frisbee

martes, 7 diciembre 2021. Estamos en una sala que se parece al antiguo ateneo. Alberto está sentado detrás de mí. Hay muchas chicas con libros, quizá esperando a que el ponente se los firme. El ponente es un tipo sin personalidad, muy redicho, que comienza a criticar a los que meten en sus libros descripciones del atardecer. En ese momento varias chicas se levantan y se van muy ofendidas. Cambia de tema, habla de que tiene un ombligo tipo orzuelo. Lo describe. Dice que es como un mochuelo sonriente. Levanto la mano, le explico que un orzuelo es algo que sale en los ojos, que supura. El tipo se queda en blanco. Otro grupo de chicas sale de la sala, tiran con desprecio los libros del ponente al suelo. Alberto y yo bromeamos, le digo: ¿Y si levanto la mano y le digo que quiero ver al mochuelo? Alberto se ríe. Un chico muy joven le pide que le firme un ejemplar para su padre. Cuando lee la dedicatoria le grita, le dice que ha puesto madre, en vez de padre, levanta el puño para pegarle. Los separo, le digo al chico que lo deje, que se vaya a casa. El tipo casi llora, coge sus cosas y sale corriendo escaleras abajo. Lo sigo. Por el camino va dejando caer libros y un frisbee rojo con su foto. Dejo los libros, cojo el frisbee de recuerdo.
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Me cruzo con Salud por la calle. Está muy delgada. Pareces un figurín, le dio. Nos vemos luego, dice. Después, en su casa, frío unas patatas en un cuenco pequeño sobre la mesa. Llega Paul y coge una directamente del aceite hirviendo. Te vas a quemar, le advierto. Hace gestos de que están ardiendo, pero se las come. Siguen sabiendo a motor de coche, dice.

la tercera edad

domingo, 5 diciembre 2021. Un señor mayor, al que se supone que conocemos y con el que hemos pasado unos días, vuelve a su casa. Alberto saca de una especie de guillotina de imprenta una plancha de turrón de Jijona y le corta dos tabletas. También le da tres prendas de ropa de abrigo dobladas (se supone que son para algún familiar que tienen en común). En el sueño consta que ese señor se fue muy joven a buscarse la vida y le ha ido muy bien. Nos despedimos. Le digo que si algún día decido dejarlo todo ya sé dónde iré. Ahí o a la nada, la digo.
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Estoy ordenando la habitación de mi hermana. Voy sacando ropa sucia que hay en el suelo y la voy acumulando delante de la puerta del baño. Del baño comienza a salir agua y la ropa se moja. Oigo a mi padre levantarse de la cama, temo que se resbale y voy a su encuentro. Le doy los buenos días y un beso, le pregunto qué tal ha dormido. Me dice que ya sabe por que cuando le doy un beso no son de verdad. Siempre te doy besos de abuela, le digo, mira, así (y le doy varios besos seguidos y sonoros.

recortes

viernes, 3 diciembre 2021. Llegan ángeles y Emilio porque habíamos quedado para comer en c asa. Se me había olvidado. No tengo preparado nada, ni siquiera tengo bebidas para entretenerlos mientras improviso algo, pienso. Mientras lo pienso, en vez de ponerme en marcha, sigo en pie en la cocina haciendo poemas con recortes.

tormentas

jueves, 2 diciembre 2021. Estoy con la espalda pegada a un centro comercial como si estuviera esperando a alguien. En la acera de enfrente creo reconocer a alguien. Me acerco y al cruzar la calle tropiezo con mis tías. Están tumbadas en el asfalto. Me saludan con naturalidad. Cuando me ven saludar al conocido (no recuerdo quién era) se dan un codazo y mi tía Mari saca del bolso unas fotos de sus últimos cuadros (eso dice). Me sorprende que no me dijera que había vuelto a pintar. Los cuadros son impresionantes, me recuerdan a Turner, pero en salvaje. Tormentas en las que sólo se intuyen, en cada una, un barco.

un galgo

martes, 23 noviembre 2021. Un galgo que se me acerca. Recuerdo que vi en un vídeo a varios perros que, al darles un beso, pegaban su cabeza al dueño. Le doy un beso y efectivamente pega su cabeza a la mía. Pienso si pasará con todo. Comienzo a darle besos a una cuchara, un plato y hasta una linterna enorme y pesada que tiene mi padre sobre la mesa. Todo se me queda pegado a la cara.

andador

viernes, 19 noviembre 2021. Estoy sentada en el sitio del sofá donde suele sentarse mi padre. Él, que dice que es incapaz de sostenerse sin andador, camina de un lado al otro del salón. No sé si decirle, ¡ves cómo puedes!. Aunque quizá darse cuenta de que puede le animaría, no le digo nada porque quizá reaccione mal y se caiga.

brazos de chicle

jueves, 18 noviembre 2021. Llego en un bus con aspecto de teleférico a lo alto de un monte. Oigo decir a un pasajero que le han dicho que por allí hay una librería con terraza y bar. Le digo que es justo el edificio que tenemos a la izquierda, que hay muy buenas vistas. Nos bajamos. Entro en una sala de exposiciones. Me recibe Oeste. Me abraza, se alegra mucho de verme. Una guía nos va explicando cada pieza. Hay cuadros y objetos personales de Paul Klee. Sobre una mesita hay unas tiras de papel con algo escrito. Reconozco la letra de Klee. Son originales, me dice la guía. Me extraña que las tengan así, para que todo el mundo las toque. Las huelo, las dejo en su sitio. No sabía que te gustara Klee, le digo a Oeste que mira el reloj en ese momento. Me fijo en lo tarde que es. Oeste me acompaña a la salida. Me coge de la mano y tira de mí. Corre, que todavía llegas al bus de vuelta. No se fija en que hay un escalón y cae. El escalón es una caída de al menos cinco metros. Lo sujeto colgado de mi dedo índice que he doblado en forma de gancho. Me tumbo en el suelo y estiro el brazo como si fuera de chicle para que al soltarse esté lo más cerca posible el sueño. Consigo que sólo esté a medio metro. Cae de pie. Ahora déjame pensar cómo te saco de ahí, le digo.

manos frías

lunes, 15 noviembre 2021. Salón de actos totalmente lleno. Todavía no se han encendido las luces. Salgo sin hacer ruido. Veo a Oeste sentado en el extremo de una de las filas. Al pasar a su lado me agacho a saludarlo. Me da la mano. La tiene helada. Se la cojo entre las mías. Al salir, me espera una sala que a ratos parece una catedral que han convertido en sala de exposiciones. Se supone que las fotos que hay expuestas son mías. Oeste se queja de que no les hayan dejado "filito blanco". Es verdad que resultan ahogadas. Le digo con un gesto que me da igual. En realidad quiero largarme de allí cuanto antes.

larvas

domingo, 14 noviembre 2021. Preparo un brazo de gitano en la cocina de la casa de mis padre. Andrés llega, toma un cuchillo de sierra enorme, lo corta por la mitad y el brazo de gitano se deshace. Está mal hecho, dice. Yo intento recomponerlo. Nada, se convierte en un charco de natillas. Comienzan a parecer larvas del tamaño de un dedo índice. Me da asco tocarlas. Andrés propone tomarlas con las pinzas de sacar el pan de la tostadora y tirarlas por el patio de luces. Eso hacemos.
sábado, 13 noviembre 2021. Voy de copiloto en un coche rojo. ¡Frena! Un tren pasa a toda velocidad delante de nuestras narices. Pasa dando una curva cerrada. Tan cerrada que se tumba pero sigue su camino en horizontal. Quiero volver a casa, pienso. Salgo del coche y camino. Son senderos de tierra. Llego a un pueblo. Me voy encontrando amigos y a todos les pregunto si pueden llevarme a casa. Mi prima Elisa dice que ella también se queda. Veo pasar a Alberto. Sube por un camino de tierra. ¿Me llevas a casa? Se vuelve con gesto enfadado. Sé que dice algo porque le veo mover los labios, pero ni oigo ni entiendo lo que dice. Después de un rato echándome la bronca le digo: Fin. Me doy la vuelta y bajo de nuevo al pueblo. Veo a Colin Firth en una esquina, sentado en el suelo sobre una toalla. ¿No estará mendigando?, pienso. Lleva bañador de palmeras y tiene heridas en las piernas. Pienso que se las hizo haciendo surf. Intenta consolarme. Todo se arreglará, dice. Yo niego con la cabeza. Dudo si sentarme con él sobre su toalla. Veo a Masip a lo lejos. Lleva el pelo con mechas verdes, pantalón corto y calcetines hasta la rodilla. Se le ve joven y feliz. Cuando me ve, se acerca sin decir nada y me pone un caramelo en la boca. Después cruza la calle bailando. Yo me quedo sentada en el escalón de un portal muy oscuro, viendo como se aleja.

dos pájaros y un gato

viernes, 12 noviembre 2021. Miro una foto pegada a un cartón (como las fotos antiguas). La foto es de mi cuarto (aunque no se parece en nada). Mirarla me da mucha tranquilidad. En la foto la ventana está abierta y entran dos pájaros que desaparecen al llegar a lo que se supone el tope de la foto. Así, en bucle.
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Vuelvo a casa. Llevo al erizo César en la mano. En los bajos del bloque han puesto un bar. Hay grandes colas para entrar. Todos son amigos de Pablo y van con trajes de chaqueta oscuros. También algunas chicas muy arregladas. Tropiezo con una de ellas que trata de quitarme a César. Si no lo sueltas te arrancaré la cabeza, le digo. La chica sigue luchando por él con una sonrisa odiosa. Se lo voy a contar a Pablo, le digo y lo suelta. Pepe me reconoce (hace años que no nos vemos) y dice que no he envejecido nada, que estoy guapa sin siquiera haberme pintado la raya del ojo (y mira a la chica odiosa que en ese momento me odia todavía más). Jamás me he pintado la raya del ojo, respondo. No mientas. Vivo aquí arriba, sube y registra mi casa: no encontrarás lápiz, ni maquillaje, ni nada de nada.
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Mi madre y yo salimos de casa. Oigo al gato de mi hermana quejarse desde dentro y le abro la puerta. Llamamos al ascensor. Oímos un ruido muy raro. Al abrir la puerta vemos que dentro hay cartones y manchas de pintura. Nos miramos. Le pregunto si es capaz de bajar siete pisos andando. Vamos allá, dice mi madre. Por el camino mi madre se ha convertido en Alberto. Llegamos a l a planta baja. para bajar al garaje (en mi bloque no hay), hay que saltar porque no hay escalera. El gato salta antes que yo. Oigo una queja muy leve. Cuando miro el gato es un muñeco de felpa rojo de unos siete centímetros. Lo pongo en la palma de mi mano y le digo: No te has hecho daño porque estás relleno de arroz. El gato responde con un Miau feliz. Alberto dice que no recuerda dónde tiene el coche. Nada más decirlo, ya estamos dentro. Yo, sentada en el asiento trasero y el gato en el lugar del copiloto.

rubio platino

martes, 9 noviembre 2021. Suena un móvil. Es el mío y está sobre la mesa del comedor de mis padres. Al sonar, aparece una foto de mi hermana con el pelo rubio platino, liso y muy largo, y una ropa que brilla. La veo entrar desde la terraza peinada y vestida igual que en la pantalla. Es para mí, dice. En ese momento recuerdo que le presté un momento mi móvil para que llamara, pero se ha hecho con él y le ha dado el número a todo el mundo. No le digo nada. Entro en la cocina. Me quejo a mis padres, lloro de rabia. Mis padres están descalzos y en pijama, comen algo en pie, con las manos. Parecen dos animales de zoo abandonados en comparación con el pelo y la ropa de mi hermana. La lavadora está en mitad de la cocina. Se ha roto, dice mi madre sin emoción alguna. Las lágrimas de rabia se transforman en tristeza y dolor.

en cuclillas

lunes, 8 noviembre 2021. Voy con Ángeles y Emilio. Ángeles se encuentra mal, quiere tomarse la tensión y entramos en un portal. Nos reciben una madre y una hija muy guapas. La hija está tumbada en el suelo. Se queja (sin mucha convicción) de que es fea y gorda. Mientras la madre la consuela, Ángeles de agacha y extiende el brazo para que le tome la tensión. En cuclillas no saldrá bien, pienso. Mientras, le cuento a la chica que yo siempre me quejé de ser gorda y, ahora, cuando miro fotos de joven veo lo delgada que estaba. La chica se levanta y me da las gracias. Nos vamos. Emilio dice que la madre estaba buenísima. Yo le digo: de liarme con alguien, me liaría con la hija.

heridas

domingo, 7 noviembre 2021. Mi padre llega muy arreglado, como cuando volvía del trabajo. Antes de saludar o decir algo, se remanga las dos perneras del pantalón y me enseña unas heridas que tiene en las espinillas. ¿Y esto qué?, ¿¡y esto qué!?, repite enfadado como si yo tuviera la culpa.

en formación

sábado, 6 noviembre 2021. Estoy con Manuel en un bar (aunque se supone que es su casa). Lo tiene casi todo empaquetado porque va a mudarse. Yo llevo a la espalda una bolsa-mochila de una tela muy ligera (parece de papel). La miro y recuerdo que esa bolsa sea mía. Me doy cuenta de que la bolsa tiene un desgarro y se ha salido lo que llevara. Pienso que llevaba botellas de vino, pero ni de eso estoy segura.
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Mi hermana tiene dos gatos. Uno está durmiendo enroscado sobre un sillón. El otro en el suelo, completamente aplastado, como si fuese una alfombra. Mi hermana sale desgreñada de su dormitorio. Le pregunto qué es eso y, al verlo, se desploma. La cojo en brazos y la llevo a su cuarto para ponerla en la cama, pero todo la habitación está llena de soldaditos de plástico colocados en formación. Temo tumbarlos.

el peso del oro

miércoles, 3 noviembre 2021. Hay un montón de chicas vestidas de fiesta. Ocupan varias calles de bares. Alguien me dice que han llegado de todo el país para buscar pareja. Hombres no veo. No comprendo que piensen que puedan gustar a nadie disfrazadas de princesas Disney. Entramos en un local desangelado. Niños y niñas leen textos malísimos. Una niña muy resuelta dice que prefiere hacerlo sin micrófono. Es buena. Quiero apuntar su nombre para leerla en un futuro. Una pareja se me acerca tímidamente, dicen que han visto todas mis películas. No sé de qué hablan. Salimos del local (en el suelo consta que estamos en alguna ciudad de Irlanda). Hay borrachos tirados por todas partes, como si hubiera habido una gran fiesta. Bajo un banco veo una moneda muy pequeña. Al cogerla, pesa demasiado. Lleva una cadena y varias esferas y cascabeles de oro. A la entrada del bar hay un tipo en camiseta de tirantes con muy mala pinta haciendo de portero. No me fío. Aparecen dos mujeres policías. Les digo en inglés que me he encontrado eso bajo un banco, allí, les señalo. Me dan las gracias sin convencimiento. Es oro, insisto, su dueño se alegrará de recuperarlo. Sonia se enfada porque lo he devuelto. Tú habrías hecho lo mismo, le digo. Intento hablar con mi madre por videollamada, pero responde mi tía. Le voy enseñando las calles por las que pasamos. Bajamos por una escalera de caracol oxidada. Abajo hay una especie de placita cerrada donde todos miran un carro también de hierro. El carro de Molly Malones, dice Míchel. No lo es, respondo. Quiero irme de allí, huele a orines. Una chica nos dice que cuidemos de su novio, que ella tiene que volver a España. El novio es Javier Bardem. Los dos llevan unos kimonos a juego. Es difícil tirar de él porque quiere entrar en todos los locales. Entramos en uno. Aunque parezca un bar es una casa. Sobre la mesa alguien ha colocado su almuerzo y una lata de cerveza. Bardem se come todo lo que hay en el plato. Alberto se bebe la cerveza. Sonia y Míchel esperan fuera avergonzados. Aparece la dueña de la casa con sus dos hijos (una señora enorme con delantal). Su hijo lleva un cuchillo japonés y la hija un rodillo de madera. Me río para adentros porque parecen de dibujos animados. Se queja en francés. Le respondo, también en francés, que mis amigos se han equivocado, que creían que era una restaurante. Me amenazan. Mientras, Alberto y Bardem están mirando los cuadros que hay por los pasillos de la casa, como si estuvieran en un museo. Cuando aparecen en el salón y reconocen a Bardem, la señora y su hijo se quedan de piedra y comienzan a hacer reverencias. la hija se desmaya. Aprovechamos para largarnos.

visita inesperada

martes, 2 noviembre 2021. Se supone que acabo de levantarme de la cama. Estoy en la casa de mis padres. Al llegar al salón veo a Lolita y a un tipo que, se supone, es su novio. ¿Ese ruido no será lluvia?, pregunto. Efectivamente está lloviendo y el novio ha bajado el toldo. No le digo nada, pero me sienta muy mal que toque cosas que no son suyas. Lo recojo para que no se moje. Algo habrá que cenar, dicen. Tengo que entretenerlos mientras preparo la cena. Veo un radiocasete antiguo (con una cinta dentro) y una tele portátil que parece de juguete. Le doy al play: Joan Margarit lee poemas. Enciendo la tele: un Metróplis con grupos de los años 80. ¿Preferís a Margarit o música? Música, dicen. Me llevo el radiocasete, les dejo la tele puesta y marcho a la cocina. Desde allí los oigo quejarse y reírse de mí, de la casa y de la música. Me entran ganas de echarlos a patadas (pero en ningún momento me pregunto qué hacen en la casa de mis padres). La cocina está desordenadísima. No encuentro nada. Abro cajones buscando platos y cubiertos pero todo está sucio. Encuentro jamón. Hay pan, pero está congelado. El novio entra en ese momento. Le digo que no encuentro los platos, que usaré los míos. Sobre la encimera están los platos Duralex verdes que suelo usar en casa. Le digo que se los lleve para quedarme sola y pensar qué más les puedo poner de cena.

la fiesta de la vagina

lunes, 1 noviembre 2021. Estoy en una habitación con una pared de cristal desde dónde puedo ver lo que pasa fuera, pero desde fuera no me pueden ver. Parece la terraza de un bar cerca de la playa donde hay dos o tres personas desayunando. Como sé que no pueden verme, abro las piernas y, con una linterna, ilumino mi vagina que se proyecta en el cristal como si fuera una pantalla. Dentro se ve una especie de película de dibujos animados que no son personajes sino formas que se mueven. Me río sola al pensar en que podría dejar de escribir y dedicarme solo a eso, a proyectar lo que sucede dentro de mí, vendérselo a un museo de arte moderno y llamarle "La fiesta de la vagina".

distraída

domingo 31 octubre 2021. No sé bien dónde estoy. Alguien me hace preguntas y yo voy respondiendo como bien puedo porque estoy distraída mirando por la ventana. Por la ventana veo Alberto correr en zig-zag en un cruce de carreteras como lo haría un conejo al que van a dispararle.

medias esferas

sábado, 30 octubre 2021. Camino por una calle sin asfaltar. Busco tierra prensada por la lluvia para no ensuciarme los zapatos. Me cruzo con gente vestida con sayos de lana en colores muy tristes. Miro a mi alrededor para comprobar si todo sucede en blanco y negro. No sucede en blanco y negro, solo es triste. Me doy la vuelta, mis amigos me esperan a las puertas de un restaurante. Les pregunto si han visto la zona antigua si no les parece demasiado medieval. Me miran extrañados. El camarero que nos recibe habla nuestro idioma. ¿Mesa para uno?, me pregunta. Somos siete, le digo. Qué bonito viajar con amigos dice sinceramente, con cierta nostalgia. Me pregunta si en mi país hace sol. En Málaga siempre es verano. Él suspira y me recuerda a Mario Virgilio Montañez. De repente alguien, con una cámara de fotos, dice que la lectura ya ha empezado. Se supone que debo leer. Le enseño a Salvatore un papel con cuadraditos de colores que parecen dibujados con acuarela. ¿Qué te parece? Niña, ¿esto qué es? Se titula "Homenaje a Klee". Salvatore me mira extrañado. Me empujan para que entre en la sala, no sé qué voy a leer. Las puertas de la sala son un laberinto de medias esferas blancas verticales que se van solapando según avanzo. No encuentro la salida, ya los oigo presentarme. No sé cómo llegar, no sé cómo salir de allí.

mar tirreno

jueves, 28 octubre 2021. Llegamos a unas gradas que dan al mar. Se supone que detrás de uno de los bloques hay una procesión que interesa a Alberto. Un chico camina sobre el mar. No entiendo cómo lo hace. Será que no es agua, que es un líquido newtoniano, pienso. Alberto sigue sus pasos pero se hunde. Debes caminar con fuerza y el líquido se volverás duro, le grito. Sale empapado del agua. Llega una familia, nos pregunta qué hacemos en su casa. Miro a mi alrededor: no hay gradas ni playa, hay muebles de casa de vacaciones. Les explico que Alberto quería ver una procesión. Se miran entre ellas, encienden un proyector y ponen una película de la dichosa procesión, pero Alberto prefiere marcharse. La dueña de la casa me da un bocadillo para el camino, dice. Les doy las gracias y sigo a Alberto. Aquí tienes tu casa, recuerda el nombre para poder volver (dice un nombre que no recuerdo, de una planta que empieza por A). Cuando salgo, vuelvo la vista y veo que en la fachada pone "Restaurante".

broches y celos

viernes, 22 octubre 2021. Voy con Salvatore por un sendero rodeado de árboles. Lleva una camiseta llena de broches. Me extraña porque él no es de adornos. Me recuerda a esos frigoríficos que la gente llena de imanes. Me pregunto si cada vez que lava la camiseta los quita y después vuelve a ponerlos, pero no le digo nada. Llegamos a una cascada. Abajo hay gente bañándose. Él sigue hablando y temo que se caiga. Ten cuidado, porque si tú te cae, yo me tiro detrás, le digo.
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Un chico muy joven me pregunta algo. Hablamos y nos reímos. Aparece su novia, se coloca ente nosotros dándome la espalda, me va empujando hasta que consigue sacarme a la calle. Aléjate de mi novio, dice. Le digo que debe aprender a medir. ¿no ves que podría ser su madre?; qué digo, ¡podría ser su abuela!

abono

jueves, 21 octubre 2021. Intento ordenar la que fue mi habitación en la casa de mis padres, pero el suelo está cubierto de abono. Huele fatal. Lo voy sacando en pequeños capachos que llevo a la cocina. En la cocina, mi padre se prepara el desayuno: filetes a la plancha con pimientos fritos. Me enseña satisfecho una bandeja con más de cien.

demasiados gatos

miércoles, 20 octubre 2021. Saco revistas de debajo de una mesa camilla que hay en el salón de mis padres. Intento ordenarlo todo, pero el sofá no tiene cojines y cada vez que muevo un mueble sale un gato. Tengo prisa porque unas vecinas de mi madre viene a merendar.

isla de arropía

martes, 19 octubre 2021. Tengo que dar una clase y todos mis alumnos están en fila a la orilla del mar. Quieren regalarme cosas. Una chica me ofrece una percha de un diseñador francés (por lo visto ha leído que yo quería una). Otro me trae una biografía del Rey Juan Carlos dedicado por el propio rey (aunque la letra parece de un niño de cinco años). Le digo que sintiéndolo mucho no puedo aceptar el libro porque sé que no lo voy a leer. El paisaje a nuestro alrededor es precioso: montes nevados, islas, y una isla de colores que parece de cartón piedra o arropía.
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Una señora al ir a cruzar la calle se cae de boca. La levanto, le pregunto si está bien y, antes de despedirnos, le doy un beso en la cabeza. Dos señoras que cruzan en sentido contrario me dicen: No la ayudes que es muy mala.
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Estoy en la cola de un supermercado con María Eloy-García. Cuando llega la hora de pagar, a la señora que hay delante de nosotras se le cae una caja de congelados al suelo. Se la doy. Dice de muy malos modos que no es suya, que la dejé en su sitio. Corro a dejarla en el congelador. Cuando vuelvo María ya no está. Pregunto si la han visto salir. Nadie sabe nada, me miran mal.

legionarios del universo

jueves, 14 octubre 2021. Entro en la habitación de mi hermana. Está tumbada sobre arena que hay sobre las sábanas. La levanto con una mano como si fuera un bolso y trato de quitar la arena. Se pone en pie y dice que tiene que tirar ciertas cosas porque su novio es muy celoso. Le digo que antes de casarse debería conocerlo más. Borra con un trapo mojado nombres que hay escritos en la pared.
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Parece un desfile de legionarios, pero llevan capas plateadas y unos cascos con antenas y cristales tallados de colores. Todos son muy bajitos. Le pregunto a una chica (viste igual que ellos) quiénes son. Son los elegidos, son los nuevos Legionarios del Universo y nos vamos a una misión espacial. Pienso que quizá los han elegido tan bajitos para que quepan todos en un cohete. Veo que Daniel está a mi lado. Me alegro mucho de verlo. Le pregunto cómo está. Bien, dice. Cómo estás de verdad, insisto. No sé de qué hablamos. Vemos pasar a tres legionarios disfrazados de triángulo (vemos sus tres pares de pies corriendo al unísono). Daniel y yo nos miramos y nos reímos. Apoyo la cabeza en su hombro. Me besa la frente.
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Oigo ruido en el descansillo. Miro por la mirilla. La vecina llega de la compra. Veo cómo el gato escapa de su casa. Abro para avisarla pero ya no están, ni ella ni el gato. El rellano está lleno de pelusas. Las barro con un cepillo sin palo.

uñas

miércoles, 13 octubre 2021. Me meto un dedo en el oído. Saco uñas (que no son mías) pintadas de blanco.
martes, 12 octubre 2021. Hay una fiesta desangelada en un parque que recuerda a los antiguos iconas. Las mesas y los bancos corridos son de tablas de madera muy toscas. El grupo con el que estoy (no son conocidos) ha colgado un globo enorme lleno de sangría (pero cuando la sirven sale gelatina). Aparece David González. Dice que necesita ayuda para hacer una mudanza. Entramos en su casa. Está muy deteriorada. Los muebles parecen quemados o roídos. Sacamos todo en bolsas. Cuando todo está fuera, nos damos cuenta de que David ha desaparecido. La fiesta continúa.

funeral y harina de garbanzos

lunes, 11 octubre 2021. Se supone que una chica ha muerto. El ataúd está en el centro de lo que parece un campo gigante de fútbol y en las gradas están sentados todos los alumnos de su colegio. Oeste y yo entramos los últimos. Él se sienta en el último asiento que queda libre en la última fila de las gradas. Veo a mi madre en el campo, junto a otras dos personas, empujando un trasto enorme que parece muy pesado. Lo hacen sin esfuerzo aparente. Pienso que la mueve el pundonor, pero por la noche le dolerá todo el cuerpo. Por los altavoces anuncian que ha llegado una profesora (no recuerdo el nombre) y todos aplauden. Más que un funeral parece una fiesta de fin de curso, pienso. La profesora lleva sobre la ropa una especie de traje-burbuja transparente con flores de plástico pegadas. Cuenta desde el campo anécdotas de la chica. No sé qué hago allí, pero no veo a Oeste para despedirme ni a mi madre.
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Busco recetas de tortilla de patatas veganas (en vez de llevar huevo, llevan harina de garbanzos). Como si la calle fuera una página web, pulso en distintas personas que me responden mecánicamente. Cada una me da una receta diferente. Veo a mi prima Elisa y su exnovio Paco. Se les ve muy felices. Paco está exactamente igual. Miro a Elisa sorprendida del buen rollo que parecen tener y sin que yo le pregunte nada, dice: Es que yo lo quiero mucho. Ríen como tontos. Todo me parece muy extraño.

mancha

domingo 10 octubre 2021. Buscamos un bar donde hemos quedado con unos amigos (aunque no conozco a nadie). Llevo una lata cuadrada llena de ostras que me ha enviado Carmen. Les digo que les va a gustar la sorpresa. Llegamos al bar. Está en una cuesta. Dentro hay una escalera de caracol por la que es imposible subir. Les dejo la lata sobre la mesa y les digo que se coman las ostras, que a mí me dan mucho asco. Me alejo del grupo para ir a buscar a alguien que se ha perdido. Un chico se acerca e intenta robarle el bolso a una de las chicas. Es un bolso enorme azul. La chica se lo da. El bolso está vacío y el chico protesta. le digo que se siente con nosotros a comer. De repente ya no estamos en el bar, estamos sentados en el suelo sobre una manta. El chico actúa como un loco, me da mucha pena. Dice que se va, todos se despiden. El chico me abraza. Noto los huesos de su espalda.
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Huyo de alguien. Corro por lo que parecen los pasillos de una casa abandonada. Llego a una habitación con dos puertas y me escondo detrás de una de ellas. Sé que no tengo escapatoria.
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Me pican las piernas. Sobre las espinillas tengo una mancha marrón. Me voy subiendo el vestido y veo que la costra me llega hasta el pecho. Se la enseño a Alberto que se tapa la cara con las dos manos y grita.