una pistola

sábado, 7 diciembre 2014. Llego a la que se supone es la casa de Iker. Parece una casa de los 70, con el tejado plano, las habitaciones grandes con ventanas de rejas negras. En lo que parece un dormitorio hay dos camas de bambú sin hacer. Duermen en dos camas, qué raro, pienso. También hay un sofá con mantas revueltas, mucho desorden. Una chica me lo va mostrando todo. No digo nada. Hay una puerta cerrada. Ahí duermo yo, dice la chica. Me encierro cada noche porque él duerme con con pistola en la mano, dice.

siempre hay noviembres

viernes, 6 diciembre 2014. Intento encontrar las cajas en unos grandes almacenes. Quiero pagar un vaso que llevo en la manos y tengo prisa. Donde se supone que deberían estar, hay una parking desierto. Oigo voces y corro hacia ellas. Una pareja muy joven acaba de encontrar una bufanda en el suelo y lo celebran. Por una parte no comprendo tanta celebración (la mitad de la bufanda está mojada y sucia), pero por otra envidio que la hayan encontrado antes que yo. Los sigo por un pasillo luminoso de puertas que se van abriendo a nuestro paso. En una, un coche aparece de repente y trata de atropellarnos, pero se queda atascado. Un hombre sale y dispara a la chica varias veces sin éxito. Ahora es cuando la apuñala, dice el chico y huye. El hombre ve que me no me voy, deja a la chica y me persigue. Me escondo detrás de unas cajas enormes de electrodomésticos. Pienso que podría esquivar un cuchillo, pero no balas. Abro una caja y saco un brazo de batidora para usarla de mazo si el hombre me encuentra.
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Hay unas mesas de madera muy rústicas. Hay gente que habla en pequeños grupos. Se supone que es la noche en la que los muertos vienen a visitarnos. A mi lado está mi tía Paqui. Le digo que me preocupa mi padre, que me dijo que sabía que moriría en noviembre. Pero noviembre ya ha pasado, responde ella. Siempre hay noviembres, le digo. ¿Ves esas sombras?, señala. Por el cielo pasan nubes que parecen cuadros expresionistas y al llegar a un punto se vuelven nubes grises. Está bien que todas se vuelvan grises, dice. No sé qué quiere decir. Alguien sirve un licor pastoso, los que no tienen vasos ponen las manos.

hueco

miércoles, 4 diciembre 2013. Estamos en lo que parece un hospital, aunque es una sola sala con muchas camas. Nos adjudican un hueco en la pared para colocar toallas y nuestra ropa. Alberto está en la cama, pero no parece enfermo. En la cama de al lado hay un chico con heridas en las piernas, su ropa en el suelo con manchas de sangre. Un accidente de moto, pienso. De repente la sala se llena de parientes que vienen a visitar a alguien. Un grupo de enfermeras se abre paso entre ellos dando palmadas, como lo harían entre gallinas. Una de ellas señala nuestro hueco con toallas y alerta a las demás: ¡Se han duchado!

canguros de lana

viernes, 29 noviembre 2013. Mi madre, dos señoras mayores y yo, esperamos a que pase un taxi. Siempre pasan por el otro lado de la calle. Cambiamos varias veces de acera. Llega Daniel. Al parecer va al mismo sitio que nosotras. Un camión nos hace señas, dice que nos lleva. Mi madre dice que aprovechemos y vayamos, ellas ya llegarán después. Daniel sube de un salto. Pienso que siempre quise viajar en la cabina de un camión, pero al entrar es una sala de actos con sillas abatibles de madera. Daniel se sienta sin esperarme, sólo quedan sitios libre al fondo. Dos chicas muy gordas se ponen justo detrás de mí. Jalean a un equipo de fútbol y me golpean en la cabeza con una tubo de cartón que pone Real Madrid. Me levanto y me voy. ¿¡No serás del Barça!?, me gritan y se ríen. Le digo a Daniel que me largo, él ni me mira. En la calle encuentro a Alberto y Salvador. Han ido a recoger a mi madre y vuelven a casa. ¿Qué tal ha ido la lectura de poemas?, me pregunta mi madre. En ese momento me salva de responder una manada de ovejas muy raras, con las patas delanteras muy cortas. ¡Mira qué cerditos!, dice mi madre. Son canguros de lana, le responde Alberto. Una pareja los guía con una caña. Me extraña que vayan vestidos de fiesta. Ella va maquillada con purpurina. Pienso que quizá los canguros de lana trabajen en un circo. Como si pudieran leer mis pensamientos, el chico levanta la caña y dice: No son canguros de lana, son cerdos cerdos, es decir, lobos. La chica hace un gesto con los dedos, explicándome que si la palabra se repite, cualquier animal resultante es lobo. Sonríe con una enorme boca, rojo brillante, de mujer acostumbrada a sonreír en el circo para que se la vea desde lejos, pienso. Alberto se ha parado en una esquina donde unas chicas vestidas se flamenca sirven mojitos. Me despido de la extraña pareja y espero mi mojito. Alberto sólo ha pedido dos, uno para Salvador y otro para él. Una de las camareras moja un cubito de hielo en un vaso y me lo ofrece. Esto es lo tuyo, me dice.

lego de copas y deseo cumplido

jueves, 28 noviembre 2013. Me levanto y veo una construcción de copas delante de la puerta de la cocina. Llegan hasta el techo, pienso en el ruido que harían si cayeran. También, en lo bonito que sería verlas caer. Pienso que Alberto las ha dejado ahí para mí.
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Alguien ha colocado una tirolina de un edificio a otro. Los edificios tienen más de veinte plantas. Alguien me dice si quiero probarla. Le digo que sí, pero en el fondo pienso que arriesgar mi vida por algo tan tonto no tiene ningún sentido. Miro los cables desde el suelo y deseo que se rompan. Se rompen. Hoy no podrás subirte, me dicen.

cuna de madera

miércoles, 27 noviembre 2013. Voy en autobús, aunque en realidad es un portal con bancos de madera. Unas señoras muy mayores me cuentan sus batallitas. Miro hacia la calle, no reconozco ninguna. Al ir a bajar, el portal es un autobús con barras de madera. Me encuentro dos cuentos infantiles. Uno es una careta. Toma, para Darío, le digo a Andrés que entra cuando yo bajo. Lo rechaza. Salvador me pregunta si sigue en pie lo de pasar el día en la playa. Se ha puesto a llover, pero le digo que sí. No sé cómo estoy en la casa de mi abuela, recogiendo algunas cosas, mirándolo todo como se miran las cosas por última vez. Apago las luces y cierro la puerta. En el jardín hay un hombre robando flores. Le digo que puede cortar sin miedo todas las que quiera. Cuando voy a echar la llave, veo que todas las luces están encendidas y las contras de la puerta abiertas. No me entretengo, intento cerrarla de todos modos y largarme de allí lo antes posible. El hombre se queda cortando esquejes de campanillas moradas. Bajo la calle a toda prisa, en calle Cristo hay una pelea de esquiadores. La policía no interviene, observan desde la otra acera. Pienso que perderé el tren, he quedado con Salvador y Alberto para ir a la playa, recuerdo, aunque ya es noche cerrada. Un taxi descapotable me dice que suba, y que me siente en el asiento delantero. En el de atrás, se tumba un chico muy borracho. El taxista me lleva a su casa. Su mujer duerme en una cuna de madera. Quiero avisar a Alberto de que no llegaré a tiempo. Responde una chica. ¿Estás de broma?, me responde cuando le pregunto por él. Me explica que es su secretaria y que Alberto ha desaparecido.

la risa

martes, 26 noviembre 2013. Mi madre y yo recogemos ropa de un tendedero desde una ventana. A veces hay perchas sin ropa, o ropa sin pinzas. A veces se nos cae de las manos, la miramos caer, nos reímos a carcajadas. Cuanto más se ríe mi madre más feliz me siento.

peralhiguera

sábado, 23 noviembre 2013. Juan y yo discutimos amigablemente sobre si el árbol bajo el que estamos es una higuera o un peral. De repente se nos cae encima. Nos abrimos paso como podemos entre las ramas. Cada uno coge una fruta y se la enseña al otro. Ves, era una higuera, le digo mostrándole un higo. Él, a la vez y con una gran sonrisa, me muestra una pera.

muchas y muy verdes

martes, 12 noviembre 2013. Una nube de insectos se acerca, me atacan. Son santateresas. No me da miedo que me piquen, lo que me asusta es pensar en la posibilidad de que todas se pusieran a gritarme a la vez. Me tapo los oídos, cierro los ojos.

un banco

lunes, 11 noviembre 2013. Soñé que me iba a vivir a un escalón y dormía en un banco de piedra. Daniel quería que me levantara e hiciera cosas y, esas cosas, las escribía con tiza en una pared de ladrillo.

cendrars vs sellers

domingo, 3 noviembre 2013. Parece que hay una lectura en la que participo, pero el ambiente es caótico. Parece la plaza de un pueblo, encalada, con piedras y ladrillos rudimentarios que hacen de asiento. Mis amigos se sientan cerca del improvisado escenario. Antonio prefiere quedarse solo sobre una piedra desde la que comienza un callejón. Alguien me dice que leerá conmigo Juan Marqués, pero por más que lo busco no lo encuentro. Antonio me da el libro que debo presentar, pero al abrirlo no hay poemas, sólo fotos de arte contemporáneo. Improvisa, me dice muy tranquilo. Alberto y Blanco me hacen señas, quieren que empiece cuanto antes para poder marcharse a un bar.
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Parece la segunda parte de la noche, porque la plaza se parece (aunque ahora es diáfana). Estamos esperando que nos sirvan la cena al aire libre, las mesas parecen improvisadas con puertas. Hay amigos que no se conocen entre ellos, sin embargo todos parecen pasárselo bien. Juan Francisco, con una seña, me dice que la chica que está a su lado es su nueva novia. Muy guapa, le respondo con otra seña. Uberto dice que ha dejado la bici apartada para que algún niño pueda robarla. Intento hablarles de la vida de Blaise Cendrars, pero toda la atención es para mi padre, que cuenta anécdotas divertidas de pintores e imita a Peter Sellers. Lo miro entre mis amigos, y me siento muy orgullosa de él. 

impotencia

viernes, 1 noviembre 2013. Estoy en un bar con Salvatore y Cantos. De repente se levantan, salen por una puerta que no es y vuelven. Se ríen. Miro la mesa y veo que se han dejado algunas cosas. Cantos un jersey, Salvatore una bolsa de deporte. Al cogerlas para dárselas, las cosas se multiplican y pronto hay ropa de deporte y hasta un neceser con pequeñas botellas desperdigadas sobre la mesa. No puedo con todo, pero intento no dejarme nada.

horizonte, manzanas y álbum de fotos

miércoles, 30 octubre 2013. Hay un grupo grande de personas esperando algo en el jardín de un hotel. Miran el horizonte. Chivite sale del grupo y pasa de largo por mi lado. Saluda dándome un golpecito en el hombro. Comienza a llover con violencia. Por una parte estoy encantada de que llueva. Por otra, me da pena porque pienso que Chivite está falto de sol.
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Voy a un cumpleaños sin tener ganas. Me duele todo. Voy en una tabla con cuatro ruedas como en los chistes de pobres sin piernas. De regalo llevo un tarro que parece de pepinillos, pero en realidad son manzanas diminutas rojas. Intento darme la vuelta, volver a casa, muchas veces, pero no lo consigo.
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En casa, una pareja enseña sus fotos. Alguien le pregunta si son de cuando asesinaron a su hija. No sé qué decir, no me atrevo ni a mirarla  a la cara.

larvas

domingo, 27 octubre 2013. Alguien me entrega a escondidas una caja de cartón, pienso que serán gusanos de seda, pero son pequeños gatos del tamaño de una uña. Intentarán escapar, ten cuidado, me advierten. Dejo la caja un momento bajo el piano de la casa de mi abuela, pensando que de ahí no podrán salir. Cuando vuelvo a mirar dentro de la caja, algunos han escapado y otros se han convertido en larvas.

el pecado de dios

viernes, 25 de octubre 2013. Camino detrás de una chica, me parece reconocer a Rosamari, una niña del colegio a la que no he vuelto a ver. Rosamari, la llamo. Ella no se vuelve, aprieta el paso. Vuelvo a llamarla. Dice que hace años que nadie la llama así. Nos abrazamos, me cuenta cosas, quiere que volvamos a vernos. Cuando vuelvo a abrazarla para despedirme parece que sólo tenga huesos.
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Bajo una escalera enorme, versallesca. Alguien baja cantando a gritos. Me paro. Es Eduardo, me alegro mucho de verlo. ¿Qué es eso que cantas? Un poema que he escrito, dice y vuelve a cantar: "El pecado de Dios es el pecado del mundo".

oso abogado

jueves, 24 octubre 2013. Hay una exposición de cuadros y objetos frikis hechos con sábanas y cortinas de baño. Al entrar, una de las azafatas me acompaña, se ríe con mis comentarios. Hay un huerto enorme donde Elena, la artista, labra la tierra y siembra objetos de su infancia. Incluso hay una pequeña playa de piedras. Un museo con playa, qué original, le digo. La azafata me cuenta que de niña vivía allí, que los terrenos son de su padre y que se pasó la niñez tomando autobuses y deseando vivir en la ciudad. Aparece Daniel con otro amigo y dos niños muy pequeños. Por su cara, tiene algún problema. Un problema muy grande, me dice. Entran en una especie de horno con agua. Me despido. Devuelvo la piedra que cogí, al mar. Elisa aparece disfrazada de años 20, pero con una capa blanca de tul hasta los pies. Todos están en el comedor. La azafata nos acompaña. Daniel ya está seco, vestido y sentado. Yo llevo un oso de peluche en la mano. Al pasar por su lado le digo acercándole el oso: soy un abogado disfrazado de oso de peluche. Se ríe. Le digo con la mirada: tenemos que hablar. El asiente. 

vecinos

martes, 15 octubre 2013. Al parecer acabo de mudarme, todo está manga por hombro. Los vecinos se empeñan en ayudarme a ordenar, pero no hacen más que romper cosas. Alguien ha dejado una cama enorme de matrimonio con el colchón viejo. Se ve, incluso, que dentro se mueven ratones. Levanto las sábanas y aparecen ratones-elefantes. Son naranjas con la trompa peluda. Al ser descubiertos hacen agujeros en el propio colchón y desaparecen. No pienso dormir ahí, les digo. Me largo, ahí tenéis los muebles, os los regalo, y la casa también. Algunas vecinas lloran, un chico se mete en la cama como si así pudiera evitar mi marcha. Afuera hay una boda. Un tipo se acerca y me dice que va a contarme un secreto al oído. Recuerdo que era un secreto muy inocente, pero no sé cuál.

superpoderes

domingo, 13 octubre 2013. tengo un hijo con superpoderes. Si se pone sobre la frente una tarjeta de memoria puede ver las fotos e incluso convertirlas en película. 

taxi cama

martes, 8 octubre 2013. Una cama de matrimonio tapizada en escay burdeos hace de taxi. El conductor es un chico chino muy joven que ni habla español ni sabe dónde están las calles. Me subo a la cama, es cómoda, temo caer en las curvas.

muñecas

domingo, 6 octubre 2013. Después de una enorme pelea con mi hermana, salgo al jardín y veo varias muñecas desnudas caminando con pasos ridículos sobre la hierba. Cuando caen, aprovecho para devolverlas a casa, pero vuelven a escapar.

dólmenes

viernes, 4 octubre 2013. Desde un balcón, parecido al de la casa de mi abuelo, veo unos dólmenes alineados en la playa. Corro hacia ellos para verlos de cerca antes de que se vaya el sol. De repente aparece Joan con su madre y otros familiares, me cogen de la mano y bailan.

no debemos dejar huellas

sábado, 28 septiembre 2013. Parece que hay una fiesta en el puerto. Llegamos en una furgoneta, pero en vez de tomar la primera curva tomamos la segunda y caemos al agua. Damos varias vueltas, me crujen los dientes, puedo ver las enormes piedras sobre las que vamos a caer. No quiero morirme ahora, pienso. La furgoneta cae de pie, como los gatos, apenas tenemos unos rasguños. Pido ayuda a gritos, unos policías se asoman y acto seguido empujan dos coches sobre nosotros. Al cabo de un buen rato aparece un hombre, saca de un maletín gorros y fundas para zapatos de plástico con gomilla, como las que dan en los quirófanos. Me explica que no debemos dejar huellas y me pide disculpas por haber tirado dos coches sobre nosotros. Era para despistar. Después saca del maletín un plato de jamón y una botella de vino y se sienta a comer. Los políticos, usted ya sabe, me dice comiendo a dos carrillos. No sé de qué me habla, pero asiento a todo lo que dice para irme cuanto antes de allí.

generar agua

viernes, 27 septiembre 2013. Mi padre ha construido una fuente enorme con restos de metal que ha encontrado aquí y allí. Dice que el mecanismo consigue no sólo ahorrar agua sino generarla, pero que necesita la ayuda de alguien. Me gusta verlo tan ilusionado. De repente aparece Mario, un compañero de Diseño al que no veo hace mucho. Mi padre le pide ayuda. Después de trabajar codo con codo, Mario se echa a llorar. No puedo hacerlo, no soy ingeniero, sólo diseño trajes de novia, dice.

demasiado rosa

lunes, 24 septiembre 2013. Voy en bus. Una chica le pega a la conductora con el bolso, se ríen. Supongo que son amigas. El bus se convierte en una pescadería donde venden bloques de gambas congeladas y barras de labios. La chica del bolso quiere que me pruebe alguna. Demasiado rosa para mí, le digo. La conductora me ofrece gambas. Le digo que llevaré un kilo porque esa noche vienen los amigos a ver el fútbol.

no molestar

sábado, 21 septiembre 2013. Una calle con escombros. Veo a Jonás a lo lejos, me acerco. Veo que se tumba boca arriba y sube las piernas sobre una piedra. Se duerme en seguida. Me acerco sin hacer ruido y le dejo sobre el pecho un ticket de compra del supermecado, para ese juego de inventar historias.

construcciones de fruta

jueves, 19 septiembre 2013. Purranki y yo hacemos construcciones con trozos de fruta. La habitación tiene dos paredes de piedra y dos de cristal. Mientras tanto, Juan de niño corretea por allí.

poesía de cálculo sin fin

martes, 17 septiembre 2013. Hay un poema escrito en una hoja de cálculo. Cuando lo leo en alto algunos caracteres, por su cuenta, hacen sonidos que acompañan al poema. Si alguien me preguntara cómo se llama este nuevo tipo de poesía le diría "de cálculo sin fin", pienso.

un vagón

viernes, 13 septiembre 2013. Estoy tumbada, boca arriba con los brazos pegados en paralelo al cuerpo, en lo que parece un vagón sin techo. Sólo puedo ver las paredes del vagón y el cielo. El vagón se mueve. Quiero bajar, quiero moverme, pero no puedo.

de incendios

miércoles, 11 septiembre 2013. Mi madre grita y da patadas de karate en la cocina. De repente una pierna le sangra con un grifo abierto toda presión. Camino por la inmensa entrada de un hospital, parece que no alcance nunca la puerta. Mesa Toré me da una identificación falsa para que pueda colarme a ver a mi madre. Las habitaciones son pequeñas, oscuras, colchonetas y mantas en el suelo donde se apiñan los enfermos. Al fin encuentro a mi madre. Me tumbo a su lado.
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Lo que parecía una reunión de amigos se transforma en un caos de desconocidos que desordenan unas estanterías en un portal. Una chica se prueba un vestido que fue mío. Dos tipos con mala pinta inspeccionan mis cámaras de fotos. Intento recuperar algunas de mis cosas, pero no encuentro bolsas suficientes para guardarlas. Una chica que pasa por la calle rocía el portal con gasolina y tira una cerilla. Todo empieza a arder.

totoro no es mi vecino

viernes, 6 septiembre 2013. Nos habían robado todos los muebles y se los habían regalado a nuestros vecinos. Los vecinos porretas vaciaban nuestros cajones por la ventana, pero lo que caía al vacío no eran nuestras cosas, eran muñecos de dibujos animados en 3d muy parecidos a Totoro. Los miraba caer, deseaba que remontaran el vuelo y lo hacían. Después intentaba llamar a la policía, pero cada vez que descolgaba el teléfono salía mi madre hablando de sus cosas.