sábado, 11 julio 2026. Por la calle, le cuento a alguien que tengo que arreglar la llegada a casa con alberto, porque si empezamos a hacer planes, discutimos. Va a ser mejor que cada uno se ponga a hacer sus cosas, le digo. Llegamos a una sala de espera para tomar un ascensor. El ascensorista solo deja pasar a las personas que le gusta cómo van vestidas. Vosotros no tenéis mala pinta, nos dice a cuatro de los que esperamos. Entramos. Un chico me pregunta si me acuerdo de él. Le digo que sí, que nos vimos en la terraza del hotel Molina Lario y le dije que se parecía a Oeste. Dice que no. Estoy segura de que es él, pero no discuto. Se acercan unas chicas muy jovenes. Una nos enseña un libro que en realidad es una caja con muchas cajitas pequeñas dentro. Me lo quiere regalar. Le digo que no me gustan los libros que no son rectangulares y verticales, que una vez me regalaron un libro circular y lo tiré. Una de las chicas me recuerda a Tulsa. Como si leyera mis pensamientos, y no quisiera que la reconocieran, sale corriendo.