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el fin del mundo

viernes, 19 junio 2026. Estoy en lo que parece el metro. Debo llegar a tiempo a casa porque se acerca el fin del mundo, pero hay muchas escaleras y no soy capaz de subirlas. Aparecen Elías y Henry, me toman cada uno de una mano y subo con facilidad. De repente ya estoy en casa (no se parece a mi casa), no hay nadie. Salgo a las terraza y todo es gris (como si fuera una foto en blanco y negro). Todo está vacío. Miro el mar, miro el cielo. Se acabó, pienso.

algeciras

miércoles, 12 marzo 2025. Entramos con Sonia y Míchel a un bar. Me da la impresión de que están cerrando, pero no digo nada. Atravesamos un salón, pero no hay nadie ni hay salida. Volvemos a la terraza donde un camarero saca brillo a los vasos con un paño de cuadros rojos y blancos. Otro tipo se lía un cigarrillo. No me gusta nada, todo está sucio o roto. En otra terraza reconozco a Enrique (un compañero de la facultad al que no veo desde hace años). ¡Henry!, le digo y abro los brazos. Se vuelve, se alegra mucho de verme pero no se levanta (pienso que quizá en estos años haya tenido un accidente y esté en silla de ruedas, pero no digo nada). Le pide a Alberto que nos haga una foto para enviársela a Elías (otro compañero de Económicas). Henry vive en Algeciras, le digo muy contenta a Alberto, como si eso fuera lo mejor del mundo.

fiesta de disfraces

lunes, 28 octubre 2024. Estoy en un supermercado. A lo lejos veo a Alberto. Lleva una bolsa enorme de otro supermercado. Le hago señas para que se acerque. Un tipo muy alto y delgado (se parece a Charly, el amigo de Caína) me saluda familiarmente. No sé quién es. Cuando llega Alberto le digo: ¡Mira a quién me he encontrado!, y hago un gesto de "no recuerdo su nombre". El tipo dice que tomamos algo y nos pongamos al día. Nos sentamos en la terraza de un bar que parece cerrado. En la mesa de al lado hay dos chicas extranjeras. Nos dicen que vayamos con ellas a la bahía (no sé si se refieren al mar o un bar con ese nombre), porque se celebra una fiesta de disfraces. Pienso que quieren ligar con Alberto y "Charly". Pienso que Alberto dirá que prefiere irse a casa, pero dice muy animado que sí, que vamos. Cundo llegamos Bahía es una estación de autobuses. Hay una multitud expectante, entre ellas Ferran y Cumpián. ¿A quién esperan?, pregunto a una madre con un bebé en los brazos. ¡A Padura! Ah, estuvo el otro día en el Museo, le digo. De repente la multitud queda decepcionada con mi comentario y se van a sus casas. Ferran dice que tiene un libro para mí. Le digo que pronto tendré uno para él. Cumpián me pregunta por mis padres. Le digo que sigo cuidándolos, que ya tienen 97 y 93, que es muy cansado. Mi madre con 99 vivía sola, dice Cumpián. De repente estoy en el aseo de casa y "Charly" me lava el pelo. Sale mucho barro. Cuando me froto noto granos de tierra. o vamos a llegar a la fiesta de disfraces, le digo. Lo tengo preparado, me dice. Me seco el pelo, lo tengo corto y de punta (parezco Pumuki). De repente estamos en un edificio parecido al Hotel Miramar. Veo llegar a los amigos, entre ellos Elías disfrazado de policía. También están las dos extranjeras. Tienes que darte prisa, dice Elías. "Charly", un tipo que va en patinete y yo buscamos una habitación en el hotel para cambiarme, pero todas están cerradas. Llegamos a una zona de oficinas con cristaleras que dan a un jardín. Salimos y comienzo a quitarme la ropa para ponerme el disfraz. Al otro lado hay un edificio de oficinas. Todos los empleados (hombres) se han sentado para ver cómo me desnudo. Les hago una reverencia, aplauden, nos vamos. No he podido cambiarme. "Charly" me enseña un mapa, dice que no vaya a la fiesta, que me vaya con él. Tengo un mapa y una ruta, dice señalando una línea dibujada con boli.

segunda oportunidad

martes, 23 julio 2024. Todo sucede como si fuera una película y yo estuviera dentro de ella, pero solo de espectadora. Una chica vuelve a su casa, al principio viste muy mal (se le transparenta la ropa interior, no se peina ni maquilla, etc). Una tarde decide arreglarse. Su amiga se queda asombrada de lo guapa que está. Lleva un vestido plateado y le pregunta algo en el inglés al camarero que hay detrás de la barra. Este, alucinando con su belleza, deja caer un vaso que estaba secando. La chica tiene la voz muy grave. A pesar de ahora todo el mundo la admire se la ve totalmente infeliz. Me alejo de escena y llego a casa. Alguien me enseña una libreta con pasatiempos. Me fijo en que era una libreta que usaba hace años como agenda, donde apuntaba cada cosa que hacía con una inicial roja. Me fijo en que todo está como cuando era pequeña. Me miro las manos y el cuerpo y, efectivamente, tendré no más de diez años. Pienso que tengo la oportunidad de rehacer mi vida. Podría matricularme en Biología, como quería mi padre, en vez de en Económicas pero, ¿seré capaz de retener tantos nombres en latín? También pienso que en vez de no parar en casa cuando Alberto salía con otra, yo podría encerrarme en mi cuarto a estudiar. Pero entonces no conocería a Jurdi, ni a Elías y Henry, ni a nadie, y quizá nunca hubiera escrito poemas. Pienso en qué prefiero. Voy a ducharme (donde mejor pienso), pero la bañera está llena de agua sucia. Me da igual, me meto de todos modos. (Quizá haya influido que anoche vi el documental El método Farrer).

cuba, metro y gabardina

martes, 20 febrero 2024. Se supone que compartimos piso con Javi Rodríguez y Manolo Arana. Es hora de acostarse. Ellos salen corriendo para evitar hacer nada. Nos toca cerrar la cancela de la terraza, la puerta y quitar los platos de la cena. Miro a mi alrededor, no reconozco nada que sea mío, ni siquiera los muebles. Una noche deberíamos dejar las puertas abiertas para que entren y roben, igual nos hacían un favor, le digo a Alberto.
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Hago tiempo mientras espero a Alberto. Llevo una cesta rígida (bastante incómoda de transportar), con mis cosas (una especie de bandeja con asa de medio metro que casi llega al suelo). Se supone que estoy en Madrid, porque para volver tengo que tomar el metro Latina. No doy con él, las bocas de metro que voy encontrando tienen nombres rarísimos. Le pido un plano a un vigilante y me da una papel muy fino y húmedo, con un código QR. El móvil no lo acepta. Una chica (que se parece a Virginia) me pregunta si esa línea lleva al centro. Le digo que no sé dónde estoy, que creo que he caminado tanto que me he salido del plano y estoy cerca de Valencia (la chica se ríe, aunque yo lo decía en serio). Vemos a unos chicos algo frikis entrar a un local y decidimos seguirlos. Subimos por una escala metálica que hay adosada a la pared. La fiesta es friki: semisótano sin ventanas, luz enfermiza y solo chicos con gafas y camisas de cuadros abrochadas hasta el cuello. Hay un montón de máquinas de comecocos y cosas así. Intentan ser amables con nosotras, pero resultan torpes. Tengo la sensación de estar en una serie americana. Le digo a la chica que nos vayamos disimuladamente. Cuando estamos en la calle, me doy cuenta de que me he dejado el cesto y la chica su gabardina. Ella dice que prefiere perderla a volver. Vuelvo sola. Rebusco en un armario sin puertas. Los chicos se alegran de verme. Huyo como puedo por la dichosa escala con el cesto y la gabardina de la chica hecha una bola bajo el brazo. Mientras bajo no dejo de sonreír, para que crean que voy a volver y no intenten retenerme.
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Mi tía M y yo vamos a encargar algo a un almacén. Nos reímos del tipo que nos atiende porque le cambia el nombre a las cosas. Por ejemplo, habla por teléfono con alguien y le dice que ya tiene listos los pirreles para los trispillos (rieles para los visillos). Pienso que si trabaja igual que habla... El almacén es un camión que está en alto. Al salir tenemos que lanzarnos a una cuba llena de bolsas (¿de basura?) que hay en un callejón. Al salir entra en chico. ¡Oh, es Dani!, ¿no te acuerdas de él?, dice mi tía. ¡Cómo olvidarlo!, respondo alegremente (es Juke, uno de los personajes de "El asombroso mundo de Gumball"). Dani/Juke nos mira con recelo y nos pregunta de qué lo conocemos. ¡Qué mala memoria tienes, Dani, qué mala memoria!, responde mi tía casi cantando. Una vez en la calle, pienso que Elías y Henry habían quedado para cenar muy cerca de allí, pero no quiero dejar que mi tía vuelva sola a casa.

maleta

miércoles, 14 diciembre 2022. Elías me acompaña a casa de mis padres. Se sienta en el poyete del arriate del portal, junto a las plantas. Bajo con una maleta ropa. Salimos a la calle, me agarro a su brazo para no caerme. Por el camino se transforma en Enrique.
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Estoy en lo que parece una casa de campo. Hay una escalera muy empinada. Desde arriba veo a algunos actores grabando un videoclip. Le digo a Javi que no entiendo por qué los actores tienen que también que cantar, que eso es exprimirlos, que cada uno debería dedicarse solo a una cosa, a lo que haga mejor. Javi me escucha mientras toma el sol. No sé cómo preguntarle si tiene una habitación libre, porque he dejado mi casa y no tengo donde ir.

círculo de teletransporte

sábado, 16 mayo 2020. He quedado con Elías a las 15.15h. Para no llegar tarde a ninguna cita he construido un círculo de teletransporte en el parque. He colocado piedras negras formando un círculo sobre un empedrado blanco, si camino de derecha a izquierda sobre ellas y rápidamente me coloco en el centro, me llevan al lugar al que quiero ir en ese mismo instante. Lo hago, pero no sucede nada. Repito la maniobra varias veces. No funciona. Veo a unos chicos trabajando. Le pregunto si han tocado las del círculo. Uno de ellos me dice que los contrataron para arreglar el empedrado y como estaba perfecto, para no quedarse sin trabajo, sacaron todas las piedras y las volvieron a recolocar. ¿La piedras del círculo son las mismas? No, están desperdigadas por el parque, dice. Pienso que ahora cada una de las piedra que formaba parte del círculo de ha convertido en miniteletransporte y que quizá por eso aparezcan hormigas en sitios insospechados. Me dirijo a la parada de bus y veo a mi madre en la cola. Me sorprende muchísimo que haya salido sola, pienso que quizá se haya perdido. La abrazo. Dice que lleva tres cuartos de hora y el bus no aparece. Miro el reloj, son las 15.45h. Seguro que Elías sigue esperándome, pero no puedo dejar sola a mi madre. Le pregunto dónde va. Dice que ha encontrado el álbum de fotos de mi abuela y que hay fotos de todas sus nietas menos mías. Que iba a casa de mi abuela a buscar mis fotos. Pienso que se ha olvidado de que la casa de mi abuela es ahora un bloque feo de pisos. Le digo que yo saqué mis fotos del álbum, que las tengo guardadas, que no se preocupe.

gafas, vestido acartonado y cencerrada

miércoles, 15 febrero 2017. Voy a recoger unas gafas. me dicen que estarán listas la próxima semana. Al darme la vuelta para marcharme, me dicen que ya están listas. Me cobran 100 euros menos que el precio convenido. No veo nada con ellas.
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Encuentro una caja con unas medias y un vestido camisero que, se supone, fueron de mi madre. Como es demasiado corto, me lo pongo sobre el vestido que ya llevo puesto. La tela está acartonada y para que me cierren los botones debo ponerme un sujetador muy apretado tipo años 50. Las medias están pasadas y se rompen. Un chico, mitad Elías, mitad Manuel, me dice que me dé prisa porque no llegamos a la cencerrada. Señala a lo lejos. Se ven luces rojas, blancas y verdes cubriendo un monte. Le digo que vaya solo, que yo lo espero en el hotel.

champiñones

miércoles, 11 diciembre 2013. Llego a un bar después de bajar una cuesta entre dos paredes encaladas. Me siento en una mesa donde Joan está mirando la carta. Le pregunto qué va a pedir. Algo con champiñones, dice. Veo que a mi lado está Elías con una chica. La chica tiene la ropa, la piel, el pelo, incluso los ojos, como si hubiese estado metida en lejía. El pelo y los ojos tiran a rosa despintado. No quiere que Elías se acerque demasiado a mí, tira de él. Quiere pedir duces. Muchos, dice. Sus cartas son normales, la mía es un rollo de bolsas de basura donde han escrito los platos. No sé qué pedir. No pidas champiñones, dice Joan.

guantes de boxeo

jueves, 9 agosto 2012. Llego a una especie de venta donde he quedado  con un grupo. Es una venta con habitaciones. Me toca una habitación con ventana a un patio andaluz donde hay gente desayunando. Cuando me quedo sola, me río tapándome la boca. Me acuerdo de Juan, de lo que disfrutaría allí, diciendo los dos: "Cuanto peor, mejor". Alguien llama, dice que es la hora. Bajo al patio, un grupo me espera. No conozco a nadie. La mayoría son chicas. Llevan carpetas. Saco un archivador de anillas y lo pongo sobre la mesa. Todas me miran. Con toda naturalidad, lo abro y les voy contando lo que guarda cada página plastificada. Son fotos que resumen mi vida. En una de ellas aparecen unos guantes de boxeo rojos, como los que llevaba David en la foto que me envió. Estos guantes son un recuerdo de mi amigo Elías, les digo. De repente, Elías está sentado a mi lado. Me acuerdo de ese día, dice sonriente. Me alegro muchísimo de verlo, tengo ganas de abrazarlo, pero sigo pasando páginas. Cuando termine con esta pantomima, nos vamos, le digo con la mirada.

un bosque (despeinado y confuso)

sábado, 14 enero 2012. Entro en un bar y veo a Manuel al final de la barra. La barra está tapizada en cuero corinto con tachuelas. Mientras me acerco, pienso en la imagen tan fotogénica que forman: Manuel con su pelo de Hombre Cangrejo, su camisa de cuadros ajustada, y esa barra años 60. Nos abrazamos, no decimos nada. Al momento llegan dos amigos de Económicas a los que hace más de veinte años que no veo. Los sigue Claudia Schiffer. Francis llega con Daniel, pienso que no recuerdo que hubieran coincidido nunca hasta hoy. Se van sentando callados, ordenadamente. Veo a una chica despeinada, con abrigo y bufanda. Pienso que se parece muchísimo a Juano, pero no recuerdo que Juano tuviera una hermana mayor. Detrás de la chica veo a Juano vestido exactamente igual, despeinado y con cara de despiste. Lo veo tan desvalido que quiero acercarme a abrazarlo, decirle cuánto lo echo me menos. Mientras me acerco pienso que parece un bosque. Le aprieto el brazo a Manuel, como diciéndole "ahora vengo" y me acerco a Juano, lo abrazo, lo beso en la cabeza y en la frente. Trato de ordenarle el pelo. Los demás me miran. Me acerco a cada uno y les doy un beso en la frente. También a Claudia Schiffer.

elías motorizado

jueves, 11 diciembre 2008. Elías me está esperando cerca de casa de mis padres subido en una moto enorme. Dice que ha venido a buscarme y me tiende un casco que saca de debajo del asiento. Llevo el uniforme del colegio y temo que las tablas de la falda se me arruguen. Una vez estamos los dos en la moto, ésta se convierte en un toro mecánico.