ciénaga y jabón

miércoles, 14 enero 2026. Voy con Alberto y un poeta malagueño (que no quiere que lo nombre cuando sale en los sueños). Vamos por la acera en fila. Alberto va delante, el poeta detrás, yo la última. La acera se va convirtiendo poco a poco en césped falso, después se va humedeciendo hasta que acaba siendo una ciénaga. Cada vez cuesta más andar, vamos hundidos hasta las rodillas. Algo se me mete por el pantalón (me despierto gritando).
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Estamos en la terraza del bar de un hotel alternativo (digamos). Una chica a nuestro lado lee en alto un libro. No sé por qué lo hace porque no nos deja leer a los demás. La dueña del hotel le enseña desde detrás de la cristalera una fuente llena de dulces y trozos de roscón de reyes. La chica corre a comerlo todo con muchas ganas. De repente estamos en una de las habitaciones. No hay cama, pero hay una bañera muy larga y estrecha cubierta de baldosines de piscina azul oscuro. Nos metemos (cada uno en un extremo) y vamos dejando que se llene de agua. ¿Necesitas jabón?, le pregunto a Alberto y sin esperar a que responda le tiro uno. La bañera es tan larga que el jabón queda a mitad de camino.