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miércoles, 10 marzo 2010. El que era mi cuarto en la casa de mis padres está desordenadísimo. Donde antes había jerseys bien doblados ahora hay embutidos y latas de comida abiertas. Busco el portátil entre todo ese caos. Lo encuentro al fondo, oculto por unos paquetes de café también abiertos. Pienso que ese café después no sabrá a nada. Toco una magdalena, está dura. Me la como, sabe a tierra. En ese momento mi madre entra en el cuarto. No le digo nada del desorden porque me da pena. Le cambiamos el password al ordenador, me dice muy sonriente. ¿Y cuál es ahora? Estaba escrito en un papel que escondí dentro de una magdalena, dice.