crac

domingo, 25 junio 2017. Camino con Alberto y otro chico por la calle. Los dos llevan unos bigotes enormes. Les digo que no comprendo que sigan la moda, que el bigote no sólo es algo feísimo sino antihigiénico. Miro al chico y de repente ya no lo tiene. Me pregunto si era de velcro.
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Dos niñas cargan con un carrito de la compra enorme. Las ayudo a empujarlo. Una me enseña un insecto pequeño, azul, que parece hecho con cuentas brillantes. Es la primera vez que veo algo así, le digo. Por aquí hay muchos, dice y señala un campo enorme con montes al fondo. De repente no sé dónde estoy. Les digo que tengo que volver a casa. De golpe estoy en casa, muy cansada, me tumbo en la cama. Oigo un "crac". Llevaba un frasquito de perfume en el bolsillo y se ha roto. Intento devolver lo que puedo al otro frasco, pero el líquido se ha convertido en diminutas bolitas de mercurio.

peso murciano

sábado, 24 junio 2017. Alguien tiene prisa. Dice que tenemos que irnos y coja de una vez mi chaqueta. No es mi casa, pero la chaqueta está en su armario. En realidad, toda la casa es un armario atiborrado de ropa y en el patio están todos los muebles. Intento encontrar mi chaqueta entre tantísima ropa.
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Parece una habitación de hospital. Es enorme, hay unas veinte camas y otros pacientes es butacas reclinables. Delante de un biombo hay una báscula. Donde debería ir la pantalla para indicar el peso, hay unos agujeritos. Imagino que es un altavoz. Me subo y espero. A los pocos segundos, el altavoz dice: "Su peso murciano es 50, 6". Llamo a Alberto para que se ría. ¡Mira, es una báscula murciana! Alberto le da la vuelta y lee: "Made in Autol".
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Le pido prestados a Cumpián sus "Poemas para Laura". Entramos a buscarlos en su cuarto. Su cuarto es una habitación enorme. Hay una alfombra roja que ocupa todo el suelo. Parece de esterilla, pero me acerco a tocarla y es de lana. Hay una mesa que ocupa la mitad del espacio y se transforma en cama por la noche. Bajo la mesa hay un montón de cajones llenos de libros y papeles amarillentos. Al levantar las faldas de la mesa-cama para buscar los poemas, veo que alfombra es color crudo. ¿Es así o cambiado de color por el uso?, le pregunto. Ha cambiado, y como se entere Taján me echa de aquí, dice.

romper cosas

jueves, 22 junio 2017. Llego a casa de mis padres. Mi padre me abraza como si hubiera muerto alguien. Mi madre va de un lado para otro, dice que tiene que salir a comprar vino blanco. Alberto se fija en mis piernas (y yo me fijo en que no llevo pantalones). Hay una hendidura en el gemelo interior. La toca, pero no dice nada. A eso me refería cuando te dije que estoy perdiendo masa muscular. Se encoge de hombros. Tengo ganas de romper cosas. Miro los cuadros, los descolgaría de las paredes y los rompería todos uno por uno estrellándolos sobre las sillas. Mi madre, como si pudiera leerme el pensamiento, me dice: Cuando quiero romper cosas tiro ropa al suelo como si fueran platos, el efecto es el mismo, pero después no hay destrozos.

charlas de café

domingo, 18 junio 2017. Antonio y yo tenemos que leer poemas en un salón de actos. Lee muy serio. Mientras, busco en mi libro qué leer, pero las páginas están sueltas y el libro se me deshace entre las manos. Cuando lo recompongo, me fijo en que son instrucciones de electrodomésticos. Llega mi turno. Recuerdo unas frases de "Charlas de café" de Ramón y Cajal e intento decirlas de memoria. Hago creer que las estoy leyendo.

futuro

sábado, 17 junio 2017. Llego a casa. Noto el ascensor distinto. Pienso que es igual que hace unos años. La puerta de casa también h cambiado, la llave no entra. Llamo con los nudillos. Abre mi suegra, parece muy contenta de verme. Tenía muchas ganas de volver a verte, estaba preparando la cena, ¿te quedas?, dice. Sobre la encimera hay lechugas muy verdes. Me enseña unos filetes de pollo relucientes. He viajado en el tiempo, pienso. Me miro al espejo, estoy igual, no comprendo que no note que tengo 30 años más. A ella, sin embargo, se la ve joven y ágil, con el pelo rubio recogido en un moño italiano. No sé qué hacer, si quedarme a esperar a Alberto que tendrá 17 años o marcharme con cualquier excusa. Pero, ¿marcharme dónde, si esa casa es mi futura casa?

convalecientes

viernes, 16 junio 2017. Sobre la mesa del comedor de mis padres hay una caja de madera con letras chinas. Al abrirla se despliega. Dentro hay retales de telas, trozos de tizas y cosas rotas. Se supone que es un regalo de mi hermana a mi padre. Mi padre mira esas cosas sin interés. Hago comentarios para intentar darles valor. Quizá sean telas antiguas, le digo. Nada. ¿Y qué tal sienta llegar a los 90?, le pregunto y me acerco para abrazarlo. De repente reacciona. Comienza a hablar vehementemente de algo pero no entiendo nada de lo que dice, como si hablara en otro idioma, pero por sus gestos está enfadadísimo.
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En calle Comedias, me cruzo con un chico que lleva una botella de plástico cortada llena de monedas. Suenan a cada paso. Yo también llevo una botella cortada, pero con agua y hormigas muertas. Camino más rápido para darle esquinazo. Sé, por el sonido de las monedas, que ha dado la vuelta y me sigue. Me meto por calle Convalecientes y me lo encuentro de frente. He inventado una bicicleta, me dice, mira. Aparece una chica cobre un aro naranja con forma de silueta de gota. No tiene manillar, sillín ni ruedas, sin embargo la chica va muy deprisa. Tienes que probarla, me dice. Niego con la cabeza y sigo andando. Tiro por un sumidero el agua con hormigas. El chico me sigue, camina a mi lado. Vale, no te gustan las bicicletas, dice. ¿Nunca te lavas la cara?, me pregunta. Se refiere a que tengo pecas. Me hace gracia. Lo miro por primera vez a los ojos. Su cara también está llena de pecas. Empieza a caerme bien, pero de todos modos quiero irme a casa. Mira, ahí brilla algo, le digo para distraerlo. Mete la mano en un agujero y saca una especie de tijera enorme. Se sienta en el asfalto y comienza a cortar chapas de hierro. Aprovecho para marcharme.

salitre

jueves, 15 junio 2017. Llaman al portero. Un tipo me dice que es quien nos hizo la obra (no sé de qué obra habla). Dice que habrá que hacer más, cambiar todos los cables. Llaman a la puerta, le digo que espere, corto el cable del portero y lo dejo sobre el sofá. Una pareja de extranjeros viene a ver la casa. Les enseño las habitaciones. Dicen que el cuarto de baño es pequeño (yo lo veo enorme) y que en su país no se usa jabón líquido porque contamina. Levantan la tapa del váter. Dentro ha crecido una planta de hojas muy verdes y brillantes. Les digo que desde el dormitorio se ve el río y el museo. Oh, dice a la vez sin mucha convicción. Pienso que son actores. Los guío a la puerta y cierro antes de despedirme. Ya se han ido, le digo a una niña que dibuja junto a la cristalera. Me fijo en que no hay cortinas. Ha empezado a llover y la lluvia traspasa los cristales. Los dibujos se mojan. le digo a la niña que se dé prisa, que recoja todo. No hacemos nada. Miramos la lluvia como si nada.

traje mostaza

lunes, 12 junio 2017. Intento hacerle unas fotos a Ferran, pero está a contraluz. Alberto dice que es hora de irse. Ha quedado en acompañar a dos chicas. Ferran dice que por el camino tenemos que comprar tabaco o volver al bar donde lo ha olvidado. Si tú no fumas, le digo. Las chicas llegan en un descapotable que parece de juguete. Llevan caso, pero debajo de la piel. Se les ve unas cabezas enormes. Las llevan rapadas con unas guedejas teñidas de rosa. Dan un poco de asco y pena. Alberto dice que mejor me vaya con ellas. El coche tiene en el salpicadero un GPS tamaño tele grande, pero aparecen pocas calles y sin nombre. Una de las chicas dice que tiene que parar a comprar tabaco. Fumo "Lion", dice muy contenta. Qué casualidad, el mismo que quería comprar Ferran, pienso. Se supone que Alberto debía guiarlas, pero somos nosotras las que vamos delante.
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Voy en bus. David Leo pasa lista por si ya estamos todos, aunque en realidad estamos llegando a una estación. Bajo cargada de ropa de invierno y varias maletas. Me despido de David Leo. Ya te llamaré, aunque no sé si tengo tu teléfono, le digo. Busco a Daniel en la estación. Lo veo acercarse desde el fondo. Lleva un traje mostaza, le queda grande. Lo abrazo, me alegro muchísimo de verlo. Estamos en su casa y, mientras trajina, le leo una carta de Vicente. Daniel no para de hacer cosas en la cocina. Se ha puesto una toalla sobre la cabeza que también le cubre la cara. Prepara una especie de puré blanco en una especie de termomix. No me hace ningún caso. No estoy segura de si la toalla en la cabeza es para que no caigan pelos en la comida o para no verme.

negar la lluvia

sábado, 10 junio 2017. Una niña quiere que vaya a comer a su casa. Le digo que llevo mi comida en la mochila, que podemos compartirla. Su casa está en el último piso un edificio muy alto. Comienza una tormenta, vemos llover a cántaros sobre una explanada enorme. En la tele dicen que nadie salga de sus casas. Llamo a mi madre para decirle que estoy bien, que no iré a comer. El teléfono es muy pequeño, negro con los número también negros, no se distinguen y están desordenados. Marco el número varias veces, pero siempre me equivoco. He llamado a otra casa. Una madre me echa en cara que su hijo estaba enfermo y no fui a visitarlo. Le digo que he estado cuidando de mi familia. El hijo se pone, me insulta, oigo a su madre gritar que cuando me vea me matará de un golpe en el estómago. Cuelgo. Intento llamar a mi madre, pero siempre son esa madre y su hijo. Al fin descuelga alguien desde la casa de mis padres, alguien que me habla de pamplinas. Le pido que, por favor, se ponga mi madre. Nada, me habla de si he visto cómo llueve. Miro la lluvia desde la ventana, preciosa, pero le digo que no. Cuelgo. Me duele muchísimo el estómago como si alguien me hubiera pegado de verdad.

No sé cómo he llegado a un cuarto de baño enorme. Hay tres mujeres en una bañera. Desde la ventana se ve que están rodando una película en la calle. Les digo que me duele mucho el estómago. Una sale, para que yo entre. La bañera es de pizarra y está vacía. No entiendo qué hacen allí sin agua. Te ha venido la regla, me dice una señalando el agua que se va por el desagüe. (Me despierto y, efectivamente, me ha venido la regla.)

dientes

miércoles, 7 junio 2017. Noto algo en la boca. Escupo en la mano y veo una tira de dientes muy blancos unidos. Les doy la vuelta. Por el otro lado están negro, quemados. Pienso que son de mentira, pero al pasar la lengua por la encía noto que me faltan. Corro al espejo a mirarme. Sonrío. Quiero comprobar si se me nota que me faltan varios dientes. Me veo la cara hundida como un globo que hubiera perdido el aire. No entiendo nada.

costras

lunes, 5 junio 2017. Parece un cine, pero las luces están encendidas. Puede que sea el descanso de una película. Algunos comen en unas mesitas plegables que hay delante de sus asientos. Emilio y Salvador están al otro lado del pasillo. Hablamos de que deberíamos ir al Chorro en tiendas de campaña, como antes. El chico que está sentado delante de mí, gira su asiento cuando me oye hablar. Es Antonio. Mientras come en su bandeja plegable, le cuento que desde el año 81 vamos cada septiembre al Chorro. Aparecen mi madre y mi hermana en camisón. Mi madre dice que Antonio debería irse a su casa, ya que acaba de ser padre. ¿Acabas de ser padre?, le pregunto asombrada. Una niña de quince meses, dice mi madre mientras Antonio sigue comiendo. Lo miro. El abre las manos como si sostuviera una sandía invisible y que significa: Mi hija está así de enorme. Cuando termina de masticar y tragar, le pregunta a mi hermana por qué va en camisón y si tiene costras en las rodillas. Mi madre responde por ella: Mi hija no tiene costras. Pues entonces no eres malagueña, todas las niñas malagueñas tienen costras en las rodillas.

estores

domingo, 4 junio 2017. Una chica me enseña su pueblo. Me habla de su familia, me lleva a su casa. Es una casa enorme con habitaciones donde sólo hay camas. Incluso las hay en los pasillos. En la casa sólo hay mujeres. Me presenta a su novia. Pienso que debe de ser es un gran paso para ella. Me abraza, nos despedimos. Llego a una especie de hotel donde Alberto me espera para hacer la cama. Le cuento lo que ha pasado mientras estiramos las sábanas. Después paseamos por un pueblo. Hay unas calle-tubo cerradas con estores blancos por donde está prohibido pasar, pero entramos. Son tubos encalados luminosos muy empinados. Desembocamos en la plaza del ayuntamiento. Miro por el hueco que hay entre el techo y el estor. Espero a que no haya nadie en la plaza para salir.

un alfiler entre el paisaje

martes, 30 mayo 2017. Se supone que estamos en Islandia. Salimos de un hotel y vemos una bahía enorme. La bahía a ratos es un lago, a ratos un bosque de árboles. Pienso que se parece a las fotos de Ibán Ramón. Le digo a Alberto que tiene que hacerme una foto con ese fondo, pero donde yo salga muy pequeña, como un alfiler entre el paisaje. Caminamos hasta llegar a unos edificios grises que dan la sensación de estar congelados. Me parece ver a mi prima Cristina en una tienda. No comprendo qué hace allí. Entro. Lleva unas bolsas enormes negras. Dice que lleva un rato buscando un detergente que lleve limón. Todo está escrito en un idioma rarísimo. Veo una botella amarilla con un limón dibujado. ¿Esta? Tampoco. Pienso que Alberto lleva demasiado tiempo fuera, solo. Al salir de la tienda, a chica de la caja habla con acento cubano. De repente todos estamos en una habitación de paredes verde musgo con muy pocos muebles tomando té. Alberto le pregunta si ella, o algún amigo, puede hacernos de guía. Mi prima Cristina se ha transformado en su hermana Elisa. Está delante de una pared con techos altos de donde cuelga un cuarto muy pequeño. Muy fotogénico todo. Intento hacerle una foto, pero la cámara no me deja, comienzan a salirle pequeños objetivos por todas partes. Me enfado muchísimo.

abrigo azul

lunes, 29 mayo 2017. Luis Alberto de Cuenca quiere comprarse un abrigo azul. Dice que sólo lo venden la frontera. No sé si se refiere al nombre de una tienda o al límite con otro país. Quiere que lo acompañe. Lleva maleta y un abrigo azul puesto. Subimos a un autobús donde una chica nos habla en italiano. Reparte periódicos. Sólo regalo la primera página y si le gustan las noticias compren el diario entero, dice en italiano. "Non parlo italiano", le digo. Luis Alberto me hace una seña para que bajemos del bus. Bajamos, pero la calle es tan estrecha y sube tanta gente que me empujan de nuevo hacia adentro. El bus se pone en marcha. Le hago señas por la ventanilla, le digo que me bajaré en la próxima, que me espere. Lo veo entrar en un hotel. Bajo en la siguiente parada. Valles con adoquines, camino mal, dos niños me siguen. Uno me empuja, me roba el monedero. Consigo quitárselo. Unos tipos que tomaban vino en un bar me aplauden. Entro en el hotel. La chica que me recibe dice que ya han llegado todos. No entiendo nada. Subo en un ascensor enmoquetado de arriba a abajo. Empiezo a pensar que debería haberme quedado en casa.

el pañuelo de los pandas

domingo, 28 mayo 2017. Hay mucha gente en casa, aunque no es nuestra casa. Las paredes son de cristal y estamos rodeados de árboles. Alberto hace manualidades con unos niños. Corta un trozo de cinta de cassette para atar algo. Es una de mis antiguas cintas. Le digo que corte las suyas, que no se le ocurra volver a tocar mis cintas ni mis vinilos. Todos me miran, nunca me habían visto enfadarme tanto. No sé cómo, pero estamos volviendo a casa, esa casa, y a llegar la puerta corredera de cristal está abierta. No hay ningún mueble. ¡Nos han robado!, digo todavía sin creérmelo. Voy entrando en cada habitación. Nada. Sobre el suelo del que se supone es mi cuarto hay algunas prendas y, bajo una tabla, dos libretas que, se supone, escondí. Al menos me han dejado el pañuelo de los pandas, Le digo a Alberto. Me arrepiento de haberle gritado por cortar una cassette. De repente nada tiene importancia.

barro rojo

sábado, 27 mayo 2017. Penélope Cruz rueda una escena con la que parece su hija. Es igual a ella pero muy despeinada. Hablan en italiano, tienen prisa, las acompaño al avión. El avión pasa por la calle como si fuera un autobús. Espero a que despegue. En la sala de espera, dos ancianos se intercambian revistas y publicidad de supermercado. Uno se queja de que cuelan fotos eróticas.
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Jurdi está en la cola de un estanco. Parece un muñeco. Lleva un gabardina enorme con enormes hombreras. Alberto se pone a su lado y, sin decir nada, bailan dando pasos hacia atrás. Cuenta que va a enviar a varios concursos algunos cortos que ha hecho con su hermano. Miro a mi alrededor por si veo a Marcos. Nada. Observo toda la escena desde lejos.
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Le escribo una carta a Eduardo contándole que estoy leyendo su novela. La escribo a lápiz en la última página del libro. La letra no parece mía. La borro varias veces con una goma diminuta, pero vuelve a salirme mal o la punta del lápiz se rompe. Recibo un mail dentro del propio libro. Aparecen cuatro cuadrados fluorescentes. En el primero pone P1. Entiendo que es Eduardo, y quiere jugar una partida de ajedrez.
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Llaman al portero electrónico de la casa de mis padres. Sin descolgar, mi hermana corre escaleras abajo. Mi madre me pide que la detenga, pero ya ha desaparecido. Salgo a la terraza y todo el paisaje es cascadas de barro rojo. Pienso que tendremos que aprender a filtrar ese barro hasta convertirlo en agua o esperar a que llueva. Aparece mi abuela. La abrazo. Mi tía me pregunta si la estoy viendo, le digo que sí. Se enfada porque sólo yo puedo verla. En un recodo de la terraza veo a un tipo trabajando. Le pregunto cómo ha entrado y me enseña unas llaves. Dice que me las robó e hizo copias. Dice que cuando no hay nadie en casa va allí a trabajar. Dice que tiene que irse. Olvida las llaves. Las cojo. Llevan un pen. Corro a mi habitación a ver qué hay dentro, pero el ordenador no funciona. De repente llega el novio de mi hermana con revistas de viaje y ropa de abrigo. Mi padre dice que deje lo que esté haciendo y convenza a mi hermana de que no se vaya al polo norte.

cajas

viernes, 26 mayo 2017. Unos niños juegan con cajas de cartón sobre una cama enorme. Cuando salen un momento, me escondo bajo las cajas para darles un susto. Cuando vuelven, el susto es tal, que corren y rompen varios muebles y una puerta.

sólo cinco personas

jueves, 25 mayo 2017. Unas cuantas personas salen de la casa de mis padres a toda velocidad, yo entre ellas. Entramos a trompicones en el ascensor. ¡No más de cinco personas!, grita alguien. ¡Rápido!, grita otro. Alguien pulsa el cero. El ascensor no responde ¡Sólo cinco personas!, se vuelve a oír. Todos tenemos prisa, todos tenemos miedo como si huyéramos de algo. No sé de qué.

chanclas

martes, 23 mayo 2017. Desde mi terraza veo la terraza de Beckett. La miro con unos prismáticos. El suelo está cubierto de césped falso. Aparece y riega lentamente unas macetas. Me pongo muy contenta al ver que lleva unas chanclas de goma negras iguales a las mías.

cucurucho

lunes, 22 mayo 2017. Vuelvo a casa, según camino las calles se empinan. Necesitaría una barandilla, pienso, y la barandilla aparece. Necesitaría sostenerme con las dos manos, pero en la derecha llevo un helado de cucurucho. Subo con mucho trabajo. Al llegar a casa todo está revuelto, hay albañiles en la terraza, me escondo en el cuarto de baño. En el baño no hay inodoro, y todas mis cosas (incluido el ordenador) están dentro de la bañera.

wedding present

domingo, 21 mayo 2017. Llego con Sonia y Míchel a un salón de actos enorme. Una señora ha organizado una especie de audición que ha titulado "Elena's wedding present". Míchel y yo nos sentamos al fondo. Voy cargada (rebeca, chubasquero, abrigo, una bolsa con un montón de textos impresos, una mochila que pesa muchísimo). Sonia dice que delante hay sitios libres. Vamos. Acarreo como puedo todas mis cosas, me siento y deseo que no me llamen al escenario. Sonia se acerca a las cortinas, las abre un poco y mete la cabeza. Se vuelve, nos mira muy seria. Míchel se esconde entre las butacas. Yo quiero largarme de allí cuanto antes.

hawaii

viernes, 19 mayo 2017. Encuentro un muestrario enorme de barras de labios. Casi todas rosas muy pálido. Doy con una que me gusta. Miro el nombre del color: Hawaii. Me la pruebo. Cuanto más me pinto los labios, más finos se vuelven.

pelusas

miércoles, 17 mayo 2017. El que era mi cuarto en la casa de mis padres está lleno de pelusas. Cuantas más quito más aparecen. Meto un palito bajo los muebles y saco pelusa gris densa. Quiero irme, pero sigo buscando porque pienso que quizá, entre tanta pelusa, encuentre cosas que pequeñas que perdí.

está todo roto

martes, 16 mayo 2017. Suena el móvil de Alberto. Se oye una voz estridente diciendo pamplinas. Debe ser un niño gordo que se ha equivocado de número al marcar. Imagino un niño con unos dedos muy gordos y unas teclas muy pequeñas. En un escaparate vemos unas plantillas de bizcocho enormes. Alberto entra detrás del mostrador para verlas mejor. Dos chicas insisten en que las pruebe y me dan trozos enormes cargados de fruta de lata y gelatina. Cuanto más les digo que no más quieren que coma. 

Veo pasar a una de mis tías. Qué raro, nunca sale sola, le digo a mi madre. Eso es que tu hermana ha pedido un deseo y tu tía va a echar una moneda a la fuente para que se le cumpla, responde mi madre con toda naturalidad. Entramos en una especie de sala de curas. Hay enfermos en sillas de ruedas y una enfermera idéntica a las que piden silencio en los carteles. Mi madre dice que les lleva unas cosas. Saca de una bolsa unos apliques para colgar en la pared, un bolso viejo, un monedero roto, una cartera plateada. La enfermera lo va pasando por un lector de códigos y aparece un precio para cada cosa. Mi madre me pregunta si quiero algo antes de dejárselo a la enfermera. Está todo roto, le digo. A lo mejor ese era el deseo de tu hermana, dice mi madre y se ríe.

producto cartesiano español

domingo, 14 mayo 2017. Camino por una playa de piedras. Parece que está subiendo la marea y debo darme prisa. Parece que también está subiendo la noche, pienso. Las piedras se vuelven negras, el camino muy oscuro y temo pisar algún erizo. Como si se pudieran oír mis pensamientos, un niño se acerca y me dice que necesito unos zapatos como los suyos. Le miro los pies. El niño es de verdad, pero los zapatos parecen de dibujos animados: dos cuadrados blancos con el borde en rotulador negro. Los cuadrados están al bies, con lo cual el niño debe andar con los pies muy separados para no tropezarse. Para librarme de él le digo que yo sólo uno zapatos españoles. Mis zapatos lo son, responde el niño muy enfadado. Sé que parecen un producto cartesiano, pero son producto cartesiano español.

los animalitos

sábado, 13 mayo 2017. Charlo con dos chicas sobre un texto que, se supone, he escrito. Ellas insisten en que meta escenas de sexo y no use palabras dulces. Ya sabes, dice una, sé más bestia. El texto se titula "Los animalitos", pienso que un tono así no le pegaría nada. Mientras hablan, me dedico a negar con la cabeza levemente y a distraerme con el paisaje: un mar inmenso que veo desde una ventana.

Parece un almacén de Ikea donde han dejado espacio entre las cajas para que actúe un grupo de teatro. Llegan carmen y Enrique. Les cuento lo que me ha pasado con las dos chicas, pero empiezo a pensar que no me ven. Muevo la mano delante de sus caras. Nada. Enrique lleva un chándal negro con el escudo de un equipo. A su lado dos chicos, uno con una sudadera del Barça y otro con la del Celta. No comprendo nada. Carmen se ha sentado unos metros más allá y no levanta la vista del móvil. Comienza una especie de zarzuela. Insoportable. Me voy. Llego a los bajos de un centro comercial donde se supone que había dejado el coche, pero el parking está vacío y en obras. Vuelvo tras mis pasos, pero ya han tapiado la entrada. Comienzo a buscar la salida, pero todas estás cerradas por muros recién construidos.

monos de blanco

lunes, 8 mayo 2017. La casa de mi abuela está rodeada por unos tipos vestidos de blanco que me recuerdan a los personajes de "La naranja mecánica". Mi abuela y yo nos escondemos en la habitación que da al jardín. Mi abuela dice que tiene curiosidad por saber qué está pasando afuera. La puerta se vuelve transparente y vemos como esos tipos saltan, como si fueran monos, de un mueble a otro del comedor.

anuncio

domingo, 7 mayo 2017. Jurdi tiene que hacer un anuncio para la tele de algo relacionado con el pelo. Está de pie entre dos tipos que escriben a máquina. Los tres llevan peluca tipo "Colón" muy enredadas. En el ensayo, mientras cantan, Jurdi se pasa un cepillo y la melena queda lisa y brillante. Vuelve a ponerle la peluca despeinada para rodar. ¡El anuncio se emitirá en directo!, dice alguien. Y en ese justo momento, Jurdi comienza a rascarse la cabeza, a retorcerse de picor como un loco. Se arranca la peluca, protesta de que alguien le haya puesto pegamento, pelea con los dos tipos que escriben a máquina.

Llego a la terraza de un bar. Jurdi me espera encogido en su asiento, lleva gafas de sol para que no lo reconozcan. Estás en portada de todas las revistas, le digo, incluso de las extranjeras. Mejor, todo eso es publicidad, dice, ¿y estoy también la revista del Palmar de Troya? Supongo, pero por qué quieres salir en esa revista? Me mira con gesto de que algo tan claro no merece explicación. Sigo sin saber qué anunciaban, pero no le digo nada.

lo que falta

jueves, 4 mayo 2017. Estoy dormida y tapada hasta las orejas. Al medioabrir los ojos, veo que estoy en un descampado, junto a lo que pudo ser un bar. Sin destaparme miro a mi alrededor. Sobre la entrada del bar hay unas letras vacías a las que le han quitado los neones. Las letras dicen TODO, yo leo NADA y vuelvo a dormirme.

un mal poema

miércoles, 3 mayo 2017. Parece un congreso de poetas. Estamos muy apiñados en una sala enorme. Un tipo con barba blanca escribe un poema de dos versos en la pizarra. Parece un chiste malo que incluye la palabra "mierda" (no recuerdo los versos). Explica algo, no lo oigo bien. Todos toman apuntes. Después lee algunos nombres en una lista y pregunta qué les parece su poema. Todos los alaban. Me encojo en mi asiento para evitar que me pregunte, pero oigo mi nombre. No es un poema, respondo, yo soy muy seria, añado a modo de disculpa. Todo el mundo me mira con rencor. Miriam Reyes me dice que nos vayamos. Corremos por los pasillos, llegamos a una cafetería que necesita de una clave para entrar. Me dice que suba al piso de arriba y que ya nos traerán el té. Hago lo que me dice, no le digo que no me gusta el té. Todo está muy oscuro. Mientras la espero me pinto los labios.