vitrina

miércoles, 12 enero 2022. Antonio y yo llegamos a casa de Andrés. En un principio se parece mucho a la que fue la casa de mi abuela. La vitrina del comedor es ahora un expositor de pastelería. Está lleno de bandejas con distintos dulces árabes. Nos dice que elijamos lo que queramos. Ante tal despliegue no nos decidimos. Finalmente, Antonio elige un hojaldre de manzana. Al cogerlo se queda un trozo en el plato. Lo cojo yo. Con esto es suficiente, les digo. Lo comemos mientras Andrés nos enseña la casa. Es enorme. Su estudio tiene moqueta color teja (como la que vi anoche en una película). Tiene una ventana en un extremo y una balcón en el otro. Le digo que si no escribe es por que no quiere. De repente estamos en la calle y volvemos a entrar en la casa. Delante de nosotros camina una familia numerosa. Entran en la puerta de la lado. Son mis vecinos, dice Andrés. Una de las hijas, de la edad de mi sobrino Darío entra en casa, parece tímida, como si viniera a traer algo (pero las manos las lleva vacías). Darío se acerca a ella para darle un beso. La niña se aparta, dice que sólo viene a traer los dulces.