piso 13

jueves, 18 diciembre 2014. Antonio y yo caminamos junto a un río. Según avanzamos, nos alejamos hacia arriba hasta llegar a una terraza de un piso 13. Desde allí vemos el fondo del río, transparente. Hay un tipo dentado en el fondo. Es Panero, dice Antonio. Gritamos su nombre, le hacemos señas levantando los brazos. Temo que caigamos al vacío. Le pido a Antonio que no se acerque tanto a la barandilla (es muy baja y los barrotes están separados). Antonio dice que no le da miedo, echa todo el cuerpo hacia adelante para gritarle a panero. Me agarro a sus piernas para hacer de contrapeso. No sé si podré aguantar mucho.

sofisticación

domingo, 7 diciembre 2014. Estoy delante de un escaparate lleno de muñecos que se mueven por luz solar. Son realmente sofisticados. Le cuento a alguien que pobre de aquel que se compró los primeros que salieron (una flor que se balanceaba, por ejemplo). Uno de esos muñecos me mira, atraviesa el cristal sin esfuerzo y me coloca en la mano un anillo. Es uno de los anillos de mi madre.

servilletas

sábado, 6 diciembre 2014. Parece una fiesta. Los invitados hacen un corro en una sala de baile, reciben a Federico del Barrio, lo homenajean por algo. Todos agitan unos pañuelos blancos muy grandes que más bien parecen servilletas como si estuvieran en una plaza de toros. Algunos se las dan para que las firme. Alguien me empuja para que le tienda la mía, pero me pego a la pared para observar la escena.

despiste

viernes, 5 diciembre 2014. Al ir a secarme el pelo, noto que lo tengo mucho más largo y abundante. No comprendo qué ha pasado. Desde la ventana del cuarto de baño de la casa de mi abuela veo una terraza donde los vecinos dan una fiesta. Nunca he visto ahí, antes, una casa. Pienso en que si, tal vez, nunca me he fijado, también puede ser que siempre haya tenido el pelo abundante y no me he dado cuenta hasta ese momento.

el año de la cabra se acerca

jueves, 4 diciembre 2014. Blanco me dice al oído que quiere una colcha verde. Como esa, aclara. Toco el borde de la colcha y le digo que raspa un poco. Mientras tanto, Silvia busca algo que quiere enseñarnos. Seguro que nos va a regalar unos calendarios chinos, le digo a Blanco. Silvia trae dos libros con fotos en blanco y negro. Preciosos. ¿Y los calendarios?, le pregunto.

indios

sábado, 29 noviembre 2014. Alejandro se rapa la cabeza y se tumba en el suelo. Ahora seremos indios, dice. Le pide a Sora que nos haga una foto junto. Y que salga también Bach, le dice. Bach está sonando de fondo. Sora responde que está harta de que todo el mundo le pida cosas imposibles.

a tiro de piedra

estabas allí
a tiro de piedra

no sé si llegaste a reconocerme
no sé si llegamos a hablar,
pero yo estaba segura de que eras tú
y con eso era más que suficiente

(lunes, 24 noviembre 2014)

arde un seto

sábado, 22 noviembre 2014. Arde un seto. Alguien dice que hay que huir, que se acerca el fin del mundo. Al fondo se ve un cielo encendido y naves que se acercan. No sé cómo he llegado a una habitación donde todos mis libros están en el suelo, intento salvar algunos. Recuerdo que en la cartera llevo una lista de las cosas que debería salvar en una ocasión así. La lista no está. Voy metiendo objetos al azar en una bolsa de tela. Por la ventana se ven llamas muy altas.
+
Alguien me dice que me esperan al final de la calle. Veo a Juano, lleva abrigo a pesar del calor. Me da un cuadro enorme envuelto en papel de embalar. A pesar del tamaño pesa muy poco. Le doy a cambio un paquete que llevaba para él. Es una bufanda roja y un libro. Cuando se pone la bufanda, es verde. Junto a un contenedor hay juguetes y trastos viejos. También negativos de fotos. Disimuladamente los voy guardando en una bolsa para llevármelos. Juano dice que su padre ha preparado una fiesta porque ahora trabajan juntos. La fiesta gira en torno a una chica muy joven y muy guapa. Hay cientos de camareros que revoloteen a su alrededor con enormes bandejas. No sé que hago allí, no sé cómo escabullirme.

llamada

martes, 11 noviembre 2014. Paseo marítimo. Suena un teléfono. Hablo, como si llevara un teléfono en la mano. Alguien dice "Ahora se pone". Una voz muy alegre me cuenta cosas. Sigo caminando sin saber quién me habla. Sobre la arena hay un escenario donde hacen fotos a una actriz. La chica se sube el vestido, enseña el pecho, se ríe. De repente pienso que la voz que me habla es de Isabelmaría. Los fotógrafos se van. Es de noche.

cinco dedos, un lápiz

miércoles, 5 noviembre 2014. El poeta Parreño se sienta a mi lado sin decir nada. Tengo un lápiz en la mano. Toma mis dedos y juega con ellos. Juega con el lápiz como si fuera un dedo más.

mi nombre

lunes, 3 noviembre 2014. Una chica, a la que se supone conozco mucho, se acerca con su hija en los brazos. Se llama como tú, dice. Me alegro mucho, la abrazo, beso a la niña y a la madre, las zarandeo de alegría. Está tan feliz que no me atrevo a decirle que no tengo ni la menos idea de quién es.

deseo cumplido

sábado, 1 noviembre 2014. Miro a la calle desde arriba. Hay un camión. Un coche intenta aparcar sobre el camión. Avanza muy despacio. Le digo mentalmente que pare. Por otra parte, deseo que caiga para ver qué ocurre. El coche cae hacia delante en vertical y se empotra en la cabina del camión. Deseo que el conductor salga ileso. Pienso que eso es imposible. Deseo que sólo se haya hecho una pequeña brecha en la frente. Salen tres personas. Sólo una lleva una pequeña brecha en la frente.

sentido contrario

jueves, 30 octubre 2014. Sora y yo vamos en taxi. Se supone que hemos quedado en recoger a Juan Cabezas. Lo vemos a lo lejos tomando un café en la terraza de su casa. El taxista da una vuelta y pasa de largo. Vamos en sentido contrario, todas las calles están en obras, hay muchísimo tráfico. El coche que va delante del nuestro da dos vueltas en el aire, caer en la calzada y continua su camino. Pienso en si será una maniobra nueva para adelantar.
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Jurdi me explica la nueva táctica que ha inventado para conquistar mujeres y vivir a su costa. Me da mucha pena que hable así. Lo dejo desayunando en el comedor de la casa de mi abuela. Yo voy hasta la habitación del fondo y me tumbo a los pies de la cama a mirar la pared que miraba de niña para buscar caras dibujadas por la humedad.

sopa

miércoles, 22 octubre 2014. Mi padre ha usado una camiseta amarilla que claramente no es suya para usarla como trapo para hacer bricolaje. También ha volcado una lata de cola sobre la mesa que yo acababa de barnizar. Me voy a la cocina por no pelear con él. Hago sopa con unas bolitas verdes que vienen en racimo. No sé qué son, pero hago sopa de todos modos con tal de no pelear con nadie.

ver, oír, callar

martes, 21 octubre 2014. Chivite conduce un coche con volante a la derecha. Voy en el asiento de atrás. Me fijo en que lleva un jersey de mezcla rojo y negro. Se supone que lo he tricotado yo. No le digo nada. Se supone a ha venido a verme y ya se marcha. Pasamos de largo por mi calle. No le digo nada.

los días sin sombras

viernes, 10 octubre 2014. He comprado algunas cosas y a la hora de pagar no llevo suficientes monedas. Las que le voy poniendo sobre el mostrador resultan ser fichas plástico, botones o antiguas pesetas. Mientras meto las cosas en la bolsa de Beckett se me rompe.
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Llego a lo que parece un cine. Mientras espero a que empiece la película los asientos se van convirtiendo en camas. Sólo hay chicas, charlan. Me levanto para irme. Una me pregunta si me acuerdo de ella. No. Otra pregunta por mi familia (al hacerlo tengo la visión del jardín de la casa de mi abuela en una reunión de verano). No sé cómo acabo explicándole que los días blancos me entristecen. ¿Los días nublados? No, los días blancos, los días sin sombras.

el adolescente menguante y la niña huevo

jueves, 8 octubre 2014. Camino con un adolescente por la calle. Al cruzarnos con sus amigos quita mi mano de su hombro. Le digo que no se avergüence, que podría ser su madre. Nos reímos. Al cruzar, un banco de listones de madera nos impide llegar a la acera. Le propongo que nos sentemos sobre el respaldo y alcemos el cuerpo. Él lo hace sin esfuerzo y yo rompo dos listones. Se forma un corro de transeúntes. Alguien dice que hay que llamar a la policía. Ahí hay uno, dicen, pero cuando se acerca es un cura vestido para dar misa. Le explico que la culpa es sólo mía. El adolescente, mientras tanto, ha ido menguando y no es más que un pequeño niño de barro o plastilina en la palma de mi mano.
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Parece una fiesta. Una chica debe conseguir pétalos para un concurso y golpea un ramo contra una mesa enorme de madera. Mientras una niña bebe a escondidas vino y cerveza, y se abanica con un fajo de billetes. Quiero irme de allí. Me despido de todos uno a uno, eligiendo a quién dejaré para el final. La niña es ahora un muñeco con forma de huevo en su caja. Según cambia de expresión, la etiqueta de caja cambia también y describe lo que la niña huevo siente. "Sonrisa enorme, duerme", leo y dejo la caja sobre una silla.

ladrillos

martes, 7 octubre 2014. Salgo a la calle a través de una tapia encalada. No la salto ni paso por una puerta, la atravieso. Afuera veo a Juan apilando ladrillos de barro aún sin cocer. Los coloca pegados al muro, como si ordenara libros en una estantería. Le pregunto si puedo ayudarle. No dice nada. Cojo ladrillos por mi cuenta e intento colocarlos al lado de los suyos, pero los ladrillos atraviesan mis manos como yo atravesé la tapia.

pulsera

viernes, 3 octubre 2014. ¿Por qué llevas esa pulsera?, me pregunta una chica. Me fijo entonces en que llevo una pulsera que no había visto antes. Le cuento que me la regalaron para que al mirarla recordara que no debo beber alcohol. Pero no es fácil que te vendan alcohol ni cigarrillos, dice. Me fijo en que la chica es muy joven y cree que yo soy de su edad. La chica se pone a recoger ropa de un enorme tendedero plegable. Al fondo construyen el esqueleto de un armario. La ayudo. Un chico, carpeta en mano, nos pregunta si iremos a la excursión o nos quedaremos en la hora de estudio. No sé de qué habla, pero por lo que veo a mi alrededor deduzco que estamos en una cárcel o un reformatorio. Nos quedamos, dice la chica. Recogemos la ropa del tendedero y la metemos en cestos. Después los que construían el armario hacen una coreografía.

cortinas

lunes, 29 septiembre 2014. Acompaño a mi madre por la calle, pero no puedo seguir su ritmo, las piernas se me doblan, me duelen las rodillas, se me cae todo lo que llevo entre los brazos (carpetas, papeles). Me encuentro a mi prima Elisa con sus hijos. No sé de qué me habla, pierdo a mi madre de vista. Entro en una casa que parece abandonada a buscarla. Alguien me pregunta si busco el coche que me han robado. ¿Me han robado el coche? Me indican que entre en una habitación donde hay más de cincuenta niñas. Parecen refugiadas de guerra. Una me dice que son polacas, que están esperando que alguien las lleve a casa. Me han robado el coche, le digo. Me señala un pasillo. Las puertas son cortinas. Cada vez que me acerco a abrir alguna alguien desde detrás me agarra las manos y los brazos.