vendrán

domingo 22, mayo 2016. Sr. Chinarro y mi padre hablan de pintura y de amigos que murieron. Sr. Chinarro me pregunta por mi última novela. Le digo que le hice caso, que no volví a mirar hacia atrás. Dice que esa tarde dará un concierto y me dedicará una canción que acaba de escribir titulada "Vendrán". Dice que no tengo que preocuparme por nada. Mi padre asiente mientras juega con la correa de su bastón. La terraza donde estamos se convierte en un patio (muy parecido al patio del colegio donde hacíamos gimnasia), comienza a llenarse de gente. El público se sienta en unas gradas que antes no había. Sr. Chinarro sale al escenario, se sienta en un taburete y coge su guitarra. Me pregunto si recordará que ha dicho que me dedicaría una canción.

reyes godos

viernes, 20 mayo 2016. Voy con un grupo de señoras a las que no conozco. Se supone que vamos hacia una carpa que han puesto en el cauce del río para una lectura de poemas. Comienza a llover, saco un paraguas enorme que nos cubre a todas. Me doy cuenta de que llevo unos shorts y guantes de lana. Empiezo a pensar que no sé qué les voy a leer, y trato de hacer el camino lo más lentamente posible. Les cuento anécdotas, como que tengo una colección de marcas de té, o que en la carpa podríamos tomar rebujito aguado por la lluvia en vez de leer poemas. Se ríen, pero seguimos avanzando. José Luis, que aparece de repente, dice que tiene hambre y se sienta en una terraza cubierta con toldos improvisados de plástico. No sé si tiene hambre de verdad o sólo lo hace para ayudarme a no llegar a la lectura. Pide carne envuelta en hojaldre. Me siento a su lado y, mientras come, le cuento que con cuatro años me sabía la lista de los reyes godos, las preposiciones propias y los hijos de Jacob. Yo era una niña gafotas muy repelente, le digo. Me escucha, come, se ríe.

katiuskas

jueves, 19 mayo 2016. Tenemos que llegar a tiempo a casa de mis padres para cambiar las sábanas de la cama de mis padres. Saltamos varios obstáculos. Nos dejamos caer desde un armario altísimo hasta el dormitorio (se supone que es un atajo). Cuando llegamos, mi padre protesta. Sólo hemos llegado 30 segundos tarde, le digo. Cambiamos las sábanas mientras él da órdenes, mientras nos dice que todo lo hacemos mal. Sobre la cama, en la almohada de mi madre, coloco unas botitas katiuskas con un bordado en el empeine.

brazo abatible

miércoles, 18 mayo 2016. Alguien me dice que tenemos que escondernos en un refugio. Es una habitación mal encalada con un zócalo de pintura verde pito. Hay sillas de colegio con un brazo abatible que hace de mesa. Me siento a esperar no sé qué. Empiezan a aparecer actores, entre ellos Resines, Imanol Arias y Ana Duato. Se acercan a saludarme. Yo no puedo levantarme porque estoy atrapada detrás del brazo-mesa. Anoche soñé contigo, le digo a Ana Duato, e inmediatamente me doy cuenta de que no soñé con ella sino con Enma Suárez. Teneos que irnos, dice Daniel sacándome de la silla. Bajamos a una habitación con las ventanas cerradas, sin muebles. Daniel cierra la puerta. Aquí no nos encontrarán nunca, dice. ¿Y ahora qué?, le pregunto.

taxista

martes, 17 mayo 2016. Han convertido el Onda-Pasadena en una librería. Se supone que tengo que leer poemas. No me apetece nada. Veo, desde la acera, que hay mucha gente. Antes de llegar a entrar, huyo. Paro un taxi y le digo que arranque. ¿Dónde vamos? No lo sé, ¡arranque! Me fijo en que la taxista es Enma Suárez. Sin que yo le diga nada, se vuelve y sonríe. Sí, soy yo, dice.

tesoro

domingo, 15 mayo 2016. No sé dónde estamos, pero desde una terraza que da al mar vemos una playa pequeña. Bajo. Begoña habla con una pareja. Veo una marca en su hombro, parece que se haya borrado un tatuaje. Se sube la camiseta y muestra sus impresionantes abdominales. Por otra parte, veo una tabla de madera en la arena. Al levantarla, debajo hay un hueco lleno de copas y restos de algo que pudieron ser joyas. No me interesa nada de lo que hay, sólo un puñado de piedras muy blancas con forma de esfera. Al sacarlas, las esperas resultan ser de plástico.

piramidal

lunes, 9 mayo 2016. Parece que he ido de visita a casa de la familia Chivite. Todos llevan el pelo muy corto. Subimos por una escalera algo inestable a una habitación con paredes y techos de madera. Hay dos camas, una de matrimonio desembozada sólo por un lado, y otra cama individual. La que se supone es la mujer de Chivite me cuenta que tienen un gran problema porque Chivite se ha gastado todos sus ahorros en una página piramidal. No sé qué es una página piramidal, pero no la interrumpo. Dice que ya no escribe, que sólo se dedica a buscar páginas piramidales. De repente la habitación se llena de gente, parece una fiesta. Chivite aparece con una bolsa enorme de hielo. Veo a Salvador, no sé qué pinta allí. Le pregunto por sus análisis. Tengo el hielo alto, responde. ¿El hielo? Quería decir la tensión, dice y se ríe. Emilio escribe con tiza en el suelo de madera una lista de los restaurantes que más le han gustado. Cierro los ojos, pienso que nada de esto puede estar pasando. Al abrirlos, las hijas de Chivite están sentadas frente a mí, muy serias y con el pelo también muy corto. No decimos nada.

vena musical

lunes, 2 mayo 2016. Se supone que es la cocina de la casa de los padres de Daniel. Todos hacemos algo, ya sea pelar patatas como cocinar o limpiar. Un hombre negro muy lato y muy delgado va de un lado a otro bailando. Pienso que es el padre de Daniel, pero no recuerdo que fuera negro. ¿Es la primera vez que veo a tu padre?, le pregunto. Daniel no dice nada y se ríe. Pienso que quizá de ahí, de tener un padre negro, le venga a su hermano la vena musical.

poe y surf

domingo, 1 mayo 2016. Parece un restaurante de montaña. Mesa Toré quiere regalarme un libro de Poe. Le digo que ya lo tengo, pero él insiste. para demostrárselo, subo a mi habitación para enseñárselos. Mi habitación no existe, hay una especie de nave enorme con muchas camas. La mía es la del fondo. Han abierto mi maleta, todo está desperdigado. Quiero irme de allí. Al salir del hotel, casi me atropella un motorista que transporta una vela de tabla de surf desplegada y envuelta en papel de regalo. Evito que me atropelle y que caiga en una curva. El motorista se quita el casco, es Sr. Chinarro. En vez de reconocer que evitado su caída, me reprocha: Con todo lo que he hecho por ti, dice.

gotelé negro

sábado, 30 abril 2016. Alguien que se parece a Juano, me quiere enseñar una habitación que acaba de decorar. Las paredes están cubiertas de un gotelé negro con formas de arañas. Cuanto más lo miro más gracia me hace.

bomberos

martes, 26 abril 2016. Unos hombres vestidos de bomberos, iguales a los de la película Fahrenheit 451 venían a por mí. Alguien me decía desde el piso de abajo que me diera prisa. Intentaba calzarme. me ponía unos calcetines, pero me daba cuenta de que me había puesto varios, unos encima de los otros, y tenía que empezar de nuevo.

sartén gigante, almohada gigante

lunes, 25 abril 2016. Tengo que leer poemas. Mientras llega mi turno me concentro en una habitación donde los muebles parecen agrandar por segundos. Sobre la vitrocerámica hay una sartén enorme llena de aceite que temo volcar. Sobre la mesa hay varios abrigos y un montón de carpetas. No puedo con todo, temo perderlo todo.
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Estoy tumbada boca abajo sobre una almohada cilíndrica gigante. Hago que ruede un poco, que se balancee. Intento cruzar la calle, pero la almohada es muy lenta y pasan camiones. Cuando finalmente lo consigo, Alberto me pregunta si lo he pasado bien. No lo he pasado mejor en mi vida, le respondo. Pero no me parece muy higiénico que ruedes la almohada por las aceras, dice.

teatro

viernes, 22 abril 2016. Parece un teatro o una casa decorada dramáticamente. Dos salones separados por unas cortinas de terciopelo color rojo oscuro. Al fondo una mesa transversal (como si fuera un cuadro de la última cena) presidida por Helena. Helena dice muy seria: La música industrial es basura y los hípsters también.

fiesta

miércoles, 20 abril 2016. Hay una fiesta en la casa de la abuela de Odila, pero la casa es un jardín enorme. Hay más de mil personas, beben, bailan, otras se sientan a charlar en grandes corros. En una zona mi madre corta el pelo. Me extraña mucho, pero me acerco a que me lo corte a mí también. Lo hace muy mal, pero no le digo nada. La madre de Daniel me dice que se ha comprado varios móviles. Todavía están en sus cajas. Es que soy abuela, se excusa. Busco a Daniel, pero no lo veo. Veo a algunos conocidos, los evito. Alberto está sentado en una carpa con una chica. Me despido. ¿Te vas tan pronto? Siempre me voy a la misma hora, le respondo como si asistiera a fiestas cada día. Al salir, me doy cuenta de que he perdido los zapatos. El suelo del jardín parece de lava fría y dura. A la puerta esperan para entrar. Traemos whisky, me dice un tipo enseñándome una botella de dos litros. Pasad, a mí me da lo mismo. Bajo la cuesta de Rodrigo de Ulloa, alguien prepara carne en una barbacoa. a pesar de la fiesta la calle está muy oscura. Al llegar a la casa de mi abuela, el jardín y las casas colindantes han desaparecido. Un tipo me pregunta si me acuerdo de él. Yo servía el catering en un hotel donde leías poemas, dice. Pienso que en realidad es Manuel haciéndose pasar por otra persona. Va con una chica bajita que me abraza. La chica roba collares y chucherías que hay a la puerta de la casa de mi abuela. Mi tía, desde la puerta, me hace una seña para que la deje. Al parecer le pone cosas para que se las lleve. aquí había un jardín, le digo a Manuel.

chaquetas

miércoles, 13 abril 2016. Alberto y yo subimos calle Cristo muy juntos. Al llegar a Fuente Olletas, me fijo en que llevo la chaqueta que uso para estar en casa y él lleva mi chaqueta azul. No sabemos qué hacer, porque tampoco arreglamos nada intercambiárnoslas.

leche glaciar

martes, 12 abril 2016. Parece un salón de actos donde acaba de terminar algo. l público comienza a levantarse. Un tipo se acerca a saludarme. Le doy la mano, le pregunto cómo está y se convierte en una mujer. Es que me he puesto muy nervioso, dice y se aleja. Hay una revista que al cogerla la portada se convierte en una película. Somos Daniel y yo en primer plano, en blanco y negro. Daniel bebe de una copa haciendo el tonto, yo me río, se nos nota que sabemos que nos está grabando. Si abro y cierro la revista, la portada cambia. Ahora se me ve sentada con dos niñas en la desembocadura de la lengua de un glaciar, con los pies en el agua. Nadamos en camisón. ¡Qué frío pasamos!, digo en alto. Aunque en realidad no recuerdo haber estado allí. Dentro de la revista hay una foto de familia. A simple vista parece una boda, pero si te fijas van disfrazados, llevan máscaras y ropa tipo "Mad Max". Distingo a Juano en un sillón, parece el patriarca. Pienso que la única explicación es que se haya casado.

desorden ajeno y cuentas de colores

lunes, 11 abril 2016. Estamos en una habitación de hotel. Me extraña que esté desordenada porque suelo ser muy cuidadosa. A los pies de la cama veo dos pares de zapatos idénticos: manoletinas rojas. Las coloco paralelas bajo la ventana. Rápido, tenemos que cambiar de habitación, ya he llevado nuestras cosas, dice Alberto. cruzamos pasillos con paredes enmoquetadas muy cutres donde la gente charla como si fueran vecinos de toda la vida. Pasamos por unos baños comunitarios con pozas de agua caliente donde mujeres muy gordas están bañando a sus niños.
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A Rosamari, una niña del colegio a la que no veo hace años, se le ha roto un collar o se le ha volcado un joyero. Hay un montón de cuentas, pendientes y baratijas en el suelo. Dice que aún quedan más arriba. Arriba significa un armario que parece hecho con cajas viejas de madera. Le ayudo a recogerlo todo. De repente me doy cuenta de que el armario está más alto de la cuenta, unos 20 metros si miro hacia el suelo. Comienza un leve vaivén. Me cuelgo de los dedos para quedar algo más cerca del suelo y me dejo caer deslizándome por una de las paredes. Al llegar abajo, mi padre le dice a mi madre que quiere que le hagan más pruebas. Una cada día, recalca. Mi madre dice que se entretenga viendo el Mundial. Los observo discutir desde lejos, mientras sigo ordenando cuentas de colores sobre la mesa.

casco amarillo

domingo, 10 abril 2016. Vamos en coche. Al final de la carretera se ve una curva muy cerrada y el cielo muy blanco. No hay paisaje. Pienso que quizá detrás no haya nada. Al dar la curva, caemos al vacío. Caemos juntos, en vertical, como si estuviéramos de pie en el vacío. Tengo un casco, le digo a Alberto. No responde. Pienso que cree que vamos a morir, que es lo más lógico, pero también pienso que no noto la velocidad que debería notarse en esa situación. Creo que si los dos metemos los pies en el casco, al llegar al suelo no nos pasará nada, le digo. El casco es amarillo, como el que usaría un albañil. Metemos los pies dentro y seguimos cayendo.

llave

jueves, 7 abril 2016. Parece un vagón de tren. Una chica habla sin parar sobre que hay que usar la vagina, que la hija de una amiga la tenía atrofiada y le tuvieron que meter dos bolas. Cuando termina su discurso para nadie le digo que estaba en mi colegio, en mi clase. Eras amiga de la pelirroja. No sé si se acuerda de mí, pero se alegra de verme. me habla de las reuniones que hacen, me habla del cura, de que tengo que ir a nosequé misa. Yo no digo nada. Me mira muy seria. ¿No serás una Mariflor?, pregunta. No sé qué es eso, pero le digo que no creo en ningún dios. Las manos empiezan a temblarle. Tendré que matarte, no me queda otra, dice. Aprovecho un descuido para recoger mis cosas y pasarme a otro vagón. Alberto duerme en una cama pequeña. Parece una habitación de hotel. No consigo cerrar la puerta, el pestillo está roto.

Estamos en una casa de campo que conoció mejores tiempos. La chica de antes lleva uniforme gris y un delantal. Parece no reconocerme. Me hago pasar por alguien de los suyos. Le digo que vengo por los microchips. Los vuelca sobre una mesa. Dos o tres personas vienen conmigo, quieren ayudarme. Un hombre muy grande coge el microchip que buscamos y se lo traga. La chica nos mira sin creer lo que ve. Tan aturdida está que le digo que nos dé la llave, y va a por ella. Nunca fue muy lista, le digo al hombre grande. Mientras la chica vuelve con la llave, les digo a un montón de ancianos que salgan de la casa, que hay que escapar. Los ancianos caminan muy despacio, se demoran charlando unos con otros. No sé cómo tengo la llave. Una llave de hierro de 30 centímetros. Encierro a la chica en la casa y huimos lentamente. Un niño llora. Una pareja que lo llevaba de la mano decide abandonarlo. Ni siquiera es nuestro, dicen. El niño dice que ha perdido su silbato y que no se irá sin él. El niño lleva una gomilla que le aplasta las orejas contra la cabeza y que le pasa por la nariz. Se la quito. Tiene orejas de soplillo, pero deja de llorar. Una sonrisa enorme. ¿Era esto?, pregunto. Sí, dice el niño. Lo tomo en brazos y huimos por un túnel.

En la boca del túnel hay un vigilante. Lo miro con temor. Parece que me conoce de algo y sonríe, me saluda con la cabeza dándome su beneplácito para que huya. Me vuelvo hasta él de nuevo. Es usted el hombre más guapo que he visto en mi vida, le digo. El hombre se quita la gorra y huye con nosotros. Una chica rubia vestida de fiesta dice que nos demos prisa. Los ojos del vigilante brillan. Siempre las rubias, le digo con un gesto cómplice. Él me pone una mano en el hombro y corre tras ella. Al llegar a una plaza que da al puerto, vemos la casa desde fuera. Hay una puerta que da directamente a la plaza. Podríamos haber salido por ahí, dice alguien. Pero la puerta está sellada con varias barras cruzadas de hierro negro. En la plaza todo sucede con normalidad, gente que pasea o que vende en sus puestos. nadie nos mira. Hemos salvado a más de mil, le digo al niño. Y de repente no sé qué haré con ese niño que no es mío y si siquiera sé cómo se llama.

murcia es lo mejor

martes, 5 abril 2016. Estoy en un bar con personas que no conozco. Me preguntan si hay editoras. Muchas, respondo casi ofendida. Al intentar recordar nombres, no soy capaz de llegar a tres. También hay dos niños. Uno me dice que es una niña. Se parece mucho a Anne. Se lo digo. Le hace ilusión parecerse a alguien, la cara se le ilumina de repente. Su hermano pequeño dice que lo coja en brazos, que a quién se parece él. Lo abrigo con una bufanda roja para salir a la calle. Mientras tanto, Alberto dice que se ha metido detrás del mostrador para coger una caja de cerillas de propaganda que ponía "Murcia es lo mejor" y Daniel paga lo que hemos tomado. Ya en la calle un hombre enorme nos pregunta por un hotel. No lo entendemos. Mientras miramos un plano, un chico le roba la cartera. Corro tras él. Aparece una banda de música de militares, les digo que dejen de hacer el tonto y detengan al chico. Uno de ellos se asombra por la descripción tan minuciosa que hago de él. siendo de noche y estando la calle a oscuras. Hablamos mientras bajamos por una calle hasta una cafetería. Todo resulta cursi, desde las sillas hasta las magdalenas cubiertas de chocolate. Alguien me dice que le guarde un sitio a mi madre, pero mi madre ya está sentada a la mesa. Más conversaciones de amueblamiento entre tazas rococó. No sé qué hago allí.