viernes, 1 marzo 2013. Camilo ha convocado en su casa a varios amigos. A cada uno nos mete en un cuarto y nos explica a través de un vídeo lo que espera de nosotros. Al cabo de un rato, entra y me deja en el suelo unos carteles. Aprovecho para preguntarle si lo he entendido bien. ¿Quieres que entre los cuatro escribamos una novela, que presentarás como tuya en la fecha que pone en el cartel? Sí. ¿Y no crees que se notará mucho que son cuatro estilos completamente diferentes? Sí. ¿Y no te importa? No, eso es justo lo que quiero. Sólo hay una norma, dice, debe ser una historia sin sombras. ¿Sombras metafóricas? Sombras de la luz sobre las cosas. En mi novela nada tendrá sombras, dice entusiasmado.
maestra de las sopas
jueves, 28 febrero 2013. Mi abuela espera tumbada en una hamaca bajo la marquesina de una parada de bus. Parece feliz. Me dice que alguien va a llamar para felicitarme por mi cumpleaños y haga el favor de descolgar el teléfono. No es mi cumpleaños, le digo. No sea tan rebelde, dice. Señala hacia unos apartamentos años 60 con las esquinas redondeadas y las barandillas naranjas. Voy hacia allí. Una señora, que se presenta como "Maestra de las sopas", me hace pasar. Espero en una biblioteca. Un tipo muy elegante me pregunta si deseo escuchar algo y acto seguido mueve los dedos sobre una mesa de centro. La habitación se llena de notas de piano. Hablamos de nuestro gusto por el diseño de los años 50-60, por nuestra afición a las máquinas, a las caravanas, y nuestra aversión a los 80. Chabacano, dice sin dejar de tocar la mesa-piano. Soy partidario del invierno de Illinois, dice elevando la voz. Yo soy partidaria del invierno a secas, le digo.
sueños feos
martes, 12 febrero 2013. Hoy perdía el abrigo, perdía un bus a Praga y me secuestraban dos locos de pelo largo. A mi hermana la violaba ese actor francés tan repelente.
espejismo
domingo, 3 febrero 2013. En mitad de un descampado hay una puerta de madera muy vieja, en vertical, pero sin marco siquiera. Miro por el agujero que hay donde debería estar la cerradura. Veo edificios excavados en la roca, minaretes, palmeras, una preciosa puesta de sol. Cuando rodeo la puerta, detrás no hay nada.
caballos y colchones
miércoles, 30 enero 2013. Una piscina a oscuras. Sólo hay algunas bombillas encendidas e el fondo. En un extremo, más de diez caballos numerados. Llevan los números pintados en las capuchas que les cubren la cabeza. Al otro extremo hay colchones, que parecen recogidos de la basura, flotando. Enrique saca una pistola, dispara al aire y los caballos se lanzan al agua. Nado todo lo rápido que puedo, intento llegar a los colchones antes que los caballos.
ópera
sábado, 26 enero 2013. Luis señala un barco atracado junto a una acera. Mar no hay. Dice que tiene un sorpresa para mí. Aparece Cecilia Gallego, una compañera de colegio a quien no he vuelto a ver. La abrazo, le digo que sigo su carrera, que me alegro muchísimo de que le vaya tan bien. Luis se sorprende porque no sabía que la conociera. Cecilia dice que actuará esa misma noche y que vayamos a verla. Luis levanta la mano y se abanica dramáticamente con dos entradas para la ópera.
el peso del papel mojado
domingo, 20 enero 2013. Estoy en la playa esperando a alguien que debe salir del mar. El mar no es de agua, también es de arena. Tiene aspecto de arenas movedizas, no está quieto, va y viene a la orilla formando una espuma marrón con aspecto de crema de cacahuetes. Del agua salen unos buzos que más bien parecen astronautas, tiran del copo, aunque la red está llena de hojas arrancadas de libros. Les cuesta, pienso en el peso del papel mojado. Uno de los buzos me llama, se quita la escafandra y se sienta frente a mí, sobre la mesa hay alicates. Me gusta uno con puntas en forma de conos truncados. Le digo que siempre quise tener mi propia caja de herramientas. Dice que tenemos que comenzar con las pruebas. En el sueño consta que los buzos son eminentes psiquiatras que sólo hacen pruebas una vez al año y yo he tenido la suerte de que me atiendan. Cuando voy a comenzar, alguien se acerca por detrás y me dice que el Papa ha llegado. Se supone que el Papa sólo atiende una vez al año. Tengo que decidirme por el eminente psiquiatra de los alicates o por el Papa. Me levanto y me voy. El Papa mira el mar de arena con extrañeza. No lo comprendo, dice. Yo no comprendo que él, siendo quien es, no comprenda algo tan simple. Me da la mano, quiere que le explique algunas cosas. Señala unas hamacas vacías. Son para tomar el sol. Caminamos de la mano, señala una taza sobre una mesa. Es café, le digo. Definitivamente, pienso, tenía que haberme quedado con el psiquiatra de los alicates, pienso.
el jersey de los niños perdidos
martes, 8 enero 2013. Entro en un bar. Junto a una mesa se arremolina gente. Meto la cabeza entre ellos par ver qué pasa. Manuel y dos chicas le quitan bolillas de lana al jersey que suelo usar para estar en casa, conocido familiarmente como "el jersey de los niños perdidos". Tened cuidado, ¡lo tejí yo misma hace 25 años!, les digo. No me hacen caso, no me oyen, y el jersey tiene ya varios agujeros que no sé cómo arreglaré después.
perro de agua
lunes, 7 enero 2013. Me meto en la cama con una bolsa de agua caliente que coloco entre los pies. De repente noto que me muerden con fuerza los pies y las piernas. La bolsa de agua se ha convertido en un perro y no puedo librarme de sus dentelladas.
de madera
domingo, 6 enero 2013. Estoy dentro de una caja. No es una caja hermética, es más bien de las que se usan para guardar fruta, hecha con tablones de madera blanda y clara. Aun así, no puedo romperlos y salir. Por el espacio que hay entre un tablón y otro puedo ver a alguien con una sierra de carpintero. Me extraña no oír el sonido que suele hacer la madera al ser serrada. Como si esa persona pudiera saber lo que estoy pensando, me responde: No es madera, es tu corazón. En ese momento siento un dolor inmenso en el pecho.
trece dedos
jueves, 3 enero 2013. Mi cuñada está fregando unos platos en la cocina. Me acerco a ayudarla. Noto un dolor enorme en el brazo, el húmero se dobla por la mitad y sale un brote de rama con espinas que empieza a enredárseme en la muñeca y en la mano. Corro a enseñárselo a Alberto porque pienso que si lo ve no me creerá. Alberto me pregunta si me duele. Ya no. El brote se desenreda, entra de nuevo en la carne y el brazo vuelve a ser recto. Me miro la mano, parece un abanico. Lo malo es que ahora tengo trece dedos, le digo. Eso te pasa por fregar con agua fría, dice Alberto.
pulseras robadas
miércoles, 2 enero 2013. Paseo con Joan. Se fija en unas pulseras que llevo puestas. Es la primera vez que las veo, le digo asombrada. Intento quitármelas pero no tienen cierre. Una de ellas tiene una inscripción en un idioma que no reconocemos. Joan dice que será mejor preguntar a un experto, y sale corriendo. Me veo en el centro de una sala muy blanca donde se exponen de joyas antiguas. Algunas se parecen a mis pulseras. temo que, ya que no son mías, piensen que las he robado. Intento llamar a Joan, pero cada vez que marco los números saltan y siempre descuelga otra persona.
vonnegut y la piñata humana
martes, 1 enero 2013. Estoy en un jardín que a ratos se convierte en una sala de estar con vitrinas repletas de caballitos de cristal. Al fondo del jardín, en una especie de establo, puedo ver a Vonnegut metido en la cama. Le pregunto a un chico, que se supone es su hijo, si puedo acercarme a decirle algo. Me detiene levantando un brazo, como si fuera guardia de tráfico. Dice que su padre ha perdido la cabeza, que se pasa el día en la cama hablando solo, que los últimos libros que se han publicado ni siquiera los ha escrito él. Comienza a llover y unos niños se refugian bajo un columpio con sombrilla de cañizo. De repente avanzo a cuatro patas por una galería de tubos blancos que empieza a estrecharse cada vez más, resbalo, caigo a un patio y me estrello en el suelo. Puedo ver, pero no puedo moverme ni hablar. Un tipo llega con un carrito de chucherías. Al parecer se dedica a recoger cuerpos de las calles, rellenarlos de chucherías y a venderlos como piñatas. Noto como me abre, me rellena de caramelos y juguetes de plástico y me cose. Confío en que pronto sea el cumpleaños de Vonnegut y su hijo me lleve a casa. Así sucede. Estoy colgada del cañizo y los niños de antes van a golpearme con un palo para que los caramelos caigan.
atajo, se supone
lunes, 31 diciembre 2012. Salgo de la casa de mis padres hacia el que fue mi colegio, he perdido el bus y tomo un atajo. El atajo parece una campo de batalla. Subo y bajo montañas de escombros, debo sortear piedras que caen, muros de alambre de espino, hasta tengo que caminar sobre troncos engrasados que giran. Unos metros antes de llegar, trepo por una tapia encalada y me dejo caer por un tobogán de cemento hacia una acequia vacía. Miro a mi alrededor. No sé dónde estoy, no sé qué hora es. No recuerdo dónde iba.
calamares y maletas
lunes, 24 diciembre 2012. Me asomo a una especie de patio de luces. Está inundado y flotan calamares y maletas. Un hombre entrega a los que se asoman unos anzuelos con tres ganchos. Una niña intenta pescar calamares, pero todos se le escapan. Pescar una maleta es más fácil, le digo. ¿Por qué? Porque las maletas no saben nadar. La niña se ríe y pesca una maleta roja enorme.
okupas
sábado, 22 diciembre 2012. Han venido a vivir a casa toda mi familia y unos cuantos niños que no sé quienes son. Han llenado el cuarto de estar de sillas, como si fuera un cine, y tienes la tele puesta a todo volumen. Les digo que al menos saquen a la terraza las sillas que estén vacías. Ni caso. Al sacar unas cuantas veo que han sacado nuestra cama fuera.
mentalista
jueves, 20 diciembre 2012. Vamos en coche a toda velocidad, subimos por una pista de arena junto a la playa. El coche cae sobre una nido enorme de rocas y ramas. Salimos por la ventanilla. Mientras Alberto va a buscar una grúa, me concentro en volver el coche más pequeño. Lo consigo, ahora es fácil empujarlo con un solo dedo y devolverlo a la pista de arena.
pérdidas
martes, 11 diciembre 2012. Mientras intento dormir oigo que entran a robar en casa. Los oigo vaciar armarios y cajones. Me levanto pensando que ya se han ido, pero siguen ahí, raspando las paredes para llevarse incluso el cemento. Las paredes están con los ladrillos desnudos, no quedan muebles. Les pregunto por mi ropa. La hemos tirado al contenedor, dice uno.
+
Estoy en casa de mis padres. Huele a quemado, abro la puerta y veo que suben llamas desde el primer piso. Les grito que cojan lo imprescindible y corran antes de que sea imposible escapar. Nadie me hace caso. Entro en el que fue mi cuarto, busco algunas piedras, el colgante que me regalo Iker, mis zapatos favoritos. Lo meto todo en una bolsa. Mi padre me da algo en papel de embalar. Yo me quedo, dice.
rosa homogéneo
sábado, 8 diciembre 2012. Tengo delante unos frascos pequeños con algo que parece suavizante para el pelo. Lo hay de color fucsia y blanco. Parece que mi misión es mezclaros de uno en uno hasta que todos queden de color rosa pálido. Lo hago con cierta prisa, y mirando de vez en cuando por encima de mi hombro, como si esperara que alguien me pillara en falta.
muy descabellado
jueves, 29 noviembre 2012. Hay mucha gente en casa, no sé quiénes son. Una chica parece llevar la voz cantante. Mueven los muebles de sitio, hablan de echar paredes abajo, pero lo que me molesta es que quieran forrar de aironfix el armario que conservo desde niña. Me explica con suma paciencia que quedará mucho mejor, que también forrará las patas del sofá para que vayan a juego. Forrar madera con aironfix que imita madera es descabellado, le digo. Se ríe, dice que lo hará de todos modos. Si lo haces me iré de casa. Pues vete, dice.
continental breakfast, quizá
lunes, 26 noviembre 2012. Camilo se acerca, trae una taza y me la da. Cuando voy a beber veo que está llena de llaves.
de caza
miércoles, 22 noviembre 2012. Me persiguen. Conocidos y desconocidos. Incluso niñas que estaban conmigo en el colegio y a las que no veo desde hace años. Cuando parece que van a cazarme se paran, disimulan, me dejan que encuentre una salida, y cuando vuelvo a escapar vuelven a perseguirme. Me canso, me paro definitivamente. Hay una chica rubia, preciosa, en un descampado. Separa botellas, por colores, en distintos contenedores. ¿Crees que si les digo que vamos a casarnos, me dejarán en paz?, le digo. La chica se ríe, la chica no dice nada.
olvidos
miércoles, 21 noviembre 2012. Alberto desayuna en la barra de un bar. Entro a saludarlo. Dice que se ha afeitado en el servicio porque olvidó afeitarse en casa. Te acompaño hasta el parque, dice. Cerca del reloj de flores encuentro a mi tía Encarna. Alberto se despide y cruza a toda prisa. ¿Qué hora es?, pregunto. Ya no llegas, dice ella. Tengo que llegar porque me he dejado una carpeta con poemas. Te la has dejado a propósito. Intento correr, mis piernas se mueven muy rápido, me falta incluso el aire, pero no logro avanzar ni un centímetro.
camisa muy blanca
domingo, 18 noviembre 2012. Llego a una playa donde no hay ni un centímetro libre. Todo está lleno de sombrillas y toallas. La playa tiene varios escalones de arena, resulta muy difícil caminar. A lo lejos veo a Chivite buscando también un sitio. Cuando llego a su lado se ha hecho de noche, no queda nadie. Chivite se quita los pantalones, se deja la camisa puesta y corre hacia el agua. Hace el muerto cerca de la orilla. Es noche cerrada, pienso que debería volver a casa, pero no quiero dejar a Chivite solo. Me siento en la arena y sigo el rastro de su camisa blanca para no perderlo de vista.
camafeo
viernes, 16 noviembre 2012. Voy por la calle, noto que me miran. Una chica muy joven vestida de monja, me dice: No te miran a ti, la miran a ella. No entiendo nada. Señala un colgante que llevo al cuello y que jamás había visto antes. El colgante es una especie de camafeo con el retrato de una chica. Es por ella, repite la monja.
collares
jueves, 15 noviembre 2012. Deshago unos collares, separo sus cuentas por colores y comienzo a ensartarlos de nuevo. Cuando los tengo casi terminados, cada uno de un solo color, pienso que debería haberles hecho un foto por si alguna vez quiero volver a dejarlos como estaban.
cosas de la próstata, supongo
sábado, 9 noviembre 2012. Ferran y yo llegamos a una casa donde nos recibe una chica que parece sacada de cuento de Cenicienta. Nos muestra la casa, cada habitación, cada objeto, con una ceremonia ridícula. Le digo a Ferran que deberíamos irnos cuanto antes de allí. La chica me oye, se vuelve hacia mí, me tira al suelo e intenta atarme. Consigo deshacerme de ella, corremos por la casa, nos persiguen varias personas con armas. Cuando estamos a punto de salir, Ferran se para en seco y me pregunta si antes de escapar no quiero pasar al cuarto de baño. No. Pues yo sí, dice.
laca
jueves, 8 noviembre 2012. Camino unos pasos por detrás de mi madre. Temo que se pierda. Es un paisaje raro donde se combina césped muy cuidado con charcos de barro y plantas silvestres. Camina muy rápido. Llega a un puente de piedra, debajo hay un riachuelo sucio. Mi madre pierde pie y cae. El riachuelo se ha convertido en una poza de agua muy limpia. Mi madre se baña vestida, incluso mete la cabeza en el agua sin temor a despeinarse. Cuando la saca, el cardado está perfecto y seco. Pienso que debería dejar de usar tanta laca.
tolstoi y un sandwich de pelo
viernes, 2 noviembre 2012. Salgo de una casa mata en la que, se supone, vivo. En toda la calle hay casas matas, parecen recién encaladas. Por la acera de enfrente veo a un tipo vestido como si anduviera sobre la nieve, incluso lleva unas botas altas atadas a unas raquetas. Me viene la imagen de Tolstoi. Me fijo bien en él y reconozco a Fernando. Veo que busca mi casa, que llama a la puerta equivocada y pregunta por mí. Intento cruzar la calle, le hago señas, grito su nombre, pero a pesar de que es una calle estrecha ni me ve ni me oye. Pienso si estaré soñando o estaré muerta o. Oigo una voz que dice: Sólo estás metida en una burbuja espacio-temporal.
+
Como un sandwich junto a una ventana. Se supone que la ventana da al patio de la casa de mi abuela, pero a veces veo pasar una playa, unos turistas o el mar, como si en realidad estuviera en el camarote de un barco. En la habitación hay más gente que no conozco. Encuentro un pelo en el sandwich. Como lo ha preparado mi madre y no quiero dejarla mal, lo tiro al suelo con disimulo. Empiezo a encontrar más y más pelos, pero no digo nada. Mi tía se acerca, le grita a mi madre que menudo sandwich de pelos ha preparado. Coge toda una maraña del suelo y los pone sobre la mesa. Mi madre no dice nada. Voy a la cocina a beber agua, por no pelear con mi tía. Cuando vuelvo, le está contando a mi madre, tranquilamente, que ha comprado una armadura para pintarla de blanco y colocarla junto a la cama.
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