jueves, 3 abril 2025. Estoy con un grupo en un edificio antiguo, tipo Palacio de la Tinta, y salimos a una cornisa. Tenemos que apretarnos para no caer. Alguien dice que saltemos. Miro hacia abajo. Me planteo saltar, pero les explico que tengo los tobillos finos y me los rompería seguro. Me acerco a un rincón a coger un taco de fotos que, se supone, me deje allí en algún momento. Se me acerca Sábato. Las has recuperado, me dice con cara de ilusión.
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Estoy con un grupo de chicas que no conozco de nada. Hablan de sus cosas, En algún momento dudo si están actuando, si estamos dentro de una película, y miro a mi alrededor buscando la cámara. Una de las chicas se despide de su novio. El novio se mete en un avión pequeño de hélice muy oxidado, despega y se estrella a unos metros de nosotras. Si no hay explosión puede haberse salvado, pienso. La chica corre a otro cuarto. Ahora viene la explosión, me digo. Efectivamente. Todas corren a consolar a la chica que llora desesperada tirada en el suelo.