sopa de sangre

Desde una de las ventanas de la casa de mi abuela se puede ver el acueducto de Segovia. Me pregunto si siempre ha estado ahí y nunca me había fijado.
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Alguien me pone delante un plato sopa de tomate. Más bien parece gelatina opaca muy espesa. No está mal de sabor, pero al pensar que es un plato de sangre, lo devuelvo al plato.
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Yo esperaba en una carpa. Había mucho público en sillas de terraza y Antonio entraba triunfal, saludando, sin timidez alguna. parecía más joven, más delgado, llevaba ropa juvenil (una sudadera con capucha y sin mangas), parecía completamente feliz.

moqueta granate

viernes, 17 abril 2015. Estoy en unos grandes almacenes y siento la necesidad imperiosa de huir. Bajo escaleras a toda velocidad. Me resulta muy fácil porque al estar enmoquetadas mis pies resbalan sin necesidad de esfuerzo. En una de las plantas leo "Baby's room". Entro. Hay camas y móviles de trapo para poner sobre las cunas. Sobre una de las camas hay una colcha estampada con elefantes. Deseo que sea un retal para poder robarlo. Lo es, lo doblo rápidamente y lo escondo bajo mi ropa. Pienso que quizá haya cámaras de vigilancia, y corro de nuevo escaleras abajo. Una vez en la calle, una familia vestida a juego como visten los turistas, camina por el borde de unas zanjas. Queremos pasar miedo, dice uno de sus hijos. Bien, responde el padre, buscaremos zanjas cercadas con aluminio.

laberinto encalado

domingo, 12 abril 2015. A ratos parece un festival de música, a ratos la feria de la cerveza. Llevo unas gafas de sol enormes. Me vienen bien porque todo es muy blanco, paredes encaladas, locales que sólo son paredes y escombros. No sé si busco a alguien, pero me paso el rato corriendo de un lado a otro y encontrándome a multitud de amigos y conocidos. Intento encontrar la salida como quien intenta escapar de un laberinto.

más cine, por favor

yo señalaba cada edificio vacío
tú asentías

tú buscabas una calle empedrada
para rodar una escena
yo no entendía de dónde tanta sangre
ni para qué la mezclabas con leche

sangre holandesa
oí decir

(sábado, 11 abril 2015)


pimientos

viernes, 3 abril 2015. Hablo por teléfono con mi amiga Begoña mientras el suelo de la habitación se llena de pelos. Se me pegan a los calcetines. Resulta agotador. Me cuenta que queda cada semana con el escritor Chivite y él le cuenta entusiasmado que ahora dedica su tiempo a un huerto ecológico. Su especialidad son los pimientos, le ha dicho.

otra habitación de hotel

balcón abierto
ella limpia las sábanas de granos de arroz

parece verano

después del insomnio
las piernas encajan
los hombros encajan
las palabras encajan

puerta cerrada
él quiere marcharse para siempre

parece


(lunes, 30 marzo 2015)

lejos del frío

una habitación desordenada
la persiana rota
quién sabe si llueve

sombras al final del pasillo
alguien a quien ordeno que prepare café
la puerta necesita burlete

en una pelea se lanzan cáscaras de pipas
pasa un tren con dos gigantes
y no estás allí para verlo

(miércoles, 25 marzo 2015)




closing time

miércoles, 18 marzo 2015. Estoy sentada junto a la ventana del que era mi cuarto de niña. Sobre la mesa no hay nada y me resulta extraño. Por la ventana entra la voz de Tom Waits y me pregunto a qué vecino podrá gustarle. Mi madre asoma la cabeza y dice: Y está poniendo el Closing time completo!

la tristeza del ventrílocuo

martes, 17 marzo 2015. Estoy en la recepción de un hotel. Todos cuchichean sobre por qué estará triste el tipo que hay apoyado en el mostrador. Parece que tiene un niño o un muñeco sobre las rodillas. No comprendo que la tristeza de ese hombre cause tanta expectación. De repente aparece una señora agitando unas cuartillas. ¡Lo tengo, lo tengo!, grita. He hecho un estudio y está triste por la temperatura. ¡Ohh!, exclaman todos. Está triste, ¿porque tiene frío o porque tiene calor?, pregunto. Todos me miran como si hubiera dicho alguna aberración. Me castigan. Tengo que ser yo quien se lo diga, pero el hombre ya no está. Lo veo entrar por una puerta abatible. Corro tras él. Paso por una cocina enorme, por una lavandería, por unas habitaciones vacías muy blancas y finalmente llego a un túnel. En el túnel se preparan dos bandas para una pelea. Son enormes, parecen jugadores de rugby, se arman de palos y barras de metal. Escapo por una puerta lateral que da a una sala llena de máquinas, todo está lleno de grasa. Busco un rincón para esconderme. Ya me encontrarán, pienso. Al cabo de un rato alguien me pregunta si tengo hambre y me da un bol con fideos. La sala es ahora una azotea. Familias enteras se pasean como si estuvieran haciendo tiempo. Una niña pequeña me abraza. Lleva una manta de colores tejida en lana. Al notar el calor de la lana me echo a llorar.

asfalto vs moqueta

martes, 10 marzo 2015. Soy una de las piezas de un coche. Parece que soy uno de los tubos de la parte delantera o que tengo que ver algo con la dirección, porque cuando el coche toma las curvas siento cómo me doblo y estiro. No duele, pero da vértigo. El coche va a muchísima velocidad, pero desde mi sitio veo pasar el asfalto a cámara lenta. De repente el asfalto se ha convertido en moqueta y pienso que el conductor se ha salido de la carretera y ahora vamos por un pasillo de hotel. El polvo que levanta me da ganas de estornudar, pero me aguanto para que el coche no derrape.

refugio

lunes, 9 marzo 2015. Voy en bus con mi hermana. Acaba de comprarse unas botas y las ha dejado sobre los asientos del fondo. De repente quiere ponérselas, pero alguien ha metido en la caja a un cachorro de perro que lo ha ensuciado todo. Las botas están llenas de cacas y orines de perro.
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Estoy con un grupo de personas que no conozco y señalo al cielo. Hay muchísimas estrellas que se encienden y se apagan. Todos corren a refugiarse en sus casas. Me temo que un refugio no será suficiente. Dos chicas llegan en canoa y me dicen que vaya con ellas.

pendrives

domingo, 8 marzo 2015. Quieren robarme una bolsa con pendrives. Tienen forma de muñecos. Primero intenta quitármela mi hermana y después una pareja de actores por la calle. No puedo correr para librarme de ellos porque los pantalones me quedan muy largos y tropiezo continuamente. Mi padre dice que no le importa lo que pase porque ya tiene su móvil-pulsera. (Me despierto llorando)

erizo

sábado, 7 marzo 2015. Mi madre y yo vamos en un coche hecho de tubos naranjas. Lo conduce un tipo que, al llegar a un descampado, dice que bajemos. Empuja el coche por un terraplén y le prende fuego. Sabrán que fue intencionado, le digo.
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Me asomo a la terraza de la casa de mis padres. Los vecinos del primero tienen un erizo. La niña monta en él como si fuera un caballo. Cuando también monta el niño, el erizo queda aplastado como una alfombra. De repente, el erizo escapa y sube hasta la barandilla de nuestra terraza. Hace equilibrios por no caer, queda colgado de un pata. Le tiendo un cojín a modo de puente para suba, pero cae. (Me despierto llorando)

veinte metros

miércoles, 25 febrero 2015. He quedado con carmen y Enrique en el paseo marítimo. Los veo sentados sobre unas ruinas romanas. El cartel dice "No pisar", pero no dice "No sentarse", pienso. Helena corre hacia mí y me abraza. Está muy alta y lleva una melena lisa hasta la cintura. No te puedes imaginar el regalo que te he traído, le digo.
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Salo por un puerta muy pequeña al que era el recreo de mi colegio. Voy con dos personas más, llevamos unas bolsas de deporte enormes. Se quejan del frío, quieren marcharse. Me quito la ropa de abrigo e intento convencerles de que ya que hemos legado hasta allí, tenemos que hacerlo. Saco unas barras paralelas de la bolsa, armo en cuestión de segundos una especie de andamio. ¡Nos han pillado!, dicen y huyen. Sólo veo a lo lejos a unas niñas de uniforme. Las personas que me acompañaban han trepado por el andamio y entrado en el colegio por una ventana. Los sigo. La habitación está vacía y no hay puertas. Imagino que han escapado por la otra ventana. Calculo los metros hasta el suelo: 20 metros, me digo. Ya he saltado por esta ventana otras veces, pienso. Hay gente que pasa por la calle, algunos me señalan. Les digo que se aparten para no hacerles daño.

la ley de la levedad

viernes, 20 febrero 2015. Busco bajo la cama un anillo que he perdido. Encuentro tornillos sueltos de pendientes, trozos rotos de cadenas y hasta una corona con perlas falsas. Cada vez aparece más bisutería rota, como si alguien la estuviera echando a propósito para hacerme perder tiempo. Pienso que van a cerrar la joyería donde debo llevar el anillo para que le graben unas palabras. Ganas de gritar.

autos locos

jueves, 19 febrero 2015. Despierto en una acera de la calle Larios. La gente pasa a mi alrededor como si yo fuera invisible. Entro en una tienda a ducharme. Me apetece muchísimo un café con leche. Podría desayunar con mis padres, pienso. Por el camino encuentro obstáculos: coches amontonados en las aceras, terrazas de bar llenas de mesas y gente. Tengo que sortearlos subiéndome a algunos coches. Uno de ellos es un almendrón celeste. Rompo el capó al saltar sobre él. Miro a mi alrededor buscando testigos. Sólo hay una mujer encaramada a la barandilla de su terraza, tachando algo escrito en un cartel. Se va a caer, pienso y en ese momento veo una figura de escayola de una Inmaculada en la barandilla de al lado. De repente voy en coche. Los pies no me llegan a los pedales. Al fondo hay una piscina con unos adolescentes. ¡No!, oigo gritar. Consigo que el coche gire, pero cae de espaldas al agua. Antes de hundirme oigo decir: No la ayudes a salir, para que aprenda.

de locos

jueves, 12 febrero 2015. Mi madre ordena una habitación para mi hermana. No sé de dónde habrá sacado los muebles. Ella sola ha metido cuatro camas, varios armarios y tres mesas. Le pregunto si puedo reordenarla y quitar camas, por ejemplo para que haya espacio para moverse. Discutimos. A mí tampoco me cuesta mover muebles enormes. Mi hermana dice que está acostumbrada a tener cuatro camas. ¿Pero para qué? Vuelvo a dejarlo todo como estaba. Yo no pondría el ordenador junto a la ventana, digo. Si me lo roban ya compraré otro, dice. Salgo de allí muy triste.
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Tengo que leer poemas en un manicomio. Alberto dice que llegamos tarde y para acortar camino intenta bajar deslizándose por el tronco de un eucalipto. Desiste. Cuando llegamos ya es de noche. Mi hermana está en la puerta, esperando. Al acercarme se convierte en una niña de cinco años. Mientras Alberto busca la entrada, veo como algunos locos han escapado. Me pego al muro y protejo a mi hermana, le digo que no los mire a los ojos.

pendiente

miércoles, 11 febrero 2015. Parece un restaurante decorado como si fuera una cabaña de madera. Entra un niño y se sienta con varias mujeres. El niño es el escritor Chivite. Me extraña que lleve un pendiente. Me extraña doblemente, por ser un niño y por ser él. Pienso que cuando me vea se acercará a mi mesa a saludarme, pero pasa el tiempo y no me reconoce. La gente en la calle se agolpa porque va a pasar el Papa.  En el restaurante todos se acercan a la ventana. Yo aprovecho para ir al servicio.

pestiños

viernes, 6 febrero 2015. Llego a la casa de mis padres. Alguien ha hecho la que era mi cama, pero ha puesto el edredón como sábana bajera, y la sábana bajera como edredón. La dejo como está. En la cocina hay más de veinte botellas de agua sobre la encimera. Uso una para hacer café, pero la cafetera está rota y el agua tiene jabón. Las dejo como están. Hay una fuente enorme de roscos de azúcar y otra de pestiños. No hay nadie en casa. Miro el reloj de la cocina, todavía no son las nueve de la mañana. No sé dónde han podido ir todos tan temprano.

adn comestible

jueves, 5 febrero 2015. Subimos a la segunda planta de un bar en el que ya he estado en otros sueños. Un bar con sofás semicirculares al fondo donde también se cena. A la entrada sólo una barra. No sé qué pedir y no quiero beber cerveza. La camarera me trae una Fanta de naranja. me la bebo de un solo trago. En el fondo del vaso aparecen dos cubitos que parecen de plástico. Al sacarlos, uno de ellos se convierte en una especie de estructura comestible de ADN.
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Calle María. Le explico a alguien que esa calle me produce felicidad. Mírala bien, le digo. Hacia atrás y hacia delante sólo hay luz y sol. No me hace caso. Al llegar a Rodrigo de Ulloa, la casa donde viví de niña no existe. Ahora hay una plaza enorme con edificios que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Los edificios se mueven a una velocidad increíble como si fueran ascensores gigantes.