lunes, 28 septiembre 2026. Estoy en una sala enorme donde, se supone, habrá una lectura de poemas. Alguien viene por detrás y me cuela algo entre el ojo derecho y las gafas. Cuando lo saco es un dedo momificado. El poeta que me lo ha metido me lo quita de la mano, me mira con rencor, como si yo tuviera la culpa de que lo hubiera perdido. Dice que tiene una enfermedad. No sé si ha dicho que se le momifica el cuerpo si le da el sol o si no le da (no me intereso por el tema). Al cabo de un rato, veo a mi madre meterse algo en la boca. Es el dedo momificado. Le digo que puede infectarse. Se ríe, dice que no le da miedo nada.
medallón
cala reona
toro de plástico
mecano
montículo
azotea
sábado, 12 septiembre 2026. Subo con Elisa a una azotea que se parece a la de Rosamari (una compañera del colegio). Me enseña la ropa que ha tendido en la acera y en los muertes de la casa de enfrente. Hay, sobre todo, camisetas interiores de mi padre.
bus
hoja de cálculo
agazapada
martes, 8 septiembre 2026. Estoy en casa de mis padres. Llaman al timbre y cuando oigo que es Sr. Chinarro corro a esconderme en mi cuarto. Mi cuarto (en el sueño) tiene un ventanuco junto a la puerta y puedo ver lo que pasa fuera. Me agazapo en el suelo, en un rincón, para que no me vea. Pienso que sí me ve tendré que contarle que mi padre ha muerto y no quiero darle una noticia tan triste.
mochila
domingo, 6 septiembre 2026. Voy en el asiento trasero de un coche descapotable. A ratos conduce Elisa, a ratos Andrés. De repente aparece un muro de madera. Andrés da un volantazo, el coche gira y choca lateralmente. Cojo la mochila que llevo a los pies y salto del coche a la calle.
cerveza
padre menguante
amenaza
cuco
de luto
rpe
ciclo de vida
pan
homenajes
ese culito
martes, 11 agosto 2026. Le digo a Salvatore si se ha fijado en cuánto ha adelgazado Emilio. Emilio va delante y le miramos el culo. ¡Qué bien le queda el pantalón!, decimos a la vez.
corleone
parís
gris
diecisiete
bolso y taxi
de mochila
tormenta
miércoles, 22 julio 2026. Estamos de viaje. La ciudad tiene pasarelas por encima de un río enorme, que a ratos parece el mar (en otros sueños se suponía que esto era Brasil, ahora parece un país nórdico). Vamos con Agustín. Solo tenemos dos días. Les digo que podemos hacerlo cada fin de semana, para ir viendo el mundo entero. De repente estamos en el hotel, es de madrugada y hay tanto silencio que me llama la atención. Corro la cortina, tormenta enorme pero no se oye ni una gota. Pienso que hay doble cristalera. Al darme la vuelta, mi padre está tumbado en una cama de matrimonio, dice que no se puede mover y que quiere levantarse, que ya es su hora. Le digo que es de madrugada, qué siga durmiendo, pero insiste en que lo levante. Me pregunto cómo ha llegado hasta allí.