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martes, 9 diciembre 2025. Llego a la charcutería que había cerca de casa de mi abuela. A ratos charcutería a ratos bar de copas. Espero a Sora. Llega con su hija en brazos. Me alegro mucho de verlas. La niña ya anda y habla por los codos, cuenta un montón de cosas graciosas. La gente que la escucha embobada. Sora lleva un bolso enorme con las cosas de su hija. Guardo el mío dentro del suyo para no perderlo. A la hora de irnos no encontramos el bolso. Nadie parece saber nada. Lo encuentro debajo de un taburete, pero todas las cosas están desperdigadas por el suelo. Le digo que pasemos a ver a mi abuela para que conozca a su hija. El camino se hace muy largo (solo bajar unos metros e línea recta) pero nos perdemos.
+
Entro al dormitorio de mi hermana. Hay un olor muy fuerte. Corro la cama y veo un montón de botellas (de alcohol y de detergentes). También hay un charco donde se han mezclado los líquidos. Intentó limpiarlo con toallas viejas, pero cuanto más limpio más grande es el charco. Aparece Javier con una chica muy guapa. Les digo que me esperen, que termino en un momento. Se sientan sobre la alfombra, porque todo está muy revuelto. La chica dice que la alfombra es preciosa. Le digo que mi padre la compró en los años setenta (en la vida real nunca hubo alfombra en ese cuarto, siempre estuvo en el estudio de mi padre). Javier y la chica se cansan de esperar y se van. Debajo de la cama encuentro una foto de dos burros asomados a una ventana. Oigo rebuznos, me asomo al patio de luces y veo que los vecinos de abajo tiene, efectivamente, dos burros. Me hace tanta gracia que corro a contárselo a mis padres. Mis padres están acurrucados, muy juntos, en el sofá, tapados con la camilla de la mesa. Parecen muy asustados. Les enseño la foto de los burros. Mi madre me hace señas con la cabeza para que mire hacia el recibidor. Veo a mi hermana envuelta en una toalla, haciéndose las planchas. Se acerca con gesto altivo. Mis padres tiemblan de miedo al verla llegar. Le cuento que los vecinos tienen dos burros. Ya lo sé, dice y se va.
abrazo
domingo, 7 diciembre 2025. Voy por la calle y veo a lo lejos a Atencia. Nos saludamos con la mano. Corre hacia mí, se alegra mucho de verme y yo a él. Me abraza y casi nos caemos de alegría.
queso emmental y avispas
toalla negra
cocotología
firma
concierto
títere
vacaciones
saltar de alegría
cubo
escenario
piscinas
yogures
mis mentiras punto com
nuevos amigos
cuchillo jamonero
cuadrícula
broche
a dos manos
viento
de tiendas
abrigo blanco y autobús descarrilado
pelo imantado
moqueta
sólo un momento
ese
museo
equinoccio
fotos de mermelada
mi querido bill
luna de miel
la fiesta final
azufre
cabra montesa
hojas amarillas
cama amarilla
el monje asesino
pircing
frutas naranjas
pañal
dificultades
cortinas de cretona
clase de hipocresía
red de sueños y la chica bebé
mi mascota era un robot
seguro
alfombra de césped
examen
suegra
circo
kimono
basura
calle arriba, calle abajo
fórmula
muchos ceros
lunes, 1 septiembre 2025. Aunque ya estoy en casa de mis padres, tengo que ir a casa de mis padres. Decido ir cruzando el garaje para probar una llave que me ha dado la presidenta. Pulso el menos uno, abro la puerta y en vez de garaje hay un loft improvisado, amueblado precariamente. Hay gente joven, desde los diez años hasta los cuarenta. Cruzo entre ellos, ni me miran (unos sentados en sofás, otros alrededor de una mesa, otros preparando café en una barra de bar de obra). Mis padres están en un apartado oscuro, en la cama. Les digo que hay que levantarse, que ya son las tres de la tarde. Se asombran muchísimo. Oigo a lo lejos la voz de mi hermana. La veo con una especie de megáfono, dando instrucciones. Todos la miran con ilusión. Les dice que habrá para todos. No sé de qué habla. Me acerco y le pregunto de qué va todo eso y quiénes son esas personas. Se sienta en un sofá apartado y me dice con gesto triste y asustado: muchos ceros. No te entiendo. Ceros, muchos ceros, y tres. Explícate mejor. Les he prometido tres millones de euros a cada uno por ser mis amigos. Me enfado muchísimo pero me contengo, le digo serenamente que los amigos no se compran, que ya se lo he advertido muchas veces. No te preocupes (la calmo), no pasa nada, no te habrán creído, sabrán que es broma. De repente se ha convertido en una niña y se echa a llorar. No, no es broma, están esperando al notario para cobrar, pensaba pagarles con el dinero de mamá y papá, dice. ¿De verdad crees que tienen tres millones de euros? Mi hermana al oírme se desmaya (como hacía de niña cuando no quería hacer algo). Paso con ella en los brazos (pesa muy poco) entre la gente, que nos grita y abuchea reclamando el dinero prometido. Les digo que ha habido un malentendido, que no hay ningún dinero. Algunos se van, otros nos siguen e insultan mientras voy con ella inconsciente por la calle, sorteando varios andamios que hay en la acera. No sé bien dónde llevarla porque no reconozco las calles. Pienso en cómo estarán mis padres, si se habrán levantado solos de la cama, temo que se caigan o que los que han quedado en casa los insulten o agredan. (Me despierto sudando con el corazón a mil).