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caramelos

martes, 28 enero 2025. Llego tarde a una lectura. Como cada uno está a lo suyo, dejo un libro dedicado en una estantería y me siento a esperar. Una señora me ofrece caramelos, unas bolitas rojas que parecen de cristal. Le doy las gracias y le digo que no como caramelos. Se me  echa encima, intenta metérmelos en la boca a la fuerza. Me grita que tengo muy poca vergüenza y no quiere verme más por allí. Otras dos señoras de la organización me consuelan. Cuando voy a irme fijo en que falta un zapato y el bolso. Sospecho que la señora de los caramelos me los ha escondido. Me apoyo en el quicio de la puerta a llorar. Veo a Oeste (lleva el pelo largo), sale con dos o tres personas. Me apena que se vaya sin habernos saludado. De repente se vuelve y me ve. Se acerca, me abraza, me pregunta si estoy bien. Me echo a llorar desconsoladamente. Le digo que he perdido un zapato y el bolso Me ayuda a buscarlos (estaban escondidos detrás de la estantería). Salimos. La señoras se disculpan por el comportamiento de su compañera, me dicen que vuelva cuando quiera. En la calle hay un atasco enorme. Francis me saluda desde lejos, me hace señas (a mi lado está Farfán, pero me da vergüenza saludarlo después de tantos años). Salvatore va en uno de los coches. Le pregunto si ha visto a Alberto. Dice que está en una conferencia sobre Schopenhauer.

batido de fresa

lunes, 5 diciembre 2022. Nos asomamos entre las chapas metálicas que han puesto alrededor de la plaza de la Merced y vemos que están jugando un partido de waterpolo. En ese momento, una jugadora le saca tarjeta roja a la arbitra (se va muy triste diciendo que es una injusticia). La jugadora vuelve satisfecha y yo le lanzó una mirada de odio. Alberto dice que no me olvide de comprar una libreta y agua. Aparecen De repente varios amigos (incluidos tres compañeros del instituto que hace años que no veo). Alberto quiere enseñarles algo en casa y lo siguen. Ellos dicen que no van. No despedimos, los abrazo. Alberto y el resto del grupo ya han desaparecido. Javi dice que se queda para acompañarme. Javi se convierte en Violeta. Mientras caminamos enciende un cigarrillo. Se lo quito, le digo que no se le ocurra volver a fumar, y lo aplasto en una maceta. Entramos en su piso (se parece al de Cumpián). Allí están sus compañeras de piso, a lo suyo, leyendo y escribiendo. Les advierto que si ven una colilla en una maceta he sido yo. Me enseñan un video de una fiesta donde me parece reconocer a Joseda perreando. De repente esto con Carlos, enseñándole unas fos que le hice. Tiene que verlas mi madre, dice. Su madre está sobre una colchoneta comiendo una manzana. Pienso que no le gustará nada ver a su hijo así (en la foto Carlos está tumbado sobre una mesa y alguien le ha echado un cubo enorme de batido de fresa). Ángeles se ríe mucho al verla. Ahora Carlos y yo vamos por la calle. Empujo varias cajas de leche. Llegamos a Carrasquilla. Carlos quiere que entre saludar. Meto la cabeza, veo a Carmelina. Me sorprende que esté igual de joven que hace cincuenta años. Me mira. Soy Belinka, le digo tímidamente. Se alegra mucho de verme. Le da a Carlos un móvil para que le busque mis libros.