luminoso y escobilla

sábado, 28 enero 2023. Estamos frente a la casa de Maria Victoria Calle (detrás se ve el monte). Antonio me cuenta que él vivió en esa casa, que de niño hablaba con los enanitos del bosque. No sé si habla en serio o en broma. En la esquina redondeada del piso de arriba hay un luminoso: Disney. Le pregunto si es nuevo o ya estaba. Ha estado ahí desde el principio, dice. Tampoco sé si creerlo.
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Intento preparar la cena en casa de mi abuela. Hay visita. Me fijo en que hay rincones de la casa muy sucios. Los limpio metiendo la escobilla del váter entre los muebles. Mi tía protesta, dice que seguro que la comida también la he preparado con la escobilla y no piensa comer.

chicles

miércoles, 25 enero 2023. Charo me ofrece unos chicles muy pequeños con forma de conejo.

cámara

martes, 24 enero 2023. Salgo al jardín de la casa de mi abuela con una cámara antigua (de las que se mira desde arriba). El paisaje se ve distinto (más bonito y misterioso) a través de la cámara. Le digo a mi hermana que salga para hacerle una foto. Al mirar por la cámara, mi hermana aparece como una chica pelirroja joven y dulce, guapísima. Al sacar el carrete de la cámara no es más que una cinta de algodón arrugada.

paraguas

lunes, 23 enero 2023. Estoy en un sitio que se parece a la capilla del que fue mi colegio. Daniel se acerca, me saluda y se despide. Le digo que no se vaya, que quiero presentarle a mi suegro. Vemos salir a Alberto y su padre. Corremos tras ellos. Al salir, es de noche y está lloviendo. Daniel abre un paraguas enorme de cuadros. Llegamos a calle Ollerías. Yo sigo, dice. Miro la calle oscura. Pégate a alguna mujer que vaya en tu dirección, dice Daniel.

allá abajo, allá arriba

domingo, 22 enero 2023. Voy por la calle y, al llegar donde se supone que voy, me vuelvo porque he olvidado la llave. Aparece Alberto cargado de lo que parecen bártulos de playa. Le pido la llave con un gesto, me la lanza y me acerco a una persiana metálica muy oxidada. Cuando voy a abrir la llave no entra. Una chica llega con su novio y abre. le hago un gesto a Alberto para que entremos. No hay suelo, hay una pared cortada. la pared está hecha de tablones de donde salen manos y cabezas de hombres que gritan y jalean violentamente como si fueran el público de un combate. Combate no hay, hay un descampado allá abajo.
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Un tipo me pregunta desde su coche en marcha cómo llegar a un centro comercial donde vendan juguetes. Antes de poder responderle ya se ha marchado. Llego a casa (que no se parece a la mía) y busco entre unas cajas de juegos una posible dirección de dónde los compré, por si el tipo vuelve. Desde la terraza veo un avión que aterriza en la carretera. Las alas cortan varias casas por la mitad, también cables que prenden unos árboles y los árboles unos troncos que hay amontonados. Hago varios intentos llamando al 112, pero el teléfono no funciona. Por fin me atiende una chica, le cuento lo sucedido. Me pide el nombre de la calle. No lo recuerdo. La chica dice que va a preguntar a su novio y me deja en espera. Se va haciendo de noche, veo a la gente seguir sus vidas a pesar del fuego y el avión quieto allá arriba.

fragmentos [3]

sábado, 21 enero 2023. Terraza de bar. Al fondo una iglesia (parece Grecia, pero se supone que estamos en Portugal). Le digo a Alberto que aparcar va a estar difícil. Llegan mi sobrina Elena y unas amigas. Ocupan la mesa que acabamos de dejar. Hemos comido lo mismo, le digo señalando un vaso enorme lleno de lo que parece pollo frito flotando en una sopa con mala pinta. Tened cuidado que pica, les digo.
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Llamo a Daniel pero lo coge su madre. Me cuenta que se han hecho Jesuitas para que los dejen en paz en las reuniones de la comunidad. Dice que mi padre estuvo en la última y dijo que había que poner burlete en nosedónde. Dice que decía burlete en francés. Se ríe. Le digo que dudo mucho que fuera mi padre, que él jamás ha ido a ninguna reunión. El padre de Daniel le quita el teléfono a su mujer, dice algo con tono enfadado, se despide y cuelga.
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Mi padre y yo buscamos algo en un armario. Se golpea la mano con una de las bisagras. Se la beso.

desorden

lunes, 16 enero 2023. Llego al portal de la casa de mis padres. Hay cosas por el suelo. Me parece reconocer algunas y son de mi padre. Alguien grita que el conejo se ha escapado. Querrán decir gato, pienso. El gato de mi hermana persigue a un conejo. Intento evitar que escapen. El conejo cae por el hueco de la escalera. Al llegar a casa, todas las cosas de mi padre están en el suelo, algunas hasta rotas. Busco un bol de cristal para meterlas todas e intentar arreglarlas.

fragmentos [2]

domingo, 15 enero 2023. Vamos en bus. Le digo a Alberto que me han invitado a leer poemas en El Cairo, pero no voy a ir porque está muy lejos y porque Egipto no me interesa nada. Una señora, antes de bajarse en su parada se me acerca y me dice al oído: Ve.
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Cristina y Gonzalo están sentados uno al lado del otro en lo que parecen unas butacas de limpiabotas. Me acerco a saludarlos. Gonzalo tiene los ojos muy azules, sin pupilas.
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Masip se está duchando. Me acerco, le doy un beso en la frente mojada. Le digo que me alegro de que haya venido.

inodoros catarata y frigorífico roto

sábado, 14 enero 2023. Parece la terraza de un bar. Alguien pregunta si me acuerdo de aquella vez que fuimos a nosedónde. Me acuerdo, precisamente llevaba este mismo jersey (rojo con rayas finitas negras), les digo. Cuchichean, me miran de reojo. Si me gusta, no me importa llevar el mismo jersey durante veinte años, pienso y me levanto para ir al servicio. Entro en lo que parece un salón de baile vacío. Al fondo hay dos entradas/túnel envueltas en tela blanca iluminada (como una obra de Christo). Entro por la boca de la derecha. Llego a un espacio con proyecciones de cataratas. Pienso que cada una indicará un inodoro. Busco papel higiénico en unos puf cuadrados forrados de dacha roja. Están vacíos. Al salir por la boca de la izquierda, el salón está a oscuras, ni un resquicio de luz, tanto que creo que me he quedado ciega y vuelvo sobre mis pasos. Bill Nighy está echado en uno de los puf. Hace un gesto para que me acerque y me tumbe a su lado. Dice que tenía dudas sobre divorciarse y que, al recibir mi carta, finalmente ha decidido dejar a su mujer. No sé de qué carta habla ni me voy a casar con él, pero no le digo nada, solo quiero salir de allí. Le pido que camine delante de mí y me guíe a la salida y en la calle ya hablaremos.
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Al abrir el frigorífico la puerta roza con la esquina de la columna. Voy a decirle a Alberto que venga a verlo a ver qué solución se le ocurre. Al entrar en la cocina veo que la puerta es de plástico muy fino y está rota. Pienso que Alberto va a creer que la he roto yo, pero no se fija. Dice que cualquier mañana meteremos el frigorífico en el maletero y se lo llevaremos a ese amigo mío para que le pase un bastoncillo de los oídos por los rincones. No sé de qué amigo habla y no entiendo que no se dé cuenta de que la puerta está rota.

superluna, aloe e incendio

viernes, 13 enero 2023. Estamos en la playa. Miro a la izquierda y veo un pequeño lago mucho más bonito que el mar. De repente se hace de noche y aparece una luna enorme (como en las portadas de discos) y tan cerca del agua que permite ver la silueta de una chica a contraluz. La chica se zambulle varias veces. Una pareja aprovecha para besarse mientras se bañan. Qué manera de perder el tiempo, pienso de nosotros.
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Hay un multiplicador en el suelo, entre el frigorífico y la cocina. Intento encenderlo pulsando con un palo largo. Nada. Meto la mano entre los muebles para sacarlo y me da corriente. Mi madre dice que puede arreglarlo. Le digo que tenga cuidado, que es peligroso, que antes de tocar nada habría que quitar la corriente. No sé qué pasa que mi madre coge la sartén que estaba al fuego. Le quema, pero no quiere soltarla para que no lo manche todo. Le digo que me la dé, que llevo manoplas. Cuando por fin la dejo en el suelo, veo que mi madre se ha quemado las manos. Corro a por aloe a la terraza. La plata de aloe está blanda de haberla regado en exceso, me cuesta cortar un trozo de hoja. En el suelo (alrededor de la maceta, al sol) está todo lo que tenía en el congelador (verduras, carne). Enfurezco, le grito a mi madre que ahora tendré que cocinarlo todo para que no se eche a perder.
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Veo una película en la que un tipo incendia la casa de Scarlett Johansson. Ella está tendida en el suelo entre las llamas. No será capaz de dejarla ahí, pienso. El tipo la saca y la abraza. Se sientan en un sofá de espaldas a la habitación en llamas. Ella mira hacia atrás, ve cómo arden sus libros y esconde la cara entre las manos. Pienso que todavía le daría tiempo a rescatar algo. No comprendo que no lo haga.

fragmentos [1]

jueves, 12 enero 2023. Corro por la calle vestida de novia (desde el Compás a calle Cristo). El vestido me queda muy apretado. Me alegra que el velo de tul me tape la cara para que no me reconozca nadie. Mientras corro pienso que, si he salido así a la calle, a partir de ese día podré salir como quiera sin sentir vergüenza.
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Daniel y yo vamos por la calle, cerca de la estación. Le digo que vi la foto que dejó en el buró de mi cuarto en la casa de mis padres (en la foto aparece tirado en el suelo, como si acabara de caer de un quinto piso). No dice nada. Le digo que, curiosamente, yo me hice una foto igual. No dice nada. Continúo hablando, diciendo sandeces, para que no caminemos en silencio.

chéster verde y autobuses de dos pisos

sábado, 7 enero 2023. Estoy con un grupo de amigos en un sitio que no sé qué es pero donde ya he estado en otros sueños (un edificio de una sola planta, muy blanco, años 70, con gotelé exterior de pegotes de cemento). En la entrada hay tiendas con muy pocas cosas. Quiero comprarle un regalo a Javi, pero o veo nada que me guste. Entro y espero en un chéster verde imitación piel. Llega Pateta muy sonriente, me cuenta cosas sin parar. Llega Javi con el casco de la moto en la mano. Me alegra que pateta y él por fin se conozcan. Se sientan cada uno a un lado (yo en medio), y hablan.
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Tenemos billetes para el autobús de las 07:30h. Alberto va a cruzar. le digo que la parada es en esa misma acera, pero cruza. Cuando estamos en la acera de enfrente, cruza de nuevo a la que estábamos. Cuando voy a seguirlo aparecen un montón de coches (como en el episodio de la Pantera Rosa). Logro cruzar, pero Alberto ha desaparecido calle arriba. Tiro de la maleta como puedo. De repente no reconozco las calles ni la ciudad. Entro en lo que parece una estación, pero por dentro es una torre con solo escaleras mecánicas. Pregunto por la estación a dos señoras gemelas muy rubias que van delante de mí. Prueba por ahí, dicen y señalan una puerta metálica. La puerta está rota y da a un montacargas desvencijado. Subo. Va lentísimo. Miro la hora, pero mi reloj es de juguete, lleva las 10:30h dibujadas. Intento llamar a Alberto. Primero, me equivoco porque no recuerdo su número; segundo, me sale un mensaje de bienvenida larguísimo donde recomienda una canción; tercero, después de su mensaje hay una llamada de una chica que le da las gracias por dedicarle la canción y que ya quedarán para comentarla. Si hay un verbo que detesto es comentar. Parece que también lo es en sueños porque me enfado muchísimo. me pongo muy triste. Recorro calles que no reconozco y subo cuestas sin parar en busca de la estación. Miro todos los autobuses que pasan (algunos de dos pisos) por si él fuera dentro y me viera, y pararan y me recogieran.

pupilas

jueves, 5 enero 2023. Despierto en una casa que no es la mía. Llevo una camiseta de tirantes muy ligera. Me sorprende, me miro y tengo los pechos muy pequeños. Me alegro muchísimo. En el cuarto de estar hay varias chicas mirando una pecera redonda (se supone que es una casa de acogida y vivo con ellas). Me pongo un café con leche. Abro una puerta por ver si es el cuarto de baño, pero da a un patio. Me acerco a ellas y miro la pecera. Dentro está Gumball. Lleva los ojos vendados con un calcetín. Cuando las chicas se van le pregunto por qué no se lo quita para bañarse. Mis ojos se vuelven horribles, dice. Insisto, se lo quita y, efectivamente, sus ojos parecen dos tomates reventados con las pupilas muy dilatadas.

descalza e invisible

martes, 3 enero 2023. Estamos en un teatro. Un tipo pide a alguien del público que le ayude. Sacan a dos chicas que hay a mi lado. Pienso que a mí nunca me han elegido para nada. En ese momento, el tipo me mira y hace un gesto de "por supuesto tú" para que baje. Me siento especial, me quito los zapatos y bajo ilusionada. Cuando llego al escenario, veo que ha sacado a todo el público y no queda nadie en su localidad. Nos lleva por la calle, en fila, hasta una casa con jardín Por el camino, alguien me abraza por detrás. ¿Quién soy?, dice. Sin volverme, le digo que es Emilio (un compañero de instituto al que no veo hace 38 años). ¿Recibiste el mail que te envié? No responde. Llegamos. En el jardín nos espera un catering sobre mesas altas de madera pintada de verde (desconchadas), todos comen y beben menos yo, que solo intento entender qué está pasando. Después entramos en la casa. Está llena de mesas y sillas de anea. El tipo dice que nos sentemos por grupos para empezar el juego. Todos se colocan rápidamente. Yo no sé en qué mesa sentarme. Solo quiero irme de allí lo antes posible.
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Me despierto y encuentro a la familia Cabezón-Beltrán desayunando en casa con Alberto. La mesa está llena de cosas. Me llama la atención la de tarros de mermelada de distintos sabores que hay. Me hace mucha ilusión verlos. Ellos parecen no verme y siguen a lo suyo. Suena el teléfono, es mi tía Mari (me cuenta penurias). Desde la terraza me siento en los escalones de una escalera que da a otros pisos (en la realidad, no existe). Una chica con bata de limpiadora me dice que no puedo quedarme ahí, que es la escalera de incendios y tengo que dejar el paso expedito por si surgiera algún un contratiempo. me sorprende que se exprese tan bien, la miro con curiosidad, pero vuelve la cara y sale corriendo.

kilos

lunes, 2 enero 2023. Entramos en una calle muy estrecha en un coche que parece no tener techo. Me asomo (por arriba) para ver como salir de allí. Al fondo hay dos señales de calle sin salida, pero en realidad da a una playa. Alberto da la vuelta con facilidad. Ahora, en vez de una calle es un hotel. Al pasar por el hall, hay fuentes con bombones en el mostrador de entrada. Cojo una almendra imperial enorme, rellena de turrón, y se la doy a Nadia. De repente estamos en casa. Alberto y Jurdi están en la cocina quitando hielo al frigorífico. Alberto usa un líquido que parece caldo de pollo, y Jurdi pisotea el hielo metiendo los pies (con zapatos para todo; me parece que tiene los pies enormes). La casa empieza a llenarse de gente. Nadia me devuelve la almendra mordida, dice que no le gusta. Francis y Emilio, se sientan sonrientes, como espectadores felices. Llega una supuesta vecina que se parece a Jennifer Lopez. a dejar algo envuelto en una servilleta. Aparece mi hermana, mira a todos y pregunta cómo va mi novela. Me extraña porque jamás se ha interesado, pienso que está actuando. Le digo que, al no tener varios días seguidos libres, no avanzaba nada y la he dejado. Me corta diciendo que ha quedado. Estás más delgada, le digo. Responde que acaba de pesarse y solo pesa 16 kilos. Todos se echan a reír. Pero si el gato pesa 4... echa cuentas, le digo. Pienso que la báscula puede estar estropeada y la busco para pesarme. Cada vez que me subo, alguien se acerca, me toca el brazo, me empuja o me pone algún peso en las manos, y los números varían. No sé cómo, la báscula está sobre una cama elástica. Imposible pesarme. Me enfado muchísimo y la pago con Elisa (que ha llegado en ese momento). Me mira con cara de asombro y pena. Le pido perdón, la abrazo. A ti sí que te quiero, le digo.

estorbo

sábado, 31 diciembre 2022. Estoy en una casa muy desordenada. En el salón hay una pila de piedra (debería estar en el lavadero) de la que, cuando se abre el grifo, el agua sale disparada hacia todas partes menos hacia abajo. Ahora entiendo que todo huela a humedad, pienso. El cuarto de baño también está muy sucio. Me da asco usarlo, pero no sé por dónde empezar a limpiar. Mis padres entran y salen, y me hablan a la vez. No sé qué dicen. ¡Queréis dejarme en paz un momento, por favor!, les grito. ¡La que tiene que dejarnos en paz eres tú!, grita mi padre.
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Salgo de un bar con un grupo (solo conozco a Elisa y Andrés). Es muy tarde y tengo el coche aparcado muy lejos. Quiero pedirles que me acompañen a casa, que Elisa fuera en su coche y que Andrés condujera el mío porque es nuevo y temo darme un golpe. No sé cómo decírselo. Según nos acercamos a mi coche, peor me siento.

cajoncitos y medallitas

viernes, 30 diciembre 2022. Vivimos en el bajo de un edificio antiguo muy bonito. La casa tiene dos cierros que dan a la calle. Oigo que empieza a llover y me asomo. Veo que han dejado lo que parece un escritorio junto a los contenedores. Me da pena que se moje. Salgo a verlo de cerca. En realidad es una mesa de trabajo de zapatero. Se lo digo a Alberto. Dice que no nos caben más cosas en casa. Al menos me traeré de recuerdo uno de esos cajoncitos (planos, cuadrados, con tiradores de metal). Mientras voy a por ellos, una pareja se ha metido en casa. Alberto consigue sacar al chico. Yo intento convencer a la chica de que salga, pero acabo agarrándola de las muñecas y forcejeando con ella. le digo que no quiero hacerle daño, que se vaya. Mientras, su pareja y Alberto charlan amigablemente sentados en el escalón.
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Oeste y yo caminamos por la calle. Saca un colgante de plata del bolsillo y me lo da. Tiene forma de esfera abollada. También leva dos medallitas azules parecidas a la que me dio mi abuela de niña. Le pregunto si es la que yo le di. Dice que una sí, que la mandó limpiar y que debo tenerla yo. Hablamos mientras nos encaminamos a una estación enorme. Camina muy rápido delante de mí, se aleja. Veo la escena desde muy arriba. Manejo un artefacto con ruedas y antena (del tamaño de una caja de zapatos) que se abre paso entre la gente. Se supone que ese artefacto soy yo y en el momento que alcance a Oeste, estaré a su lado.

menudo festival

jueves, 29 diciembre 2022. Se supone que hay un festival de cine en Málaga y han reabierto cines de los que no quedaba siquiera el edificio. Me desplazo por la calle como si fuera sentada en una silla de ruedas pero, no hay silla, voy en el aire. Llevo un vestido que parece una funda de almohada con tirantes (no llevo nada debajo, creo que influida por la película que vi anoche Venus se hizo mujer). Se supone que el vestido me lo he hecho yo y pienso que voy muy elegante. Cuando llego a la puerta del cine, una señora tiene un montón de monedas en un cesto (no estoy segura de si es la cuidadora de los servicios). Pregunto si hay que pagar con monedas. Dice que prefiere que le dé un billete de cinco, se lo do y me devuelve cinco monedas de un euro. Todo parece de lo más normal. La sala empieza a llenarse (solo tiene cuatro filas). Se me acerca una chica, me pregunta en qué consiste el trabajo de alguien que quiere ser procuradora. No tengo ni idea, pero pregúntale a los príncipes de Gales, que acaban de entrar en la sala y además hablan inglés mejor que yo.

troll, grulla y popelín

miércoles, 28 diciembre 2022. Alberto, Daniel y yo estamos en casa de Chivite. En el piso de arriba hay una habitación enorme muy desordenada. Alberto y Daniel duermen en una cama cuadrada enorme. Mi madre aparece y nos da un plumero con el palo muy largo. Así podéis llegar a lo cuadros más altos y el reloj. Chivite y yo quitamos el polvo sin ganas. Cuando mi madre se va satisfecha, me siento sobre él y le miro el pelo como si buscara piojos. No puedo creerme que tuvieras el pelo negro, le digo mientras le doy tirones y lo peino hay arriba, como a un troll.
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Estoy en casa de mis padres. El salón está desordenadísimo. Mi padre está tratando de hacerse un nido en el sofá. Me grita que le lleve un taburete plegable. Voy a por él. Él sigue gritando, dando órdenes. El taburete es de playa con la tela amarilla (nunca lo había visto). Quiere usarlo de mesilla de noche. Llegan mis tías con una vecina y su nieto. Me da vergüenza que vean la casa así (aunque no sea mi casa). Quieren que oigamos cantar al niño. Mi tía Encarna canta a la par que él. Mi tía Mari la encierra en el que fue mi cuarto para no oírla. El niño desafina una barbaridad. Entro en mi cuarto para consolar a mi tía Encarna, le digo que el niño canta como las grullas. Nos reímos.
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Estoy en un supermercado en el que parece que haya entrado un tornado (todo está amontonado en el suelo sin orden alguno). Hay salchichas congeladas en un estante, fuera del frigorífico, también unos pulpos que no parecen pulpos y que han congelado con las patas extendidas, como si fueran estrellas de mar. Llevo poco o nada en el carrito. Una flecha indica que la perfumería está en otra planta, pero en realidad está en otro edificio. Bajo a la calle por una rampa mecánica. Una chica marca mi carrito con una pistola que lee los códigos de barra. Si va al otro edificio tiene que comprar algo obligatoriamente, y la salida es por otra calle (información que me parece absurda). Recorro un túnel y salgo a la calle. Hay más gente con carritos. Decido echarles una carrera. Lo empujo, apoyo la barriga en la barra y avanzo a toda velocidad. Al llegar a un semáforo, un tipo muy alto me saluda afectuosamente. ¿Nos conocemos?, pregunto. Me llamo... (dice un nombre extranjero, pero no recuerdo cuál). No nos conocemos, no, le digo y comienzo a cruzar. Es bisexual, dice una señora al pasar por mi lado. El tipo se excusa aclarando que lleva tres años sin pareja. Yo llevo cuarenta y dos años con la misma persona, le digo. Él se asombra muchísimo, tanto que empuja sin querer a una chica que va delante de nosotros. La chica cae. ¿Qué es el popelín?, pregunta a la chica mientras la ayuda a levantarse. La chica no sabe. Su blusa es de popelín, les digo y los dejo en lo que parece el principio de un idilio.

castillitos

martes, 27 diciembre 2022. Elisa nos ha invitado a toda la familia a ver su nueva casa. Tiene varias plantas y está decorada como un castillo medieval. Andrés ha colocado en la puerta adornos budistas donde dejar peticiones. Me pregunto cómo recordarán todo eso los niños cuando sean mayores. ¿Qué pensará Nadia de todo esto cuando sea mayor y viva en un piso de cincuenta metros cuadrados? A nadie le hace gracia mi pregunta, me miran mal. Salgo a uno de los balcones. El paisaje desierto, zonas donde construyen otros castillitos como ese. En uno a medio hacer, un padre y un hijo juegan. El niño va en una moto pequeña, salta la valla y cae al vacío. No sé si mirar. Miro. El niño sigue conduciendo su moto y el padre animándolo a que vaya más rápido.

banqueta amarilla

lunes, 26 diciembre 2022. Voy por la calle y me entran ganas de orinar. Se supone que cuando pasa eso entro en un edificio años 70 y uso el servicio de un piso vacío y abierto que hay junto a los ascensores. Entro, todo está oscuro pero se nota que hay alguien dentro. Camino a tientas, reconozco la cabeza de Alberto. Toco una más. Eres Emilio, lo he sabido por la hendidura en la mandíbula. Se ríe. Entro al servicio. Al salir, el piso está encendido y se ha convertido en una tienda de decoración. Hay una banqueta de anea pintada de amarillo. Le doy la vuelta para ver el precio. Mi prima Cristina dice que yo tenía razón, que es muy endeble, además, sería más bonita al natural, sin pintar. La dejamos en su sitio. Mi prima lleva una bolsa de papel con flores (se supone que la ha robado) y yo una bragas enormes con letras. Una dependienta se nos acerca. Pienso que va a detenernos, pero nos dice que para lo que hemos comprado dan unas bolsas especiales. Las cogemos sin decir palabra y salimos de la tienda por una gatera cuadrada que hay en la puerta.
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Voy por la calle con un tipo (no lo conozco). Oímos jaleo y nos volvemos. Detrás de nosotros camina Cristina Pedroche. Un tipo que parece un guiri borracho, la topa de los hombros y le vomita, con tal mala suerte que ella se agacha y el vómito me cae a mí. El tipo cae al suelo (no sé si mareado o de la risa). Dudo si darle una patada. Se la doy, pero muy flojito. El tipo que va conmigo dice que va a vengarla porque Pedroche estaba en su colegio y le gustaba. Pienso que a quien debería vengarme es a mí.
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Alberto y yo vamos en el metro. Está a punto de salir cuando notamos una especie de ola (el vagón hace una ese como si fuera de goma). Por megafonía avisan de que en la calle hay disturbios, que el tren no saldrá, que podemos esperar dentro a que pasen o salir a unirnos a ellos. Son la marea, pienso.

taj mahal

domingo, 25 diciembre 2022. Llaman a la puerta de la casa de mis padres. Son Faemino y Cansado. Faemino dice que se ha dejado una cosa y señala, desde el descansillo, el suelo de la cocina. Debajo del carrito camarera plegable veo una postal del Taj Mahal. ¿Es tuya?, pregunto. Me la dejé el otro día, responde.

la rebelión de las cebras

sábado, 24 diciembre 2022. Salgo del dormitorio con un libro. Alberto me pregunta qué libro es. Le digo que no tengo ni idea, que solo lo compré porque traía de regalo el último de Vonnegut. Abro el libro y saco un tomo finito que se titula La rebelión de las cebras. Se lo tiendo a Alberto. No lo ponen bien, dice. Me da igual, respondo.

viajeros

viernes, 23 diciembre 2022. Se supone que estoy en un país del este. Voy por dentro de un edificio (parece una antigua iglesia) en un coche de madera muy rústico (las maderas con barbas, sin lijar siquiera; las ventanas sin cristal). Al fondo hay unos tipos entrenando con pistolas y dianas. Uno se me acerca y dice, con muy malos modos, que me vaya de allí. La palanca de marcha atrás está en el techo del coche. De repente estoy en una tienda muy cutre y busco algún souvenir para llevar a los amigos. Solo hay cosas rotas y polvorientas. Hasta los chicles parecen caducados y ni siquiera están escritos en su idioma (todo está en inglés). Veo unos marcapáginas. Este para Loli, le digo a Alberto. Alberto dice que si le llevo algo a Loli tendré que llevarle a todas las amigas. No importa, no pesan nada. Unas chicas se me acercan, quieren comprar tazas de recuerdo. les digo que compren regalos que no pesen y no se rompan porque tratan muy mal las maletas. Otra chica me habla en un idioma extraño (aunque la entiendo) y me dice que compre ropa, que eso no se rompe nunca. Me tiende un cuello de lana blanco con dibujos geométricos, hecho a mano, pero está usado y roto. Veo un neceser de plástico transparente con utensilios del siglo pasado. Pienso en si Javi se reiría al verlo o preferiría un bolígrafo de madera (seguramente seco) que parece un buril. Alberto y Salvatore están al fondo de la tienda tomando algo. me hacen señas para que me dé prisa. Decido no comprar nada. Total, al único que le gustaría algo de esa tienda sería a Andrés, pienso.

ecos del mundial

jueves, 22 diciembre 2022. Estoy en una especie de instituto de un país árabe. No sé muy bien qué hago allí. Le digo a una chica que prefiero volver a casa. al momento la chica me dice que tengo una llamada de Alberto y me pasa un móvil. Una voz con acento extraño dice que me quede y me da instrucciones precisas de lo que tengo que hacer. Mientras lo oigo hablar bajo las escaleras y salgo al patio del instituto donde unos hombres con túnicas le dan patadas a un balón. Lo hacen muy mal, sospecho que están disimulando mientras me vigilan. No eres Alberto, le digo a la persona que me habla por el móvil. En ese momento los hombres se abalanzan sobre mí.
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Tengo una lectura. La presentadora me espera a un lado de la sala, se apoya en la pared y charlamos durante un rato sobre el libro. Pasado el tiempo, oigo aplausos y el público (al que no he visto) sale de la sala y me felicita. Una señora me dice que le enseñe a bailar. Otra se quita el sujetador (no sé si para dármerlo). ¡No hemos subido al escenario y hemos hablado sin micrófono!, le digo a la presentadora que, cierra la puerta y pide al público que se siente. El público vuelve a sus asientos. Les pido disculpas. Vuelven a aplaudir y se van.
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Mi sobrino Darío vuelve a ser un niño. Va con ropa Heavy en un triciclo que parece tener un motor. Vamos los dos montados y vamos muy rápido, bajando cuestas de un pueblo empedrado. Vemos pasar a una niña corriendo. ¡Mira, es mi madre! Me alegra verla de niña. Pienso si mi manera de correr se parece a la suya. Llegamos a una explanada con vistas a un barranco. Creo que es el Barranco del Abogado, le digo a Darío, pero Darío ya no está. Una señora con dos hijas que pasa por allí, me dice que esa zona era próspera, pero han cerrado los restaurantes. Veo tres restaurantes cerrados y en ruinas (uno de ellos aparecía en un sueño de hace años).

tela inocente

miércoles, 21 diciembre 2022. Alberto dice que vamos a comprar un coche. Llegamos al parking de unos grandes almacenes. Digo llegamos porque se supone que vamos los dos, pero voy yo sola en asiento de atrás de un coche que parece de cartón. Voy pensando que ya podría comprar de paso una tela inocente para hacerme un vestido y cambiar de look. El coche aparca solo junto a un montón de rollos de tela (el parking parece un almacén desordenado). Subimos a un ascensor que sólo tiene dos paredes. Comienza a moverse en todas las direcciones (como en la película Cube). Se para un momento, Alberto cree que hemos llegado y baja por uno de los lados que no tiene pared. Lo veo caer al vacío. Esta vez se ha matado de verdad, no como aquella vez que solo era un sueño, pienso. Me asomo y ha caído en una plataforma. Le digo que lo espero en el coche, justo antes de que el ascensor salga otra vez disparado en otra dirección. De repente me veo a mí misma (soy rubia y llevo un vestido de tela inocente) sobre la plataforma donde estaba él, alguien abre una puerta, me abraza y me consuela. ¡No es Alberto!, me grito a mí misma. De repente estoy en una casa construida directamente sobre la arena, un tipo me cuida. Otros dos tipos me traen el desayuno. Noto algo raro en ellos. Saco una nota del bolsillo de un vestido de tirantes (igual a uno que tenía de niña). Es una nota del verdadero Alberto donde me dice en clave que tengo que escapar. Los tipos me preguntan qué dice la nota. Les digo que nada, que ya la estudiaré más adelante. Nos sentamos a desayunar. Estoy de frente a la puerta de entrada (ellos de espaldas). Puedo ver a Alberto a través del cristal esmerilado. Pienso en cómo y cuándo podré escapar.

marrón

martes, 20 diciembre 2022. Llegamos tarde a un festival de poesía. Una azafata nos indica que es en el salón de actos. Es un salón enorme, casi como un estadio de fútbol. Buscamos dos asientos libres en primera fila. Un tipo saluda y se sienta a mi lado. Es Pepe Navarro. Supongo que cree que mi cara de sorpresa es otra cosa e intenta besarme. Lo empujo y le digo que se aleje de mí todo lo que pueda. Empieza a llegar gente, no quedan sitios libres y se colocan de pie delante de nosotros. Justo delante de mí, el Hermano Pepito (fossor del cementerio de San Miguel) que con su anchura me tapa el escenario (solo veo su hábito marrón). De repente estoy entrando en casa de mi abuela. Mi madre me recibe alegremente en el jardín. Tu hermana acaba de llegar, dice contenta. Al entrar, entre la mesa de comedor y el sofá hay un colchón en el suelo y, bajo las mantas, mi hermana con Pepe Navarro Los dos muy sonrientes. Navarro, al reconocerme, me jura que no sabía que era mi hermana (como si a mí me importara). Mi hermana se levanta feliz y comienza a arreglarse porque ha quedado con su amiga Silvia. Las dos llevan vestidos de flores muy llamativos hasta los pies y cintas en el pelo. Parece que vayan disfrazadas.

cerebros flotantes

lunes, 19 diciembre 2022. Alberto, Salvatore y yo comemos en un restaurante. Nos ponen una sopa muy aguada con cuatro bolitas de carne picada cruda flotando. También un plato de champiñones crudos. La sopa me da mucho asco porque parecen pequeños cerebros flotantes. El cocinero sale, se sienta a mi lado y pregunta qué tal todo. Le respondo con ironía, pero no la recoge. Dice que tengamos cuidado con la carretera. Un grupo espera (completamente pegados a mi espalda) que dejemos la mesa libre. Le digo a Alberto que deberíamos llevarnos al menos los champiñones ya que no hemos comido nada. Le digo a Salvatore si los quiere para la cena. Dice que Carmen nos quiere mucho, a las niñas (las niñas, se supone, son Ángeles y nené) y a mí, pero no come sobras. De repente ya estamos en casa (la de mis padres). Precisamente Emilio, Ángeles y Nené están allí. Mira lo que sabemos hacer, dicen Ángeles y Nené, y se convierten en dos bebés con la cara de porcelana. ¡Tenéis caras de Vírgenes!, deberíais tener una niña porque sería preciosa, les digo. Cojo a Ángeles en brazos y la llevo de paseo por la Alameda. Los mira todo como si fuera la primera vez que sale. Dentro de un camión aparcado hay merchandising de Doraemon y dibujos animados. También un globo que da vueltas en la cabina del conductor. La asomo a la ventanilla para que lo vea. Aparece el dueño. Nos quiere enseñar el remolque, que en realidad es un coche enorme negro acoplado en sentido opuesto. Del remolque salen varios tipos vestidos negro. Os los voy a presentar, dice muy contento. Dice que son músicos y que están encantados de estar en Málaga, que les encanta el desierto. Creo que confundes Málaga con Almería, le digo. Uno de ellos me da dos besos, me pone el brazo sobre el hombro mientras caminamos. Dice que son de Zamora y allí nunca hace sol. Me extraña, pero no digo nada. Somos de Bolmir, dice. Bolmir está en Cantabria, le digo. Se miran entre ellos, se ríen. Seguimos caminando, ahora el paisaje sí parece un desierto. Pasamos por delante de una casa baja encalada donde unas señoras hacen guirnaldas de buganvillas. Ves, esto es el desierto, en Zamora nunca hace sol, dice. Bolmir está en Cantabria, repito. Me fijo en que Ángeles se ha convertido en una muñeca con la cara de porcelana. Quiero irme a casa, pero no sé dónde estoy ni sé cómo volver porque estoy muy cansada. (En ese momento sueña el teléfono y me despierto.).

cuatro fuegos abiertos

domingo, 18 diciembre 2022. Busco en mi cajón del escritorio tiritas anchas y las meto en el bolso para cuando quede con mi prima Elisa (me dijo que las necesitaba). Voy a la cocina, abro el frigorífico y veo las botellas boca abajo. Me sirvo un vaso de gaseosa, pero parece agua. Pienso que al no estar tumbada ha perdido el gas. Al volverme, veo la olla y la cafetera echando mucho humo. Las apago. Los otros dos fuegos están encendidos sin nada encima. También el horno, encendido y vacío. Lo apago todo. Barajo qué me compensa más, decírselo a Alberto (se enfadará) o callar (aunque se lo diga volverá a dejarse todo encendido). Lo veo desde el salón, tomando tranquilamente el sol en la terraza. No le digo nada. Al verme se levanta, dice muy alegre que salgamos a comprar sellos. Voy a por el bolso, le digo. Mientras regaré las plantas, dice. Cuando vuelvo, está regando los libros de poesía de la estantería del hall.

pelo y más pelo

viernes, 16 diciembre 2022. Se supone que estamos en el despacho de Alberto (no se parece en nada). Javi está sentado junto a la ventana. Lleva traje. Tiene el pelo oscuro y fuerte. Menuda mata de pelo, le digo mientras se lo agarro y tiro de él, para comprobar que es suyo. Le digo que no se mueva, que la luz es perfecta y quiero hacerle una foto. Javi se quita la chaqueta y se la pone en la cabeza a modo de turbante. Jurdi va y viene con un aparato para hacer abdominales que incluye una especie de columpio. Al verlo, Javi pregunta si no ha llegado el suyo. Jurdi le dice que no sabe nada mientras hace ejercicios. Observo la escena sentada, pegada a la pared. Intento decirle a Javi que Jurdi ha escondido su paquete, pero es como si yo no estuviera. Javi lo ve, lo saca de la caja y comienza a hacer abdominales. El suelo se ha llenado de pelo (no un poco, cubre todo el suelo como si hubiera una alfombra). Javi se ha quedado calvo de repente. Le digo con pena y enfado que por qué se ha rapado la cabeza, que tenía un pelo precioso. No me ve ni me oye, todo sigue su curso como si yo fuera invisible.
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Mi hermana y yo caminamos deprisa por la calle. Vamos por los bajos de unos bloques. Mi hermana va en mangas cortas. Yo muy abrigada y, aun así, tengo frío. Se supone que llega tarde a algo y yo la estoy acompañando para que no le pase nada. Me fijo en su pelo, tiene mucho y muy brillante, de un color precioso. ¿Te has teñido?, le digo. Dice que es un color nuevo que se llama... (dice el nombre del tinte, son nueve o diez palabras que no recuerdo, algunas en inglés).