lunes, 5 enero 2026. Estoy en la casa de mi bisabuela. Me sorprende que todo esté en orden como cuando ella vivía. Alguien de la familia me pregunta por la llave. ¿La grande? Esa, ¡ha desaparecido! Le digo que quizá se quedó puesta. Todos gritan y corren de un lado a otro.
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Salgo de la casa de mi abuela. Me acompañan mi madre, mi padre, mi hermana, Odila y Paco. A la puesta nos espera Lucas en un coche rojo deportivo. Esta tumbado en el asiento del conductor como si estuviera tomando el sol (va en bañador y esta muy bronceado). Lo raro es que las piernas le asoman por delante del coche. Una piernas larguísimas. Tanto ue tengo que dar un gran rodeo para entrar en el asiento de atrás. Odila y Paco ya están sentados, cada uno pegado a una ventanilla. Pienso que no cabremos todos. Mi madre se sienta entre ellos y coge a mi hermana en brazos (es una niña). Le digo a mi padre que vaya de copiloto, que yo iré andando. Mi padre dice que me siente yo, que él irá en bus. Antes de que yo diga que me voy en bus con él, mi hermana se ha hecho mayor y ya está sentada junto a Lucas. Al llegar a calle Cristo, le digo a mi padre que se apresure, que ya llega el C1. Cruzo a lo loco entre los coches. Mi padre no se mueve. Vuelvo a cruzar para no dejarlo solo. Perdemos el bus.