despacho

lunes, 8 febrero 2016. He quedado con Iker en un despacho bastante solemne. A la entrada una secretaria no deja de escribir a máquina. Al fondo, detrás de la que se supone es su mesa de trabajo, hay una chimenea apagada, pero que da una luz muy acogedora. Me habla de lo que ha hecho durante estos años sin vernos. Me confiesa que un cuento que me envió, firmado por un amigo, en realidad era suyo. Le digo que debería habérmelo dicho. Hay algo más, dice, mi madre murió. Me hecho a llorar desconsoladamente. Pienso en lo mal que lo habrá pasado sin que yo pudiera consolarlo. Lo abrazo. Le pido que no vuelva a ocultarme nada.

casa rural

miércoles, 27 enero 2016. Pepo me pide que lo acompañe a visitar a unos amigos que han alquilado una casa rural. Cenamos en la cocina. Un tipo saca varias botellas de vino y nos las muestra como si fuera maître. Dos chicas vestidas de fiesta, con joyas, hablan de banalidades. Una se quita los zapatos y los deja caer teatralmente. Me fijo en que están muy viejos y son muy grandes. Sí, uso un 40, dice como si pudiera leerme el pensamiento. De repente estoy en mitad del campo, junto a una carretera. Veo la casa a lo lejos. Corro. Me cruzo con una vecina que me mira los pies y me saluda incrédula. Al llegar a la casa, les cuento lo rápido que he corrido a pesar de llevar zapatillas de andar por casa. Todos me miran los pies. Las zapatillas están completamente destrozadas.

el misterio

domingo, 24 enero 2016. Antonio Gala entrevista a Peter Weir. Yo estoy entre los dos, no sé qué hago allí. Después caminamos. Le pregunto a Weir cuál es el tema de sus películas. El misterio, dice. Y la última, ¿cómo se titula? El misterio, repite. En la acera hay dos cajas. En una hay piedras y juguetes rotos. Me agacho y, al revolver, cada vez hay menos piedras y más juguetes y más rotos. En la otra caja hay varias crías de gato.

ruinas y hombre tronco

miércoles, 20 enero 2016. Visito unas ruinas. El guía dice que va a enseñarme algo que nadie ha visto. Entramos por un túnel alicatado. Se supone que es antigua, pero a mí me parece una iglesia normal que han recubierto con pedacitos de cerámica rota, como el parque Guëll. No digo nada. La única peculiaridad que le veo es que todo está movido, como si un terremoto lo hubiera resituado. Hubo un terremoto, dice el guía como si leyera mis pensamientos.
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Subo por la calle Fernando el Católico y veo algo tirado en la acera. Parece un tronco, pero es Jurdi con un traje marrón. Un hombre le da golpecitos para comprobar si está vivo. Resaca, le digo para tranquilizarlo. El hombre se va, Jurdi despierta, se alegra de verme. En el sueño consta que la casa contigua a la casa de mi abuela es su casa. No hay nadie, le digo, ayer vinieron a mirar el agujero del techo, pero no lo han arreglado. Se levanta de un salto. Ahora el traje es negro. Llama a casa de mi abuela, pregunta por el agujero del techo. La casa de mi abuela parece un portal futurista. Mi tío Juan pasa con la enorme garrafa de cristal llena de aceite. Te dará acidez, le dice mi tía. Él saluda feliz. Le pregunto a mis tías si hay alguna carta de Marcos, el hermano de Jurdi, para ver si aclaramos algo. No me hacen caso, así que me echo a dormir en una cama que hay en el portal, bajo los buzones.

bolsa húmeda

martes, 19 enero 2016. Estoy sentada al borde de una acera agarrada al tronco de un árbol. Parece calle Ferrándiz. A lo lejos veo bajar a Camilo con una chica. Mientras ella sostiene una bolsa de plástico, él mete un gancho en un contenedor. Saca algo, lo estudia y lo mete en la bolsa de plástico. Cuando llegan a mi altura no les digo nada por si se avergüenzan de haber estado rebuscando en la basura. Hemos estado rebuscando en la basura, dice Camilo con gesto feliz tendiéndome la bolsa de plástico. La bolsa está húmeda.

molduras

sábado, 16 enero 2016. Llego a la que se supone es mi casa. Al encender la luz veo que han cortado de malos modos las molduras del techo. Entran varias personas. Las encabeza Mila Jiménez que les enseña la casa como si fueran a comprarla. Le señalo con la mirada el destrozo que ha hecho. No tuve más remedio, eran horribles, dice ella.

ser rubia

miércoles, 13 enero 2016. Tengo que coger un avión, pero antes me intercambio el pelo con mi prima Cristina. Me miro al espejo: soy rubia con el pelo largo y rizado.

bastón de bambú

sábado, 9 enero 2016. Una chica y su hija van a llevarme al aeropuerto. Conduce muy rápido, en cada curva pienso que vamos a morir. Paran frente a una tienda de segunda mano. Se las ve entusiasmadas con unos zapatos muy flexibles. Son de plástico, les digo. Hay rollos de seda negra, pero cuando las toco se deshilachan. Llevamos tanto tiempo en la tienda que me siento en la obligación de comprar algo. Elijo un bastón de caña de bambú que se pliega en tres partes. Pienso que no llegaremos a tiempo al aeropuerto y que, además, no me dejarán pasar el bastón aunque lo pliegue.

yogur de plátano

viernes, 8 enero 2016. Estoy en un vagón de tren que parece de juguete. Todo es de tablones de madera, bastante incómodo. Un mono pequeño va sentado en uno de los asientos. Le ofrezco un yogurt. Es de coco, quiero uno de plátano, dice. Bajo del tren y en la tienda de la estación busco yogures de plátano. No doy con ellos. La estación y la tienda parecen un decorado de película del oeste. Mientras busco los dichosos yogures, veo por la ventana que el tren se va. Corro, intento agarrarme a una de las puertas, pero no lo consigo. El mono está en el andén. Le doy la mano. Echamos a andar.

azul iceberg

domingo, 3 enero 2016. Me encuentro a Woody Allen por la calle. Quiero decirle algo inteligente, pero al tenerlo a mi lado, le pregunto: ¿Has visto alguna vez un iceberg? Sí, responde. Si has visto ese color azul, no tengo nada más que decir.

ciruelas

sábado, 2 enero 2016. Daniel ha venido a casa. Le enseño vrios árboles frutales que tengo en la terraza. Le explico cómo ha de congelar los pimientos y las zanahorias. Dice que deje de hablar y prepare la merienda. Me acuerdo de que dejé en depósito, en una pastelería, una caja de ciruelas pasas. Voy a por ella. Por el camino me encuentro al actor Kunal Nayyar. Le pregunto si me nota más gorda. No dice nada concreto y concluyo que sí. Tú estás muy delgado, le digo. Él se levanta el jersey y deja ver su barriga plana. En la pastelería, un tipo me dice que mi caja de ciruelas ha desaparecido. Sospecho que la han vendido. Hacen que la buscan, pero sólo es teatro. No pienso volver a compara aquí, les digo. Un dependiente mayor me hace señas, tratándome de decir que tengo razón. Al llegar a casa todos están cocinando, pero en el cuarto de baño.

taxi-ducha

lunes, 28 diciembre 2016. Me estoy duchando en una ducha inteligente que suelta agua en el momento justo y en el lugar preciso según lo pienso: pienso pelo, un chorro perfecto cae sobre mi cabeza; pienso axilas, y chorro del pelo se cierra y me enfocan dos chorros horizontales. Y así cada parte del cuerpo. Los chorros de agua adormecen la piel. Me quedaría aquí para siempre, pienso. Al abril la mampara, la ducha resulta ser un taxi-ducha. Dos niños, desde los asientos delanteros, me dicen que se lo han pasado bomba. Supongo que han estado fisgando, pero me da igual. Tengo que volver a casa. Llevo el pelo mojado y la ropa hecha una bola entre las manos. No reconozco las calles ni me suenan los neones de las tiendas. Me siento bien.

cilindros y un saco

tenías una casa
a la que se subía
por escalones cilíndricos

no era fácil,
pero era más difícil bajar

un saco gris
hacía de sillón

después, un restaurante
elegantísimo
donde cada cual dibujaba
lo que iba a comer

habría preferido
comer en tu casa
pero dijiste
que detestabas las mesas

sábado, 26 diciembre 2015

un día feliz

miércoles, 23 diciembre 2015. Marcos y yo paseamos, de repente por el campo, de repente por calles. Entramos en lo que parece la tienda de un museo. Ángeles (que parece que trabaja allí) nos explica una serie de cestos con souvenires. Me mira como diciendo "¿Otra vez aquí?", aunque yo tengo la sensación de no haber estado nunca. De la tienda se pasa a un bar. Mis tías están pidiendo en la barra. Los presento, nos invitan a un chupito. Marcos me agarra para bailar. Esto parece una escena sacada de un musical, pienso, pero no le digo nada porque nunca lo he visto tan feliz. Nos sentamos en un puf muy bajo a ver una película, me voy resbalando. Marcos dice que me abrace a él y que me duerma si quiero. Cuando termina nos miramos y nos reímos porque ninguno de los dos ha entendido el final. Una chica desde una mesa (como si me hubiera leído el pensamiento), dice que hay dos películas más, por eso no hay final cerrado. Buscamos un teléfono para avisar (no sé a quién) de que llegaremos tarde. Date prisa, debe de estar muy preocupada, le digo a Marcos. El teléfono del bar tiene los números cambiados de sitio, algunos sólo son pegatinas, otros ni existen. Salimos en busca de una cabina. Por la calle le señalo edificios enormes y majestuosos (se supone que yo conozco esa ciudad). Atravesamos una iglesia. En un banco lateral hay cajetillas de tabaco apiladas. Un hombre con bigote me pregunta si lo puede hacer al revés (llevarse una; se supone que son donaciones). Se ríe, me río, salgo a una plaza y se ha hecho de noche. Aparecen Javi y Nacho. Nacho me da dos besos muy sonriente (no lleva barba y parece mucho más joven). Le pregunto a Javi si tiene móvil. No, pero dice que al fondo de la plaza hay una cabina. Marcos y yo los dejamos haciéndose fotos a la puerta de la iglesia y corremos para llamar por teléfono. La cabina parece un urinario. Mientras Marcos llama, paseo por la plaza (fea y triste, aunque es de día de nuevo). Otro Marcos, pero con gabardina, me pregunta si ya está llamando. Le señalo sus propios pies, a lo lejos, detrás de la cabina-urinario. Mientras miro a los dos Marcos, uno llamando y el otro levantando hojas al caminar, pienso que debe de tener mal genio al despertar.

ascensor

jueves, 17 diciembre 2016. Abro la puerta del ascensor y ahí está Antonio, sonriente. Nunca lo había visto tan feliz. Bajamos. Ya en la calle, me abraza durante un rato. Antes de comenzar a andar me pregunta, ¿Librería? Librería, respondo.

saturación

lunes, 14 diciembre 2015. Parece una casa antigua con muchas habitaciones separadas por puertas acristaladas. En cada habitación un partido da conferencias. Albert Rivera me pide su agenda. Al parecer la he olvidado o perdido. Lo están esperando y no puede esperar. Como pienso que no va a consultarla, le doy una agenda enorme que me acaban de regalar en el hotel.
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Se supone que debemos escapar, pero en el sueño no consta el porqué. Sr. Chinarro dice que no me quede atrás, me anima continuamente. Yo me distraigo por el camino mirando unas flores muy raras que hay en unas jardineras. Acabo por perder al grupo. Cuando llego a una gasolinera donde vive una familia de indios, me icen que el grupo pasó hace horas y que sería mejor que me quedara a vivir con ellos. Me tienden un sari muy sonrientes.
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Después de una lectura, Cristina debe ir a recoger a su niña de la guardería. Me pide que me encargue de pasear a Eslava Galán hasta que ella vuelva. Lo tomo del brazo y caminamos cerca de un parque. A cada paso se va convirtiendo en un saquito térmico relleno de arroz con unos ojos enormes. Me cuesta arrastrarlo. Me pide tirarse por el tobogán. Parece muy feliz.

barro

miércoles, 9 diciembre 2015. Mi madre pelea en el barro con una chica. No sé cómo sacarla de allí. Cuando suena la campana la envuelvo en una toalla. Cuanto más la envuelvo más pequeña se vuelve. Mide unos 20 centímetros, está inconsciente. La arropo en una cama de juguete, le hablo, le pregunto si quiere seguir luchando o si prefiere irse a casa, le pido que me responda. Nada. Alguien me dice que acaban de llamarla para que vuelva al ring. Sólo he oído un nombre en ruso, digo. Es su nombre de luchadora, me dicen. Mi madre sigue inconsciente en su cama de juguete. No vas a luchar más, nos vamos a casa, le digo.

visita

sábado, 28 noviembre 2015. Antonio y yo hemos quedado con alguien, en una plaza, junto a un muro. Pienso que no tenemos donde sentarnos a esperar y aparece un catre que da a una cristalera. Antonio se recuesta. Llega un tipo en silla de ruedas, me pregunta si le he llevado el DVD. Sí, pero en papel, le digo. El tipo se pone muy contento a pesar de que dentro de la funda hay hojas sueltas con notas escritas. Me tumbo en el catre, llevo calcetines rojos. Antonio dice que no le gustan los calcetines de colores. Me los quito y le acerco los pies a la cara para que se ría. Deberíamos volver, le digo. Desde la cristalera vemos que hay varias paradas de autobús, por una pasa el C1 por la otra el C2. Cualquiera nos sirve para volver, dice Antonio. De repente me doy cuenta de que ya no está vivo. Volveré en el C2, tú no necesitas ningún autobús para volver, le digo tomándole la mano.

soñé contigo

querías escribir un libro
sobre mi hermana

me explicabas cada capítulo
mientras yo me dormía

ven aquí, anda
te dije

lunes, 9 noviembre 2015

naranja

viernes, 6 noviembre 2015. Tengo una melena larga y naranja. Al echarme el pelo hacia un lado me quedo con un mechón enorme entre los dedos. Daniel, que está sentado a mi lado, me pregunta si me lo he cortado. Se me ha caído, respondo. Se le abren mucho los ojos. Dice que él podría igualármelo.
+
Javier y Daniel me cuentan que después de la boda fueron a un bar. Se supone que yo también fui a esa boda, pero me retiré pronto. En el bar hubo un encuentro muy desagradable, dice. No quiero preguntarles nada, pero Javier lo repite muchas veces. Se van. Me siento al sol en una plaza enorme. Llega un tipo medio loco, se pone detrás de mí y me habla de su novia. Me cambio de sitio, me sigue. Un tipo que me resulta familiar dice que puede acompañarme a buscar a mis amigos. ¿Cómo sabes eso? Sé cosas, dice. Noto que intenta animarme. Me cuenta que una amiga le ha puesto a su hija Naranja. Yo tengo un amigo que le puso a su hijo Duende, respondo. Y en ese momento a parece Héctor, el padre de Duende. Tiene los ojos y la piel como si se hubiera hecho un lifting, parece más joven. Aunque también más triste. Tienes la piel tan..., y sin dejarme terminar la frase, se sienta en el suelo, en un rincón a llorar.