Aparece mi sobrino Diego y me pide que le haga un disfraz de Troglodita.

delantal

viernes, 13 enero 2017. Voy con una chica. Me dice que está buscando piso. Casualmente mi amigo Juan alquila una habitación, le digo. La habitación resulta ser un loft enorme que ocupa toda la planta baja de un edificio años 50. Incluye una cafetería abierta al público. Juan nos recibe con un delantal negro que le llega casi a los pies. No pregunta qué queremos tomar. La chica pide algo, y Juan le dice algo sobre no tener muelas. Se ríen. Juan se pone el abrigo sin quitarse el delantal y se va. Me despierto con un dolor de muelas enorme.

macarrones del fin del mundo

jueves, 12 enero 2017. Al parecer el fin del mundo estaba muy cerca y a todo el mundo le había dado por celebrarlo comiendo macarrones. Cuando llegaba a por mi plato ya no quedaban. Me decían que mirara en  cocina a ver si quedaba otra cosa. La cocina era una calle con gente en las aceras comiendo macarrones. Un chico con dos niños pequeños, me decía que había inventado una silla que viajaba en el tiempo. Lo había hecho por los niños, recalcaba. La silla no era más que una trona con correas. Por más que miraba la silla, no entendía cómo podíamos sentarlos los cuatro. Mientras tanto, unos camiones militares empezaban a llegar para matarnos a todos.

congelados

miércoles, 11 enero 2017. Al entrar en un supermercado me doy cuenta de que llevo una bolsa con compra de otro supermercado. Le digo a una chica que me cierre la bolsa para poder entrar si que al salir me la revisen. No quiere hacerlo y me manda a otra chica que está en los congelados. Al llegar a los congelados, la bolsa que llevaba se ha convertido en un paquete cuadrado del tamaño de un ladrillo. La chica de los congelados me pregunta si tiene que congelarme algo. No sé qué decir. No le respondo y sigo mi camino con el paquete cerrado en la mano. Mientras camino por los pasillos del supermercado, noto que el paquete está cada vez más frío. Se convierte en un bloque de hielo. Me despierto con un dolor enorme de manos.

células muertas

lunes, 9 enero 2017. Recorto anuncios de cremas hidratantes de una revista. Un niño, al que no le veo la cara, me pregunta hasta cuándo se reproducen las células. Le digo que no lo sé, que supongo que hasta los 50 años ya que el hombre vive más o menos 100. ¿Sólo?, dice el niño asombradísimo. Bueno, a lo mejor tú vives muchos más. Al darle un beso en el pelo, me extraña que no huela a nada.

cama pita

sábado, 7 enero 2017. Cuido de una serie de ancianos. Es la hora de dormir y aparecen unos panes tipo pita en el suelo. Cada anciano duerme en uno. Sólo tengo que cerrar los panes para que no cojan frío por la noche. Aparece mi madre. Intento que se quite el maquillaje antes de meterse en su cama pita. Después de un buen rato cede a que le limpie la mitad de la cara. Le pongo una loción verde y le borro la mitad de abajo. Los ojos no me los toques, que si pasa algo durante la noche quiero estar guapa, dice.

cajas

lunes, 2 enero 2017. Hay varias niñas pequeñas y un bebé. Juegan con joyas y bisutería de plástico. El padre de una de las niñas es el escritor Chivite. Se supone que viene a recogerla. Me mira dándome a entender que está todo muy revuelto. Intento que las niñas se organicen y metan las joyas en diferentes cajas, separando las buenas de las de plástico. El anillo más antiguo está roto. No sé dónde debería ir, así que pongo otra caja para las joyas rotas.

grito

domingo, 1 enero 2017. Estoy en la casa de mi abuela. Todos discuten con todos por algo que he dicho. Sr. Chinarro aparece de repente y grita: ¡Ella tiene razón! Salimos hacia el jardín. Una vez en la calle, nos miramos como diciendo: ¿Y ahora qué?