gravedad

martes, 30 noviembre 2010. Álvaro García está solo en mitad de la calle. Me acerco a saludarlo, le pregunto si está bien. Somos iguales, dice. Al momento se transforma en Avi, una niña del colegio que murió muy joven. Me alegro mucho de verla, le pregunto por otras compañeras. Según las nombro, aparecen. África va vestida de monja, pero con una gran pamela. Empiezo a sentirme incómoda, nunca me gustaron las reuniones de colegio. Me despido. En el hall del hotel donde se supone que me alojo, veo a Mesa Toré. Cuida a Álvaro, por favor, le digo. Subo a una habitación. Me quedo con el pomo en la puerta. Dentro están Emilio y su hijo Dani. Ven a tirar habas desde la ventana, me dicen. Las habas explotan, dice Dani entusiasmado. Lo veo tan feliz que no me atrevo a decirle que, aunque esté allí, su padre está muerto. Sus habas explotan siempre, las mías no. Será que las tiro con menos fuerza, digo. ¿Es que no has aprendido nada sobre la gravedad?, dice Dani. Emilio y yo nos miramos asombrados. Decido marcharme, entro en mi habitación y encuentro a mi madre cambiándose de ropa. Me da un susto de muerte. Se maquilla con unas pinturas que parecen de juguete.