puerquito

domingo, 2 enero 2022. Estoy con dos chicas en la terraza de un bar. La camarera se mueve a nuestro alrededor como si llevara ruedas. No dice nada. Nosotras tampoco. Apunta lo que vamos a tomar sin preguntarnos. No sé de qué hablamos. Un chico con pelo largo opina desde su mesa. Acaba por sentarse con nosotras. Llega Isabel María. Le digo que no se haga la remolona, que me enseñe fotos de su niño. De repente estoy en la cocina de la casa de mis padres. El rey emérito busca algo en el frigorífico. Lleva puesto un jersey que, se supone, es mío. Pues sí que ha adelgazado, le queda mejor que a mí, le digo a mi madre. Mi madre dice que no se lo pida. Cuando mi madre sale de la cocina le digo al rey que es le jersey es mío. Intenta quitárselo hacia abajo, estirando el escote. Cuando veo uno de sus hombros desnudos pienso que está en los huesos. Se ha quedado "puerquito", pienso. Quédatelo, te queda mejor que ha mí, le digo. Él hace una cucamona agradecido, como si fuera un modelo posando para una foto. De repente estoy en una sala grande y desangelada con balcón largo y estrecho adornado con banderitas. En el edificio de enfrente hay otro exactamente igual. Hay autoridades y banda de música en la calle. Alguien dice que el nuestro ha ganado. Todos saltan y gritan de alegría. La banda desaparece mientras toca. Cuando la calle está desierta llega un niño disfrazado con una capa amarilla de plástico. Has llegado tarde, como yo, le digo. El niño se tira al suelo, patalea, se deshace, se convierte en un charco amarillo.