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el blanco es el color de la risa


sábado, 2 junio 2012. Estoy durmiendo sobre un cartón en la acera.  Llega un grupo con pinta de haber pasado toda la noche de bares (entre ellos Carlos, Susi, Blanco y Camilo). Susi pone canciones de los Kinks en un pequeño equipo de música que hay junto al cartón. Nadie dice nada, parecen muy cansados. Al momento deciden marcharse. Quiero ir con ellos, pero tengo que llevar un paquete a casa de mi abuela. Corro por la calle, avanzo muy rápido. Con las prisas he salido en pijama. Pienso que si tuviera los pechos más pequeños correría aún más rápido. Los pechos se me hacen más pequeños al instante. Dejo el paquete en la ventana que da al jardín. Es tan temprano que temo asustar a mis tías. Soy yo, no pasa nada, digo al dejarlo entre las macetas. Corro de nuevo para unirme al grupo, los veo sentados en una grada, todos van de negro menos Camilo. Le hago señas, me saluda con la mano, hace señas para que me acerque. Menos mal que tu camiseta es amarilla, le grito.
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En la acera, delante de la casa de mi abuela hay una madre muy joven jugando con su hijo. Cuando paso, ella le dice al niño que mire mi falda. Llevo una falda blanca de tutú con mucho vuelo, parece un merengue. El niño la toca El blanco es el color de la risa, dice. Le digo a la madre que he visto jugar a su hijo muchas veces y pienso que es un verdadero artista. Sí, hace cosas bonitas con arena. Intento convencerla de que no pueden estar todo el día jugando en la calle, que el niño debería estudiar, que no debería desperdiciar tanto talento. De repente pienso que es Juano de niño. Caminamos, llegamos a un túnel donde ella, dice, tiene que entregar un trabajo. El niño y esperamos fuera. ¿Qué son?, me pregunta señalando unas tumbas viejas. Son tumbas, ¿sabes lo que son? Ah, sí, es querer levantarse a comprar más césped y no poder.

susi en perla

miércoles, 21 diciembre 2011. Susi está sentada en la terraza de un bar. Habla animadamente con un chico muy guapo. De repente me fijo en que no lleva el pelo rojo, como siempre, sino gris. Teñido de un gris perla precioso. Bajo la melena, lleva una capa verde preciosa que le enmarca la cara. Pienso que me encanta cómo se mueve mientras habla, la alegría que pone en todo lo que hace y en si me quedaría bien ese color de pelo. 

público invisible

martes, 31 mayo 2011. Estamos en un bar varios amigos. Susi está muy triste poruqe no puede venir de viaje con nosotros. Alberto le da la mano para consolarla.
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Parece el plató de un programa. No se sé a nadie pero se oyen aplausos. En ese momento aparece Camilo dando una carrerita hacia el escenario y saluda. Después sale Virginia. Unas bailarinas hacen una coreografía a su alrededor mientras ella recita un poema de memoria y baila tímidamente. Pienso en lo bien que lo hace. El público invisible aplaude enloquecido.

lorca y una fiesta

domingo, 3 abril 2011. Entro en un ascensor muy pequeño con Sonia, Susi, Ale y Jesús. Vamos muy apretados. Se supone que vamos al bajo, pero el ascensor comienza a subir. Sospecho que Jesús le ha dado al último piso, por jugar. Yo no he sido, dice como si me leyera el pensamiento. Susi le explica a Sonia que se compró ese abrigo por el color, pero que a partir de ahora se hará ella la ropa, y toda a juego con el bolso, añade. Sonia dice que mucho mejor porque así no volverán a coincidir vestidas igual. Se ríen. El ascensor ha cambiado de forma y tamaño, pero nadie parece darse cuenta. Paramos en el piso 99. Salimos directamente a una tienda llena de maletas. Sólo quería verlas, dice Jesús llorando, escondiendo la cara entre las manos. Susi y Sonia lo consuelan. Ale se me acerca y me dice al oído: A partir de hoy voy a llamarle Lorca.

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Voy por la calle con Enrique y José Luis. José Luis insiste en que hablemos en latín. Por otro lado Enrique va explicándome cada estatua que vemos de un pescador. Elisa aparece muy arreglada, con unos pendientes de cristales verdes muy exagerados y un teléfono góndola rojo en la mano. Dice que no sabe si ir a la fiesta o bajar a la playa con su antiguo novio. No hay ninguna fiesta, dice Enrique. Claro que sí, hoy es la fiesta de despedida, le digo. Lo habrás soñado, dice zanjando el asunto. Es imposible que hayamos soñado lo mismo, decimos Elisa y yo.