miami vice

martes, 4 octubre 2022. Chivite me ha enviado un vídeo donde se le ve en su biblioteca sacando lo que parecen tacos de madera. Cada taco tiene una letra. Los saca, los escucha con unos cables como si fueran walkmans, se tapa la cara y llora.
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Se supone que en la farmacia me han dado unas facturas de varios medicamentos que he pagado y tengo que llevarlas a Correos para que me devuelvan el dinero. Las facturas resultan ser papelitos rotos donde solo se leen algunos números incompletos. Mi madre interviene, le dice al tipo de la ventanilla que ella puede ofrecerle algo. Pienso que se está insinuando. Todo me da mucha vergüenza, reclamarles el dinero y la actitud de mi madre.
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Estoy en casa de mi suegra, aparece con unas bandejas llenas de filetes. No sé cómo decirle que ya he cenado y que no quiero comer carne. Aparece Alberto (con look Miami Vice), y le dice a su madre de muy malos modos que tenemos que irnos y deje ya de agobiarme. me da mucha pena todo.
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Parece un concierto. Entre el público veo a una chica que lleva, todo el tiempo, en brazos a su hija. La hija es bastante grande, lleva un vestido rojo ajustado. Le digo que me la pase un rato para que pueda descansar. La niña me dice que está harta de ir al colegio de monjas, que no le enseñan nada. La madre me pregunta si soy creyente. le digo que según mi padre soy materialista pura. Deberías explicarme qué es ser materialista, dice. Que solo creo en lo que veo, no creo en la magia, le digo. La niña dice de repente que le duele algo y se levanta el vestido. La niña bajo el vestido es un pollo asado.

jara y darwin

domingo, 2 octubre 2022. Hemos aparcado en la acera, a la puerta de una farmacia. Se supone que en la trastienda hay un concierto. Comienzan a llegar coches, se amontonan en la acera y en la calle. Veo a Farfán junto a la ventanilla. Lleva gabardina y sombrero. Estás igual, le digo y lo abrazo. Me señala a dos chicas que acaban de aparcar. Mi mujer y mi hija, dice. La hija es igual que él, con su pelo rizado tirando a rojo. Mientras hablamos, el público va entrando a la farmacia. Entramos los últimos, la puerta de la trastienda es corrediza y muy pesada, de madera. María Jesús Bernet nos dice que no puede dejarnos entrar porque ya ha comenzado el espectáculo. Al momento abre la puerta y dice que pasemos y busquemos nuestros asientos. Los asientos son mesas con bancos de madera como aquellos que había en Icona en los 70. Tienen pegatinas amarillas con números y letras escritas a mano. Veo como según me acerco, las personas que están sentadas despegan esos papeles para que no pueda verlos. Me siento en el primer cubo de madera que veo libre. La trastienda resulta ser una plaza enorme con edificios franceses al fondo (tipo plaza de los Vosgos, pero sin árboles). Sobre un coche pequeño una especie de torre de luz, y arriba, cantando, Victor Jara. No comprendo nada. Primero, porque murió; segundo, porque está muy joven; tercero, porque a pesar de estar vivo y joven tiene muchas canas. Me distrae la vista de uno de los edificios del fondo: los bomberos rescatan a varias mujeres. Las van sacando boca abajo, como si fueran troncos rígidos. Entre ellas reconozco a mi tía Mari. Incluso estando tan lejos puedo oír lo que le dice al móvil: Estamos bien, no te preocupes. Supongo que es un mensaje que me ha dejado y escucharé cuando vuelva a casa.
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Estoy en la terraza de un bar. Un niño juega con piezas de puzzle. Mira, un trozo de cielo, dice y me enseña una pieza azul del mar Mediterráneo. Eso es el mar, le dice el tipo de la mesa de al lado. El niño me regala la pieza. Después vuelca una bolsa con algunos de los personajes de "El asombroso mundo de Gumball". Te los regalo, dice. Escojo a Darwin, pero no se parece nada al de los dibujos.

purranki

viernes, 29 septiembre 2022. Se supone que he llegado a Valencia en tren. Entro en una tienda de ropa jipi. Pregunto si tienen pantalones de mi talla. La dueña me da una serie de explicaciones que no entiendo. De nuevo en la calle, pienso que podría darle una sorpresa a Ibán. Decirle: ¿Una caña? Busco su dirección y número de teléfono en una táblet (no sé de dónde ha salido)), pero de repente la pantalla se pone negra y aparecen dos fantasmas. Apago. Entro en un edificio donde, se supone, proyectan un ciclo de Fernán-Gómez. En el hall está Masip y Purranki. Me alegro mucho de verlos, pero Masip dice que tienen que irse ya. Purranki me dice el último libro que ha leído, pero habla tan rápido que no entiendo nada, solo la última palabra: ventana. Dice que pronto presentará su novela. Le propongo que venga a Málaga, dice que sí. Me voy al ascensor contentísima. Llego a una sala. Hay mucha gente en el suelo, tumbados bajo mantas, viendo la película de Fernán Gómez (incluidos Alberto, Marcos y mis padres). Mi padre dice algo. Pienso que quizá haya preguntado dónde está el gato (como hace en casa), y me río. Salgo a la calle. Unas chicas me dice que ha oído decir a alguien que gracias a una frase de uno de mis libros ha hecho las paces con su madre. Me echo a llorar. Todos van saliendo de la proyección. Me pego a la pared para que no me vean llorar. No tengo pañuelo.

conejos y entropía

martes, 27 septiembre 2022. Parece que estoy de visita en una casa de familia numerosa. Todos los hijos quieren enseñarme algo (un juguete, los deberes, etc). Un chico que se parece a Fernando Aurioles (a quien no veo desde hace más de 30 años) me enseña sus nuevas investigaciones (así las llama). No entiendo nada de lo que hay escrito. Para aclararlo, echa sobre el mantel de una mesa enorme un montón de bolitas color nácar. Entre las bolitas hay algunos conejos diminutos de plástico (se supone que eso lo explica todo). Me viene a la cabeza la explicación de la entropía con bolas de colores en una caja que leí de niña en la enciclopedia. Al ver mi gesto de entusiasmo al ir encontrando conejitos, me dice que tiene una bolsa llena. Va a por ella. Una de sus hermanas aprovecha para enseñarme un juego al que se le encienden luces. Era igual al que tenías de niña, me dice. No sé de qué me habla, pero como no quiero discutir, le digo que sí.

arañazos

viernes, 23 septiembre 2022. Manuel está muy triste. Eso lo arreglo yo, le digo y le araño la espalda para que el dolor le haga olvidar la tristeza.

ascensor

miércoles, 21 septiembre 2022. Padre, madre e hijo japoneses en el ascensor de casa de mis padres. Yo no voy en el ascensor, pero veo la escena como si estuviese allí. Presionan el botón del bajo, pero el ascensor sigue bajando no sé sabe dónde. El niño llora. Todos sabemos que va a pasar algo malo.

nadia, el bebé canguro

martes, 20 septiembre 2022. Mi prima Elisa y yo esperamos a alguien en la Plaza de la Merced. Me cuenta que no quiere vivir en una casa que ha heredado porque le trae malos recuerdos. Recuerdos tristes, dice. Le digo que como la casa tiene dos puertas, puede entrar por la de servicio (en ese momento recorremos la casa virtualmente sin levantarnos de los bancos de la plaza). Se la voy mostrando. Ves, aquí está el cuarto de baño completamente renovado (un espacio diáfano, con la ducha integrada por si tuviera que entrar alguien en silla de ruedas), a cada lado del pasillo los dormitorios y, la fondo, la cocina y el salón. Elisa lo mira todo como si fuera la primera vez que lo ve. De repente estamos en la entrada de una casa de campo que se cae a pedazos. Un obrero arrastra una estantería muy vieja. Se supone que hará obra en la nueva casa de Elisa. Digo algo (no recuerdo qué) y él se ríe como si hubiera contado un chiste graciosísimo. Elisa tiene en brazos a su hija Nadia (en el sueño es un bebé de dos meses). Para que pueda seguir con la obra, le digo que me llevo a la niña. La niña patalea y grita, pero finalmente se duerme. Llego con ella a un restaurante multitudinario, donde están ya comiendo algunos de mis amigos (los de toda la vida y los poetas, mezclados). Me han guardado un sitio. Emilio y Salvador dice que van a por mi comida. Me siento con la niña en brazos. Puedes darle langosta, a los bebés canguro les gusta mucho, dice alguien. Efectivamente, cuando aparto la toquilla que cubre a Nadia, es un bebé canguro. Le doy pedacitos de langosta. Le encanta.

abrazo

lunes 19 septiembre 2022. Hay un grupo de amigos. Están bajo una uralita. Uno de ellos explica a los demás la diferencia entre las distintas uralitas que hay en el mercado. hasta saca varias muestras de una maleta. Llega Salvador en lo que parece un cochecito de los que se usan en los campos de golf. Se baja, pasa entre el grupo sin mirar a nadie, se acerca a mí y, sin mediar palabra, me abraza muy fuerte durante un rato.

granadas y toboganes

domingo, 18 septiembre 2022. Se supone que se van a entregar unos premios. Entre el jurado veo al editor Munárriz y al ministro Garzón. Llega Jaime y se sienta a mi lado, pero no parece reconocerme. Me despisto un momento y ya se ha terminado todo. Emilio me llama por teléfono, me pregunta dónde estamos. Le digo que si pone la tele nos verá, en ese momento, pasar por la puerta del hotel (no recuerdo el nombre). Francis sale del hotel con una chica (se supone que es su novia). La novia, al vernos, entra en el hotel y sale con unas granadas. Nos las regala muy sonriente. Francis dice que echa de menos una comida que hacía su madre, que llevaba plátano, limón y granada. Me despisto otra vez y los pierdo. Los encuentro en una tienda muy antigua. Están comprando un jersey rojo de segunda mano para Alberto. Aparece Oeste. Dice que llegamos tarde a la clínica. Corremos. Nos recibe una doctora con los labios de un rojo muy bonito. Mientras habla (tenemos que estar al tal hora en no sé dónde) le pregunto qué rojo lleva. Dice que es el número 14 y que se lo ha regalado a sí misma por su cumpleaños. Para llegar antes a la cita nos tiramos por unos toboganes (todo es muy blanco, futurista). Llegamos por fin a la clínica. Parece una nave espacial. Nos atienden, desde detrás del mostrador, una enfermera y un enfermero con monos de lycra blancos. No sé qué decir porque no sé a qué vamos. Habla Oeste. Mientras les explica que tengo dolores de cabeza que me han llegado a provocar una lesión en la espalda, la enfermera, muy sigilosa, sale de detrás del mostrador y me pincha en la columna. Quiero irme de allí.

esa miradita helada

viernes, 16 septiembre 2022. Tengo que presentar Los secundarios y no sé qué decir. El público está en unas gradas, como si esperara ver un partido de baloncesto. Cuando comienzo a hablar, las amigas de mi hermana se ponen a hablar entre ellas a gritos. Las miro, callan. Nada como una miradita helada, digo y el público se ríe. Otro grupo, encabezado por la excuñada de mi hermana, forma una circunferencia, se lanzan algo unas a otras, parece que recen algo también a gritos. Le digo al público que así no hay manera, que más provechoso es que les diga cómo hago la ensaladilla rusa (les doy la receta a gritos, para superar los gritos del grupo religioso). Veo que también han montado un tenderete donde venden manualidades. Entre ellas una funda de cojín de croché que es mía. ¡Le han puesto hasta una etiqueta con el precio!, le digo indignada a una chica. Le arranco la etiqueta con los dientes. Si que te caen mal, dice la chica. Ni te imaginas, respondo.
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Mi suegra y yo estamos en el cuarto rosa (que es blanco). Está vacío y parece mucho más grande que en la realidad. Sólo queda mi armario y dos cuadros (que son de la casa de mi amiga Salud). Alberto llega con un batín que le llega a las rodillas. Sin decir nada se pone a bailar. Baila maravillosamente. Se quita el batín, debajo lleva un pantalón de peto y varias camisetas, unas sobre otras. Se las va quitando mientras baila. Aplaudimos emocionadas.

pozo

miércoles, 14 septiembre 2022. Llevo dos bolsas llenas de agua, una en cada mano. Una es de plástico, la otra de papel. Cuando voy a volcarlas donde se supone que debo hacerlo (un charco junto a una especie de pozo de ladrillos) una de ellas está vacía.

teléfonos para nada

lunes, 12 septiembre 2022. Estoy en casa de mis padres. Alberto me llama por teléfono, está llorando, me dice que ha hecho todo lo que ha podido. No sé a qué se refiere. Pienso que mi abuela o mi madre han muerto. Intento llamar a mis tías, pero el teléfono no funciona. Llegan Francis y Salvador, lloran, dicen que lo sienten mucho, que Alberto hizo lo que pudo. Pero, ¿quién ha muerto?, pregunto. Me dicen el nombre de una chica que no conozco.
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Se supone que Mesa Toré me ha regalado un recortable tamaño natural de un tipo vestido de peruano. Me lo encuentro por una galería. Va con el peruano en persona. Les digo muy contenta que tengo el recortable en mi salón. En ese momento veo desde la galería a Trini. Hace años que no nos vemos. Le hago señas, no me ve, corro tras ella pero sé que no podré alcanzarla. Mesa Toré me presta su móvil para que la llame. No me sé su número. En el móvil hay fotos de un mono pequeño. Me explica que es de su hija y que maldita la hora en que se lo compró.

el vestido rojo

jueves, 8 septiembre 2022. Alberto y yo corremos con la calle hasta llegar a un buzón. Yo llevo un lienzo en su bastidor (no sé si se supone que es lo que voy a enviar). Cuando llegamos, le digo lo bien que sienta correr. Dice que estoy muy guapa. Le digo que es por el vestido rojo (un vestido camisero que tenía con 17 años). Volvemos corriendo de nuevo por donde hemos venido, solo que ahora la acera está llena de gente con la que tropezamos y el lienzo es más grande. Llegamos a una especie de estación con varios niveles. veo a Alberto en una de las vías superiores y corro hacia él. Espero que haya sacado los billetes para no perder más tiempo, pienso. Por el camino me entretengo mirando un edificio con apartamentos sin cortinas. Me encanta ver la vida de los demás, pienso mientras me siento en el patio interior. Pienso que no me importaría mudarme a uno de esos apartamentos. En ese momento llega un chico vendiendo vino dulce. Dice que es el vino de la Virgen. le digo que en Málaga también tenemos vino dulce. El patio se ha transformado en una habitación con mesa camilla llena de botellas y comida. Hay un grupo al que le hablo del vino dulce y del trono de la Siervita, les cuento que lo llevan muy pocos hombres y los puestos se heredan de padres a hijos, y que los varales llevan tacos de madera para mantener el nivel del trono. Todos beben alcohol menos yo. Veo cómo se divierten y las tonterías que dicen. Pienso que cuando yo bebía también parecería tonta. Uno de los chicos pone una película. Cuando la película se vuelve gore (un tipo se autolesiona las manos y la cabeza con una sierra, después se va comiendo con palillos chinos su propia cara) el tipo la para, enciende las luces y todos se marchan. Pues me la he tragado toda, dice marcos (que no sé de dónde ha salido). Una chica me pregunta qué hago al verme recoger papeles y plásticos. Le digo que es una manía, que de todas partes me llevo lo que hay que reciclar porque nadie lo hace. Una vez en la calle, uno de los chicos camina haciendo eses. Se apoya en mí, lo tomo por la cintura, se va volviendo cada vez más bajito.

gambas y diamantes

martes, 6 septiembre 2022. Estamos en una plaza. Un chico se acerca, saluda familiarmente y nos cuenta cosas como si nos conociera de toda la vida. No sé qué dice porque sigo pensando en mis cosas, solo asiento de vez en cuando. Yo te acompaño, dice de repente. Al levantarme para ir con él, me doy cuenta de que llevo una bata muy mullida de felpa y unas zapatillas a juego. Me levanto y voy con él a la que se supone es mi casa. La puerta es de madera muy vieja (no encaja, es más corta, más estrecha, deja huecos por los que cabría un gato). Aquí es donde te hiciste la foto del libro, dice. Le digo que no, que no era ahí. Estoy por decirle que es la primera vez que veo esta casa supuestamente mía, pero no digo nada. La llave es enorme, de hierro, como en las antiguas casas de pueblo. Entramos. Todo está revuelto. El chico, como si conociera la casa, va directamente a la cocina, lo oigo trastear. Veo un contestador de los antiguos con la luz parpadeando. Escucho un mensaje de mi madre. Cuenta que fue con mi tía en algún sitio y estuvieron esperándome. Su voz es joven y animada. Mira, la voz de mi madre, le digo al chico. Quiero escuchar los demás mensajes, pero sin querer los borro. Me pongo a pelar gambas. El chico me pasa un plato con gambas peladas. Hemos tenido la misma idea, dice.
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Veo en una revista la foto de los ojos de un sapo. En cada página aumentan la foto hasta que solo se ven infinidad de puntitos. Parecen diamantes. Alberto dice que hizo eso mismo con una foto de no sé quién y descubrió que tenía algo metálico en la cara. Sería purpurina de la pintura de ojos, le digo con desprecio.

la bolsa de la nasa

sábado, 3 septiembre 2022. Andrés hace bromas sobre una bolsa de tela que me he hecho, le pone nombre (no recuerdo cuál, algo así como la bolsa de la NASA). Llegamos en ascensor a un pueblo que han convertido en Silicom Valley, solo que no se ve nada moderno, más bien lo contrario. Entramos a una sala de ordenadores (se supone que van a reparar el ordenador de Alberto). Una chica me cuenta (mientras unta mermelada en el pan) que no es de allí, que llegó a trabajar unos días y se ha quedado. De repente veo que a mi lado está desayunando Antonio. Lo primero que pienso es que ha envejecido. Mira la carta como si no se decidiera qué va a tomar. No sé qué decirle porque no sé si me ha reconocido.
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Mi padre se afeita solo. Me alegro tanto de que pueda volver a hacerlo que me agarro a él y bailamos. (El tipo del sueño no se parece nada a mi padre, es una especie de ruso grande y rubio muy musculado).

dedicatoria encubierta

viernes, 2 septiembre 2022. Estoy en un sillón de orejas muy viejo ojeando unos cuadernos con cubiertas de cuero. Alguien me los ha regalado. Llevan dedicatoria en una hoja cuadriculada mal pegada. La despego con cuidado. debajo hay otra dedicatoria de un escritor famoso (no recuerdo cuál). No comprendo cómo alguien ha podido pegar algo sobre ella. Me llaman para comer. En una terraza estrecha, pero acogedora, se celebra la navidad. La mesa está muy adornada. Los platos tienen dibujos dorados. Mi madre, al verme mirarlos con atención, me dice que son antiguos, de Cartagena. Lo sé, yo tengo en casa uno. Se sorprende, me pregunta con la mirada. Lo robé, le digo y se ríe.

barracón

miércoles, 31 agosto 2022. Salgo de un barracón con otras mujeres. Todo está oscuro, sucio y húmedo. Un tipo hace entrar a las mujeres detrás de una cortina. Una dice que no puede hacer nada porque está embarazada. Me dice con la mirada que diga lo mismo. Me tumbo sobre una especie de tumba dedicada a un militar. Alguien ha colocado piedras y monedas muy rústicas también de piedra. Pienso que si me quedo muy quieta quizá se olviden de que estoy allí. De repente aparecen Sean Penn, George Clooney y Catherine Z Jones disfrazados. Entran en el barracón. Los sigo. Penn va vestido de mujer con unos pechos puntiagudos falsos. Le dice al tipo de la entrada que les explique a los soldados que no es una mujer, que no lo toquen. me acerco a ellos, les digo que me saquen de allí. Aparece Alberto, me dice que eso de que Z Jones aparenta veinte años es mentira.

corcho

martes, 30 agosto 2022. Entramos en un museo (al que ya hemos entrado en otros sueños: rampa escalonada de mármol blanco recorrida por una acequia). Se supone que va a cerrar porque vamos corriendo a la tienda de souvenirs. Buscamos en regalo para nuestra sobrina. Alberto dice que podemos comprar una funda de móvil de corcho. No me gusta pero no digo nada. Mejor le compramos dos, dice Alberto.

poetas y bacalao

lunes, 29 agosto 2022. Le pregunto a Javi si quiere acompañarme a una lectura que organizan para despedir el verano. En estas aparece Carlos con el pelo largo y rubio (tipo Actor Secundario Bob), se sienta sobre una piedra y habla sin parar. Después de un rato sin entender nada de lo que dice, me despido de los dos desde un coche, asomando medio cuerpo por la ventanilla. ¡Adiós, Isabel!, dice Carlos. Oigo a alguien por la calle que dice, ¿Isabel?, y mira hacia el coche. Es Tenllado. Dice que se alegra de verme, que cuánto tiempo, que qué ha sido de mí. Lo acompaña JLA. JLA dice que yo creo que él me ha tratado mal, pero que no tengo ni idea de lo que es capaz de hacer, que no me queje, que al resto los ha tratado mal de verdad. No sé de qué habla ni me interesa. Suena el móvil. Es mi madre. Está muy contenta, llama desde Valencia. Voy a hacer la ruta del bacalao con Villagrasa, dice. No sé si explicarle que esa ruta no consiste en comer bacalao, pero como está con Villagrasa me quedo tranquila. Por fin llego a casa (que no es la mía). Hay una habitación en penumbra con cama, mesa y silla. Me tumbo, el colchón se hunde un poco y quedo como en un nido. Alguien pasa por el pasillo. Me quedaría aquí para siempre, le digo.

volcán

domingo, 28 agosto 2022. Ventana. Veo un paseo cerca de la playa y al fondo un monte con forma de volcán. De repente comienza a expulsar hojas con mucha fuerza. La gente corre perseguida por ramas de árbol. Cuando todo se calma salgo a buscar a Luciano (por la noche vi a alguien en la tele "Guardianes del espacio" y pensé que un personaje se parecía a él). Llego a un chiringuito por el que se entra a un parque acuático. Asomo la cabeza. No está.

ratón

martes, 23 agosto 2022. Estoy en casa de mis padres. Mientras estoy intentando cazar a un ratón del tamaño de una uña, llaman a la puerta. Oigo que mi madre abre sin preguntar. Corro hasta ella. Una chica embarazada está entrando en la cocina. La acompañan varias niñas. Les digo que se marchen, lo miran todo, la madre apunta cosas en una libreta. Las empujó hacia afuera. Pienso que cuando vuelva al salón el ratón se habrá escapado.

bailo

lunes, 22 agosto 2022. Bailo en el comedor de la casa de mi abuela. Alberto dice que tenemos que irnos, pero le digo que no puedo hasta que no baile la canción que está sonando (de The Whitest Boy Alive). Soy feliz.

trampillas

viernes, 19 agosto 2022. Salgo de la casa de mis padres cargada de bolsas de reciclaje. Al final de la calle hay un círculo en el suelo con varias trampillas. No indican cuál es para cada cosa, tengo que ir abriéndolas para ver qué hay dentro. Han mezclado basura orgánica, plásticos y papel. Aquí todo se hace mal, me dice una señora. Me pongo a sacar la basura y reordenarla. Veo que Alberto me está esperando en el coche. Tengo que darme prisa. Dejo la basura de los demás y tiro la mía, pero veo que en las bolsas que me ha dejado mi hermana también está todo mezclado, incluso hay ropa. No sé qué hacer. Miro hacia donde está el coche de Alberto, pero ya se ha ido.

agua, jolgorio, retales y ducha

lunes, 16 agosto 2022. Le sirvo agua a mi padre. Dice que no le gusta, que sabe que no es la suya. Le digo que acabo de abrir la botella. Dice que no sabe igual. Le digo que madure de una vez. Voy a la cocina a por una botella. Ha varias botellas de suavizante llenas de agua, casera y bebida isotónica.
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Alberto conduce. Una chica y yo vamos en el asiento de atrás. La chica habla sin parar de banalidades. Cuando salimos del coche veo que llevo un triciclo de plástico de colores. Al ir entrar a lo que parece un museo, le pregunto a Alberto si lo dejo en consigna. Se enfada muchísimo, dice que la noche anterior me entretuve hablando con los sevillanos entre los bancos de la iglesia. No sé de qué habla. Le digo que estoy muy cansada, que prefiero irme a casa. No dice nada, entra en un edificio okupa. Desde fuera oigo que lo reciben con jolgorio. No sé qué hacer con el triciclo, no sé qué hacer en general, no sé dónde ir.
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Estoy en lo que parece una tienda, junto a unos retales colocados unos sobre otros, como si fueran alfombras. Tomo algunos para ver los estampados. Imagino qué tal quedarían unos pantalones. De todos pienso: demasiado jipis. También hay trozos de lona negra con una foto impresa (supongo que para hacer bolsas). Todas son de súper héroes, demasiado infantiles.
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Hay una habitación que hace las veces de ducha. En el centro, en el suelo, hay una gominola azul del mismo color que los baldosines. Andrés pregunta quién la ha dejado ahí, si es una cámara espía. Le digo que no es nada, que se olvide. Dentro de la habitación hay una cortina que separa una ducha de otra. Elisa se está duchando tras la cortina. La oímos cantar. Córtame por la mitad, le digo a Andrés. ¿Por dónde? De aquí para abajo o de aquí para arriba, le digo señalando mi cintura.

repetición

domingo, 14 agosto 2022. Hemos quedado con Daniel. Pienso que se va a extrañar de que ahora vista de color claro. Lo veo de lejos. Va vestido de color claro de arriba a abajo. Nos sentamos alrededor de una mesa redonda y pequeña (parece de guardería). Pienso que ya estuvimos en ese mismo lugar y que tenemos una foto, pero vestidos de negro.

abrazos

viernes, 12 agosto 2022. Juan Marqués camina a mi lado. Cada tantos pasos se para, me mira y me abraza como si me consolara de algo.

puzzle

miércoles, 10 agosto 2022. Espero a Marcos junto a un parque, cerca de una parada de autobús. Llevo mi antigua bici. No sé si esperar, llevar a casa la bici y volver o llamarlo para decirle que ya estoy donde hemos quedado. De repente lo veo salir de un coche. Va encorvado y lleva puesto el kimono de mi madre. Entra en un edificio al que le veo pinta de sede de secta. Dejo la bici en la parada del bus y me acerco a Marcos. De repente, un montón de personas salen del edificio y ocupan todo el parque. Hay tanta gente que unos avanzan sobre otros amontonados. Reconozco a varios futbolistas famosos, cantantes, políticos. Me quedo muy quieta para que no me pisoteen. Cuando el parque se despeja, veo a Marcos, lo llamo, quiere enseñarme el edificio. A la entrada hay una vidriera que de lejos parecía muy bonita y de cerca es horrorosa (cristales de distintos colores con formas de piezas de puzzle). Miro hacia la parada y se han llevado mi bici. A lo lejos veo a dos tipos montados cada uno en una. Desde lejos no sé cuál es la mía. Decido perseguir a uno de ellos (el otro lleva un niño). Cuando lo alcanzo, está con otro tipo junto a un bidón. Dentro del bidón hay una hoguera, la bici está desgüazada y calientan los tubos en el fuego para volver a ensamblarla.

incendio, carpetas y charco

martes, 9 agosto 2022. Mi hermana dice que si hubiera un incendio entraría en casa para salvar a su gato. Pienso que si ella entra tendré que entrar para salvarla.
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Alguien duerme en una de las muchas camas de una habitación (me recuerda al comedor del colegio, pero con camas en vez de mesas). Veo que tiene el termómetro puesto y se lo quito para que no se haga daño. Dos chicas y un chico entran. ¿Temperatura?, pregunta. 37ºc, no, 36ºc, le digo. Me miran mal por dudar. Al salir el chico me dice que lo ayude con unas carpetas, que no sabe llegar al pabellón B. Lleva unas diez carpetas negras enormes una encima de otra, como lo haría un dibujo animado. Le digo que me siga. A mitad de camino todas las carpetas caen al suelo.
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En una habitación grande con muchas camas, Un tipo cargado de ca Una chica y yo salimos de una pastelería (se supone que somos amigas). Vemos que delante de nosotras caminan tres tipos (se supone que de ellos uno es su novio y otro el mío). Como hoy salimos solas podemos ir al mismo sitio pero sentarnos separados, dice en tono divertido. Un tipo con mal aspecto aparece de repente, ella lo saluda, entabla conversación, le pregunta si prefiere el verano o el otoño. El verano, dicen los dos a la vez y ríen tontamente. Me miran. Yo prefiero los charcos, digo al fin. El tipo chapotea sobre un charco lleno de barro. Me aparto para que no me manche. Lo retiro, prefiero la buena educación, le digo. El tipo me mira con desprecio. No sé qué hago allí ni dónde estoy. Solo quiero irme a casa.

ordenador de cuco

lunes, 8 agosto 2022. Llego a casa de Joan, me recibe su madre. Paso a su cuarto. Tiene una mesa expositora con recuerdos. ¿Conservas los muñecos que te di? Dice que los tiene en una caja. Seguro que los tienes en el altillo, como yo. Nos reímos. Me enseña un ordenador con forma de reloj de cuco. Dice que no funciona. Le pido permiso para abrirlo. Vemos en una inscripción que es de 1896. Pienso que la fecha está mal porque tiene dos entradas USB. Toco aquí y allá, empalmo cables y conecto. Funciona. Masip se pone contentísimo, nos abrazamos y saltamos de alegría. El ordenador se enciende y para comenzar a funcionar hace unas preguntas clave sobre Roma. Joan le da a enter a todas y el ordenador dice que ha respondido bien al 99%. Qué inteligente eres, le digo. Dirás qué suerte tengo, responde. Es la hora de comer y debo marcharme. Nos abrazamos, nos despedimos. Al salir de su casa tengo la boca llena de nubes de malvavisco.

a cantar

domingo, 7 agosto 2022. Tengo que cantar en un teatro durante treinta minutos. No me sé ninguna canción completa ni sé cantar.