domingo, 30 agosto 2026. Llego a la plaza del Obispo y veo a Caína con un chico. Pienso en si me saludará. Me llama la atención que esté exactamente igual de joven que cuando dejamos de vernos.
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Dejó a mi padre en el centro de la cama de matrimonio para que no se caiga por un lado ni por el otro. Voy un momento a la cocina porque me llama mi madre. Cuando vuelvo al dormitorio mi padre no está. Veo asomar su cabeza por uno de los laterales de la cama. Lo levanto con muchísima facilidad porque no pesa nada. Cuando lo tengo en brazos se va haciendo más y más pequeño. Le digo a mi hermana, ¿cómo puede tratarlo tan mal siendo tan pequeñito?