lycra y pelo

viernes, 4 junio 2021. Laetitia Casta va a dar una lectura de poemas. Llega con su novio. Me parecen el horror (ella enfundada en mallas de lycra; él con chándal blanco y cadenas). El suelo de la sala está lleno de pelo. Barro todo lo deprisa que puedo. En un rincón está Cela escribiendo en un cuaderno. ¡No levantes polvo!, me dice.

sala blanca

lunes, 24 mayo 2021. Grupos de personas caminan por la calle como en la película El congreso. Mi madre me presenta a Yul Brynner. Mientras caminamos hablamos de que la manera de vivir el sexo es lo que diferencia a las sucesivas generaciones. Yo soy del 64, ¿de qué año eres tú? Tarda en responder, pienso en su coquetería. Del 54, dice al fin. Sé que, de estar vivo, sería mucho más mayor pero no digo nada. Seguimos caminando. Sonia se acerca, dice que un grupo de amigos de distintos países (por lo tanto hablan distintos idiomas, recalca) quieren ver una exposición sobre exploradores que hay en la Sala Blanca. Ya la he visto, son retratos a lápiz de exploradores muy mal hechos. Avanzo entre el grupo, que cada vez es más grande y cada vez más ordenado (en fila de ocho). Un tipo, al pasar por su lado, mete la mano por debajo de mi jersey y me rasca la espalda. Qué gustito, digo. Él, al notar que no llevo sujetador, la saca con asco. Lo ves, Yul, le digo mentalmente, este es de la generación fetichista. Veo a Blanco y Pacho entregando muestras de saliva en un kiosco. Es para volver, dicen, aquí te hacen la prueba gratis. Sigo avanzando hasta adelantarlos a todos, entro una sala donde se exponen huesos y restos de libros. En una caja hay marcapáginas. Cojo uno con fotos de casas para Francis y otro con forma de faro para Marqués. Entro en una sala vacía muy blanca. Hay huecos, me voy metiendo por cada uno, vuelven a llevarme al mismo sitio. Uno de ellos es un tubo por el que me dejo caer (de nuevo a esa sala). Me gusta tanto que me lanzo varias veces antes de que llegue todos. Cuando los oigo, salgo por un hueco que hay en el techo. Por aquí no podrán seguirme, pienso.

pequeño salto

domingo, 23 mayo 2021. Parece que volvemos de compras. Yo llevo una bolsa en cada mano. Alberto dice que todavía queda alguna compra más por hacer. Le digo que no puedo más, que lo espero en casa. Doy un pequeño salto y me elevo (quizá demasiado alto). Veo la ciudad desde arriba. Las bolsas me desestabilizan el vuelo. Se acercan unas nubes grises. No sé si seré capaz de sortearlas (falta de entrenamiento, pienso). Pienso si tirando las bolsas o parte de lo que contienen volaría mejor. Pienso que al solar lastre me levaría aún más y no es eso lo que quiero. No sé qué hacer. Pienso en Masip cuando dice que, si volara, volaría tan mal como vuelan los murciélagos.

lagarto y mantas

jueves, 13 mayo 2021. En la terraza de y madre hay una maceta muy rara. me acerco. Veo una especie de lagarto pequeño. Me parece que tiene la piel muy seca (la tierra sobre la que está, también). Le echo un poco de agua. El lagarto se vuelve enorme, parece una berenjena, y pone un huevo igual de enorme color barro. Mi hermana me distrae un momento contándome que su novio le debe dinero, y cuando vuelvo a mirar la maceta, el lagarto no está. La terraza se ha convertido en un dormitorio muy desordenado. Joan está durmiendo en un catre bajo muchas mantas. Lo despierto. El lagarto ha escapado, le digo, tenemos que irnos. Cojo las mantas y salimos. Pesan mucho, no puedo con ellas. Joan me ayuda. Vamos por la calle, no sabemos dónde. Decido deshacerme de las mantas. Joan me abraza. Ojalá vi vivieras más cerca, le digo.

pienso

martes, 11 mayo 2021. Estoy en lo que parece la consulta de un médico. Saca un tubito dorado del cajón y me lo mete por la nariz. Aquí no hay nada, dice. Después saca un saco enorme que parece de pienso (muy parecido a las semillas molidas de lino que me regaló Sonia) y dice que me lo tome cada ocho horas (no queda claro si el saco entero, una cucharada, etc). Como me parece que está loco, no pido explicaciones y me voy.

vacas, vaquerizo

lunes, 10 mayo 2021. Estoy en un salón enorme donde parece que se celebra una fiesta. Todo es muy blanco, paredes, manteles, la ropa de los invitados. Alguien dice que en unas mesas más allá acaba de sentarse Donatella Versace. Miro. Veo a una señora parecida a Dolly Parton junto a un hombre parecido a Allen Baldwin junto a alguien que se parece a Glenn Close. Sólo se parecen. Miro a mi alrededor y todos y cada uno se parecen a algún famoso de Hollywood. De repente estamos en una especie de cine de verano. Proyectan un documental, se supone, reivindicando el femimismo. Una chica dice que sus mejores genes muy masculinos. Me levanto y digo al público que eso es supermachista. El público me aplaude como loco. Un chico bajito me llama. Sin pensármelo lo sigo, agachada para no tapar la pantalla. Entramos en una habitación a oscuras. Caigo en la cuenta de que no sé dónde me he metido, que me ha podido el ímpetu del aplauso. Una chica y un chico vestidos de negro con la cara pintada de tigre hacen un baile a mi alrededor como si me atacaran. Les sigo el cuento y bailo con ellos un rato pensando que es una performance que proyectarán después (hay algunas cámaras en las paredes). Cuando me canso salgo sin que se den cuenta. Quiero ir al servicio, pero no sé dónde está. Le pregunto a un chico en silla de ruedas. Me dice que tengo que pagar y señala una lata sobre una mesa. Recuerdo que llevo siempre encima 50 céntimos para los carritos de supermercado. Voy a buscar mi bolso (está tirado en el alcorque de uno de los árboles que hay en la acera). Echo la moneda en la lata, vuelvo a preguntarle dónde están los servicios y el chico se ríe a carcajadas. Un señor de blanco me indica que los servicios están detrás. Me acompaña y muestra un tubo de tela (el viento hace que vuele sobre nuestras cabezas). No sé si todos están locos o me están tomando el pelo. No sé bien dónde voy. Veo a un chico paseando a su perro. Le digo que tenga cuidado, que debajo de ese coche hay una boa enorme. La boa sale convertida en una familia de tigres. Nos persiguen. A media persecución se transforman en vacas. Llegamos a una zona donde han colocado tubos con concertinas. El señor de blanco de antes coloca sobre ellas una barra metálica que hace que me deslice sin sufrir siquiera un rasguño. Las vacas quedaron atrapadas. Intento sacar una. La saco y me la llevo. La vaca es muy pesada, tengo que tirar de ella entre el tráfico. Entre los coches veo a Mario Vaquerizo. Mira lo que traigo, le digo. Él le acaricia el hocico que rezuma baba. No comas carne de vaca, por favor, le pido, acuérdate de los priones, ya nadie habla de ellos pero siguen ahí. Mario me mira muy sorprendido. Miro hacia la vaca y se ha convertido en una maleta. A la maleta le falta la tapa y mi ropa está al descubierto. Le pregunto a Mario la hora. Alberto estará ya en el hotel esperándome, pienso. Corro con la maleta abierta por la calle.

uñas de gato

domingo, 9 mayo 2021. Varias chicas se hacen una foto de grupo. Algunas tienen el pelo blanco. Todas son mucho más jóvenes que yo. Ahora que están de moda las canas debería dejar de teñirme, pienso. Mejor el próximo año, pienso. 
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Estamos en lo que parece un supermercado, pero no tiene paredes ni techo, sólo frigoríficos tipo cofre abiertos. Dentro hay de todo, desde comida congelada a cables. Alberto mete en el carro un tubo flexible de veinte centímetros. Le pregunto para qué queremos eso. Para cambiar la ducha, dice. Lo acompaño como si fuera un niño pequeño para que lo devuelva. Ni necesitamos cambiar la ducha, si ese trocito de tubo nos serviría para nada, le digo muy dulcemente. Volvemos del brazo, sin comprar nada por el prado que es el supermercado. ¿Y si en vez de tréboles pusiéramos en casa uñas de gato? Le parece una idea extraordinaria, se pone contentísimo. Entramos, a la que se supone es nuestra casa, trepando por la terraza. Nos cuesta mucho porque mientras intentamos subir nos reímos a carcajadas.

abejas

sábado, 8 mayo 2021. Son las ocho y media y creo que he quedado con Antonio a las nueve para ir al cine. Intento llamarlo para preguntarle, pero no recuerdo su número. Hay un teléfono de baquelita en la pared del pasillo. Llamo a mi tía E. Le pregunto si sabe el número de Antonio. Me lo dice, e inmediatamente se pone a hablar de otra cosa. Mientras habla, desde ese mismo teléfono, llamo a Antonio, le pregunto a qué hora habíamos quedado. A las ocho, dice muy flojito. ¡Pero si son las ocho y media! Sí, estoy en el cine. Pienso que me está gastando una broma porque lo he llamado al fijo de casa de su madre. No digo nada. Él sigue hablando y voy quedándome dormida en pie, en el pasillo. Su voz se va convirtiendo en un zumbido de abejas.

conejito rosa

miércoles, 5 mayo 2021. Bajo al bar de un hotel (se supone que estoy en Edita). Al fondo veo a Alberto, Uberto y a una chica embarazada. La chica se queja de que lleva más de una hora esperando. Pienso si salir a comprar algo para su bebé y recuerdo un conejito rosa que vi en Dunnes Stores. Si fuera niño, tampoco tiene nada de malo jugar con un conejito rosa, pienso. Comienza a llover muy fuerte, una cortina de agua no deja ver la calle. No hay conejito, pienso y m siento. Una chica me da unos cuantos pins. Son para la lectura, dice. Me pongo uno muy bonito de un vaso de cerveza. Como si me leyera el pensamiento, me rectifica: es una caña porque la lectura va a ser la caña. Tiene una lata de galletas con fotos que va a proyectar. En una salgo montada en un burro, feísima. Me echo a reír. No recordaba esta foto, le digo. También hay recordatorios de comunión y crismas dedicados iguales a los míos. Sospecho que la lata es mía.

tres chupitos de tequila y un coloquio

lunes, 3 mayo 2021. Salgo de lo que parece un bar. Las callejuelas están encaladas, son estrechas y oscuras. Otras personas también vuelven con prisa a sus casas. Será por el toque de queda, pienso. La ropa que llevo no sé si es mía (una falda corta de florecillas y unas botas de tacón). Como no sé dónde estoy decido volver. Elisa y Andrés están en el porche de una casa. Les pregunto dónde estamos y qué ha pasado porque no recuerdo nada. Andrés me da un papel escrito a máquina. No sé si es un poema o un jeroglífico. Se supone que está escrito entre varias personas (Blanco, Pateta, Purranki). No entiendo ni recuerdo nada. Elisa resume: tres chupitos de tequila. ¿Tanto hacen?, pregunto. Si nunca tomas tequila, sí. Tengo que volver a casa. Me acompañan. En vez de ir por la calle atravesamos tiendas. Una de ellas por encima de un expositor con cerámica y vidrio. Parecemos gatos, no rompemos nada. El vendedor intenta que compremos algo. Nos ofrece un jarrón de Sargadelos. En ese momento me suena el móvil y lo uso como excusa. Salimos por una ventana a la acera, frente al Málaga Palacio. Abro el móvil y en vez de ver quién me llama aparece un plano con una luz amarilla parpadeante. Andrés dice que eso significa que la persona que me llama está muy cerca. Tengo que volver a casa cuanto antes, le digo.
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Paso por una cafetería y veo a Luciano en una mesa, solo. Está de espaldas, tiene el pelo completamente blanco. ¿Tanto hace que no nos vemos?, pienso. Me siento a unos metros, quiero que se vuelva, me reconozca y que se lleve una sorpresa. Lo hace, viene a mi mesa, abre su portátil y participamos en un coloquio sobre literatura creativa. El moderador, desde la pantalla, pregunta si creemos que todo es autobiográfico. Los dos asentimos. De algún modo, cualquier cosa que escribamos se convierte en autobiografía, decimos casi al unísono.

cuchillo

sábado, 1 mayo 2021. Mi hermana al cruzar la calle, la calle de transforma en una playa, se mete en el agua y pierde pie. Me quito los calcetines y se los doy a mi prima Elisa porque pienso que solo tendré que sacarla de la orilla, pero hay un escalón y me hundo. Le digo que se agarre a mi cuello. nos cuesta mucho llegar a la orilla. Me pesa la ropa ya ella la llevo como si fuera una capa. Mi prima Elisa y mi sobrina Nadia nos animan desde la orilla
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Alberto quiere comprar un cuchillo. La tienda parece una herboristería. La dependienta mira a los lados y saca un cuchillo enorme envuelto en un trapo de dejado del mostrador. Este es, dice Alberto. En el trapo está escrito el precio: 2.000 pesetas. Cuando vamos a pagar la chica despliega el trapo y leemos: 52.000 pesetas. Me parece un timo. Me vuelvo al hotel, le digo Alberto. Tropiezo con una latita que hay en el suelo. Una chica dice que le he tirado su marihuana. Veo claramente que es orégano, pero no le digo nada. Al llegar al hotel me recibe un hombre muy tosco, con poco pelo y pocos dientes. Le pregunto si habla español. Niega con la cabeza y dice Hola. Nos reímos. Después dice en un idioma que no reconozco, pero entiendo, que tiene que arreglar el ventilador.

balines

viernes, 30 abril 2021. Mi tía quiere dar un paseo, pero es noche cerrada. Vamos por aquí, dice. Es una camino de piedras. A la entrada hay una valla y una chica que nos invita a pasar diciendo, con demasiado entusiasmo, que es gratis. Digo entre dientes que es un timo, que conozco ese camino y por ahí no hay nada, además al final del camino cobran la salida. Subimos por otro camino igual de pedregoso. A los lados hay cajas con cartulinas impresas que alguien ha desechado. Mi tía quiere llevárselas todas. ¿Para qué quieres eso? No sabe. Te dejo que cojas dos, ni una más, le digo. De repente estamos en un balcón grande de madera donde se celebra una fiesta. Veo a un tipo con una escopeta en la calle. Apunta hacia el balcón. Grito a todos que se tiren al suelo. nadie me hace caso. El hombre dispara. El suelo se llena de balines. ¿Lo veis?, les digo. Los fiesteros siguen a lo suyo, dicen ya estaban ahí cuando llegaron. Cojo un balín de recuerdo, me lo guardo en el bolsillo. Busco la salida.

visita

jueves, 29 abril 2021. Se supone que estamos en Birmingham, pero parece un pueblo de Andalucía. Vamos a visitar al tío de Alberto. Alberto dice que guarde el móvil, pero los bolsillos de mi pantalón son de parche y están rotos. Bajamos a un patio cubierto cuadrado por una escalera oscura llena de macetas. La familia nos recibe con besos y abrazos, como si nos conociesen de toda la vida. No sabemos quiénes son, su tío no está. Mis pantalones rotos han desaparecido por completo y me pongo sobre las piernas la falda de una mesa camilla. Un tipo bonachón me cuenta la historia del cuadro que hay en la pared. En el cuadro aparece una chica, sentada en un sofá, entre dos hombres (uno es él y otro el tío de Alberto). ¿No notas nada raro?, pregunta. No. La ropa de la chica la pintamos nosotros en casa, dice. Al parecer, la chica era una de las hermanas Estrada y se hacía fotos con quienes iban a ver su espectáculo. En la foto ella estaba desnuda, pero para poderla poner en casa hubo que vestirla, me dice muerto de la risa. Por seguirle el tema, le digo que Susana Estrada tenía una hermana muy guapa que se llamaba Blanca. ¡Esa no me gustaba! De repente ha desaparecido todo el mundo, estoy sola en ese patio cuadrado. Aparece mi hermana y su exmarido. Él cuelga su chaquetón sobre el cuadro, tapándolo casi por completo. Por fin han llegado los papeles del divorcio, me dice, ya está todo arreglado. Le digo que tenía que haberlo hecho ella, y no esperar a que se lo resolviera la familia. Dice que no pudo, que estaba muy ocupada en París. Estabas de vacaciones en Euro Disney, corrijo. Da igual, dice y entra en una habitación de la mano de su ex. Los oigo hacerse arrumacos. No entiendo nada.

despedida

miércoles, 28 abril 2021. Salgo con Begoña (y un grupo de personas) de la que se supone es la casa de Chivite. La despedida es un poco caótica. Ya no sé a quién le he dado dos besos y a quién no. En el lío, Chivite le da un beso a Begoña. Ella se enfada muchísimo, lo empuja, le dice que va a denunciarlo por acoso. El resto sigue a lo suyo.

cajas de lata

martes, 27 abril 2021. Al entrar en el dormitorio de mis padres, veo la cama deshecha. Al ir a estirar las sábanas noto que hay alguien debajo. Es mi padre con pinta de personaje de Beckett. Llévate la basura, me dice y señala un cesto de mimbre lleno de cajas de lata muy bonitas. Le digo si puedo quedarme alguna. No dice nada. Al agitarlas noto que tienen algo dentro. Son puritos, dice mi padre con pena. Mejor las tiramos otro día, ¿te parece?, le digo.

ceremonia del té

domingo, 25 abril 2021. Veo a Mario Virgilio en la terraza de un bar. Delante de él hay un tipo que parece japonés. Toman té. Sus movimientos son lentos y ceremoniosos. Hablan pero casi no gesticulan. Me acerco a su mesa y me coloco a un metro para no interrumpir la conversación. Mario me ve, se levanta y me hace una pequeña reverencia. Había venido a traerte un libro pero acabo de darme cuenta de que se me ha olvidado, le digo. Nos abrazamos.

cedé dedicado

lunes, 19 abril 2021. Pongo un cedé que me ha grabado alguien con canciones de Los planetas. Por primera vez lo oigo hasta el final. Al final, Jota me dedica unas palabras. Escribo en una libreta unas palabras de agradecimiento, arranco la hoja y la dejo sobre la mesa. Mi mesa se ha convertido en la barra de un bar. Una chica encuentra la nota y me da las gracias, dice que no tenía que haberme molestado. Le digo que la nota no era para ella. Aun así no quiere devolvérmela.
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Han publicado mi último libro en un formato novedoso (así lo anuncian), insertando la historia en un número de la revista Hola. ¿Qué tal ha quedado? pregunta Alberto. Un churo, respondo.

familia

domingo, 18 abril 2021. Leo un libro que necesita de otro libro a modo de notas. Cada frase lleva un número, a veces cada palabra. Mi padre pregunta qué hago. Le explico que así es imposible disfrutar de la lectura. Dice que quizá encuentre la manera de enchufar los libros a la tele para unificarlos y verlos en imágenes. Se los lleva. Al darme la vuelta, mi dormitorio está ordenado. Oigo que han llegado mis tías. Saco un sobrecito con un sello con luminoso donde guardo los DNIs de la familia. Al final tuve que renovarlos en Albania porque era más rápido, les explico. Mi padre dice que a él le da igual ser albanés que afgano, que lo que importa es que el problema esté resuelto. Mi tía M comienza a contarme una historia: Al parecer, mi hermana y ella estaban en la farmacia. Mi hermana la interrumpe: ¡Yo hasta lloré! Mi tía M la mira con cara de odio y continua el relato. Entre las puertas de la farmacia hay una alarma a ras de suelo pero, como ya iban a cerrar, la habían colocado arriba, en el marco de la puerta. Cuando fui a salir, la alarma sonó, me rodearon cuatro policías, yo levanté los brazos y... Mi tía E la interrumpe: ¿Quieres que te lo cuente tu madre? Mi tía M se levanta dando gritos, la insulta. ¡Siempre tienes que meterte en todo!, dice y se va. ¿De verdad la rodearon cuatro policías?, pregunto a mi hermana. Aunque mi tía M se ha ido, nadie se atreve a hablar.

polos de hielo

sábado, 17 abril 2021. Proyectan unos vídeos donde se ven a varios escritores enseñando sus bibliotecas vacías. Cada uno lo ha grabado a su modo (con los libros en el suelo, estanterías vacías, sus hijos jugando entre los estantes...). Alguien ha hecho en Stop Motion y se ve como los libros se transforman en bolas de colores de plastilina y marchan "caminando" solos. Me da un ataque de risa (hasta yo me sorprendo de esa risa mía que no había oído nunca). Me miran mal. En el sueño, Salud es la mujer de Aramburu. Salud dice que ha hecho muchas guardias, está cansada y quiere volver a casa. Él dice que quiere bajar a la playa a tomar algo. Bajamos al paseo marítimo, no hay nadie, todas las terrazas están cerradas. Aramburu propone que nos sentemos en el suelo, al menos, a mirar un rato el mar. ¿Dónde está Alberto? Hugo dice que lo llame.
    -Él lleva los dos móviles.
    -Lo llamo desde el mío.
    -No recuerdo el número.
    -Inténtalo.
    -Creo que empieza por 615.
    -Como el mío empieza por 615, mejor voy a poner 614.
Después de varios intentos infructuosos, Alberto aparece con una bolsa llena de polos de hielo.

negación

viernes, 16 abril 2021. Encuentro una foto donde creo reconocer a la abuela de Alberto (de joven) con un niño pequeño que se parece mi sobrino Diego (su biznieto). Se la enseño a mi suegra. Dice que no sabe quién es. ¿No es tu madre? No. Se la enseño a la hermana de mi suegra. Dice que no sabe quién es. ¿Seguro que no es tu madre? No. No discuto, guardo la foto en un sobre.

vecino

jueves, 15 abril 2021. Me encuentro a un vecino (en la vida real sólo sé que es profesor de matemáticas y que tiene dos hijos mellizos, pero no sé su nombre). Me echa el brazo por el hombro como si fuéramos los mejores amigos. Dice que ha leído mi novela y le ha gustado mucho. Me sorprende todo tanto que no digo nada. Lo dejo hablar. ¿No dices nada?, me pregunta. Sí, ¿cómo te llamas? Pedro.

biblioteca nórdica

domingo, 11 abril 2021. Violeta y Ángelo pegan carteles para anunciar una lectura de poemas. Antonio y yo los ayudamos. He escrito el mío en minúsculas sobre papel de estraza. No se lee bien. Decido escribir uno nuevo. Antonio me acompaña a una biblioteca. Al entrar, a la derecha, veo a Umbral sentado leyendo. La bibliotecaria se acerca a él, le dice algo al oído y lo besa. Me llama la atención que Umbral no cierre los ojos mientras se besan. A la izquierda hay un mueble lleno de casilleros con tarjetas y una mesa enorme de madera color miel. La luz es muy suave Parece una biblioteca nórdica, pienso. Nos sentamos a la mesa a reescribir los carteles. La mesa se ha convertido en una cama enorme. Yo estoy dentro, del lado del cabecero (de espaldas a Umbral) y Antonio a los pies. Le doy la vuelta al cartel para escribir el mensaje en mayúsculas, pero la otra cara es de color negro y no se ve nada de lo que escribo. Antonio dice que acaban de llamarlo, que hemos quedado para llevarles los carteles, y de paso cenar, en una pizzería. Saco las piernas de la cama y busco mi ropa. Me pongo los pantalones metiendo las dos piernas a la vez, haciéndolo todo de manera eficaz para que Umbral me mire y admire. Umbral ni se ha fijado en nosotros y habla por teléfono con alguien.

hermanos

sábado, 10 abril 2021. Mocito Feliz, David Leo y dos de sus hermanos hacen planes para salir por la noche. Los dos hermanos de David son iguales y tienen unas barbas frondosas. Me resulta extraño que los hermanos se parezcan más a Mocito que a él. Yo miro la escena sin intervenir, como si fuera una obra de teatro.

diccionario amarillo

jueves, 8 abril 2021. La novia de Hatero llega a casa, se presenta, dice un nombre que no entendemos. Significa Verdecita, dice. Mis padres y yo la miramos con incredulidad. Dice que la lectura va a empezar, que nos demos prisa. Me doy cuenta de que ni siquiera me he duchado. Intento hacerlo con una alcachofa que sale de la pared del salón.. Pienso que lo dejaré todo perdido. No olvides el libro, dice mi madre. Cojo un libro enorme que hay sobre la mesa. Corro a grandes zancadas hasta llegar a un paraninfo. El público espera. En la última fila veo a mis amigos (Francis y su familia, Carlos y Natalia, etc). No hay pasillo, intento llegar hasta el estrado saltando por encima de los asientos, pidiendo perdón a cada persona que aplasto. Cuando al fin llego, veo que el libro que he llevado no es la novela de Hatero sino un diccionario con las cubiertas amarillas. Hatero dice que no piensa ponerse delante de todos, que prefiere hacer la presentación desde un lateral. Le han puesto una botella de agua delante, pero dice que tampoco quiere agua y, acto seguido saca un soporte de cuero con mate. El público comienza impacientarse. La novia nos mira con cara de malas pulgas dándose toquecitos con el índice sobre el reloj de muñeca.

ushuaia

miércoles, 7 abril 2021. Carlos y yo hablamos de Ushuaia sentados en el escalón de una acera. Le digo que algún día me iré a vivir allí definitivamente. Elisa pasa por delante de nosotros sin saludar, no nos ha visto, todo está muy oscuro, la sigo. Se lanza a una especie de pantano muy hondo. Le grito que salga o me tiraré de cabeza.

estepona, supongo

martes, 6 abril 2021. Camino por una calles encaladas que parecen de Estepona. Se supone que tengo prisa por llegar a casa porque he quedado en llamar a Francis. Aparecen personas/personajes que van entreteniendo, pero me parece mal no atenderlas.

esa fuerza

domingo, 4 abril 2021. Algo me levanta de la cama sin tener que hacer nada. Me lleva por el pasillo en volandas. Al llegar al comedor, grito (el grito me despierta).

hacer un bambi

sábado, 3 abril, 2021. Antonio está tumbado boca abajo en el suelo. Me tubo a su lado sin preguntar. Me están buscando, dice. Me cuenta que un chico se ha enamorado de él, lo está acosando y ya no sabe qué hacer ni cómo decirle que a él no le van los tíos. Qué coincidencia, le digo, tu primo Salva acaba de contarme lo mismo, quizá os estén gastando una broma, si quieres vamos los tres y hablamos con él. Antonio dice que no piensa levantarse. Puedo ir yo sola, le digo. Me levanto. Por la ventana veo a Alberto en un jardín, subido a una escalera, podando unos naranjos. Se va a caer, pienso. La escalera empieza a abrirse. Va a hacer un Bambi, pienso y deseo: que lo haga muy despacio para que a Alberto no le pase nada. La escalera queda completamente abierta en el suelo. Alberto, como si fuera un saltimbanqui de circo, se pone en pie y me saluda.

qué fantástica , fantástica, esta fiesta

viernes, 2 abril 2021. Camino hacia la que se supone que es mi casa (aunque ni el camino ni la casa tienen que ver con la realidad). Paso junto a un contenedor gris. Desde dentro sale música. La fiesta ha comenzado, pienso. Llego a mi supuesta casa. No hay nadie pero oigo ruidos. Alberto está debajo de la cama hablando por teléfono. Tus amigos ya están en el contenedor, hay cervezas en el frigorífico por si quieres llevarles alguna, le digo.

verbena

jueves, 1 abril 2021. Me despierta el ruido que entra por la ventana de una verbena. Estoy en el dormitorio de mis padres. Carlos está a mi lado. Imposible dormir, dice mientras escribe. ¿Qué haces? Una lista de cómo ser buena persona.