turismo siniestro

lunes, 24 agosto 2020. Grupo desconocido. Llegamos a una especie de iglesia en construcción. Mientras el guía va comentando cada cosa que vemos, todos cogen una piedra de recuerdo y la esconden en la mochila. En una especie de balcón sin barandilla hay piedras de cristal ovaladas. Todos cogen una. Cuando llega mi turno el guía dice que está prohibido tocar nada. Miro al resto con asombro, se hacen los locos, el guía vio cómo las cogían. No digo nada. El suelo va retrocediendo hasta llegar donde estoy. Voy a caer, les digo. No dicen nada, no mueven un dedo por ayudarme. Comienzo a caer al vacío. No sé cómo consigo dar marcha atrás y vuelo a estar donde estaba. Sigamos con la visita, dice el guía como si nada.

carroña

viernes, 21 agosto 2020. Vemos una especie de pista de atletismo enorme por donde pasea la gente. Una chica me cuenta que pasean como si se tratara de una pista de hielo. Se ríe. Le digo que donde vivo la gente también pasea en un sólo sentido desde que hay virus. La chica se queja de que nunca digo la palabra Amiga. Le recuerdo que una vez le dije que ella era lo más parecido a una mejor amiga. Dice que esas palabras sólo son carroña. Pienso que no sabe lo que es la carroña. Me dice que bajemos. Lo dice y ya estamos en el centro de la pista de atletismo, quiere enseñarme dónde entrena. Una especie de cabina del tamaño de un ascensor donde guarda una pelota de Pilates, pesas y ropa de deporte. También veo en un estante dos edredones y algunos trastos. Mientras defiende jugar al fútbol sobre tierra batida, pienso en que tiene la casa tan ordenada porque usa la cabina como armario. Cuando termina de hablar me mira esperando una respuesta. Yo prefiero el fútbol sobre césped, le digo.

lino

lunes, 17 agosto 2020. Voy por la calle con un grupo de personas a las que no conozco. Llevo a una niña de la mano. Alguien me pregunta quién es. Le dijo que es hija de un poeta madrileño de quien no recuerdo el nombre. Como si sólo hubiera dos, respondo: de Juan marqués no, del otro. Comienza a llover y nos resguardamos bajo un árbol con hojas enormes. Aparece Francis muy joven y muy contento. Lleva un pantalón de lino de rayas y un blusón de bambula. Saluda a todos efusivamente. Después corre hacia mí. A quién quiero más y te saludo la última, dice.

masoquista

domingo, 9 agosto 2020. Llegamos a lo que parece una estación de tren abandonada, aunque sigue funcionando. Vamos con una chica y su hijo. La chica quiere usar los servicios pero no los encontramos. Por un ventanuco se ven unos servicios sucios y abandonados. Alberto y su hijo le dicen que no entre. Ella escarba un hueco de la pared para poder entrar. Si entra queda demostrado que es masoquista, dice Alberto y su hijo asiente.

platónicas

sábado, 8 agosto 2020. Se supone que he hecho un viaje exprés a Madrid para hablar con Aloma. Llego a su casa. Parece un caserón de la Habana vieja. Me dice que se alegra de que nos hayamos enamorado. Le digo que mi amor es sólo platónico. No entiendes nada, me grita. Se enfada muchísimo. Cojo mi bolsa de viaje y me voy en silencio. Ella me llama desde una ventana, no sé bien si me grita que me quede o que no vuelva más.

detergente

jueves, 6 agosto 2020. Llego a casa de mis padres con la compra. Dejo las bolsas en la cocina para no contaminar nada. Mi madre saca una botella de detergente, la rompe y la vuelca sobre las bolsas y el suelo. Se ríe. Pienso que ha perdido la cabeza. Se lo cuento a mi padre preocupada. Mi padre gira sentado sobre un taburete y se ríe como nunca lo he visto reír. Me enfado muchísimo, intento recoger mis cosas del que fue mi cuarto y largarme de allí, pero alguien las ha escondido por toda la casa. Tengo que ir abriendo puertas y cajones para dar con ellas.

una de zombies

miércoles, 5 agosto 2020. Me persiguen unos zombies que parecen muñecos enormes de Barrio Sésamo. Hay que fijarse bien en los ojos para saber quiénes son zombies y quiénes no. Los zombies tienen los ojos fijos y rojos. Una zombie se hace pasar por una mujer a la que persiguen. Me doy cuenta, pero la hago pasar a casa de todos modos. Una vez dentro intenta atacarme. Cojo un puñado de lápices para defenderme. La zombie dice que será mejor que le clave un bolígrafo. Tiene un agujero enorme en la frente por donde se cuelan los lápices. Ella insiste: O me clavas un boli en le pecho o nunca te librarás de mí. Lo hago. (Es la primera vez que mato a alguien en un sueño).

talón

martes, 4 agosto 2020. David Leo necesita una tirita. Se la doy. Escribe algo en ella y me la devuelve. Me la pongo en el talón. Llevo un poema en el talón y eso me hará más fuerte, pienso.

soñé contigo

no sé qué
pero sé que eras tú

me preguntabas algo

respondí algo
que te hizo reír dulcemente
y marcharte

volviste la cabeza dos veces


(jueves, 30 julio 2020)

próxima estación ángel exterminador

miércoles, 22 julio 2020. Llego (tarde) a la proyección de una película en un salón de actos enorme y a oscuras. Alguien me dice que sólo hay sitio en la primera fila, me acerco, pero no me dejan pasar. Les digo que formo parte del jurado. Nada. Salgo. Camino por una calle igual de oscuras que la sala. Podrían dar miedo (incluidas algunas personas que acechan en cada esquina, pero son ellas quienes parecen temerme y se apartan. Llego a una explanada en mitad del campo. Parece una estación de metro. Alguien dice que me dé prisa y suba a la plataforma porque el metro va a salir. Se supone que no hay vagón y, aunque la plataforma no se mueva , ya estamos viajando (aunque el paisaje tampoco cambie). Van sucediéndose personajes. Entre ellos Sr. Chinarro que, como en todos los sueños, intenta cuidar de mí. Dice que su amigo tiene un plano y podrá indicarme cuál mi parada. El amigo no tiene ni idea, da vueltas al plano (me recuerda a Woody Allen haciendo de las suyas). Finalmente dice que estamos muy lejos de donde quiero ir y que no hay línea que llegue hasta allí. Pues me voy andando, le digo. No puedes, llevas zuecos de claqué. Me miro los pies. Efectivamente llevo unos zuecos (que vi antes de ayer en Natura). Una chica se acerca, al parecer se ha enterado de que era jurado y me hace la pelota para que la película de su amiga gane. Incluso se ofrece a llevarme en su coche donde yo quiera si antes nos tomamos algo. ¿Después de beber me vas a llevar en tu coche? Están todos sentados alrededor de una mesa, bebe y se ríen. Empiezo a sospechar que eso no es un vagón ni estamos moviéndonos. Intento bajar pero hay algo, como en El Ángel exterminador, que no me lo permite.

abrazo

sábado, 4 julio 2020. Enrique y yo estamos en lo que parece un apartamento turístico. La puerta da directamente a la acera. Estoy recogiendo las cosas para marcharnos cuando, de pronto, empieza a entrar gente con mochilas y sacos de dormir. Se instalan. Les digo que tienen que marcharse porque tengo que entregar la llave antes de las doce, pero nadie se mueve. Enrique me abraza. Dice que no me preocupe por nada.

momia

martes, 23 junio 2020. Se supone que otra chica y yo volvemos a casa en bus después de ensayar una lectura. Uno de los organizadores me dice que le ha gustado más cómo lee la otra autora, que yo leo como una momia. Se me escapa una risotada que hace que el conductor pierda el control y el bus acabe en la playa.

papel de patata

sábado, 20 junio 2020. Parece una fiesta al aire libre, pero es una especie de reunión de escritores. Eduardo dice que tiene una gran noticia. Le digo que aproveche el escenario vacío y que el micrófono está encendido. Primero prefiero contártelo a ti para saber si merece las pena, dice. Me cuenta que el político que había prometido comerse un periódico si había mentido (y se lo comió en público), había encargado días antes que le fabricaran un periódico de papel de patata. ¡Tienes que contarlo, es un notición!, le digo. Y si puedes conseguir la receta, te lo agradecería, añado.

medio tomate cherry y pinzas moradas

jueves, 11 junio 2020. Parece un colegio. Las clases parecen peceras, con las paredes de cristal. En una de ellas han organizado un concurso de cómics. Los dibujos de los cinco finalistas están sobre la mesa. Alguien me pregunta cuál es el que más me gusta. Hoy me ha pasado algo rarísimo, lo más raro que me ha pasado en la vida, les digo. No quieren saber nada, sólo que diga cuál me gusta más. Me siento muy triste. Eso tan raro que me había pasado era que al apretarme el pecho había salido medio tomate cherry y no sabía si dentro quedaba el otro medio. No les cuento nada, sigo mirando los dibujos sin ganas.
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Vamos en una autocaravana. Mi padre va en el asiento del copiloto. Le pregunto si está bien, si le gusta esta manera de volver a ver mundo. Hace un gesto de sí pero no. Le digo que así podrá volver a ver un campo de amapolas. En vez de mirar el paisaje me dice que levante el cojín del asiento. Debajo hay un montón de pinzas de plástico. Sepáralas por colores, dice, y me das las moradas.

el inventor de partituras

lunes, 8 junio 2020. Me encuentro a Paco mientras camino por la calle. Hace más de veinte años que no nos vemos (en el sueño y en la vida real). Seguimos andando mientras nos ponemos al día. Al preguntarle si sabe algo de Josemiguel, aparece. Me doy cuenta de que los tres llevamos sombrero. Paco uno de vaquero, Josemiguel un gorro de ducha y yo una gorra de golfillo. Le digo a Josemiguel que, por su bien, no salga así a la calle. Hacemos un pacto: ninguno de los tres volveremos a llevar sombreros/gorros nunca más. Al quitarme la gorra aparece como en los anuncios una melena larga y rizada. Les cuento la última vez que nos vimos y él no me reconoció. Se sorprende de mi memoria. Mientras hablo, en paralelo, se suceden imágenes de cómo habría sido mi vida con él (por ejemplo: va de compras en patinete, cargado de bolsas, y no se baja ni para entrar en las tiendas). Mientras le hablo, pienso que de buena me he librado.
+
Cruzo la calle en patinete, no soy capaz de frenar y choco con un chico que estaba agachado haciéndole una foto a su mujer. Les pido disculpas y le agradezco que me haya frenado. Se lo toman bien, se ríen. Resulta que somos vecinos. Me preguntan si soy la amiga de Blanco. Dicen que nos conocimos en su cumpleaños. Vivimos en el tercero. Yo en el quinto. ¿Desde tu piso ves al inventor de partituras? Me cuentan que el inventor de partituras al principio molaba mucho, pero desde que le ha dado por la música dodecafónica vuelve locos a los vecinos y que, como las inventa en la terraza, le tiran nueces y cubitos de hielo a ver quién le da en la cabeza. A veces le tiran hasta patatas, dicen en voz baja. Quieren que conozca a sus hijos. Al entrar, los amigos de Blanco se han convertido en Irene Montero y Pablo Iglesias. La casa está muy desordenada. En vez de sofá hay una cama deshecha. La abuela de los niños juega con ellos. La alfombra está llena de juguetes. Me enseñan la terraza del inventor de partituras. Les digo que desde la mía se ven las piscinas, que suban cuando quieran. El niño mayor se pone muy contento y me abraza. Les digo que el mayor es igual a ella y el pequeño idéntico al él. Pablo se mete en la cama (vestido y calzado) a leer. Aparecen otros amigos. Voy a la cocina. Por la ventana veo el patio del inventor de partituras. Al ver que tiene una barra de bar de madera me cae bien. Pienso en si les sentará mal que me vaya sin despedirme.
+
Estoy en el vagón de un tren muy antiguo. Alguien se dejó la ventana abierta. Al intentar cerrarla se me vuela el periódico. Salgo a por él. Cuando intento volver a entrar, la puerta del tren (que es metálica y muy pesada) está demasiado alta. Me agarro como puedo con las yemas de los dedos, como si hiciese escalada. El tren silba, la puerta se cierra, me pilla los dedos. Me duele muchísimo pero no quiero soltarme porque mis cosas están dentro. El tren toma velocidad, pienso que si me concentro puedo viajar así (recolgada de dos dedos) hasta que lleguemos a la siguiente estación. Veo que nos acercamos a un túnel. No sé si conseguiré pegarme lo necesario para no chocar con la pared. Cierro los ojos. (Me despierto).

carcasa

sábado, 6 junio 2020. Salón de actos vacío. Todos acaban de marcharse. Paso la mano por la mesa, como si fuera a recoger migas de pan y arrastro un puñado de letras de papel metalizado. También hay un cuenco con pendrives y dos cámaras de fotos. Recuerdo que mi hermana olvidó la suya en algún sitio. Le llevo una. En casa, vemos que no era la suya. Esta contiene una película de una chica que cuenta su viaje a Italia. Vuelvo al salón de actos, pero se ha transformado en un restaurante. Todo está a oscuras, limpian el sueño con cubos y fregonas de los años 60. Le Explico que me llevé una cámara y era la otra. Me la cambian. La que me dan es una carcasa vacía. Al tomarla entre las manos se desvencija como si fuera un pelele.

contubernio

jueves, 4 junio 2020. Hemos quedado con Perkins en la puerta de la librería Teseo. Lo vemos desde lejos pero no podemos avanzar porque hay un atasco en la acera. Le hacemos señas con los brazos, no nos ve y se va. La calle se transforma en un autobús. Vamos de pie en el pasillo. Algunos protestan porque hay quien no lleva mascarilla. Se cambian de asiento para no estar a su lado. Al bajar, notamos que nos vigilan e intentamos huir. Llegamos a un barrio con edificios a los que les falta la pared frontal. Están amueblados, parecen casas de muñecas. Entramos en una que acaba en una calle sin salida con una pared que baja unos 20 metros. Le digo a Alberto que podemos descolgarnos uniendo sábanas, como los presos de dibujos animados. Dice que él se queda, que yo me esconda bajo la cama. Bajo la cama no hay suelo. Me escondo entre el colchón y el somier. Entra una pareja de nuestra edad. Hablan con nombres en clave. Veo cómo le enseñan a Alberto fotos de sus padres con círculos en la cabeza. En esta lo tuvieron a 17 centímetros, debería tener más cuidado, le dice. Veo cómo comienza a entrar y salir gente, parece que trabajan allí. Lo que parecía un armario de cocina contiene carpetas e informes. Entra Garzón y me saluda con naturalidad. No entiendo cómo conoce mi nombre. Me habéis descubierto, les digo. Sabíamos que estabas ahí todo el tiempo, pensamos que dormías, dicen.  Entra un chico, me suena haberlo visto haciendo de monaguillo en Semana Santa y me cubro con un edredón. Cuando se va les digo que es un espía. Lo sabemos, dicen y sonríen. Me preguntan de dónde viene mi nombre en clave. Les cuento que me lo puso un novio noruego de mi tía M, que es el nombre de una constelación. Mientras lo digo, recuerdo que no fue así. No, no, fue mi abuelo, les digo, pero el novio noruego existió de verdad. Habrás leído a Hamsun, dice uno. Claro. ¿Y tú has leído a Ingvar Ambjornsen? Se va cabizbajo. ¡Cuando lo leas te va a encantar!, le grito mientras se aleja.

desorden

martes, 2 junio 2020. En la mesa hay restos de lo que parece haber sido una comilona. Cuando voy a retirar los platos, mi padre dice que no toque nada, que aún falta por llegar mi tía E. Le digo que ha ido al hospital a cuidar a alguien y no creo que vuelva hasta el día siguiente. Ordeno la casa (que no se parece en nada a la de mis padres). Al abrir un armario, veo entre la ropa jamón york, costilla de cerdo y bacon. Pienso que alguien ha confundido el armario con el frigorífico y habrá que tirarlo todo.

revisión

lunes, 1 junio 2020. Estoy en lo que parece un cuartel. Tenía cita para que me hicieran la revisión de los ojos, pero hasta las 20h no puedo salir del barracón. Salgo. En la enfermería no hay nadie. Pasillos vacíos, papeles tirados por el suelo, como si todos hubieran huido de repente. Un chico asoma la cabeza desde detrás de un mostrador. Me explica que no hay nadie. Tenía revisión le digo. El chico sonríe, se encoge de hombros.

comanche

sábado, 30 mayo 2020. Daniel había tenido un hijo y había puesto un nombre que sonaba a comanche. Me lo contaba por teléfono, desde una cabina. Yo quería decirle que estaba muy triste y no sabía dónde ir, pero no me parecía bien estropearle su buena noticia.

yogur

jueves, 28 mayo 2020. Carmen tiene tres niñas en vez de dos. La más pequeña me tira del jersey, dice que quiere un yogur. Le digo que su madre está muy ocupada porque ahora es fotógrafa. Veo a Carmen al final de la calle, detrás de una barandilla haciendo fotos. Si hay yogur en la mochila te lo doy yo, le digo a la niña.

piedras con pelo

viernes, 22 mayo 2020. Parece un restaurante de lujo que, según van marchándose los invitados, va convirtiéndose en un chiringuito de playa. Alguien lo retransmite por megafonía: "Ahora salen los padres de los novios, ahora los padrinos, algunos invitados han bebido de más, podrán identificarlos fácilmente por...", etc. Algunos invitados llevan una tira de plumas blancas en la cabeza. Los que la llevan (tanto hombres como mujeres, parecen avergonzados). El chiringuito ha desaparecido por completo, queda la playa. Las damas de honor se quitan los vestidos y se lanzan al agua. Me llama la atención que llevaban debajo el bikini. Mientras todo esto sucedía Joan jugaba con las piedras de la orilla. Le pregunto si nos bañamos o el agua estará muy fría. En ese momento una ola llega hasta nosotros y moja a Joan hasta la cintura. Muy fría, dice. Le digo que a pesar de tener ya la piedra perfecta, me gustaría llevarme otra, pero no sé cuál. Joan me lanza una piedra gris con forma de romboide. Es preciosa, pero sigo buscando. Miro las piedras que tengo a mi alrededor y observo que a algunas les están creciendo pelos. Siento un asco infinito. No quiero decirle nada a Joan para no estropearle el día. Quiero marcharme de allí.

chispas

jueves, 21 mayo 2020. Parece que la fue la primera casa de mis padres. Mi padre sale de la cama muy enfadado. Dice que no ha podido dormir toda la noche por mi culpa, porque al hacer la cama dejé muy corto el embozo de la sábana. Lo dice a gritos y se vuelve a acostar. Al momento vuelve y enciende el calentador. Le digo que parece que bombona está vacía. Para demostrárselo la levanto con un dedo. Enfurece y llena un esto de mimbre de trozos de madera y le prende fuego. La madera suelta chispas, saltan hacia los muebles. Temo que provoquen un incendio. Me vuelvo a la cama y si se incendia la casa será culpa tuya, dice mi padre.

cuatro peras y un cuhillo

lunes, 18 mayo 2020. Se supone que acabamos de salir de una lectura de poemas y estamos decidiendo a qué bar vamos. Jorge me dice algo que no llego a entender, mientras un chico muy alto sale de su coche y se acerca a nosotros. Pienso que me ha advertido de que es Jota, pero estoy segura de que se ha equivocado porque no se parece a Jota. El chico se acerca a nosotros, saluda, me da dos besos. Le digo a Begoña que se acerque, que debemos decidir dónde vamos. Di ce que ella se va a su casa. Caigo en la cuenta de que estamos en A Coruña. Como si se tratara de una obra de teatro, les digo: Vamos a empezar desde el principio.
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Alberto, Iker, Joan y yo, estamos en una terraza de un bar. La mesa es muy pequeña y nuestros codos chocan cuando comemos. Nos reímos todo el tiempo de la situación. A la hora del postre, sólo hay un cuchillo y debemos esperar a que otro termine de usarlo. Además, el cuchillo no es de postre, es de mantequilla. Cuando por fin me toca, Joan dice: Cuatro peras y un cuchillo. Como si fuera la frase más graciosa del mundo, nos reímos todos a carcajadas.

círculo de teletransporte

sábado, 16 mayo 2020. He quedado con Elías a las 15.15h. Para no llegar tarde a ninguna cita he construido un círculo de teletransporte en el parque. He colocado piedras negras formando un círculo sobre un empedrado blanco, si camino de derecha a izquierda sobre ellas y rápidamente me coloco en el centro, me llevan al lugar al que quiero ir en ese mismo instante. Lo hago, pero no sucede nada. Repito la maniobra varias veces. No funciona. Veo a unos chicos trabajando. Le pregunto si han tocado las del círculo. Uno de ellos me dice que los contrataron para arreglar el empedrado y como estaba perfecto, para no quedarse sin trabajo, sacaron todas las piedras y las volvieron a recolocar. ¿La piedras del círculo son las mismas? No, están desperdigadas por el parque, dice. Pienso que ahora cada una de las piedra que formaba parte del círculo de ha convertido en miniteletransporte y que quizá por eso aparezcan hormigas en sitios insospechados. Me dirijo a la parada de bus y veo a mi madre en la cola. Me sorprende muchísimo que haya salido sola, pienso que quizá se haya perdido. La abrazo. Dice que lleva tres cuartos de hora y el bus no aparece. Miro el reloj, son las 15.45h. Seguro que Elías sigue esperándome, pero no puedo dejar sola a mi madre. Le pregunto dónde va. Dice que ha encontrado el álbum de fotos de mi abuela y que hay fotos de todas sus nietas menos mías. Que iba a casa de mi abuela a buscar mis fotos. Pienso que se ha olvidado de que la casa de mi abuela es ahora un bloque feo de pisos. Le digo que yo saqué mis fotos del álbum, que las tengo guardadas, que no se preocupe.

escoba de bruja y dos caballos

lunes, 11 mayo 2020. Estoy en una iglesia, hay mucho trasiego, parece que va a empezar la misa. Veo cómo una chica mira a su alrededor para salir de allí. La sigo. Llegamos al servicio, pero está ocupado. Otra chica se cuela, abre la puerta antes de que nos de tiempo a decirle que hay un tipo dentro. La chica sale avergonzada, pidiendo perdón. Pienso que no me gusta que el servicio sea unisex. Cuando me toca entrar, el servicio es una habitación enorme, mal encalada y vacía. El inodoro está al fondo, en un rincón, inestable sobre dos ladrillos. El aro de la tapa está roto y sucio. No sé cómo hacerlo para no rozar nada. Me mojo los pantalones. Pienso que no puedo volver a la iglesia. Me estiro la camiseta para que nadie vea que me he mojado. Al salir hay un parque de tierra. Un chico barre las hojas de los plátanos con una escoba de bruja de dibujos animados. Intenta ligar conmigo. Le quito la escoba y lo amenazo con el palo.
+
Estoy en la pista de un circo. Hay cierto revuelo: buscan a un niño que, dicen, ha colocado varias cargas de dinamita. El niño está escondido detrás de un poste de rayas azules y blancas en espiral. Tiene cara de susto. Voy a sacarte de aquí, le digo. Le pongo un disfraz de soldado (parece el soldadito de plomo del cuento) y me lo llevo de la mano, simulando tranquilidad. Llegamos a un dos caballos celeste que hay aparcado. Antonio Cantos nos espera en el asiento del conductor. Llega Antonio Montes y mi abuela (que va vestida igual que la madre de Isabel II de Inglaterra). Cada uno trae a un niño de la mano. Pienso que también los han rescatado de alguna fechoría. No podemos ir tantos, le digo a Cantos. Mi abuela parece un dibujo animado, da un salto y se deja hundir en mitad del asiento de atrás. Parecen muy contentos. Cantos se cambia al asiento del copiloto. Le digo que no pienso conducir. Dice que entre de una vez, que tiene reserva en un restaurante para celebrar mi cumpleaños.

una sartén muy pesada

domingo, 10 mayo 2020. Estoy en un supermercado y alguien me dice que mi carrito está ya en la caja. Me pongo en la cola. Soy la única sin carrito. Los demás los llevan exageradamente llenos. Cuando llega mi turno hay dos carritos junto a la cajera. Están cubiertos por una tela blanca. Por el volumen, sé que ninguno es el mío. Su carrito está en el almacén, me dice. Para no salir con las manos vacías, ni haber hecho la cola en balde, compro unas carrilleras de cerdo y una sartén que pesa muchísimo. Camino del almacén, pienso que no podré con todo y que sería mejor dejar la bolsa en casa. Además, no sé cómo, en la bolsa también hay cuatro botellas de vino. Llego a la casa de mi abuela, mi madre sale, le pregunto si quiere acompañarme a recoger la compra al almacén del súper. Mi madre se convierte en Alberto y dice que salía en ese momento a comprar un metro. En casa hay dos, le digo. Pero los has cambiado de sitio y no doy con ellos. Si me ayudas a traer la compra, te digo dónde están.

autoconfinamiento

miércoles, 6 mayo 2020. Hay una fiesta popular en la playa para celebrar que acabó el confinamiento. Todo el pueblo va disfrazado y están subidos de cuatro en cuatro en unas plataformas de madera muy inestables. Cada uno dice una frase, todos se ríen, aplauden y le dan la palabra a otro grupo. Uno de ellos se burla de otro grupo, hacen intento de bajar de las plataformas para pelear, pero justo en ese momento alguien grita ¡La ola! y todos corren hacia el mar. Yo voy a con Alberto y dos niñas. No sabemos qué hacer con nuestras cosas y las escondo debajo de una silla de playa. Una vez en el mar todos cantan y bailan felices. Una de las niñas llora, dice que borró sin querer todas mis cintas de casete. Me da igual, le digo (aunque no me da igual). Vuelvo al hotel donde se supone que estamos alojados. La puerta no se cierra, mi móvil está roto. Estoy hasta las narices de todo. Hago la maleta para largarme. Llegan los de la habitación de al lado. Como la puerta está abierta de par en par, oigo y veo que una se burla poniendo los ojos en blanco: Claro, a ella le han dado la suite. La llamo para que vea mi habitación. Es igual que la tuya pero tiene tres camas. La chica, que se parece mucho a Lidia Lozano, se vuelva a su cuarto avergonzada. Cuando por fin llego a la calle hay otra fiesta. Todo el pueblo va disfrazado de una mezcla de Alaska y Frida Kahlo. Espero a que pase un desfile mientras pienso que no vuelvo a salir de casa nunca más.

animales hidratados

martes, 5 mayo 2020. Estamos en un bar. Sobre la mesa de al lado hay una fuente con lo que parecen muñecos de plástico. Al fijarme veo que son dos animales de verdad, solo tienen huesos y piel. Uno parece una nutria. Les pongo agua y patatas fritas de sobre (lo único que tengo). Se hidratan como esponjas y empiezan a tomar su forma original. De repente se transforman en dos dinosaurios, uno amarillo y otro celeste. Ahora sí que parecen de plástico, pienso. Unos niños se acercan, los cogen, les digo que son de verdad y pueden morderles. Se ríen de mí, se los llevan. Les echo agua y maldiciones.

gestos en inglés

lunes, 4 mayo 2020. He inventado unos zapatos para bebé. Llevan una pulsera de bolas cuadradas de goma muy suave al tobillo. Le pregunto a una bebé si son cómodas, si le hacen daño. El bebé y yo mantenemos una charla con gestos. Alguien me pregunta cómo puedo comunicarme con ella. Es que son gestos en inglés, le digo.