pasta flora

martes, 16 septiembre 2014. Entro en la casa de mis padres. Miro el buzón, hay dos Pasta Flora y ninguna carta. Al entrar, la casa se convierte en la de mi abuela. Todo está oscuro y en silencio. Alguien llega. Me escondo en el cuarto de baño. La bañera está llena de pelos largos como si hubiesen esquilado a Chewbacca.

la habitación de los sensatos

lunes. 15 septiembre 2014. Varios vecinos llegan a casa y se dividen en dos grupos. Cada grupo se encierra en una habitación. En la que me toca hay varios niños que empiezan a tocarlo todo. Deseo que estemos en otra casa y así ocurre. Ahora todos estamos en una habitación con poca luz y los niños saltan sobre el sofá. Mayores y niños saltan, incluso un bebé desaparece por uno de los agujeros que han hecho en el forro de la tapicería. Rompen los cojines y todo se llena de plumas. Me asomo a la habitación de los sensatos, discuten en voz baja cómo arreglar la puerta del ascensor, que tiene un leve arañazo.

con todas mis fuerzas

sábado, 13 septiembre 2014. Camino junto a un niño por una calle mal iluminada. Caminamos detrás de alguien que nos guía. El niño cae por un agujero enorme que hay en acera. Al intentar agarrarlo caigo con él. Intento gritar para que los que caminaban delante nos ayuden, pero en el agujero no hay oxígeno y, mientras seguimos cayendo y llevo la boca abierta y grito con todas mis fuerzas, no sale ningún sonido. Mientras caigo pienso que va a ser una manera muy fea de morir.

manchas de café

lunes, 8 septiembre 2014. Estoy en un bar de carretera con un grupo de poetas. Tenemos una lectura en unos minutos. Un chico dice que ha escrito un poema en una servilleta de papel, que le diga qué tal está. Retuerce la servilleta hasta convertirla en una flor. La abro, sólo hay manchas de café. Aparece Luciano de la mano de un niño. Lo oigo hablar con Pepe sobre la salud de su padre. Todos se van a la lectura. Alberto y yo salimos con retraso, los perdemos de vista. Me doy cuenta de que voy descalza y llevo un vestido que nunca he visto. La lectura ha comenzado. Busco al chico para devolverle la servilleta, ya sin forma, pero no está. Me toca leer. He olvidado los poemas en el bar. Saco unas cuartillas en blanco e improviso unos poemas. El último es una canción, digo al público. La canto en francés. Mientras canto, pienso que me he vuelto loca, que es imposible que yo esté haciendo todo eso.

tres tirantes y una melé

viernes, 5 septiembre 2014. Vivo frente a la casa de Sora, entre los dos edificios hay una plaza pequeña. Llega, le hago señas, se acerca. Estaré toda la tarde escribiendo, le digo y señalo una mesa y una silla muy pequeñas que hay junto a mi ventana. ¡Siete años!, dice muy contenta. Imagino que se refiere a un aniversario. Llega Daniel con un grupo de amigos, celebran algo, hacen una melé y se dan puñetazos. No sé bien si están de broma o van en serio. Bajo a ayudarlo, pero ya no hay nadie. En el portal me cruzo con Sora. Lleva un vestido a cuadros con cancán, le pregunto si se lo ha hecho ella. ¿Llevas tres tirantes?, me pregunta. Parece que vayamos disfrazadas de los años 50. Al llegar a casa veo que me dejé las llaves puestas en la puerta. Daniel está sentado en la cocina jugando con harina y agua. Le doy un trozo de tarta de manzana y le acaricio la cabeza. Me cuenta que en la pelea le han cambiado su ropa por la de otro. Me hace gracia mirarlo comer porque parece un niño pequeño con barba.

tarta

jueves, 4 septiembre 2014. Una ciudad entera hace cola para que les den un trozo de tarta. Alguien me empuja y entro en la cola. Todos llevan su trozo en la mano. También regalan revistas y nubes de caramelo. A mí nadie me ha dado nada.

espigas

miércoles, 3 septiembre 2014. Sobre la mesa hay espigas. Tienen vida propia, se mueven, se entrelazan, se hacen una bola, se estiran, aparecen otras espigas más pequeñas. Pienso que se aman. Las envidio.

g

martes, 2 septiembre 2014. Alguien ha robado la letra G. Doy vueltas en la cama intentando dormir. Se que no podré hacerlo hasta que componga algunas palabras, pero sin la G no puedo hacerlo.

caer

lunes, 1 septiembre 2014. Parece que estamos en China y hemos ido a visitar la muralla. Al fondo de se ven unos montes rojos iluminados por el sol. Quiero que nos hagamos una foto. Salvatore pierde pie y cae al vacío. Lo veo caer a cámara lenta. ¡Te quiero!, le grito mientras cae. Veo que cae a cuatro patas, como lo haría un gato. Me hace una seña con la mano y se levanta. A los pocos segundos aparece intacto. Lo abrazo.

tres gatos

jueves, 21 agosto 2014. Helena tenía tres gatos y los había enseñado a abrazar. A la hora de despedirse me abrazaba. Después les hacía una leve seña a los gatos. Los tres se acercaban y me rodeaban con sus patas. Enrique bajaba mi maleta porque pesaba mucho y decía que la escalera no tenía luz. Yo, en el último momento, recordaba que le había comprado a Carmen un pañuelo azul. Abría la maleta en la acera y lo buscaba. Carmen, desde el balcón, le gritaba a Enrique que el color de su barra de labios era el 26.

media lechuga

miércoles, 20 agosto 2014. Al parecer tenemos que escapar a México. Sospecho de un amigo que lo ha preparado todo para colarnos en un barco. Le digo a Alberto que huyamos esa misma noche. Meto lo imprescindible en la mochila verde que llevaba a las excursiones del colegio. Lo imprescindible: un bol con agua y media lechuga, ropa interior. Alberto se enfada porque no he metido jerseys. ¡Allí es invierno!, grita. Al gritar se convierte en mi madre. Le digo que jerseys podemos comprar en cualquier sitio, pero que tenemos que irnos inmediatamente. Mi madre vuelca agua en el suelo y dice que no podemos irnos hasta que limpiemos bien toda la casa. Le grito que cuando nos pillen y nos encierren pediré que nos pongan lejos y que no volveré a acercarme a ella. Me pongo la mochila y me largo. Alberto decide escapar por la ventana, pero es un piso alto. Veo como se desliza por la pared hasta llegar al suelo. Parece que se ha hecho daño en un pie. Intento la misma jugada, pero me da miedo y me descuelgo hasta el piso de debajo. Así, piso a piso, voy bajando la fachada hasta llegar a la calle. Alberto se hace fotos delante del camión del amigo que iba a ayudarnos a escapar. Los amigos van a tomar algo, parece que estén de celebración. No veo a Alberto con ellos y pienso que quizá haya ido a robar el camión para huir. Corro hacia el garaje donde está guardado y encuentro a Alberto a punto de marcharse, pero no puede salir porque delante del garaje hay un enorme socavón. Ya sé, le digo, hay que atar esas cinchas rojas. Hago una especie de puente colgante, le pongo unas tablas y el camión pasa, al fin, por encima. Alberto me abre la puerta para que suba.

ataúdes blancos

viernes, 15 agosto 2014. Voy con Cristina por la calle, habla por el móvil. Me lo pasa, quiere que le diga algo a alguien, pero yo llevo una croqueta enorme en la boca que no me deja articular palabra. Llegamos a un puerto donde la gente mira al mar desde arriba, apoyados en una baranda oxidada. Una chica nos da un plano y subimos también a mirar. En el mar flotan, ordenadamente, cientos de ataúdes blancos.

letras para todos

jueves, 14 agosto 2014. Al llegar a casa veo en la calle a un montón de gente alrededor del portero automático. Un técnico les dice que se calmen, que hay letras para todos. Los vecinos le van diciendo qué letra quieren que aparezca como distintivo en su botón. Veo que algunos han elegido el logo de "I love..." y después la inicial de su mujer o sus hijos. Pienso que cuando me toque elegir a mí no sabré qué poner. ¿Algo que me guste o algo que los amigos distingan cuando vengan a visitarme?

careta de poker

domingo, 10 agosto 2014. Micah P Hinson vive en un ático frente a mi casa. Yo pongo sus discos para que los oiga, para que sepa que me gusta. Alguien me cuenta que su madre fue actriz y después enfermera. Una tarde me hace señas para que vaya a su casa, presenta a sus amigos y dice que jugaremos al poker. Antes de echar las cartas todos se ponen la misma careta. Me van a ganar seguro, pienso.

billar

no nos habíamos vuelto a ver
desde niños

tu casa era un bar
con una mesa de billar al fondo

al verme dejabas de jugar
y me abrazabas
y yo hundía las manos
en tu pelo rizado
y me parecía de lana

(martes 4 de agosto, 2014)

cantos redondeados

viernes, 1 agosto 2014. Van llegando distintos grupos de estudiantes y debo presentarlos, pero no recuerdo ningún nombre. Parece una ciudad diseñada para ellos (los bares son silenciosos y tienes salas de estudio). Entro en un sótano con dos mesas de cantos redondeados. Llega un estudiante, dice que siempre quiso tener una mesa de cantos redondeados. Yo también, le digo. Todo es frío. Empiezan a morir estudiantes en situaciones extrañas. Por ejemplo, el más joven se tira desde un primer piso sobre una bandeja con espuma blanca en llamas. Nadie dice ni hace nada. Después tengo que guiarlos para hacer un trabajo, se me van perdiendo por el camino. Consigo hacer una especie de caravana con ellos y les voy diciendo que recuerden el sistema métrico decimal.

de la mano

tus padres
me llevaban de la mano
por el pasillo de una casa

la casa parecía deshabitada

y yo sabía que
tus padres
estaban muertos

y yo me dejaba llevar

(martes, 29 julio 2014)

caballos rotos

domingo, 27 julio 2014. Sala de espera de un aeropuerto. Aunque la entrada tiene cajas como las de un supermercado. En el suelo, junto a una de ellas, hay caballos muy pequeños. No me queda claro si son de verdad o de juguete. Me acerco para verlos mejor. La gente, al ver que me levanto, cree que ya se puede entrar en el avión y corren hacia esa caja. Pisotean a los caballos que quedan hechos pedazos en el suelo.

ese falso asombro

viernes, 25 julio 2014. En el altar de una iglesia hay un cura hablando. Habla sentado. a cada lado hay una persona disfrazada de muñeca hinchable. Disimulo mi risa. Es muy gracioso ver sus caras de asombro mientras el cura habla.

de cuestas empinadas

lunes, 21 julio 2014. Camino por la calle. De repente se forma una cola en una acera para subir una rampa estrecha muy empinada. Voy detrás de una madre con un carrito de bebé. Al llegar arriba hay que bajar una escalera aún más empinada con escalones muy estrechos. Pienso que la madre no podrá bajar con el carrito, pero lo hace. Dejo pasar a varias personas. Intento dar la vuelta, pero pienso que bajar la rampa será aún peor. Esto suele pasarme siempre en los sueños, le cuento a una chica.