jueves, 26 marzo 2026. Estoy buscando a Alberto (salió de casa en camiseta de tirantes y un cubo). Entro en un portal donde hay un despacho con un mostrador antiguo de madera. Una chica me dice que estaba esperándome, quiere que dé una charla sobre el silencio. Le digo que la mejor charla sería no decir nada. Le pregunto si ha visto a Alberto. Se ha enfadado y no me contesta. Salgo, no reconozco las calles.
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Estoy en la que fue mi casa de calle Salitre. Hay mucha gente y, se supone, tengo que hacer comida para todos. La cocina está tomada por mi familia, todo está manga por hombro. Encuentro pechuga de pollo, la corto en tiras, la rebozo e intento freírla, pero no hay fuego. Mi madre inventa un hornillo con papel de aluminio sobre la encimera. Cuando lo llevo a la mesa el pollo se ha convertido en pescado. Hay dos platos, uno con espinas y otro sin. Mi hermana (sin dejar de mirar el móvil) dice que para ella sin espinas. Le digo que lo deje para los mayores, y así evitar que se atraganten. Nada. Me fijo en que no estemos en casa, estamos en la acera, delante de un edificio que no reconozco. En el portal hay una especie de pecera donde una pareja cena a la vista de todo el que pase. No entiendo nada, solo deseo no estar allí.