fantasma y barro

martes, 22 mayo 2018. Es de noche y hay ropa tendida. Miro hacia la terraza y veo pasar a un niño en pijama. Pregunto si lo ha visto alguien más o ha sido una alucinación. Todos lo han visto, pero a nadie parece importarle. Mi padre sale a buscarlo. Está lloviendo barro.

perro perdido

lunes, 21 mayo 2018. Una chica me pregunta si un perro de lanas que lleva con ella es mío. No me gustan los perros, respondo. El perro me mira con cara de pena. Decido ayudarla a encontrar a sus dueños. Cuando vamos a preguntar en una heladería, el perro nos dice que lo ataron a la puerta de un estanco.
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Necesito comprar urgentemente una libreta y un lápiz. No encuentro ninguna con las páginas en blanco, todas tienen cuadrícula o rayas. Veo a un montón de gente que baja por un camino estrecho hacia la playa. La playa está cubierta de nieve y todo el que pasa se hunde hasta las rodillas. Llegamos a un restaurante. Dos chicas montan una mesa sólo para mí delante de las puertas de los servicios. Ir y venir de gente, mal olor y ruido de cisternas. Subo al comedor. Hay una mesa enorme preparada. Por una parte no quisiera cenar con toda esa gente a la que no conozco, pero por otra me sienta mal que me hayan sentado sola. Los comensales se arremolinan para escuchar a alguien que se ha puesto a leer poemas. Reconozco los poemas. No son así y además pronuncian mal los nombres de los autores. No digo nada. Me escabullo como puedo.

brush

sábado, 19 mayo 2018. Entró en un cuarto de baño muy sucio. Detrás del váter, donde debería estar la cisterna, hay un frigorífico abierto. Un chico come sobre una mesa abatible que se apoya en el váter. Intento limpiarlo con cuidado con una manguera y un brush de los que usan para limpiar las cubiertas de los barcos. El chico se enfada muchísimo porque dice que le he salpicado sus pantalones nuevos. Me sorprende su repentina escrupulosidad. Detrás del váter descubro un perro muy flaco y una iguana a la que alguien ha pintado el lomo de colores. Busco algo en el frigorífico para darles de comer.
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Salgo de una tienda de altavoces en miniatura. Al verme reflejada en un espejo me doy cuenta de que voy desnuda. Llevo la ropa doblada sobre el brazo. Me visto tranquilamente y vuelvo a mirarme en el espejo. Esa ropa no es mía y no sé de dónde ha salido.

carroza y calzoncillos sucios

viernes, 18 mayo 2018. Hay mucha gente esperando en la calle. Pregunto. Al parecer ha muerto la abuela de Odila y han organizado una cabalgata en su honor. Odila y su madre bailan sevillanas vestidas de flamenca en una carroza.
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Estoy en la azotea de un hotel. Cada vez que me asomo al jardín, más alta está la azotea. Distingo a Sonia y Míchel que caminan en bañador hacia la piscina. Los saludo desde arriba. También veo una aglomeración a las puertas de un hotel. Se supone que se celebra una boda. Bajo. Sonia lleva un abrigo con botones enormes. No sé cómo le ha dado tiempo a cambiarse. Dice que tengo que darme prisa. Corro a recepción. En el hall se han colado pájaros. Una chica me pregunta si soy la de la 8, la que no sabía usar el cepillo eléctrico para peeling. Le digo que soy la de la 6 que no tenía secador. Me acompaña con otra chica, pero en vez de llegar a la habitación llegamos a una sala de exposiciones. A la entrada, un chico me dice que está haciendo una encuesta. Me enseña tres calzoncillos: blanco, beige y gris. Tengo que elegir uno. Elijo el más limpio. El chico lo apunta en una libreta, parece contrariado. Le digo a las dos chicas que entren ellas a la exposición, yo tengo una boda.

canadá

miércoles, 16 mayo 2018. Suena el teléfono, está en una especie de montacargas que hay en el pasillo. La voz me resulta familiar, pero hasta que pasa un rato de conversación no reconozco a Omar. Lo noto triste, le pregunto dónde está. En Canadá, dice. Me cuenta que quiere que convierta la novela en un libro de poemas y él la ilustrará con fotos. Después se queda callado, no sé si está llorado. No le pregunto. Por no colgar, le voy describiendo lo que veo. Recorro la casa, veo humedades en techos y paredes.

tijeras y botas de montar

martes, 15 mayo 2018. Estoy en la cama. Delante tengo un pasillo largo en penumbra. Veo la silueta de un hombre rebuscando en un cajón, levantando unas tijeras enormes para mirarlas bien a la luz. El hombre se acerca y me clava las tijeras a la altura del hígado. (Justo donde me dolía por la noche cuando me acosté.)
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Alberto y yo estamos de visita en una especie de convento. Hay un pasillo larguísimo con puertas a los lados. Una campana indica que es la hora de comer. Llegamos a un comedor de mesas corridas y nos sentamos con una familia. Alguien dice que a fulanita y menganito les han tocado unas botas de montar y pueden ir a recogerlas. Una pareja chico/chica muy jóvenes corren entusiasmados hacia la puerta. Miro a Alberto como diciéndole: Yo aquí no me quedo ni muerta.

el hotel de las duchas rotas

lunes, 14 mayo 2018. No sé dónde estoy. A ratos parece un hotel y a ratos un edificio en obras. Voy a las dichas, pero a unas les falta la propia ducha, a otras el agua ya otras todo. Además, unos albañiles no dejan de entrar y salir. Salgo a la calle. Todavía no ha amanecido. Me siento feliz mientras camino por calles vacías. Aparece un cubo con abrigo largo y muleta. Me amenaza. Me fijo en que yo llevo un brazo escayolado. Le advierto que mi manejo de la escayola es legendario. Me echo a reír cuando me oigo decir legendario. No sé volver al hotel de las duchas rotas. Le pregunto a una chica que a su vez me pregunta si me gusta la ciudad. Le digo que sí. Se burla de mí, dice que es la ciudad más fea y aburrida del mundo.
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Tengo que comprar regalos para toda la familia. Pienso que los regalos son un invento estúpido y esta vez regalaré cosas prácticas. Busco unas toallas para mi madre. Alguien me dice que están al fondo de la tienda. La tienda está muy desordenada. Al fondo hay una habitación vacía con un armario empotrado. Dentro hay moldes de silicona para hacer cubitos y especieros de plástico.

carrito de abono

viernes, 11 mayo 2018. Mi madre quiere que la acompañe al jardín militar. Lleva un carrito de la compra con lunares morados, muy feo y muy roto. Le pregunto de dónde lo ha sacado. Es el carrito del abono, dice. Cuando llegamos, saca abono a puñados y lo va echando a los setos que rodean los parterres. Y ahora acompáñame a la policía, dice. Quiere que le paguen lo que le ha costado el saco. Pienso que la tomarán por loca y prefiero esperarla fuera. Al rato sale contentísima. Mira, me han dado 92 euros. Pero si el saco tenía el precio y sólo costaba 9,80. Es que no me acordaba cuánto me había costado y he dicho un número al tuntún.

luz circular

miércoles, 9 mayo 2018. Se supone que es la casa de mis padres, pero no se parece en nada. Las habitaciones están alrededor de una terraza con plantas que trepan para dar sombra. Eso hace que todo tenga una luz perfecta. Llaman al timbre. Es él, dice mi madre muy contenta. Oeste entra con un libro en la mano. Es tan alto que tiene que doblar la espalda para que pueda abrazarlo y, aun así, tengo que ponerme de puntillas. Nos sentamos en la terraza. Mi hermana se asoma por una ventana, dice que se va a la cama y que no hagamos ruido. Suena el móvil, Oeste da vueltas por la casa, alrededor de la terraza mientras habla.

dorayakis de brasero

lunes, 7 mayo 2018. Ruedan una escena de la serie "Dinastía" a la puerta de Carrasquilla, frente a la casa donde vivía de niña. Linda Evans parece realmente enamorada del hombre al que besa. Intento esquivarlos para poder entrar en la tienda de Carrasquilla. Evans deja a su amado y entra conmigo. Nos sentamos al rededor de una mesa camilla que hay en un roncón de la tienda. Pongo un cucharón de masa de dorayakis sobre el paño que cubre la mesa. Me parece que va a tardar un poquito porque el brasero no está suficientemente caliente, le digo con la mirada. Ella asiente con una sonrisa como sólo lo haría una estrella de Hollywood.

talla pi

viernes, 4 mayo 2018. Busco un sujetador entre cientos que hay en unas perchas. Todos son iguales, todos me parecen pequeños. No encuentro nadie a quien preguntar. Todos tienen aros, pero no medio, sino una circunferencia completa. Por fin encuentro uno de mi talla. al mirar la etiqueta, veo que es la talla pi.

traidores

jueves, 3 mayo 2018. Unos chicos con pinta de perro-flauta son los encargados de entregar un premio. El premio consiste en unos gorros de lana y tela muy mal hechos y muy sucios. Aún así me pongo el mío como todos los demás y les doy las gracias. Después hablan de tomar algo en una azotea. Desde allí puedo ver mi casa. Está encendida. Veo a Alberto, Mariángeles y Salud sacando libros de la estantería y metiéndolos en cajas. Pienso que aprovechan que yo no estoy para librarse de mis libros. ¡Traidores!, les grito, pero no pueden oírme. La azotea se ha convertido en el patio de la casa de mi abuela. Hay cientos de copas y platos sucios. Hay gente cansada que dormita por los rincones. Recojo todo lo que puedo y lo voy acumulando en la cocina. Mi abuela va pasándome copas con cuidado para que no se rompan y yo las friego con mucho tiento. Cada vez que aclaro una copa, al dejarla en el escurridor, se convierte en un puñado de cubiertos de postre. Mi abuela y yo nos miramos algo sorprendidas, pero no decimos nada y seguimos con nuestra tarea.

intuición

miércoles, 2 mayo 2018. Parece que estamos en un colegio mayor. Tengo que arreglarle para ir a clase, pero no encuentro mi ropa. Salgo a toda velocidad hacia unos grandes almacenes. Están a punto de cerrar. Subo y bajo escaleras mecánicas para nada. Una vez en la calle, pienso que quizás Eduardo pueda ayudarme, pero no recuerdo su teléfono ni sé dónde vive. Camino por la calle mirando cada casa, esperando que la intuición o la suerte me lleve hasta él.

vueltas felices

martes, 1 mayo 2018. Joan da vueltas como un derviche en una plaza con adoquines. Se le ve feliz. A cada vuelta se va haciendo más y más grande. Me alegro tanto de verlo, que me abrazo a él y quedo colgada de su cuello. ¿Te acuerdas de aquello que hablamos de las bocas blandas?, ¡pues eras tú!, le digo como si hubiera descubierto algo importantísimo, y seguimos dando vueltas.

sonámbulo

domingo, 29 abril 2018. Duermo en el que fue mi cuarto en la casa de mis padres. Salvatore me despierta, dice que Alberto ha vuelto a marcharse. En el sueño consta que cada noche sale a pasear sonámbulo. No sabemos si seguirlo o dejarlo que vuelva cuando quiera. Tememos que cualquier noche le pase algo. La casa de mis padres se convierte en una sola habitación enorme llenad e trastos. Mire donde mire hay basura acumulada, muebles rotos. Sobre la mesa hay varios peines y cepillos lleno de bolas de pelo. Intento poner orden, busco un cubo para tirar cosas y al mover una caja, una rata sale corriendo y se esconde detrás un montón de ropa sucia. Me vuelvo a Salva y le digo con gestos que era una rata de medio metro. Mi madre dice que nos es para tanto. No quiero echarle la bronca. Le digo: Sé quién tiene la culpa, no te preocupes, pero sería más fácil prenderle fuego a todo.

palmada

jueves, 26 abril 2018. Parece una reunión de vecinos. Una chica es capaz de hablar dejando la boca abierta, sin mover los labios. Nadie parece darse cuenta. No sé de qué hablan. Un chico se sienta a mi lado. Como si me hubiera echado mucho de menos, me tiene abraza toda la reunión, otro se sienta delante de mí, y me agarra y acaricia el pie. Quiero irme. Alguien da una palmada y todos salen a fumar a un patio. Veo pasar a dos compañeras de colegio a las que no veo hace siglos, pero no se paran a saludar cuando pasan a mi lado. Quiero irme de allí cuanto antes. Al salir a la calle no sé dónde estoy. Intento buscar en el móvil el horario de algún autobús que me lleve a casa. La chica que hablaba con la boca abierta, dice que tiene fotos mías en su álbum digital. ¿No te importa?, pregunta. No, le digo alejándome.

el peso del mundo

martes, 24 abril 2018. Llego a casa de mis padres, la puerta no abre ni cierra bien. Una de mis tías tiene un libro de Peter Handke en la mano. ¡Es peor que Mao!, grita mientras me persigue con él como si fuera un martillo. Intenta pegarme con él. De repente veo la figura de un hombre al final del pasillo, le hago gestos a mi tía para que salgamos de casa. No entiende mis gestos, sigue despotricando. Consigo escapar de los dos, pero cuando estoy cerrando la puerta, no encaja bien, el hombre la abre desde dentro y me agarra de la muñeca.

color avellana

lunes, 23 abril 2018. Veo a los lejos a Isabel María y a Nené en la puerta del Sagrario. Parece que hayan improvisado una lectura de poemas. Me llaman la atención los zapatos de Isabel María, color avellana. Me suena el móvil, es Nené, me pregunta si voy a ir. La saludo con la mano, me ve y se ríe. Mientras camino hacia ellas me cruzo con mi prima Cristina. Es una niña. Me pregunta qué veo señalando la torre de la catedral. Está cubierta de vegetación. Un árbol, respondo. Se enfada muchísimo.

nido de abeja

domingo, 22 abril 2018. Camino por calle María con los brazos extendidos como si fuera una sonámbula. Sostengo el que era mi vestido favorito de niña. Mientras lo miro delante mí, recuerdo que alguien me ha dicho que se lo regale a mi sobrina Nadia. Cuanto más lo miro más pegas (o excusas) encuentro para quedármelo: le faltan los tirantes y, además, aumenta una talla a cada paso.

comida fluorescente

sábado, 21 abril 2018. Camino con una chica por una especie de zoco. Nos cruzamos con un tipo muy alto que se parece a Manuel del Barrio. La chica lo para agarrándolo del brazo bruscamente. Tú eres Óscar, le dice. Me sorprende que no diga que es Manuel. El chico intenta librarse de ella. Ella insiste. Él se queja de que le hace daño en el brazo. Cómo veo que aquello no tiene buena solución, y no conozco a la chica de nada, me voy. Llego a un hotel. Isa me dice que Javier está al llegar, y desaparece. Veo pasar a mi prima Elisa. Caminamos detrás de Andrés y sus niños. Al llegar al palacio episcopal, donde parece que se celebra una boda, Andrés dice que nos sentemos en los sitios libres. Todos son extranjeros y la comida muy rara, con colores fluorescentes. Me siento al lado de Alberto. La situación me incomoda muchísimo. Nos tratan bien, nos sirven inmediatamente, quieren que probemos todos esos platos rarísimos. Alberto come tranquilamente. Una de las señoras de nuestra mesa nos pregunta quién nos ha invitado. Aquí se come muy bien, responde Alberto. Si, ¿pero conocéis a los novios?, insiste. Y el sitio es precioso, vuelve a responder Alberto. Le doy una patada por debajo de mesa, quiero irme, no me atrevo ni a tocar los cubiertos. En otra mesa, Elisa y Andrés comen animadamente.