iniciales

martes, 16 diciembre 2025. Alguien habla de que ya nadie come con cubiertos de plata. Le digo que yo uso todos los días una cucharilla y un tenedor de plata en el desayuno. Me dice que los habré robado, que no serán míos. Llevan mis iniciales grabadas, le digo, los tengo desde que nací.

régimen de estrés

domingo, 14 diciembre 2025. Entro en un comedor de lo que parece una residencia de estudiantes. Miro a mi alrededor, pero no conozco a nadie. Al fondo hay una especia de mercadillo. Entre lo que venden, una escena móvil (del tamaño de una caja de cerillas) donde una muñeca adosada a un alambre se pasea con un libro entre las manos por su cocina. Lleva unas palabras en la base: "Mientras cocino leo, y mientras leo me acuerdo de ti". La compro para enviársela a Virginia. Al darme la vuelta el comedor es una guardería. Entre las mesas hay una niña muy pequeña (no mide más de veinte centímetros) que parece perdida. La levanto para que miré y encuentre su mesa. Señala. Allí, dice. La llevo y la dejo con otras niñas. Veo a María. Ha engordado y lleva un bebé en los brazos. Me alegro de verla. Se sienta en un escalón a darle el pecho. La niña es idéntica a ella, solo que la cabeza es un ovillo de lana mojada o espaguetis. No le pregunto por si se molesta. Hablamos de los viejos tiempos, de las lecturas que organizaba Cumpián y de que llegó un día en el que se cansó de estar sola y decidió tener una hija. Dice que tiene que adelgazar, pero no quiere dejar de comer. Yo llegué a pesar este verano 46 kg sin hacer nada, solo estrés, le digo. Se ríe. Le propongo que nos pongamos a régimen a la vez. Le llamaremos "régimen de estrés", le digo y nos reímos (también la bebé) a carcajadas.

el hombre cangrejo no se entera

sábado, 13 diciembre 2025. Estoy en una casa destartalada (un chalet tipo año 70 con escaleras y barandillas de hierro pintadas de negro). Por allí anda Manuel. Se supone que somos novios, pero no queremos que la familialo sepa (no sé si es su familia o solo los dueños de la casa). Durante el desayuno nos pasamos mensajes en papelitos por debajo de la mesa. Llegan amigos de manuel con bolsas de bebidas para hacer una fiesta. Les digo que me pidan un taxi, que a las doce tengo que estar en casa. Nada. Los chicos desaparecen y las chicas me dicen que siempre es igual, que cada fin de semana hacen lo mismo antes de la fiesta: montar una pelea con otra pandilla de la urbanización. De repente estoy sola en la casa. Oigo que entra alguien y subo a esconderme en el dormitorio de arriba. Echo el pestillo, pero la puerta es de cristal y se puede romper desde fuera. Aparece un tipo brutote, me empuja a la cama. Manuel se acerca a la puerta, se asoma y me saluda. Le hago señas para que me ayude, le digo sin emitir sonido, abriendo mucho la boca "violador", pero cree que el bruto yo yo estamos jugando, y sigue sonriendo sin hacer nada. El tipo intenta violarme, pero le saco conversación, le cuento que Manuel estaba mucho más guapo con el pelo más largo y rizado, que se parecia al Hombre Cangrejo. El bruto me mira sin entender. Yo le llamo HC, le explico muy lentamente para que dé tiempo a que alguien venga a ayudarme, o se duerma de aburrimiento y poder escapar.

llaollao

viernes, 12 diciembre 2025. Estoy en casa de mis padres. Llega mi tía E muy preocupada, no sabe dónde está mi tía M (dice que se fue muy temprano y no ha vuelto). Salgo a buscarla. Voy en el bus mirando desde las tiendas que suele frecuentar. El bus se transforma en una heladería Llaollao. Unas chicas chandaleras mofan de cómo voy vestida (muy normal, vaquero y camisa de lino). Veo a mi tía y a mi hermana del brazo, mirando un escaparate. Me ven. La heladería  no tiene puerta, parece una pecera, no puedo salir. Les digo por señas que llamen a casa para decir que están bien. Se ríen y siguen su camino. De repente es de noche y estoy en la calle de mis padres. Veo a lo lejos a mi madre y a mi abuela, con paso diligente, hacia la parada de autobús de calle Fernando el Católico (está como antiguamente, con la tintorería y la mercería). Veo que van a entrar en un autobús  equivocado. Corro hacia ellas, pero no llego a tiempo.

los maroteros

jueves, 11 diciembre 2025. Estoy en la cocina de la que fue mi casa en calle Salitre. Está desordenada, hay una mesa llena de platos y vasos sucios como si hubiese habido una fiesta. Aparece el jardinero e intenta besarme. No lo entiendo porque es su nombre respetuoso y amable, pienso que quizá haya bebido. Me lo quito de encima como puedo. Dice que si no quiero nada con él por qué los saludo todas las mañanas. Aparece Araceli, una vecina de mi madre. Dice que también lo ha intentado con ella. De repente la cocina se ha transformado en un bar. Tdos miran hacia una tele que hay muy cerca del techo. Aprovecho para escaparme. Llegó a casa de mis padres y al entrar en el portal sale el actor Javi Maroto con tres niños y una perrita muy simpática. La perrita viene hacia mí, juego con ella. Él saca una tarjeta y me dice que es de una asociación, si quiero adoptarla. El portal se va llenando de gente, montan una barra de bar y un proyector. Todos se sientan en el suelo para ver un vídeo poema. Le digo a Maroto que me voy, que ya he tenido bastantes actos como esos en mi vida. Me pide que me quede. Después, con cara de ilusión, me pregunta si me ha gustado. Le digo que el poema era horrible pero la música estaba bien. El poeta (es el camarero), me oye, se ofende y dice que para mí no habrá cerveza. Mejor, pienso, porque solo quiero subir a casa de mis padres. Cuatro cervezas para los Maroteros, dice. Al volverme, veo a una pareja y a una chica (la mujer de Maroto, supongo). La chica me mira con mala cara y registra mi mochila. Él agacha la cabeza avergonzado. Le hago un gesto de que no se preocupe (en la mochila solo llevo un saco de dormir). Aparece Salud, la separo del grupo, le digo que tengo que contarle todo lo que me ha pasado. Veo a Daniel, me alegro tanto de verlo que al abrazarlo le rodeo la cintura con las piernas. A su lado hay un Daniel exactamente igual. Espero haber abrazado al auténtico, les digo. Se ríen. El auténtico Daniel se ha comprado el vídeo poema (una cinta VHS). Dice que solo por la música, porque es que Diamanda Galás. Pensé que te daba miedo, le digo y nos reímos. Veo llegar a Alberto. ¡Pensé que estaba de viaje!, le digo, lo abrazo y le pido que me saque de allí.

gorro de pelo

miércoles, 10 diciembre 2025. Me visto a toda prisa porque llegamos tarde. Odila (una amiga de la infancia a la que no veo desde hace años) se ha puesto mi ropa. Le queda mejor que a mí. Llevo un pantalón de punto y un jersey muy suave (parece que voy en pijama). Le pregunto qué tal estoy. Perfecta, dice. Pienso que siempre fue muy amable conmigo, una amiga de verdad.Odila me enseña un chorizo que ha comprado. Me pregunta si es bueno, que dónde suelo comprarlo yo. No me da tiempo a responder. Aparece un chico y le dice que el mejor chorizo es el que venden sus padres. No entiendo que se meta en la conversación (y mucho qué hace en mi cuarto). Odila me mira como diciendo, vamos a decirle que sí a todo, pero vamos a hacer lo que nos dé la gana.
+
Estoy en un edificio de madera con muchas habitaciones. En algunas hay gente joven trabajando en lo que parecen maquetas, en otras muebles de madera. Concluyo que es una escuela. Las escaleras son muy rudimentarias, parece que se vayan a romper. Pienso que las han hecho los alumnos. Veo de lejos a Francisco, le hago señas para que me ayude, pero me saluda desde lejos y desaparece. Pregunto a un grupo por la salida. Haz el camino al contrario, me dicen y se ríen. He dado tantas vueltas que no sé dónde estoy. Me pica la cabeza, me quito un gorro de pelo negro (tipo Bobby ingles), pero mi pelu es igual al gorro (tipo Jackson Five pero muy enredado). ¿Con gorra o sin gorro?, pregunto al chico. Con gorro, dice con guasa y cara de susto.+
Espero a Elisa en el que fue mi cuarto de niña. Sobre la cama hay un álbum que le regalé con estampas de mi infancia y una tarjeta collage, con fotos nuestras de momentos especiales, diciéndole cuánto la quiero. Me apena pensar que quizá, en un futuro, sus hijos no le den importancia y acabe en la basura.

bolsos y burros

martes, 9 diciembre 2025. Llego a la charcutería que había cerca de casa de mi abuela. A ratos charcutería a ratos bar de copas. Espero a Sora. Llega con su hija en brazos. Me alegro mucho de verlas. La niña ya anda y habla por los codos, cuenta un montón de cosas graciosas. La gente que la escucha embobada. Sora lleva un bolso enorme con las cosas de su hija. Guardo el mío dentro del suyo para no perderlo. A la hora de irnos no encontramos el bolso. Nadie parece saber nada. Lo encuentro debajo de un taburete, pero todas las cosas están desperdigadas por el suelo. Le digo que pasemos a ver a mi abuela para que conozca a su hija. El camino se hace muy largo (solo bajar unos metros e línea recta) pero nos perdemos.

+

Entro al dormitorio de mi hermana. Hay un olor muy fuerte. Corro la cama y veo un montón de botellas (de alcohol y de detergentes). También hay un charco donde se han mezclado los líquidos. Intentó limpiarlo con toallas viejas, pero cuanto más limpio más grande es el charco. Aparece Javier con una chica muy guapa. Les digo que me esperen, que termino en un momento. Se sientan sobre la alfombra, porque todo está muy revuelto. La chica dice que la alfombra es preciosa. Le digo que mi padre la compró en los años setenta (en la vida real nunca hubo alfombra en ese cuarto, siempre estuvo en el estudio de mi padre). Javier y la chica se cansan de esperar y se van. Debajo de la cama encuentro una foto de dos burros asomados a una ventana. Oigo rebuznos, me asomo al patio de luces y veo que los vecinos de abajo tiene, efectivamente, dos burros. Me hace tanta gracia que corro a contárselo a mis padres. Mis padres están acurrucados, muy juntos, en el sofá, tapados con la camilla de la mesa. Parecen muy asustados. Les enseño la foto de los burros. Mi madre me hace señas con la cabeza para que mire hacia el recibidor. Veo a mi hermana envuelta en una toalla, haciéndose las planchas. Se acerca con gesto altivo. Mis padres tiemblan de miedo al verla llegar. Le cuento que los vecinos tienen dos burros. Ya lo sé, dice y se va.

abrazo

domingo, 7 diciembre 2025. Voy por la calle y veo a lo lejos a Atencia. Nos saludamos con la mano. Corre hacia mí, se alegra mucho de verme y yo a él. Me abraza y casi nos caemos de alegría. 

queso emmental y avispas

jueves, 4 diciembre 2025. Estamos poniendo la mesa. Mi madre dice, por ahí viene tu padre. Me extraña que se haya levantado de la cama solo. Lo veo al final del pasillo, intentando reptar. Corro hacia él y le digo que se haga una bola para poder levantarlo. Lo agarro por detrás y lo subo a la cama. Está lleno de heridas. Algunas son agujeros. Parece un queso emmental.
+
Mi padre y yo estamos cenando cada uno en nuestro sillón con la bandeja sobre las rodillas. De repente entra muchísimo aire y las butacas salen volando. Le digo que suelte la bandeja y se agarre bien a los brazos de la butaca. Pienso que ya que vamos a morir voy a disfrutar el vuelo. La butaca empieza a caer, se convierte en una butaca hinchable de piscina y rebota en la acera. Los dos estamos bien.
+
Estoy en casa de mi abuela. Mi tía y yo vamos a Madrid. Mi tía va delante de mí con un abrigo de pelo marrón. Le digo que si se pusiera la capucha y le pegara una nariz y unos ojos parecería un oso de peluche. Mi tía se vuelve y dice que le he quitado las ganas de ir a Madrid, que me vaya sola. Al llegar al jardín, veo está lleno de animales. Pienso que los ha traido la tormenta. Hay patos de varios tamaños, gatos, perros... Uno de los perros tiene un collar con el nombre y la dirección del dueño. Lo leo en alto y el dueño aparece con su mujer por arte de magia. Se ponen muy contentos de recuperarlo. Traen a su hija para que la conozca. La niña quiere bailar conmigo. Le digo que tengo mucha prisa, que voy a perder el tren a Madrid. Hay muchísima la gente en la calle. La calle da a una autovía llena de gente que hace de coches. Algunos incluso hacen ruido de claxon con la boca. Vamos como en una procesión. Intento correr entre ellos, pero me insultan. De repente llegó a otra autovía vacía y por fin puedo correr libremente. Para cortar camino atravieso una casa, pero está llena de avispas que me pican en la cara. Aparezco en otra carretera de nuevo llena de coches. Pasan taxis libres, pero cuando me ven la cara ensangrentada pasan de largo. Decido seguir corriendo. Finalmente llegó a una carretera sin coches ni gente y me veo pasar en un autobús. La yo del autobús me saluda muy contenta. Pienso que por fin llegaré a la estación. La estación es en blanco y negro y parece de una película de Berlanga. Hay una taquilla en alto con dos viejas y un tipo que se parece al cartero de Cronicas de un pueblo. Les doy un billete de mil pesetas (de aquellos con los Reyes Católicos), pero me dicen que el tren está en marcha y no me dejarán entrar. Corro al andén donde dos viejos con uniforme polvoriento discuten si el tren puede salir o no porque tiene una avería. Me ofrezco a arreglarlo. Seguro que son los frenos, les digo. Se ríen a carcajadas.

toalla negra

miércoles, 3 diciembre 2025. Estoy muy relajada en una especie de baños públicos, tumbada en una piscina que no cubre. Empieza a llegar público. Todos son hombres. A mi lado se tumba uno muy parecido a Shaggy el de Scooby-Doo e intenta darme conversación. Me doy cuenta de que todos van vestidos menos yo. Sigo tumbada, pero me cubro con una toalla negra.
+
Estoy en la cocina de  la casa de mis padres. Tengo que poner la lavadora. Como detergente, se supone, debo usar un cubo de orina que, se supone sirve para blanquear la ropa. Aparece alguien e intenta ayudarme. Mete un tubo en el cubo y se lo lleva al ojo, como si mirara por un catalejo. Le advierto que es orina y no sé de quién. Al final acaba por tirársela por encima.
+
Hemos quedado en un mercadillo que hay en las afueras. Vamos en coche muy rápido por una carretera que no conozco. Veo al fondo la fábrica de cemento, pero en vez de quedar a la izquierda queda a la derecha. Pasamos a toda velocidad por hoteles muy lujosos abandonados. A la derecha, en la playa, veo los puestos. Creo que hemos llegado, le digo a Alberto. Cuando bajamos, a la entrada hay una terraza de hotel con cientos de personas completamente borrachas. No creo que sea buen plan, le digo a Alberto.

cocotología

martes, 2 diciembre 2025. Mi madre saca una caja y le da un broche a cada una de mis primas. A Cristina uno de oro con forma de rombo horizontal, muy antiguo, que era de mi bisabuela. A Elisa le da una estrella de plata muy moderna. Pienso es uno de los gemelos que yo tenía, pero no digo nada. Elisa me mira y niega con la cabeza como diciendo que no es justo. Por no dejar mal a mi madre, le digo como puede ponérselo en el ojal de la solapa e intento cambiar de tema hablando de papiroflexia. Mi madre dice que Ramón y Cajal hacía pajaritas. Elisa dice que no, que era Ortega y Gasset. Yo las dejo hablar para que no hablen de broches, no les digo que era Unamuno.

firma

lunes, 1 diciembre 2025. Estoy en un bar. Mi padre me apura para que nos vayamos a casa, pero tengo que firmar un montón de pliegos. Javi, que se supone es mi manager, me va pasando rotuladores y plumas (que voy gastando).

concierto

sábado, 29 noviembre 2025. Tengo que leer poemas en un estadio. Está completamente lleno porque antes actúa una orquesta muy famosa. Me colocan el micrófono y me dicen que tengo que salir al escenario antes de que suene la última nota. No encuentro mis poemas. Todo el público tiene una copia en la mano. Les voy pidiendo que me los presten para poder leer, pero nadie quiere soltarlos. Incluso forcejeo con algunas personas. Salgo del estadio, busco por los alrededores por si alguien ha perdido o tirado mis poemas. Nada. Vuelvo cuando está sonando la última nota. Subo al escenario. Improviso palabras que no dicen nada. El público atiende como si fueran alumnos y toman nota de todo lo que digo. Yo solo tengo ganas de llorar y largarme de allí cuanto antes.
+
Imagen de una cinta transportadora donde van apareciendo bloques tamaño ladrillo de tierra negra y compacta donde hay impresas caras de hombres poniendo gestos grotescos. Yo estoy sentada sobre esos bloques y debo ir agarrándome a los bloques para que la cinta no me arrastre. Intento no hacer daño a esos hombres, como si fueran de verdad, como si no fueran solamente fotos impresas.

títere

viernes, 28 noviembre 2025. Llego a una casa enorme. Al parecer es de un chico muy joven que ha ganado mucho dinero de repente. La señora que me guía por las habitaciones habla de él como si fuera poeta, pero me extraña que un poeta pueda ganar tanto dinero. Entramos en su dormitorio y en un rincón veo una butaca de madera pintada de rojo oscuro. Preciosa, parece muy antigua. Pregunto si puedo sentarme. Claro, dice la señora un poco sorprendida. Detrás, veo que hay otra habitación con unas veinte butacas más en distintos modelos. Hay mecedoras, y hasta una cuna. Cuando salimos de la casa nos cruzamos con el supuesto poeta. Es un chico muy joven y muy delgado con el pelo rizado. Va de una habitación a otra en monopatín. La señora le dice algo y él baja la cabeza. Pienso que es simplemente un títere. A las puertas de la casa hay basura en bolsas y, entre ellas, una butaca roja. La señora me dice que está rota y no sirve para nada. Le digo que me da igual, que yo puedo arreglarla. La cojo y me la llevo antes de que se arrepientan.
+
Oigo ruido en la terraza. Al correr la cortina no hay terraza, hay un jardín muy descuidado con unas vallas de madera y tela metálica rota. Se han metido unos cuantos perros con sus crías y patos de distintos tamaños. Intento echarlos, pero mientras saco a uno los otros vuelven. No sé qué hacer con las crías. No quiero dejarlas sin sus madres, pero tampoco puedo quedármelas.
+
Llego a la parte de atrás del caserón que había frente a la casa de mi abuela. Hay una fiesta. Me dicen que coma lo quiera, pero no hay comida por ninguna parte. El público se arremolina en una habitación muy pequeña para servirse algo parecido a ponche de color naranja. La dueña me dice que por fin han publicado el libro (como si yo supiera de qué va la cosa), que ha quedado precioso pero que pesa demasiado y no sabe si se venderá bien. Busco la salida, quiero irme de allí.

vacaciones

miércoles, 26 noviembre 2025. Hemos quedado con Carmen y Enrique para irnos de vacaciones. Me extraño al ver que aparece Enrique al volante (no tiene carnet). Baja la ventanilla y dice que al final se quedan en la ciudad, arranca y desaparece. Se lo cuento a Alberto. Le digo que da igual, que de todos modos ya tengo la maleta hecha y nos vayamos nosotros. Alberto dice que si ellos no van él tampoco. Le grito que estoy harta, que cada vez que me hago a la idea de algo bueno nunca sucede. Le doy una patada a la maleta.

saltar de alegría

sábado, 22 noviembre 2025. Estoy en una especie de sala de espera acristalada. Alguien me dice que va a llegar mi sorpresa. Aparece Javi. Lo abrazo, me coge en volandas, me tira por el aire de alegría.

cubo

sábado, 15 noviembre 2025. Llego a casa de mis padres. Entro a la cocina y pelo patatas para hacer una tortilla. Cuando voy a la basura, el cubo está reluciente. Me pongo tan contenta que me pongo a bailar.

escenario

miércoles, 12 noviembre 2025. Estoy en una sala de teatro muy parecida a como era la de Comedores Universitarios en los 80. Aparece Daniel, jovial. Dice que está listo para empezar. No sé a qué se refiere. Sube al escenario y lee con gracia y naturalidad algo que lleva en unos folios. Me sorprende verlo tan seguro. Detrás, en una sábana que hace las veces de pantalla, se proyectan fotos. En algunas aparezco yo de joven. Todo me sorprende mucho.

piscinas

miércoles, 5 noviembre 2025. Estoy en una mesa muy larga. Todos comen. A mi lado está Pablo. Le digo algo (no recuerdo qué) y responde, ¡ojalá! Me levanto y voy a buscar a su hija (de repente es un bebé). Paso por las cocinas de lo parece un hotel. Paso por un jardín con piscinas y fuentes (ya he soñado otras veces con este sitio). Se supone que tengo que encontrar a la niña antes de que llegue alguien (no recuerdo quién). Hay cierto tono de misterio durante todo el sueño.

yogures

lunes, 3 noviembre 2025. Mi tía M llama por teléfono. Responde mi hermana. Le grita (cree que soy yo quien está al otro lado) porque no le he comprado los yogures que me encargó. Mi hermana no entiende nada. Desde donde estoy le digo que es mi hermana quien está al teléfono, no yo, y que deje de gritar. De repente estamos en casa de mi abuela. Mi tía M y yo salimos con las luces apagadas para que mi tía E no se dé cuenta de que nos vamos. De repente estamos en la plaza de Santo Domingo y vemos a mi tía E en la terraza de un bar leyendo y tomando apuntes de lo que lee.

mis mentiras punto com

viernes, 31 octubre 2025. Es mi cumpleaños y tengo que buscar mis regalos por la casa. Miro por todas partes, desmonto una silla y debajo de un doble asiento creo encontrar una pista, pero solo es una pieza más. Alberto y Pablo están en el sofá mirando cómo busco. Pablo dice que no es tan ingenioso, que no espere nada de su parte. Encuentro el regalo de Alberto (no recuerdo qué), me gusta mucho, lo abrazo y le doy un montón de besos.
+
Llego a un teatro, subo al piso de arriba. Antonio está de pie pegado a la baranda, entusiasmado, mirando el espectáculo. Una señora mayor recita poemas mientras hace contorsiones dignas del Circo del sol. Antes de que termine, Antonio dice que nos vayamos porque no quiere saludar a nadie. No puedo creerme que este con él. Para comprobar que no es una alucinación cojo su vaso de cerveza vacío, lo miro de cerca, veo que es real porque todavía está húmedo, y lo dejo sobre una mesita.
+
Voy hacia el antiguo CAC. Hay coches y camiones aparcados como cuando era el Mercado de mayoristas. En la puerta hay una señora uniformada, tumbada en el suelo con una tabla de madera celeste con forma de paleta a modo de gola. La cabeza le asoma por el agujero. Le pregunto si sigue la exposición de Ouka Leele. Que no, pero que hay otra que no está mal, dice sin convicción. Le pregunto si está incómoda, si quiere que le lleve un cojín para la espalda. A todo se acostumbra una, dice. Entro. La sala está llena de gente bailando. Cerca de la puerta veo bailar a Antonio con los ojos cerrados. Es muy extraño porque la nariz le crece y le decrece mientras baila. Me acerco sin que se dé cuenta y veo que escribe una carta apoyado en la barra. Es una carta de agradecimiento. Le dice a alguien que  le ha gustado mucho (no recuerdo qué) y que siempre podrá contar con el. Firma con su nuevo correo: antonio@mismentiras.com.

nuevos amigos

jueves, 30 octubre 2025. Voy por la calle con la gati de mi hermana en los brazos, como si fuera un bebé. Alguien me pregunta por qué la he sacado de casa. le digo que quería que viera mundo, que en toda su vida solo ha visto cuatro paredes. La pongo en el suelo, pero se asusta. La abrazo, me araña.
+
Estamos en casa de un amigo de Alberto. Su mujer está en la cama con una toalla en la cabeza tiñéndose el pelo. Esperamos. Llega peinada de peluquería. Le hablo de mis canas rebeldes en las sienes. Ella me enseña las suyas. Ambiente artificial/cordial. Él nos sirve un cuarto litro de ginebra en vasos enormes. A mí solo un dedo, digo (por no decir que jamás bebo ginebra) y al alargar el brazo lo derramo. Alberto coge lo primero que ve (un chal) para secar y todos gritamos, ¡Nooo! Oímos a un bebé. Está a punto de caer de la cama. Cabe en la palma de la mano. He aprendido en vídeos japoneses cómo hacer una cama de su tamaño con una toalla, digo. Me dan un pañuelo, pero no me sale bien. La mujer dice que quiere organizar una fiesta, que le encanta organizar fiestas. A mí me gusta imaginar cómo queda después la casa (mesas con copas vacías y desordenadas), pero solo imaginar, no me gusta organizarlas, digo. Se ríe. De repente estamos en nuestra casa y me fijo en que el parqué está quemado. También dice que tenemos que apuntarnos juntas a un gimnasio. De repente todos están vestidos con ropa deportiva, incluso Alberto. De repente estamos en la casa de mis padres. Todos en el descansillo equipados (incluido el bebé), esperándome. Intento llamar a mi hermana para decirle que no estaré en casa, pero el móvil no tiene teclas. Voy apagando luces. Alberto vuelve a encenderlas (han cambiado la puerta por una de cristal y quiere que crean que estamos dentro; también deja encendida la tele). La puerta tiene dos cerraduras y dos llaves planas muy raras. El ascensor (también nuevo) es una jaula con barrotes de colores tamaño ataúd. Bajamos de dos en dos. Pregunto al amigo si hay un sitio donde pueda leer mientras nadan. Hay, pero me advierte que su mujer ha reservado dos horas. Nunca me aburro, digo y le enseño La experiencia de Sergi Puertas y una libreta.

cuchillo jamonero

martes, 28 octubre 2025. Estoy en una entreplanta con poca luz. Repaso un texto que alguien me ha pasado. Le digo que es demasiado retórico, que deberías decirlo todo con menos palabras. Por ejemplo, usas cinco palabras para decir "pila", le digo. Es que es una pila bautismal, dice. Pues dos palabras, ni una más. Otro chico me mira desde el fondo, se ríe y se acerca. Critica que sea tan dura (se supone que es traductor). Podrás vengarte de mí cuando leas el poema que he traducido al francés, le digo medio en broma. Abro el bolso para guardar algo y marcharme, y veo que un sándwich vegetal que llevaba lo ha mojado todo. Lo tiro a un a papelera. En la papelera hay seis cuchillos, pienso que son de usar y tirar, pero son metálicos. Se lo digo al chico, se acerca y mira. Una chica viene corriendo, rebusca en la papelera y saca un cuchillo jamonero eonorme. Temo que quiera clavármelo. Corro escaleras abajo. Desde la calle, me vuelvo por si el chico se ha asomado a la ventana a despedirme. Veo su silueta, pero como no llevo las gafas puestas no sé si me saluda.

cuadrícula

lunes, 27 octubre 2025. Vamos en coche. Alberto ve una plaza en cuesta donde han dibujado una cuadrícula con tiza. Me hace un gesto y le digo que sí. Bajamos para verla de cerca. En cada cuadrícula hay, de repente, un silla (cada una distinta a la otra). Nos sentamos. La tranquilidad se acaba cuando empiezan a llegar mujeres y niñas. Van arregladas como para una fiesta. Le pregunto a una de ellas qué son las cuadrículas. Me explica algo sobre un santo y señala a una niña que dibuja algo en el suelo, entre las sillas. Una chica se me acerca con un perrito en los brazos. Está preñada, me dice con cara de felicidad (lo dudo porque es un cachorro). Me lo pone en los brazos a pesar de decirle que no quiero cogerlo. Temo que se me caiga porque es muy pequeño. Le noto una gran barriga y dos corazones latiendo. Se lo devuelvo. Efectivamente está preñada, le digo.

broche

domingo, 26 octubre 2025. Entro en casa de mis padre y ya estoy sentada en una silla de tijera. Un perro salta de un lado a otro pasando por encima de mis piernas (sin rozarme).
Llevo el broche plateado enorme con forma de rosa (el que me regaló mi cuñada). Una señora se acerca y me dice que es un broche precioso, que nunca ha visto nada igual. Me lo quito y se lo pongo en la solapa de su abrigo.

a dos manos

sábado, 25 octubre 2025. Entro en casa de mis padres y, en vez de salir a recibirme la gati, salen dos perritos peludos muy monos. Se tumban para que le rasque la barriga. Rasco a cada uno con una mano. La gati me mira desde lejos con cara de pocos amigos.

viento

viernes, 24 octubre 2025. Hace mucho viento. Mi madre y yo recogemos a toda prisa la ropa tendida. Mi madre desde la ventana de la cocina, yo desde la ventana del que fue mi cuarto. Voy quitando pinzas sin darme cuenta de que la ropa va cayendo al vacío. Mi madre, en vez de regañarme, se ríe.
+
Me despierto. Una chica muy seria con una bata blanca me dice: Todo lo que has soñado ha pasado. No sé si primero fue el sueño y después los hechos, o al revés.

de tiendas

jueves, 23 octubre 2025. Entro con mamá a una tienda muy sofisticada. La ropa está colgada de manera que hace un recorrido como en un museo. Están especializados en prendas que normalmente no serían de cuero (blusas, camisetas, incluso ropa interior). Una señora se prueba una falda de vuelo. El cuero es tan fino que flota. Le digo con un gesto que cuando camine se le irá subiendo. Llegamos a una zona de complementos. Hay abanicos de tela semitransparente desflecados por el borde. También hay sujetadores a juego. Mi madre quiere regalarme uno. Le digo que no me gustan, aunque no estoy segura de si me gustan.

abrigo blanco y autobús descarrilado

miércoles, 22 octubre 2025. Estoy en la parte más alta de un cine antiguo con varios niveles. Huele a humedad, a antiguo. Los asientos son de espuma roja gastada. Proyectan una película de Truffaut (ayer vi un documental sobre su vida). Cada dos minutos encienden las luces para que el público aplauda cada escena. Me canso, me levanto y salgo a la calle por un ventanuco que da a un andamio. Veo a Virginia a lo lejos. Empieza a llover. Le digo que entre conmigo al cine para que no se le moje su abrigo nuevo (me envió ayer una foto con él puesto). Subimos por el andamio y entremos por el ventanuco. Todo sigue igual. Virginia me mira con cara de, "¿pero dónde me has traído?".
+
Estoy en la terraza de un restaurante con la familia Cabezón Beltrán (se supone que estamos en Uruguay; la mesa a ratos es mesa, a ratos el capó de un coche enorme descapotable). El camarero se acerca y, cuando vamos a pedir, estornuda y se va. Ellos están de espaldas a lo que sucede, yo de frente a la entrada del bar. Veo cómo el camarero y dos chicas se quitan los delantales y cierran. Ariadna se ha puesto a hacer equilibrios sobre unos raíles que hay junto a la mesa-coche. Le gritamos que se baje, que es muy peligroso. Pasa de nosotros. Se baja en el último instante antes de que llegue el tren. El tren es un autobús muy largo. Aprovecho y me subo porque es muy tarde y he quedado con Alberto. De repente el autobús está en Málaga y entra en calle Fernando el Católico. Pienso que no tendrá espacio para dar la curva. Así es. El conductor se baja llorando. Entra una conductora e intenta maniobrar hacia atrás. Vamos a ir marcha atrás hasta Mangas Verdes, dice un pasajero y todos ríen la gracia. Yo estoy de mal humor porque voy a llegar tarde, así que me bajo en marcha (el autobús se ha convertido en un tren de juguete), tomo el autobús (ahora tren) entre los dedos y me lo llevo a casa. En casa dibujo el recorrido de las calles sobre la alfombra del comedor y coloco el tren con cuidado para que los pasajeros no se lastimen. Hago el recorrido maniobrando con cuidado mientras pienso dónde estará Alberto. Con una mano muevo el tren, con la otra lo llamo por teléfono. Alberto está enfadado, dice que no aparecí y se fue. Le explico que un autobús ha descarrilado y lo tengo en el comedor. Alberto dice que es la peor excusa que ha oído nunca. Ya sé que es un sueño dentro de un sueño, pero tengo que acabarlo para que todos los pasajeros puedan despertar en sus casas, le digo.

pelo imantado

martes, 21 octubre 2025. Estamos en casa con toda la familia. Esta oscureciendo. Estoy cansada y digo si nos vamos a dormir. Alberto dice que ha quedado con Jane. Me asomo desde la terraza y veo a una chica esperando. Tiene la melena perfecta. Mientras espera juega a piola con unos niños. Me miró al espero. Mi pelo está mal cortado y tieso. Si lo toco se eriza como las virutas del reloj de arena que me regaló ayer Sora. De todos modos bajo con mi prima Elisa. Han llegado varias amigas de Jane. Hablan en francés, pienso, para que yo no me entere de qué dicen (no saben qué hablo francés). Elisa me hace una seña. Volvemos a casa. Mientras ponemos la mesa, un tipo (supuestamente novio de Elisa), me dice que él sabe cosas, pero no puede decírmelas. Seguimos poniendo la mesa en silencio.