lugares nada comunes

viernes, 23 diciembre 2011. Se supone que Carmen tiene una casa en una ciudad de Italia y he ido para ayudarla en las últimas semanas de embarazo. La casa es un pasillo circular alrededor de un patio. Des pasillo salen las distintas habitaciones. El suelo del pasillo hace hondas. Carmen está tumbada con una bata azul. No decimos nada. Se nos ve muy felices.
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Voy por el campo con Antonio y otro tipo al que no reconozco. No me parece real, parece un paisaje sacado de "El señor de los anillos", les digo. Hay un acantilado en forma de ola gigante. Saltan. Me asomo sin prisa porque sigo pensando que todo es un decorado. Están de pie sobre unas torres de piedra puntiagudas. Voy a haceros una foto, les digo y en ese momento aparece toda una excursión a fastidiar el panorama.
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Julio César habla a gritos con Virginia porque se oye música muy alta a nuestro alrededor. Le pregunta dónde trabaja Alberto. Virginia dice una palabra que no llegamos a entender. Alberto está al lado de Julio César, con el pelo muy largo, baila como poseído. Los miro sin comprender nada.
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Un tipo muy parecido a Francisco me enseña una caja en la que guarda cosas usadas de otra época: portaligas, broches, arandelas de cortina de baño, cuentas que imitan perlas y hasta unos zapatos estilo imperio. Me pregunto cómo sabe que me gustan las cosas así, sobre todo usadas. El tipo va colocándolo todo sobre la mesa de lo que parece un bar. Por sacarle conversación, le pregunto e qué número es el zapato. No sabe. Le digo que antes las mujeres tenían los pies más pequeños, pero que este parece un 37. Podrías ponértelo, le digo a una chica que de repente se sienta a su lado. La chica niega con la cabeza y guarda el zapato en el bolso.
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Mi madre dice que acaba de llegar una visita a la que le gustan mucho las cortinas de baño, que es en lo único que se fija de las casas. Dicho esto me empuja dentro del cuarto de baño para que lo arregle. Hay un estante muy desordenado con cosas de mi hermana. Trato de meterlo todo a presión en un armarito, pero se me caen cosas al váter: hebillas y gomas del pelo, y hasta cucharillas de plástico de las que dan con los cucuruchos de helado. Intento doblar todas las toallas, pero cada vez hay más. De repente la cisterna se pone a funcionar sola y todo lo que ha caído dentro lo atasca. El cuarto de baño comienza a inundarse. Intento que el agua no llegue a la cortina rosa que cierra la bañera. ¿Pero desde cuándo hay en esta casa una cortina rosa en la bañera?, grito en alto.