demasiados gatos

miércoles, 20 octubre 2021. Saco revistas de debajo de una mesa camilla que hay en el salón de mis padres. Intento ordenarlo todo, pero el sofá no tiene cojines y cada vez que muevo un mueble sale un gato. Tengo prisa porque unas vecinas de mi madre viene a merendar.

isla de arropía

martes, 19 octubre 2021. Tengo que dar una clase y todos mis alumnos están en fila a la orilla del mar. Quieren regalarme cosas. Una chica me ofrece una percha de un diseñador francés (por lo visto ha leído que yo quería una). Otro me trae una biografía del Rey Juan Carlos dedicado por el propio rey (aunque la letra parece de un niño de cinco años). Le digo que sintiéndolo mucho no puedo aceptar el libro porque sé que no lo voy a leer. El paisaje a nuestro alrededor es precioso: montes nevados, islas, y una isla de colores que parece de cartón piedra o arropía.
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Una señora al ir a cruzar la calle se cae de boca. La levanto, le pregunto si está bien y, antes de despedirnos, le doy un beso en la cabeza. Dos señoras que cruzan en sentido contrario me dicen: No la ayudes que es muy mala.
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Estoy en la cola de un supermercado con María Eloy-García. Cuando llega la hora de pagar, a la señora que hay delante de nosotras se le cae una caja de congelados al suelo. Se la doy. Dice de muy malos modos que no es suya, que la dejé en su sitio. Corro a dejarla en el congelador. Cuando vuelvo María ya no está. Pregunto si la han visto salir. Nadie sabe nada, me miran mal.

legionarios del universo

jueves, 14 octubre 2021. Entro en la habitación de mi hermana. Está tumbada sobre arena que hay sobre las sábanas. La levanto con una mano como si fuera un bolso y trato de quitar la arena. Se pone en pie y dice que tiene que tirar ciertas cosas porque su novio es muy celoso. Le digo que antes de casarse debería conocerlo más. Borra con un trapo mojado nombres que hay escritos en la pared.
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Parece un desfile de legionarios, pero llevan capas plateadas y unos cascos con antenas y cristales tallados de colores. Todos son muy bajitos. Le pregunto a una chica (viste igual que ellos) quiénes son. Son los elegidos, son los nuevos Legionarios del Universo y nos vamos a una misión espacial. Pienso que quizá los han elegido tan bajitos para que quepan todos en un cohete. Veo que Daniel está a mi lado. Me alegro mucho de verlo. Le pregunto cómo está. Bien, dice. Cómo estás de verdad, insisto. No sé de qué hablamos. Vemos pasar a tres legionarios disfrazados de triángulo (vemos sus tres pares de pies corriendo al unísono). Daniel y yo nos miramos y nos reímos. Apoyo la cabeza en su hombro. Me besa la frente.
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Oigo ruido en el descansillo. Miro por la mirilla. La vecina llega de la compra. Veo cómo el gato escapa de su casa. Abro para avisarla pero ya no están, ni ella ni el gato. El rellano está lleno de pelusas. Las barro con un cepillo sin palo.

uñas

miércoles, 13 octubre 2021. Me meto un dedo en el oído. Saco uñas (que no son mías) pintadas de blanco.
martes, 12 octubre 2021. Hay una fiesta desangelada en un parque que recuerda a los antiguos iconas. Las mesas y los bancos corridos son de tablas de madera muy toscas. El grupo con el que estoy (no son conocidos) ha colgado un globo enorme lleno de sangría (pero cuando la sirven sale gelatina). Aparece David González. Dice que necesita ayuda para hacer una mudanza. Entramos en su casa. Está muy deteriorada. Los muebles parecen quemados o roídos. Sacamos todo en bolsas. Cuando todo está fuera, nos damos cuenta de que David ha desaparecido. La fiesta continúa.

funeral y harina de garbanzos

lunes, 11 octubre 2021. Se supone que una chica ha muerto. El ataúd está en el centro de lo que parece un campo gigante de fútbol y en las gradas están sentados todos los alumnos de su colegio. Oeste y yo entramos los últimos. Él se sienta en el último asiento que queda libre en la última fila de las gradas. Veo a mi madre en el campo, junto a otras dos personas, empujando un trasto enorme que parece muy pesado. Lo hacen sin esfuerzo aparente. Pienso que la mueve el pundonor, pero por la noche le dolerá todo el cuerpo. Por los altavoces anuncian que ha llegado una profesora (no recuerdo el nombre) y todos aplauden. Más que un funeral parece una fiesta de fin de curso, pienso. La profesora lleva sobre la ropa una especie de traje-burbuja transparente con flores de plástico pegadas. Cuenta desde el campo anécdotas de la chica. No sé qué hago allí, pero no veo a Oeste para despedirme ni a mi madre.
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Busco recetas de tortilla de patatas veganas (en vez de llevar huevo, llevan harina de garbanzos). Como si la calle fuera una página web, pulso en distintas personas que me responden mecánicamente. Cada una me da una receta diferente. Veo a mi prima Elisa y su exnovio Paco. Se les ve muy felices. Paco está exactamente igual. Miro a Elisa sorprendida del buen rollo que parecen tener y sin que yo le pregunte nada, dice: Es que yo lo quiero mucho. Ríen como tontos. Todo me parece muy extraño.

mancha

domingo 10 octubre 2021. Buscamos un bar donde hemos quedado con unos amigos (aunque no conozco a nadie). Llevo una lata cuadrada llena de ostras que me ha enviado Carmen. Les digo que les va a gustar la sorpresa. Llegamos al bar. Está en una cuesta. Dentro hay una escalera de caracol por la que es imposible subir. Les dejo la lata sobre la mesa y les digo que se coman las ostras, que a mí me dan mucho asco. Me alejo del grupo para ir a buscar a alguien que se ha perdido. Un chico se acerca e intenta robarle el bolso a una de las chicas. Es un bolso enorme azul. La chica se lo da. El bolso está vacío y el chico protesta. le digo que se siente con nosotros a comer. De repente ya no estamos en el bar, estamos sentados en el suelo sobre una manta. El chico actúa como un loco, me da mucha pena. Dice que se va, todos se despiden. El chico me abraza. Noto los huesos de su espalda.
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Huyo de alguien. Corro por lo que parecen los pasillos de una casa abandonada. Llego a una habitación con dos puertas y me escondo detrás de una de ellas. Sé que no tengo escapatoria.
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Me pican las piernas. Sobre las espinillas tengo una mancha marrón. Me voy subiendo el vestido y veo que la costra me llega hasta el pecho. Se la enseño a Alberto que se tapa la cara con las dos manos y grita.

reatalaes y ojos de mosca

sábado, 9 octubre 2021. Alguien llega caminando a la terraza de la casa de mis padres, como si la terraza estuviera a ras de suelo (en el sueño consta que es inglés). Entrega un sobre grande de cartón a mi madre. Verás, dice mi padre con desconfianza. Mi madre abre el sobre. Dentro hay una pajarita, unos botones, cosas de costura que parecen muy antiguas. No hay instrucciones, pero todos sabemos que debemos construir una muñeca Holly Hobbie. Le digo al chico que trajo el sobre (y que se ha sentado en una silla de playa junto a mi madre) que de niña me hice una muñeca así, con trocitos de tela de mis vestidos. Te la voy a enseñar, le digo, pero me siento en sus rodillas. Sostengo la pajarita delante del cuello de su camisa. Te sienta bien, le digo. Creo que voy a meter unas cuantas cosas en un sobre para que dentro de cien años se las lleves a alguien, le digo. Aparece una chica, se sienta delante de nosotros en una silla baja. Se saca los pechos (son enormes). Dice que su padre le ha dicho que tiene que dar de mamar a su hija, pero no vemos ninguna hija. Resulta incómodo, y mi padre y yo nos vamos. Se ha hecho de noche, pasamos por portales iluminados. Mi padre va haciendo un comentario de cada uno. De uno me dice que quien lo compre puede vivir solo en todo el edificio o compartirlo. Pienso que no me gustaría vivir sola en un edificio. La calle se va poniendo fantasmagórica. Veo un portal convertido en mercería con un montón de cintas, dedales, botones. Pruebo a abrir una de las puertas de cristal. Se abre. Antes de que pueda coger algo, mi padre se acerca, me retira y recoloca algo que he movido. Cierra y hace un gesto para que me aleje.
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Ángeles, Nené y yo caminamos por calles de pueblo encaladas y adoquinadas. En mitad de una de ellas hay una caja abierta. Dentro hay pedacitos de telas. Los voy sacando. Mirad, este trocito es del mantel del comedor del colegio, y este de un uniforme (así con cada cuadradito de tela). Les digo si quieren alguno de recuerdo. Hacen un gesto negativo con las manos. No sé qué hacer, si llevarme algunos o seguir nuestro camino.
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Llego a una especie de hospicio. Es la hora de comer. Subo con prisa. Ya están sirviendo la comida. Cada mesa está rodeada de rejas y es difícil sentarse. Carmen sirve la comida. Lleva una bata blanca. Supongo que trabaja allí. La saludo, pero parece no reconocerme. Me pone delante un plato con muy mal aspecto: dos lonchas de carne que parecen plantillas recién sacadas de un zapato y una especie de puré. Las lonchas llevan incrustados dos cubos blancos con una marca negra. No os quejaréis, dice Carmen, hoy llevan condimento. El chico que está a mi lado dice que los dos cubos son ojos de mosca. Los saco de la loncha con el tenedor. Parecen dos muelas con caries, pero son blandas. Las aplasto. Carmen me mira mal por haberlas aplastado. Llega Jonás, se sienta a mi lado. Mira el plato con asco, pero cuando aparecen varios gatos para quitarle la comida me dice que los espante.
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Mis tías caminan hacia casa. En la acera hay una especie de armazón plegado muy pesado. Mi tía Mari, que va delante, le dice a mi tía Encarna que los coja. Sin que se dé cuenta, me cambio por mi tía Encarna. Mi tía Mari no se vuelve. Encarnitacarneishon, qué fuerza tienes hoy, le dice. Nos reímos sin hacer ruido para que no nos descubra. Subimos a un piso sin ascensor (se supone que es su casa) y justo antes de abrir la puerta se vuelve y me ve. Se alegra mucho, da palmas como una niña.

nueces

miércoles, 7 octubre 2021. Llego a casa de Manuel en el momento en el que van a cenar. Una chica y un chico ayudan a poner la mesa. Todo está muy desordenado. Se supone que ya hemos hablado y sabe que quiero que seamos compañeros de piso. Mientras va llevando cosas a la mesa me explica que es imposible, que soy demasiado ordenada. Y ya ves, dice señalando pilas de libros por el suelo. A ver qué piensas de esto, dice y me enseña una habitación en la que las piezas del cuarto de baño están en el techo. La imagen, a pesar de no tener nada malo (sólo que la habitación está al revés), me resulta tremendamente siniestra, como si por el agujero de la ducha fuera a entrar algo horrible. Dice que el casero se ha lavado las manos. Pienso en hacerle un chiste sobre lavarse las manos colgado del techo, pero no digo nada porque estoy muy triste. En la cocina hay un saco enorme lleno de una especie de cocos o piñas que contienen nueces. Un operario acaba de dejarlo allí con una pequeña grúa. Manuel dice que así, las nueces, salen mucho más baratas. Yo no tengo espacio en mi cocina, le digo. El operario interviene para decir que vive en un piso muy pequeño y tiene un saco igual. A usted le conviene vender nueces, pienso pero no se lo digo. Por la ventana se ven árboles. Me entra una melancolía enorme al pensar lo feliz que sería en esa casa si la ordenaran y si no tuviera el baño en el techo, pero no digo nada. Manuel me pregunta por Iker. le cuento que no quiere saber nada de publicar, que tengo una libreta suya con poemas, pero es sólo para mí. Manuel dice que él sí necesita saber que lo que escribe lo va leer alguien. La eterna canción, pienso. Mientras seguimos poniendo la mesa estoy a punto de decirle que me abrace, que me siento muy sola. Pero no le digo nada y cambio de tema. Le cuento, para que se ría, cuando fui delegada en COU y fuimos a Sevilla para impedir que inglés no entrara en la selectividad.

cumpleaños

lunes, 4, octubre 2021. Hay muchísima gente en la Plaza de la merced y alrededores. Espero a que cambie el semáforo que hay en la puerta del cine Astoria. En la acera de enfrente veo a Inma Luna. De repente la felicitan por unos altavoces. ¡Feliz cumpleaños!, grita toda esa gente que ocupa la plaza y las calles. Ella sonríe y saluda emocionada. Cuando cruzamos (en sentido contrario) escondo la cabeza de vergüenza porque me he olvidado de su cumpleaños. Lloro y me escondo entre la gente. Un chico que hay detrás de mí me pregunta qué me pasa. Le digo que estoy perdiendo la memoria. Dice que no me preocupe, que él está igual, pero sé que es mentira y solo lo dice para consolarme.

empastes

sábado, 2 octubre 2021. Salgo de una especie de parque acuático y llego a una zona de casas adosadas con jardines muy bien cuidados. Voy sola, pero noto que alguien (a quien no veo) me dice que el resto del camino lo haré acompañada. Aparece un chico muy delgado que me recuerda a Juan Carlos (mi primer novio), pero no le digo nada. Nos damos la mano para presentamos formalmente, aunque no decimos nuestros nombres. Parece que tuviera la misión de hacerme agradable el camino. El camino es de tierra con pedruscos y zanjas (una especie de mina abandonada que bajamos en espiral). Por hablar de algo, hacemos una lista de las cosas que nos gustan y las que no soportamos. Me sorprende que coincidamos en tantas cosas. No soporto que alguien lleve empastes, dice de repente. No es que no lo soporte, pero hago así, dice y cierra los puños con los brazos caídos y emite un ruido de fastidio. Yo hago el mismo gesto para que vea que es el mismo que yo hago. Nos reímos. Está claro que no te conocía nada, le digo. Eso estaba pensando, dice con pena (pero sonriendo) dándome a entender que lo dejé sin motivo. En ese momento siento un frío enorme, pero no le digo nada. Cuando echamos de nuevo a andar me agarra del hombro, tira de mí pegándome mucho a él. Para que no tengas frío, dice. En ese momento me fijo en que no es Juan Carlos, es Oeste, y lleva una rebeca blanca con solapas muy finas. Alguien con una rebeca blanca no puede hacerme daño, pienso mientras bajamos.

cortinas abombadas

martes, 28 septiembre 2021. Mi cuñada me enseña unas cortinas que ha comprado (se parecen a las que vi en casa de su prima hace poco). Le digo que son muy bonitas. No digo nada de que estén mal puestas y que se note que detrás no hay ventanas sino montones de ropa.

aquella mecedora

lunes, 27 septiembre 2021. Estoy en la barra de un bar. Todo está muy oscuro y huele a discoteca de los 80. Un chico (mezcla entre mi sobrino Diego y mi amigo Carlos) se acerca a mí. Me cuenta que le han hecho pruebas y no han encontrado nada, que quizá esté todo en su cabeza. Le digo que quizá sería mejor que le hicieran un escáner (aunque sé perfectamente que no necesita un escáner). Sé perfectamente que no necesito un escáner, dice como si me hubiera leído el pensamiento. ¿Te acuerdas de aquella vez delante del buró?, me pregunta. Me acuerdo, le digo (aunque pienso que no fue delante del buró: fue en la mecedora, él no tendría más de cinco años, me dijo que cerrara los ojos y me besó). De repente no es un chico alto, vuelve a ser un niño, se acerca a mí y me besa. Aprieto mucho los labios, intento meterlos hacia adentro como si no tuviera boca.

la catapulta

domingo, 26 de septiembre de 2021. Carmen nos enseña su casa. Es una casa tan grande como Conde Duque, pero tiene las paredes encaladas al modo de una gruta o al modo de las casas de Chaouen, con las paredes encaladas en un leve tono añil. Otras habitaciones son directamente azules. Las paredes están cubiertas de vestidos. Mientras nos enseña su casa (a mí y a un grupo de mujeres) veo que en el enorme patio que hay abajo se está rodando una película. Estoy a la vez en las dos partes: viendo la casa y formando parte de esa película. Alguien me sienta en una especie de catapulta con elásticos y pienso: Me voy a estrellar contra aquel muro. Pero no digo nada. Estiran la goma y salgo despedida. Cuando llego al muro caigo lentamente al suelo como lo haría una pluma. Alguien me enseña unos papeles con el guión de la película, me grita y me dice que lo he hecho mal.

conga

sábado, 25 septiembre 2021. Un grupo heterogéneo, jóvenes y viejos (sobre todo viejas) en una especie de encuentro en un crucero quieto (es un barco enorme pero no navega). Julián López (lo vi en la Feria del Libro) se me acerca y comienza a contarme algo. Al notar en mi gesto que no me interesa nada de lo que dice, se para y me pregunta: ¿Es que no te interesa? No, respondo. Se sorprender de mi sinceridad, dice que desde que es famoso nadie se atreve a decirle la verdad. Me abraza. Dos señoras, desde un sofá Luis XV, me preguntan dónde podrían hacerse un seguro. Les digo que Julián es el mejor asegurador. Quieren abrirse una póliza de un millón de euros. Ahí los dejo hablando y aprovecho para escabullirme. Entro en una habitación (que parece un todo a cien) donde un montón de gente hace una conga alrededor de las estanterías. Me uno a ellos para no llamar la atención. Pienso que nada tiene sentido, que en realidad me gustaría estar en casa. De repente camino por un sendero embarrado. Pienso en lo bien que me vendrían las botas de soldado que llevé hace poco a que les pegaran las suelas. De repente las llevo puestas, pero las suelas se despegan. Vuelvo a caminar sobre barro. Pienso en que ojalá se hiciera de noche para no ver dónde piso. Se hace de noche, todo está tan negro como si tuviera los ojos cerrados.

menuda bronca

viernes, 24 septiembre 2021. Se supone que es la casa de mis padres, pero es mi casa. Mi hermana y mi madre dejan cosas por en medio, todo está desordenado y sucio. Mi padre dice que todavía no he visto lo peor. Miro dentro de la lavadora y hay un ratón y un teclado. Los saco pero no creo que vuelvan a funcionar. Les hecho una bronca tremenda.

la trampa

jueves, 23 septiembre 2021. Huyo de algo. Una señora, que está pintándose los ojos en el portal de su casa, me dice que entre y me esconda. Al final del portal hay un hueco entre la pared y la escalera. Oigo un ruido, miro hacia arriba y una viga de hierro me cae encima a toda velocidad y me aplasta.

áfrica

domingo, 19 septiembre 2021. He quedado con mi madre en un restaurante. Cuando estoy a punto de llegar me doy cuenta de que llevo botellas y plásticos que tenía que haber echado en los contenedores de reciclaje. Junto al paseo marítimo hay dos. Al meter la mano en el bolso me doy cuenta de que llevo dos móviles, el mío y otro naranja y negro que parece de juguete. Cuando llego al restaurante mi madre no está. Empiezan a llegar conocidos que no tengo ganas de ver y salgo por un lateral. Intento llamar a mi madre pero el móvil tiene muchas teclas muy pequeñas y cada vez que pulso una aparecen dibujos en la pantalla. En esas estoy cuando se me acerca una chica con sus hijos. Al parecer los niños dicen que quieren jugar con el móvil (ya imaginaba yo que era un juguete, pienso). La chica me resulta familiar, le pregunto si estaba en mi clase, en el colegio. No se acuerda. Eres África, pienso pero no le digo nada. En ese momento llega mi abuela. Se la ve realmente esplendorosa (me alegro muchísimo de verla porque lleva muchos años muerta), la abrazo, huele a perfume de rosas. Le cuento que estoy esperando a mamá y le presento a África. De repente estoy en una habitación de hotel, sobre el restaurante, y veo a mi abuela y a África en el paseo marítimo, charlando como si se conocieran de toda la vida. Intento llamar de nuevo a mi madre. Nada. Me doy cuenta de que no llevo sujetador. Una señora enorme aparece para ofrecerme algunos. Son enormes y muy feos. A pesar de eso me los pruebo (me quedan pequeños). Dejo a la señora en la habitación y salgo a buscar a mi madre porque está oscureciendo. No doy con el ascensor, los pasillos parecen un laberinto que no lleva a ninguna parte.

tsunami

sábado, 18 septiembre 2021. Hay tres mesas sobre la arena, en la orilla. En una de la mesas hay niños, en las otras dos adultos. Yo estoy en una de ellas mirando hacia el horizonte que cada vez se vuelve más negro. Alguien toma una piedra de la orilla y la tira hacia atrás. Todos les ríen la gracia. Yo pienso que esa piedra podría provocar un tsunami. Según lo estoy pensando, veo una ola enorme que llega y nos arrastra a todos.

tren plateado

miércoles, 15 septiembre 2021. Camino hacia una estación de tren. Alguien pasa a mi lado con prisa, dice que el tren plateado ya llega. Corro para no perderlo. La estación está entre barro y charcas. Una chica salta y cae en una de ellas. Intento hacer lo mismo y acabo ensuciándome hasta las rodillas. Consigo entrar en el tren cuando ya se ha puesto en marcha. El tren está hecho de tablas de madera. Me doy cuenta de que he olvidado la maleta, sólo llevo una cartera de colegio muy vieja. Aparece la revisora y comienza a pedir los billetes. Busco en mi cartera, pero sólo hay dos DNI caducados y dos o tres papeles con apuntes para poemas. Miro a mi alrededor por si pudiera esconderme. Un chico muy parecido a Juan Marqués, como si leyera mis pensamientos, le cuenta a la revisora, al oído, mis planes. Le explico que entré con el tren en marcha, que seguramente mi maleta esté en el andén, le enseño lo que llevo en la cartera. La revisora, que se parece mucho a Sara Mesa, se apiada de mí. Dice que me acompañará durante todo el viaje por si llega el jefe de los revisores. El chivato, Juan Marqués, se cruza de brazos y se va a un rincón con un enfado propio de los cuatro años.

rabal-kinski

domingo, 12 septiembre 2021. Parece una fiesta junto a unas canchas de tenis. Es de noche. Mientras hablo con Carlos, allá en segundo plano veo a Alberto abrazar y besar a una chica. Supongo que me ha cambiado el gesto porque Carlos pregunta qué me pasa. Se lo digo y se alegra mucho. Los hijos de la chica también se alegran. Me levanto para irme pero no sé dónde ir.
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Estoy en casa (la distribución de las habitaciones es diferente). Veo que la luz amarilla del atardecer entra hasta el cuarto de baño, lleno la bañera. Cuando voy a bañarme, alguien corre las cortinas y la casa queda en penumbra. Voy en albornoz a volver a abrirlas. Un tipo discute con su padre a gritos. El padre es una mezcla entre Paco Rabal y Klaus Kinski. El padre sale dando un portazo y su hijo va detrás. Aprovecho para abrir las cortinas, dejar que vuelva a entrar la luz y bañarme, pero la luz se ha ido, la casa se ve gris. Oigo la puerta, creo que es Rabal-Kinski y corro a esconderme en la terraza. Estoy agachada detrás de un muro cuando aparece una chica. Le digo que se esconda conmigo. Le pregunto quién es. Soy yo (dice su nombre). Le digo que debo de estar perdiendo la memoria porque no sé quién es. Ella me explica con mucha paciencia dónde nos conocimos y que quedó en venir a buscarme. Desde la terraza (que ahora no es de muros, es de barandillas de hierro) vemos al chico dar explicaciones sobre su padre a un grupo que hay a las puertas del bar. Los ojos del chico están llenos de lágrimas. Me da mucha pena. La chica, al fijarse en mi albornoz, me pregunta si iba a bañarme en la playa, y al decir playa desaparecen las barandillas. Estamos ante una preciosa playa de piedras. caminamos hasta la orilla. El agua está completamente transparente. Me agacho de espaldas al mar y rebusco entre las piedras. Hay algunas preciosas (de rayas, de colores, con círculos concéntricos). Las voy poniendo en línea. También encuentro dos muestras de perfume de tres centímetros con forma de perro salchicha. Son de cristal amarillo y al tirar del rabo sale una varilla. La olemos. Nos miramos asombradas. Llegan tres niñas, se agachan delante de nosotras y observan la fila de piedras. Temo que me las quiten.

mosquita amarilla

viernes, 3 de septiembre 2021. Unas chicas vienen a casa de mi madre a hacer un trabajo para clase. Una de ellas tiene un hijo. El hijo quiere ver los pájaros que hay en la terraza. Le digo que salga conmigo pero que tenga cuidado. El niño se convierte en una mosquita amarilla muy pequeña. Aparece una avispa asiática y se lo come. Entro en casa sin el niño y sin saber cómo decirle a su madre lo que ha pasado.
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Estamos durmiendo en una habitación con varias personas. Oigo un ruido, me asomo y le digo a mi madre que hay un hombre sentado en el salón, que salgan todos conmigo para ayudarme por si es peligroso. Hay quien se tapa la cabeza con la sábana y no sale. Salimos únicamente mi madre y yo, dispuestas a darle un garrotazo al hombre. Es el vecino, dice mi madre al verlo. Nos cuenta que mi madre ha aparcado en su plaza y viene a vengarse. Le explico que mi madre no tiene coche ni carnet de conducir. Intento convencerlo para que se vaya, pero dice que no puede bajar por la escalera y que el ascensor está roto. Salgo a comprobarlo. Efectivamente en vez de ascensor hay unas tablas muy frágiles como las de las cajas de frutas.

papel arrugado

miércoles, 1 septiembre 2021. Papá es un recortable de papel arrugado. Se deshace en mi mano. Mi hermana se niega a cuidarlo. Le pregunto si quiere venir a vivir a mi casa. El papel dice que sí, se vuelve cenizas y se vuela. Vuelvo desolada. Al entrar en casa encuentro a mi padre sentado en un sillón. Dice que ya era hora de que volviera y comienza con sus exigencias de siempre.

la ganzúa

lunes, 23 agosto 2021. Un niño se pega a mi espalda. Dame la cartera, dice. Me hace gracia, me río. No ves que no lleno ni bolso, le digo. El niño se enfada muchísimo, me cachea desde atrás, ve que no llevo nada en los bolsillos. Comienzo a andar con el niño pegado. En una tienda veo a Marina, una amiga de mi tía. Me enseña un vestido de princesa Disney. Le entiendo por los gestos que le podría gustar a mi sobrina Nadia. Asiento y sigo caminando. El niño pegado a la espalda me da calor, me cansa. Doy un salto, se despega y cae al suelo, pero en el suelo no es más que una ganzúa. La ganzúa habla: Tengo una pistola, no te librarás de mí.

aprendiz de pirómana

sábado, 21 agosto 2021. Voy a subir a lo que parece un barco. Una chica que va delante de mí le dice al tipo de la entrada que me deje pasar. Al llegar mi turno me da excusas. Les digo que lo he oído todo, que si no me dejan pasar llamaré a la policía, que ya me han hecho la misma faena dos veces. Les da igual. Le digo a la chica que sé dónde vive y quemaré su casa. Me dejan pasar. Me llevan a una habitación en el fondo del barco donde no hay asientos, sólo cojines en el suelo. Protesto. Qué más quieres, es el cine del barco, no te quejes más, dice alguien.

escondida

miércoles, 18 agosto 2021. Pinto el suelo del que fue mi cuarto en la casa de mis padres de azul con una fregona. Salgo y al volver a entrar veo cómo la pintura se la levantado en algunas zonas formando olas quietas. Empieza a llegar gente a casa. Mi cuarto se transforma en mi dormitorio de ahora. Yo me pego a la pared y me cubro con una cortina para que no em vean. Entra una madre con tres niñas vestidas igual (un vestido con delantal muy cursi). Pisan el suelo recién pintado (que ahora tiene muebles). Las niñas tocan todo. Una de ellas coge una caja y una figurita de cerámica. Pienso que la madre le dirá que suelte lo que no es suyo, pero se hace la tonta rebuscando en su bolso y las niñas se llevan varias cosas. Después entran tres o cuatro operarios, miran la puerta que da a la terraza. ¡Han puesto la manilla de plástico!, dice el que parece el jefe. Todos comentan horrorizados. Me fijo que de la pared sobresalen unos tornillos del grosor de un dedo.

parrafada

sábado, 14 agosto 2021. Parece un autobús o una sala estrecha con asientos a los lados. Al fondo Chivite. Suelta una parrafada que deja a todos boquiabiertos. Le digo que lo apunte, que después se le olvidará.

barro

jueves, 12 agosto 2021. Voy con un grupo (no los conozco) por las calles donde jugaba de niña. Les explico que antes las casa eran muy bonitas y ahora son bloques feos de pisos. Entramos en uno. Para llegar a un salón de actos tenemos que bajar por una pared de barro. Alguien me pregunta algo que no llego a oír. respondo que no sé qué soy pero sí sé a quién defendería.

collar rojo

martes, 10 agosto 2021. Llego a lo que parece una tienda o un a exposición. Un gato muy pequeño corre hacia mí, lo cojo, siento que me pide auxilio. Lo dejo en un cesto junto a otro. Tiene los ojos enfermos, le digo a una mujer de mi edad. Dice que les da una comida especial para que los tengan así porque así valen más. Pero mírelo, está sufriendo, le digo. La mujer se enfada muchísimo, dice que no entiendo nada de gatos. La madre de la mujer antipática me consulta sobre una tela, no sabe qué hacer con ella. Le digo que con que le ponga una cinturilla y cuatro pinzas ya tiene una falda. Se abrirá, dice. Le pone un broche, respondo. Toma la tela y se la pone como si fuera un chaleco. Ya tengo las mangas hechas, dice. ¿Entonces para qué me pregunta nada?, pienso. La hija, me mira mal. La señora quiere enseñarme su salón, dice. Subimos las escaleras. Llega el nieto vestido de marinero para hacer la comunión. Está ridículo. ¿Te gusta ir así? Me da igual, quiero ir como todos, dice. En mitad de la escalera hay un niño durmiendo en una cuna. La saltamos. He estado aquí antes, le digo al niño, me acuerdo e la cuna y de que había que saltar un mueble para entrar al salón. El niño de comunión es el único normal en esa casa. Qué grande está el bebé, digo por decir algo. Tiene siete años, responde la madre malhumorada. después me recrimina que yo no haya tenido hijos. Mientras, intento recuperar un collar rojo que se me ha enganchado en el pomo de la puerta.

bañera con piedras

lunes, 2 agosto 2021. Parece un patio. Alrededor hay un arriate con plantas que parece que nadie cuide. También una bañera llena de piedras. Hay un grupo de personas desayunando. Hace ruido. Les digo alzando la voz que de hoy no pasa, que vaciaré la bañera de piedras y quedará como nueva, que la casa da vergüenza. Ni se inmutan. Me fijo en que en cada maceta también hay piedras. Algunas me parecen muy bonitas y, en vez de tirarlas, empiezo a pensar en dónde voy a guardarlas. El grupo deja de desayunar a la vez y disfraza a una señora de Isabel II para grabar un vídeo. Le ponen una gabardina, botas de agua, un bolso (que no pega con el atuendo) y un pañuelo a la cabeza. Salgo tras ella. Está subida en una especie de trilladora y se lanza ella misma patatas a la cara mientras un chico la graba.
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Mi madre tiene el pelo muy largo. Va vestida como una quinceañera. Mírala, es igual que Elisa, le digo a mi tía. Mi madre casi llora, dice que no conoce Fuengirola y no sabe dónde podrá ir a cortarse el pelo. Corro hasta la cancela para abrazarla. No te preocupes, busca cualquier peluquería que ponga "de señoras" no en una unisex, y verás qué bien te dejan. Mi tía sale de casa, le digo que tenga cuidado, que no deje que se cierre la puerta que no tengo llave.
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Manuel dice que a pesar de todos lo años que lleva escribiendo no encuentra su voz. Acércate a la mesa, le digo, cuéntaselo a ella. La mesa es de madera maciza con los cantos romos por los años. Manuel apoya la cabeza en la mesa y le habla. Lo que dice se va escribiendo solo en el papel que hay sobre la mesa.
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Voy con Joan por la acera del parque. Me pego mucho a él, lo abrazo y le doy un montón de besos de abuela porque hace mucho que no nos vemos. Mientras caminamos le cuento la película que vi por la noche con música de los Smiths. De repente estamos en la cama de mis padres y Joan es un bebé muy pequeño. Está dormido. Abre los ojos y dice: La bruja ya no tiene hambre.