cineclub

viernes, 6 febrero 2026. Voy por la calle hacia casa de mis padres. Para acortar camino entro en una panadería que tiene dos puertas. Está hasta arriba de gente. Intento abrirme paso pero me cuesta avanzar. Me doy cuenta de que delante de mí hay una caja de leche enorme que debo empujar con los pies si quiero salir. También entra gente por la puerta de salida, por ejemplo una señora enorme con un perro de lanas inmenso. Los esquivo como puedo y por fin salgo, aunque todavía llevo la caja de leche delante por la acera. La acera está mojada y cuesta mucho arrastrarla. Llego por fin al portal de enfrente de la casa de mis padres, pero llueve tanto que no puedo cruzar.
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Llego al patio de un edificio destartalado donde hay un cineclub. El organizador es Pepe. Sólo hay tres personas esperando. Él mismo dice que la película que ha elegido es malísima, pero que no tiene la culpa porque se la han recomendado. Alguien le dice que es buena, que incluso ganará algún Goya. Lo vivo todo como si no estuviera allí. Me gusta estar allí sin participar.

esquinas dobladas

miércoles, 4 febrero 2026. Estoy con un grupo de personas que no conozco en una casa que es la mezcla de la de mis padres y la mía. Hablan en grupos. Veo a Chivite y me acercó a enseñarle un libro que, se supone es suyo, tiene algunas esquinas dobladas y anotaciones al margen. Le digo que es curioso que yo tenga el mismo libro con las mismas esquinas señaladas. Se enfada muchísimo, dice que no tenía derecho a abrir ese libro, que era algo íntimo.

botellines

martes, 3 febrero 2026. Estoy en la sala de espera de una estación de autobuses. Llega Enrique con prisas, pone la cabeza en mi regazo. Casi no llego a la despedida, dice.
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Llego a casa, hay puertas donde no las hay. Intento esquivarlas porque se cierran y abren como si fuera un laberinto. Al entrar en la cocina veo más de cien botellines de cerveza sobre la encimera, el fregadero y hasta en el suelo. Todas están cerradas. Me asomo a la ventana. El descampado de las monjas está cubierto de hojas verdes muy brillantes. En el centro hay una bombona de butano tamaño XL

kiosco

lunes, 2 febrero 2026. Estoy detrás de un kiosco esperando a alguien. Estoy apoyada en un balón grande blanco. Llega una pareja. Él le propone ir a un sitio y ella niega con cara de asco. Él le dice que se vaya a casa si quiere. Ella se aleja. La veo de espaldas. tiene muy buen tipo y camina elegantemente. Él sonríe satisfecho y llama por teléfono. Vanessa, ya podemos quedar, dice. Lo miro fijamente, le digo que está muy feo que engañe una mujer tan guapa, qué si no quiere estar con ella se lo diga. Hace un gesto brusco, pienso que va a pegarme. Empujó el balón hacia él.

zócalo

domingo, 1 febrero 2026. Sonia va a presentar un libro de poemas en un bar. El bar está en la acera donde vivía mi tía R hace 60 años. Sonia lleva una falda del mismo color que la pintura del zócalo de la fachada. Te has mimetizado, le digo. Cuando llegamos al bar, Sonia se para antes de entrar y me pregunta: ¿Tú has presentado alguna vez un libro muerto?

timbre dulce

domingo, 25 enero 2026. Estoy esperando a los amigos de "news" en un sitio con aspecto retro-futurista (líneas curvas, moqueta hasta en paredes y techos). Suena un timbre y pienso que no me ha producido una punzada en el estómago como suele pasarme. Recorro un pasillo sinuoso hasta la puerta. Se supone que ha llegado Jota, pero aparece un señor bajito y calvo. Me abraza, se alegra mucho de verme. Me muestro igual de afectuosa. No le digo que no sé quién es.

collage

viernes, 23 enero 2026. Estoy con un grupo en la terraza de un bar (no conozco a nadie). Aparece una señora de mi edad y se sienta. Sonríe con el gesto de quien quiere que se le pregunte algo. Como nadie pregunta nada, abre los brazos y dice que está embarazada. Se toca la tripa satisfecha. No entiendo nada. Bien miente, bien es joven y parece de mi edad. De repente estamos en un comedor. Cenamos en una mesa larga de madera muy rústica. Sonia está a mi lado y Míchel frente a mí. Me levanto al servicio. En una habitación contigua hay unos collages muy bonitos con frases ingeniosas listas para enmarcar. Vuelvo a la mesa, le digo a Míchel que me encanta su nuevo trabajo, que será un éxito seguro. Sonia se enfada muchísimo, dice que no tenía derecho a mirar nada.

iguanas blancas

miércoles, 21 enero 2026. Tenemos que cruzar un puente colgante. Las tablas no son travesaños, están puestas al hilo de la marcha. Faltan muchas, hay que ir con mucho cuidado. Al llegar al final no hay nada, solo una cueva. Aparece detrás de mí un niño en bicicleta. Le digo que tenga cuidado, que las ruedas pueden entrar en los huecos de las tablas que faltan. El niño retrocede y desaparece en un segundo. Noto que algo me sube por la pierna. Es una especie de iguana blanca. Me la quito como puedo, pero aparecen más. Aunque Alberto intenta quitármelas no da abasto. (Me despierto gritando).
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Llegan unos libros que supuestamente he pedido (no recuerdo haber pedido nada y menos esos libros enormes con aspecto de tomos de enciclopedia). Ni siquiera me suena el autor. Al abrir uno, aparecen dos monedas de diez céntimos. En otro un kopek y, lo que parece, un molde para hacer insignias soviéticas. Se lo doy a Alberto. Andrés está a su lado y no muestra ningún interés (me extraña). De repente voy con mi madre hacia Pasillo del matadero. En vez de bolso lleva un molde pero para hacer insignias fascistas. Si lo llego a saber no te lo doy, le digo. Mi madre se ríe. ¿Qué más da?, dice. A nuestra derecha hay un túnel con ventanas por donde vemos gente haciendo footing. Me fijo en dos chicas, una morena y una rubia platino. La rubia va detrás. De repente acelera y pasa a la morena. Se miran, la morena se alegra y se ríen. Qué suerte tienen, pienso.
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Alberto dice que hay que deshacerse de muebles y libros. Por ejemplo, el armarito (mi armario de niña que traje de casa de mis padres). Para convencerme, dice que mire el techo, que se está combando y acabará cayéndonos encima. Pienso que si se comba el techo, lo que sobran son las antenas que hay sobre el edificio, no mis libros, pero no digo nada.

moqueta

martes, 20 enero 2026. Mi madre ha hecho obra en la terraza. La ha acristalado y puesto un catre. Dice que será mi nuevo cuarto. Como no me ve muy convencida, me anima diciendo que también le pondrá moqueta.
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Estoy en una habitación de hotel con mi tía M y un tipo que, se supone, era uno de sus jefes (aunque es igual a Philippe Junot). Va peinado como Lorenzo Lamas en Grease. Le pregunto por qué sigue peinándose así después de tantos años, que estaría más guapo si se cortara el pelo. Así que me llamaban "el playboy", dice cepillándose una vez más. Miro a mi tia asombrada, como preguntándole, ¿cómo se habrá enterado?

a caballo

lunes, 19 enero 2026. Estoy en una habitación igual a mi dormitorio, pero está llena de gente, parece un bar. Estoy sentada junto al armario. Mi madre lo abre y saca un retal de cuadros vichy amarillo y blanco. Vuelve a meter la mano y saca otro, pero está fruncido. Me mira. Le respondo que me estaba haciendo una falda. No te la vas a poner, dice. Me encojo de hombros. Se la lleva para hacerle un vestido premamá a Sonia.
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Estoy esperando a alguien/algo porque entro y salgo de la trastienda de un bar. ¿De qué vas vestida?, pregunta Alberto (como diciendo que voy horrible). Voy fatal (camiseta de propaganda, falda muy corta y botas de media caña con tacón). Voy de rockerilla, le digo. ¿Si me pongo este cinturón, mejor? (me lo pruebo). Alberto ni contesta.
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Voy a caballo por la calle. Las calles están llenas y el caballo, se nota, va asustado. Voy hablándole cerca de la oreja para que se calme. Le hablo como si fuera una persona. Llegamos a la plaza del obispo. El caballo se detiene de repente y caigo hacia delante. Me quedo recolgada del cuello del caballo, todo el mundo me mira, doy un giro inesperado como si fuera una contorsionista y caigo de pie en el asfalto. ¡Y así es como se enmienda la plana!, digo con los brazos en cruz, como una atleta.
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Alguien nos ha regalado una bolsa enorme con trozos de carne y cuñas de queso. Algunos trozos están envueltos en plástico, otros no. Pienso que deberíamos repartirlos porque todo no nos lo vamos a poder comer. Cada vez que miro dentro de la bolsa, los trozos se han multiplicado.
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Alguien pone sobre la mesa camilla de la casa de mis padres dos muñecas Nancy. Me ponen delante la castaña, que además no se parece en nada a una Nancy. Como si me estuvieran entrevistando a la fuerza, cuanto que sí, que esa era mi Nancy y la quería mucho.

serrín

domingo, 18 enero 2026. Bajamos por las escaleras al portal. Vemos que llega una vecina. No quiero saludarla. Alberto me dice que suba a casa, que él mientras la entretiene. Subo a toda velocidad. Cuando estoy arriba, me encuentro que ellos han subido en el ascensor y han llegado antes que yo (se supone que Alberto salía pero la ha ayudado a subir la compra). Entro en casa antes de que me vea. Oigo un ruido. La estantería está doblada hacia delante. Una de las patas delanteras (la real no las tiene) se ha roto y parece la torre de Pisa. Antes de que empiecen a caer libros me la apoyo en el hombro y con una mano voy sacando lo que puedo. Cada vez que cojo un libro para dejarlo en el suelo se transforma en un oso (de peluche, de plástico, de trapo...). Todo huele a serrín. Temo que la estantería caiga sobre mí y me mate. También me hace gracia imaginar los titulares: Muere escritora aplastada por una estantería de osos.

hija

sábado, 17 enero 2026. Veo de lejos a una niña que no alcanza al borde de la mesa. Es una niña muy guapa con los ojos claros. Aparece Álvaro y me dice desde lejos que es su hija, que ya es la segunda.

gases

viernes, 16 enero 2026. Una madre con su niña salen de su casa. La niña se queja de dolor de tripa y se sienta en el escalón del portal. La madre intenta que se levante. La niña dice que no quiere ir al hospital. Le pregunto si ha bebido cerveza. Se ríe, dice que no, dice que tomo mucha Fanta. Le doy un masaje. La niña expulsa los gases y se pone a correr felicísima por la acera.
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Llego a casa de mi abuela y todo está manga por hombro. Tengo que llegar a casa de mis padres a las 12h y ya son las 15h. Intento llamar a mi hermana, pero el teléfono de mi abuela está roto. Mientras intento poner algo de orden mi tía M dice que me lleve a mi tía E a comer a casa de mis padres. Mi tía E se pone muy contenta. Le digo que nos vamos ya, que no llegamos. Mi tía E pregunta en bucle: ¿qué me pongo?

ciénaga y jabón

miércoles, 14 enero 2026. Voy con Alberto y un poeta malagueño (que no quiere que lo nombre cuando sale en los sueños). Vamos por la acera en fila. Alberto va delante, el poeta detrás, yo la última. La acera se va convirtiendo poco a poco en césped falso, después se va humedeciendo hasta que acaba siendo una ciénaga. Cada vez cuesta más andar, vamos hundidos hasta las rodillas. Algo se me mete por el pantalón (me despierto gritando).
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Estamos en la terraza del bar de un hotel alternativo (digamos). Una chica a nuestro lado lee en alto un libro. No sé por qué lo hace porque no nos deja leer a los demás. La dueña del hotel le enseña desde detrás de la cristalera una fuente llena de dulces y trozos de roscón de reyes. La chica corre a comerlo todo con muchas ganas. De repente estamos en una de las habitaciones. No hay cama, pero hay una bañera muy larga y estrecha cubierta de baldosines de piscina azul oscuro. Nos metemos (cada uno en un extremo) y vamos dejando que se llene de agua. ¿Necesitas jabón?, le pregunto a Alberto y sin esperar a que responda le tiro uno. La bañera es tan larga que el jabón queda a mitad de camino.

ruinas

martes, 13 enero 2026. Paseo con Antonio por unas ruinas como si estuviéramos en una librería. Me cuenta cosas. Después entra en el asiento de atrás de un coche. Se despide. Le digo que podría venir cada noche (a mis sueños) y sería como si no se hubiera muerto. Le pido a Rosamari que me preste su cámara. Solo quedan dos fotos, dice. Las hago, me las mandas ahora mismo, las borras y así vuelves a tener sitio para dos, le digo. (Quiero hacer una prueba: pienso que si Antonio sale en las fotos es que ha venido de verdad; si no sale es que lo he soñado). Le hago las fotos, pero Rosamari no sabe enviármelas y Antonio desaparece.
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Voy en el asiento de atrás con la hija de una pareja. La pareja es muy mayor para tener esa niña, pienso. Le digo a la niña que ha crecido mucho. Nos bajamos en calle Cuba. El padre dice que hay una tienda de ropa muy buena. Es un almacén enorme. La ropa es muy fea, casi toda acolchada y de colores brillantes. La hacen así para que dure más, me dice. Se le ve orgulloso, como si la tienda fuera suya.
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Estoy en un bar con Ángeles y Carmen. Hablan de sus cosas. Sobre la mesa hay varios collares que Ángeles ha comprado en su último viaje. Juego con las cuentas. Pienso que seguro que no se los va a poner. Una señora, desde otra mesa, pregunta si cree que entraremos en guerra. Le digo que no, que en España ya pasamos por eso y no queremos más. Se tranquiliza y sigue comiendo. De repente estoy en el pasillo de una casa donde se supone me han invitado a comer. Para buscar un pañuelo en mi bolso (estoy muy resfriada) lo vuelco sobre la mesa (es el bolso es el de Pippi comiendo espaguetis). A Javi le hace mucha gracia y me pregunta dónde puede comprarle uno igual a Nati. Le digo que tiene muchos años, cerraron la tienda, pero quizá lo encuentre por Internet. De repente un chico abre una puerta y ve a su novia despeinada. Ella le dice que tiene que contarle una cosa. De la cama sale otro chico. Javi la señala y grita como si fuera un niño acusica de cinco años: ¡Han tenido relaciones! La chica se tapa la cara de vergüenza, el novio sale corriendo escaleras abajo. Javi le dice a la chica que vomite, que si su novio la oye vomitar seguro que la perdona.

huevos perdidos

sábado, 10 enero 2026. Estoy en casa de mis padres. Mi padre atiende a tres personas (dos mujeres y un hombre). Pienso que son inspectores porque llevan maletines. Mientras ellos observan, él recoge la ropa del tendedero plegable, la dobla con mucho esmero y después la lanza a la terraza de al lado. Asombrada, se lo digo a mi madre (ni se inmuta). Los inspectores se levantan. Habían dejado sus zapatos a la entrada, se los ponen y se marchan. Miro el reloj, es tardísimo y Alberto me espera para comer. Tienes que llevarte los huevos, dice mi madre. Los huevos van sueltos en una bolsa de plástico muy fina. Me los cuelgo al brazo y salgo a toda velocidad a pesar de saber con certeza que se romperán por el camino. Al llegar a la calle subo al primer autobús que pasa. Alberto me llama, quiere venir a recogerme. Le digo que no hace falta, que ya voy por la plaza donde estaba mi instituto. El bus se mete en una tienda tipo Ikea (pero de barrio). Va arrasando con muebles y lámparas (al pasar por la sala dedicada a las lámparas,  pienso que me gustaria tener una habitacion asi, tal cuál, con lámparas de papel pisado en todos los tonos de ocre y naranja). También pienso que si el viaje va a ser así, mejor me bajo y llego antes. Me bajo, tomo posición de tumbada boca arriba (los pies hacia delante) y me deslizo entre el tráfico como a un metro del suelo a toda velocidad. El problema es que no reconozco las calles y no sé cómo volver a casa. Voy a toda velocidad por callejuelas muy estrechas de casas encaladas. Entro en una de ellas. Saco la tablet (no sé dónde la llevaba y la bolsa de huevos ha desaparecido) para mirar en un plano dónde estoy, y un gato hace sus necesidades sobre ella. La limpio con un cojín y me voy. Llego a una calle sin salida donde al fondo hay un perro enorme. Es un perro bueno, pienso y doy la vuelta. Aunque se ha hecho de noche y hay mucho tráfico, por fin estoy en una avenida amplia. A lo lejos veo la torre de la iglesia que hay junto a mi casa. Me pregunto si Alberto habrá comido o estará esperándome, pero ver esa aguja con sus tres bolas al fondo me relaja.

jersey de rayas

miércoles, 7 enero 2026. Debo coger el tren de cercanías pero hay varias entradas y no sé cuál es la buena. Busco mi billete en el bolsillo pero llevo varios y no sé cuál estará cargado. Los tres están arrugados. El tren llega, corro hacia la vía. No hay tornos ni guarda de seguridad. El tren ha desaparecido. Hay un patio con un arriate. Helena me quita algo del jersey y lo tira a un charco. Era un bicho, dice. Está entre libélula y mantis religiosa de rayas multicolores. Le digo que es demasiado bonita para dejarla morir. Al sacarla del agua es transparente y al ponerla en una planta se vuelve verde. ¡Cambia de color! Miro mi jersey (nunca lo había visto) y es de rayas multicolores. Está lleno de bolillas de lana. Pienso que está muy viejo y en cuanto llegue a casa lo tiro.

abrigo de garras

martes, 6 enero 2026. Estoy en un salón de actos muy parecido al de mi colegio. Estoy en una esquina de la primera fila, como si tuviera que salir en algún momento al escenario. Parece que Salvatore es el encargado. Le digo por señas que mire mis zapatos. Sobre cada empeine hay una caca (tipo el emoticón con ojos, solo que auténticas). Desde lejos, hace un gesto de "no te preocupes", y sigue ordenando el escenario.
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Voy por la calle y me parece ver a lo lejos a Cristina. Me extraña que sea ella porque lleva tacones muy altos, y un vestido rojo bajo un abrigo de garras (me extraña porque ella jamás se pondrá un abrigo de piel). Detrás de ella van al trote dos chicas que parecen ir tomando apuntes de lo que dice. Cuando se vuelve compruebo que es ella. Va muy maquillada. Se alegra muchísimo de verme, me abraza. Dice que tenemos que quedar.

llave grande y coche deportivo

lunes, 5 enero 2026. Estoy en la casa de mi bisabuela. Me sorprende que todo esté en orden como cuando ella vivía. Alguien de la familia me pregunta por la llave. ¿La grande? Esa, ¡ha desaparecido! Le digo que quizá se quedó puesta. Todos gritan y corren de un lado a otro.
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Salgo de la casa de mi abuela. Me acompañan mi madre, mi padre, mi hermana, Odila y Paco. A la puesta nos espera Lucas en un coche rojo deportivo. Esta tumbado en el asiento del conductor como si estuviera tomando el sol (va en bañador y esta muy bronceado). Lo raro es que las piernas le asoman por delante del coche. Una piernas larguísimas. Tanto ue tengo que dar un gran rodeo para entrar en el asiento de atrás. Odila y Paco ya están sentados, cada uno pegado a una ventanilla. Pienso que no cabremos todos. Mi madre se sienta entre ellos y coge a mi hermana en brazos (es una niña). Le digo a mi padre que vaya de copiloto, que yo iré andando. Mi padre dice que me siente yo, que él irá en bus. Antes de que yo diga que me voy en bus con él, mi hermana se ha hecho mayor y ya está sentada junto a Lucas. Al llegar a calle Cristo, le digo a mi padre que se apresure, que ya llega el C1. Cruzo a lo loco entre los coches. Mi padre no se mueve. Vuelvo a cruzar para no dejarlo solo. Perdemos el bus.

diccionario

domingo, 4 enero 2026. Hemos ido a China a visitar a Jesús. Nos recibe con un kimono de lino precioso en tonos marrones, pero solo lleva metida una manga, el resto le arrastra como una bata de cola. Salimos a ver el barrio. Parece un vertedero. Le compro a mi madre dos dulces (unos dorayakis alargados rellenos de algo verde) y al ir a pagarlos se los come la china que me los ha cobrado. Busco en el diccionario cómo decirle que no tiene vergüenza.

bañera y rastas

sábado, 3 enero 2026. Llego a casa, me recibe mi suegra. Le digo que tengo que entrar urgente mente al baño. Cuando estoy bajándome los pantalones abre la puerta. De repente estoy en la bañera. Me da pena gastar agua, pero me duele mucho la espalda. Pienso que si dentro estuviéramos dos personas se llenaría antes. De repente marcos está dentro de la bañera, frente a mí, y me habla de aquella camarera de la que se enamoró. Me pregunta si creo que todavía estará a tiempo de conquistarla. De repente Marcos se transforma en Javi. Dice que tiene que preparar las clases de la Universidad, que está harto, pero a la vez le divierte (los papeles que lee están blanco.
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Estoy en un piso tipo años 70 (ladrillo visto y barandilla negra). El dueño de la casa (se parece mucho a Crespo Massieu) sube y baja ágilmente por unos andamios que parecen de juguete (tubos de plástico de colores). Dice que baje, que el agua está fría pero eso es buenísimo para la salud. Me asomo al andamio y el agua queda justo debajo. Bajo con facilidad, pero agua no hay, hay un camino enrevesado de callejones que parecen Chauen. Al fin llego a una playa pero la arena está llena de basura. Hay grupos de ingleses celebrando algo, han roto botellas y temo cortarme. No consigo llegar a la orilla. Vuelvo tras mis pasos, pero no doy con el camino. Me cruzo con un tipo desnudo cubierto de barro, con rastas hasta la cintura. Se ofrece amablemente a ayudarme a volver. Por el camino me cuenta que todo ese pelo le ha crecido solo en doce meses. Hace justo un año tenía el pelo así, dice y señala un centímetro entre índice y pulgar.

abrazo

viernes, 2 enero 2026. Entro en un salón de actos. Todas las butacas están ocupadas, pero no están en fila, cada una mira hacia un lado. Un padre obliga a su hijo adolescente a sentarse. El hijo abre la boca como si gritara pero sin emitir sonido alguno. Se da golpes en la cara. Nadie hace nada. Me acerco, empujo al padre y el niño se me abraza como si fuera una cría de chimpancé. Estás a salvo,  le digo. El adolescente se ha convertido en un niño y se duerme.

dominó

jueves, 1 enero 2026. Estoy con un chico muy joven. Me cuenta que se ha peleado con su mejor amigo. Mientras me lo cuenta, dice que se está orinando. No encontramos un bar para que entre. Se tumba boca arriba en la acera y se orina. El líquido va expandiéndose por la ropa que se vuelve de blanca a amarilla. Saco dos toallas de la mochila y le digo que se seque. Entramos en un restaurante chino, las paredes son de bambú. Hay un ventanuco por donde asoma la cabeza un chico, se supone que el amigo con quien se ha peleado. Es el momento de hacer las paces, le digo. Se ponen a jugar al dominó como si nada.

recetas y tendedero

miércoles, 31 diciembre 2025. Abro la puerta del ascensor y está lleno (más de diez personas). Me dicen divertidos que entre, que no pasa nada. Les recuerdo que ya una vez se fue al foso. Tiran de mí, entro. De repente el ascensor es un autobús. Una señora extranjera me pregunta qué son los espetos. Sardinas asadas al fuego, le digo. Me enseña una foto de unas gambas. Le digo que la han engañado, le recomiendo un restaurante y que pida gazpachuelo. Otras señoras del bus quieren que les dé la receta. Apuntan en sus móviles lo que voy diciendo. Una de ellas dice que tengo que hacer un libro de recetas típicas malagueñas y venderlas en el autobús. Me fijo en que Alberto no está, se ha bajado en la anterior parada. Desde ,a ventanilla lo veo en una terraza tomándose una cerveza con Enrique y una chica. Abro la puerta del bus con las manos, me hago mucho daño, me bajo en marcha, caigo a la acera y no tengo piernas, tengo una de esas tablas con cuatro ruedas. Para avanzar cuesta arriba me empujo con las manos metidas en los puños del jersey. Dos moteros se me acercan. Pienso en sí llevo algo de valor en el bolso. Nada importante, pero me apenaria perder el bolso porque me lo regalo mi prima Elisa.
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Nos hemos mudado a un estudio (se parece a la que fue la casa de mi abuelo Manuel). Mi hermana vive con nosotros. Está en albornoz, en el sofá, enviando wasaps. Ha metido los platos sucios en el frigorífico, ha derramado la leche, todo está pringado (y eso que acabamos de llegar). Intento colgar la ropa recién lavada en un tendedero plegable que hay en la ventana que da al descansillo. Imposible. El tendedero acaba cayendo sobre unas chicas rusas que querían alquilar un piso. Al ver el panorama se miran y dicen: ¡De ninguna manera! La agente con su carpeta en la mano me mira con cara de odio.

macetas

martes, 30 diciembre 2025. Hay una fiesta en la plaza de la Merced. Todo está lleno de basura. Las papeleras están de adorno, pienso. Me cae agua de un piso. Una chica está regando las macetas y subo a protestar. No hay ascensor, es el último piso del edificio de la Casa Natal de Picasso. Cuando voy a quejarme, la chica que me abre se queja antes que yo del precio de la vivienda (es la actriz Cristina Castaño). ¿Ves este piso?, pues me ha costado doce mil euros, dice. El piso es un laberinto con algunas paredes cubiertas de chapas. Le digo que, a pesar de todo, es una ganga, y más en el centro de Málaga. Se pone muy contenta. ¿Cuántas habitaciones tiene?, pregunto. Tiene cuatro. Miro a mi alrededor, todo es estrecho y mal decorado. Pues con cuatro habitaciones podéis vivir tres. ¿Tres, tú crees? (se le ilumina la cara pensando en pareja e hijo/a). Sí, tú, un perro y un gato.

carroza

lunes, 29 diciembre 2025. Mi madre me enseña una foto de Grace Kelly recortada de una revista (la llevó en 1980 a la peluquería porque quería ese mismo peinado para la comunión de mi hermana). Péiname igual, me dice. Vamos en una carroza parecida a la de Cenicienta. La carroza está en marcha y es difícil peinarla.

coristas

domingo, 28 diciembre 2025. Un tipo le dice a Cristina que quiere que sea de su grupo (musical), pero para eso tendrá que mudarse a Getxo. Cristina no se lo piensa y se va con él. Le pregunto a una chica que anda por allí (y a la que no conozco de nada) si nos vamos con ella. Vale, dice. Corremos tras Cristina. ¡Llévanos aunque sea de coristas!, le grito.
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Busco en un gallinero mis antiguas cámaras de fotos, pero todas están sucias y rotas.

antenistas

viernes, 26 diciembre 2025. Antonio blanco está en la terraza de la casa de mis padres. Dice que he comprado mantecados y borrachuelos. Miro al suelo y hay dos sacos de veinte kilos. Le digo que son demasiados. Dice que es una ridiculez comprar una bandejita. De repente llaman a la puerta. Para llegar tengo que abrirme paso entre un montón de gente que no conozco. Me asomo por la mirilla. Veo a otro montón de gente, sobre todo chicas, vestidas de negro. En primera fila un hombre y dos mujeres con bata blanca. Mi madre insiste en que les abra, yo digo que no pienso abrir la puerta a alguien que no conozco. Hay cierto rifirrafe entre los que quieren que abra y los que no. Mi padre llama desde la cama y voy a atenderlo, con miedo a que abran la puerta. Oigo a mi madre abrir la puerta y gritar: ¡Solo son antenistas!

sombreros e hipopótamos

martes, 23 diciembre 2025. Voy por la calle con un grupo de poetas. Orihuela está muy joven, con el pelo muy negro. Me pregunto si habré viajado en el tiempo o se habrá teñido. De repente se nubla y empieza a llover. Saco de la mochila un montón de sombreros (algunos muy raros, como uno de Napoleón) y voy repartiendo. Una poeta muy mayor se me acerca para que le dé uno, pero solo me queda una bolsa de plástico. La cara de decepción de la señora me da mucha pena.
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Estamos con los sobrinos en una casa parecida a la que iba de niña en verano. Elena se queja de que su padre se ha metido con su cintura. Le digo que me lo explique mejor. El resumen es que no le gusta que vaya al colegio con el ombligo fuera. Le digo que es normal, que a ningún padre le gusta que miren a su hija. De repente estamos en un andén. Alberto les pregunta si se acuerdan de cuando los llevamos al cine a ver Fantasía. Elena empieza a tararear la música y yo salto a las vías a bailar imitando a los hipopótamos.
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Estoy en la cocina de casa con Camilo. Me cuenta sus desdichas. Pienso que sea como sea siempre me ha causado ternura, incluso pena. De repente se acerca y me mete el dedo en la boca. ¡Ya lo has estropeado todo!, le grito.
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Vamos en una especie de canoa por lo que parece un parque acuático. En el asiento de atrás un niño muy pequeño canta el Cara al sol. Me vuelvo. Es que somos muy de derechas, dice la madre (una morena muy guapa y muy maquillada). Ha dicho somos. Miro al niño, no tendrá más de tres años. Me parece muy bien, le digo y me vuelvo. Mira, ahí viene la atracción del Ministro de Cultura, dice. Le digo que yo pondría a un ministro de cada partido. Por ejemplo, nunca pondría a nadie de derechas como Ministro de Economía. De repente estamos en una cafetería muy cursi donde ponen té con pastas, y la chica ahora es un chico muy enérgico, como si se hubiera metido algo. No habla de política, habla de mujeres y de sus amigos, y de pasárselo bien. De repente se quita la chaqueta, la corbata y baila como un loco. Intentó encontrar Alberto pero se ha ido (supongo que harto). Salgo a buscarlo. Fuera hay una playa enorme con la arena muy blanca (parece cal). Cuando camino sobre ella debajo hay arena muy amarilla. Me da mucho asco, me estoy mareando y vuelvo a toda velocidad a la tetería. En la orilla hay una roca donde mi tía M hace que posa para una foto (fotógrafos no hay). Le digo que se agarre bien a la roca, como una lapa, porque las olas empezarán a romper en ella en un momento. La tetería ha cambiado. Ahora es una hamburguesería. Al fondo del pasillo está el mostrador desde donde llaman a los clientes para que vayan a recoger sus pedidos. Dicen mi nombre y apellido. para que no lo repitan corro hasta el mostrador (aunque no he pedido nada). Me dan un perrito caliente muy pequeño y un refresco del tamaño de un chupito.

dorayaki

domingo, 21 diciembre 2025. Voy en autobús. Momo (amigo del instituto al que no veo desde hace años) reparte entre los pasajeros tableros de ajedrez y bandejas. Algunos se quejan porque preferían lo contrario de lo que les ha tocado. A mi lado una pareja. Él me recuerda a alguien, me mira insistentemente, le pregunto si estaba en el instituto, dice que sí y se ríe. Le estrecho la cara y le digo que ahora sí lo reconozco, que era el delegado de clase. Dice, un poco azorado, que ha engordado mucho (en realidad se parece a mi profesor de estadística de la facultad). Por hablar de algo, le pregunto si todos los del autobús son amigos de Momo. Momo conoce a mucha gente, dice, a la única que no conoce es a mi novia. La novia me saluda, es japonesa y se está comiendo un dorayaki tamaño gigante. Antes de bajarnos su novia dice que necesita ir al servicio, pero no quiere ir al del autobús. Le digo que entre tranquilamente porque es muy amplio. Efectivamente es una habitación enorme, tiene hasta una mesa de comedor decorada con motivos navideños. Salimos y caminamos juntos. Pasamos junto a un hotel años 70. Una vez nos saludamos ahí, dice. Es un poco incómodo porque no sé de qué hablar con ellos.