zona murcia

viernes, 28 abril 2017. Llego con Sonia y Míchel a un teatro romano que, se supone, es un cine. Nuestras entradas dicen "Zona Murcia". Suponemos que significa que el teatro tiene forma de mapa de España y debemos sentarnos abajo a la derecha. Nos cuesta bajar porque la rampa de piedra resbala. Deciden no caminar más y se sientan en "Zona Canarias". Yo me quedo en un palco de piedra en "Zona Cádiz" con dos tipos malencarados.

Mis padres, se supone, viven cerca del teatro. Voy a verlos. La casa también es de piedra. Desde la calle puedo ver a toda la familia. Discuten mientras ven la tele. Mi madre me ve y sale a saludarme. Te acompaño a la estación, dice. Y después, ¿quién te acompañará a ti? Llevo paraguas, me dice por toda respuesta.

bolas de arena

miércoles, 26 abril 2017. Parece que comparto casa con varios estudiantes. Una casa muy desordenada cerca de la playa. Salimos cargados de libros. Yo he olvidado algo y vuelvo. Por el camino, que es una playa de arena gruesa gris, encuentro monedas y algunas insignias militares. No puedo entretenerme y sigo mi camino. En la casa hay una escalera de caracol muy estrecha que antes no estaba. Busco los libros que me faltan y bajo. Una chica muy parecida a Nuria (una compañera del colegio) huye con un montón de folios que se les van volando. Al salir, la playa está a oscuras y no veo las monedas. Un chico me lanza bolas de arena con odio. Por más que me fijo no lo reconozco ni sé por qué me odia tanto.

santurrón

martes, 25 abril 2017. Estamos de visita en casa de un tipo que, todo el tiempo, insiste en que tiene que hablar conmigo. Lo evito cuanto puedo. Su mujer nos muestra la casa orgullosa. La han puesto en venta. Tiene hasta pasadizo secreto, comenta divertida. Junto a la casa hay una cueva con un santurrón donde unas señoras con batas de flores hace cola. Mucho me temo que el santurrón y el tipo que quiere hablar conmigo sean la misma persona. Quiero irme de allí cuanto antes.

grito

viernes, 21 abril 2017. Mi madre y yo vamos por un camino de tierra. Al fondo se ve un edificio parecido a la fábrica de cemento. No sé si seguimos a una chica o es que lleva nuestro mismo camino. La chica comienza a bajar una escalera metálica, vertical, que hay pegada a una pared. Mi madre se suelta sin querer y cae a toda velocidad. Su grito. Pienso que aplastará a la chica, pero también puede ser que el cuerpo de la chica amortigüe la caída de mi madre.

casa-tubo y pájaros-bola

jueves, 20 abril 2017. Llego a una casa-tubo como si me esperaran. El dueño se parece mucho al escritor Antonio Orejudo. Tengo frío, encojo y agarro las piernas sobre el pecho. Orejudo tiene una infusión para eso, dice, se la acaban de traer de un lugar exótico. Se levanta muy sonriente a buscarla. En ese momento aparecen dos abejorros de colores. Cuando los espanto se convierten en pájaros-bola. Orejudo me da la infusión y les hace un hueco entre las manos. El pájaro-bola macho regurgita una mariposa y se la da a la hembra. ¡Van a ser padres!, decimos muy contentos a la vez.

sopa

miércoles, 19 abril 2017. Como sopa muy despacio en una mesa muy larga. Estoy sola. Le digo a nadie que la rosa mosqueta cierra los poros.

cenizas de chocolate

sábado, 15 abril 2017. Se supone que celebramos el aniversario de mis padres. Aunque estamos los tres solos, mi padre quiere decir unas palabras. Comienza a quejarse de mi madre. Reproches infundados, uno detrás de otro. Mi madre dice que no le afectan, pero se levanta de la mesa y llora. La abrazo. Está tan triste que se convierte en un bote de Nesquik. Salgo a la terraza con el bote abrazado, le digo que no se preocupe por nada. Empiezo a preocuparme por si no vuelve  su estado normal. Abro el bote, meto el dedo mojado para probar si de verdad es Nesquik o la tristeza la ha convertido en cenizas. Me pregunto qué haré con esas cenizas de chocolate si no vuelve a su estado normal. Mientras tanto, a través de las cortinas, veo a mi padre meter todos mis zapatos en bolsas de basura.

cajero y app

jueves, 13 abril 2017. Masip vive en una habitación con moqueta. Donde debería estar la ventana, se transparenta un cajero automático que funciona hacia la calle y hacia dentro. Le da una luz futurista al cuarto. Me gusta mucho, le digo, además, si un día necesitas sacar dinero y está lloviendo, puedes hacerlo sin mojarte los pies. Se ríe. Le pregunto a qué hora sale el último tren. Dice que no me preocupe, que él me llevará a casa. Nos tumbamos sobre la moqueta, pego mi cabeza a su tripa (supongo, por ver ayer los calcos de Pompeya en la tele). Cuéntame cosas, le digo.
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Camilo dice que lo han invitado a Logroño. Tienes que ir, le digo, además de la lectura lo vas a pasar de maravilla. Me cuenta que ha inventado una aplicación para móvil en la que cada amigo acude a tu llamada para una cosa en particular. A mí apúntame para cuando vomites, puedo sostenerte la cabeza, le digo. Dice que es la hora de las ambulancias. Supongo que está cuidado de algún familiar enfermo. Quiere que lo acompañe, pero debemos darnos prisa. Corremos a zancadas enormes. Para entrar en su casa trepamos por una pared roja donde sólo podemos agarrarnos con las puntas de los dedos. 

cura de lana

miércoles, 12 abril 2017. Llego a un explanada donde parece que se celebra un homenaje. Hay lápidas de hierro en el suelo. Parecen registros. Un hombre va nombrándolos uno a uno. Mira el reloj y comienza a correr, a no decir nada, a echar agua bendita sin mirar. El público protesta. Incluso un cura que hay a mi lado dice que eso no tiene perdón de Dios. Me fijo en que sotana y alzacuellos están tejidos en lana. También la cara. Se le ven las costuras. Un matrimonio dice que pronto llegará el bus para devolvernos a la ciudad. Pasa un barco a toda velocidad, cortando el asfalto. El público empieza a mosquearse. Intento hacer chistes. Esto parece el Un dos tres, ¿se acuerdan?, ahora aparecerá una azafata y nos dirán que hemos perdido un barco de recreo, les digo. Todos se ríen. Sigo diciendo tonterías hasta que aparece, por fin, el bus. El bus es vertical. Los asientos, de cuatro en cuatro, repartidos en unos veinte pisos. Sólo tiene dos ruedas. Se tambalea. Todos corren para ser lo primeros. No pienso subirte ahí, le digo al cura de lana. No me contesta, se ha convertido en el muñeco que ya era.
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Un chico muy joven estudia en un bar. Tiene la mesa llena de apuntes. Una chica rubia, de mi edad, intenta ligar con él. El chico me pregunta qué música me gusta. Tom Waits. Te gusta la New Age!, dice enfadadísimo. Pienso que no tiene ni idea de nada, el pobre. La chica dice que no podría vivir sin música. Le digo que si me quedara sorda me daría igual porque prefiero el silencio, pero sí pediría poder escuchar, al menos, una canción de Tom Waits al año. En ese momento pasa una señora con pinta de vigilante y dice que me remeta la camisa por el pantalón. Obedezco. El chico le explica a la chica rubia que las galletas y el desodorante no se guardan en el frigorífico. La chica dice que tiene una cita, le da un beso muy rápido y desaparece. Te espero, le dice el chico con ojos de corderito. Buena te espera, muchacho, pienso.

gabardina

martes, 11 abril 2017. Pablo, un niño pequeño y yo salimos de clase. El niño se queja de que su madre quiere ir en vacaciones a Madrid. Pablo le dice que es mejor no viajar. Intento convencer al niño de que viajar te enseña a comparar y a no creer que lo de un es lo mejor. Yo también voy a Madrid, podemos vernos allí, le digo. Responde que no cree que su madre lo deje salir con una persona mayor. ¿Y te deja llevar esos zapatos? Lleva zapatos de mujer. Dice que se los compró porque era muy feos y así evitó que se los comprara su madre. Caminamos, el niño es ahora una chica con gabardina. Me acompaña a la estación. Le digo que después tendrá que volver sola. No le importa. La abrazo, le beso el cuello. No tengo los billetes, nos colamos en una casa para imprimirlos. La dueña de la casa sale de una habitación, empujo a la chica bajo una mesa para que no la vea.

casi

sábado, 8 abril, 2017. Me encuentro a un niño en la calle. Le pregunto si se ha perdido. Señala a su padre a lo lejos. Cuanto más señala más se aleja. Le digo que no se mueva y corro hacia su padre dando tremendas zancadas. Casi vuelo por las calles, pero nunca llego a alcanzarlo. Me olvido del niño, corro por placer.

inodoros de ascensor

miércoles, 5 abril 2017. Un escritor (que, se supone, es muy famoso) expone sus libros en el portal de la casa de mis padres. Hay poco sitio, se queja el chico que debe venderlos. Le digo que use las cajas como mostrador. En la portada de los libros aparece un elefante muy mal dibujado. Todos tienen que pasar por aquí, así que alguno venderás, le animo. Entro en el ascensor con una chica. El ascensor tiene varias sillas que esconden inodoros bajo los asientos.
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Llego a una plaza soleada. Violeta le hace fotos a chicas que posan leyendo de espaldas a cámara. Ayudo a parar el tráfico para que le sea más fácil.

pereda

martes, 4 abril 2017. Me invitan a leer poemas. En el escenario hay una mesa con un mantón y sillas verdes colocadas como para cantar flamenco. Una señora me dice que se ha animado a tener mail y le abra uno. Su portátil es blanco y se transforma en una folio doblado. Me siento en un lateral, en una especie de pupitre pequeño. Una chica me dice que tengo que leer poemas sobre el tiempo, los pájaros y Pereda. Le pregunto si tienen algún libro mío. No, improvisa. El público comienza a pelear entre ellos. Discuten sobre la fecha en que apareció Internet. Intento hacerlos callar. ¡Internet llegó a mi casa el 13 de abril de 1997!, les grito. Un chico asiente, los demás siguen peleando. Mientras la chica intenta calmarlos, yo intento recordar qué sé de Pereda. Sé que tiene una calle en Málaga cerca de la Heladería Lauri, sé que al final de la calle estaba la Pizzería Paperino que tanto me gustaba. Mientras los veo pelear, pienso que esos datos no vana ser suficientes para entretenerlos una hora. Una señora muy vieja me dice que, cuando termine con el mail de su amiga, le haga la Declaración de la Renta.

peluca

lunes, 3 abril 2017. Pongo la tele y aparezco en una especie de concurso. Yo no tengo tanto pelo, pienso. Parece que llevo peluca. Cuando me preguntan, respondo teatralmente exageradamente lento. Cuando se supone que no me están enfocando, se me ve en segundo plano haciendo el tonto, imitando a Chiquito de la Calzada. ¡Esa no soy yo!, digo enfurecida señalando a la tele. (Siesta).

caja fuerte

domingo, 2 abril 2017. Federico tiene una caja fuerte en un café. Es un café decorado con terciopelos granate y mesas de madera muy oscura. Está sentado delante del retrato que pintó de su familia. Me ve llegar. Se alegra tanto que quiere enseñarme su caja fuerte. Está detrás del cuadro. La abre delante de todo el público. La caja fuerte es una habitación semicircular llena de cuadros. Quiere que entre, que elija un cuadro. Te regalo los que quieras, dice. Prefiero que cierre la caja fuerte antes de que algún listo le robe. Se le ve feliz. Invita a pasar a todos los que están en el café. ¡Cojan lo quieran!, les dice con los brazos abiertos. 

castañas de madera

sábado, 1 abril 2017. Llegamos a un hotel. Me gusta, hay moqueta. Dejamos las cosas sobre la cama. A la vez que voy sacando las cosas de la maleta, las paredes se van abriendo. La habitación es ahora el hall del hotel. Tiene puertas alrededor. Van llegando clientes, pasan tranquilamente entre nuestras cosas como si no nos vieran. Voy abriendo puertas para averiguar cuál será nuestro cuarto de baño. Alberto me pide que busque algo. Le digo que ya lo he buscado mil veces y no está en ninguna maleta. Para demostrárselo, meto la mano en varias bolsas pequeñas y voy sacando puñados de tuercas, castañas de madera, canicas de plomo. Para otra vez traeremos cosas que no pesen, le digo.

De repente estamos en el fondo de un autocar. Una señora insoportable y su hija, cuentan a toda voz que vienen de Nueva York, que han conocido en persona a Mickey Mouse. Nadie les hace caso. Me mira insistentemente. Me pregunta qué se puede visitar en España. Todo, le digo. ¿Tarragona también merece la pena? Menos Lérida y Badajoz, todo.

atila

jueves, 30 marzo 2017. Parecen unos grandes almacenes muy desordenados. Las prendas se amontonan en forma de laberinto. Una señora enorme se abre paso. Deja un hueco entre los setos de ropa. Me recuerda a los dibujos animados que huyen dejando su silueta en una pared. Me río. Aprovecho para ir tras sus pasos. La señora se vuelve. Disimulo mirando unas prendas mientras ella me mira insistentemente. Pienso en Atila. Vuelvo a reírme. Logro salir del caos, busco a Alberto. Pasillos estrechos muy blancos. Nada ni nadie. A lo lejos, veo su silueta a través de un cristal translúcido. Cuando estoy más cerca veo que la silueta fuma. No es él, pienso. Miro los pasillos, todos son iguales, no sé por dónde vine, no sé por dónde volver.

fideos y gominolas

martes, 28 marzo 2017. Cumpián y yo subimos el Compás de la Victoria. Unas niñas van y vienen dando saltos. Están contentas porque van a la playa. La playa es una charca artificial que han puesto en la explanada delante de la iglesia. Cumpián dice que me quede a comer, pero tengo que ir a ver a mis padres. Ten, llévales sopa, dice. Me da un plato hondo de sopa hasta los borden. Los fideos son espaguetis larguísimos que rebosan y llegan hasta el suelo. Bajo la rampa con mucho cuidado. Pienso que debería haberme quedado aunque sólo fuera para que las piernas se me pusieran morenas.
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George Clooney y Jessica Lange entran en una sala muy blanca. Una monja, con hábito blanco por la rodilla, me señala y me indica que me levante. Se supone que van a hacer una demostración de cómo rehabilitar un brazo con tendinitis. Lange se pone detrás de mí, pega su cuerpo al mío, Clooney se pega a Lange. Ponen sus brazos debajo de mi brazo izquierdo y comienzan a hacer ejercicios. El brazo me duele muchísimo. Lange se queja. ¿Yo qué pinto aquí?, pregunta en un perfecto español. Cuando hemos terminado, nos hacen pasar a otra habitación muy blanca con mesas de guardería. En una hay tres cuencos de lo que parece nata montada con gominolas. ¡Comed!, dice la monja dando una palmada.

libros de madera

domingo, 26 marzo 2017. Llego tarde al colegio. Alguien me entretiene justo antes de subir el último tramo de escalera. Llevo libros de madera que pesan muchísimo. Una monja avisa que va a cerrar. Al ver que empiezo a subir con dificultad, cierra la puerta. Qué hija de puta la monja, digo entre dientes. Una chica que me ha oído dice que podemos entrar por debajo. Hay unas láminas de plástico que tapan una gatera. Entramos. Busco mi clase, pero todas las clases están en obras. Oigo de fondo a un grupo de niñas rezando.

after eight

sábado, 25 marzo 2017. Voy a visitar a Federico, está en la cama, parece enfermo. Al parecer, le han puesto un aparato para corregir los dientes y está muy débil porque no puede comer nada. Le doy láminas de chocolatinas. Se las meto suavemente en la boca como si echara cartas a un buzón.