adoquines y tarta pequeña

lunes, 29 junio 2026. Estoy con Iker, Chivite y Joan. Vamos hacia el hotel para arreglarnos e ir a cenar. Me cojo del brazo de Chivite, pero parece el de Joan. Le cuento que siempre me adelanto a lo que va a pasar y pienso que todo será peor de lo que después es en realidad, que en eso nos parecemos. Dice que estoy equivocada, que él no es así en absoluto. Me sorprende. Llegamos al hotel (que es el portal de mi casa), ya son las nueve. Les digo que se me ha ido el tiempo, que tengo que ir a casa de mis padres. No dicen nada y entran en el ascensor. Salgo a la calle muy triste, hay una cuesta de adoquines muy brillantes y pienso que mi vida es una fila de piedras alargadas y una de ellas atravesada. Tal como lo pienso, las piedras aparecen sobre los adoquines. Alberto se acerca, me pone la mano en el hombro, y me dice que no puedo hundirme cada vez que se me acabe un gran amor. ¿Qué gran amor?, le pregunto.
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Estamos en la entrada de una bar. Hay varias personas de mi familia y algunos amigos. Mi primo Francesco lleva una tarta en la mano. Me acerco. Felicidades, le digo. Él me abraza y casi se echa a llorar. Me pregunta si sé cuántos cumple. Tienes un año más que yo, le digo. Abre la tarta y empieza a cortarla en triángulos aunque es rectangular. La veo pequeña para tanta gente.