puerta inútil

domingo, 19 enero 2020. Estoy en una cocina muy estrecha. A fondo hay una ventana (una mesa y dos sillas) que da a un árbol. Pienso que sí tuviera que escapar de un incendio podría huir bajando por el tronco. La cocina tiene justo a la mitad una puerta de cristal que separa los electrodomésticos de la zona de la ventana. Lo miro todo con desgana, pensando que no sé bien dónde estoy, si esta es mi casa y desde cuándo. Si lo es, tengo que hacer reformas ya, pienso.

versalles de barrio

sábado, 18 enero 2020. Terraza de bar. Nos sirven gomas de borrar Milán. Andrés dice si se la puede llevar de recuerdo. Le digo que las ponen para eso, que después le cuento la de cosas que nos hemos llevado de ese bar.
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Camino Conde Ureña abajo. Tengo prisa. Cuando voy a echar a correr, me elevo a cámara lenta y avanzo sin rozar las aceras. Llegó a Ferrándiz y busco la casa de Elena. Un grupo de chicas buscan un piso para alquilar. ¿Puedo ayudaros?, digo. El piso que buscan está junto al puerto. No me creen. Subimos hasta la casa de Elena, pero ahora hay un palacio con jardín y fuentes muy parecido a Versalles.
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Mi hermana da de comer galletas a unos animales peludos y enanos. No se sabe bien si son gatos o ratas. Algunos no se mueven. Son de peluche, pienso, y está haciendo pantomima. Tiene un montón de galletas, pero dice que se le han acabado las de chocolate y que alguien debería ir a comprarlas. No se mueve. Le hago una seña a mi madre y a mí tía para que no vayan. Le digo muy serenamente que los peluches pueden comer galletas normales, a no ser que en realidad sean para ella. Sale de casa dando un portazo.
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Vuelvo a casa. Llevo gafas de sol. Veo a un tipo en la otra acera sosteniendo a un bebé. Lo lleva bien envuelto en una mantita. Su mujer lleva otro. Pienso si habrán tenido gemelos. Al levantarme las gafas veo que son cerditos. Hago una prueba: con gafas son bebés, sin gafas cerditos. Uno de ellos se escapa y cruza la calle. Lleva botitas de agua de color rojo, como el cerdito que vi hace poco en una foto.

tormenta de arena

lunes, 13 enero 2020. Hay una fiesta caótica en la que se supone es la nueva casa de mi prima. Primero salen unas niñas de una iglesia vestidas de novias o princesas, pero sin parejas. Llego tarde porque he ido a cortarme el pelo (a tazón). Saludo y doy besos a toda la familia, entre ellos el primo Miguel al que hace cuarenta años que no veo. Lleva el pelo largo, teñido de caoba. Te pareces a Camilo Sesto, le digo. Entramos a la cocina de la nueva casa para llevar bebidas, no encuentro el cubo de basura, todo está desordenado. A pesar de todo hago bromas con Miguel, nos reímos. En la fiesta, Andrés me dice que mire el mail, que me ha enviado un montón de fotos. Son fotos mías en la ceremonia. No entiendo nada, porque no fui a la ceremonia. Por las fotos, parece que fue en la playa y yo ya llevaba el pelo corto. De repente tengo el pelo muy largo y mojado, voy a secármelo a una casa anexa igual de caótica. Cuando salgo a la calle para volver, me cruzo a un tipo que sale de la fiesta con un guardapolvos militar hasta los pies, un pasamontañas y unas gafas de sol. Adiós, dice y levanta la mano. También lleva guantes negros. No sé quién eres, le digo. El tipo se enfada, cruza la calle y desaparece. Se levanta entonces una tormenta de arena. Uso un cesto que llevo para protegerme la cara.

líquido azul

domingo, 12 enero 2020. Estoy en la casa de mis padres. Hay cierto trajín porque se están preparando para salir y no están acostumbrados. Se supone que vamos de visita a casa de Gabriel. No sé cómo decirles si no se acuerdan de que Gabriel está muerto. Me siento a ver la tele. Entro al cuarto de baño. Mi padre ha embadurnado el váter de un líquido azul, imagino que para desinfectarlo. Intento abrir la tapa sin mancharme, pero el líquido me salta a los ojos.

cerdito con coca-cola

viernes, 10 enero 2020. Camino por la calle con una mochila y una bandera del Atlético de Bilbao a modo de capa. Por todos los bares que paso veo gente con polos azules y la banderita de España en el borde de las mangas y el cuello. Estoy muy cansada. Me siento en una de las terrazas, aunque todo el mundo me mira mal. Una señora se sienta en la mesa de al lado y pide "Cerdito con Coca-Cola". Me suena fatal pero, para no llamar la atención, pido lo mismo.

parkour de pueblo

jueves, 9 enero 2020. Villagrasa, Montse (una niña del colegio a la que no veo hace cuarenta años) y yo avanzamos por un pueblo escalando fachadas, recolgándonos de las rejas de las ventanas.

invisible y sin duchar

martes, 7 enero 2020. Estoy en pijama delante del ordenador. Se abre la puerta y entra una pareja con maletas. No los conozco. Detrás entra Alberto que les enseña la casa como si yo no estuviera. Como parece que no me han visto (aunque han pasado a menos de medio metro de mí) aprovecho para ir al baño, ducharme y vestirme. Intento calcular por el tamaño de sus equipajes cuánto tiempo se quedarán en casa.

roscón y edredones

lunes, 6 enero 2020. Madrugada. me despierto sobresaltada porque no tengo roscón de reyes para el desayuno. Corro por la calle como si volara, dándome pequeños impulsos con las puntas de las pies sobre la acera. La calle está vacía, sin luz. Empujo la puerta del supermercado y entro. Cojo un ronscón y me voy. Mañana volveré a pagarlo, me digo.
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Estoy en una habitación con varias camas deshechas, las sábanas y edredones amontonados. Le digo a Iker que he encontrado sus fotos. Tengo tres cajas, en una hay fotos, en otra pendrives y en otra lápices. En los pendrives están todos tus escritos, y los lápices, cada uno lleva el título del libro que escribiste con él. Mientras se lo enseño, noto en su cara que piensa que soy una loca de orden. Como toda explicación, le señalo en lío de sábanas y edredones que hay sobre las camas.

amigo

domingo, 5 enero 2020. Todo transcurre sin palabras y (diría que) en blanco y negro: Estoy muy triste, me cruzo con Salvatore por la calle, pongo la cabeza sobre su pecho.

invitados

viernes, 3 enero 2020. Estoy en una habitación de hotel, arreglándome para asistir a una boda. Cada vez que me pongo una prenda me doy cuenta de que me he equivocado por ejemplo, unos calcetines de rayas con un vestido de flores). Elisa y Nadia me ayudan. Llaman a la puerta. Es el novio con varios invitados, entre ellos Oeste, para preguntarme por qué no he bajado a la ceremonia ni a la comida. ¿Qué hora es?, pregunto. Las seis y media, dicen (la boda era por la mañana). Oeste dice que al menos participe en la quiniela comunal que han hecho, y me tiende una especie de ticket de compra arrugado. Al cogerla, los resultados que habían apuntado los demás se borran entre mis dedos porque estaban escritos a lápiz.

bicho canasto

lunes, 30 diciembre 2019. Miro mi escritorio (que no es el mío) y me parece muy fotogénico. Cuando mi padre ve que voy a por la cámara para hacerle un una foto, mi padre la coge antes que yo y comienza a estudiarla muy cerca de la cara. Qué ridículo, pienso. Mi madre se acerca y nos reímos de él a escondidas. ¿Qué os pasa?, pregunta. Nada, estamos jugando al bicho canasto, le digo y nos tiramos al suelo muertas de la risa haciéndonos una bola. Me vuelvo a mi cuarto (que tampoco es el mío). Ahora el cuarto parece un decorado. El escritorio ha desaparecido. Hay pósteres y armas en las paredes. Andrés está en el centro con el gesto dulce y orgulloso de quien piensa que ha hecho un buen trabajo. Aunque no me gusta nada el resultado, pienso que ha decorado la habitación para mí. No le digo nada, lo abrazo.

táblet acolchada

viernes, 28 diciembre 2019. Llego a casa (es distinta a la mía) y entro directamente a ducharme. En el cuarto de baño hay un sillón, un armario y hasta una mesa camilla. Mi padre, desde el sillón, dice que esa noche ponen en la tele una película que debe ver mi madre. Me extraña su repentino interés por lo que pueda interesarle a mi madre. Mientras habla, "enciendo" la ducha desde una táblet acolchada y pienso que me gustaban más las cosas cuando no había tecnología de por medio. Mi padre sigue hablando. Dice que mi abuela ya ha visto la película y le ha gustado mucho. Pienso dos cosas: una, que quien quiere ver esa película es él; dos, que miente muy mal porque mi abuela lleva muerta un montón de años.

el payaso

jueves, 26 diciembre 2019. Clase de inglés en un centro comercial. Espero en un hall enorme mientras la gente no deja de pasar cargada de compras. Un tipo muy pequeño vestido de payaso, mira a su alrededor y dice con drama de payaso: ¿No ha venido ningún alumno? Yo levanto la mano. El payaso dice Oh, con drama de payaso y añade que merezco ver su auténtica cara. Saca un pañuelo y se borra la pintura roja de la nariz.
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A Chivite le dan un premio al mejor director de cine del mundo. Estoy en lo alto de un monte y lo veo a lo lejos, en unos jardines, dando entrevistas. Intento bajar para felicitarlo, pero el monte no se acaba nunca y cuanto más avanzo más vertical se pone.

amigo

domingo, 22 diciembre 2019. Salgo de una especie de sótano por una rampa muy ancha. Hay tanta gente que temo que me aplasten. Alguien me da la mano y me acerca a su lado. Es Ibán. Su mano es muy blanca y suave, los dedos muy largos. Salimos a un paisaje nevado. Otro chico, con el pelo tipo afro, dice que me abrigue, que el aire se Suiza es muy traicionero. Tienes que ver algo, dice Ibán. Escalamos un muro de hielo y piedra. Cuando estoy a punto de caer, despierto. Estoy sentada en un escalón. Ibán está a mi lado, hombro con hombro. ¿Tienes algún amigo que se llame Quim?, le digo. No. Pues vas a tenerlo.

libros

sábado, 21 diciembre 2019. Llego con prisa al que era mi cuarto en la casa de mis padres. Los muebles son otros. Donde estaba mi cama hay un escritorio y una silla. Me siento y me recuerda a otra silla que tuve. Estoy tan a gusto que, aunque tengo ganas de orinar, no me levanto para ir al cuarto de baño. Como la silla es de madera los orines resbalan hasta el suelo. Para empapar el charco uso mis libros de poemas.

la pregunta

jueves, 19 diciembre 2019. Hay una especie de verbena, pero en vez de en una plaza, en una habitación con paredes mal encaladas. Mi madre dice de repente: ¿Qué le preguntarías a Beckett si pudieras que entrevistarlo? Después de pensar un rato, le digo que no se me ocurre nada. ¿No le preguntarías por qué no se suicidó?, dice.

destino londres

miércoles, 18 diciembre 2019. Tengo todo preparado para irme al aeropuerto. Al despedirme de mi madre, dice que no olvide el móvil. Lo busco, no lo veo. Estamos en una casa que nunca he visto. Entro en habitaciones sin saber lo que hay detrás de la puerta. En una de ellas un cuadro de baño donde dentro del váter hay trapos manchados de sangre. También hay sangre por las paredes y en el suelo. Pregunto qué ha pasado, pero nadie dice nada. Mi hermana, con los brazos cruzados, desde la terraza, dice que quizá alguien que estuvo de visita se llevó mi móvil porque igual a todos. No comprendo cómo lo dice tan tranquila. Miro el reloj. Son las 14.50. He perdido el tren, el próximo es a y diez y el avión sale a  las 15.30. Nada, no me da tiempo, le digo a mi madre. Me echo a llorar desconsoladamente. Mi madre dice que no me preocupe, que mi padre y ella salen en el avión de las 18.30 y mi padre ha decidido ir en camiseta y bermudas. Lloro aún más. Decido irme de todos modos y me doy cuenta de que voy descalza. Me da igual, pienso, no pienso salir del hotel porque voy a pasarme el día llorando. Corro a la calle, hay varios autobuses parados (de esos que llevan acordeón en el centro) intentando dar la vuelta en la plaza de los monos. Le hago una seña con la mano a uno de ellos para que me deje cruzar. No me ve. Mientras estoy cruzando debo tumbarme sobre el asfalto para que no me atropelle. De esta no salgo viva, pienso.

cigalas

sábado, 14 diciembre 2019. Se supone que estamos en un restaurante, pero es mi casa. No conozco a nadie. Noto que piden con prudencia, mirando los precios. Me siento a comer con ellos por no hacerles un feo. Cuando ya hemos terminado y van a traer los postres, un padre y su hijo piden una fuente de cigalas y las comen a escondidas, casi debajo de la mesa, para no compartirlas. Un chico, que se parece mucho a Pablo Aranda, se levanta indignado y dice que ellos deberían pagar más cuando hagamos las cuentas. El hombre y su hijo se levantan ofendidísimos y dicen que no pagarán nada, ni poco ni mucho, porque nadie les dijo que tuvieran que llevar dinero, ni sabían el menú. Subimos por subir, dice el padre. Se supone que son vecinos. Salen de casa se meten en el ascensor. Los sigo escaleras abajo. El ascensor me lleva a un rellano a oscuras, que he visto ya en otros sueños, y me da muy mala espina. Camino hacia atrás sin dejar de mirar las puertas.

restos de pizza

viernes, 13 diciembre 2019. Salgo a toda prisa de la casa de mis padres. Mi prima Elisa me ofrece unos restos de pizza. Dudo si llevarme uno para comerlo en el ascensor, pero son demasiado grandes y no quiero ir comiendo por la calle. Al entrar en el ascensor noto que hace un ruido raro. Verás que me va a pasar con en otros sueños, pienso, que el ascensor no deja de bajar. Efectivamente, empieza a coger velocidad. Intento concentrarme para cuando pase por el bajo, dar un fuerte empujón a la puerta. Nada, no tengo fuerza en los brazos y es ascensor sigue bajando. Miro el lugar donde deberían estar los botones y no hay nada.

perfume

jueves, 12 diciembre 2019. Estoy hundida en un puff, esperando a que comience una lectura de poemas. Alguien pasa a mi lado y deja una dulce estela de perfume. Levanto la vista. Es Irazoki. Nos abrazamos. Lloro de felicidad al verlo.

mi turno

martes, 10 diciembre 2019. Llego a la puerta de un cine que más bien parece un hangar. Hay una rampa para llegar a las taquillas. Hay muchísima gente. Alberto dice que no quiere hacer cola y prefiere dar un paseo. Me quedo. La cola va mucho más rápido de lo que se podría pensar y casi es mi turno. No sé si llevo dinero. Veo que llevo el monedero de seda rosa. No consigo abrirlo pero al tacto parece vacío. Miro hacia atrás varias veces, pero Alberto no llega. Cuando al fin es mi turno, la chica me da dos invitaciones. Al leer en mi cara que no tengo dinero, me dice: Son gratis. Le digo que yo quería ver otra película. Las retira del mostrador. No quedan, dice. Y sin mirarme dice con voz mecánica: Siguiente.

avanzar

sábado, 7 diciembre 2019. Camino con Salud por un camino de barro que hace de acera en una playa. El camino tiene, cada dos metros, un charco. Salud mete el pie en cada uno antes de seguir avanzando. Este sí, este no. Si dice sí, lo atravesamos; si dice no, lo bordeamos. Se está haciendo de noche, le digo. Sólo un poco más, dice Salud mientras atraviesa un charco color rojo que ya le llega a la cintura.

no lugares

jueves, 5 diciembre 2019. Estoy en ese edificio enorme y gris (con el que soñado otras veces) a las afueras de una ciudad que parece nórdica. Un señor me recoge en su coche. Pasamos por zonas donde solo hay un edificio en mitad de la nada. Aquí los barrios son así y las distancias enormes, se disculpa. Le digo que no se preocupe, que me gusta mucho todo lo que veo.
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He ido a cenar a casa de una pareja que no conozco. No sé qué hago allí. Al entrar me doy cuenta de que es mi casa (o lo fue). Miro a mi alrededor. Todo está roto y descuidado. El pasillo dónde está el mueble zapatero está lleno de cacas de perro. Intento no pisarlas hasta llegar al cuarto del fondo, que ahora es una terraza. La mesa es un cajón sin mantel y la comida está servida directamente en tuppers. Quiero largarme de allí.

masip de gelatina

miércoles, 4 diciembre 2019. Me encuentro a un tipo y a su hijo por la calle. Se supone que nos conocemos pero hace mucho que no nos veíamos. Mientras caminamos, saca un cigarrillo y su hijo otro. Le cuento al niño que jamás he fumado, ni cuando las niñas de clase me presionaban. No deberías fumar con 15 años, digo. Tengo 11, dice. Su padre no dice nada. Llegamos a un bufet libre (se supone que hemos quedado allí con otros amigos). Todas las esas están ocupadas por grupos de ingleses que nos miran con mala cara. En el centro del salón hay un hueco desde el que se ven otros salones también llenos. En el de abajo sólo sirven pizza y hay que pagarlas. El amigo ve a su hijo pedir pizza y baja corriendo a por él muy enfadado. Veo llegar a Tres amigos. Están muy borrachos, bajan la escalera a trompicones. Uno de ellos es Masip, que cae de bruces. Intento ayudarle. No me toquéis que podéis hacerme daño, dice y se convierte en un muñeco de gelatina, del tamaño de un dedo, que se deshace si lo tocas. La gente no deja de entrar y temo que lo pisen. Intento levantarlo metiendo un papel entre el muñeco y el suelo, pero la gelatina comienza a convertirse en charco, y las piernas y brazos a separarse del tronco. Hago lo que puedo, lo coloco en la palma de mi mano. Le soplo, le ruego que no se deshaga.

fauna

sábado, 30 noviembre 2019. Mi tía vive en una casa de pueblo muy blanca, casi sin muebles, con todos los marcos de las puertas y de las ventanas pintados de celeste. De repente sale corriendo, dice que está lloviendo y tenemos que llamar a los animales. Mi tía se planta debajo de la lluvia y da palmas. Yo hago lo mismo. Aparecen un montón de gatos muy pequeños que entran atropelladamente en la casa. También entran gallinas, patos, un perro y hasta un lobo.

cemento

jueves, 28 noviembre 2019. Bajo en un ascensor muy lento. De repente se para entre dos pisos. Veo un hueco entre la puerta y el fondo. Tiro y empiezo a sacar ropa hasta que el ascensor está casi lleno. Me asomo por la ranura que queda y veo un espacio de cemento muy grande en el que todavía quedan algunas prendas.

albóndigas

miércoles, 27 noviembre 2019. Estamos en una especie de chiringuito, en una mesa larga con un montón de amigos. Como los camareros tardan en servirnos, a cada rato nos levantamos de la mesa y nos damos una vuelta en coche. Carmen me dice que está muy contenta de estar en Málaga y que por la noche vendrán a casa a cenar albóndigas porque me salen muy blanditas. Se la ve muy feliz.

copas blandas

martes, 26 noviembre 2019. Cena en el comedor de mi casa. La mitad de los comensales en la mesa. La otra mitad en el suelo, sentados sobre alfombras. Encabeza la mesa Bertín Osborne. Con la boca llena de comida señala su vaso vacío. Le ofrezco agua. Quiere vino. Mi madre me pasa un vaso de tubo con vino peleón hasta arriba. Bertín lo rechaza y protesta con la boca llena. Voy al aparador a por una copa y vino bueno, pero todas las copas son blandas, se arrugan entre los dedos. Se las enseño a Bertín para demostrarle que no es que no quiera ponérselo. Sigue protestando, pero no deja de comer. Me siento muy cansada y asquedada. Salgo de casa pero al jardín de mi abuela. Suena el teléfono. Alguien me dice si nos vemos. Pregunto varias veces quién es, pero nadie responde. Finalmente dice su nombre (es una de mis primas). Dice que está muy mal. Vamos a vernos ahora mismo, voy a tu casa o quedamos abajo en un bar, le digo. Alguien le quita el teléfono. Se ha confundido, dice un hombre antes de colgar.

vídeo musical

lunes, 25 noviembre 2019. Carmen está grabando un vídeo musical. El público asiste a la grabación. Canta sus poemas en pie, detrás de una mesa, mientras dos niños hacen que desayunan. Hay detalles religiosos y sangrientos, pero resulta muy divertido. Ella sonríe en todo momento. Junto a la mesa hay otra mesa pequeña con alas abatibles. Un niño del público me pregunta dónde podría comprar una para su madre. Le explico que es un modelo de los años 70, pero que puedo dibujársela para que se la haga un carpintero.

pelo rubio y coches amarillos

domingo, 24 noviembre 2019. Veo a la familia Chivite a punto de entrar en un bar. Me acerco a saludar. Chivite lleva el pelo liso y rubio. Le paso la mano como si fuera un cachorro. Dice algo que no llego a oír. Su hija Laura me mira muy fijo y sonríe. Me debes mails, le digo con la mirada.
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En la calle hay unos coches amarillos de plástico aparcados. Son muy raros, hidropedales con ruedas. Los asientos están incrustados en el plástico. También hay chicos con chaquetas amarillas que van parando a la gente y según la pinta que lleven lo suben a los coches o los dejan marchar. Uno de ellos me para, se distrae, cojo una de las chaquetas amarillas y me la llevo en una bolsa por si la necesito más adelante. Al pasar por un callejón veo un montón de coches amarillos en un garaje. Han precintado puestas y ventanas, meten a personas sin chaqueta. Escapó cómo puedo y llego a una zona donde hay un grupo escondido en una farmacia. Les digo que saldremos por la ventana. No les cuento lo que he visto para que no se asusten. Os quedaréis todos en mi casa, les digo. Mientras caminamos silenciosamente intento llamar a casa, pero mi teléfono no funciona. Debería tener un teléfono de verdad, pienso.