diccionario

domingo, 4 enero 2026. Hemos ido a China a visitar a Jesús. Nos recibe con un kimono de lino precioso en tonos marrones, pero solo lleva metida una manga, el resto le arrastra como una bata de cola. Salimos a ver el barrio. Parece un vertedero. Le compro a mi madre dos dulces (unos dorayakis alargados rellenos de algo verde) y al ir a pagarlos se los come la china que me los ha cobrado. Busco en el diccionario cómo decirle que no tiene vergüenza.

bañera y rastas

sábado, 3 enero 2026. Llego a casa, me recibe mi suegra. Le digo que tengo que entrar urgente mente al baño. Cuando estoy bajándome los pantalones abre la puerta. De repente estoy en la bañera. Me da pena gastar agua, pero me duele mucho la espalda. Pienso que si dentro estuviéramos dos personas se llenaría antes. De repente marcos está dentro de la bañera, frente a mí, y me habla de aquella camarera de la que se enamoró. Me pregunta si creo que todavía estará a tiempo de conquistarla. De repente Marcos se transforma en Javi. Dice que tiene que preparar las clases de la Universidad, que está harto, pero a la vez le divierte (los papeles que lee están blanco.
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Estoy en un piso tipo años 70 (ladrillo visto y barandilla negra). El dueño de la casa (se parece mucho a Crespo Massieu) sube y baja ágilmente por unos andamios que parecen de juguete (tubos de plástico de colores). Dice que baje, que el agua está fría pero eso es buenísimo para la salud. Me asomo al andamio y el agua queda justo debajo. Bajo con facilidad, pero agua no hay, hay un camino enrevesado de callejones que parecen Chauen. Al fin llego a una playa pero la arena está llena de basura. Hay grupos de ingleses celebrando algo, han roto botellas y temo cortarme. No consigo llegar a la orilla. Vuelvo tras mis pasos, pero no doy con el camino. Me cruzo con un tipo desnudo cubierto de barro, con rastas hasta la cintura. Se ofrece amablemente a ayudarme a volver. Por el camino me cuenta que todo ese pelo le ha crecido solo en doce meses. Hace justo un año tenía el pelo así, dice y señala un centímetro entre índice y pulgar.

abrazo

viernes, 2 enero 2026. Entro en un salón de actos. Todas las butacas están ocupadas, pero no están en fila, cada una mira hacia un lado. Un padre obliga a su hijo adolescente a sentarse. El hijo abre la boca como si gritara pero sin emitir sonido alguno. Se da golpes en la cara. Nadie hace nada. Me acerco, empujo al padre y el niño se me abraza como si fuera una cría de chimpancé. Estás a salvo,  le digo. El adolescente se ha convertido en un niño y se duerme.

dominó

jueves, 1 enero 2026. Estoy con un chico muy joven. Me cuenta que se ha peleado con su mejor amigo. Mientras me lo cuenta, dice que se está orinando. No encontramos un bar para que entre. Se tumba boca arriba en la acera y se orina. El líquido va expandiéndose por la ropa que se vuelve de blanca a amarilla. Saco dos toallas de la mochila y le digo que se seque. Entramos en un restaurante chino, las paredes son de bambú. Hay un ventanuco por donde asoma la cabeza un chico, se supone que el amigo con quien se ha peleado. Es el momento de hacer las paces, le digo. Se ponen a jugar al dominó como si nada.

recetas y tendedero

miércoles, 31 diciembre 2025. Abro la puerta del ascensor y está lleno (más de diez personas). Me dicen divertidos que entre, que no pasa nada. Les recuerdo que ya una vez se fue al foso. Tiran de mí, entro. De repente el ascensor es un autobús. Una señora extranjera me pregunta qué son los espetos. Sardinas asadas al fuego, le digo. Me enseña una foto de unas gambas. Le digo que la han engañado, le recomiendo un restaurante y que pida gazpachuelo. Otras señoras del bus quieren que les dé la receta. Apuntan en sus móviles lo que voy diciendo. Una de ellas dice que tengo que hacer un libro de recetas típicas malagueñas y venderlas en el autobús. Me fijo en que Alberto no está, se ha bajado en la anterior parada. Desde ,a ventanilla lo veo en una terraza tomándose una cerveza con Enrique y una chica. Abro la puerta del bus con las manos, me hago mucho daño, me bajo en marcha, caigo a la acera y no tengo piernas, tengo una de esas tablas con cuatro ruedas. Para avanzar cuesta arriba me empujo con las manos metidas en los puños del jersey. Dos moteros se me acercan. Pienso en sí llevo algo de valor en el bolso. Nada importante, pero me apenaria perder el bolso porque me lo regalo mi prima Elisa.
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Nos hemos mudado a un estudio (se parece a la que fue la casa de mi abuelo Manuel). Mi hermana vive con nosotros. Está en albornoz, en el sofá, enviando wasaps. Ha metido los platos sucios en el frigorífico, ha derramado la leche, todo está pringado (y eso que acabamos de llegar). Intento colgar la ropa recién lavada en un tendedero plegable que hay en la ventana que da al descansillo. Imposible. El tendedero acaba cayendo sobre unas chicas rusas que querían alquilar un piso. Al ver el panorama se miran y dicen: ¡De ninguna manera! La agente con su carpeta en la mano me mira con cara de odio.

macetas

martes, 30 diciembre 2025. Hay una fiesta en la plaza de la Merced. Todo está lleno de basura. Las papeleras están de adorno, pienso. Me cae agua de un piso. Una chica está regando las macetas y subo a protestar. No hay ascensor, es el último piso del edificio de la Casa Natal de Picasso. Cuando voy a quejarme, la chica que me abre se queja antes que yo del precio de la vivienda (es la actriz Cristina Castaño). ¿Ves este piso?, pues me ha costado doce mil euros, dice. El piso es un laberinto con algunas paredes cubiertas de chapas. Le digo que, a pesar de todo, es una ganga, y más en el centro de Málaga. Se pone muy contenta. ¿Cuántas habitaciones tiene?, pregunto. Tiene cuatro. Miro a mi alrededor, todo es estrecho y mal decorado. Pues con cuatro habitaciones podéis vivir tres. ¿Tres, tú crees? (se le ilumina la cara pensando en pareja e hijo/a). Sí, tú, un perro y un gato.

carroza

lunes, 29 diciembre 2025. Mi madre me enseña una foto de Grace Kelly recortada de una revista (la llevó en 1980 a la peluquería porque quería ese mismo peinado para la comunión de mi hermana). Péiname igual, me dice. Vamos en una carroza parecida a la de Cenicienta. La carroza está en marcha y es difícil peinarla.

coristas

domingo, 28 diciembre 2025. Un tipo le dice a Cristina que quiere que sea de su grupo (musical), pero para eso tendrá que mudarse a Getxo. Cristina no se lo piensa y se va con él. Le pregunto a una chica que anda por allí (y a la que no conozco de nada) si nos vamos con ella. Vale, dice. Corremos tras Cristina. ¡Llévanos aunque sea de coristas!, le grito.
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Busco en un gallinero mis antiguas cámaras de fotos, pero todas están sucias y rotas.

antenistas

viernes, 26 diciembre 2025. Antonio blanco está en la terraza de la casa de mis padres. Dice que he comprado mantecados y borrachuelos. Miro al suelo y hay dos sacos de veinte kilos. Le digo que son demasiados. Dice que es una ridiculez comprar una bandejita. De repente llaman a la puerta. Para llegar tengo que abrirme paso entre un montón de gente que no conozco. Me asomo por la mirilla. Veo a otro montón de gente, sobre todo chicas, vestidas de negro. En primera fila un hombre y dos mujeres con bata blanca. Mi madre insiste en que les abra, yo digo que no pienso abrir la puerta a alguien que no conozco. Hay cierto rifirrafe entre los que quieren que abra y los que no. Mi padre llama desde la cama y voy a atenderlo, con miedo a que abran la puerta. Oigo a mi madre abrir la puerta y gritar: ¡Solo son antenistas!

sombreros e hipopótamos

martes, 23 diciembre 2025. Voy por la calle con un grupo de poetas. Orihuela está muy joven, con el pelo muy negro. Me pregunto si habré viajado en el tiempo o se habrá teñido. De repente se nubla y empieza a llover. Saco de la mochila un montón de sombreros (algunos muy raros, como uno de Napoleón) y voy repartiendo. Una poeta muy mayor se me acerca para que le dé uno, pero solo me queda una bolsa de plástico. La cara de decepción de la señora me da mucha pena.
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Estamos con los sobrinos en una casa parecida a la que iba de niña en verano. Elena se queja de que su padre se ha metido con su cintura. Le digo que me lo explique mejor. El resumen es que no le gusta que vaya al colegio con el ombligo fuera. Le digo que es normal, que a ningún padre le gusta que miren a su hija. De repente estamos en un andén. Alberto les pregunta si se acuerdan de cuando los llevamos al cine a ver Fantasía. Elena empieza a tararear la música y yo salto a las vías a bailar imitando a los hipopótamos.
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Estoy en la cocina de casa con Camilo. Me cuenta sus desdichas. Pienso que sea como sea siempre me ha causado ternura, incluso pena. De repente se acerca y me mete el dedo en la boca. ¡Ya lo has estropeado todo!, le grito.
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Vamos en una especie de canoa por lo que parece un parque acuático. En el asiento de atrás un niño muy pequeño canta el Cara al sol. Me vuelvo. Es que somos muy de derechas, dice la madre (una morena muy guapa y muy maquillada). Ha dicho somos. Miro al niño, no tendrá más de tres años. Me parece muy bien, le digo y me vuelvo. Mira, ahí viene la atracción del Ministro de Cultura, dice. Le digo que yo pondría a un ministro de cada partido. Por ejemplo, nunca pondría a nadie de derechas como Ministro de Economía. De repente estamos en una cafetería muy cursi donde ponen té con pastas, y la chica ahora es un chico muy enérgico, como si se hubiera metido algo. No habla de política, habla de mujeres y de sus amigos, y de pasárselo bien. De repente se quita la chaqueta, la corbata y baila como un loco. Intentó encontrar Alberto pero se ha ido (supongo que harto). Salgo a buscarlo. Fuera hay una playa enorme con la arena muy blanca (parece cal). Cuando camino sobre ella debajo hay arena muy amarilla. Me da mucho asco, me estoy mareando y vuelvo a toda velocidad a la tetería. En la orilla hay una roca donde mi tía M hace que posa para una foto (fotógrafos no hay). Le digo que se agarre bien a la roca, como una lapa, porque las olas empezarán a romper en ella en un momento. La tetería ha cambiado. Ahora es una hamburguesería. Al fondo del pasillo está el mostrador desde donde llaman a los clientes para que vayan a recoger sus pedidos. Dicen mi nombre y apellido. para que no lo repitan corro hasta el mostrador (aunque no he pedido nada). Me dan un perrito caliente muy pequeño y un refresco del tamaño de un chupito.

dorayaki

domingo, 21 diciembre 2025. Voy en autobús. Momo (amigo del instituto al que no veo desde hace años) reparte entre los pasajeros tableros de ajedrez y bandejas. Algunos se quejan porque preferían lo contrario de lo que les ha tocado. A mi lado una pareja. Él me recuerda a alguien, me mira insistentemente, le pregunto si estaba en el instituto, dice que sí y se ríe. Le estrecho la cara y le digo que ahora sí lo reconozco, que era el delegado de clase. Dice, un poco azorado, que ha engordado mucho (en realidad se parece a mi profesor de estadística de la facultad). Por hablar de algo, le pregunto si todos los del autobús son amigos de Momo. Momo conoce a mucha gente, dice, a la única que no conoce es a mi novia. La novia me saluda, es japonesa y se está comiendo un dorayaki tamaño gigante. Antes de bajarnos su novia dice que necesita ir al servicio, pero no quiere ir al del autobús. Le digo que entre tranquilamente porque es muy amplio. Efectivamente es una habitación enorme, tiene hasta una mesa de comedor decorada con motivos navideños. Salimos y caminamos juntos. Pasamos junto a un hotel años 70. Una vez nos saludamos ahí, dice. Es un poco incómodo porque no sé de qué hablar con ellos.

entreplanta

sábado, 20 diciembre 2025. Estoy en lo que parece un restaurante japonés en una entreplanta. Me ponen un cuenco de gominolas de colores con forma de gusanos. ¿Sabéis que las gominolas están hechas con médula y piel de vaca?, digo muy sonriente para que no se sientan ofendidos. Se miran, miran el cuenco y nos lanzamos por un tobogán de madera que acaba en la calle. Miro a mi alrededor y no reconozco nada, no sé dónde estoy.

nísperos y cuatrillizos

viernes, 19 diciembre 2026. Acompaño a Cumpián, ha quedado para comer con su familia. Veo un árbol y le digo: ¡Mira que nísperos más grandes! Se ríe a carcajadas, son naranjas. Dice que los nísperos le gustan si se los dan ya preparados, que son un incordio a la hora de pelarlos porque la piel de las semillas deja la boca áspera. Llegamos a una tasca muy acogedora donde ha quedado con su familia. Ami dice que me quede, pero mis padres me están esperando. Uno de sus hermanos, al otro extremo de la mesa, la bendice. Cumpián pone mala cara. Le digo que son tantos hermanos que es normal que hayan salido tan dispares. Cuando llegó a casa de mis padres ya están esperándome para comer en la terraza. La terraza no tiene el cristal que la separa de la de los vecinos. Los vecinos ya están comiendo y no son otros que Cumpián y su familia. Ami pone una lona entre las dos terrazas. Para que tengáis intimidad, dice. Mientras mi familia come, le echo un vistazo a un libro que voy a regalarle a mi sobrino Abel. El libro de las maravillas. Es de segunda mano y hay anotaciones de su antiguo dueño. En la última página hay un sobre con llaveros, muñecos y pegatinas. Dudos si comprarle otro a mi sobrino Darío, aunque creo que ya es mayor libros así.
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Salgo de un coche que va hasta arriba de pasajeros. Le dijo Alberto que no se olvide de rellenarme la botella de agua para la excursión. Dice que tenga cuidado, que parece que va a llover. En ese momento se pone a llover, saco mi sombrero de agua de la mochila y me lo pongo. Por la calle todo el mundo me mira y yo me siento muy orgullosa de ser tan precavida. Llegó a una plaza que tiene un desnivel de unos diez metros. Dudo si saltar. Le pregunto a un grupo de chicas cómo se llega al otro lado. Dicen que hay que rodear la plaza a través de una galería, que dentro hay un hotel y cafeterías preciosas, que si quiero desayunar con ellas estoy invitada. Me encantaría, pero tengo que llegar pronto a casa de mis padres y cambiarme de ropa porque he quedado para ir El chorro con mis amigos. Al salir, veo una cafetería enorme con decoración años 20. Pienso que quizás sea la cafetería que me recomendó Perkins. Solo hay una chica tomando té con pastas. Sela ve relajada y feliz. En un rincón hay un camarero exquisitamente uniformado, pendiente por si ella necesitara algo. Siento cierta envidia porque sé que yo no sería capaz de estar sola en un sitio así, entreteniendo a un camarero solo para mí. Al salir de nuevo a la calle, ha dejado de llover. Pienso que no sé qué ropa me pondré para la excursión. Si me pongo vaqueros pareceré una aficionada y si me pongo ropa de senderista pasaré 
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Sonia hace las tareas de la casa. Me cuenta que está contentísima de haber tenido cuatrillizos, que así no tiene que quedarse embarazada de nuevo. Le digo que sí , que ha tenido mucha suerte. El primero un niño, la segunda una niña, el tercero gay y el cuarto lo que él/ella decida. Lo raro es que quien está en la cama, descansando del parto, es Míchel.

sin frenos, sin piernas

miércoles, 17 diciembre 2025. Llego a casa de mis padres. La puerta está entornada, le falta un trozo por arriba y está curva. No tengo que meter la llave, empujo suavemente y se abre. Está muy oscuro, ni siquiera se vé al fondo la luz que debería entrar por la terraza. Pienso que han entrado y vuelvo a cerrar. Llamo a la policía. Me disculpo, le digo que quizá sea una falsa alarma, pero una vez oí que si llegas a casa y la puerta está abierta, que no entres y llames al 061. Un chico me atiende educadamente. Dice que no puede hacer nada, que no hay suficientes policías y solo tienen un coche para toda la ciudad. Bajo a la calle, Alberto todavía está en el portal. Me pregunta qué pasa. No le digo nada porque sé que es capaz de subir, entrar en la casa y pelear con quien sea.
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Vamos en coche. Alberto para delante del estanco de calle Gordón para echar una quiniela. El semáforo se pone en verde y echa a andar. Yo voy en el asiento del copiloto. Deseo tener delante el volante y los pedales y sucede. Conduzco calle Cristo arriba, pero cuando quiero frenar se me han paralizado las piernas. Pienso que si subo por la carretera de los montes, al ser una cuesta, el coche acabará por detenerse solo. Un chico que baja en moto a toda velocidad choca conmigo. Como si fuera un globo, se aplasta un poco, vuelve a su forma original y sigue su camino.
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Salimos de la iglesia de la Victoria. Mi sobrina Elena va en silla de ruedas. Para bajar la escalera tenemos que llevarla a pulso. Pesa mucho, la gente nos mira con pena, como diciendo: esa chica tan joven y tan guapa... Cuando por fin llegamos abajo, mi sobrina se levanta y dice que está cansada de fingir. Lleva unos short vaqueros, estira piernas y se va. Pienso que tiene las piernas más bonitas y morenas que nunca.

iniciales

martes, 16 diciembre 2025. Alguien habla de que ya nadie come con cubiertos de plata. Le digo que yo uso todos los días una cucharilla y un tenedor de plata en el desayuno. Me dice que los habré robado, que no serán míos. Llevan mis iniciales grabadas, le digo, los tengo desde que nací.

régimen de estrés

domingo, 14 diciembre 2025. Entro en un comedor de lo que parece una residencia de estudiantes. Miro a mi alrededor, pero no conozco a nadie. Al fondo hay una especia de mercadillo. Entre lo que venden, una escena móvil (del tamaño de una caja de cerillas) donde una muñeca adosada a un alambre se pasea con un libro entre las manos por su cocina. Lleva unas palabras en la base: "Mientras cocino leo, y mientras leo me acuerdo de ti". La compro para enviársela a Virginia. Al darme la vuelta el comedor es una guardería. Entre las mesas hay una niña muy pequeña (no mide más de veinte centímetros) que parece perdida. La levanto para que miré y encuentre su mesa. Señala. Allí, dice. La llevo y la dejo con otras niñas. Veo a María. Ha engordado y lleva un bebé en los brazos. Me alegro de verla. Se sienta en un escalón a darle el pecho. La niña es idéntica a ella, solo que la cabeza es un ovillo de lana mojada o espaguetis. No le pregunto por si se molesta. Hablamos de los viejos tiempos, de las lecturas que organizaba Cumpián y de que llegó un día en el que se cansó de estar sola y decidió tener una hija. Dice que tiene que adelgazar, pero no quiere dejar de comer. Yo llegué a pesar este verano 46 kg sin hacer nada, solo estrés, le digo. Se ríe. Le propongo que nos pongamos a régimen a la vez. Le llamaremos "régimen de estrés", le digo y nos reímos (también la bebé) a carcajadas.

el hombre cangrejo no se entera

sábado, 13 diciembre 2025. Estoy en una casa destartalada (un chalet tipo año 70 con escaleras y barandillas de hierro pintadas de negro). Por allí anda Manuel. Se supone que somos novios, pero no queremos que la familia lo sepa (no sé si es su familia o solo los dueños de la casa). Durante el desayuno nos pasamos mensajes en papelitos por debajo de la mesa. Llegan amigos de manuel con bolsas de bebidas para hacer una fiesta. Les digo que me pidan un taxi, que a las doce tengo que estar en casa. Nada. Los chicos desaparecen y las chicas me dicen que siempre es igual, que cada fin de semana hacen lo mismo antes de la fiesta: montar una pelea con otra pandilla de la urbanización. De repente estoy sola en la casa. Oigo que entra alguien y subo a esconderme en el dormitorio de arriba. Echo el pestillo, pero la puerta es de cristal y se puede romper desde fuera. Aparece un tipo brutote, me empuja a la cama. Manuel se acerca a la puerta, se asoma y me saluda. Le hago señas para que me ayude, le digo sin emitir sonido, abriendo mucho la boca "violador", pero cree que el bruto y yo estamos jugando, y sigue sonriendo sin hacer nada. El tipo intenta violarme, pero le saco conversación, le cuento que Manuel estaba mucho más guapo con el pelo más largo y rizado, que se parecía al Hombre Cangrejo. El bruto me mira sin entender. Yo le llamo HC, le explico muy lentamente para que dé tiempo a que alguien venga a ayudarme, o se duerma de aburrimiento y poder escapar.

llaollao

viernes, 12 diciembre 2025. Estoy en casa de mis padres. Llega mi tía E muy preocupada, no sabe dónde está mi tía M (dice que se fue muy temprano y no ha vuelto). Salgo a buscarla. Voy en el bus mirando desde las tiendas que suele frecuentar. El bus se transforma en una heladería Llaollao. Unas chicas chandaleras mofan de cómo voy vestida (muy normal, vaquero y camisa de lino). Veo a mi tía y a mi hermana del brazo, mirando un escaparate. Me ven. La heladería  no tiene puerta, parece una pecera, no puedo salir. Les digo por señas que llamen a casa para decir que están bien. Se ríen y siguen su camino. De repente es de noche y estoy en la calle de mis padres. Veo a lo lejos a mi madre y a mi abuela, con paso diligente, hacia la parada de autobús de calle Fernando el Católico (está como antiguamente, con la tintorería y la mercería). Veo que van a entrar en un autobús  equivocado. Corro hacia ellas, pero no llego a tiempo.

los maroteros

jueves, 11 diciembre 2025. Estoy en la cocina de la que fue mi casa en calle Salitre. Está desordenada, hay una mesa llena de platos y vasos sucios como si hubiese habido una fiesta. Aparece el jardinero e intenta besarme. No lo entiendo porque es su nombre respetuoso y amable, pienso que quizá haya bebido. Me lo quito de encima como puedo. Dice que si no quiero nada con él por qué los saludo todas las mañanas. Aparece Araceli, una vecina de mi madre. Dice que también lo ha intentado con ella. De repente la cocina se ha transformado en un bar. Tdos miran hacia una tele que hay muy cerca del techo. Aprovecho para escaparme. Llegó a casa de mis padres y al entrar en el portal sale el actor Javi Maroto con tres niños y una perrita muy simpática. La perrita viene hacia mí, juego con ella. Él saca una tarjeta y me dice que es de una asociación, si quiero adoptarla. El portal se va llenando de gente, montan una barra de bar y un proyector. Todos se sientan en el suelo para ver un vídeo poema. Le digo a Maroto que me voy, que ya he tenido bastantes actos como esos en mi vida. Me pide que me quede. Después, con cara de ilusión, me pregunta si me ha gustado. Le digo que el poema era horrible pero la música estaba bien. El poeta (es el camarero), me oye, se ofende y dice que para mí no habrá cerveza. Mejor, pienso, porque solo quiero subir a casa de mis padres. Cuatro cervezas para los Maroteros, dice. Al volverme, veo a una pareja y a una chica (la mujer de Maroto, supongo). La chica me mira con mala cara y registra mi mochila. Él agacha la cabeza avergonzado. Le hago un gesto de que no se preocupe (en la mochila solo llevo un saco de dormir). Aparece Salud, la separo del grupo, le digo que tengo que contarle todo lo que me ha pasado. Veo a Daniel, me alegro tanto de verlo que al abrazarlo le rodeo la cintura con las piernas. A su lado hay un Daniel exactamente igual. Espero haber abrazado al auténtico, les digo. Se ríen. El auténtico Daniel se ha comprado el vídeo poema (una cinta VHS). Dice que solo por la música, porque es que Diamanda Galás. Pensé que te daba miedo, le digo y nos reímos. Veo llegar a Alberto. ¡Pensé que estaba de viaje!, le digo, lo abrazo y le pido que me saque de allí.

gorro de pelo

miércoles, 10 diciembre 2025. Me visto a toda prisa porque llegamos tarde. Odila (una amiga de la infancia a la que no veo desde hace años) se ha puesto mi ropa. Le queda mejor que a mí. Llevo un pantalón de punto y un jersey muy suave (parece que voy en pijama). Le pregunto qué tal estoy. Perfecta, dice. Pienso que siempre fue muy amable conmigo, una amiga de verdad.Odila me enseña un chorizo que ha comprado. Me pregunta si es bueno, que dónde suelo comprarlo yo. No me da tiempo a responder. Aparece un chico y le dice que el mejor chorizo es el que venden sus padres. No entiendo que se meta en la conversación (y mucho qué hace en mi cuarto). Odila me mira como diciendo, vamos a decirle que sí a todo, pero vamos a hacer lo que nos dé la gana.
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Estoy en un edificio de madera con muchas habitaciones. En algunas hay gente joven trabajando en lo que parecen maquetas, en otras muebles de madera. Concluyo que es una escuela. Las escaleras son muy rudimentarias, parece que se vayan a romper. Pienso que las han hecho los alumnos. Veo de lejos a Francisco, le hago señas para que me ayude, pero me saluda desde lejos y desaparece. Pregunto a un grupo por la salida. Haz el camino al contrario, me dicen y se ríen. He dado tantas vueltas que no sé dónde estoy. Me pica la cabeza, me quito un gorro de pelo negro (tipo Bobby ingles), pero mi pelu es igual al gorro (tipo Jackson Five pero muy enredado). ¿Con gorra o sin gorro?, pregunto al chico. Con gorro, dice con guasa y cara de susto.+
Espero a Elisa en el que fue mi cuarto de niña. Sobre la cama hay un álbum que le regalé con estampas de mi infancia y una tarjeta collage, con fotos nuestras de momentos especiales, diciéndole cuánto la quiero. Me apena pensar que quizá, en un futuro, sus hijos no le den importancia y acabe en la basura.

bolsos y burros

martes, 9 diciembre 2025. Llego a la charcutería que había cerca de casa de mi abuela. A ratos charcutería a ratos bar de copas. Espero a Sora. Llega con su hija en brazos. Me alegro mucho de verlas. La niña ya anda y habla por los codos, cuenta un montón de cosas graciosas. La gente que la escucha embobada. Sora lleva un bolso enorme con las cosas de su hija. Guardo el mío dentro del suyo para no perderlo. A la hora de irnos no encontramos el bolso. Nadie parece saber nada. Lo encuentro debajo de un taburete, pero todas las cosas están desperdigadas por el suelo. Le digo que pasemos a ver a mi abuela para que conozca a su hija. El camino se hace muy largo (solo bajar unos metros e línea recta) pero nos perdemos.

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Entro al dormitorio de mi hermana. Hay un olor muy fuerte. Corro la cama y veo un montón de botellas (de alcohol y de detergentes). También hay un charco donde se han mezclado los líquidos. Intentó limpiarlo con toallas viejas, pero cuanto más limpio más grande es el charco. Aparece Javier con una chica muy guapa. Les digo que me esperen, que termino en un momento. Se sientan sobre la alfombra, porque todo está muy revuelto. La chica dice que la alfombra es preciosa. Le digo que mi padre la compró en los años setenta (en la vida real nunca hubo alfombra en ese cuarto, siempre estuvo en el estudio de mi padre). Javier y la chica se cansan de esperar y se van. Debajo de la cama encuentro una foto de dos burros asomados a una ventana. Oigo rebuznos, me asomo al patio de luces y veo que los vecinos de abajo tiene, efectivamente, dos burros. Me hace tanta gracia que corro a contárselo a mis padres. Mis padres están acurrucados, muy juntos, en el sofá, tapados con la camilla de la mesa. Parecen muy asustados. Les enseño la foto de los burros. Mi madre me hace señas con la cabeza para que mire hacia el recibidor. Veo a mi hermana envuelta en una toalla, haciéndose las planchas. Se acerca con gesto altivo. Mis padres tiemblan de miedo al verla llegar. Le cuento que los vecinos tienen dos burros. Ya lo sé, dice y se va.

abrazo

domingo, 7 diciembre 2025. Voy por la calle y veo a lo lejos a Atencia. Nos saludamos con la mano. Corre hacia mí, se alegra mucho de verme y yo a él. Me abraza y casi nos caemos de alegría. 

queso emmental y avispas

jueves, 4 diciembre 2025. Estamos poniendo la mesa. Mi madre dice, por ahí viene tu padre. Me extraña que se haya levantado de la cama solo. Lo veo al final del pasillo, intentando reptar. Corro hacia él y le digo que se haga una bola para poder levantarlo. Lo agarro por detrás y lo subo a la cama. Está lleno de heridas. Algunas son agujeros. Parece un queso emmental.
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Mi padre y yo estamos cenando cada uno en nuestro sillón con la bandeja sobre las rodillas. De repente entra muchísimo aire y las butacas salen volando. Le digo que suelte la bandeja y se agarre bien a los brazos de la butaca. Pienso que ya que vamos a morir voy a disfrutar el vuelo. La butaca empieza a caer, se convierte en una butaca hinchable de piscina y rebota en la acera. Los dos estamos bien.
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Estoy en casa de mi abuela. Mi tía y yo vamos a Madrid. Mi tía va delante de mí con un abrigo de pelo marrón. Le digo que si se pusiera la capucha y le pegara una nariz y unos ojos parecería un oso de peluche. Mi tía se vuelve y dice que le he quitado las ganas de ir a Madrid, que me vaya sola. Al llegar al jardín, veo está lleno de animales. Pienso que los ha traido la tormenta. Hay patos de varios tamaños, gatos, perros... Uno de los perros tiene un collar con el nombre y la dirección del dueño. Lo leo en alto y el dueño aparece con su mujer por arte de magia. Se ponen muy contentos de recuperarlo. Traen a su hija para que la conozca. La niña quiere bailar conmigo. Le digo que tengo mucha prisa, que voy a perder el tren a Madrid. Hay muchísima la gente en la calle. La calle da a una autovía llena de gente que hace de coches. Algunos incluso hacen ruido de claxon con la boca. Vamos como en una procesión. Intento correr entre ellos, pero me insultan. De repente llegó a otra autovía vacía y por fin puedo correr libremente. Para cortar camino atravieso una casa, pero está llena de avispas que me pican en la cara. Aparezco en otra carretera de nuevo llena de coches. Pasan taxis libres, pero cuando me ven la cara ensangrentada pasan de largo. Decido seguir corriendo. Finalmente llegó a una carretera sin coches ni gente y me veo pasar en un autobús. La yo del autobús me saluda muy contenta. Pienso que por fin llegaré a la estación. La estación es en blanco y negro y parece de una película de Berlanga. Hay una taquilla en alto con dos viejas y un tipo que se parece al cartero de Cronicas de un pueblo. Les doy un billete de mil pesetas (de aquellos con los Reyes Católicos), pero me dicen que el tren está en marcha y no me dejarán entrar. Corro al andén donde dos viejos con uniforme polvoriento discuten si el tren puede salir o no porque tiene una avería. Me ofrezco a arreglarlo. Seguro que son los frenos, les digo. Se ríen a carcajadas.

toalla negra

miércoles, 3 diciembre 2025. Estoy muy relajada en una especie de baños públicos, tumbada en una piscina que no cubre. Empieza a llegar público. Todos son hombres. A mi lado se tumba uno muy parecido a Shaggy el de Scooby-Doo e intenta darme conversación. Me doy cuenta de que todos van vestidos menos yo. Sigo tumbada, pero me cubro con una toalla negra.
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Estoy en la cocina de  la casa de mis padres. Tengo que poner la lavadora. Como detergente, se supone, debo usar un cubo de orina que, se supone sirve para blanquear la ropa. Aparece alguien e intenta ayudarme. Mete un tubo en el cubo y se lo lleva al ojo, como si mirara por un catalejo. Le advierto que es orina y no sé de quién. Al final acaba por tirársela por encima.
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Hemos quedado en un mercadillo que hay en las afueras. Vamos en coche muy rápido por una carretera que no conozco. Veo al fondo la fábrica de cemento, pero en vez de quedar a la izquierda queda a la derecha. Pasamos a toda velocidad por hoteles muy lujosos abandonados. A la derecha, en la playa, veo los puestos. Creo que hemos llegado, le digo a Alberto. Cuando bajamos, a la entrada hay una terraza de hotel con cientos de personas completamente borrachas. No creo que sea buen plan, le digo a Alberto.

cocotología

martes, 2 diciembre 2025. Mi madre saca una caja y le da un broche a cada una de mis primas. A Cristina uno de oro con forma de rombo horizontal, muy antiguo, que era de mi bisabuela. A Elisa le da una estrella de plata muy moderna. Pienso es uno de los gemelos que yo tenía, pero no digo nada. Elisa me mira y niega con la cabeza como diciendo que no es justo. Por no dejar mal a mi madre, le digo como puede ponérselo en el ojal de la solapa e intento cambiar de tema hablando de papiroflexia. Mi madre dice que Ramón y Cajal hacía pajaritas. Elisa dice que no, que era Ortega y Gasset. Yo las dejo hablar para que no hablen de broches, no les digo que era Unamuno.

firma

lunes, 1 diciembre 2025. Estoy en un bar. Mi padre me apura para que nos vayamos a casa, pero tengo que firmar un montón de pliegos. Javi, que se supone es mi manager, me va pasando rotuladores y plumas (que voy gastando).

concierto

sábado, 29 noviembre 2025. Tengo que leer poemas en un estadio. Está completamente lleno porque antes actúa una orquesta muy famosa. Me colocan el micrófono y me dicen que tengo que salir al escenario antes de que suene la última nota. No encuentro mis poemas. Todo el público tiene una copia en la mano. Les voy pidiendo que me los presten para poder leer, pero nadie quiere soltarlos. Incluso forcejeo con algunas personas. Salgo del estadio, busco por los alrededores por si alguien ha perdido o tirado mis poemas. Nada. Vuelvo cuando está sonando la última nota. Subo al escenario. Improviso palabras que no dicen nada. El público atiende como si fueran alumnos y toman nota de todo lo que digo. Yo solo tengo ganas de llorar y largarme de allí cuanto antes.
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Imagen de una cinta transportadora donde van apareciendo bloques tamaño ladrillo de tierra negra y compacta donde hay impresas caras de hombres poniendo gestos grotescos. Yo estoy sentada sobre esos bloques y debo ir agarrándome a los bloques para que la cinta no me arrastre. Intento no hacer daño a esos hombres, como si fueran de verdad, como si no fueran solamente fotos impresas.

títere

viernes, 28 noviembre 2025. Llego a una casa enorme. Al parecer es de un chico muy joven que ha ganado mucho dinero de repente. La señora que me guía por las habitaciones habla de él como si fuera poeta, pero me extraña que un poeta pueda ganar tanto dinero. Entramos en su dormitorio y en un rincón veo una butaca de madera pintada de rojo oscuro. Preciosa, parece muy antigua. Pregunto si puedo sentarme. Claro, dice la señora un poco sorprendida. Detrás, veo que hay otra habitación con unas veinte butacas más en distintos modelos. Hay mecedoras, y hasta una cuna. Cuando salimos de la casa nos cruzamos con el supuesto poeta. Es un chico muy joven y muy delgado con el pelo rizado. Va de una habitación a otra en monopatín. La señora le dice algo y él baja la cabeza. Pienso que es simplemente un títere. A las puertas de la casa hay basura en bolsas y, entre ellas, una butaca roja. La señora me dice que está rota y no sirve para nada. Le digo que me da igual, que yo puedo arreglarla. La cojo y me la llevo antes de que se arrepientan.
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Oigo ruido en la terraza. Al correr la cortina no hay terraza, hay un jardín muy descuidado con unas vallas de madera y tela metálica rota. Se han metido unos cuantos perros con sus crías y patos de distintos tamaños. Intento echarlos, pero mientras saco a uno los otros vuelven. No sé qué hacer con las crías. No quiero dejarlas sin sus madres, pero tampoco puedo quedármelas.
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Llego a la parte de atrás del caserón que había frente a la casa de mi abuela. Hay una fiesta. Me dicen que coma lo quiera, pero no hay comida por ninguna parte. El público se arremolina en una habitación muy pequeña para servirse algo parecido a ponche de color naranja. La dueña me dice que por fin han publicado el libro (como si yo supiera de qué va la cosa), que ha quedado precioso pero que pesa demasiado y no sabe si se venderá bien. Busco la salida, quiero irme de allí.

vacaciones

miércoles, 26 noviembre 2025. Hemos quedado con Carmen y Enrique para irnos de vacaciones. Me extraño al ver que aparece Enrique al volante (no tiene carnet). Baja la ventanilla y dice que al final se quedan en la ciudad, arranca y desaparece. Se lo cuento a Alberto. Le digo que da igual, que de todos modos ya tengo la maleta hecha y nos vayamos nosotros. Alberto dice que si ellos no van él tampoco. Le grito que estoy harta, que cada vez que me hago a la idea de algo bueno nunca sucede. Le doy una patada a la maleta.

saltar de alegría

sábado, 22 noviembre 2025. Estoy en una especie de sala de espera acristalada. Alguien me dice que va a llegar mi sorpresa. Aparece Javi. Lo abrazo, me coge en volandas, me tira por el aire de alegría.