clases de dibujo

lunes, 13 julio 2009. Llego tarde a clase. El edificio está vacío, ni siquiera tiene paredes, sólo columnas y una puerta que da a una clase ruidosa. Entro. La profesora me dice que me vaya, que ya son demasiados días llegando tarde. Intento explicarle que tengo que hacer mil cosas antes de salir de casa y busco en el bolso mi cuaderno de dibujo para demostrarle que he terminado todos los trabajos, pero el cuaderno no está. Me dice que deje de hacer el tonto, me siente y dibuje. Busco cuadernos limpios donde dibujar, pero todos los que encuentro están pintarrajeados.

los 80

domingo, 12 julio, 2009. Alberto y yo caminamos muy juntos por la calle. En una fachada anuncian telas estampadas. Una de ellas me recuerda a una falda tipo pareo que tuve en los 80. Cuando miro nuestras sombras en la acera me fijo en que llevo el pelo cardado a lo Robert Smith.
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Me paso un rato intercambiando monedas con el cajero de un supermercado. Le digo que elija él las monedas que va a cobrarme porque no veo bien con las gafas nuevas, pero en realidad es porque se me ha olvidado sumar y restar.

tren y postres

sábado, 11 julio 2009. He quedado con María Eloy-García en la desaparecida librería Denis. Ella y Rocío, están sentadas junto al mostrador. María dice que tiene una sorpresa para mí. En el callejón de atrás hay un tren de juguete. Montamos. El tren nos lleva por calles que nunca había visto, calles con tiendas antiguas especializadas. Hay calles en las que sólo venden botones, otras donde sólo venden gomas de borrar. Le pregunto a María por el nombre de las calles para poder llevar a Alberto otro día. María dice que por esas calles sólo se puede ir en ese tren porque son calles muy peligrosas, dice que hay que tener cuidado con el conductor, porque puede salir y atracarnos en cualquier momento. El tren para en un descampado. Es un descampado sin salida, dice Rocío asustada. Estamos preparadas para defendernos. De la cabeza de tren sale una niña muy pequeña. Se quita la gorra de conductor, ni siquiera nos mira. Sólo dice: Mi trabajo por hoy ha terminado.
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Marina, una amiga de la familia, ha preparado la cena. Nos reúne en el comedor de la casa de mi abuela. Dice que sólo cenaremos postre y que esos postres hay que comerlos con las manos. Pone en el centro de la mesa dos fuentes enormes y mi familia se sirve como puede.

lectura

viernes, 10 julio 2009. Observo una lectura desde la puerta de un salón de actos. Una chica, que parece Begoña Abad, lee poemas. Cuando termina me señala. Los poemas eran suyos, dice. El público mira hacia la puerta. Yo salgo corriendo.

puertas

jueves, 9 julio 2009. Una niña me pide que la ayude a encontrar una bolsa. No me dice más. Vamos abriendo las puertas de una casa. Detrás de las puertas hay de todo, habitaciones vacías, campo, gente durmiendo. En una está mi amigo Emilio en la cama. Le pregunto si ha visto una bolsa de plástico. Dice que lo deje dormir porque ha quedado con Francis, muy temprano, para ir a pescar. En la siguiente puerta está Francis pescando con su hijo. En la última, oscura y sin ventanas, hay una bolsa de plástico. Se la doy a la niña. La mía tenía dentro zapatos y esta sólo tiene pañales, dice decepcionada.

palomitas

miércoles, 8 julio 2009. Alberto cena en el hall de un cine. Me acerco al hombre que vende palomitas, me cuenta que van a cerrar, que no sabe de qué va a vivir porque lleva 30 años haciendo lo mismo y no sabe hacer otra cosa. Sólo sé hacer palomitas, dice. Y me ofrece un vaso con jarabe y palomitas flotando en la superficie. Me da mucho asco, pero me como algunas para no despreciárselas. Cuando vuelvo a la mesa, Alberto no está. Voy a la barra a pagar la cuenta. La camarera me pregunta por un reloj. ¿Dónde te has comprado el reloj que llevabas el otro día?, dice. No sé de qué me habla, le digo que jamás uso reloj. Como insiste, le digo que lo compré en un kiosco, que era de plástico. Cuando vuelvo a la mesa, Alberto está cenando otra vez. Dice que olvidó que ya había cenado y ha vuelto a pedir comida. La camarera lo oye, le quita el plato y lo tira a la basura. Busco al hombre de las palomitas para despedirme, pero me dicen que ha muerto.

el hombre de las libretas

lunes, 6 julio 2009. Al pasar entre el mar y el muro de los astilleros Nereo, veo junto a la puerta un montón de cajas con libretas. En cada libreta hay escritas un montón de listas. Listas de cosas importantes, como nombres de gente que debe morir, y listas insignificantes, como listas de a compra. Una de las libretas es más grande, parece un diario, y cuenta la vida del dueño de todas esas libretas. Al parecer fue estudio de psiquiatras, cuenta cuánto sufrió por su obsesión y por las pruebas a las que lo sometieron. Quiero llevarme todas las cajas a casa para que no se las lleve el mar, ya que entre el mar y el muro no hay más que un metro. Un hombre sentado en las rocas me observa y, como si leyera mis pensamientos, dice: La marea acabará con todo. En ese momento me doy cuenta de que empuja hacia el agua un brazo que sale entre las rocas. Lo empuja varias veces indiferente a mi cara de horror. Pienso que ha matado al dueño de las libretas y lo oculta entre las rocas. Otra vez, como si me leyera el pensamiento, dice: Nadie iba a creerte.
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Subo con Juano hacia la iglesia de la Victoria, hay cuerdas de una acera a otra de donde cuelgan moluscos. Juano agarra unos cuantos y se los come. Le digo que los moluscos me dan asco, pero que él coma tranquilo. Han llenado la plaza de buganvillas fucsias, el suelo y las escaleras. El viento las mueve de un lado a otro. Menudo espectáculo, pienso. Corro detrás de ellas tratando de fotografiarlas. De repente recuerdo que tenía un examen y que llego tarde. Corro hacia el colegio, que queda cerca, pero a mitad de camino oigo decir que son las seis. Me doy media vuelta. La gente camina por la acera hacia la iglesia, yo camino por el filo de un muro encalado. No sé bajar de allí, pienso que si salto me partiré las piernas. Pienso que alguien me ayudará, pero por más que les hago señas no me hacen caso. Otra vez estoy en modo invisible, pienso. A lo lejos veo la espalda de Ana Artacho, una compañera de 8º EGB. Sigue teniendo el pelo igual de bonito, pienso desde lo alto del muro.

cita

domingo, 5 julio 2009. He quedado con alguien, me cuesta andar por la calle, empieza a llover, pierdo las sandalias, llevo una bolsa de viaje muy pesada. En una plaza se amontona la gente, todos deben cruzar a través de un edificio. Me pongo a la cola. Entro. Cuando me toca salir por la otra puerta, un chico me pide 100 euros. Me echo a llorar porque ya no llego a tiempo a mi cita y encima llegaré sin zapatos y con el pelo mojado. El chico dice que me deja pasar sin pagar porque es su cumpleaños. Salgo a la acera y busco en la bolsa algo que regalarle. Mientras busco, sigue lloviendo, sigo mojándome.

rosamari

sábado, 4 julio 2009. Rosamari, mi amiga de 1ºEGB a la que no veo hace más de 20 años, coloca sobre un muro encalado una fila de hormigas. Las coloca una a una. Cuando voy a preguntarle para qué lo hace, me hace callar poniendo el índice sobre sus labios.

consciente

viernes, 3 julio 2009. Estoy apoyada en un malecón, el mar es de un azul transparente y denso a la vez. Sobre el agua hay cuatro colchones de corcho blanco. Envidio a los que se tumban sobre ellos o se suben para saltar al agua. Alguien me pregunta por qué no me baño. No tengo bañador, le digo. Y en ese momento pienso que da igual que me bañe vestida o desnuda porque sólo es un sueño.

operación urgente

jueves, 2 julio 2009. Una enfermera y un enfermero me acompañan por unos pasillos con puertas de cristal que se abren automáticamente. Se supone que es un hospital pero más bien parece una cárcel. Oigo que cuchichean entre ellos que tienen que operarme urgentemente.

hoy empieza todo

miércoles, 1 julio 2009. Caigo desde una terraza sin barandilla a un patio donde dos niñas están tomando el sol. Alguien protesta de un vecino. Intento irme sin que me vean. No sé cómo he llegado a uno de los pasillos del colegio, mi madre dice que ya no sabe dónde poner los trastos de mi hermana. Miro los pasillos y están vacíos. Caben muchos muebles, le digo, pero sigue protestando sin mirarme. Le ofrezco dos bolsos que me alguien me ha regalado. No me gustan, uno es naranja y el otro azul. Ni caso. Empiezo a sospechar que soy invisible.
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Alguien me lleva agarrada del cuello. Dice que cuando llegue a la esquina debo golpear a la persona que está esperando el bus. No me muevo. La persona que me lleva me usa entonces para golpear. En la lucha, veo que se me ha roto el colgante que llevaba al cuello. Me duele más que el colgante se haya roto que los golpes.
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Camino. Sólo veo mis piernas y las de otra mujer que va a mi lado. Confianza, pienso. A partir de hoy voy a ser otra persona, pienso.

autosuficiente

martes, 30 junio 2009. Sr. Chinarro y su mujer, una chica rubia que por su aspecto parece que acaba de dar a luz, están en la terraza de un bar. Me acerco a saludarlos. Ella me cuenta que acaban de regresar de Nueva York, que han dejado al niño allí para que aprenda a ser autosuficiente. Él la mira asombrado, después me mira a mí y dice: ¿Pero qué está diciendo?

museo

lunes, 29 junio 2009. No sé si se trata de un juego o una prueba a vida o muerte, sólo sé que debo encontrar un museo friki en un barrio de una ciudad que no conozco. También sé que si no lo consigo en media hora algo horrible va a pasarme. Un policía de paisano me ayuda a dar con la casa. Entramos al museo, hay muñecos tipo kinder sucios, rotos o ardiendo dentro de vitrinas. Aun así resulta hermoso. El policía está de espaldas, me acerco y le beso el hombro a través de la camisa de flores. Tienes que empezar a valerte por ti misma, me dice.

el mar de dirac

domingo, 28 junio 2009. Estoy tumbada con los brazos paralelos al cuerpo. Alrededor noto movimiento, pero no sé qué pasa y no tengo ganas de abrir los ojos. Me siento completamente feliz, tanto, que desearía estar muerta.

tango

sábado, 27 junio 2009. Salud intenta enseñar a bailar un tango a Alberto. Bailan y se besan. Yo soy la encargada de poner la música. Bailan realmente mal. Cuando me miran, para saber qué tal lo hacen, me río y les digo con un gesto de la mano que sigan intentándolo.

alpargatas

viernes, 26 junio 2009. Suena el timbre, mi suegra corre a abrir la puerta. Le digo que no debería abrir la puerta jamás, porque cualquier día van a darle un buen susto. Se ríe. En el descansillo hay una mujer, no la conozco. Señala mis pies y me doy cuenta de que llevo unas alpargatas azul marino. Su mirada me pide una explicación. Las suyas no son así, le digo, las suyas llevan una costura vertical en el empeine, apuesto lo que quieras a que es así.

familia política

jueves, 25 junio 2009. Llegan a casa mi cuñada con sus hijos. Me cuentan que un vecino llevaba una cabeza humana en una maleta y la policía ha tardado meses en darse cuenta. Pienso para mis adentros que a esta familia le gusta demasiado dar noticias truculentas. Mientras, mi suegra me persigue por la casa diciéndome que limpie, que está pasando mucha vergüenza porque todo está muy sucio. Por más que miro a mi alrededor, todo brilla como en los anuncios. Le digo a mi cuñada que pase el dedo por los muebles. Muy limpio, dice. Pero mi suegra insiste con la cara escondida entre las manos: Qué vergüenza, qué vergüenza.

pantera negra

lunes, 22 junio 2009. Cuido de una pantera negra que vive en el patio de la casa de mi abuela. Cuando la pantera hace sus necesidades en mitad del patio, señala con la pata para que lo limpie. Arrastro sus heces hacia un rincón con una especie de remo o pala de sacar el pan de un horno de leña. Cuando la pantera ve que he terminado mi trabajo, se tumba bocarriba para que le rasque la tripa. Aunque parece domesticada, me acerco a ella con mucha precaución. La pantera y yo nos miramos directamente a los ojos, como si no quisiéramos perdernos de vista. Mientras le rasco, pienso, ella tampoco se fía del todo de mí.

saltimbanqui

sábado, 20 junio 2009. Llego a una escuela de saltimbanquis. Alrededor del patio hay un foso de agua. El profesor dice que es por si algún alumno cae de los trapecios. Al fondo entrenan unos karatekas. El maestro les lanza una bala a toda velocidad y ellos tienen que darle patadas. Además aprender a usar el trapecio, le digo al profesor, quiero que me enseñes a caer y a no hacerme daño cuando caigo.