medallón

viernes, 25 septiembre 2026. Estoy con un grupo de personas que no conozco, se supone que una de ellas ha venido a dar una charla sobre temas frikis (se parece al Capitán Chándal de la serie Big Bang Theory). En la acera de enfrente hay otro grupo. Intento llevar las dos conversaciones a la vez. Le digo al Capitán Chándal que, en la acera de enfrente se preguntan cómo puede saber más de sus madres que ellos mismos. Alguien pregunta la hora. Mi reloj se ha parado. Le digo que no se preocupen, que llevo dos más en el bolso. Uno es de bolsillo y se ha roto. En el otro las manecillas se mueven hacia atrás. Ya que estoy aquí al lado voy a llevarlo a Heredia, les digo y protestan. Al pasar por delante de una casa con jardín, el dueño nos saluda. Hola, me llamo Miguel, dice. Le digo a los amigos (Juri y Marcos) que me parece bonito que alguien te salude diciendo su nombre. Se crea un debate en la acera. Nadie está de acuerdo. Estoy cansada (y harta del grupo). Me acerco a Javi, le pregunto si sigue en pie la comida. Dice que no sabe si podrá. Me da mucha pena, porque me apetecía hablar con él. Elisa, desde un medallón que llevo al cuello, me pregunta qué comida. Una chica que va detrás de mí también pregunta. Giro el medallón. Te presento a mi prima Elisa, le digo. La chica de repente cae al suelo como si fuera un globo y se desinflara. Después rueda hacia abajo. Temo que se abra la cabeza, corro tras ella, la levantó y meto en una habitación donde hay una camilla. Una enfermera me da un neceser con cortauñas y pinzas. No sé qué hacer con él. La chica recobra su ser y dice que la deje en paz. Encima que te he salvado la vida... me quejo. De repente estoy en un ascensor. Quiero volver con el grupo y, sobre todo, convencer a Javi de que comamos juntos. El ascensor no cierra las puertas. El grupo se va andando. Por fin cierra, pero se desplaza horizontalmente cómo si fuera un tren. Al abrirse, estoy en el otro extremo de una estacion y no sé dónde está el grupo.