iniciales

martes, 16 diciembre 2025. Alguien habla de que ya nadie come con cubiertos de plata. Le digo que yo uso todos los días una cucharilla y un tenedor de plata en el desayuno. Me dice que los habré robado, que no serán míos. Llevan mis iniciales grabadas, le digo, los tengo desde que nací.

régimen de estrés

domingo, 14 diciembre 2025. Entro en un comedor de lo que parece una residencia de estudiantes. Miro a mi alrededor, pero no conozco a nadie. Al fondo hay una especia de mercadillo. Entre lo que venden, una escena móvil (del tamaño de una caja de cerillas) donde una muñeca adosada a un alambre se pasea con un libro entre las manos por su cocina. Lleva unas palabras en la base: "Mientras cocino leo, y mientras leo me acuerdo de ti". La compro para enviársela a Virginia. Al darme la vuelta el comedor es una guardería. Entre las mesas hay una niña muy pequeña (no mide más de veinte centímetros) que parece perdida. La levanto para que miré y encuentre su mesa. Señala. Allí, dice. La llevo y la dejo con otras niñas. Veo a María. Ha engordado y lleva un bebé en los brazos. Me alegro de verla. Se sienta en un escalón a darle el pecho. La niña es idéntica a ella, solo que la cabeza es un ovillo de lana mojada o espaguetis. No le pregunto por si se molesta. Hablamos de los viejos tiempos, de las lecturas que organizaba Cumpián y de que llegó un día en el que se cansó de estar sola y decidió tener una hija. Dice que tiene que adelgazar, pero no quiere dejar de comer. Yo llegué a pesar este verano 46 kg sin hacer nada, solo estrés, le digo. Se ríe. Le propongo que nos pongamos a régimen a la vez. Le llamaremos "régimen de estrés", le digo y nos reímos (también la bebé) a carcajadas.

el hombre cangrejo no se entera

sábado, 13 diciembre 2025. Estoy en una casa destartalada (un chalet tipo año 70 con escaleras y barandillas de hierro pintadas de negro). Por allí anda Manuel. Se supone que somos novios, pero no queremos que la familialo sepa (no sé si es su familia o solo los dueños de la casa). Durante el desayuno nos pasamos mensajes en papelitos por debajo de la mesa. Llegan amigos de manuel con bolsas de bebidas para hacer una fiesta. Les digo que me pidan un taxi, que a las doce tengo que estar en casa. Nada. Los chicos desaparecen y las chicas me dicen que siempre es igual, que cada fin de semana hacen lo mismo antes de la fiesta: montar una pelea con otra pandilla de la urbanización. De repente estoy sola en la casa. Oigo que entra alguien y subo a esconderme en el dormitorio de arriba. Echo el pestillo, pero la puerta es de cristal y se puede romper desde fuera. Aparece un tipo brutote, me empuja a la cama. Manuel se acerca a la puerta, se asoma y me saluda. Le hago señas para que me ayude, le digo sin emitir sonido, abriendo mucho la boca "violador", pero cree que el bruto yo yo estamos jugando, y sigue sonriendo sin hacer nada. El tipo intenta violarme, pero le saco conversación, le cuento que Manuel estaba mucho más guapo con el pelo más largo y rizado, que se parecia al Hombre Cangrejo. El bruto me mira sin entender. Yo le llamo HC, le explico muy lentamente para que dé tiempo a que alguien venga a ayudarme, o se duerma de aburrimiento y poder escapar.

llaollao

viernes, 12 diciembre 2025. Estoy en casa de mis padres. Llega mi tía E muy preocupada, no sabe dónde está mi tía M (dice que se fue muy temprano y no ha vuelto). Salgo a buscarla. Voy en el bus mirando desde las tiendas que suele frecuentar. El bus se transforma en una heladería Llaollao. Unas chicas chandaleras mofan de cómo voy vestida (muy normal, vaquero y camisa de lino). Veo a mi tía y a mi hermana del brazo, mirando un escaparate. Me ven. La heladería  no tiene puerta, parece una pecera, no puedo salir. Les digo por señas que llamen a casa para decir que están bien. Se ríen y siguen su camino. De repente es de noche y estoy en la calle de mis padres. Veo a lo lejos a mi madre y a mi abuela, con paso diligente, hacia la parada de autobús de calle Fernando el Católico (está como antiguamente, con la tintorería y la mercería). Veo que van a entrar en un autobús  equivocado. Corro hacia ellas, pero no llego a tiempo.

los maroteros

jueves, 11 diciembre 2025. Estoy en la cocina de la que fue mi casa en calle Salitre. Está desordenada, hay una mesa llena de platos y vasos sucios como si hubiese habido una fiesta. Aparece el jardinero e intenta besarme. No lo entiendo porque es su nombre respetuoso y amable, pienso que quizá haya bebido. Me lo quito de encima como puedo. Dice que si no quiero nada con él por qué los saludo todas las mañanas. Aparece Araceli, una vecina de mi madre. Dice que también lo ha intentado con ella. De repente la cocina se ha transformado en un bar. Tdos miran hacia una tele que hay muy cerca del techo. Aprovecho para escaparme. Llegó a casa de mis padres y al entrar en el portal sale el actor Javi Maroto con tres niños y una perrita muy simpática. La perrita viene hacia mí, juego con ella. Él saca una tarjeta y me dice que es de una asociación, si quiero adoptarla. El portal se va llenando de gente, montan una barra de bar y un proyector. Todos se sientan en el suelo para ver un vídeo poema. Le digo a Maroto que me voy, que ya he tenido bastantes actos como esos en mi vida. Me pide que me quede. Después, con cara de ilusión, me pregunta si me ha gustado. Le digo que el poema era horrible pero la música estaba bien. El poeta (es el camarero), me oye, se ofende y dice que para mí no habrá cerveza. Mejor, pienso, porque solo quiero subir a casa de mis padres. Cuatro cervezas para los Maroteros, dice. Al volverme, veo a una pareja y a una chica (la mujer de Maroto, supongo). La chica me mira con mala cara y registra mi mochila. Él agacha la cabeza avergonzado. Le hago un gesto de que no se preocupe (en la mochila solo llevo un saco de dormir). Aparece Salud, la separo del grupo, le digo que tengo que contarle todo lo que me ha pasado. Veo a Daniel, me alegro tanto de verlo que al abrazarlo le rodeo la cintura con las piernas. A su lado hay un Daniel exactamente igual. Espero haber abrazado al auténtico, les digo. Se ríen. El auténtico Daniel se ha comprado el vídeo poema (una cinta VHS). Dice que solo por la música, porque es que Diamanda Galás. Pensé que te daba miedo, le digo y nos reímos. Veo llegar a Alberto. ¡Pensé que estaba de viaje!, le digo, lo abrazo y le pido que me saque de allí.

gorro de pelo

miércoles, 10 diciembre 2025. Me visto a toda prisa porque llegamos tarde. Odila (una amiga de la infancia a la que no veo desde hace años) se ha puesto mi ropa. Le queda mejor que a mí. Llevo un pantalón de punto y un jersey muy suave (parece que voy en pijama). Le pregunto qué tal estoy. Perfecta, dice. Pienso que siempre fue muy amable conmigo, una amiga de verdad.Odila me enseña un chorizo que ha comprado. Me pregunta si es bueno, que dónde suelo comprarlo yo. No me da tiempo a responder. Aparece un chico y le dice que el mejor chorizo es el que venden sus padres. No entiendo que se meta en la conversación (y mucho qué hace en mi cuarto). Odila me mira como diciendo, vamos a decirle que sí a todo, pero vamos a hacer lo que nos dé la gana.
+
Estoy en un edificio de madera con muchas habitaciones. En algunas hay gente joven trabajando en lo que parecen maquetas, en otras muebles de madera. Concluyo que es una escuela. Las escaleras son muy rudimentarias, parece que se vayan a romper. Pienso que las han hecho los alumnos. Veo de lejos a Francisco, le hago señas para que me ayude, pero me saluda desde lejos y desaparece. Pregunto a un grupo por la salida. Haz el camino al contrario, me dicen y se ríen. He dado tantas vueltas que no sé dónde estoy. Me pica la cabeza, me quito un gorro de pelo negro (tipo Bobby ingles), pero mi pelu es igual al gorro (tipo Jackson Five pero muy enredado). ¿Con gorra o sin gorro?, pregunto al chico. Con gorro, dice con guasa y cara de susto.+
Espero a Elisa en el que fue mi cuarto de niña. Sobre la cama hay un álbum que le regalé con estampas de mi infancia y una tarjeta collage, con fotos nuestras de momentos especiales, diciéndole cuánto la quiero. Me apena pensar que quizá, en un futuro, sus hijos no le den importancia y acabe en la basura.

bolsos y burros

martes, 9 diciembre 2025. Llego a la charcutería que había cerca de casa de mi abuela. A ratos charcutería a ratos bar de copas. Espero a Sora. Llega con su hija en brazos. Me alegro mucho de verlas. La niña ya anda y habla por los codos, cuenta un montón de cosas graciosas. La gente que la escucha embobada. Sora lleva un bolso enorme con las cosas de su hija. Guardo el mío dentro del suyo para no perderlo. A la hora de irnos no encontramos el bolso. Nadie parece saber nada. Lo encuentro debajo de un taburete, pero todas las cosas están desperdigadas por el suelo. Le digo que pasemos a ver a mi abuela para que conozca a su hija. El camino se hace muy largo (solo bajar unos metros e línea recta) pero nos perdemos.

+

Entro al dormitorio de mi hermana. Hay un olor muy fuerte. Corro la cama y veo un montón de botellas (de alcohol y de detergentes). También hay un charco donde se han mezclado los líquidos. Intentó limpiarlo con toallas viejas, pero cuanto más limpio más grande es el charco. Aparece Javier con una chica muy guapa. Les digo que me esperen, que termino en un momento. Se sientan sobre la alfombra, porque todo está muy revuelto. La chica dice que la alfombra es preciosa. Le digo que mi padre la compró en los años setenta (en la vida real nunca hubo alfombra en ese cuarto, siempre estuvo en el estudio de mi padre). Javier y la chica se cansan de esperar y se van. Debajo de la cama encuentro una foto de dos burros asomados a una ventana. Oigo rebuznos, me asomo al patio de luces y veo que los vecinos de abajo tiene, efectivamente, dos burros. Me hace tanta gracia que corro a contárselo a mis padres. Mis padres están acurrucados, muy juntos, en el sofá, tapados con la camilla de la mesa. Parecen muy asustados. Les enseño la foto de los burros. Mi madre me hace señas con la cabeza para que mire hacia el recibidor. Veo a mi hermana envuelta en una toalla, haciéndose las planchas. Se acerca con gesto altivo. Mis padres tiemblan de miedo al verla llegar. Le cuento que los vecinos tienen dos burros. Ya lo sé, dice y se va.

abrazo

domingo, 7 diciembre 2025. Voy por la calle y veo a lo lejos a Atencia. Nos saludamos con la mano. Corre hacia mí, se alegra mucho de verme y yo a él. Me abraza y casi nos caemos de alegría. 

queso emmental y avispas

jueves, 4 diciembre 2025. Estamos poniendo la mesa. Mi madre dice, por ahí viene tu padre. Me extraña que se haya levantado de la cama solo. Lo veo al final del pasillo, intentando reptar. Corro hacia él y le digo que se haga una bola para poder levantarlo. Lo agarro por detrás y lo subo a la cama. Está lleno de heridas. Algunas son agujeros. Parece un queso emmental.
+
Mi padre y yo estamos cenando cada uno en nuestro sillón con la bandeja sobre las rodillas. De repente entra muchísimo aire y las butacas salen volando. Le digo que suelte la bandeja y se agarre bien a los brazos de la butaca. Pienso que ya que vamos a morir voy a disfrutar el vuelo. La butaca empieza a caer, se convierte en una butaca hinchable de piscina y rebota en la acera. Los dos estamos bien.
+
Estoy en casa de mi abuela. Mi tía y yo vamos a Madrid. Mi tía va delante de mí con un abrigo de pelo marrón. Le digo que si se pusiera la capucha y le pegara una nariz y unos ojos parecería un oso de peluche. Mi tía se vuelve y dice que le he quitado las ganas de ir a Madrid, que me vaya sola. Al llegar al jardín, veo está lleno de animales. Pienso que los ha traido la tormenta. Hay patos de varios tamaños, gatos, perros... Uno de los perros tiene un collar con el nombre y la dirección del dueño. Lo leo en alto y el dueño aparece con su mujer por arte de magia. Se ponen muy contentos de recuperarlo. Traen a su hija para que la conozca. La niña quiere bailar conmigo. Le digo que tengo mucha prisa, que voy a perder el tren a Madrid. Hay muchísima la gente en la calle. La calle da a una autovía llena de gente que hace de coches. Algunos incluso hacen ruido de claxon con la boca. Vamos como en una procesión. Intento correr entre ellos, pero me insultan. De repente llegó a otra autovía vacía y por fin puedo correr libremente. Para cortar camino atravieso una casa, pero está llena de avispas que me pican en la cara. Aparezco en otra carretera de nuevo llena de coches. Pasan taxis libres, pero cuando me ven la cara ensangrentada pasan de largo. Decido seguir corriendo. Finalmente llegó a una carretera sin coches ni gente y me veo pasar en un autobús. La yo del autobús me saluda muy contenta. Pienso que por fin llegaré a la estación. La estación es en blanco y negro y parece de una película de Berlanga. Hay una taquilla en alto con dos viejas y un tipo que se parece al cartero de Cronicas de un pueblo. Les doy un billete de mil pesetas (de aquellos con los Reyes Católicos), pero me dicen que el tren está en marcha y no me dejarán entrar. Corro al andén donde dos viejos con uniforme polvoriento discuten si el tren puede salir o no porque tiene una avería. Me ofrezco a arreglarlo. Seguro que son los frenos, les digo. Se ríen a carcajadas.

toalla negra

miércoles, 3 diciembre 2025. Estoy muy relajada en una especie de baños públicos, tumbada en una piscina que no cubre. Empieza a llegar público. Todos son hombres. A mi lado se tumba uno muy parecido a Shaggy el de Scooby-Doo e intenta darme conversación. Me doy cuenta de que todos van vestidos menos yo. Sigo tumbada, pero me cubro con una toalla negra.
+
Estoy en la cocina de  la casa de mis padres. Tengo que poner la lavadora. Como detergente, se supone, debo usar un cubo de orina que, se supone sirve para blanquear la ropa. Aparece alguien e intenta ayudarme. Mete un tubo en el cubo y se lo lleva al ojo, como si mirara por un catalejo. Le advierto que es orina y no sé de quién. Al final acaba por tirársela por encima.
+
Hemos quedado en un mercadillo que hay en las afueras. Vamos en coche muy rápido por una carretera que no conozco. Veo al fondo la fábrica de cemento, pero en vez de quedar a la izquierda queda a la derecha. Pasamos a toda velocidad por hoteles muy lujosos abandonados. A la derecha, en la playa, veo los puestos. Creo que hemos llegado, le digo a Alberto. Cuando bajamos, a la entrada hay una terraza de hotel con cientos de personas completamente borrachas. No creo que sea buen plan, le digo a Alberto.

cocotología

martes, 2 diciembre 2025. Mi madre saca una caja y le da un broche a cada una de mis primas. A Cristina uno de oro con forma de rombo horizontal, muy antiguo, que era de mi bisabuela. A Elisa le da una estrella de plata muy moderna. Pienso es uno de los gemelos que yo tenía, pero no digo nada. Elisa me mira y niega con la cabeza como diciendo que no es justo. Por no dejar mal a mi madre, le digo como puede ponérselo en el ojal de la solapa e intento cambiar de tema hablando de papiroflexia. Mi madre dice que Ramón y Cajal hacía pajaritas. Elisa dice que no, que era Ortega y Gasset. Yo las dejo hablar para que no hablen de broches, no les digo que era Unamuno.

firma

lunes, 1 diciembre 2025. Estoy en un bar. Mi padre me apura para que nos vayamos a casa, pero tengo que firmar un montón de pliegos. Javi, que se supone es mi manager, me va pasando rotuladores y plumas (que voy gastando).