espinacas amarillas y guacamole de abogado

martes, 25 enero 2022. Carmen y Eduardo han venido a cenar a casa. Voy por algo a la cocina y tengo que pasar por encima de los muebles del comedor porque todos están revueltos y amontonados. No hay luz en la cocina, vuelvo sobre los muebles, busco bombillas en un cajón. Nada. Busco en el armario del pasillo. Desde allí veo que ya hay luz. Sobre la encimera hay un queso del tamaño de una rueda (como el que había en "La Cosmopolita"). Carmen corta un poco, lo prueba y pone cara de asco. Me da un poco. ¡Pero si está muy bueno!, le dijo. Sobre el frigorífico veo algo con aspecto de ramo de flores. ¿Son rosas amarillas?, pregunto. Son espinacas amarillas, dice Carmen, te las trajo Eduardo. Prefiero a los hombres prácticos, respondo. La cocina se ha ido llenando de gente. Pregunto si quieren postre. Quieren. Busco ciruelas pasas, nata y miel. Intento meterlo todo en la batidora, pero hay tanta gente que no puedo moverme.
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Salimos de un restaurante que parece una iglesia. Ferran dice que se comería una hamburguesa (se supone que acabamos de comer paella). No cruzamos con unas señoras que van a misa. Se quejan de que han forrado los escalones de piedra con tablones y ahora son más altos y les cuesta mucho subir y bajar. Les digo que eso ya no es una iglesia, que es un restaurante. Ferran añade que trabajen más y recen menos. El resto del grupo entra a tomar café a una cafetería años 50. Ferran insiste en su hamburguesa, dice que conoce un sitio. Lo acompaño. Cruzamos un puente muy deteriorado. Llegamos a un local en un bajo bastante cutre que huele a sudor. Sobre un tatami varios muchachos practican posturas de karate. Se supone que lo hacen mientras esperan a que abran el ventanuco por el que sirven las hamburguesas. Cojo mi bici y me largo (durante todo este tiempo yo he ido en una bici muy pequeña sin pedales). Llego a la cafetería. Alberto está con los sobrinos y mi tía Mari. El camarero me pregunta que voy a tomar, que todos los demás ya han pedido. Me da una carta enorme que abierta parece un mapa de carreteras. No me apetece nada. ¿Qué me aconseja? El guacamole es lo mejor, lo sé porque lo hago yo. Y acercándose, me dice al oído: en realidad soy abogado.