lunes, 19 enero 2026. Estoy en una habitación igual a mi dormitorio, pero está llena de gente, parece un bar. Estoy sentada junto al armario. Mi madre lo abre y saca un retal de cuadros vichy amarillo y blanco. Vuelve a meter la mano y saca otro, pero está fruncido. Me mira. Le respondo que me estaba haciendo una falda. No te la vas a poner, dice. Me encojo de hombros. Se la lleva para hacerle un vestido premamá a Sonia.
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Estoy esperando a alguien/algo porque entro y salgo de la trastienda de un bar. ¿De qué vas vestida?, pregunta Alberto (como diciendo que voy horrible). Voy fatal (camiseta de propaganda, falda muy corta y botas de media caña con tacón). Voy de rockerilla, le digo. ¿Si me pongo este cinturón, mejor? (me lo pruebo). Alberto ni contesta.
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Voy a caballo por la calle. Las calles están llenas y el caballo, se nota, va asustado. Voy hablándole cerca de la oreja para que se calme. Le hablo como si fuera una persona. Llegamos a la plaza del obispo. El caballo se detiene de repente y caigo hacia delante. Me quedo recolgada del cuello del caballo, todo el mundo me mira, doy un giro inesperado como si fuera una contorsionista y caigo de pie en el asfalto. ¡Y así es como se enmienda la plana!, digo con los brazos en cruz, como una atleta.
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Alguien nos ha regalado una bolsa enorme con trozos de carne y cuñas de queso. Algunos trozos están envueltos en plástico, otros no. Pienso que deberíamos repartirlos porque todo no nos lo vamos a poder comer. Cada vez que miro dentro de la bolsa, los trozos se han multiplicado.
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Alguien pone sobre la mesa camilla de la casa de mis padres dos muñecas Nancy. Me ponen delante la castaña, que además no se parece en nada a una Nancy. Como si me estuvieran entrevistando a la fuerza, cuanto que sí, que esa era mi Nancy y la quería mucho.