imposible retozar

miércoles, 14 octubre 2026. Estamos en casa de mi abuela intentando retozar en el sofá del cuarto de estar. Siempre pasa algo que nos interrumpe. Mi madre entra en la cocina, le digo a Alberto que puede oírnos. Veo como mi madre se tumba en el suelo del patio con la cabeza chorreando. Voy a secarle el pelo para que no se enfríe. Me extraña que se haya lavado la cabeza ella sola. Cuando llego esta tumbada boca arriba, sonriendo con los ojos cerrados. Tiene el pelo completamente blanco.

colchones gratis

martes, 13 octubre 2026. Estamos sentados en un patio de butacas, pero las butacas están en una calle muy ancha. Alguien habla para convencernos de algo (no sé de qué) y al final del discurso dice que regalará a quien levante la mano un colchón. Hay quien levanta los dos brazos para que le regalen dos. Pienso que esto ya pasó alguna vez y, efectivamente, recibí un colchón en casa. Dice que su secretario apuntará nuestros nombres y direcciones. Pienso que daré el nombre y la dirección de mi madre porque su colchón está muy duro. Cuando me acerco a dar los datos resulta que el secretario es Francis (está muy joven, con el pelo abundante y rizado como en aquella foto del 80). Todos se acercan a su coche/oficina y le van dando los datos a través de la ventanilla bajada. Al verme sale a saludar. Me explica que es su nuevo trabajo y que le gusta porque, aunque no gana mucho, tiene poca responsabilidad. Mientras hablamos, alguien se mete en el coche y se lo lleva a toda velocidad. ¡He perdido todas las direcciones!, dice. Persigo al coche haciendo parkour entre el tráfico.

anillo

lunes, 12 octubre 2026. Estoy en un edificio muy parecido al que fue mi colegio. Quiero irme a casa, pero se supone que no puedo hasta que le ponga las pilas a un muñeco de peluche. Busco pilas en un pequeño economato, pero no encuentro ninguna. Cada vez que me acerco a la puerta para marcharme suena una alarma.
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Voy por los pasillos de un edificio como si fuera un juego de ordenador, salvando monstruos y suelos que se abren a mi paso. Debo conseguir un anillo. Lo consigo, pero está partido en dos. Salgo del juego por una gatera que da a la Iglesia de San Lázaro. Un niño me pregunta si lo he hecho yo. Le digo que sí, pero que debo unirlo. Usa el microondas, dice. Estoy en la cocina de la casa de mis padres intentando unir las dos mitades por detrás (es un anillo abierto). El microondas es complicadísimo, intento buscar las instrucciones en la táblet, pero se desarma cada vez que intento ponerla sobre la encimera. Para colmo llegan mi hermana y mi prima Cristina, intentan ayudarme y consiguen que todo se caiga al suelo. Las dos partes del anillo y varios tornillos de pendientes caen al cajón de arena de la gata. cristina

return

domingo, 11 octubre 2016. Llamo a Sonia para felicitarla por su cumpleaños. Parece triste. Después de insistirle en que me diga la verdad, reconoce que tiene depresión postparto.
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Estoy en una tienda muy pequeña. No estoy segura de si quiero comprar algo o solo estoy haciendo tiempo. Por hacer algo, meto en una bolsa unas cebollas. Las dependientas me miran mal. En otra bolsa meto unas salchichas. A la hora de pagar, la chica que las pesa abre la bolsa. Me pregunta si de verdad quería comprar hueso y pulmones. Siento un asco tremendo.
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Voy detrás de Alberto por un camino con charcos. Resbala y consigo sostenerlo sin que caiga. Llegamos a un bosquecillo de eucaliptos donde gente con túnicas hace posturas de yoga. Alberto se adelanta, baja a una especie de plaza de tierra y empieza a dar una especie de discurso imitando el acento alemán. Un montón de hombres lo tiran al suelo y lo arrastran hacia un edificio. Corro hacia él. Un tipo me dice que ha insultado a los judíos, que tendrá que dar explicaciones ante el consejo de rabinos. Me quejo de que ya podrían haberlo llevado andando. Lo meten en un edificio. La puerta está entreabierta y lo puedo ver esposado boca abajo en el suelo. Un tipo se quita el cinturón y cierra la puerta. Corro hacia él, le suplico, le pido perdón, le digo que solo estaba de broma, que por favor me den los correazos a mí.
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Estoy en la cocina de la casa de mis padres y friego una fuente gris muy bonita. Pienso que no es de la casa, que seguramente sea de Juan, que habrá traído lasaña. Pienso que tengo que comprar una igual pero más pequeña. Después cojo un sofá (tamaño sofá) y también lo friego como si fuera un plato más. Mientras le paso el estropajo me da pena pensar que estoy borrando las huellas de los hijos de Juan cuando eran pequeños.
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Voy por la calle con mis padres. Unos pasos atrás nos sigue una chica (mitad Cristina, mitad Laura). Pienso que como es de noche le da miedo volver sola. Me vuelvo, le digo que se una a nosotros, que nos e preocupe que desviaremos nuestro camino hasta dejarla cerca de su casa. Mi madre me pregunta quién es. Su hija es la nieta de Isaac Puente, le digo. Mi madre se vuelve hacia mí, se tapa la boca y me dice: No entiendo nada.
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Estoy en un supermercado. Miro un expendedor de dulces. Hay unos bollos con forma de muslos de pollo muy doraditos. Le doy a una tecla para que salga. Nada. Busco a alguna dependienta para que me ayude. Me acerco a una. Niega con la cabeza y se pone a hacer fotocopias. De repente, del horno que hay al fondo sale una niña muy pequeña, no tendrá más de dos años. Lleva un delantal. ¿Trabajas aquí? La niña me mira indignada. ¡Pues claro!, dice. Le digo que quiero un bollo. ¿El de queso o el del parajito? Uno de cada, le digo aunque no sé de qué me habla.
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Estoy en un ascensor y tengo mucha prisa. Al cerrarse las puertas se va la luz, no veo los botones. Intento recordar a tientas dónde está el del Bajo. Le doy a uno. Vuelve la luz y en vez de los botones aparece una pantalla táctil con un mapa. Busco por todas partes la palabra Return o Salir. Nada, cuanto más le doy aquí y allá, más cosas raras aparecen.
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Estamos en un habitáculo estrecho de madera con un ventanuco al fondo. Pasa gente en sus coches y nos saludan. Una de las veces pasa una chica rubia muy guapa en un descapotable. Tira hacia dentro de la habitación confeti dorado del tamaño de una moneda. Elisa dice que la conoce, que no tiene un duro y solo quiere aparentar. Alberto sale tras ella. Elisa y detrás de Alberto. El descapotable dobla la esquina y Alberto corre detrás. ¡Si te vas no vuelvas!, le grito.

piscina

viernes, 9 octubre 2026. Se supone suponen que acabamos de llegar de un viaje y le habíamos dejado las llaves de casa a unos vecinos (la casa se parece a la de mis padres). Alberto había puesto una piscina que queda mitad sobre la terraza, mitad sobre el salón. No es muy grande, pero cuando Alberto entra la piscina se vuelve enorme, tanto que cuando le hago fotos apenas se le distingue. Llega la vecina. Se sorprende al vernos. Se ve que cuando no estábamos venía a bañarse. Me presenta a su hija. Parece una niña de doce años. Por hablar de algo, le preguntó qué edad tiene. Dice que treinta. Cuando se van, le digo a Alberto que tendremos que cambiar la clave Wi-Fi. Alberto sale de la piscina y se pone a escribir en un papel. ¿Qué te parece esta?: delafeylassemillasde... De pipo, respondo. Esa la he usado tantas veces que me vayan a pillar. Pues de las hormigas. Tampoco le gusta. Nos quedamos un rato pensando de qué pueden ser las semillas.
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Llego a casa de mis padres. Alberto está con mi padre en la terraza. Me alegra infinito que haya conseguido que salga, además lleva el andador. Mi padre, al verme, se deja caer al suelo. Para levantarlo lo pego a mi cuerpo. Se adhiere como si fuera papel de fumar.

almendros

jueves, 8 octubre 2026. Omar lleva una túnica y espera en un escenario. No se le ve cómodo. Aramburu aparece por un lateral, dice que tiene prisa, que tiene que marcharse porque de otro modo perderá un vuelo, pero antes dirá unas palabras. Habla de un cuadro, un paisaje con almendros en flor. El cuadro baja hacia el escenario como telón de fondo. A pesar de estar en la última fila de la sala (la sala es al aire libre) puedo ver cada flor del cuadro. De repente, Omar le quita el micrófono a Aramburu, me mira y dice: He pintado esos almendros para ti porque él me lo dijo.

terremoto

miércoles, 7 octubre 2026. Estoy sentada al fondo de un bar estrecho y largo. Alguien me gasta una broma  dándome una mala noticia (no recuerdo cuál). Me doy cuenta de que es mentira y le respondo con tranquilidad. En ese momento el suelo y las paredes tiemblan. Dudo si la broma iba en serio.

extraña

lunes, 5 octubre 2026. Estoy llorando tumbada boca abajo en una acera. Llegan Salud y otra chica. Salud no dice nada, solo me pone la mano en el hombro. La otra chica me dice que si estoy triste puedo contarle lo que sea. Ni la miro. Pienso, sí, vamos, te lo voy a contar a ti que ni sé quién eres.

esposas

jueves, 1 octubre 2026. Vamos hacia un bar, me encuentro a Juan. Me alegro mucho de verlo. Se viene con nosotros. Los demás entran (en la que fue la tetería Baraka), nosotros nos quedamos hablando fuera, junto a la ventana. En el poyete hay dos anillos. Uno tiene una botella de Coca-Cola diminuta. Juan dice que me lo quede, pero no quiero más cosas. Clavado al marco de la ventana hay un pendiente de osito Haribo. Le cuento entusiasmada que por la mañana le había dicho a Alberto que quería uno para hacerme un broche. Entra y le preguntas, verás que es verdad, le digo. Dice que está cansado, que quiere irse a casa. Pasa la mano por el poyete y recoge un montón de cuentas diminutas. Cuando se las está metiendo en el bolsillo, llegan dos seguratas, lo golpean con una porra enorme y le ponen unas esposas. ¿¡Pero por qué!?, les grito. Se lo llevan sin decir nada. Entro en el bar para avisar a Alberto. Salimos, pero ya no están. Le pido el móvil para avisar a su hermana (el móvil es una botella pequeña con dos dedos de líquido color caramelo). Por más que pongo mi huella, no se enciende. Empezamos a andar a ver si los vemos. Una señora me pregunta dónde he comprado el pendiente Haribo. Le digo que no me entretenga, y que además ella ya lleva unos iguales puestos. No son iguales, protesta, los míos son azules y el suyo rojo. Seguimos. Veo que delante van Garriga Vela y Blanca. Cada dos pasos se paran a reírse. Pienso que son capaces de mantener la complicidad después de tanto tiempo juntos. Garriga lleva un conjunto blanco y celeste de rayas que parece un pijama. ¡Oiga usted!, ¿dónde va con pijama por la calle? Se vuelven, se ríen. Blanca dice que ella le dijo lo mismo al salir de casa, que ella tiene un pijama igual. Les enseño la botella-móvil, les digo que no me reconoce la huella. Miran la botella con curiosidad y a mí con pena.

pantalones

miércoles, 30 septiembre 2026. Grupo grande de poetas. La sala se parece a la cocina de mi bisabuela. Pregunto en alto si alguien sabe si el poeta Pepe García se murió. Esta misma noche, dice alguien. Hace un año, dice otro. Llega Sonia con un pantalón ancho con sobre falda. Ahora es editora. Reparte su pliego. L pregunto si cuando haga el mío podré poner dos poemas por página. Un chico muy joven (mitad Guitarricadelafuente, mitad mi sobrino Abel) Lee los poemas en alto. Lees igual que Cumpian, le digo y aparece Cumpián (pasa de largo con una copa de vino, me sonríe y desaparece). De repente estamos en un pasillo, nos ha convocado Uberto. Todos están sentados a ambos lados y llevan algo en la mano (no sé si es una vela). Llego tarde, me siento frente a Alberto, se levantan. De repente estoy sentada a una mesa enorme, en la que hay hasta paella, lista para desayunar. Llega Uberto y me enseña una videollamada de Gema haciendo flexiones. Saca otro móvil y le hace fotos.
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Llego a casa. Mi hermana está en la terraza con su amiga Charo, dice que han quedado para comer con mis tías. La terraza está completamente llena de muebles viejos. No sé cómo han llegado allí. Intento llegar al fondo para recoger la ropa tendida. De repente mi hermana dice que acaban de llamar, que ya no comen. Se va con su amiga. Me fijo en que lleva mi pantalón celeste puesto. Pienso que le queda mejor que a mí.

dedo

lunes, 28 septiembre 2026. Estoy en una sala enorme donde, se supone, habrá una lectura de poemas. Alguien viene por detrás y me cuela algo entre el ojo derecho y las gafas. Cuando lo saco es un dedo momificado. El poeta que me lo ha metido me lo quita de la mano, me mira con rencor, como si yo tuviera la culpa de que lo hubiera perdido. Dice que tiene una enfermedad. No sé si ha dicho que se le momifica el cuerpo si le da el sol o si no le da (no me intereso por el tema). Al cabo de un rato, veo a mi madre meterse algo en la boca. Es el dedo momificado. Le digo que puede infectarse. Se ríe, dice que no le da miedo nada.

de secano

sábado, 26 septiembre 2026. Sora está sentada en la arena delante de mí, hace que rema, como si fuera en una canoa.

medallón

viernes, 25 septiembre 2026. Estoy con un grupo de personas que no conozco, se supone que una de ellas ha venido a dar una charla sobre temas frikis (se parece al Capitán Chándal de la serie Big Bang Theory). En la acera de enfrente hay otro grupo. Intento llevar las dos conversaciones a la vez. Le digo al Capitán Chándal que, en la acera de enfrente se preguntan cómo puede saber más de sus madres que ellos mismos. Alguien pregunta la hora. Mi reloj se ha parado. Le digo que no se preocupen, que llevo dos más en el bolso. Uno es de bolsillo y se ha roto. En el otro las manecillas se mueven hacia atrás. Ya que estoy aquí al lado voy a llevarlo a Heredia, les digo y protestan. Al pasar por delante de una casa con jardín, el dueño nos saluda. Hola, me llamo Miguel, dice. Le digo a los amigos (Jurdi y Marcos) que me parece bonito que alguien te salude diciendo su nombre. Se crea un debate en la acera. Nadie está de acuerdo. Estoy cansada (y harta del grupo). Me acerco a Javi, le pregunto si sigue en pie la comida. Dice que no sabe si podrá. Me da mucha pena, porque me apetecía hablar con él. Elisa, desde un medallón que llevo al cuello, me pregunta qué comida. Una chica que va detrás de mí también pregunta. Giro el medallón. Te presento a mi prima Elisa, le digo. La chica de repente cae al suelo como si fuera un globo y se desinflara. Después rueda hacia abajo. Temo que se abra la cabeza, corro tras ella, la levantó y meto en una habitación donde hay una camilla. Una enfermera me da un neceser con cortaúñas y pinzas. No sé qué hacer con él. La chica recobra su ser y dice que la deje en paz. Encima que te he salvado la vida... me quejo. De repente estoy en un ascensor. Quiero volver con el grupo y, sobre todo, convencer a Javi de que comamos juntos. El ascensor no cierra las puertas. El grupo se va andando. Por fin cierra, pero se desplaza horizontalmente como si fuera un tren. Al abrirse, estoy en el otro extremo de una estación y no sé dónde está el grupo.

cala reona

miércoles, 23 septiembre 2026. Estamos en Cala Reona. Alberto dice que no puedo perderme los bancos de peces. Subo a una silla blanca de terraza que hay en la orilla. Me pongo las gafas de bucear. Las patas de la silla empiezan a crecer hasta que estoy a unos diez metros del agua. Pienso que como no cubre, si me tiró de cabeza me mato. Le digo a Alberto que quiero bajar. Insiste en que es un espectáculo maravilloso. Le pido, por favor, que me ayude. Alberto empieza a cortar las patas a la silla.

toro de plástico

lunes, 21 septiembre 2016. Amistades peligrosas esta grabando un vídeo en el puerto. La cámara está al ras del suelo. Bailan y cantan hacia la cámara, se agachan y a ella se le sube la falda. Se quedan quietos en esa postura. Pienso que si es a propósito es de muy mal gusto.
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Concierto retro de canciones de los 80 en un local pequeño. Un tipo, en primera fila, me cuenta que ya consiguió al tailandés en el puerto. No sé si se refiere a que lo ha matado. Mientras me lo cuenta, la sala s es transforma en el puerto y aparecen unos hombres cubiertos de abejas de la cabeza a los pies.
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Estoy sentada en el bordillo de una plaza de toros con los pies sobre el albero. Sale un toro de plástico enorme . Viene hacia mí. Levanto los pies y lo golpeo en el morro. No sirve de nada.
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Javi me cruza la plaza del Hospital Noble en brazos esquivando a los coches.  Nos reímos. Cuando me deja en la acera pienso, qué suerte tengo.
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Alberto aparece con una chica de la mano. Lleva a su bebé en brazos. Al despedirse, golpea la cabeza de la niña tres veces en el alféizar de una ventana. La madre llora. Alberto dice que no le pide perdón porque no se arrepiente de nada, que lo ha hecho por su bien.
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Mi tía P me manda a arreglar unos papeles. Quiere poner la cuenta del banco solo a su nombre. Les digo que es imposible porque si marido está vivo (en la vida real los dos están muertos). Dice que vaya al banco indio que hay en Capuchinos. Cuando llego, el banco es un restaurante indio y además esta cerrado. La llamo y se lo digo. Dice que no se me ocurra volver sin haberlo resuelto. Entro en una copistería. Un tipo imprime fotos. Pienso en cómo convencerlo para que me solucione lo del banco.

mecano

domingo, 20 septiembre 2026. Tengo delante una especie de mecano, piezas pequeñas del tamaño de una caja de cerillas. Se supone que es mi padre y no está terminado. Debo ir pegando a cada pieza una lamina de plástico transparente de color rojo. A veces se me escapan de los dedos y le pido disculpas. Perdón, papá, aguanta un poco que me quedan muy pocas, no te duele, ¿verdad?

montículo

jueves, 17 septiembre 2026. Estoy en la cornisa de un edifico de ladrillo rojo. Intento volver sobre mis pasos, pero no sé cómo he llegado hasta allí. En la azotea hay un ascensor muy antiguo. Dudo que funcione. Abro, los botones son diminutos y no tienen números. Pulso el que queda más abajo. En ese momento llegan tres personas y me dicen que esa planta ya no existe. Pulsan otro botón. Llegamos directamente a la calle, a un polígono con naves. Las personas que iban conmigo echan a correr, huyen de algo, corro detrás de ellas. Entran en un descampado vallado y de repente se hace de noche. Se tiran sobre un montículo de tierra muy oscura y desaparecen. Corro hacia el lado porque supongo que va a llegar alguien. Así es, unos tipos se suben al montículo y lo revuelven con palos. No dan con ellos, se marchan. Yo también me voy. Miro hacia atrás y veo brillar algunas partículas. Pienso que se han convertido en tierra.

azotea

sábado, 12 septiembre 2026. Subo con Elisa a una azotea que se parece a la de Rosamari (una compañera del colegio). Me enseña la ropa que ha tendido en la acera y en los muertes de la casa de enfrente. Hay, sobre todo, camisetas interiores de mi padre.

bus

jueves, 10 septiembre 2026. Llego por los pelos al bus. Una vez dentro, me doy cuenta que es el que me lleva a casa de mis padres. Me bajo en marcha. En la parada, me doy cuenta de que no llevo las llaves ni la cartera. Pienso que tenía que haber seguido en el bus, ir a casa de mis padres a por la llave que les dejé para casos así. Veo cómo el bus se va. Dentro hay un chico con sus hijas, se parece a Oeste. Le hago señas pero no me ve. Una pareja me pregunta si estoy bien. Les cuento lo que me ha pasado y, temiendo que les pida dinero, desaparecen. Sobre una tapia hay un gato pequeño igual al que envió Abel desde Cazorla. Siento una soledad inmensa.

hoja de cálculo

miércoles, 9 septiembre 2026. Elisa tiene delante un ordenador enorme. Me pregunta datos sobre mi padre y sobre mí para hacernos un estudio, dice. Le digo que mi padre murió y a mí no me interesa saber nada sobre mi salud, que lo deje estar. Pero ella, con el ceño fruncido, sigue tecleando.

agazapada

martes, 8 septiembre 2026. Estoy en casa de mis padres. Llaman al timbre y cuando oigo que es Sr. Chinarro corro a esconderme en mi cuarto. Mi cuarto (en el sueño) tiene un ventanuco junto a la puerta y puedo ver lo que pasa fuera. Me agazapo en el suelo, en un rincón, para que no me vea. Pienso que sí me ve tendré que contarle que mi padre ha muerto y no quiero darle una noticia tan triste.

mochila

domingo, 6 septiembre 2026. Voy en el asiento trasero de un coche descapotable. A ratos conduce Elisa, a ratos Andrés. De repente aparece un muro de madera. Andrés da un volantazo, el coche gira y choca lateralmente. Cojo la mochila que llevo a los pies y salto del coche a la calle.

cerveza

martes, 1 septiembre 2026. Llego a una casa con la que he soñado ya varias veces. Es una casa blanca, tipo cubo, con un muro alto blanco, muy moderno todo. Se supone que voy a una fiesta. Cuando llegó, alguien me dice que coja la cerveza que quiera. Hay un expendedor de bricks con líquido gelatinoso. No sabe a cerveza. Pienso que cuando llegue Alberto tengo que advertirle que coja una cerveza de las normales.

padre menguante

domingo, 30 agosto 2026. Llego a la plaza del Obispo y veo a Caína con un chico. Pienso en si me saludará. Me llama la atención que esté exactamente igual de joven que cuando dejamos de vernos.
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Dejó a mi padre en el centro de la cama de matrimonio para que no se caiga por un lado ni por el otro. Voy un momento a la cocina porque me llama mi madre. Cuando vuelvo al dormitorio mi padre no está. Veo asomar su cabeza por uno de los laterales de la cama. Lo levanto con muchísima facilidad porque no pesa nada. Cuando lo tengo en brazos se va haciendo más y más pequeño. Le digo a mi hermana, ¿cómo puede tratarlo tan mal siendo tan pequeñito?

amenaza

sábado, 29 agosto 2026. Estoy en un restaurante con Alberto y Marcos. De repente deciden irse. Me levanto, pero antes de salir detrás de ellos cojo un vaso de agua e intento beberlo entero (yo, que nunca bebo agua).
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Salimos de un antro en un sótano. Alberto ha ido a buscar el coche. Yo me desplazo en vertical, como a un metro del suelo. Llevo un vestido de gasa, como si fuese un hada eterea.Un coche intenta salir del parking y lo ayudo con un baile extraño en el 
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Estoy en la terraza de casa de mis padres hablando tranquilamente con mi madre. Mi hermana llega corriendo y se sube a caballito en la baranda. Se desliza como si bajara por la barandilla de una escalera. Le grito que se baje inmediatamente y que si vuelve a hacerlo tiraré a su gata al vacío.

cuco

viernes, 28 agosto 2026. Voy con Daniel por calle Cristo, pasamos por delante del supermercado y le digo: Anoche soñé exactamente esto, que pasábamos por aquí como ahora. No me hace mucho 
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Hay mucho revuelo en la calle. Ha habido un accidente y hay un hombre debajo de un coche. Se supone que es el novio de Begoña. Pienso que debo contarle la situación, pero prefiero solucionarlo antes. Voy buscando una cuadrilla de hombres fuertes por los bares para que me ayuden a levantar el coche. Cuando ya lo hemos levantado y sacado al novio, voy a contárselo. Llamo a una ventana que hay en una entreplanta. Ella asoma la cabeza como si fuera un reloj de cuco. Le digo que no se preocupe por nada, que su novio ya está a salvo.

de luto

lunes, 24 agosto 2026. Llegamos a un restaurante. Está vacío, no hay adornos, todo es color mantequilla. Me gusta. Nos sentamos en una mesa para dos pegada a la entrada de la cocina. Una pareja de nuestra edad se sienta lejos de nosotros. Son los dueños, le digo a Alberto. Miramos la carta. Cada plato es una sola palabra. Nadie nos 
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Llego a un hotel con una señora vestida de luto. Subimos a la habitación. La señora se convierte en Alberto. Dice que hoy no saldremos, que va a darse un baño. El baño tiene puertas correderas de cristal translúcido verde. Alberto, con un albornoz blanco, me hace señas para que vaya y yo respondo con el baile del cangrejo de Antonio Recio. El cuarto de baño es más grande que la habitación, tiene un montón de albornoces colgados de una barra de madera pegada al techo. Por el ventanal se ve un bosque. Alberto lleva un albornoz verde oscuro. Decido no usar ninguno para que no tengan que lavar de más. Antes de meterme en la bañera intento bajarle el volumen al móvil, pero la pantalla está rota.

rpe

domingo, 23 agosto 2026. Estoy cenando con varias personas que no conozco. Hablan de que están de moda los aforismos. Le digo al tipo que tengoa mi lado que se presente al premio que organiza la Fundación Rafael Pérez Estrada. Me fijo, y es el propio Rafael el que esta sentado a mi lado.

ciclo de vida

sábado, 22 agosto 2026. Llego a una casa muy moderna. Tiene un jardín sobrio, futurista. Se supone que es el piso de los tíos de Alberto que lo han transformado en casa. El nuevo dueño quiere enseñármelo, pero no pasamos del pasillo. Por dentro todo parece más cutre, con paredes de chapón. En un dormitorio  con las pareces encaladas (parece de pueblo) hay una cama de hierro negro. En la pared han escrito a lápiz DORMIR ENSUCIAR DESCANSAR (en mayúsculas y con mala letra). Pregunto qué significa. Es lo que hicieron durante su vida, me responde una chica algo alterada. Solo deseo largarme de allí.

pan

sábado, 15 agosto 2026. Entro con Cristina y Marta en un local oscuro. Vamos buscando algo habitación tras habitación. Llevamos migas de pan en las manos, tememos que se nos caigan.