el teleférico

domingo, 25 julio 2021. Estoy en una especie de parque de atracciones. Voy con una pareja y una niña pequeña. Tienen prisa, subimos a una cabina de teleférico. La madre de la niña (supongo que es la madre), dice que quiere hacerse un selfie y abre la puerta cuando ya estamos en el aire. Le pide a su pareja que se acerque, la abrace, la bese, mientras sigue haciendo fotos. Están recolgados de la puerta, en el aire. Él se pone sobre ella y hace como que le pega. Una operaria (muy parecida a Amatista de la serie "Steven Universe") los ve, cree que él la está violando, para el teleférico y corre hacia nosotros. Saco la mitad del cuerpo de la cabina, agito los brazos, le digo que es una broma, que sólo están haciéndose fotos. La operaria llama por teléfono a alguien y saca una porra enorme mientras sigue avanzando hacia nosotros. Le enseño a la niña, como queriendo decir que es una familia, pero entiende que pido socorro. Le digo a la pareja que huyan. Él dice que sabe cómo arreglarlo, que huya yo con la niña. Esto es un (dice dos palabras que no entiendo). No creo que sobornarlos sea buena idea, le digo. Vete ya, dice. Me bajo con la niña. La niña se va parando en todos los puestos de la feria (se parece mucho a Amy, la niña de "La mujer pantera"). Quiero esa mascarilla, dice. Más que una mascarilla parece a la máscara de Iron man. ¿Cuánto cuesta? Después de pensarlo un poco, el chico dice: 10 euros. ¡Ni hablar!, le digo. Miro el puesto, es una heladería, pienso que sólo tienen la máscara de adorno y nos quieren timar. Tiro de la niña, la niña se aferra al mostrador, se enfada muchísimo y finalmente camina delante de mí. Pienso que es una malcriada. De repente estamos en casa. Le digo a la niña que se vaya a su cuarto castigada. Los muebles no están en su sitio, pero en el sueño parece que eso sea lo normal. Busco algo en un cajón y veo una especie de roca con un montón de escarabajos granates incrustados. Si los pongo al trasluz brillan. Noto que uno se mueve. ¡Están vivos!, grito. Alberto aparece, se lo enseño y los escarabajos saltan de la roca y corren por la casa. Alberto me mira con cara de pocos amigos pero no dice nada. ¿Qué hacemos?, le pregunto. ¿El agua de la ducha es la misma que después llega a la lavadora?, me pregunta. Supongo, respondo. Se me ha ocurrido una cosa, dice. Abre la puerta del baño y deja en el suelo la ropa sucia. Supongo que quiere que me duche y lave la ropa a la vez. El agua empieza a inundar el cuarto de baño. Hago una bola con toda la ropa y la golpeo como antiguamente hacían las lavanderas. Alguien abre la puerta, es una vecina. ¡Qué estoy desnuda!, le digo. Ni caso, se pone a contarme cosas, de fondo oigo hablar a sus padres y a otros vecinos que van llegando. Me llama la atención que el agua que ya me llega a las rodillas no salga del cuarto de baño al pasillo como si la contuviera un muro invisible.

el congreso

miércoles, 21 julio 2021. Se supone que Carmen y yo hemos ido a un congreso como acompañantes de Alberto. En el sueño Carmen tenía, además de sus dos hijas, un hijo de unos catorce años. Un rato antes había hablado con él. Se quejaba de que su madre lo cuidaba demasiado. Pues da gracias por tener dos hermanas y así sus cuidados se reparten; y da gracias también por que alguien se preocupe por ti, le digo. Nos despedimos y (los mayores) nos sentamos a desayunar en una mesa preparada como para una boda. No conocemos a nadie aunque una pareja me suena. Pienso que estudiaron conmigo, que han envejecido mal, pero no les digo nada. Carmen y yo hablamos. A mi lado hay un tipo que se ha traído la almohada de su casa y la lleva bajo el brazo. Al cabo de un rato estamos en una habitación compartida. El chico de la almohada se lo ha dejado todo desordenado. Estiro las sábanas, doblo su ropa interior y se lo dejo todo sobre su cama. No sé cómo llevo aceitunas enormes entre las manos y se me caen. La puerta se abre y salen a las zonas comunes. Intento barrerlas, agruparlas, pero todos empiezan a pisarlas como si fueran niños que juegan. Sale tanto jugo que la habitación se inunda un palmo. Una chica camina de puntillas (lleva zapatillas de ballet) y dice que es buenísimo para la piel. Aprovechad, dice mientras baila, se agacha y se unta el aceite en los brazos. Cuanto más miro las aceitunas, más creo que son uvas, pero no digo nada. Volvemos a sentarnos a la mesa, ahora para almorzar. Me llama la atención que todos ocupan los mismos asientos que por la mañana (yo esperaba conocer gente más afín). Veo a Enrique a lo lejos. Lleva el móvil pegado a la oreja con un artilugio de plástico semitransparente que me parece útil y precioso.
+
Hay mucha gente en la calle. Una chica resbala y cae boca arriba. Un chico ve que va a caerle encima el café que otro lleva en un vaso de cartón, da un salto y se tumba sobre ella. El café le cae a él y le quema la espalda. La chica se enfada muchísimo, se levanta y le da un bofetón. Las calles están inundadas, el agua les llega hasta la cintura. La chica y su amiga se salpican, disfrutan del agua como si fueran niñas. Todo esto sucede a cámara lenta, como si estuviera viendo un vídeo musical cuando, de repente, todo vuelve a su velocidad normal. Mi madre está a mi lado y habla con mi hermana por teléfono. Lleva el manos libres. Oigo a mi hermana quejarse de que un compañero de clase no quiere acompañarla a casa. Se queja como si fuera una niña. Le digo a mi madre que le cuelgue, que se busque ella la vida, que no ha conseguido nada protegiéndola tanto. Fíjate, con cincuenta y un años y todavía en el instituto con problemas de adolescente, le digo. Mi madre ni me mira.
+
Estoy en casa. Veo por la ventana que ha empezado a llover, que el viento ha tumbado varias macetas y un vaso verde de Duralex rueda hacia el borde de la terraza. Corro a detenerlo para que no le caiga a nadie, pero la puerta de la terraza está cerrada con llave y la reja lleva un candado. Intento abrirla a toda prisa antes de que el vaso caiga.

el sarcófago

lunes, 19 julio 2021. Llegamos a una casa antigua. Por fuera parecía un palacio, pero por dentro está vacía, llena de escombros y sin techo. En una de las habitaciones hay un sarcófago. Nos sentamos uno a cada lado. Una chica lo abre. Yo vuelvo la cara muy rápido para no ver lo que hay dentro. Alberto mira. La chica le dice que, por mirar, le ha caído la maldición. La maldición consiste en no volver a dormir.

la rejilla

domingo, 18 julio 2021. Voy con una chica a una manifestación. Pasamos por unos servicios muy luminosos (se parecen a los del colegio). También hay oficinas a lo largo de un pasillo. Llegamos a una sala grande y blanca (todo es muy blanco y luminoso) se supone que ya estamos en la calle (aunque seguimos en el edificio) por donde debe pasar la manifestación. A un lado hay mesas de trabajo. Detrás de cada mesa una chica. En el sueño consta que es una reivindicación feminista. Cada chica ha hecho algo con sus pechos (unas desnudos, otras se los han pintado, otras han cortado las camisetas para que le asomen los pezones, etc). Llegamos tarde, dice la chica que va a mi lado. Llegamos a una explanada, delante de un barco enorme. De uno de los laterales cuelgan varias personas de tirantes metálicos casi invisibles. Se supone que harán una coreografía. Reconozco a una de las chicas, es la camarera que nos sirvió la cena (a Javi y a mí). Como en un flasback, recuerdo que le dijimos que podría venir con nosotros a viaje en septiembre. Al oírlo se relajó, y pasó de estar erguida y tratarnos de usted a sentarse a nuestro lado y tomarse nuestra sopa. La chica, ahora, está colgada del lateral del barco. Sus compañeros y compañeras ya bailan en el aire. Ella se tapa la cara con las dos manos y llora. Tiene miedo, pienso. De repente estoy con otra chica en un autocar. La chica le pregunta al conductor si puede conducir. El conductor deja el volante y se sienta a mi lado. La chica (que ya va al volante) le pregunta al conductor cómo nos conocimos. Dice que era el conductor del bus del colegio y me recogía todas las mañanas en mi parada, que era una niña muy buena, la única que le daba los buenos días. Yo no recuerdo nada de eso. La chica vuelve la cabeza todo el tiempo para hablar con el conductor. Me hago a la idea de que vamos a estrellarnos en cualquier momento.
+
Echo poco a poco una cazuela de atún al fregadero. Veo que la rejilla no está puesta., que la comida se va por la tubería. No sé qué esperaba. Me hecho a llorar. Todo me sale mal, digo mientras sollozo (me despierto llorando).

la visita

viernes, 16 julio 2021. Se supone que es la casa de Manuel aunque se parece mucho a mi casa. Hablamos. A ratos en el sofá, a ratos en el suelo. Va pasando el tiempo y pienso que debería llamar a casa para decir que llegaré tarde o no llegaré. De repente, es como si estuviera en el portal de Salitre, mi antigua casa. Tengo delante los buzones. Parece que espero a que llegue alguien para darle el recado, aunque en el fondo sé que solo es una visión y, aunque aparezca alguien, no podré decir nada.

el anillo del muerto

lunes, 12 julio 2021. Entro en una casa antigua con un gran patio. Ahora es un bar. Alguien dispara a un hombre con gabardina. Lo veo caer al agua, pero el agua está arriba, en el lugar del cielo. No sé si lo ha visto alguien más, incluso dudo de que sólo sea una película que están proyectando y por eso le resto baila, bebe o habla con otros. Un chico alto muy delgado se me pega, supongo que pretende ligar. Intento darle esquinazo, pero me sigue a todas partes. Desde detrás de uno de los muros del patio caen pegotes de cemento como si fuera granizo. Nos ponemos todos perdidos, pero nadie parece darse cuenta. Intento salir de la casa-bar. El chico me sigue. A la salida encontramos a unos supuestos policías que interrogan a todo el que entra o sale. Pienso que es por el muerto. El chico alto y delgado, al verlos, desaparece. Me preguntan qué me ha pasado. Les digo que junto a la casa hay un hospital en obras y se les ha debido de escapar la mezcla. ¿Qué llevas ahí?, dicen señalándome las manos. Mis manos están llenas de anillos que no son míos. Lo curioso es que sé de quién es cada uno. Nombro a cada persona (este de fulanita, este de menganita, etc). Hay uno que no sé de quién es. El anillo del muerto, pienso. Pienso que quizá el chico sea el asesino, pero no quiero delatarlo porque quizá el hombre de la gabardina merecía morir. Les digo que voy a intentar devolver todos los anillos. Vuelvo a la fiesta. El patio es ahora una sala chill out. Intento distinguir entre los grupos de chicas qué anillo es de quién. 
+
Le explico a un niño con dos pelotas de goma (de esas que rebotan muchísimo) cómo se podría viajar en el tiempo. Una de las pelotas es una esfera terrestre. Por fin voy a darle uso, le digo al niño muy contenta. Le explico que cuando la luz sale de una estrella y llega a la tierra, esa luz salió antes de que siquiera pudiéramos verla y que si fuéramos capaces del volver sobre esa línea de luz hacia atrás viajaríamos en el tiempo hasta el nacimiento de esa luz. El niño dice que eso no sirve para viajar de verdad. Le digo que es un viaje para las partículas de luz, no para las personas, pero que igual que se puede conseguir que una partícula de luz viaje, quizá en un futuro podrían viajar nuestras partículas. El niño parece desencantado. No tengo telescopio, dice al fin. A su lado hay un telescopio blanco muy grande, se lo señalo. No tengo terraza, dice. Ven a la mía, le digo. Me levanto porque me entran ganas de orinar. Todo eso sucede en el kiosco Los paragüitas, que no tiene servicio. Recuerdo que está cruzando la calle. Cruzo hacia el Málaga Palacio. Hay militares por la calle armados hasta los dientes. Me doy cuenta de que voy descalza. Intento no mirarlos a los ojos. Veo a una chica entrar en un portal. Llamo con los nudillos a la puerta de cristal. ¿Sabes dónde está el servicio de Los paragüitas? No, y ahora déjame hacer caca, dice y se mete debajo de la escalera. Camino unos metros y llego al que fue mi colegio (que en realidad está en otro lugar). Entro. Han modernizado los pasillos y las puertas, en cada una hay un número. Pienso que si alguien me pregunta le diré que estudié allí y que necesitaba urgentemente ir al "gavinet" (como le llamábamos entonces). Una chica sale de la puerta número tres. Veo que es un servicio y entro (como en todos los sueños, los cuartos de baños, servicios, etc, están siempre sucios y el suelo mojado). Como voy descalza, me da mucho asco y quiero salir de allí.

defensas

domingo, 11 julio 2021. Una mujer da de comer a su hijo. Entre cucharada y cucharada toma una especie de natilla muy espesa con el pulgar y se la mete en la boca. La miro sin decir nada. Ella me mira muy seria y me dice que es (no recuerdo la palabra). También me dice bajando la voz que le pone orina a las lentejas porque es muy buena para las defensas.

arcón

sábado, 10 julio 2021. Estoy en una especie de garaje con las paredes de cristal. Se supone que es mi casa. Alguien dice que la hora de comer. Un chico que parece chino dice que quiere comer pasta. ¿Otra vez?, pienso. Mientras busco unos pantalones en una especie de arcón, pienso en cómo convencerlo para ir a comer pescado. En el arcón no reconozco ninguna prenda que sea mía. Saco unos pantalones negros que, al ponérmelos, son unos vaqueros de campana desflecados y rotos por las rodillas.

biblioteca

miércoles, 7 julio 2021. Llego a una biblioteca que parece un vivero. Veo a Chivite en una de las mesas leyendo. Paso a su lado lo suficientemente despacio para que me vea. No sé si me ve. Los pasillos de la biblioteca y el jardín están llenos de gente. No se puede avanzar. Intento salir. Busco el pelo blanco de Chivite entre la multitud. Una chica me para, me entretiene preguntándome pamplinas. Pierdo de vista a Chivite.

cardado

sábado, 3 julio 2021. Busco a mi madre por General Ibáñez. La busco intuitivamente porque las calles están vacías. Entro en una casa que resulta ser una residencia de ancianos. Veo a mi madre sentada y sonriente. Una enfermera le pasa el cepillo por el pelo varias veces hasta quitarle el cardado. Mi madre sonríe todo el tiempo.

mecano

jueves, 1 julio 2021. Elena y yo acabamos de salir de una especie de librería. Salgo tosiendo porque había una señora fumando. Elena quiere volver para pegarle. Le cuento que una niña me ha dicho que de mayor quería ser muchas cosas pequeñas y me había enseñado como muestra de que era verdad un puñado de bolitas de anís de colores (en el sueño tenía sentido). Un chico pelirrojo que parece de un país del Este nos pregunta algo. Elena y él hablan. Yo miro un edificio donde han cambiado una de las platas por piezas de mecano. Alguien me explica que ahí vive una youtuber que da las noticias y el tiempo. A pesar de tal despliegue arquitectónico, saca dos cartones con números (como en los marcadores de fútbol antiguos) que marcan la temperatura. No comprendo nada. Vuelvo a la conversación con Elena. Hablan del precio de los libros. El chico pelirrojo dice que quince euros por libro no está mal. Opino que si costaran sólo cinco se venderían muchos más. El chico se despide al cabo de un rato. Ahora lleva una chaqueta que le queda grande. Visto desde lejos parece un señor antiguo, le digo a Elena. Justo eso, responde.

help

lunes, 28 junio 2021. Estoy delante de mi propia tumba. Sobre ella hay juguetes, joyas, relojes. Un tipo llega e intenta llevarse algo. Le digo que todo lo que hay ahí es mío. Voy a llevarme los muñecos para que no me los roben, le digo. Claro, que no te van a robar las joyas, dice y se ríe. Lo recojo casi todo y lo meto en el bolso. Claro, que el bolso no te lo pueden robar, dice ahora. Nos sentamos a hablar. Me cuenta que le gustaría ser manager de un cantante negro, pero no sabe cómo se hace. Extiende delante de mí un montón de lo que parecen estampas arrancadas de un álbum. Cojo una, llamo a alguien para convencerlo de que debe contratar al músico de la estampa. Me cuelgan. Pues tenías razón, no es fácil ser manager, le digo. Después decimos cada uno que canciones nos gustaría que sonaran en nuestro funeral. Coincidimos en casi todas. Le digo que la primera de debería sonar sería Help. Nos reímos.

peluca

domingo, 27 junio 2021. Mi abuela camina delante de mí como si fuera una jovencita. le digo que tenga cuidado. Echa a correr, se asoma a un precipicio y salta. La veo caer. En el momento de estrellarse contra las rocas pienso que es un muñeco de trapo al que han puesto una peluca.

psicodelia

viernes, 25 junio 2021. Especie de sueño psicodélico en el que yo era una mancha de colores que envolvía a Oeste. Sin música, sin sonido siquiera. Sólo imagen.

caída

lunes, 21 junio 2021. Estoy en la azotea de un edificio. Una chica salta de muro en muro. Mira hacia la calle. Ni se te ocurra, le digo. Pero la chica salta. Lleva un mono estilo Lady Bug pero de leopardo. Cae al vacío, patalea y antes de estrellarse se agarra a un muro. Bajo a toda velocidad por las escaleras. Me encuentro a varias niñas que salen en ese momento. Se supone que es un bloque recién construido y todas las familias acaban de mudarse, así que no sé cómo se han hecho amigas tan rápido. llegamos al sótano, hay sábanas tendidas. Vamos a jugar a redes y pescadores, dice una de las niñas.

amatista

miércoles, 16 junio 2021. Estoy al borde de una piscina muy rústica, hecha de obra. Se me cae una cuenta al fondo. El agua está muy fría y no sé si seré capaz de meterme para recuperarla. Deseo que la piscina se vacíe y se vacía. Cojo la cuenta y la meto en un zapato para no perderla.

venecia

lunes, 14 junio 2021. Subo a la primera planta de un restaurante por una escala pegada a la pared. El techo está muy bajo y hay que andar a gatas. Llego a una mesa enorme donde el dueño sirve hojas de parra rellenas y me pregunta de qué color prefiero el agua. Color agua, respondo pensando que se trata de agua para beber. Se ríe y señala a mi izquierda. Estamos al borde de lo que parece un canal de Venecia, pero con oleaje. El agua va cambiando de azul a verde.

caída

miércoles, 9 junio 2021. Estamos en la terraza planeando una excursión. Alberto dice que habrá que tener cuidado porque el camino está cubierto de nieve. Siento como la terraza da un frenazo y caigo hacia adelante por encima de la barandilla. Quedo colgada. Llamo a Alberto a gritos para que me agarre de los pies y tire de mí.

pelo de fibra óptica

martes, 8 junio 2021. Daniel tiene las puntas del pelo con luces rosas (como las lámparas de fibra óptica). Tú que eres médico, ¿cómo explicas esto?, le digo a Masip. Masip se levanta ceremoniosamente y, en vez de acercarse a mirarle el pelo, se pone a oler las flores de las macetas.
+
Estoy en algo parecido a un colegio mayor. Tengo prisa y no me he duchado. Busco una ducha, encuentro una junto a lo que parece la recepción. Nadie se fija en mí. La ducha es un tubo flexible (junto al inodoro) que sale de la pared. El agua sale a presión. Le paso un agua al inodoro que está bastante sucio. Cuando por fin voy a ducharme entra una pareja mirándolo todo, como quien mira un piso en alquiler. No reparan en que estoy duchándome.

lluvia de estrellas

lunes, 7 junio 2021. Se supone que estamos en la casa de mi abuela (aunque la casa no se parece en nada). Se hace de noche de repente. Aparecen estrellas fugaces, las constelaciones cambian de forma sincronizadamente, etc. Mi hermana es una niña y se acurruca entre mis brazos emocionada para ver el espectáculo sentadas sobre el césped del jardín. Cuando acaba me despido de mi abuela y mis tías. Le digo a mi hermana (que de repente es mayor) si se ha despedido. Ni caso. Pasamos por delante de un kiosco. Mi hermana dice que va a comprar unas cosas. Venden como souvenir un colgante con tu foto en una piedra. Mi hermana dice que comprará una para mi madre. Cuando la chica va a ponerse manos a la obra, le digo que no, que mi madre no querrá eso para nada, que no compre cosas inútiles, que ahorre. Mi hermana se enfada muchísimo, se tira la suelo, dice que le he llamado gorda, que no la dejo comer. Según lo dice va engordando cada vez más como la niña arándano de Charly y la fábrica de chocolate.

herencia

domingo, 6 junio 2021. Mi madre dice que la pasada noche pusieron en la tele un documental sobre Cantos donde contaba que había heredado dinero de un amigo que murió y había creado un canal de Youtube donde enseña a cocinar.

descarga eléctrica

sábado, 5 junio 2021. Voy en autobús. Se hace de noche de repente y el autobús se para junto a un paseo marítimo. Andrés aprovecha para gastar una broma: junta dos cables para que los que no lleven zapatos sientan una descarga (sólo yo llevo unas chanclas de goma). La descarga se descontrola y todos caen electrocutados. Cojo a Darío (su hijo, mi sobrino) en brazos y trato de tranquilizarlo. Pesa muy poco, noto sus huesos entre mis brazos. Voy a cuidarte siempre, le digo.
+
Un microbús avanza al borde de un acantilado. Aparca para que podamos tomar unas fotos. Sólo me he alejado un par de metros cuando se pone en marcha. Cuanto más corro hacia el bus, más lejos estoy. Camino hasta casa de mis tías (que nos e parece en anda a su verdadera casa). La veo cenar tranquilamente mientras ven la tele. Entro por una ventana y me siento a oscuras en el salón, para no molestar.
+
Al pasar por delante de lo que parece una atracción de feria, una señora me grita que tengo que devolver los ochenta mil dólares que pedí a Estados Unidos para nosequé tratamiento. No sé de lo que me habla. La gente que pasa a mi lado me mira con asco. Cuando, por fin, le digo (para quitármela de encima) que sí, que ya se lo devolveré, la veo reírse con un señor muy gordo detrás de la atracción. Ha picado, dicen, se abrazan y ríen.
+
Mi hermana es enorme, tiene la cabeza rapada y del tamaño de un melón gigante. Dice que le ha salido una mancha en el ombligo y que irá a una clínica de estética a borrársela. Le digo que a mí me salió una cuando tomé salvia y ahí sigue, que no vaya a gastar dinero para nada. Por su cara deduzco que ya se lo ha gastado.

lycra y pelo

viernes, 4 junio 2021. Laetitia Casta va a dar una lectura de poemas. Llega con su novio. Me parecen el horror (ella enfundada en mallas de lycra; él con chándal blanco y cadenas). El suelo de la sala está lleno de pelo. Barro todo lo deprisa que puedo. En un rincón está Cela escribiendo en un cuaderno. ¡No levantes polvo!, me dice.

sala blanca

lunes, 24 mayo 2021. Grupos de personas caminan por la calle como en la película El congreso. Mi madre me presenta a Yul Brynner. Mientras caminamos hablamos de que la manera de vivir el sexo es lo que diferencia a las sucesivas generaciones. Yo soy del 64, ¿de qué año eres tú? Tarda en responder, pienso en su coquetería. Del 54, dice al fin. Sé que, de estar vivo, sería mucho más mayor pero no digo nada. Seguimos caminando. Sonia se acerca, dice que un grupo de amigos de distintos países (por lo tanto hablan distintos idiomas, recalca) quieren ver una exposición sobre exploradores que hay en la Sala Blanca. Ya la he visto, son retratos a lápiz de exploradores muy mal hechos. Avanzo entre el grupo, que cada vez es más grande y cada vez más ordenado (en fila de ocho). Un tipo, al pasar por su lado, mete la mano por debajo de mi jersey y me rasca la espalda. Qué gustito, digo. Él, al notar que no llevo sujetador, la saca con asco. Lo ves, Yul, le digo mentalmente, este es de la generación fetichista. Veo a Blanco y Pacho entregando muestras de saliva en un kiosco. Es para volver, dicen, aquí te hacen la prueba gratis. Sigo avanzando hasta adelantarlos a todos, entro una sala donde se exponen huesos y restos de libros. En una caja hay marcapáginas. Cojo uno con fotos de casas para Francis y otro con forma de faro para Marqués. Entro en una sala vacía muy blanca. Hay huecos, me voy metiendo por cada uno, vuelven a llevarme al mismo sitio. Uno de ellos es un tubo por el que me dejo caer (de nuevo a esa sala). Me gusta tanto que me lanzo varias veces antes de que llegue todos. Cuando los oigo, salgo por un hueco que hay en el techo. Por aquí no podrán seguirme, pienso.

pequeño salto

domingo, 23 mayo 2021. Parece que volvemos de compras. Yo llevo una bolsa en cada mano. Alberto dice que todavía queda alguna compra más por hacer. Le digo que no puedo más, que lo espero en casa. Doy un pequeño salto y me elevo (quizá demasiado alto). Veo la ciudad desde arriba. Las bolsas me desestabilizan el vuelo. Se acercan unas nubes grises. No sé si seré capaz de sortearlas (falta de entrenamiento, pienso). Pienso si tirando las bolsas o parte de lo que contienen volaría mejor. Pienso que al solar lastre me levaría aún más y no es eso lo que quiero. No sé qué hacer. Pienso en Masip cuando dice que, si volara, volaría tan mal como vuelan los murciélagos.

lagarto y mantas

jueves, 13 mayo 2021. En la terraza de y madre hay una maceta muy rara. me acerco. Veo una especie de lagarto pequeño. Me parece que tiene la piel muy seca (la tierra sobre la que está, también). Le echo un poco de agua. El lagarto se vuelve enorme, parece una berenjena, y pone un huevo igual de enorme color barro. Mi hermana me distrae un momento contándome que su novio le debe dinero, y cuando vuelvo a mirar la maceta, el lagarto no está. La terraza se ha convertido en un dormitorio muy desordenado. Joan está durmiendo en un catre bajo muchas mantas. Lo despierto. El lagarto ha escapado, le digo, tenemos que irnos. Cojo las mantas y salimos. Pesan mucho, no puedo con ellas. Joan me ayuda. Vamos por la calle, no sabemos dónde. Decido deshacerme de las mantas. Joan me abraza. Ojalá vi vivieras más cerca, le digo.

pienso

martes, 11 mayo 2021. Estoy en lo que parece la consulta de un médico. Saca un tubito dorado del cajón y me lo mete por la nariz. Aquí no hay nada, dice. Después saca un saco enorme que parece de pienso (muy parecido a las semillas molidas de lino que me regaló Sonia) y dice que me lo tome cada ocho horas (no queda claro si el saco entero, una cucharada, etc). Como me parece que está loco, no pido explicaciones y me voy.

vacas, vaquerizo

lunes, 10 mayo 2021. Estoy en un salón enorme donde parece que se celebra una fiesta. Todo es muy blanco, paredes, manteles, la ropa de los invitados. Alguien dice que en unas mesas más allá acaba de sentarse Donatella Versace. Miro. Veo a una señora parecida a Dolly Parton junto a un hombre parecido a Allen Baldwin junto a alguien que se parece a Glenn Close. Sólo se parecen. Miro a mi alrededor y todos y cada uno se parecen a algún famoso de Hollywood. De repente estamos en una especie de cine de verano. Proyectan un documental, se supone, reivindicando el femimismo. Una chica dice que sus mejores genes muy masculinos. Me levanto y digo al público que eso es supermachista. El público me aplaude como loco. Un chico bajito me llama. Sin pensármelo lo sigo, agachada para no tapar la pantalla. Entramos en una habitación a oscuras. Caigo en la cuenta de que no sé dónde me he metido, que me ha podido el ímpetu del aplauso. Una chica y un chico vestidos de negro con la cara pintada de tigre hacen un baile a mi alrededor como si me atacaran. Les sigo el cuento y bailo con ellos un rato pensando que es una performance que proyectarán después (hay algunas cámaras en las paredes). Cuando me canso salgo sin que se den cuenta. Quiero ir al servicio, pero no sé dónde está. Le pregunto a un chico en silla de ruedas. Me dice que tengo que pagar y señala una lata sobre una mesa. Recuerdo que llevo siempre encima 50 céntimos para los carritos de supermercado. Voy a buscar mi bolso (está tirado en el alcorque de uno de los árboles que hay en la acera). Echo la moneda en la lata, vuelvo a preguntarle dónde están los servicios y el chico se ríe a carcajadas. Un señor de blanco me indica que los servicios están detrás. Me acompaña y muestra un tubo de tela (el viento hace que vuele sobre nuestras cabezas). No sé si todos están locos o me están tomando el pelo. No sé bien dónde voy. Veo a un chico paseando a su perro. Le digo que tenga cuidado, que debajo de ese coche hay una boa enorme. La boa sale convertida en una familia de tigres. Nos persiguen. A media persecución se transforman en vacas. Llegamos a una zona donde han colocado tubos con concertinas. El señor de blanco de antes coloca sobre ellas una barra metálica que hace que me deslice sin sufrir siquiera un rasguño. Las vacas quedaron atrapadas. Intento sacar una. La saco y me la llevo. La vaca es muy pesada, tengo que tirar de ella entre el tráfico. Entre los coches veo a Mario Vaquerizo. Mira lo que traigo, le digo. Él le acaricia el hocico que rezuma baba. No comas carne de vaca, por favor, le pido, acuérdate de los priones, ya nadie habla de ellos pero siguen ahí. Mario me mira muy sorprendido. Miro hacia la vaca y se ha convertido en una maleta. A la maleta le falta la tapa y mi ropa está al descubierto. Le pregunto a Mario la hora. Alberto estará ya en el hotel esperándome, pienso. Corro con la maleta abierta por la calle.

uñas de gato

domingo, 9 mayo 2021. Varias chicas se hacen una foto de grupo. Algunas tienen el pelo blanco. Todas son mucho más jóvenes que yo. Ahora que están de moda las canas debería dejar de teñirme, pienso. Mejor el próximo año, pienso. 
+
Estamos en lo que parece un supermercado, pero no tiene paredes ni techo, sólo frigoríficos tipo cofre abiertos. Dentro hay de todo, desde comida congelada a cables. Alberto mete en el carro un tubo flexible de veinte centímetros. Le pregunto para qué queremos eso. Para cambiar la ducha, dice. Lo acompaño como si fuera un niño pequeño para que lo devuelva. Ni necesitamos cambiar la ducha, si ese trocito de tubo nos serviría para nada, le digo muy dulcemente. Volvemos del brazo, sin comprar nada por el prado que es el supermercado. ¿Y si en vez de tréboles pusiéramos en casa uñas de gato? Le parece una idea extraordinaria, se pone contentísimo. Entramos, a la que se supone es nuestra casa, trepando por la terraza. Nos cuesta mucho porque mientras intentamos subir nos reímos a carcajadas.

abejas

sábado, 8 mayo 2021. Son las ocho y media y creo que he quedado con Antonio a las nueve para ir al cine. Intento llamarlo para preguntarle, pero no recuerdo su número. Hay un teléfono de baquelita en la pared del pasillo. Llamo a mi tía E. Le pregunto si sabe el número de Antonio. Me lo dice, e inmediatamente se pone a hablar de otra cosa. Mientras habla, desde ese mismo teléfono, llamo a Antonio, le pregunto a qué hora habíamos quedado. A las ocho, dice muy flojito. ¡Pero si son las ocho y media! Sí, estoy en el cine. Pienso que me está gastando una broma porque lo he llamado al fijo de casa de su madre. No digo nada. Él sigue hablando y voy quedándome dormida en pie, en el pasillo. Su voz se va convirtiendo en un zumbido de abejas.