lunes, 13 julio 2026. Llegamos a una tienda, hay una cola enorme y pienso que Alberto no va a aguantar mucho. Mientras él espera yo busco el servicio. El servicio es una habitación cuadrada muy grande con un váter muy pequeño. Hay una chica sentada al lado con la cabeza apoyada en las manos. Le pregunto si se encuentra bien. Dice que sí. Me pregunta si sé nadar, señalando con la cabeza el vater. Deduzco que esta muy sucio y me voy. Le digo a Alberto que voy a casa de mi abuela y vuelvo. Alberto saluda a una chica, con el pelo reteñido muy sucio, pellizcándole la barbilla. No entiendo a qué viene tanta familiaridad. Bajo la calle de mi abuela a grandes saltos y en cada salto vuelo un metro sobre la acera. Al llegar, todo está cambiado, hay un gran salón de actos. Cristina Consuegra se quita el vestido, lleva debajo otro de gasa y baila como lo haría u a profesional. Todo el mundo aplaude. Se abre el vestido y muestra unos abdominales marcadísimos. Pienso que son pintados. Me acerco cuando me llama. Como no quiero bailar me tumbo en el suelo y le digo que voy a cogerla a plancha. Al levantarla, no tengo suficiente fuerza y se me cae. Al tumbarme he marcado sin querer y he llamado a un número con nombre Melocotón. Pienso que quizá sea el número de una fábrica de mermelada, pero no entiendo por qué está en mi agenda. Suena el móvil y es Melocotón. Una chica que zdice llamarse Pili me pregunta si puede darle mi número a otra chica que quiere pedirme algo. Le pregunto quién es (no conozco a ninguna Pili). Soy Pili, repite con tono de ¿pero no me reconoces? Alberto dice que es una poeta vasca que conocimos en nosedónde y que hemos visto mil veces en la tele.