cuentas verdes

viernes, 15 diciembre 2017. Estoy de visita en casa del escritor Chivite. Parece una casa que sólo usen en vacaciones, con estanterías de obra, paredes encaladas, pocos muebles. No hay aristas, todo es romo. También las conversaciones. Van vestidos de verano. Yo llevo un abrigo muy grueso gris. Mientras ponen la mesa, miro un atlas, un álbum de fotos, paso los dedos por el borde de los muebles. Están sentados a la mesa y me despido dándoles un beso en la frente a cada uno (incluido un hijo que en la vida real no tienen). Al salir se me rompe el collar que llevo puesto (no sé de dónde ha salido) y el suelo queda cubierto de cuentas de colores. Les digo que no se levanten, pueden resbalar. Miro las cuentas con mucha pena, como si fueran seres vivos. Antes de cerrar la puerta, les pido que cuiden sobre todo de las verdes.

acorazados

jueves, 14 diciembre 2017. Llego a casa de mis padres. ¿Me he equivocado de piso?, pienso al ver una puerta distinta. La puerta es de madera muy clara, tiene la llave puesta por fuera. La llave parece de aluminio. Temo que se doble al intentar abrir. Entro. Mi madre hace un gesto de "disimula". Llega mi padre y pregunta si mi madre ha vuelto a dejarse la llave puesta por fuera. No, le respondo, es que tengo una copia. Me cuentan que han acorazado la casa. Que la puerta tiene un sistema como las cajas fuertes de los mejores bancos. Miro la puerta, le falta un buen trozo por abajo. Pienso que por ahí puede entrar cualquiera. Le hago un gesto a mi madre y ella a mí para que no diga nada. Mi padre se marcha muy ufano. Le doy la llave a mi madre. No la necesito, a partir de ahora entraré por ahí abajo, le digo. Mi madre se ríe. Yo siento una tristeza inmensa.

abejas

domingo, 10 diciembre 2017. Parece un jardín. No hay muros, sólo una puerta con los barrotes oxidados clavada en la tierra. En el suelo abejas muertas. Rozo una con la punta del pie para comprobarlo. La abeja se mueve. Abro la puerta, las animo a que se vayan. Alzan el vuelo, desaparecen.

miniaturas

viernes, 8 diciembre 2017. Mi madre hace tallas en galletas Chikilín. Tiene la encimera de la cocina llena de pequeños retablos, portales de Belén, retratos de pintores y reproducciones de iglesias. Cuando le pregunto, no le da ninguna importancia, sigue fregando unos platos. Intento hacerles fotos, pero siempre pasa algo en el último momento (alguien las tumba, no hay suficiente luz, llegan visitas). Mis sobrinos corren por la casa. La casa se ha convertido en un laberinto de pasillos de tierra mal iluminados. Intento esconderme en el último rincón para hacerle una foto a la talla de un barco. Alguien aplasta la galleta. Mi sobrino Darío llora desconsoladamente. Dice que le da miedo la oscuridad. Lo abrazo, le repito muchas veces que siempre voy a quererlo más que a nadie. 

torrijas

jueves, 7 diciembre 2017. Alberto jr. quiere enseñarme algo que ha escrito. Mientras lo buscas entro al baño, le digo. La tapa del váter tiene forma de concha y lleva purpurina, sin embargo todo está tan sucio que salgo sin hacer nada. Alberto jr. me espera sonriente. Mira, dice, es una sorpresa. A su lado está Laura. Lleva un mechón de pelo largo y rizado pegado al cuello y la barbilla. ¿Qué te ha pasado? Estaba haciendo torrijas, me saltaron a la cara y me quemé, dice muy sonriente.

musical

martes, 5 diciembre 2017. Parece una película de intriga. Una casa oscura donde todo cruje. Un piso vacío donde se oyen pasos. La figura de una niña sale de la oscuridad. La niña es en realidad un tipo sanote que baila como si estuviera en un musical. Todo un pueblo lo persigue, consiguen atraparlo lo meten en un ataúd de cristal. Por más que grito que lo dejen nadie me hace caso. Justo antes de que el ataúd se convierta en un ataúd de madera cerrado dentro del de cristal, el chico me mira con horror, pidiendo ayuda.

noche en el museo

lunes, 4 diciembre 2017. Parece que estamos de excursión con un grupo. Visito un museo con mis padres. Mi madre lleva unas maletas enormes. Le cuenta a alguien que nunca ha tenido vacaciones. Mi padre ha desaparecido. Imagino que está en la sala de los trenes. Corro a por él por pasillos y salas enormes y vacías. En una de las salas están haciendo reconocimientos médicos. Llaman a Alberto y me hacen una seña para que me acerque. Usted tiene el 80% de probabilidad de morir antes que nadie, le quedan cuatro días de vida, dice el médico. No estoy segura de si es verdad o una actividad más del museo. Alberto dice que hay que decírselo a su madre y a mis padres. Mejor vamos a esperar, le digo, pero nos ponemos a buscar a su madre por las salas. Está en los servicios. En los servicios hay ventanas que simulan ser cuadros. En una de las salas nos cruzamos con Daniel. Se queja de no poder poner música de Tom Waits en casa. Todos sus vinilos están apilados en una sala. En otra, unos tipos muy borrachos hace una fiesta. La sala se transforma en una furgoneta. Nos vamos de fiesta, gritan todos. El camión parece que también tiene habitaciones. En una de ellas dos chicos intentan sacar a un moscardón. Abro una ventana, el moscardón sale. Los chicos bailan de felicidad. Alberto aparece en pijama, está muy delgado. Está empaquetando sus cosas. Me acerco a ayudarlo.

hermanos

domingo, 3 diciembre 2017. Hablo con Marcos. Estamos recostados en unas gradas parecidas a las del instituto donde estudiamos, pero son blandas y cómodas. Llega su hermano. Hablan entre ellos, se ríen. Desconecto y me fijo únicamente en sus zapatos: una especie de botines-sandalias atados al tobillo con cordones azules.

calendario de mesa

sábado, 2 diciembre 2017. José Antonio nos lleva a un bar nuevo. Los camareros nos saludan amigablemente, incluso me ofrecen cerveza sin gluten. Tiene un pequeño jardín muy acogedor para las noches de verano. De camino a JA le regala a Alberto un calendario de mesa. Me río, pero no pillan el chiste. Se supone que hemos vuelto al día siguiente. Estamos en la barra, dos tipos con pelo largo y sucio se sientan al lado de JA. Nos miramos. Los tipos se levantan y van juntos hacia el servicio. ¿Eso eran pistolas?, pregunto. JA asiente. Vámonos. Salimos muy despacio por el jardín. JA se ha dejado el móvil en la barra. Buscamos a alguien con pinta de persona serena, para que llame a a policía sin armar alboroto. Nada. No sé cómo hemos llegado a una colina desde donde vemos el bar. Está rodeado de coches de policía como en una película americana. Parece que han detenido a los tipos del pelo largo. Un furgón enorme, al dar marcha atrás, derriba la entrada del bar. Tendremos que buscarnos otro, le digo a JA.

el señor de los ajos

jueves, 30 noviembre 2017. Un hombre que vende dientes de ajo me espera en una azotea. Se supone que estuvo en una de mis lecturas de poemas y quiere felicitarme. Me acerco. A su lado una chica lava la cabeza de un hombre con el pelo largo muy blanco. Es el alcalde, que también quiere saludarla, dice el señor de los ajos señalando al tipo que se deja masajear la cabeza con los ojos cerrados.

conversaciones

lunes, 27 noviembre 2018. Salgo de un bar con Salud. Javier va delante de nosotras hablando con su madre. Me gusta oírlos hablar. Es una de esas conversaciones triviales, donde se ve el amor y la confianza que hay entre dos personas. Él le dice que nunca había comido gallo. Ella le responde que, si le ha gustado, mañana mismo irá a la pescadería para hacérselo en casa. Llego sola a un callejón oscuro. Algo me cae en el hombro y miro hacia arriba. Se inicia una conversación algo absurda: ¿Qué miras? nada, me ha caído algo. Yo no he sido. Vale. Estoy tendiendo ropa (la mujer usa su móvil como linterna y enfoca unas toallas con dibujos infantiles). Vale, no pasa nada. Es que ha llovido. Ya. Se me habrá soltado una pinza. Bueno, a todos nos pasa. Te he escupido. (No digo nada). Me estaba lavando los dientes y he escupido a la calle. (No digo nada). Lo siento mucho (la mujer llora). No pasa nada, olvídate. La mujer baja a la calle acompañada por un montón de niños, se sienta en el portal de su casa que, de repente, es una tienda de lámparas. Tenemos que vernos más, me dice desde el escalón rodeada de niños. (No digo nada).

cascabel

sábado, 25 noviembre 2017. Llego a un bar-kiosco-carromato de madera. La gente se agolpa frente al mostrador. Veo a Camilo en primera fila. Los que van llegando lo aplastan. Entrega un vale al tipo del bar que le permitirá no hacer cola y tener pagados todos los desayunos de la semana. Noto que no se encuentra bien. Me acerco como puedo entre la masa de gente. Le digo a un tipo que me ayude. Lo tumbamos en el suelo, está inconsciente. Le abrimos la camisa, le paso la mano por la frente, le digo que respire despacio. Poco a poco recobra el color. ¿Todavía llevas el cascabel?, pregunta. Miro al tipo y le digo: Creo que ya está totalmente recuperado.

b&b

viernes, 24 noviembre 2017. Parece que he hecho amigos nuevos. Se graban entre ellos, hace bromas, comienzan a hacerme preguntas y me graban cuando creen que he bebido. Me enfado muchísimo. Alguien me ofrece un yogur de aguacate para hacer las paces. Al abrirlo está vacío. Se ríen. Me dan un bol de tapioca, se me cae al suelo, lo recojo con las manos y al echarlo a un cubo de basura veo que hay ropa. Es mía, han tirado una chaqueta y otras prendas. Todo es extremadamente triste.
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Un grupo de chicas hablan de ir al cine. Yo les hablo de aprender ballet, camino de puntillas por la calle. Llegamos a casa de Rosamari. Están haciendo obra para poner un B&B. Cada habitación llevará el nombre de una escritora. Me tumbo en el asfalto. Un chico mitad Juanito, mitad Hugo se tumba a mi lado.

flechas de chocolate blanco envenenadas

miércoles, 22 noviembre 2017. Un tipo me persigue. Me escondo en una casa. Cuando intento cerrar la puerta él empuja desde fuera. Comienza a romperla con un hacha enorme. Es conocido de la familia. Cuando estamos todos reunidos, les cuento lo que me hizo. Nadie me cree salvo mi hermana que me da un papel con números de teléfono. Son psicólogos, me aclara. (Me despierto muy agobiada. Vuelvo a dormirme). De nuevo el mismo tipo, pero con un compinche, nos acorralan a Alberto y a mí en un centro comercial. Levanto una mesa como si no pesara nada y la coloco patas arriba delante de Alberto como parapeto. El compinche me lanza diminutas flechas que se me clavan en el brazo. Dice que son láminas de chocolate blanco envenenado, que no dejarán rastro cuando se deshagan con el calor de mi piel.

pantalones de escamas

lunes, 20 noviembre 2017. Parecen unos grandes almacenes de segunda mano. Alberto camina muy rápido delante de mí, como si supiera exactamente lo que busca. Tengo sensación de déjà-vu cuando me cruzo con una señora muy vieja que rebusca entre bolsos de tela y unas monjas que pelean por unas maltas tan grandes como ellas. Llegamos a la sección de pantalones. No queda ninguno. Alberto me mira con cara de "te lo dije". Un hombre muestra un pantalón de campana muy feo con estampado de escamas amarillas. Dice que pagará dos millones de pesetas a quien le encuentre unos iguales. Pienso que quizá hemos viajado en el tiempo. Una chica me da unas monedas inglesas, tiene prisa, dice que la llame por la noche para contarle cómo termina la historia del pantalón. Se las devuelvo. Le digo al hombre que busque en imágenes de Google describiendo el pantalón y seguro que aparecen varios parecidos. No veo a Alberto. Mientras busco la salida me cruzo con unas monjas que tallan figuritas de madera. Pregunto qué animalitos tienen. Una de ellas me pone la mano en el hombro y comienza a contarme la historia de la Alhambra. Dice que fue descubierta por una mujer. Quiero irme de allí. Corro por una calle empedrada hasta llegar a un descampado. Alberto me espera junto al coche. Ni pantalones ni animalitos, le digo muy sonriente.

buzones

domingo, 19 noviembre 2017. Llego a mi antigua casa en calle Salitre. Madrugada, pero el portal está encendido porque han puesto una papelería de guardia algo caótica en el portal. Las cajas con artículos pasados de moda se amontonan al lado derecho. A la izquierda están los buzones. Ahora son cajas fuertes negras de hierro iguales a las de los dibujos animados. La mía tiene la puerta rota y abierta. Todavía lleva mi nombre. Está llena de propaganda y sobres abiertos. Incluso envoltorios de magdalenas y pastelitos. Parece que la hayan estado usando de papelera. Pregunto al chico que lleva la papelería si le han dejado algo para mí. Sin dejar de trabajar y sin mirarme, señala una caja en el suelo donde hay un montón de sobres acolchados muy viejos.

fregona

sábado, 18 noviembre 2017. Al parecer he inventado una fregona circular. Es un aro que al presionarlo sobre el suelo limpia sin necesidad de tiras de tela ni algodón. Se lo explico a alguien varias veces. Como parece no entenderme o llevarme la contraria, le doy una bofetada.

inventos

viernes, 17 noviembre 2017. Alguien le pregunta a Alberto cómo está su hija. Él le dice que acaba de enviarle dinero para que puedan operarla. No sé de qué hija hablan. Al parecer tiene una hija siria de tres años a la que nunca ha visto.
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Escribo una novela en un ordenador que acabo de inventar: Unas cuartillas con mi avatar en la esquina izquierda. Cuando le paso el dedo por encima, cambio de fuente, etc. No está perfeccionado, pienso, porque al cambiar el tamaño de letra algunas frases quedan en el revés de las cuartillas. 

cachorro

jueves, 16 noviembre 2017. Chari está muy triste. Hay mucha gente alrededor. La meto en el bolso como si fuera un cachorro. La consuelo.

patrones

miércoles, 15 noviembre 2017. Llego a la casa de mi abuela. Mis tías cortan tela sobre la mesa del comedor para hacer pijamas. Comienzan a criticar el jersey que llevo puesto (me queda enorme, está mal tejido, es bastante feo). Sé que el jersey es horrible, pero cuanto más lo critican más lo defiendo. Mi madre no dice nada. Les pongo de ejemplo el bolso de mi madre (es viejo y está roto, pero le encanta). Lo señalo. Mi madre sonríe tímidamente. Es un bolso nuevo.