miércoles, 14 diciembre 2106. Llego a una casa típica sureña. Es de noche y el jardín está muy oscuro. Aparecen varios motoristas, pero las luces de sus motos no iluminan nada. Corro a esconderme detrás de un seto, pero ya hay escondido un botijo gigante. Cuando los motoristas desaparecen entro en la casa. Todo está revuelto, como si no hubieran acabado de instalarse. Mi madre está en la cocina haciendo panellets con formas muy raras. Seremos quince a la mesa, no me va a dar tiempo, dice. Le digo que no se esfuerce, que puedo hacerlos o comprarlos yo. Tú, mejor, vete a por el besugo, dice. Entre los panellets hay un teléfono. Suena. Es Pablo. Dice que ha decidido estudiar cine. ¿Vas a dejar derecho? La llamada se corta. Aparecen mis tías con mi abuela. Una d ellas se queja de que la otra ha perdido en la mudanza sus zapatillas de yoga. Me pregunto desde cuándo hará yoga, pero no digo nada y le ofrezco el botijo gigante para consolarla.
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sabor a bosque duro
domingo, 26 mayo 2013. Una chica muy sosa nos da clases de repostería. Dicen que lo más importante es que las tartas lleven mensajes de paz, que el sabor es lo de menos. Intento dibujar una pajarita de papel, pero no me sale. Todos se han ido. Me como un caramelo cuadrado que hay sobre la mesa. Sabe a rayos. El sabor es lo de menos, pienso. Leo el sabor en un papel de celofán: Bosque duro. En ese momento llega Pablo. Es tan alto que para abrazarme me levanta y me cuelga de una alcayata. ¿Y si nos largamos de aquí?, le digo.
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Parece una estación de autobuses con un balcón. Miro desde arriba a los que van y vienen. Llega un bus cargado de conocidos que, al parecer, vienen a la entrega de un premio. El primero en salir es mi sobrino Diego. El actor Antonio Garrido fuma muy nervioso. ¿Quién es?, me pregunta alguien. Es uno de los hombres más guapos del mundo, respondo. Veo a mi amigo Agustín y le hago señas, pero está muy ocupado ayudando a bajar del bus a Caballero Bonald. Ya sé quién es el premiado, pienso. Detrás de ellos baja Robert de Niro. Lleva un bolso amarillo de mujer. Pienso que quizá dentro esté el premio y sea él quien se lo entregue Caballero Bonald. Cuando está suficientemente cerca, compruebo que es mi bolso. No sé qué hacer, si decirle que me lo devuelva o esperar al final de la ceremonia.
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