horquilla

miércoles, 24 agosto 2016. Primero parece que hago autoestop en un camino de tierra con eucaliptos. Después parece que intentan secuestrarme. En el coche van unas cuantas personas más. El coche no arranca y soy la única que sabe andar entre zanjas de barro. Me mandan comprar una horquilla. No sólo hay zanjas, también vallas de alambre. Una calle que parece Marruecos, con muchas tiendas pequeñas y ninguna ferretería. Un chico que también busca algo. Recorremos la calle juntos, pero no encontramos nada. Todo el tiempo llevo la horquilla rota en la mano y la mano en alto para que nadie la roce o no se me pierda. En ningún momento pienso en escapar, sólo en comprar otra horquilla.

una niña

martes, 23 agosto 2016. Recibo una carta donde dice que ha llegado la niña que pedimos. No sé a qué se refieren. Como la si la carta dialogara conmigo, me responde: "Sí, la niña que pediste para ser su madre, ahí están los documentos que firmasteis". Los documentos son servilletas de bar donde Juan y yo hemos escrito, con mala letra, que queremos que nos envíen una niña. Llamo a Juan por teléfono, no sé cómo se tomará la noticia ni cómo nos arreglaremos para cuidar de ella, cada uno en una ciudad diferente.

huida

domingo, 21 agosto 2016. Exposición de un neón con forma de osito que cambia de postura cada dos minutos. Intento hacerle una foto. A pesar de estar sola en la sala, que es enorme, una chica siempre se pone delante. Desisto, salgo. La chica me sigue, me cuenta cosas de su compañera de piso y su exnovio. Yo ni la escucho. Intento salir de allí a toda prisa porque debo llegar a una comida familiar. Corro, la chica me sigue. Entro en los camerinos de un teatro, le pido ayuda. Me esconden en un servicio donde hay un lavabo con latas de berberechos. No sé cómo he conseguido zafarme de ella y cojo un autobús que me lleva en sentido contrario. El conductor y los pasajeros me acusan de pulsar el botón en todas las paradas, pero yo no veo ningún botón. Salgo, corro de nuevo. Alguien me empuja y acabo haciendo un test en una perfumería, donde me preguntan la edad de mis padres y si me gustan los perros. El chico que me hace el test dice que mejor vuelva otro día porque empiezan sus vacaciones.

charcos celestes

sábado, 20 agosto 2016. Entro en un local muy pequeño donde, se supone, que está durmiendo Perkins. Mi intención es limpiarlo. Intento no hacer ruido. Sólo hay una silla de peluquería y un lavabo empotrado en la pared. En el suelo hay charcos celestes. Al intentar secarlos con toallas, veo que son láminas de plástico. Las tiro a la basura. Perkins sale y me mira con gesto de no comprender. Siento haberte despertado, le digo.

botella rota

jueves, 18 agosto 2016. Salimos de un autobús con unas maletas enormes. En la parada hay mucha gente y hay que hacer malabares para poder pasar por la acera. Subimos una cuesta escalonada. Un grupo de chicas quiere hacerse una foto con Alberto. Las chicas discuten porque todas quieren salir en la foto. Me ofrezco a hacerla. Dejo el bolso en un escalón. La cámara está pegajosa y tienes unos botones diminutos que no sé usar. Junto al  bolso hay un perfume que alguien ha olvidado. Lo meto en el bolso, pero empieza a rezumar. El frasco se ha roto, pero ahora es una botella de Cointreau. Las chicas quieren que cenemos con ellas. Entran en una pensión muy cutre. Hay que pasar por un bar con barra en forma de herradura. Está lleno de parroquianos medio borrachos. En camarero, muy viejo, me ofrece una gamba cruda. La pelo, me da asco, se la ofrezco a Alberto. Tampoco la quiere. No sé qué hacer. No sé qué pintamos allí.

atar

lunes, 15 agosto 2016. Alberto quiere acordonar una calle. Lleva un rollo de cinta roja y blanca como la que usa la policía. La ata a una farola y me dice que cruce la calle. Un coche pasa a toda velocidad, pero en vez de romper la cinta, se le queda enganchada. La cinta estira doscientos metros sin romperse. La corto con los dientes. Cuando voy a atarla a otra farola, en realidad estoy atando bolsas de plástico a una cortina de una cristalera en un primer piso. Hay que unir las cortinas para que no pase luz, dice Alberto. Las bolsas son ahora muestras de tapicería. Las cortinas han quedado muy bien, a pesar de todo. Parece una casa nueva, por habitar. No hay muebles. Desde la cristalera veo una jardín donde juegan unas niñas. Me gusta esto, pienso.

brócoli

domingo, 14 agosto 2016. Mi hermana quiere comprar árboles. Cuando lo dice, soy capaz de ver, como si tuviera Rayos-x, árboles dentro de su pecho. Le crecen desde el esternón hacia los lados y hacia abajo, dentro de los pulmones. Más que árboles me parecen brócoli.

cartera de cartero

martes, 9 agosto 2016. Se supone que es la casa de mis padres, pero las habitaciones no tienen ventanas. Sobre la cama de mi cuarto hay una cartera de cartero muy vieja. Alguien la ha remendado con piezas de lana tejida y el asa está cosida en el interior. Siempre quise una cartera de cartero y cuando por fin tengo una es un desastre, pienso. En uno de los bolsillos laterales de lana hay retales. Parece que alguien dejara a medio coser varias prendas. Me las pongo sobre el cuerpo por si puedo sacar algo de ellas. Mi padre entra, dice que se van con mi hermana a pasear y tomar algo. ¿Los tres? Sí, tú te quedas, adiós.

zapatos de bruja

viernes, 5 agosto 2016. La puerta de servicio está entreabierta. Pienso que alguien se ha colado. Pienso en coger el rodillo de la cocina y mirar se ha escondido en el cuarto rosa. Oigo voces. Por la puerta principal oigo a mi suegra hablar con alguien. Le dice que la niña ha subido al descansillo de la azotea. Pienso en quién será la niña, si mi sobrina o su hija. Pienso que quizá haya alguien escondido allí. La niña baja, es una desconocida. Lleva un zapato de cada color. Pienso que efectivamente hay alguien arriba y que le ha hecho algún tipo de brujería.

paraguas

miércoles, 3 agosto 2016. Estoy sentada en la terraza de un bar. En realidad no es una terraza, es la acera, donde sólo cabe una mesa con dos sillas. Estoy sentada mirando hacia el frente, esperando. Antonio sube por la acera sonriente. Cuando está delante de mí, antes de sentarse, dice: Te he comprado un paraguas.

barandilla

sábado 30 julio 2016. La puerta de la calle da directamente al dormitorio o bien hay una cama en el recibidor. Los muebles son muy antiguos, pesados, de madera oscura. La cama está revuelta, Jonás está tumbado leyendo. Hola, le digo. Me mira, no me reconoce. Hueles a isabelbono, dice así, todo seguido. Me quito una gorra de cheviot, que parece a juego con los muebles y que no sé de dónde ha salido. ¡Sí, eres tú!, dice contento. El espacio cambia. Estamos en la casa de mis padres. Tengo que arreglarme porque vamos a salir. Llevo una falda de flores y unos zapatos de flores, pero los estampados son distintos, no pegan nada. Me pongo la yukata que compré en Varsovia. Parezco un fantoche. Mi madre y mis tías me gritan, me dicen que no tengo tiempo, que me dé prisa y que, además, tengo que ordenar la terraza. La terraza no tiene barandilla. Miro hacia abajo, reprimo las ganas de lanzarme al vacío. Entro. Hago que busco algo en un cajón, de espaldas a todos, para que vean que estoy llorando de rabia. Jonás se acerca y habla de cualquier cosa para cambiar de tema y nadie note nada.

bónor

jueves, 28 julio 2016. Parece un colegio convertido en centro de exposiciones, pero exposiciones no hay. En una sala hacen teatro. Reconozco a varios de ellos cuando eran jóvenes. Pienso que son hologramas que se activan al cantar una sintonía antigua. Yo iba cantándole a Marcos "Todo es posible en domingo". Alberto y Antonio nos acompañan. Antonio dice que no quiere encontrare con la chica de la cara quemada. De repente, recuerdo que tengo que subir a casa para algo, pero hay una chica con su hija viviendo en ella. Han convertido el comedor en una pocilga. Les pregunto si bajo el reciclaje. Nosotras no reciclamos, dice muy ofendida. Bajo las escaleras a todo correr. Hay escalones cubiertos de nieve pegajosa. Una niña china me dice en chino que es nieve de azúcar y no la pise. Intenta barrerla como puede. En uno de los pisos veo a Andrés con una guitarra. Va a cantar canciones de iglesia a unos niños. No comprendo nada. Lo acompañan unos tipos raros con mascarillas de plástico transparente que les cubren nariz y boca. Alguien dice que ahora todos los poetas tienen nombre raros. Les digo, en broma, que voy a cambiarme el apellido por Bónor para que parezca nombre de rapero. Andrés abre un mapa dibujado en papel de seda y dice que debe ponerse al día para vender también 30.000 ejemplares. Busutil, que está desayunando una ensalada de piña con arándanos, se vuelve y dice que 15.000 ya le parecen más que suficientes. Me despido, intento meter una banqueta plegable en el bolso, le abro la puerta del portal a una chica embarazadísima. El felpudo de la puerta es un sujetador azul enorme, tipo abuela. Una vez salgo a la calle, no reconozco nada, no sé dónde estoy.

la secta del papel carbón

miércoles, 27 julio 2016. No sé dónde estoy ni cómo he llegado allí, pero parece que me ha captado una secta. Nos dicen que tenemos que entregar un saco con nuestra ropa y otro saco vacío, que nos dieron al entrar, lleno de papel carbón. En casa sólo encontré cuatro, y pienso que quizá me castiguen. Nos hacen pasar por pruebas absurdas como aparcar un coche en una calle con niños muy gordos que no deben quedar atrapados entre el coche y la pared. También pasamos por unos túneles de ladrillo hasta llegar a la cúpula exterior de una iglesia. Allí debemos entregar el saco de papel carbón y un diario resumen de nuestra experiencia esos días, a cambio de nuestra ropa. No entiendo bien para qué pueden querer tanto papel carbón, pero imagino que para nada bueno. Le pregunto a una chica si puedo entregar los diarios más tarde, para repasarlos. Parece que mi dedicación le gusta y me deja marchar. Aprovecho para huir.

un coche negro

martes, 26 julio 2016. Estoy en la antigua cafetería "La cosmopolita". Las mesas han sido sustituidas por un patio de butacas. María lleva el pelo azul, me pregunta algo. Pone tan cerca su cara de la mía que no entiendo lo que dice. Odila lleva un vestido ligero de flores. Pienso en una reunión de antiguas alumnas, pero hay poetas que gritan al fondo de la sala. Quiero salir de allí. Marcus Versus, que está sentado a mi lado, como si pudiera oír mis pensamientos, dice: Quédate. Afuera hay un coche negro con la puerta abierta, esperándome.

xanadú

lunes, 25 julio 2016. Mis amigos hacen una coreografía de Xanadú, subiendo y bajando escaleras, mientras yo peleo con mi familia en la cocina. La pelea comenzó porque dije que la cocina estaba muy limpia y ordenada, que la mantuvieran así.
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Acompaño a Sora al médico. Es media noche y nos atiende en pijama, en un despacho vetusto. Sora se sienta frente a él con las rodillas muy juntas. El médico le pregunta: ¿Has traído algún elefante? Mientras tanto, la espero en el cuarto de baño de la consulta. Miro por la ventana, comienza a amanecer. Miro porque Enrique dijo que vendría a recogerme y no quiero estar allí.

un top

sábado, 16 julio 2016. Estoy con los amigos en un hotel, en mitad de la nada, que parece sacado de un espagueti western. Por otro lado está Chivite y su mujer con unos amigos. Parece que se están organizando para buscar a alguien, pienso. Me acerco a ellos para ayudar. Ya tenemos las maletas hechas y no podemos irnos sin él, me explican. ¿Cómo es el niño?, pregunto. ¿Niño?, buscamos un pijama. Alguien grita que no es un pijama, que es un top. ¡Es un top!, ¡un top!, se gritan unos a otros.
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José Miguel, a quien no veo desde hace más de 30 años, actúa en una especie de club de la comedia. Cuenta su vida, habla de sus conquistas, su trabajo. Una chica corre hasta el centro de la sala, se abrazan, caen al suelo. Es mi mejor amiga, dice él a modo de disculpa. Todos aplauden y él se despide. Me acerco a saludarlo, pero al pasar por mi lado no me reconoce. Entra en el servicio de hombres. Lo espero fuera. Del servicio salen varias chicas riéndose. Sobre la puerta hay un foco que me deslumbra. Empiezo a pensar que cuando salga no sabré qué decirle.

ruinas

martes, 12 julio 2016. No sé dónde estoy. Marcos, Sr. Chinarro y yo paseamos por unas ruinas. Les cuento que alguien ha dicho que soy muy graciosa y que eso es lo único que me gusta que digan de mí. Chinarro dice que tenemos que escondernos de alguien que nos persigue. Nos metemos bajo la cama que hay en una especie de museo de piedra que se cae a pedazos. Por la mañana una chica en moto me persigue con unas perchas de plástico. Alguien me pregunta cómo conocí a Marcos y a su hermano. Jurdi aparece de repente. Parece un Jesucristo venido a menos. Me bajo de un autobús en marcha. Me despido de una pareja vestida al modo tradicional indio. Sigo sin saber dónde estoy.

caracoles políglotas

lunes, 11 julio 2016. Hay un ring con un micrófono que cuelga del techo. Tengo que subir a leer un relato muy corto y del que, al parecer, estoy muy satisfecha. Una chica me dice que mejor cambiemos los relatos y ella lea el mío, y yo el suyo. El suyo es un horror y sé que ella entonará engoladamente hasta cargarse el mío. No digo nada. Deseo en silencio que la lectura se suspenda.
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Llego a un edificio donde algunos estudiantes esperan su turno de examen sentados en el suelo y en las escaleras. Yo sólo llevo un papelito en la mano mientras que ellos llevan un papel enorme desplegable. Me acerco al mostrador y pregunto si necesito algo más que mi papelito. Un tipo sonriente me tienda un desplegable donde tengo que responder marcando cruces. Una chica pregunta lo mismo que yo y el tipo amable la manda a paseo. Una de las preguntas es si los caracoles pueden reconocer el idioma francés cuando se les habla. Respondo que sí.

gofio

domingo, 10 julio 2016. Me encuentro a alguien en el pasillo de un hotel. Le cuento con gran entusiasmo que hay cinco maneras de comer gofio.

masip&masip

sábado, 9 julio 2016. Hay dos Masip. Parecen gemelos, pero sé que hay algo que los distingue aunque no soy capaz de verlo. Uno de ellos tiene una mujer negra muy guapa que se queja de algo. Quiere que interceda, que hable con su Masip de su problema. Yo no digo nada. Veo caminar a los dos Masip por un camino entre árboles.
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Recibo una carta de Pepo. La carta es en realidad un dibujo tipo mandala hecho a boli. Lo miro y soy capaz de leerlo. Le respondo con otra carta igual. No entiendo mi propia letra mientras la escribo, pero estoy convencida de que él la entenderá cuando la lea.