delaunay

jueves, 3 agosto 2017. Alguien me dice que mis cuadros son iguales que los de Ángelo. Ángelo y yo nos miramos y no decimos nada. Los cuadros no son nuestros, son de Sonia Delaunay.
+
El que era mi cuarto es ahora un avión. Los asientos son sillas de tijera, no queda ninguna libre. Veo la escena como si mirara desde el techo. Me veo a mí misma en uno de los asientos esperando a que mi cuarto despegue.

un truco infalible

domingo, 30 julio 2017. Espero a alguien en una habitación vacía con el techo muy bajo. Llevo un bebé en los brazos. Alguien llega, le entrego el bebé y salgo a un jardín con desniveles y laberinto de setos. Mi sobrino Darío está esperándome. Lo abrazo. Te quiero muchísimo, le digo, y he pensado en un truco infalible: Cuando tu padre te castigue en el agujero canta una canción que te guste. ¿La de los Yo kai? Esa. Si cantas, el miedo se esfuma.

ad

viernes, 28 julio 2017. Estoy en un bar que de repente es una joyería. La camarera ha envejecido veinte años y va muy arreglada. Una chica abre la vitrina y saca un anillo. El anillo es un hilo muy fino de oro que da forma a las letras AD. Se acerca a la caja como si esperara para pagarlo. Veo cómo se lo mete en el bolsillo, disimula viendo otras cosas y se va. La sigo. Le digo a la señora que me ayude, que le acaban de robar. La señora me mira extrañada y no me hace ningún caso. Cuando mira hacia la vitrina y ve que el anillo no está se agarra la cara y abre la boca como si fuera El grito de Munch.

sopa de tortuga

miércoles, 26 julio 2017. Un montón de gente baja ordenadamente, en varias filas, desde la puerta del que fue mi colegio. Por algún motivo tengo que entrar. Como no hay espacio, a veces debo subir a sus hombros para seguir avanzando. A la entrada hay dos ancianas tumbadas en vertical, como si hicieran de puerta. Intento no pisarlas. Alguien dice: Sopa de tortuga. Pienso en si la Biblia lo considerará un animal que camina sobre el vientre.

caos familiar

domingo, 23 julio 2017. Una familia de gatos entra por la barandilla de la terraza. Temo que caigan. Intento no moverme para no asustarlos. Cuando me ven me atacan. Después se acoplan en el suelo, sobre una toalla. Pienso en cómo podremos deshacernos de siete gatos. Mientras, mi familia ha llegado. Se supone que tendría que estar todo listo, pero la casa (que no es la mía) está desordenada. Intento vestirme, pero en cada habitación hay alguien haciendo algo. Mi padre me va siguiendo haciendo preguntas absurdas, como, ¿cuántos colores tienen los bolígrafos de cuatro colores? Mi hermana está encerrada en el baño recortando revistas, mis primas se prueban zapatos, mi madre quiere saber si pone o no la mesa. Una de mis tías dice que debo ir al médico porque tengo mal el empeine. Lo dice y me clava un tenedor en el empeine derecho. Mi padre se tumba en un sofá rígido, dice que va a desfallecer de hambre, pero no piensa comer hasta que los maridos de mis primas lleguen porque no se fía de la comida que han dejado sobre la mesa. Seguro que tiene hormigas, que la coman ellos antes, dice y cierra los ojos. La comida que hay sobre la mesa está encima de papel de estraza. Parece soja texturizada. La otra, gelatina rosa. Pruébala, dice mi madre. Tomo un pedacito muy pequeño. La escupo con asco. ¡Es grasa mejicana!, dice mi madre con gesto de felicidad. 

lluvia

sábado, 22 julio 2017. Espero a Alberto a las puertas de un hotel. Hay un chico parado en mitad de la calle. Comienza a llover. El chico sigue inmóvil. Decido no moverme. La lluvia nos va empapando. El chico se sienta en una especie de sofá sin armazón que no sé de dónde ha salido. ¿Y Jaime?, me pregunta, me dijiste que me parecía a él. No os parecéis en nada, ya te mandaré una foto. Me despido. Alberto y una señora a la que no conozco están en la habitación haciendo la maleta. Veo que la señora ha metido el pijama de Alberto en su bolso. Después de una conversación absurda, resulta que Alberto tenía en la suya el pijama del marido de la señora.

fotos gastadas

viernes, 21 julio 2017. Recibo una carta de Federico del Barrio. Dentro hay cuatro fotos muy gastadas en sepia. En dos, me parece reconocer a su padre de joven, muy guapo, con bigote y gesto serio. En las otras, Federico tiene a lo sumo 16 años. Me fijo en que están tomadas en el jardín de la casa de mi abuela, junto a la verja. Pienso en si vivirían allí antes que nosotros. No sé por qué me las ha enviado. De repente, recuerdo que se va a Nueva York. ¿Será que teme que le pase algo y quiere que alguien conserve esas fotos?, pienso.

desayuno

miércoles, 19 julio 2017. El escritor Fernando Aramburu está en la terraza de un bar. Está desayunando. En la mesa hay un montón de papeles. Me indica que me acerque con un gesto. Junta las manos y me mira. Escribir y vivir son la misma cosa, le digo. Bien, pues ya tienes la respuesta, dice. Siempre la he tenido, le digo antes de sentarme a desayunar con él.

la hora de las peluqueras

martes, 18 julio 2017. Pueblo en fiestas. Algunos van disfrazados. Mi familia está en la terraza de un bar mirando pasar gente. De repente, mi madre, como si acabara de recordar algo, se levanta y camina muy rápido hacia la carretera. Corro detrás de ella pero no logro alcanzarla. La busco por todas partes, pregunto a todo el mundo. Nada. Subo al castillo. El castillo es un hotel. Está vacío, me dice una camarera apoyada en la barra con los brazos cruzados. Me cuenta que no son Fiestas Patronales, que una empresa se lo ha inventado todo para llenar el restaurante, pero nadie ha subido. Tendrán que cerrarlo, dice encogiéndose de hombros. Le pregunto si ha visto a mi madre. Las peluqueras salen ahora del trabajo, dice. Corro carretera abajo. Pregunto a un grupo de peluqueras por si mi madre ha ido a peinarse. Nada. Vuelvo al bar. Mi familia sigue allí charlando. ¿No habéis salido a buscarla? Estábamos esperándote para volver a casa. ¿Sin ella?, ¡cabrones!, les grito.

patio de butacas

viernes, 14 julio 2017. Se supone que la que era casa de mi abuela ahora es mi casa. Hay alguien en el patio. Me asomo por la ventana del cuarto de baño. Un grupo de adolescentes se mojan con la manguera y toman el sol. Dicen que son nuestras nuevas vecinas, pero que les guata más mi casa. Les digo que se vayan. Una me pregunta si de verdad soy la dueña de la casa. Las amenazo con llamar a la policía. Una de ellas me dice, muy preocupada, que las perdone, pero que no consigue convencer a las demás de que se vayan.
+
Estoy muy cansada. Me siento, pongo los brazos sobre una mesa, la cabeza sobre los brazos, y me quedo dormida. Me despiertan unos aplausos. Estoy en un escenario sentada en un taburete. Me he quedado dormida sobre un piano.

café

miércoles, 12 julio 2017. Estoy en el jardín de una casa con la que ya he soñado otras veces. Aparece un montón de gente que no conozco, dicen que iremos a tomar café a un bar. Todos van en pijama. No quiero ir, pero no discuto. Se adelantan, los pierdo de vista. Me entretengo mirando unas postales y unos comics que hay en un expositor.

un petit peu

lunes, 10 julio 2017. Una pareja me hace señas desde su mesa. Parece un restaurante italiano muy acogedor. Él me pregunta en francés si hablo francés. Oui. Aplaude como si tuviera seis años. Et, ¿anglais? Un petit peu. Se ríe. Dice que no entiende cómo todo el mundo se ha creído que "un petit peu" significa algo, que a alguien se le ocurrió que significaba "un poqutio", pero que es mentira, que sólo lo hizo para reírse de los demás. Lo veo tan satisfecho que no le respondo. De repente el local se ha convertido en una habitación blanca y fea con las paredes desnudas. El mantel de vichy rojos es ahora de papel blanco. Tengo delante un plato de sopa verde. Como, está buena. Aparece una pareja de periodistas muy jóvenes. La chica se sienta frente a mí y enciende una grabadora. Por romper el hielo, les digo señalando el plato de sopa: Soy la antimafalda. Ya tenemos titular, dice la chica. El chico menea la cabeza, dudando. ¿Qué es más difícil, escribir poesía o prosa?, pregunta. Igual. Por un lado, a veces, es difícil que llegue la inspiración. En prosa, lo difícil es ser constante. Se miran. Mi respuesta no les ha convencido. Miro a lo largo de la mesa para que alguien me apoye, pero todos comen sopa verde sin levantar la vista de sus platos.

la mujer morsa

miércoles, 5 julio 2017. Estoy en unos grandes almacenes destartalados con los que ya he soñado otras veces. Hay muy pocas cosas. Me gusta un bolso de fiesta plano. No veo el precio ni a ninguna dependienta para preguntar. Bajo las escaleras, pero ya estoy en la calle. Pienso en lo fácil que sería robar. Vuelvo a subir. Encuentro a dos chicas junto al ascensor. Les pregunto por el precio. ¿Es que no sabe leer?, dice y abre el bolso. Saca una pegatina diminuta con el precio. Ahora tiene el veinte por ciento de descuento, haga la cuenta, rápido, me dice. Llega el ascensor. Las dos chicas entran y no dejan pasar a una limpiadora cargada con un carro. Protesto, les digo que la chica tiene más derecho que ellas a usar el ascensor. La chica entra. El ascensor parece un dormitorio. Ya en la calle, veo a una señora muy gorda tumbada en la acera, exactamente igual que las morsas de los documentales. Lleva una bata de colores chillones. Menos mal, pienso, si no le pasarían por encima. Un hombre muy alto se le acerca, la arrastra como puede hacia una camioneta. Pienso que va a secuestrarla. Cojo una barra metálica de una papelera y me voy hacia él. La mujer morsa me detiene con un gesto. El hombre saca algo de la camioneta y se lo da. Parece que sólo quería ayudarla.

pastelitos mojados

martes, 4 julio 2017. Parece un bar. Todos miran hacia el mismo sitio, como si hubiera un espectáculo, pero yo no veo nada. Lavo unos pastelitos antes de comérmelos. Aparece una de mis tías. No sé qué hace allí. Caigo en la cuenta de que estoy en India. Qué bien te lo pasas, dice con cara de reproche. Bajo mi mesa hay un charco. La pareja de la mesa de al lado me dice que tenían miedo a que los mojara. No sé qué hago allí.

delfines

domingo, 2 julio 2017. Camino por un paseo marítimo elevado con mis padres. Amanece. Mi padre pregunta dónde esta el sol. El sol parece medio balón flotando sobre el mar, se mueve con las olas, aparece y desaparece. Lo señalo. No es el sol, es un delfín, dice mi madre. El balón se ha convertido en una especie de nariz muy afilada. Poco a poco aparece el delfín completo y llega a la orilla, salta al paseo y se coloca en pie en mitad del asfalto. Hay gente detrás de unas vallas. Un hombre salta y se abraza a él. No sabemos muy bien si quiere devolverlo al agua o matarlo. Al parecer, la pareja de ese delfín está en una jaula de agua como reclamo para una carrera urbana, y el delfín ha venido a liberarla.  

música de desembarco

sábado, 1 julio 2017. El porche del recreo del colegio es la terraza de un bar. Estoy con Alberto, mis padres y mi sobrino Abel. En la mesa de al lado se sientan tres miembros de "Danza invisible". Los miro de reojo, los noto muy viejos. Incluso Ojeda tiene muy poco pelo, esconde la cabeza entre las manos. En otra mesa está Antonio con un portátil. Me dice desde lejos que tengo que oír algo. Pone una canción que va sobre un desembarco. Te la mandé yo, ¿no te acuerdas?, pregunto. Claro, dice. No le digo que se la mandé aun sabiendo que está muerto. No le digo que a veces le escribo mails, aunque sepa que ya no los puede leer. El camarero trae la vuelta. Hay dos monedas negra. Mi padre se enfada muchísimo, dice que quieren engañarnos. Es sólo pintura, publicidad, mira, le digo para tranquilizarlo. Mientras, Abel se queda con el cambio. Mi padre vuelve a enfadarse muchísimo. Nos vamos. Lo ayudo a bajar una escalera de madera rota. Al llegar a la carretera, mi padre se ha convertido en mi abuela. Camina de mi brazo como si fuese más joven que yo. Un par de periodistas nos graban caminando por el arcén. Esta noche saldremos en las noticias, le digo.

musical

jueves, 29 junio 2017. Tengo un sobre con diapositivas sin enmarcar. Se supone que son parte de una novela. Se supone que hice fotos de cosas, Jota escribió una canción para cada imagen y de ahí, escribí una novela. Si acerco una diapositiva a la oreja puedo oír una canción. De cada imagen sale una música distinta. Tengo otro sobre con cuartillas impresas en distintos tipos de letra y encuadernadas en gusanillo. Si paso las páginas también escucho una música para cada una. Pienso que el libro sería toda una revolución. Pienso en que Jota no estará de acuerdo en publicarlo ni en que ponga su nombre como coautor. Saco unas tijeras y destruyo todas las imágenes. Después rompo el libro en pedacitos muy pequeños.

molloy vs martha

martes, 27 junio 2017. Mis padres andan por la casa como hormigas. Dicen que me dé prisa, pero a cada momento me entretienen con algo absurdo. ¿Qué hora es?, pregunto. Menos cuarto. Ya no llego a tiempo. Mis padres se encogen de hombros y se van. Entro en mi cuarto y en el sitio de la cama hay huesos y ramas rotas en un charco. No me sorprende demasiado, compruebo que la ventana está cerrada. Me planteo no volver a clase, y a la vez pienso que no voy a clase desde hace años. Siento alivio y pena. Mi hermana dice que debe entregar un trabajo sobre "Molloy". ¿Cuánto llevas? Sólo algunos adjetivos, dice. Me lee el trabajo. A Molloy le llama Martha. Sólo dice tonterías que nada tiene que ver con el libro. Según habla me voy quedando dormida.

crac

domingo, 25 junio 2017. Camino con Alberto y otro chico por la calle. Los dos llevan unos bigotes enormes. Les digo que no comprendo que sigan la moda, que el bigote no sólo es algo feísimo sino antihigiénico. Miro al chico y de repente ya no lo tiene. Me pregunto si era de velcro.
+
Dos niñas cargan con un carrito de la compra enorme. Las ayudo a empujarlo. Una me enseña un insecto pequeño, azul, que parece hecho con cuentas brillantes. Es la primera vez que veo algo así, le digo. Por aquí hay muchos, dice y señala un campo enorme con montes al fondo. De repente no sé dónde estoy. Les digo que tengo que volver a casa. De golpe estoy en casa, muy cansada, me tumbo en la cama. Oigo un "crac". Llevaba un frasquito de perfume en el bolsillo y se ha roto. Intento devolver lo que puedo al otro frasco, pero el líquido se ha convertido en diminutas bolitas de mercurio.

peso murciano

sábado, 24 junio 2017. Alguien tiene prisa. Dice que tenemos que irnos y coja de una vez mi chaqueta. No es mi casa, pero la chaqueta está en su armario. En realidad, toda la casa es un armario atiborrado de ropa y en el patio están todos los muebles. Intento encontrar mi chaqueta entre tantísima ropa.
+
Parece una habitación de hospital. Es enorme, hay unas veinte camas y otros pacientes es butacas reclinables. Delante de un biombo hay una báscula. Donde debería ir la pantalla para indicar el peso, hay unos agujeritos. Imagino que es un altavoz. Me subo y espero. A los pocos segundos, el altavoz dice: "Su peso murciano es 50, 6". Llamo a Alberto para que se ría. ¡Mira, es una báscula murciana! Alberto le da la vuelta y lee: "Made in Autol".
+
Le pido prestados a Cumpián sus "Poemas para Laura". Entramos a buscarlos en su cuarto. Su cuarto es una habitación enorme. Hay una alfombra roja que ocupa todo el suelo. Parece de esterilla, pero me acerco a tocarla y es de lana. Hay una mesa que ocupa la mitad del espacio y se transforma en cama por la noche. Bajo la mesa hay un montón de cajones llenos de libros y papeles amarillentos. Al levantar las faldas de la mesa-cama para buscar los poemas, veo que alfombra es color crudo. ¿Es así o cambiado de color por el uso?, le pregunto. Ha cambiado, y como se entere Taján me echa de aquí, dice.

romper cosas

jueves, 22 junio 2017. Llego a casa de mis padres. Mi padre me abraza como si hubiera muerto alguien. Mi madre va de un lado para otro, dice que tiene que salir a comprar vino blanco. Alberto se fija en mis piernas (y yo me fijo en que no llevo pantalones). Hay una hendidura en el gemelo interior. La toca, pero no dice nada. A eso me refería cuando te dije que estoy perdiendo masa muscular. Se encoge de hombros. Tengo ganas de romper cosas. Miro los cuadros, los descolgaría de las paredes y los rompería todos uno por uno estrellándolos sobre las sillas. Mi madre, como si pudiera leerme el pensamiento, me dice: Cuando quiero romper cosas tiro ropa al suelo como si fueran platos, el efecto es el mismo, pero después no hay destrozos.

charlas de café

domingo, 18 junio 2017. Antonio y yo tenemos que leer poemas en un salón de actos. Lee muy serio. Mientras, busco en mi libro qué leer, pero las páginas están sueltas y el libro se me deshace entre las manos. Cuando lo recompongo, me fijo en que son instrucciones de electrodomésticos. Llega mi turno. Recuerdo unas frases de "Charlas de café" de Ramón y Cajal e intento decirlas de memoria. Hago creer que las estoy leyendo.

futuro

sábado, 17 junio 2017. Llego a casa. Noto el ascensor distinto. Pienso que es igual que hace unos años. La puerta de casa también h cambiado, la llave no entra. Llamo con los nudillos. Abre mi suegra, parece muy contenta de verme. Tenía muchas ganas de volver a verte, estaba preparando la cena, ¿te quedas?, dice. Sobre la encimera hay lechugas muy verdes. Me enseña unos filetes de pollo relucientes. He viajado en el tiempo, pienso. Me miro al espejo, estoy igual, no comprendo que no note que tengo 30 años más. A ella, sin embargo, se la ve joven y ágil, con el pelo rubio recogido en un moño italiano. No sé qué hacer, si quedarme a esperar a Alberto que tendrá 17 años o marcharme con cualquier excusa. Pero, ¿marcharme dónde, si esa casa es mi futura casa?

convalecientes

viernes, 16 junio 2017. Sobre la mesa del comedor de mis padres hay una caja de madera con letras chinas. Al abrirla se despliega. Dentro hay retales de telas, trozos de tizas y cosas rotas. Se supone que es un regalo de mi hermana a mi padre. Mi padre mira esas cosas sin interés. Hago comentarios para intentar darles valor. Quizá sean telas antiguas, le digo. Nada. ¿Y qué tal sienta llegar a los 90?, le pregunto y me acerco para abrazarlo. De repente reacciona. Comienza a hablar vehementemente de algo pero no entiendo nada de lo que dice, como si hablara en otro idioma, pero por sus gestos está enfadadísimo.
+
En calle Comedias, me cruzo con un chico que lleva una botella de plástico cortada llena de monedas. Suenan a cada paso. Yo también llevo una botella cortada, pero con agua y hormigas muertas. Camino más rápido para darle esquinazo. Sé, por el sonido de las monedas, que ha dado la vuelta y me sigue. Me meto por calle Convalecientes y me lo encuentro de frente. He inventado una bicicleta, me dice, mira. Aparece una chica cobre un aro naranja con forma de silueta de gota. No tiene manillar, sillín ni ruedas, sin embargo la chica va muy deprisa. Tienes que probarla, me dice. Niego con la cabeza y sigo andando. Tiro por un sumidero el agua con hormigas. El chico me sigue, camina a mi lado. Vale, no te gustan las bicicletas, dice. ¿Nunca te lavas la cara?, me pregunta. Se refiere a que tengo pecas. Me hace gracia. Lo miro por primera vez a los ojos. Su cara también está llena de pecas. Empieza a caerme bien, pero de todos modos quiero irme a casa. Mira, ahí brilla algo, le digo para distraerlo. Mete la mano en un agujero y saca una especie de tijera enorme. Se sienta en el asfalto y comienza a cortar chapas de hierro. Aprovecho para marcharme.

salitre

jueves, 15 junio 2017. Llaman al portero. Un tipo me dice que es quien nos hizo la obra (no sé de qué obra habla). Dice que habrá que hacer más, cambiar todos los cables. Llaman a la puerta, le digo que espere, corto el cable del portero y lo dejo sobre el sofá. Una pareja de extranjeros viene a ver la casa. Les enseño las habitaciones. Dicen que el cuarto de baño es pequeño (yo lo veo enorme) y que en su país no se usa jabón líquido porque contamina. Levantan la tapa del váter. Dentro ha crecido una planta de hojas muy verdes y brillantes. Les digo que desde el dormitorio se ve el río y el museo. Oh, dice a la vez sin mucha convicción. Pienso que son actores. Los guío a la puerta y cierro antes de despedirme. Ya se han ido, le digo a una niña que dibuja junto a la cristalera. Me fijo en que no hay cortinas. Ha empezado a llover y la lluvia traspasa los cristales. Los dibujos se mojan. le digo a la niña que se dé prisa, que recoja todo. No hacemos nada. Miramos la lluvia como si nada.

traje mostaza

lunes, 12 junio 2017. Intento hacerle unas fotos a Ferran, pero está a contraluz. Alberto dice que es hora de irse. Ha quedado en acompañar a dos chicas. Ferran dice que por el camino tenemos que comprar tabaco o volver al bar donde lo ha olvidado. Si tú no fumas, le digo. Las chicas llegan en un descapotable que parece de juguete. Llevan caso, pero debajo de la piel. Se les ve unas cabezas enormes. Las llevan rapadas con unas guedejas teñidas de rosa. Dan un poco de asco y pena. Alberto dice que mejor me vaya con ellas. El coche tiene en el salpicadero un GPS tamaño tele grande, pero aparecen pocas calles y sin nombre. Una de las chicas dice que tiene que parar a comprar tabaco. Fumo "Lion", dice muy contenta. Qué casualidad, el mismo que quería comprar Ferran, pienso. Se supone que Alberto debía guiarlas, pero somos nosotras las que vamos delante.
+
Voy en bus. David Leo pasa lista por si ya estamos todos, aunque en realidad estamos llegando a una estación. Bajo cargada de ropa de invierno y varias maletas. Me despido de David Leo. Ya te llamaré, aunque no sé si tengo tu teléfono, le digo. Busco a Daniel en la estación. Lo veo acercarse desde el fondo. Lleva un traje mostaza, le queda grande. Lo abrazo, me alegro muchísimo de verlo. Estamos en su casa y, mientras trajina, le leo una carta de Vicente. Daniel no para de hacer cosas en la cocina. Se ha puesto una toalla sobre la cabeza que también le cubre la cara. Prepara una especie de puré blanco en una especie de termomix. No me hace ningún caso. No estoy segura de si la toalla en la cabeza es para que no caigan pelos en la comida o para no verme.

negar la lluvia

sábado, 10 junio 2017. Una niña quiere que vaya a comer a su casa. Le digo que llevo mi comida en la mochila, que podemos compartirla. Su casa está en el último piso un edificio muy alto. Comienza una tormenta, vemos llover a cántaros sobre una explanada enorme. En la tele dicen que nadie salga de sus casas. Llamo a mi madre para decirle que estoy bien, que no iré a comer. El teléfono es muy pequeño, negro con los número también negros, no se distinguen y están desordenados. Marco el número varias veces, pero siempre me equivoco. He llamado a otra casa. Una madre me echa en cara que su hijo estaba enfermo y no fui a visitarlo. Le digo que he estado cuidando de mi familia. El hijo se pone, me insulta, oigo a su madre gritar que cuando me vea me matará de un golpe en el estómago. Cuelgo. Intento llamar a mi madre, pero siempre son esa madre y su hijo. Al fin descuelga alguien desde la casa de mis padres, alguien que me habla de pamplinas. Le pido que, por favor, se ponga mi madre. Nada, me habla de si he visto cómo llueve. Miro la lluvia desde la ventana, preciosa, pero le digo que no. Cuelgo. Me duele muchísimo el estómago como si alguien me hubiera pegado de verdad.

No sé cómo he llegado a un cuarto de baño enorme. Hay tres mujeres en una bañera. Desde la ventana se ve que están rodando una película en la calle. Les digo que me duele mucho el estómago. Una sale, para que yo entre. La bañera es de pizarra y está vacía. No entiendo qué hacen allí sin agua. Te ha venido la regla, me dice una señalando el agua que se va por el desagüe. (Me despierto y, efectivamente, me ha venido la regla.)

dientes

miércoles, 7 junio 2017. Noto algo en la boca. Escupo en la mano y veo una tira de dientes muy blancos unidos. Les doy la vuelta. Por el otro lado están negro, quemados. Pienso que son de mentira, pero al pasar la lengua por la encía noto que me faltan. Corro al espejo a mirarme. Sonrío. Quiero comprobar si se me nota que me faltan varios dientes. Me veo la cara hundida como un globo que hubiera perdido el aire. No entiendo nada.

costras

lunes, 5 junio 2017. Parece un cine, pero las luces están encendidas. Puede que sea el descanso de una película. Algunos comen en unas mesitas plegables que hay delante de sus asientos. Emilio y Salvador están al otro lado del pasillo. Hablamos de que deberíamos ir al Chorro en tiendas de campaña, como antes. El chico que está sentado delante de mí, gira su asiento cuando me oye hablar. Es Antonio. Mientras come en su bandeja plegable, le cuento que desde el año 81 vamos cada septiembre al Chorro. Aparecen mi madre y mi hermana en camisón. Mi madre dice que Antonio debería irse a su casa, ya que acaba de ser padre. ¿Acabas de ser padre?, le pregunto asombrada. Una niña de quince meses, dice mi madre mientras Antonio sigue comiendo. Lo miro. El abre las manos como si sostuviera una sandía invisible y que significa: Mi hija está así de enorme. Cuando termina de masticar y tragar, le pregunta a mi hermana por qué va en camisón y si tiene costras en las rodillas. Mi madre responde por ella: Mi hija no tiene costras. Pues entonces no eres malagueña, todas las niñas malagueñas tienen costras en las rodillas.

estores

domingo, 4 junio 2017. Una chica me enseña su pueblo. Me habla de su familia, me lleva a su casa. Es una casa enorme con habitaciones donde sólo hay camas. Incluso las hay en los pasillos. En la casa sólo hay mujeres. Me presenta a su novia. Pienso que debe de ser es un gran paso para ella. Me abraza, nos despedimos. Llego a una especie de hotel donde Alberto me espera para hacer la cama. Le cuento lo que ha pasado mientras estiramos las sábanas. Después paseamos por un pueblo. Hay unas calle-tubo cerradas con estores blancos por donde está prohibido pasar, pero entramos. Son tubos encalados luminosos muy empinados. Desembocamos en la plaza del ayuntamiento. Miro por el hueco que hay entre el techo y el estor. Espero a que no haya nadie en la plaza para salir.