bragas

jueves, 15 enero 2009. Un hombre tiene un problema en las piernas. Su mujer, que debe de ser médico, lo mete en un tanque lleno de líquido con unos cables. Me extraña que a pesar de estar desnudo no le hayan quitado las gafas. El hombre se queja de que le queman las piernas. No soporto la imagen y salgo de la habitación. La mujer pulsa botones sin parar y le dice al hombre que va a morir sin sufrimiento, pero lo oigo quejarse hasta el momento justo de morir. Vuelvo a entrar y en vez de tanque hay un ataúd cerrado. La mujer explica, como lo haría ante una cámara, el proceso de la enfermedad y muerte de su marido. Se pone en cuclillas y va sacando de una maleta una serie de artilugios supuestamente médicos, entre ellos una bocina. Por más que intento prestar atención sólo soy capaz de fijarme en que está enseñando las bragas sin ningún pudor. Me acerco a mi hermana y le pregunto por mi madre. La buscamos por la casa. Le digo que tenemos que decirle que papá ha muerto. Detrás de una ventana sellada con un plástico y chinchetas, está mi madre tumbada en la terraza, tomando el sol aunque es de noche. Miro a mi hermana y, sin decirnos nada, acordamos que no vamos a decirle que papá ha muerto. Entre los vecinos hay una competición de insultos cantados. Cada uno desde su terraza insulta a los de enfrente. Cuando mi hermana pretende intervenir, la tumbo en el suelo y le ruego que no participe en semejante ordinariez.

schumman y la falda de vuelo

miércoles, 14 enero 2009. Estoy sentada delante de una mesita de piscina de plástico blanco. Toco el borde extendiendo los dedos, como si tocara las teclas de un piano. Increíblemente suena un estudio sinfónico de Schumman.
+
Al mirarme en el espejo veo que llevo una falda blanca de vuelo. Me extraña verme con una falda, además, blanca. Por más que intento quitármela, no lo consigo.

bar flor y la hora chanante

martes, 13 enero 2009. Camino cerca de la plaza de toros y veo a Javier Labeira sacando una cámara enorme del maletero de su coche. Hay una lectura en el bar "Flor". Entro a saludar Héctor Márquez, que anda colocando los micrófonos. Al fondo de la sala veo a su amiga Esperanza con un poncho de rayas que le cubre una barriga de seis meses.
+
Festival de "La hora chanante". Estoy sentada en un palco sin barandilla, que más bien parece un nicho encalado. A mi lado está Martí Lloveras, a quién no veo desde hace once años. Alguien desde el escenario dice que ahora cantará Martín. Le doy un empujón con el codo y nos reímos. Por debajo del palco pasa un niño pequeño con el pelo muy negro cortado a tazón. Le pregunto, en broma, si también se llama Martín y si va a cantar. ¿Quieres que cante?, me dice. Sube al escenario y levanta las manos. Por arte de magia aparece en una pantalla gigante un vídeo donde se ve al niño buceando y cantando con varios delfines. Cuando se encienden las luces no queda nadie en el patio de butacas, y el patio de butacas es un jardín con un aspecto desolador. Sólo queda Joaquín Reyes detrás de una barra de bar. Me acerco a él y hablamos de cómics. Me cuenta que en casa eran cinco hermanos y tenían que turnarse para leer. Conseguir un cómic era conseguir un tesoro, dice. Le ofrezco mi colección de cómics antiguos. Los tengo todos, le digo. ¿Y no están recortados?, me pregunta. Le digo que están intactos porque soy muy cuidadosa y muy maniática. Muñoz Quintana se acerca y dice que tenemos que marcharnos. No quiero irme y le digo a Muñoz que no pienso ir al día siguiente a clase, que no pienso volver a estudiar nunca más. Han organizado una excursión a una fábrica de inodoros, dice. No pienso madrugar para eso, le digo. Reyes nos despide disfrazado de vieja de pueblo. Lleva mi mantón negro de lana sobre los hombros. Eso es mío, le digo. Me ofrece una manta de rayas bastante cutre. Quiero el mantón, lo hizo mi abuela especialmente para mí. Se lo quita y me lo da. Muñoz ha desaparecido y estoy en una habitación de hotel completamente desnuda. Javier Laberia trata de taparme con su cuerpo, pero le digo que se marche. Intento cerrar la puerta de la habitación y no lo consigo. Todo mi interés es cerrar la puerta para poder ducharme y vestirme de una vez. No sé para qué quiero cerrar la puerta porque la habitación no tiene paredes, la habitación es el jardín desangelado de antes. Me meto en un armario y busco champú, pero sólo encuentro frascos vacíos.

zuecos

domingo, 11 enero 2009. Estoy en la cama y me siento completamente agotada. Oigo ruidos en la cocina. Pienso que alguien se ha puesto mis zuecos y está dando zapatazos en la cocina. Decido que no voy a levantarme.

secundarios

sábado, 10 enero 2009. Varios personajes llegan a una casa con jardín. Se supone que han quedado aunque nada tiene que ver unos con otros. Yo llego en el cuerpo de una chica joven y bonita, pero al cabo de un rato estoy en el cuerpo de un hombre cubano. A veces soy incluso los dos a la vez. La chica y el cubano pasean de la mano cuando nadie los mira. Yo los veo pasear, pero ya no estoy dentro de ningún cuerpo.

dylan y los okupas

viernes, 9 enero 2009. Voy hacia la playa por unas callejuelas que me recuerdan a Tarifa. Voy comiendo pipas y escupiendo las cáscaras en el suelo. Las cáscaras son de plástico, unas veces verdes, otras rojas. Al salir al parque, veo en un kiosco revistas del corazón. En una de ellas dice: "Isabel Bono deja a su marido, después de 28 años juntos, por Bob Dylan".
+
Alberto y yo hablamos con una chica que tiene dos hijos. Igual estamos dentro de una tienda de ropa, como junto a un puente. La chica habla en inglés. Sus hijos son tan pequeños que no deberían saber hablar, pero nos entienden y responden en español. Un grupo de okupas se acerca a un edificio ruinoso y pega un explosivo en la puerta. Entramos en un hotel y cerramos las ventanas, escondemos a los niños bajo almohadas. Oímos una leve explosión y nos demos que no era para tanto. En la calle, los okupas caminan en perfecta fila de a uno hacia otro objetivo. Nosotros caminamos con ellos.

paisaje

jueves, 8 enero 2009. Abro la ventana. El escritor Fernando Luis Chivite está de pie, quieto, en mitad de la nieve.
+
Parece que nos preparamos para una clase de gimnasia en el colegio, pero nos piden que salgamos en fila por la calle en bañador. Nos miden y nos pesan antes de saltar a la piscina. Ayllón y Andrés están por allí, no sé si de espectadores. Dejo al grupo y voy con ellos a ver la tumba de una escritora. Quiero hacer unas fotos, pero una familia se ha tumbado delante. Veo la escena desde arriba, una especie de balcón sin baranda, y le pido a Andrés que me sostenga mientras echo el cuerpo hacia delante para tomar la foto.

huesos y escáner

miércoles, 7 enero 2009. Voy con un grupo de gente que no conozco por una carretera de tierra. La carretera acaba. Hay un cortado cubierto en tres partes por piedras, pescados muertos y corderos. Cada cuál elige bajar por uno. Por las piedras, veo cómo resbalan y caen, los pescados me dan asco y los corderos me dan pena porque están vivos. Una mujer mayor me dice que no me preocupe por ellos porque están enfermos y van a morir de todos modos. Otra mujer, al ver que no me decido me ofrece otro paso, un puente hecho de huesos rotos. Como no hay más opciones, camino junto a ella sobre los huesos, que crujen bajo nuestros pies. Noto cómo el polvo de hueso se me va metiendo en la boca. Al llegar al final del puente, tengo una masa blanda, crujiente, del tamaño de una pelota de golf, que escupo con verdadero asco.
+
Alberto y yo dormimos en camas separadas, aún así noto cómo da varios respingos. Pienso que está teniendo un infarto. ¿Estás bien? Sí, es que acabo de soñar que había recibido un adjunto que daba miedo, dice. Pues no me lo reenvíes mañana, le digo.
+
Estoy en unos grandes almacenes. He comprado una barra de labios, un Rotring y una libreta. En el ticket veo que o la barra es carísima y pienso que la dependienta se ha equivocado. Quiero devolverla. De repente se forma una cola enorme. Incluso Alberto y su madre se cuelan. Cuando les digo, medio en broma, que se han colado, la madre de Alberto me empuja e insulta. Al fin una chica accede a atenderme. Después de mirar con detenimiento la barra de labios y el ticket, me inmoviliza entre sus piernas y me pasa un escáner por la cabeza. Dice que así podrá leer en mi cerebro si el ticket está escrito con tinta envenenada. Cada vez que me pasa el escáner la luz me quema y siento un dolor tremendo. Cuando pretende pasármelo también por las manos, escapo.
+
Mi madre, mi hermana y su marido viven en una habitación enorme, muy desordenada. De la pared sale un grifo. Está abierto. Intento cerrarlo, pero no lo consigo. Les pregunto por qué no llaman a un fontanero. Dicen que no conocen a ninguno. Me acuerdo de que Tony es un manitas y podría hacerlo. Voy a llamar a un amigo para que lo arregle, les digo. Mi madre me pregunta cuál es su teléfono. Le digo un número. No me gusta, dice. Mejor, porque me lo he inventado, le respondo.

mudo

martes, 6 enero 2009. Alberto, Muñoz Quintana, Joan Masip y yo estamos en un McDonald’s. Las camareras han apagado la luz y están cerrando las persianas. Aún así, ellos tres siguen hablando como si nada. Recojo los vasos de la mesa y los llevo al mostrador. Pago y salgo. Joan dice que ha quedado con su amigo "el mudo". Su amigo aparece al momento con una maleta enorme y un colchón enrollado que arrastra con cuerdas. Me fijo en que Joan lleva la cabeza rapada, pero sobre la frente le cae un mechón de flequillo. Su amigo le pregunta si todavía le duele. Tiene una brecha enorme en la frente. La escondí para no preocuparte, me dice y se quita el flequillo de un tirón. El mudo cuenta riéndose, casi orgulloso, que se la hizo el portero de un bar de una patada. Joan se queda muy serio y muy triste, y pienso que nunca lo había visto tan sombrío y que el mudo parece él.

footing y gatos parlantes

lunes, 5 enero 2009. Bajo desde casa de mi abuela por calle Cristo. Me extraña que haya tanta gente paseando porque es de noche. Camilo de Ory sube haciendo footing por la acera. A pesar del frío lleva pantalón corto. Yo voy muy abrigada, con leotardos de lana y bufanda. Intento echar a correr para que no vea lo friolera que soy, pero las piernas no avanzan.
+
Una calle llena de gatos que hablan, que te piden dinero o que los adoptes. Una tienda donde venden juguetes de mi infancia. Los dependientes también son gatos, y usan cámaras y altavoces para comunicarse con los clientes. Intento comprar unos corchetes pequeños que hay en una vitrina. Por el altavoz, un gato me dice que sólo le quedan grandes.
+
Carmen Beltrán y Enrique Kb se han casado pero celebran la boda cada uno por su cuenta. Un chico me dice que Carmen le ha pedido que me cuide hasta que llegue el momento de la celebración ya que no conozco a nadie. El chico me habla de artes marciales y de que mataría por defenderme llegado el caso. Mientras me habla, miro una sala contigua donde Francisco Ribera Ordóñez celebra su cumpleaños. Físicamente es él, pero tiene la voz de mi amigo Elías Morillas. Elías dice que querría que le hubiesen regalado una postal antigua usada. Pienso que tengo varias en casa y que tengo que enviárselas. Mientras, la fiesta de Carmen ha comenzado, en mi mesa hay tres chicas. Carmen sirve la comida vestida de novia. Trae dos fuentes de hojaldres y una de pescado cocido. Una de las chicas se abalanza sobre el pescado, se va a un rincón de la mesa y se lo come con las manos. Carmen habla de la amistad y me pide que la defina. Es como llegar a casa, le digo.

agua y bagatelas

domingo, 4 enero 2009. Estoy durmiendo en el sofá. José Leandro Ayllón se tumba a mi lado. Toma un buche de agua y lo pasa de su boca a la mía. Aprieto los labios y el agua se derrama. Ayllón me lame la cara y los hombros, dice que tiene mucha sed. Llegan mis padres y le dan en una bolsa de plástico una jarra y una botella de cristal vacías. También una fuente pequeña y cuadrada que siempre me gustó, y que mi madre usaba para servir aceitunas. Ayllón dice que sostenga la bolsa mientras se viste. La bolsa resbala de mis manos y la botella se rompe. Marcos, que al parecer ha estado sentado todo el tiempo en el sofá observando la escena, dice que yo tengo la culpa y desenvuelve dos pastillas de jabón que hay sobre la mesa. Ahora no sabrás cuál es cuál, dice. La envoltura de los jabones parece muy antigua y siento pena por que los haya destrozado sin motivos.
+
Estoy en una clase sentada en primera fila. Tengo delante un libro enorme con fotos de interiores. En la cubierta hay una pegatina horrible que dice "Gratis", pero en la página de respeto han escrito a mano "6 euros". De cualquier modo me parece muy barato. Lo miro sin ganas, pero no dejo de mirarlo para que la profesora no me diga nada. En un descuido salgo de la clase y busco otra clase vacía para echarme a dormir. Por el pasillo oscuro noto cómo los ojos se me cierran, casi no puedo avanzar. Junto a la escalera hay una clase vacía. Entro y coloco la cabeza sobre la mesa. Cuando abro los ojos hay varias familias chinas comiendo y bebiendo. Han roto las sillas y todo está lleno de cubos de agua teñida de colores. Me tiran agua para despertarme, se ríen. Intento volver a la clase de entes, pero el libro me pesa tanto que no consigo avanzar.
+
En el escaparate de una tienda leo "Ofertas en bagatelas". Pienso que la palabra bagatelas es muy bonita. El cartel está al ras de suelo y tengo que tumbarme en la acera para leerlo y para ver los pendientes y anillos de colores. Me llaman especialmente la atención unos colgantes con forma de hígado. Pienso que son exvotos de lujo. Una dependienta sale al verme tumbada en la acera y me pregunta si quiero algo. Le digo que a qué huelen las colonias. Las colonias son tres frascos con unas etiquetas antiguas que representan, cada una, a un rey mago en su camello. No se venden, son fondo de perfumería, dice.

oslo y decotec

sábado, 3 enero 2009. Camino forestal. Abajo veo una aldea con casas de piedra. Distingo cintas de colores y gente que va y viene. Blanco me saluda. Es una figura diminuta entre la gente. Lleva un libro en la mano y pienso que ha salido de su clase de inglés. Me hace señas para que baje. Por más que busco un camino todo son piedras cortantes. Intento bajar por una ladera mullida, pero al agarrarme al musgo se desprende de las paredes y caigo. Me dejo caer, ruedo hasta el borde de la aldea. Me alegro mucho de verlo, quiero darle un abrazo, pero estoy dolorida y sucia. Blanco no se fija en mis magulladuras, dice que he tardado mucho. Si hubieses bajado antes hubieras visto la frontera de Oslo, pero ya se la han llevado, dice.
+
Entro en una tienda de calle Alcazabilla, donde en los años 80 estaba "Decotec". Ahora venden congelados de diseño. Dejo dos bolsas bajo el mostrador y hago tiempo porque he quedado con Alberto y Tony en la parada del bus. Le pregunto algo a la dependienta que, a pesar de tener a varias personas esperando, atiende con amabilidad mis preguntas para nada. Le digo que es muy amable y que nunca he visto a nadie que haga tan bien su trabajo. Miro unos caramelos, recojo mis bolsas, y al salir de la tienda la chica me da las gracias por haber hablado bien de ella delante de su abuela. En la calle hay una cola enorme para el bus, las bolsas me pesan tanto que no soy capaz de cruzar la calle. Caigo de rodillas por el peso y un coche está a punto de atropellarme. Emilio aparece en ese momento y me ayuda con las bolsas. Buscamos a Alberto y a su hermano. Una vez dentro del bus, nos sentamos en mesas de cuatro, como si fuera un bar. Al fondo hay chicas con pelucas de plástico. Cuando digo que una se parece a Carla Bruni, todos me chiflan y se ríen. Odila está sentada a mi lado. De un bolsillo le sale una cartulina. Es un título a nombre de Ernesto Pérez Zúñiga, donde dice que ha ganado un premio de novela. Al título le falta un pedazo rectangular. Le pregunto a Odila de qué conoce a Zúñiga y por qué el título está roto. No está roto, le falta el cheque, dice.

dulces rayos

Parece mentira. Un año ya soñando en público. Mientras escribir siga siendo mi juguete favorito aquí seguiré. Aquí o en otro lugar. Gracias a los amigos que hacen piruetas para mí cada día, aunque sólo sea para que algún residuo quede en mis neuronas de arena y verse al día siguiente bailando en una cornisa o salvándome de morir atropellada. Gracias a los amigos que me animan a seguir contando lo que sueño porque le dan, de algún modo, sentido a cuando no sueño. Os doy las gracias con los ojitos cerrados. Como dice Patti Smith, "Dormid bien, dulces sueños, dulces rayos".

fuerza

miércoles, 31 diciembre 2008. Después de una pelea con varios macarras, donde me defendía echándoles tinta china, me escondo en un cuarto del tamaño de un ascensor. Tiene dos puertas que aporrean sin parar. Haciendo un gran esfuerzo abro los brazos para mantenerlas cerradas. Pienso en quién se cansará antes, ellos o mis brazos.

digestión

martes, 30 diciembre 2008. En casa de mis padres han preparado una fiesta. Hay muchos platos en la mesa, sobre todo platos llanos con trozos enormes de helado. No le veo mucho sentido a cenar helado, pero no digo nada. También me extraña que estén allí algunos de mis amigos que viven fuera. Alberto Tesán está sentado junto a Muñoz Quintana. Lleváis jerseys idénticos, les digo. Tesán se levanta muy ofendido y sale del salón. Cuando voy a disculparme está pasando la aspiradora a la alfombra del hall. Mientras mi madre me te en cestos toda la comida que ha sobrado. Hero, el marido de mi hermana, me sirve una copa enorme de vino. Tesán y mi madre luchan conmigo para que no me la beba. Escapo por el pasillo y veo a mi hermana y su marido en el que era mi cuarto, untándose bronceador el uno al otro. No comprendo nada. Andrés, con su hijo Darío en brazos, me dice que están haciendo tiempo para ir a bañarse al mar al amanecer, por eso sólo han comido helados, para hacer antes la digestión. Daniel dice que después traerá a su hija Clara para que la vea. No la vas a reconocer, dice, en tres meses ya es otra persona.

liniers

lunes, 29 diciembre 2008. Entro en un grupo de noticias y veo que el dibujante Liniers me ha dejado un mensaje. Me dice que ha leído mis poemas y que plagio a Beckett. Extrañamente, me pongo muy contenta.

la monja enana

domingo, 28 diciembre 2008. Vengo de comprar patatas por Muelle de Heredia. Al doblar por Sanidad noto que me dan un tirón de la bolsa. Al volverme para pegarle, veo que es una monja muy bajita. Me explica que ahora vive en la tercera planta de sanidad porque ha descubierto que hay camas libres. Le pregunto si prefiere dinero a la bolsa de patatas. Le doy diez euros y una chocolatina. La monja se va muy contenta. Antes de que desaparezca, le digo: ¡Tenga! Cuando se vuelve, le doy un palillo de dientes.

matemáticas por montera

sábado, 27 diciembre 2008. Estoy sentada al fondo de un salón de actos. Parecería un cine si no fuera por la pizarra. Veo a varios de mis amigos, pero por más que intento saludarlos me miran con cara de no conocerme. Blas, mi profesor de matemáticas del instituto, entra y pasa lista. A cada alumno le da una carpeta azul con ruedas. A mí ni me nombra ni me da nada. Al levantar la vista, para decir que todo lo que está en la carpeta entrará en el examen, me ve, se alegra y me llama por mi apellido. Le pregunto si quiere que baje con la montera. Me pide que, por favor, me la ponga. Bajo la grada de butacas con la montera en la mano y explico ante toda la clase los tipos de paseíllo que existen como si fuera una eminencia en toros. Blas me pide que ya que no me he puesto la montera, me ponga al menos una peina con flores. Me la pongo y miro a la clase. La clase sigue a lo suyo. Veo que en una de las filas está Jota, tomando apuntes de todo lo que sucede, y me entra una vergüenza tremenda. Me quito las flores y le pido a Blas que me dé una carpeta para poder examinarme. Tú ya lo aprobaste todo, no tienes que examinarte nunca más, me dice sonriente.

camilo embarazado

viernes, 26 diciembre 2008. Daniel y yo tomamos el sol en una plaza. No decimos nada. Me encuentro tan bien que me pongo tristísima, me levanto sin decir nada y me voy. Bajo por una carretera con curvas, los coches me pasan rozándome. Pienso que si alguno me atropella, mejor. Entro en un bar muy cutre con luces de navidad. Al fondo veo a Camilo de Ory con dos chicas. Como no puedo llegar hasta él le hago señas para que me vea. Observo que él me ha visto pero se hace el loco. Una de las chicas le dice algo al oído y Camilo se baja del taburete y va hacia el servicio. Lleva un vestido marrón de flores, que deja ver sus pantorrillas tatuadas, tacones y un bolso de señora. Le cuesta caminar. Al entrar al servicio, me fijo en que está embarazado de unos siete meses.

zapatos morados

jueves, 25 diciembre 2008. Llego con Juan Pardo a su casa, que por fuera parece una caseta de playa. Juan me da unos zapatos morados como los que se usan para hacer escalada. Llaman con los nudillos a la puerta. Es su mujer, Ana, pero en vez de ser rubia con el pelo rizado es morena con el pelo lacio. Está muy alterada. Abre armarios y cajones buscando algo. Cuando ve que llevo los zapatos en la mano me los quita de un tirón. Vete, grita. Miro a Juan esperando una respuesta. Los zapatos son de Ana, dice.

antología chiquitistaní

miércoles, 24 diciembre 2008. Alberto me acompaña a la facultad de económicas. Le digo que creo que no voy a matricularme. Entramos en una clase empezada. Mientras hacen un examen, tanto los alumnos como los profesores comen en mesas vestidas de gala. Uno de los profesores dice que debo hablar con el psicólogo para que me oriente. Me ofrecen de comer. Yo sólo quiero irme de allí.
+
Daniel lleva el pantalón muy abultado. Me dice que no es lo que yo pienso y se saca un muñeco de peluche. Lo he robado para mi hija, dice.
+
Estamos de acampada con poetas de todo el mundo. Para ir a los servicios tenemos que atravesar un pequeño bosque. Elena Medel sale de su saco de dormir y dice que ha leído mis poemas. Los lee en alto delante de todos imitando a Chiquito de la Calzada. Me gusta tanto cómo los lee que les propongo escribir entre todos un libro de poemas en chiquitistaní. Aplauden la idea. Corro al bar del campamento para llamar a Joan por teléfono y contarle mi gran idea. La bajada al bar está cubierta de arena dorada muy fina, resbalo. Un policía resbala delante de mí. El camarero se asusta. Todos nos quedamos callados, esperando que el policía diga algo. Un café, dice. Todos respiramos tranquilos. Le pregunto a uno de los clientes dónde está el teléfono público. Antes los cafés llevaban más espuma, responde.

chándal

martes, 23 diciembre 2008. Alberto se prepara para ir a trabajar. No se ha tomado el café y ha dejado la tele encendida. Hay revistas sobre el sofá. Sale de casa con prisa. Salgo a la terraza y le grito que ha olvidado el paraguas. Me hace un gesto de desdén con la mano y lo veo entrar por la parte de atrás de un cine. Vuelvo a gritarle: ¡El paraguas! Pienso que quizá mi grito haya interferido en la película, y me hace gracia. Me doy cuenta de que estoy en la calle. Llevo una bolsa pequeña de plástico y dentro de la bolsa un sobre para Luciano. Miro la calle desde una barandilla en alto, pero no veo ningún estanco. Una chica en chándal se me acerca. Pienso que no hay cosa que me guste menos que un chándal, y al pensarlo, me doy cuenta de que llevo un chándal igual al suyo. Camino hacia casa. La chica se pega a mis pasos. Un hombre, al fondo de la calle, explica a la policía que la chica del chándal le ha robado su basura. Pienso que van a confundirme con ella. Paso de largo dejando atrás al hombre y a la policía. De quien no consigo deshacerme es de la chica.

sábanas

domingo, 21 diciembre 2008. Camilo está en casa ayudándome a doblar sábanas. Debe de ser muy temprano porque todo el tiempo pienso en que tengo hambre y quiero desayunar. Después de doblar la ropa, me dice que se va porque doblar sábanas es muy aburrido. Me abraza y desaparece.

cascada de plátanos y vaivén

sábado, 20 diciembre 2008. Mi suegra está sentada delante de un armario. Me dice que tengo que comprar plátanos. Le digo que hay en el armario. Lo niega. En ese momento el armario se abre y caen en cascada cientos de plátanos.
+
Estoy mirando por la ventana de un edificio con los muros de piedra. Veo una mar gris embravecido, maravilloso. Me acuerdo de Joan, de lo que disfrutaría con ese espectáculo. El edificio se mueve igual que un barco.

escayola y fracciones

viernes, 19 diciembre 2008. Mi padre ha quitado el plafón del hall y ha cerrado el agujero con escayola. No te quejarás, le dice a mi madre, ahora el hall parece la cúpula de Barceló. Mi madre responde que ya había comprado una lámpara y hasta le había buscado un nombre, como si se tratara de una mascota. Mientras, mi hermana se come un plátano sentada entre dos amigas mucho más niñas que ella. Yo observo la escena sin intervenir.
+
Un tipo dice que tengo que salir a leer poemas. Le pregunto si puedo leer poemas antiguos porque los recientes no me gustan nada. Mientras se lo digo me caen lagrimones. Veo en sus ojos que por fin alguien me cree cuando digo que no me gustan mis poemas.
+
Una profesora escribe con tiza en mi mesa una serie de fracciones, todas con el denominador común 5. Las miro un segundo y le doy el resultado a viva voz. Sobresaliente, dice. Acto seguido intenta prenderme fuego.

dos semillas

miércoles, 17 diciembre 2008. Blanco me dice que el frío y el miedo son una misma cosa. Antes de marcharse me da una bola transparente con una semilla en el centro. Si la plantas y da frutos no volverás a tener miedo, dice. Después de alejarse unos pasos, se vuelve y me da otra. Toma, para que tengas más posibilidades, dice.

bofetadas

lunes, 15 diciembre 2008. Bajo a la playa aunque es de noche. Dudo si bañarme. Hay gente en la orilla y dicen que el agua está muy buena. Decido no hacerlo. Vuelvo por la arena y dos chicos me preguntan algo. No estoy segura de si me hablan en inglés o en español, pero les digo que no les entiendo. Una chica aparece de repente y me da una bofetada. Dice que no hable con su novio. Intento explicarle la situación, pero me pega otra vez.

texas

sábado, 13 diciembre 2008. Blanco ha organizado una fiesta porque se va a vivir a Texas. Dice que nos ha reunido a todos para regalarnos sus libros. A mí me da uno con fotos, dibujos y poemas. Es el libro más bonito que tengo, es de un economista-poeta muy famoso, dice. Me da vergüenza decirle que prefiero que me regale uno que hay en la estantería que se titula "Cómo suicidarse sin dolor".

bañera

viernes, 12 diciembre 2008. Juan y yo nos presentamos a un premio de poesía. Más que un premio es un concurso en vivo. Juan dice que escribamos un solo verso en el fondo de una bañera. Él me dicta, yo escribo. Cuando nos asomamos a la bañera, en el fondo se ve sólo una hilera muy fina de palabras. El verso habla del trabajo de las hormigas y de la pasión de éstas por lo dulce. ¿Sabías que las hormigas ordeñan a los pulgones?, le digo. La hilera de palabras se convierte en una reguero de hormigas, las palabras caminan por la bañera ordenadamente. El verso nunca se acaba.

elías motorizado

jueves, 11 diciembre 2008. Elías me está esperando cerca de casa de mis padres subido en una moto enorme. Dice que ha venido a buscarme y me tiende un casco que saca de debajo del asiento. Llevo el uniforme del colegio y temo que las tablas de la falda se me arruguen. Una vez estamos los dos en la moto, ésta se convierte en un toro mecánico.